Alimentarse con comida picante prolonga la vida
Una investigación china asegura que el consumo frecuente de platos picantes se asocia con menor riesgo de muerte por cáncer y dolencias coronarias o respiratorias
El consumo regular de comida picante estaría asociado a una mayor longevidad y a un menor riesgo de contraer cáncer, enfermedades coronarias o respiratorias, según un estudio chino publicado este miércoles por la revista británica BMJ.
«Nuestro análisis muestra una correlación invertida entre el consumo de comida condimentada y la mortalidad global, así como con ciertas causas de deceso», como el cáncer o las enfermedades coronarias y respiratorias, asegura el equipo de investigación.
A partir de una muestra de más de medio millón de chinos observados a lo largo de varios años, el estudio revela que «aquellos que consumen alimentos condimentados casi todos los días tienen un 14% menos posibilidades de morir que los que comen comida picante menos de una vez por semana».
Esa asociación vale tanto para hombres como para mujeres, y es más importante para los que comen picante pero no beben alcohol.
El consumo frecuente de comida picante también se asocia específicamente con un menor riesgo de muerte por cáncer, enfermedad coronaria o respiratoria.
La pimienta, el condimento más utilizado en China, contiene capsaicina, que según los investigadores también ayudaría a combatir la obesidad, además de tener efectos antiinflamatorios, antioxidantes y contra el cáncer.
A pesar del importante tamaño de la muestra, el estudio presenta algunos puntos débiles, en particular la falta de información detallada sobre la composición de las comidas de los participantes.
«Se desconoce si las correlaciones observadas son resultado directo del consumo de pimienta o bien son simple consecuencia de otros elementos favorables de la alimentación que no fueron tomados en cuenta», comentó Nita Forouhi, una especialista en nutrición de la universidad de Cambridge.
El anticucho es un plato criollo a base de carne ensartada en un pincho o brocheta que se cocina a la parrilla. Es originario de los países sudamericanos antiguamente incluidos en el Virreinato del Perú y está considerado como uno de los más populares y típicos en algunos países de este continente.
Según textos del archivo de la Biblioteca Nacional de Lima (Perú), se cree que el término proviene del quechua antikuchu (anti: Andes y kuchu: ‘corte’) o anti-uchu (uchu: ‘potaje, mezcla’). Los anticuchos se pueden rastrear en textos españoles del siglo XVI, cuando los conquistadores españoles llegaron al Perú. En esa época al anticucho se le agregaron ingredientes europeos, como la carne de res (que remplazaría a la de llama u otros) y el ajo. Los españoles trajeron también esclavos negros, que se establecieron en Lima y en la costa del sur chico de la Ciudad de los Reyes del Virreinato del Perú. Ellos adoptaron este plato (o lo adaptaron del que ya comerían en África). En aquellos tiempos los españoles desechaban todo tipo de vísceras y se las daban como alimento a los esclavos. A ellos se debe la receta primigenia que nació con la necesidad de tener un plato atractivo, de buen aspecto y mejor sabor; específicamente se usaba el corazón de la res. En el Perú, se mantiene la tradición, el nombre y esos ingredientes.
Este plato alcanzó con el tiempo gran demanda, haciéndose más usual y desprejuiciado su consumo en el Virreinato del Perú y luego avanzado el siglo XX, en otros puntos de Sudamérica. En el Perú y Bolivia se consumen los anticuchos en base a la tradicional y originaria receta del siglo XVI a base de corazón de res. Preparados similares con carne de pescado, pollo, mariscos y de otras carnes a la parrilla se les llaman brochetas.
El anticucho, está íntimamenta ligado a la vida de la nación peruana, a la vida y creencias religiosas, como la Procesión del Señor de los Milagros, la Feria taurina del Señor de los Milagros, