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Tag Archives: Abril
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Garnish Pepino

30 Abr

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Aji de Jitomate

12 Abr

 

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Si te encanta el ají, no te pierdas esta receta fácil y rápida, para darle ese toque picante a tus recetas.

Ingredientes:

* 2 ajíes rojos
* 1 tomate de árbol
* 1 tapa de limón
* 2 ajos pelados
* Perejil cortado
* 1 pizca de sal

Preparación:

1.- En una olla pequeña poner media taza de agua junto con los ajíes y el tomate de árbol. Dejar hervir.

2.- Cuando ya este hirviendo apagar y dejar reposar por 5 minutos.

3.- Poner el tomate, los ajíes y el agua en la licuadora.

4.- Agregar los ajos pelados, la sal y el jugo de la media tapa de limón.

5.- Licuar bien hasta que todo este bien liquido.

6.- Poner en un frasco de preferencia de vidrio y agregar el perejil.

Listo!!! Ya tienes una deliciosa salsa de ají para acompañar con tus comidas.

NOTA:  Si quieres que el ají te dure por más tiempo, cuando lo utilices, no metas en el frasco una cuchara de metal, de preferencia que sea de palo o plástico.

https://ivonnenaranjo.wordpress.com/2015/01/28/aji-de-tomate-de-arbol/#respond

Una llajwa con cilantro

12 Abr

 

 

La llajwa tradicionalmente se prepara con quirquiña o con huacataya. Estas dos le dan su especial sabor a la clásica llajwa boliviana, la salsa picante con la que se acompañan todo tipo de comidas.

No hay mesa donde se esté celebrando algún acontecimiento, o simplemente se haya reunido la familia, donde falte una buena llajwita para acompañar algún plato especial.
Es delicioso comerse unos chorizos a la parrila con pan y su buena llajwa, el choripan. O, en general cualquier carne, digamos un lapi, un queperi, una buena punta de ese o un bife de chorizo.

Y si se trata de platos más cotidianos, un plato paceño no es tal si no lo sirves con su llajwa al lado.

Pero además de preparar la llajwa con quirquiña o con la huacataya, también se puede experimentar otros tipos de llajwa donde se emplean otras hierbas aromáticas. Este es el caso del cilantro, o culantro o también llamado perejil chino.

Para aquellos que quieren un sabor diferente, bien pueden probar sustituyendo las clásicas quirquiña o huacataya por cilantro. Un toque especial de sabor, que para los puristas de las llajwas puede no ser de su elección. Sin embargo, no dejes de probarte una llajhua con esta interesante variación.

La preparación es similar a la de cualquier llajwa, pero usando el cilantro.

RECETA DE LLAJWA CON CILANTRO

1 locoto, de preferencia de pepas negras (más picante)
1 tomate bien maduro.
1 rama pequeña de cilantro
sal al gusto

Se muelen todos los ingredientes y se sirve. Y a disfrutar…

 

Costillas de Cordero a la Parrilla

12 Abr

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Finger Food Pincho de tomate, albahaca y palmito

12 Abr

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Tutorial de Bolitas de Masa con Carita

12 Abr

Tutorial 7

Los Andes están para comérselos

12 Abr

 
Michelangelo Cestari y Kamilla Seidler, chefs del restaurante Gustu, en La Paz, Bolivia.

Los caballos no aguantaban. Algunos directamente morían por falta de oxígeno. Porque transportar plata por senderos de alturas escalofriantes tampoco es tarea que soporte todo animal. Sin embargo las llamas sí. Así que a ellas recurrieron los conquistadores españoles para trasladar su botín de las minas bolivianas de Potosí a La Paz. Y de ellas también tira el restaurante Gustu, siglos después y con objetivos distintos. Riqueza, sí, pero del paladar. El centro abierto por el cofundador de Noma Claus Meyer en La Paz hace nueve meses respeta la regla del kilómetro 0 a rajatabla: solo productos bolivianos crecidos a su alrededor. Como, precisamente, las llamas.

Su carne y su leche, en concreto, son algunas de las especialidades que sirven a 3.700 metros de altura la danesa Kamilla Seidler y el venezolano Michelangelo Cestari, los dos jóvenes chefs que Meyer puso al frente de su última perla. Con un objetivo: cocina creativa a partir de lo boliviano de toda la vida. Aunque la recién terminada XII edición del congreso gastronómicoMadrid Fusión ha dejado claro que la misión de Gustu tiene aliados por todo el eje andino. “Nos separan fronteras políticas, pero tenemos la misma tierra, el mismo lenguaje, los mismos pensamientos”, aclara Virgilio Martínez, dueño y cocinero de Central, en Lima, el 4º mejor restaurante de América Latina según la última lista de la revista Restaurant.

Ninguno de los cocineros, para empezar, supera los 36 años. Todos usan únicamente lo que produce su tierra y mantienen estrechas relaciones con pequeñas comunidades recolectoras y productores autóctonos. Hasta trabajan con biólogos y antropólogos. El reto es llevar a la mesa el sabor del país. “Conocemos los animales que te vamos a dar. Quiero saber qué gente corta del suelo la comida que servimos”, añade Rodolfo Guzmán, 36 años y los últimos siete al frente de Boragó, en Santiago de Chile (octavo en la lista de Restaurant).

Así, ante el cliente de Central pueden aparecer papas liofilizadas recogidas a 4.800 metros en Perú. Y en Boragó se sirve un plato que sigue durante un año la evolución del árbol chileno peumo. Son muchas, al fin y al cabo, las historias que narran las exquisiteces de estos restaurantes. Hay productos que proceden de la selva fría chilena, un “parque jurásico donde hay frutos que desaparecen y vuelven al cabo de cinco años”, destaca Guzmán. Y Martínez viaja dos veces al mes a los Andes para volver “cargado” de nuevos hechizos para los paladares ajenos.

Con esta receta, y unos menús que oscilan entre los 50 y los 130 dólares (37 y 100 euros), han acabado por cocinar un éxito mundial. De momento, cuentan con reservas para más de un mes y mezclan público nacional y extranjero. En Gustu, por ejemplo, lo boliviano gana en los fogones y en sala: el 65% de los clientes es autóctono, prometen Seidler y Cestari. Guzmán, en cambio, sigue teniendo más dificultades para convencer a los chilenos: su público, por ahora, es al 75% foráneo.

En el fondo, con los problemas el dueño de Boragó se ha peleado siempre. Se dedicó a la cocina tras un accidente que truncó su carrera como deportista de esquí acuático. Cuenta que estuvo a punto de cerrar su restaurante cuatro veces y que, al menos al principio, en Chile se encontró con resistencia y escepticismo. Otro tanto les ocurrió a los cocineros de Gustu. Aunque ellos mismos lo entienden. “La gente podía pensar: ‘¿Quién eres tú? ¿Por qué vienes de Dinamarca a cocinar platos bolivianos?”, afirma Seidler.

Por lo visto, han conseguido ganarse la confianza de la crítica –Food & Winese preguntaba hace poco si se trata del “mejor restaurante nuevo del mundo”- y del respetable. Tal vez sea porque sus cervezas artesanales las trae una señora de un establecimiento a 20 metros del restaurante. Tal vez porque a Cestari le fascina tanto la gastronomía que lleva tatuadas en su cuerpo las recetas de la crème brûlée y de los macarons de chocolate. O tal vez por la miríada de proyectos que rodea Gustu: un festival gastronómico, un movimiento que pone en contacto ONG, productores, cocineros y demás actores culinarios, varias escuelas para futuros chefs y un laboratorio de alimentos bolivianos. “Pensamos que podemos cambiar el mundo a través de la comida”, reza un ambicioso lema en la web de Gustu.

Guzmán formula un concepto parecido, aunque de forma más poética: “El restaurante es un soporte. Es importante que se entienda el valor de la comida”. El chileno se dice convencido de que su establecimiento ha generado “un cambio importante”. Más en general, todos creen que el gran momento de la gastronomía sudamericana está llegando. Según Martínez, “América Latina tiene mucho que ofrecer. Tenemos productos únicos y muy diversos”. De las llamas a las papas liofilizadas, es sin duda cocina de altura. Literal.

http://elpais.com/m/cultura/2014/02/07/actualidad/1391799441_633151.html?rel=rosEP

 Madrid

7 pasos para ser feliz en un mundo pequeño y local

12 Abr

“Vamos a tener que renacionalizar y relocalizar todo el sistema productivo a medida que se demuestre que el alto precio del petróleo hace inviable seguir globalizando la economía (…) Eso significa que en las Navidades del 2010, amigo, ya no va usted a poder comer mangos (…) Yo de pequeño, en Navidad en Toronto, la única fruta que tenía era la compota de manzana en tarro de mi abuela.

A eso volvemos: a relocalizar y aproximar la producción al consumidor: EL MUNDO ENCOGERÁ. América no podrá permitirse importar como ahora 6.000 millones de dólares de comida china (…) No habrá más remedio. Lo exótico será de nuevo exótico… Y caro. Y lo local y artesano volverá a ser lo cotidiano… Como en nuestra infancia”
Jeff Rubin

¿Qué tiene que ver la globalización con la cocina alternativa? Pues mucho, porque dicen los expertos que en breve dejaremos de comer cerezas en navidad y volveremos a las conservas caseras de antañoporque la economía low cost y de consumo desenfrenado es insostenible, llegará a su fin y la globalización ciega pasará el relevo a la comunidad y la proximidad.

El teórico principal de esta corriente es el canadiense Jeff Rubin, economista, experto energético y autor de “Por qué el mundo está a punto de hacerse mucho más pequeño” para quien el origen de la crisis económica no han sido las llamadas “hipotecas basura” sino el agotamiento del petróleo y que augura unretorno al MUNDO LOCAL: alimentos cercanos que no hagan miles de km, la vuelta de los artesanos y la fabricación en la comarca, usar menos el coche, trabajar más cerca de casa y volver a hacer vida comunitaria.

Lo que está claro es que, sea por el ocaso del petróleo o no (estos autores no contemplan otras hipótesis energéticas como la energía libre), llevar una vida más sencilla y cercana a la naturaleza es una opción sana para todos que puede solucionar muchos de los males del mundo.

Y en la ilustración superior* se detallan 7 pasos para ser feliz en un mundo pequeño y local. Apostamos por ello:

1. Consumir productos de temporada. De este modo retomamos el contacto con las estaciones, cada una de las cuales nos premia con sabores y aromas varios

2. Descubrir las tiendas de barrio. Aunque ofrezcan precios algo más elevados que las grandes superficies, el trato familiar nos procura la sensación de pertenencia a la comunidad

3. Caminar más. Si nuestro trabajo está demasiado lejos para ir en bicicleta, como mínimo en el tiempo libre deríamos practicar el ejercicio más suave y saludable del mundo: caminar. Entre media hora y una hora diaria es una buena tónica

4. Trabar amistad con vecinos. Es muy agradable coincidir en la calle con personas con las que tenemos algo en común. Para ello, formar parte de algún club o asociación local sirve para estrechar lazos con personas cercanas

5. Conocer mejor nuestro entorno. Podemos pasar la vida en un sitio pero limitar los pasos a las mismas calles y lugares. Antes de salir a explorar el gran mundo, deberíamos conocer los secretos del pequeño mundo que nos rodea

6. Hacer fiestas en casa. Para no relacionar el hogar con la monotonía, invitar amigos a cenar u organizar veladas literarias es una manera de disfrutar de los placeres sencillos y a la vez sofisticados

7. Leer y escribir. Puesto que vivir en un mundo pequeño no implica ser estrecho de miras, un libro es la manera más cómoda y ecológica- y a menudo intensa- de viajar. Por el mismo motivo, al compartir nuestros pensamientos por escrito, por ejemplo a través de correo electrónico, ampliamos nuestro círculo social sin salir de casa.

