Manual enviado por mi querida amiga Miryam Nielsen Reyes
| VALE LA PENA LEERLO Y PONERLO EN PRÁCTICA.
EN LA SALUD: EN LA PERSONALIDAD: EN LA SOCIEDAD: EN SU DIA A DIA: POR ÚLTIMO: |
Manual enviado por mi querida amiga Miryam Nielsen Reyes
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EN LA SALUD: EN LA PERSONALIDAD: EN LA SOCIEDAD: EN SU DIA A DIA: POR ÚLTIMO: |
No busques amor. No te abandones a ti mismo buscando amor en los demás. El amor no es un objeto, no puede ser ni dado ni quitado. No puede encontrase o perderse. El amor no es un sentimiento, un estado, o una experiencia extraordinaria, sino lo-que-eres, la presencia misma.
No confundas el amor con atracción. La atracción viene y va y puede desaparecer con el tiempo. No confundas el amor con tus deseos. Los deseos son impermanentes, transitorios. No confundas el amor con sentimientos de felicidad, placer, con un sistema nervioso excitado. Los estados pasajeros no pueden durar; no es su naturaleza. Incluso las promesas que hoy parecen tan seguras, y que nacen desde la mejor de las intenciones pueden desvanecerse el día de mañana, o romperse.
El amor, sin embargo, no se desvanece. El amor no puede disminuir con el tiempo. El amor no es una mercancía, una forma de intercambio. El amor es un campo, un campo dentro y fuera de nosotros, un campo donde los pensamientos, los sentimientos, incluso los más aparentemente sólidos planes para el futuro pueden aparecer y desaparecer. El amor incluye tanto la esperanza como la pérdida, el entusiasmo como el aburrimiento, la terrible decepción como la felicidad. El amor es el campo para las formas cambiantes, el suelo que nos sostiene mientras caminamos, nos sentamos, hablamos o no; mientras sentimos lo que sentimos en presencia de los demás, mientras abordamos nuestros asuntos de este día, mientras planeamos, comemos; mientras sentimos esperanza, decimos adiós y tratamos de amar. El amor es mucho más grande que nosotros. No lo generamos con palabras y hechos, o incluso con intenciones, sino que somos continuamente abrazados por él, acogidos en su inmensidad, sin importar lo que hagamos o dejemos de hacer. Nos casamos, nos divorciamos; somos amigos, somos amantes; nos separamos, sufrimos juntos; nacemos, morimos; y el campo permanece imperturbable.
Nadie nos ha dado amor; esa es la más grande ilusión. Simplemente hemos recordado el campo a través de la presencia del otro, a veces hemos reconocido la eternidad en medio de lo cotidiano para después atribuirle el hecho a alguien más. El amor nunca vino de fuera; lo que pasó es que simplemente acariciamos nuestra propia presencia, nos rendimos al amor que ya somos. Y nadie nunca nos ha retirado el amor; simplemente olvidamos el campo, y ‘culpamos’ a los demás, y buscamos de nuevo el amor, sintiendo su ausencia, perdiéndonos en el relato de un ‘amor perdido.’ Sin embargo, el amor siempre estuvo allí, incluso en su aparente ausencia; estaba presente, incluso en la pérdida. El amor no puede ser aplastado; una ola no es capaz nunca de aplastar al Océano.
No busques amor, no busques la luz. Sé eso, ofrécelo. La alegría de amar es infinitamente mayor que la alegría de aferrarte temerosamente al amor de otro, porque muy en el fondo sabes que es una ilusión que aquello que siempre has anhelado pueda venir de fuera de ti. Tú eres el Amor de tu Vida; tú siempre has sido el Indicado, el Uno.
La búsqueda termina exactamente donde comenzó – en la presencia.
Te das cuenta que eres el amor mismo, y esto lo cambia todo; el amor es tuyo, por siempre… incluso cuando no lo es.
– Jeff Foster
Os propongo hoy 2 ejercicios para empezar a practicar el desapego, en este caso material, pero con contenido emocional (por decirlo de alguna manera).
No es sencillo, pero como todo, cuanto más lo practiquemos más fácil será, hasta que sea algo tan natural como respirar y no nos produzca ningún tipo de “ansiedad”.
PRIMER EJERCICIO: regalar aquellos objetos que son especiales para vosotros. Una prenda de ropa que nos guste mucho, un libro, ese adorno que está en la mesa al que nunca hacemos caso pero que a nadie se le ocurra decir que es un estorbo porque tiene un gran significado emocional para nosotros, cualquier cosa de la que te cueste desprenderte….regalar no desde el “monedero” si no regalar desde el corazón.
SEGUNDO EJERCICIO: aprender a aceptar de buen grado cuando alguien a quien le hacemos un regalo a su vez regala a otra persona ese regalo. O cuando a nosotros nos hacen un regalo, aunque nos encante, regalarlo a otra persona que lo necesite o también le guste ese regalo…
EJERCICIO DE VISUALIZACIÓN
El siguiente ejercicio te permite liberarte de los apegos. Debe ser repetido con regularidad, hasta asegurar que el mensaje haya penetrado, tanto en tu mente subconsciente, como en la de aquel ser que tú deseas dejar en libertad.
Siéntate cómodamente y cierra los ojos. Imagina que estás trazando alrededor tuyo un círculo de luz azul, lo suficientemente grande como para albergar tu cuerpo con los brazos extendidos. Siente que estás sentado en el centro de ese círculo. Luego visualiza otro círculo similar, que se une al tuyo formando la figura de un ocho. Dentro del segundo círculo, frente a ti, colocas a la persona de la que has escogido liberarte. Mentalmente dile que ahora te propones realizar un ritual para deshacer todos los apegos. Pide su consentimiento.
En seguida visualiza una luz azul, que cae sobre el sitio donde los dos círculos se unen, este representa el punto de neutralidad. La luz azul cae simultáneamente sobre tu compañero/a y sobre tu cabeza. Los rayos azules forman un triángulo luminoso, cuyo vértice superior los conecta a ambos con sus niveles más elevados de conciencia.
Ahora observa si existen vínculos que te atan a la otra persona. Estos aparecen simbolizados por cordones que unen dos centros de poder. Puede haber una sola atadura, o muchas. Comienza examinando el chakra de la base (dependencia económica), y recorre uno a uno todos los centros energéticos de tu cuerpo: el chakra sexual (apego sexual), el plexo solar (poder), el corazón (afecto) y la garganta (comunicación). Revisa donde aparecen estos lazos de posesión. Una vez que los has localizado, toma nota de sus características: color, textura y grado de fuerza. Lo que ves es simbólico de la relación, por lo tanto muy revelador.
Busca un instrumento apropiado para cortar, puede ser un cuchillo, tijeras, navaja o bisturí. Corta una a una todas las ataduras, haciendo el primer corte en la mitad, justo sobre el punto de neutralidad en la mitad del ocho. Luego cercenas su unión con el cuerpo, primero en la persona que está frente a ti, y después en ti mismo. Si eres diestro lleva tu mano derecha al sitio del corte, colocando la otra mano encima, para crear un campo de fuerza. Visualiza como tu compañero/a hace lo mismo. Entonces contempla cómo desde el vértice superior del triángulo desciende un rayo de luz que sana las heridas.
El mismo procedimiento se realiza para cortar cada una de las ataduras que percibiste. Luego dirígete al punto donde se unen los dos círculos y acumula allí todos los segmentos. Haz una hoguera con ellos, y entierra sus cenizas.
Ahora entras en la segunda etapa de la ceremonia: pide perdón a tu compañero/a por el dolor que tú le hayas causado, consciente, o inconscientemente. Enumera todos aquellos motivos por los cuales deseas ser perdonada. Siente que la energía del perdón borra el pasado. Luego conscientemente otorga tu perdón a ese ser. Enumera las injurias y heridas que él/ella te hayan causado. Y, en la medida en que las vas procesando, observas cómo quedan anuladas. Para completar este ejercicio ves descender un rayo de luz, desde el vértice superior del triángulo. Esa luz limpia todas las huellas de sufrimiento, que todavía no se hayan esfumado.
En seguida agradeces a tu compañero/a su presencia en tu vida y las experiencias que compartieron juntos, que fueron muy importantes para el aprendizaje mutuo. Lo miras directo a los ojos y sientes que ahora lo aceptas tal como es, que lo comprendes, valoras lo que te enseñó y afirmas que deseas dejarlo libre para que él/ella escojan su camino. Le pides que abandone la escena, y mientras lo ves partir afirmas: “Nada es mío”, nada, nadie me pertenece. Cada relación cumple un ciclo de aprendizaje, y, cuando este se completa, cada cuál debe seguir adelante sin enojo, sufrimiento, ni rechazo.
Debes completar la ceremonia de liberación con un ritual de limpieza. Te imaginas estar en un sitio donde encuentras agua muy pura, puede ser un pozo, un río, una cascada, o en el mar. Te desnudas en la orilla, penetras en el agua y sientes como la corriente, o las olas, se llevan todos los remanentes de emociones y patrones de pensamiento negativos. Cuando sientas que has quedado limpio sales a la otra orilla. Un Ser de Luz te espera sosteniendo para ti una túnica blanca impecable. Al vestirla te estarás abriendo a nuevas posibilidades que enriquecerán tu vida. Agradece a los seres de Luz que te apoyaron en la ceremonia, y te enviaron su amor y su luz. Toma tres respiraciones profundas, y gradualmente vuelve a la conciencia de tu cuerpo físico.
