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La dulce tradición de la fiesta de Todos los Santos y difuntos

31 Oct

TERESA PEREDO, ARTESANA CON 40 AÑOS DE EXPERIENCIA

Uno de los lugares más visitados por tres generaciones durante las fiestas de Todos Santos, es la casa de la familia Peredo Castillo, que se encuentra colindante al pasaje Atacama, detrás de la iglesia de San Ildelfonso.

Ya por los alrededores el olor a dulce, aromatiza los rincones; dentro de la casa el calor del sótano se encuentra a casi 33 grados centígrados.

La razón de este sopor se encuentra en una esquina de la habitación, donde se cristaliza el azúcar  en tres ollas de aluminio. Los propietarios afirmán que más o menos hay un quintal de azúcar en cada olla, aunque está cociendo lentamente, exteriormente se observa como cientos de burbujas transparentes bullen una tras otra y revientan al tomar contacto unas con otras.

Sólo el ojo experto de la propietaria Teresa Peredo reconoce cuando el almíbar está a punto para verter su contenido sobre batanes, científicamente se conoce que el azúcar llega a casi 140 grados centígrados.

“El azúcar debe atravesar por una reacción química -la proporción es un secreto familiar-, después se lo deja reposar y se escurre a otro recipiente para volver a purificar. Finalmente esta base es sometida al calor” asegura Peredo, quien al mismo tiempo explica que elabora entre 120 y 150 quintales de azúcar, sólo para esta fiesta.

Trabajo manual

Luego de que la masa se enfría un poco sobre el batán, uno de los empleados se encarga de amasar y de dar el color con tinte vegetal, con una serie de movimientos.

De ahí pasa al soporte vertical donde Noel Peredo, lo vuelve a batir manualmente, éste muestra sus manos teñidas completamente de rojo y con una sensación térmica elevada.

Luego de “batir la masa” se separa en bolsas plásticas y luego envueltas en frazadas para mantener el calor y así poder trabajar con ellas.

Doña Teresa asegura que ella conoce del ramo hace más de 40 años, cuando aprendió la receta que su abuela, Benedicta Borda, le enseñó a su madre, y que hasta el presente a podido mantener vigente e incluso incursionarla en otro tipo de masa.

La familia Peredo comienza a tomar los pedidos desde el mes de agosto y se pone manos a la obra el primero de septiembre. “Son tres meses de trabajo, pero vale la pena, puesto que nosotros proveemos a todo este lado del valle e incluso llegan de la ciudad”, asegura Teresa Peredo.

Dentro de este taller trabajan unas 20 personas, las cuales ya llevan años de actividad.

“A pesar de trabajar más de 10 años aún tenemos accidentes, no debemos olvidar que la masa está muy caliente al momento de moldearla”, asegura Guadalupe Castellón, hija de la propietaria, la cual será la primera de la cuarta generación en conocer el secreto de la masa de los dulces de Todos santos

Miguel Castillo es el primer eslabón de la cadena de producción, él es quien se encarga del trenzado principal de las estructuras. “Todo es cuestión de práctica y de habilidad. Luego de moldear el hilo grueso del pastillaje, hay que empezar a dar forma de inmediato porque sino comienza a endurarse la masa y eso de alguna manera hace que la tarea sea más morosa”, asegura Castillo.

En el sótano las empleadas van tomando porciones de la masa y las utilizan para crear diferentes artículos, como agarraderas para las canastas, las cuales tienen sellos en su superficie, luego también forman las flores, moldean las cruces y otros.

“Es bien moroso, hay que hacerlo rápido porque luego se enfría y se puede arruinar la masa, para ello nos ayudamos de tijeras, limas y todo aquello que nos ayude a terminar el trabajo con prontitud”, dice Guadalupe Castillo.

Una vez que el esqueleto de la pieza está armado y seco se la lleva al primer piso, donde José Hinojosa se encarga de darle los primeros toques.

Hinojosa relata que el secreto está en sus manos, y no por su habilidad manual sino porque él tiene las manos secas, no traspiran y esa es la clave de su puesto de modelador de pastillaje.

Diseños originales

Uno de los factores que da mayor realce al trabajo que realizan en este taller es la habilidad de su modelador, Noel Peredo, quien logra armar las estructuras más caprichosas que el cliente solicite, como ser: bicicletas, motocicletas, mariachis, carniceras y todo aquello que los dolientes pidan, por lo general son cosas muy cercanas al difunto, ya sea en su profesión o en su cotidianidad. Es así como éste dulce se convierte en el centro de atención de la mesa en Todos Santos.

http://www.eltunari.com/quillacollo/noticias-quilacollo/926-la-dulce-tradici%C3%B3n-de-la-fiesta-de-todos-los-santos-y-difuntos.html

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