Ilustración tomada de la revista Mundo Nuevo

Entrevista a Jeff Rubin

VENTA ONLINE de “Por qué el mundo está a punto de hacerse mucho más pequeño”

http://www.lacocinaalternativa.com/2012/08/05/7-pasos-para-ser-feliz-en-un-mundo-pequeno-y-local/

SALUD Yoga y Estiramiento alivian el Dolor de Espalda Crónico

12 Abr

———-Tanto las clases regulares de yoga como las de ejercicios de estiramiento alivian el dolor y mejoran la movilidad en las personas con problemas crónicos en la parte baja de la espalda, según indica una investigación estadounidense.El estudio, publicado en Archives of Internal Medicine, observó a más de 200 adultos con dolor en la parte baja de la espalda y halló que quienes practicaban ambos tipos de actividad informaban más mejoras en los síntomas después de tres meses que los pacientes que sólo recibían un libro con consejos sobre cómo prevenir y controlar el dolor. “Aquí hay una opción que vale la pena probar”, dijo Karen Sherman, del Group Health Research Institute en Seattle, quien dirigió el estudio. El hallazgo de que el yoga y el estiramiento tengan efectos prácticamente iguales implica que probablemente es el estiramiento en el yoga -y no los componentes de la práctica ligados a la relajación o la respiración- lo que ayudó a mejorar los síntomas vinculados con el dolor y la funcionalidad, indicaron los expertos. Para el estudio, el equipo dividió a 228 adultos con dolor de espalda de larga data en tres grupos. Los pacientes de los primeros dos grupos asistieron a clases semanales de yoga o de estiramiento durante 12 semanas y se les pidió que practicaran por su cuenta entre clases, sobre todo focalizados en elongar y fortalecer la parte baja de la espalda y las piernas. Los pacientes del tercer grupo recibieron un libro con ejercicios relacionados al dolor de espalda y consejos de estilo de vida, además de información para manejar los ataques de dolor. Luego del programa de 12 semanas, las personas que habían asistido a las clases grupales presentaban resultados mucho menores en un cuestionario que midió cuánto el dolor interfería con sus actividades diarias. El cuestionario calificó el nivel de “discapacidad” diaria en una escala de cero a 23, donde 23 era la más severa. A las 12 semanas, los grupos que habían ejercitado habían pasado de una calificación inicial de 10 entre quienes hacían yoga o 9 en el grupo de estiramiento a entre 4 y 5 en ambos grupos. Las personas que recibieron el libro comenzaron con un registro promedio de 9 y a las 12 semanas habían bajado a alrededor de 7. El 60 por ciento de las personas del grupo que hizo yoga informó mejoras en el nivel de dolor, comparado con el 46 por ciento en la cohorte que realizó ejercicios de estiramiento y apenas el 16 por ciento de quienes sólo recibieron el libro. Tres meses después del final de las clases, las mejoras en los síntomas eran similares en las personas que habían hecho estiramiento o yoga, y eran mejores en el grupo sin ejercitar. “Sabemos desde hace tiempo (…) que el ejercicio es bueno para aliviar el dolor de espalda”, dijo Timothy Carey, de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, que escribió un comentario publicado junto al estudio

Garnish, Mukimono, Tallado. Rosas de Vegetales

11 Abr

Estas técnicas son el arte de decorar o embellecer alimentos y/o bebidas, utilizando elementos comestibles; desde la más sencilla presentación hasta complejas decoraciones llenas de belleza y las personas relacionadas al mundo de la gastronomía sabe que la apariencia de la comida es tan importante como su sabor por eso les comparto estas fotos, que estoy segura los llenaran de de emoción y alegría.

https://www.google.com/search?q=1-lexus-escultura-en-frutas-y-verduras&hl

Propiedades del Tamarillo o Tomate de árbol

11 Abr

Tamarillo o Tomate de árbol
Nombre Científico: Cyphomandra betacea
Grupo: Plantas » Frutales
El fruto del tamarillo es muy parecido al tomate de pera del tamaño de un huevo y cuelga en racimos; de forma ovoide, puede medir hasta 10 cm de largo; su piel es delgada y amarga de color rojo escarlata cuando es silvestre y color amarillo o naranja si es cultivado; su carne es anaranjado oscuro, rojo intenso o morado, cerca de la piel es firme y su parte interna es gelatinosa y jugosa con sabor rico y especiado, agridulce donde lo dulce y lo ácido se complementan entre sí; sus semillas de color rojo subido son pequeñas y comestibles; su aroma recuerda al del tomate maduro.Sus variedades: se destacan por el color del fruto, las amarillas naranja y las rojas. Según su variedad será la mezcla de dulzor y ácido. Cuanto más amarillo mayor su dulzor que recuerda a la zanahoria y un sabor especiado que se acentúa con la cocción.Se consume fresca al natural indistintamente en platos salados como ensaladas, bocatas, platos de carne para combinar sabores o en repostería. Hay que retirar la piel por que no es comestible, se sumerge en agua caliente y luego la piel se retira con facilidad. Es un fruto tradicional de las zonas andinas donde se produce especialmente en zumo refrescante licuado con agua o leche y en conserva con almíbar. También se incorpora en las macedonias, ensaladas de frutas, helados, mermeladas y jaleas. En algunas zonas se corta en rodajas y las pasan por miel, ideales para el desayuno. Para la elaboración de salsas para carnes de pollo o pescado queda especialmente particular cocido con especies como la canela y el jengibre.

Propiedades del Tamarillo:

Tiene propiedades para reducir el colesterol, rica en Vitamina A, B6, E y C, bajo valor calórico no mas de 40 calorías y su contenido en fibras colabora en la evacuación intestinal. Los minerales que están presentes son el Calcio, Fósforo y Hierro.

Posee una importante fuente de pectina, es bueno para la visón y el sistema inmunológico y es un importante antioxidante.

Propiedades medicinales:

Se le atribuyen cualidades para las afecciones de gargantas y los estados gripales.

Precauciones: no cortar sobre superficie de madera o absorbentes, porque su zumo tiñe y las manchas no se quitan.