Es útil saber que, por el hecho de haber cortado el apego en una relación, no quiere decir que esa relación se acabará. Lo que sí realmente termina es el sufrimiento, los celos, los rencores y la posesividad, que tanto deterioran el compartir. Si es el momento de finalizar el ciclo de esa relación, entonces el compañero partirá en una forma armónica. Si la relación ha de continuar, en adelante será más libre y menos conflictiva.
Partimos por el mundo en busca de nuestros sueños e ideales. Muchas veces ponemos en lugares inaccesibles lo que está al alcance de la mano.
Fuente: Soraya Founty
Así como la depresión, la ansiedad, es una respuesta emocional humana con muchas caras, que pueden manifestarse con multitud de síntomas, siendo diferentes según la persona, afectando no sólo a la mente sino también al cuerpo.
Aunque no lo creas, la ansiedad, junto con el miedo, la ira, la tristeza o la felicidad, cumple una función muy importante relacionada con la supervivencia, ya que es el sistema de alarma que se activa cuando una persona se siente amenazado o en peligro.
Cuando el cuerpo y la mente reaccionan ante el peligro o la amenaza, nuestro cerebro se pone en alerta, el pulso se acelera, el estomago se cierra, la sudoración aumenta, nuestras pupilas se dilatan y un temblor invade nuestros brazos y piernas. Todas están sensaciones entran dentro de la normalidad, son parte de la respuesta del cuerpo de “huir o luchar”.
Sin embargo, en esta sociedad frenética y desarrollada en la que vivimos puede ser normal que nuestra mente no sea capaz de identificar el peligro potencial de una amenaza tangible y real. Cuando nuestra mente no es capaz de liberarse de estas preocupaciones, los sentimientos y sensaciones de la ansiedad se prolongan, siendo perjudiciales para la persona.
Así como aprendimos qué sienten las personas con depresión, vamos a conocer todas las manifestaciones que la ansiedad puede tener.
La ansiedad generalizada o trastorno de la ansiedad común, hace que una persona se preocupe excesivamente sobre aspectos de su vida, tales como la escuela, la salud, la seguridad de sus familiares y el futuro.
Pensando siempre en el peor de los escenarios posible, la preocupación y el terror, se vuelven pesados compañeros de viaje, creando un sin fin síntomas que pueden clasificarse en diferentes grupos:
Es normal que las personas con ansiedad generalizada experimenten taquicardia o fuertes palpitaciones, acompañas de cierta opresión en el pecho y falta de aire.
Otras personas suelen describir que sienten un “nudo en el estomago”, perdiendo el apetito y sintiendo nauseas o vómitos, sensación de mareo e inestabilidad.
Todos estos síntomas pueden ir acompañados de problemas del sueño y pesadillas, lo que suele agravar la sintomatología provocando sueño, cansancio, tensión muscular y disminución de la respuesta sexual.
Si por algo se caracterizan las personas que padecen este trastorno es por sentir una intensa sensación de inseguridad, una horrible inquietud por los demás y el temor a perder el control.
Inmersas en el recelo, las sospechas y la incertidumbre, las personas con ansiedad pueden bloquearse y paralizar su vida, evitando tomar decisiones por miedo a equivocarse. En casos más extremos, las personas sienten un terror atroz a la muerte, la locura, o el suicidio.
Vivir en un permanente estado de alerta e hipervigilancia, puede provocar que las personas con ansiedad actúen por impulsos, de los cuales se arrepentirán de forma inmediata.
La tensión se apodera de su cuerpo y musculos, presentando rigidez en estos, así como en las mandíbulas, inquietud motora, dificultad para mantenerse quieto y en reposo. Incluso su lenguaje corporal cambiará a favor de posturas cerradas y expresiones faciales de asombro, duda o crispación.
Llegados a este punto, es fácil imaginar que los combinando diversos síntomas físicos y mentales, también podemos tener problemas de atención, concentración y memoria.
Los despistes y descuidos se volverán frecuentes, así como pensar en negativo y esperar lo peor de cada situación.
Hablar sin control y sentirse irritable e incomprendido, aislado del mundo y de los amigos con los que tendrá dificultad para expresar y hacer valer sus propias opiniones y derechos, por temor a los conflictos y las consecuencias que puedan derivarse de ellos.
Cada persona es un mundo, y en cada mundo hay unas reglas para la ansiedad. Según su predisposición biológica y/o psicológica, cada persona compone su propio rompecabezas, mostrándose más vulnerable o susceptible a unos u otros síntomas.
El ejercicio, la alimentación, las técnicas de relación y control del estrés, así como entrenar nuestro cerebro para pensar en positivo pueden ayudarnos a mantener lejos la ansiedad.
En caso de sentir ansiedad, es importante recordar que en la vida no estamos solos, y que siempre podemos y debemos buscar ayuda, consultar a un médico especialista y contar con nuestros amigos y familiares.
Fuente: Wikipedia