FUENTE: http://www.euroresidentes.com

Pie de Requesón

11 Abr

 

 

 

Ingredientes:

1 Kg de de Requesón sin Sal
4 Yemas de Huevo
4 Claras de Huevo a punto de Nieve
1 Taza Grande de Mantequilla sin Sal
2 Cucharadas de Harina
1/4 lb de Pasas de Uva Negra
1 Taza de Azúcar

Preparación:

Bata la mantequilla con el azúcar, añada las yemas una a una sin dejar de batir hasta formar una crema. Agregue requesón, harina, pasas de uva y mescle. Incorpore las claras a punto de nieve y mescle con movimientos envolventes. Vierta la masa en un molde enmantequillado y enharinado. Lleve al horno a 450º por 45 minutos.  Luego, disminuya el calor a 250º y hornee por otros 15 minutos. Apague el horno y deje reposar el pie media hora más. Retire y desmolde cuando esté frío. Ponga azúcar molida en un tamiz y espolvoree encima del pie.

 

Cristina Olmos

Filete de Cordero Envuelto en Masa Filo con Aceitunas Negras, Ajo Confitado

11 Abr

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Ingredientes 1 persona

  • 250 gr. filete de cordero

  • 7 und. aceitunas negras

  • 30 mi. vino blanco

  • 30 mi. crema de leche

  • 25 mi. aceite de oliva

  • 30 mi. Singani

  • 1 cda. azúcar

  • 1 cdta. sal gruesa de Uyuni

  • 1 und. ramito de tomillo

  • 40 gr. espinaca

  • 7 und. dientes de ajo

  • 1/4 und. cebolla

  • 1 und. achojcha

  • 1/2 und zanahoria

  • 1 und. hoja de masa filo

  • 4 und. pimienta blanca en grano papel aluminio sal y pimienta

PREPARACIÓN DEL FILETE DE CORDERO

Extraer a medias la grasa al filete. Salpimentar y sellar en una sartén con 10 ml. de aceite de oliva. Cortar dos tiras de la hoja de masa filo. Extender el resto, cubriéndola con las hojas de espinaca blanqueadas y la mitad de las aceitunas picadas.

Colocar el filete en el centro, cerrar formando un paquete y atar con las dos cintas de masa filo. Hornear durante 3 minutos a 150 °C, sacar y reservar.

PREPARACIÓN DE LA CREMA DE AJO

Saltear los recortes de cordero en una sartén con 10 ml. de aceite de oliva. Agregar 6 dientes de ajo enteros, zanahoria y cebolla picadas y flambear con 30 mi. de Singani. Adicionar el vino blanco, la crema de leche y reducir a la mitad. Colar. Apartar 1/3 de la preparación y unir al resto de las aceitunas negras picadas para utilizar en la decoración.

Colocar el ajo con cascara en un papel de aluminio. Agregar la sal gruesa, el azúcar, el tomillo, la pimienta blanca en grano y 5 mi. de aceite de oliva. Mezclar bien, cerrar en papillote y hornear durante 10 minutos a 180° C.

Cortar la achojcha en juliana y blanquear en agua con sal.

DECORACIÓN

Formar un círculo cerrado con la achojcha y verter dentro la crema. Colocar el filete en medio del círculo con el confitado de ajo encima. Decorar con la crema de ajo con aceitunas.

Arte de la gastronomía boliviana Gerard Germain

Chicha Andina

11 Abr

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Ingredientes:
1 t. Harina de maíz
1 1/2 t. Crema de arroz t.
Jugo de Piña Fermentado
4 t. Papelón rallado
Clavo en polvo
Canela
5 t. Agua
Colocar en un recipiento las tazas de jugo de piña fermentado, se le va agregando poco a poco la harina de maíz y la crema de arroz, eso se va revolviendo hasta que esté bien mezclado. Se lleva a fuego lento revolviendo hasta que hierva y se deja enfriar. Aparte se agregan las tazas de agua con el papelón rallado, los clavos llevar igualmente a fuego y dejar hervir por 10 min, y dejar enfriar. Luego mezclar ambas mezclas hasta que estén homogéneas. Finalmente colar o licuar la preparación y dejar enfriar.
Tugastronomia.com

Gelatina de tomate y queso

11 Abr

Ingredientes

▪ 1 bote pequeño de tomate triturado
▪ 1 d de ajo
▪ pimienta negra
▪ sal
▪ sacarina o azúcar
▪ 4 hojas de gelatina neutra

Elaboración

 

Lo primero de todo es poner las hojas de gelatina en agua fría unos cinco minutos .

En una sartén ponemos un poco de aceite , echamos el diente de ajo y lo doramos, a continuación añadimos la lata de tomate, la sal , la pimienta y elazúcar , en mi caso fueron dos sobres de sacarina , la dejamos cocer hasta que el tomate deje de saber a crudo y tenga ya apariencia de salsa .

Añadimos la gelatina a la salsa de tomate y movemos bien para que se integre .colamos

Vertemos sobre los moldes y metemos en la nevera hasta que se cuaje , yo lo he hecho de un día para otro .

Desmoldar y servir con queso de burgos

 

 facilisimo.com

Paella a leña

11 Abr

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Finger Food Bocaditos de Gelatina

11 Abr

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Tutorial de Flores de Salchichas y Huevos

11 Abr

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La Cocina Colonial en el Alto Peru

11 Abr

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En el día del primer aniversario del Blog les comparto un importante capitulo histórico tomado de la obra de Gustavo Adolfo Otero, en la que se describe el origen de nuestra comida, nuestras recetas y nuestras tradiciones de una manera que sólo su pluma podía hacerla. Es una descripción minuciosa, como Uds. verán, pero que nos permite una visión exacta de la culinaria de nuestros antepasados y como se va desarrollando hasta nuestra comida actual. Es un pedazo un poco extenso de la obra, pero realmente vale la pena leerlo:

Gustavo Adolfo Otero
La Vida Social en el Coloniaje
(Esquema de la Historia del Alto Perú hoy Bolivia,de los siglos XVI, XVII y XVIII).

© Rolando Diez de Medina, 2011
La Paz – Bolivia

LA COCINA COLONIAL EN EL ALTO PERU.- Los elementos culinarios
autóctonos y los importados de España.- El mestizaje de la cocina criolla.- Las
comidas de acuerdo al calendario de las fiestas religiosas.

LA COCINA COLONIAL DEL ALTO PERU
Los elementos autóctonos y los importados por España.- El mestizaje de la cocina criolla.- Las comidas de acuerdo al calendario de las fiestas religiosas.
El estudio de la cocina altoperuana es un ancho campo, cuyas incitaciones mentales abren motivo de interés para el análisis de tópicos relativos a la economía, sociobiología y dietética. Pero, dada la índole sumaria de nuestro trabajo, nos limitaremos a trazar líneas en lo posible sistematizadas, para dar una proyección de conjunto, con un gran fresco, que contiene todos los
elementos, cuyas bases sirvan a especulaciones con dirección calibrada a otros blancos de mayor altura.
La cocina, es decir el sitio de la casa destinado a la química y preparación de los alimentos, era sin duda el rincón al que se prestaba el menor cuidado relativo a la limpieza e higiene. Diseñamos a continuación una cocina correspondiente a una casona. Señoreando la habitación, cubierta en sus paredes con una costra de hollín, especie de pátina como de las viejas
cachimbas, se alza el fogón de barro crudo, que tiene hasta siete agujeros circulares para dar calor a ollas y sartenes. El fogón en las poblaciones del Altiplano estaba alimentado por “taquia”, el excremento de la llama y en los valles y zonas tropicales por leña. Las ollas y lebrillos eran de cerámica y los sartenes de hierro, importados de España. Frente al fogón se ofrece el horno de barro que se calentaba en el Altiplano con una mata llamada “tola” y en los otros centros con leña.

El horno disponía de una boca que permitía el ingreso de un “lechón” y servía para cocer el pan y las humitas, igualmente que los diversos preparados a base de harina. Como elemento indispensable para la cocina debe citarse a la “parrilla”, que era utilizada para asar la carne, alimentada por el calor de carbón vegetal, siendo su aplicación de mayor amplitud en el campo que en la ciudad. Otro útil que no podía faltar en la cocina era la “paila” de cobre, que era elaborada a golpes de martillo, sirviéndose de “charquis” de cobre nativo. Estas pailas eran destinadas exclusivamente para la preparación de almíbares y eran calentadas a fuego lento en braseros de barro, que se alimentaban con carbón de leña. Útiles también infaltables en la cocina eran la piedra batán para moler ají, el trigo y el maíz. Otra piedra de esmerado pulimento y más pequeña, provista de su respectiva muela, servía para pulverizar el café. Estas piedras eran complementadas por el almirez, como útil de molienda. Este almirez era de dos clases, uno de cobre que había descendido de las reboticas y otro de piedra batán pequeño en sus dos integrantes, que servía como mortero para triturar la sal, la pimienta y las diversas especerías. Generalmente frente a la puerta de la cocina se construía una patilla larga y hueca, provista en su base de pequeñas puertas, que era destinada a la cría de conejos con cebada verde, y que luego habrían de ser sacrificados, cuando estaban maduros para la cocina.

La comida colonial tuvo en todas sus características las formas del mestizaje y
posiblemente es en este aspecto de la vida colonial donde se destaca con relieves más intensos el hecho de la hibridación hispano indígena.
Obsérvase que los españoles al pisar las nuevas tierras, encontraron como base de la alimentación indígena el maíz y la papa o patata. El maíz (Zara, Toncko). Al observar la identificación del maíz con la vida antigua y actual del habitante indígena, se justifica el acierto de haber llamado “cultura del maíz” a la de los países del Nuevo Mundo. Nosotros no entramos en la discusión sobre el origen del maíz. Creemos que esta planta tuvo distintos centros de evolución en
el norte, centro y sur de América, de tal modo que las disquisiciones sobre la autoctonía del maíz, constituyen un problema resuelto, que sólo puede preocupar como asunto de índole nacionalista.
El maíz fue, pues, para los habitantes indígenas de Bolivia, un proteo que se transformaba en todo y acompañaba al hombre desde el nacimiento hasta la tumba, y cuya síntesis esencial era la chicha, bebida valiosa que ofrendaban al sol y a sus dioses menores. Los valles de la comarca de los Callahuayas, producen una variedad de tipos de maíz en atención a su color, a su riqueza  y a su tamaño, que alcanza a las cuarenta especies, capaces de transformarse constantemente por los cruces relativos.

Como nuestro objeto es indicar las utilidades que reporta el maíz a los indígenas, nos vamos a limitar a enunciar sus múltiples empleos: La chicha era el vehículo que unía a los hombres y a los dioses, a través de la fecundidad de la tierra. La adoración de los indios quichuas y aymaras al maíz, fue el resultado del milagro que operan sus múltiples y variadas aplicaciones. El indio nacía sobre un colchón hecho por “chalas” de maíz, se calentaba el agua para su primer lavado con la misma envoltura. Estas mismas “chalas” servían para techar sus chozas, para alimentar sus ganados y envolver la sal molida, el ají y la manteca; fumaban su tabaco cubierto por su transparencia y luego servían a la mesa sus humitas defendidas por esta misma cubierta. El
“marlo” del choclo, tiene utilidad como combustible, para tapar las vasijas, formar el cuerpo de las imágenes sagradas, y para no desperdiciar nada de este integrante central del maíz, los morados sirven para teñir la mazamorra de este color conocida con el nombre de “posko-api”.
La caña del maíz o “huiro” no tiene desperdicio para los indios quienes aprovechan su riqueza en azúcar, lo chupan al natural, refrescándose la boca con su delicioso sabor. El tallo del maíz sirve luego para la elaboración de la miel rica y cálida que se utiliza como golosina y medicamento. Con el zumo del huiro, sometido a una cura especial, también preparan el vinagre.

Los granos de maíz reciben la primera aproximación al indígena en su niñez, cocidos en agua. Este es el pan primario que servirá de alimentación inicial, siendo arrancados sus granos del “marlo”, por la presión de los dientes. El grano de maíz tostado se transforma en el compañero del indio, siendo algunas veces el único alimento en sus prolongados viajes. Los famosos “chasquis”
soportaban sus largas y rápidas caminatas mantenidos por el “tostado” y chupando sus raciones de coca. El “tostado” indígena sirvió también a los españoles de la conquista en sus fatigosos viajes, y a los soldados de todos los tiempos en Bolivia. El “mote”, maíz de tamaño especial, desgranado previamente, se utiliza como sustituto del pan, que acompaña al queso y a los
picantes de distintas clases. El maíz “pasancalla”, que tostado en manteca da las formas plurales de diminutas flores, era el alimento consagrado a las festividades religiosas. Hoy día mismo los peregrinos que viajan al Santuario de Copacabana, consumen la “pasancalla”, estimándola como saliva de la Virgen. El “choclo” molido y condimentado ofrece otras variedades muy especiales para la alimentación. Se elabora en primer término la “humita”, condimentada con sal, ají y queso, que envuelta en “chala” es cocida al horno o entre piedras calientes. Esta misma “humita” se prepara en dulce con pasas. El tamal es una variedad de la humita, con la diferencia que la pasta de maíz está aderezada con “charqui” cocido al vapor, envuelta su masa en hojas de plátano.
Además, de la pasta del maíz salada o dulce, los indios hacen distintos pasteles, que son cocinados al horno. Con la harina del maíz los indios preparan pan, y mezclada con harina de trigo amasan un nuevo pan de sabor magnífico. Luego, con la harina elaboran distinta clase de mazamorras, (“apis”) saladas y dulces. La “lagua” de los aymaras con “chalona” es típica, lo mismo que el “posko-api” teñido de morado.
La chicha es el licor de los dioses indígenas. Los indios elaboran dos clases de chichas, una sin fermento y otra con graduación alcohólica. La chicha sin fermentar es un cocimiento de maíz que sirve de refresco y tiene que ser consumida a poco tiempo de su elaboración; a esta clase pertenece la chicha morada y otras no alcohólicas. La chicha fermentada procede del Incario.
El Padre José de Arriaga explica la elaboración de la chicha fermentada en la siguiente forma: “Mascan el maíz mujeres doncellas y a las que hacen ayunar no comiendo ni sal, ni ají, ni durmiendo al tiempo que dura el “hazalle” con sus maridos, las que son casadas”.
Este mascar del maíz es la preparación del llamado “muco”, que es el producto de la quimificación de la glucosa’ con la diastasa de la saliva y que sirve como fuente básica de la fermentación, desempeñando el “muco” el papel de la levadura en la cerveza. En la actualidad todavía en Bolivia se consume la chicha no sólo entre el grupo indígena, sino también por los mestizos y blancos. El vicio de beber la chicha ha creado el chichismo, que es un estado maíz, a la llegada de los españoles, comenzó a ser utilizado como alimento para engordar el ganado porcino, igualmente que para la nutrición de las aves de corral. El español tuvo gran resistencia para alimentarse con maíz, a tal punto que, por ejemplo, ahora en Europa se consume este grano en todas sus formas en la mayoría de los países, excepto en España que sólo es empleado para consumo del ganado. El español utilizó el maíz para fabricar alcohol y elaborar aceite.

Finalmente, vamos a referimos a la utilización del maíz y de sus principales productos en la terapéutica y en la magia de los Callahuayas. Para la adivinación emplean los granos de maíz de distintos colores, los cuales se vierten de la mano sobre una superficie blanca. El agrupamiento de
los granos, según los colores afines, su dispersión y frescura, constituyen elementos básicos para la lectura de la suerte, cuya interpretación queda librada a la fantasía y a la penetración intuitiva, del adivino. Otro método para predecir la fortuna por medio del maíz, consiste en coger con la mano un “hichi” y colocarlo sobre una superficie plana. Luego se procede a retirar los granos de dos en dos, hasta que queda un saldo, sea de una pareja o un sólo grano; si la solución es par, representa augurio de buena suerte en el tema consultado, y si es impar es signo de lo contrario.
Entre los productos del maíz usados en la terapéutica de los Callahuayas, señalaremos la  hasta de esta gramínea que, calentada en agua a elevada temperatura, desempeña funciones emolientes y descongestionantes, acelerando la formación de tumores y postemas. La chicha
caliente desempeña papel importante como diaforético en casos de resfriado. La chicha sin fermentar, cocida con el pedúnculo del maíz, es suministrada como diurético. Entre las prácticas funerarias que ofician los Callahuayas se encuentra el depositar en las tumbas chicha, maíz tostado y otros alimentos derivados de ese grano, como sustentos destinados al gran viaje que
emprende el muerto. Esta costumbre indígena del Altiplano ha sido transmitida por la influencia quichua; pues en las tumbas del Incario, recién descubiertas, se han encontrado granos de maíz en buena conservación y sin haber perdido su poder germinativo.
La Papa.- Entre los alimentos esenciales de la dieta indígena figura la papa, de origen americano, que se ha convertido en elemento importante de la mesa universal. Los cronistas coloniales elogian a la papa como uno de los frutos sabrosos de especie vegetal que “crecen debajo de la tierra”. Como una utilización típica de la papa por los Indios aymaras y que no se ha
difundido por el mundo, vamos a referirnos a la elaboración del “chuño” y la “tunta”.
Se trata de dos diversas formas de conservación de la papa, la una por deshidratación y la otra por lavado, ya que ambas consiguen preservar la celulosa que contiene la papa. La “tunta” se obtiene por medio del lavado de la papa. Es un producto blanco, fofo, liviano. Los indios preparan este producto sometiendo las papas a una corriente de agua a la helada, en forma alternativa, sin que lleguen a tocar los rayos del sol, surgiendo de ahí ese su color alabastrino. El “chuño”, obtenido de la misma papa, es de color negro, compacto, duro y más pesado que el agua. El “chuño” se prepara por los indios sometiendo la papa a la helada y al sol, alternativamente, de tal modo que al cabo de algunos días de este tratamiento, adquiere una consistencia típica. Tanto la “tunta” como el “chuño” pueden conservarse indefinidamente.

Entre las principales frutas que asimilaron los españoles al registro de sus alimentos, anotaremos las siguientes: el plátano, la piña, la chirimoya, el pepino, la palta o aguacate, a la cual llama Garcilaso de la Vega pera, la lima, la papaya, el chile-tomate, la ajipa, la castaña y otras. A estas frutas debemos agregar la importante presencia del cacao (nativo) y el café (importado) que
se producían en la tierra caliente llamada Yungas. También asimilaron el principal condimento de los indígenas, que era el ají, en sus distintas especies.
Las carnes que consumían los indígenas eran procedentes de la siguiente fauna: llama, alpaca, y el cuy o conejo de Indias. Entre las aves autóctonas que fueron adoptadas por la cocina criolla figuran el “pavo”, aquéllas que vivían en las orillas de los ríos y lagos como la chocka, la vecacina y otras. Las carnes de pescado originario del Lago Titicaca y de sus ríos, eran las siguientes: el suche, el mauri, la boga, el humanto y el hispi.
Los españoles, por su parte, introdujeron para su alimentación nuevos elementos a las tierras de Indias. Citaremos en primer término al trigo, que fue mandado sembrar y propagar por el Emperador Carlos V hacia el año 1.547, ofreciendo premios a los agricultores que se dedicaran a su cultivo. Como gramíneas complementarias también fueron difundidas por los españoles el arroz, la cebada y el centeno. Luego fueron importadas las frutas como la naranja, el limón, la manzana, el melocotón, la cereza, la vid y la pera. La caña de azúcar fue aclimatada en las regiones tropicales del Alto Perú, para la elaboración del azúcar y el aprovechamiento de los subproductos como la “chancaca”, el alfeñique y la miel.
España importó al territorio del Alto Perú, ganado nuevo, para el aprovechamiento culinario de su carne, contándose entre otras especies, las siguientes: vacuno, ovino, porcino y caprino. La industria ganadera quedó integrada por la producción de la leche, mantequilla y queso. A este
grupo de ganado productor de carnes agregaremos, desde el punto de vista de la culinaria, la crianza de aves de corral que ofrecía sus variadas carnes y los huevos.
También los españoles importaron para su cocina diversos condimentos llamados especerías, entre las que se cuentan las siguientes: pimientas, ajos, cominos, azafrán, culantro, anís, vainilla, laurel, mostaza, orégano, etc. A estas especerías añadiremos que fueron importadas variedad de hortalizas de las diversas regiones de España, como la lechuga, col, nabo, zanahoria,
remolacha, judías, coliflor, cebolla, puerro, perejil, apio y otras.
Ya conocemos el cuadro de los principales elementos de la alimentación que tuvo la Colonia a su disposición, para el desarrollo del arte culinario.

Al iniciar el esbozo de la cocina altoperuana debemos registrar que la alimentación de la Colonia fue pobre, sujeta a las alternativas climáticas y al régimen de las lluvias, cuyo desborde o sequía ocasionaba con frecuencia oleadas trágicas, llamadas “hambrunas” que afectaban en mayor grado a los indígenas y a los individuos de la clase media. Es indudable que se puede
anotar que la gente de la Colonia comía en las fiestas como un rito religioso, mientras en el resto del año tenía como base de su alimentación el maíz, la papa, la yuca, el plátano, la carne de res, algo de leche, huevos, queso y chocolate. El pan no era alimento de consumo diario, no obstante
que existía de diversas clases: pan blanco de harina cernida, mollete o pan integral, “kaspa”, pan negro y mestizo hecho de capas de harina blanca y negra. Además habían otras variedades con huevos y manteca.
Las primeras fiestas del año eran las Alacitas. Su celebración se realizaba con una feria en miniatura de las artes e industrias. Allí se vendían minimizadas figuras de animales y objetos, hechos plásticos con masapan de almendras y manjar blanco. Luego, diversos dulces llamados con nombres pintorescos como: “gaznate”, “plantilla”, “bocado de la Reina”, alfajores de miel y de
manjar blanco, “planchados”, “suspiros”, “tetas de monja”, “tablitas del Señor”, “paciencias”, “‘bizcochos yungueños”, “cabellos de ángel”, empanadas de carne, de queso y de dulces. Luego se vendían caramelos llamados bolitas, melcochas y “ankukos”. Todos estos dulces eran de industria hogareña, pero quienes tenían el monopolio de la exquisitez y de la gracia para la preparación de estas confituras, llamadas por términos general “frutas secas”, eran las monjas de
los conventos. Al leer los recetarios de la cocina conventual de la Colonia, se puede apreciar la diversidad y la múltiple riqueza en la producción de las golosinas. Solamente para la preparación de roscas dulces y rosquetes habían cien recetas. Igualmente para la elaboración de las frutas en almíbar. Los bizcochuelos y bizcochos también exhibían un caudaloso número de recetas.

El Carnaval era la fiesta por excelencia de las grandes comilonas, consistentes
principalmente en el consumo de humitas y pasteles de maíz, asados de puerco y frutas de la estación, destacándose la chirimoya, los melocotones, las uvas, plátanos, etc.
La cuaresma daba lugar a una cocina especial llamada de ayuno, que se cumplía durante los cuarenta días de su duración. Este régimen de ayuno, de acuerdo a las reglas canónicas, consistía en alimentarse de carne de pescado en diversas formas de preparación, caldos de leche y huevos, ajíes de queso, todo rociado con chocolate en leche y pastas. También se consumían diversas mazamorras dulces de “amachipeke” una fécula de origen tropical y “posko api” de maíz morado y harina de camote. Por cierto que después de la cuaresma todas las personas que habían ayunado, aumentaban de peso no obstante de que por las noches sólo tomaban compotas de frutas deshidratadas, llamadas “kisas” de melocotón y de ciruela.
La fiesta de la Cruz, que revestía los caracteres de un nuevo carnaval de acentuado paganismo, era celebrada con abundantes banquetes y comilonas, donde se hacían presentes los lechones de cerdo, humitas y como platos típicos de la celebración diversos ajíes, destacándose el de conejo, la “ranga-ranga” correspondiente al estómago rumiante de las ovejas y los de gallinas
con la peculiaridad de “sajta”. En las chacras cercanas a la ciudad se hacían “huatias” que era el procedimiento de cocer papas, camotes, ocas, y carne, sepultando estos alimentos en tierra previamente calentada. Las bebidas de aguardiente de frutas y chicha eran en estas fiestas de mayor consumo que las comidas.
San Juan, que coincide con el equinoccio de invierno, era festejado con fogatas y juego de agua. Al propio tiempo se iniciaba la temporada del consumo de los llamados helados de leche, canela, de chirimoya y otras frutas, que eran obtenidos en las ciudades altas, por el procedimiento natural de exponer en fuentes los líquidos al sereno, situándolos en los techos y azoteas, en la
madrugada se recogían los helados, que cristalizaban sus masas con gran consistencia. Otros
helados que también se tomaban eran las “tayachas” de izaño y el “chirapaco”, mezcla de nieve recién caída y “pito” de cañahua, que aseguraban los indígenas que preservaba y curaba del “soroche”

Las magníficas festividades de Corpus, que eran solemnizadas por las autoridades regias y eclesiásticas, eran también objeto de banquetes y cuchipandas. Los banquetes de Corpus comprendían un largo menú de caldos diversos, pescados en salsas o fritos, aves, pavos rellenos, carnes diversas, dulces, pastas, helados, ponches y frutas.
La celebración de algunas fiestas patronales y sus “alferazgos”, o sea las personas que son nombradas para el pago de las ceremonias religiosas y misa, novena y procesión y para que ofrezcan las comidas propias de la festividad. Entre los platos que ofrecían los alfereces figuraban diversos guisos de carnes de tipo español, aderezados con nueces y maní, y muchas especerías.
También se presentaban diversos rellenos de aves pequeñas con múltiples condumios de carnes molidas. Luego se ofrecían rellenos de papas, de plátanos, de alcachofas, de algunas hortalizas y los famosos niños envueltos, consistentes en carne de res convenientemente curada con vinagre o
vino, que enrollaban con un condumio de una mezcla de huevos, carne molida, pasas y piñones.
Por la cantidad de personas que concurrían a ellas se usaban platos fríos, de bogas apanadas y en escabeche, “queso de chancho”, jamón, queso, etc.
El recuerdo del día de difuntos era motivo para que los vivos manifestaran su dolor por los muertos, realizando unas comidas litúrgicas o religiosas. La costumbre había impuesto que los familiares de un difunto reciente obsequiaran a sus parientes y amigos, sobre todo si la herencia
había sido importante, comidas que eran enviadas a sus domicilios. Estas comidas se ofrecían “para hacer rezar” a los obsequiados en sufragio del alma del difunto. Entre los platos típicos de esta fiesta se contaban el ají de conejos, de ullucu, de charqui, de arvejas secas, etc. Dichas comidas eran acompañadas con la bebida de chicha morada y adornadas con frutas secas, especialmente de bizcochuelos, “panales” o azucarillos, empanadas de dulce preparadas de harina de maíz.
Las fiestas de Navidad y Año Nuevo traían también sus propias comidas. Los últimos días del año y primeros del entrante, hasta Reyes, coincidían con la llamada “parición de Navidad”, tanto de las vacas como de las ovejas. De aquí que era fácil en estas festividades hacer gran consumo de leche en forma de múltiples preparados culinarios, entre otros variedad de quesos, requesones y quesillos y manjar blanco y también se preparaba el arroz con leche, ponches de leche a base de huevos batidos, vino y aguardiente.
Estas fiestas navideñas rendían culto al Niño Dios, comiendo buñuelos de viento fritos en aceite o manteca, roscas, rosquetes, empanadas de dulce, y de cabellos de ángel.

Compañía de Alimentos Ltda. Delizia

11 Abr

EL NUEVO PRODUCTO ESTÁ EN EL MERCADO NACIONAL CON UN VALOR DE SEIS BOLIVIANOS

Delizia lanza su helado Cheesecake

Los ejecutivos de la Compañía de Alimentos esperan la aceptación del helado de la línea Tentación que tiene consumidores asiduos en el país.

  • Delizia lanza su helado Cheesecake

Cheesecake quiere tentar a nuevos consumidores

Inversión /  La Paz

La Compañía de Alimentos Ltda. Delizia lanzó al mercado su nuevo  helado, Tentación Cheesecake ( tarta de queso) para satisfacer a sus consumidores que gustan de los postres dulces.

El producto fue desarrollado por primera vez por una empresa nacional en vista de que el producto es uno de los helados más requeridos y solicitados en la pastelería mundial, y  se encuentra en el mercado a un precio de seis bolivianos.
Según el boletín de la empresa, el  nuevo helado Tentación tiene con una cobertura de chocolate blanco y el helado sabor Cheesecake junto a una salsa de frambuesa que lo hace  novedoso respecto a los   sabores anteriores  de esta línea de productos: frambuesa, maracuyá, menta y mora.

Según el gerente comercial de Delizia, Sergio López, este producto nace con el propósito de cumplir con las expectativas que demanda la población  y en especial de satisfacer a  los consumidores  de la línea Tentación.

“…La marca Tentación es  casi un Love Brand (marca querida), es decir, que la gente la quiere, la sigue y la considera más allá de lo que representa como producto…” destacó  López.

La creación del nuevo helado  responde también  a  la capacidad del equipo de desarrollo y  de producción de la Compañía de Alimentos, agregó.
Delizia es una empresa líder a nivel nacional en la producción de helados, jugos y productos lácteos.  La empresa cuenta con alrededor de 100 diferentes presentaciones de helados y La Paz, Cochabamba y Santa Cruz son sus mayores mercados en el territorio nacional.
Delizia fue creada un 10 de octubre del año 1988 por  Felipe Veraloza y su esposa Mabel Lavadenz. La empresa tiene una planta moderna en la ciudad de El Alto. En el año 2002, Delizia se hizo acreedor de la franquicia internacional Tampico para Bolivia.

Cuenta con  el 51% del mercado nacional en lo que se refiere al rubro de helados y son líderes en la fabricación de bebidas con contenido de jugo. Además, son los mayores compradores de naranjas  y leche en el país.
Favorece así a 500 familias productoras de fruta de Alto Beni y el Chapare y 3.000 familias productoras de leche del Altiplano.

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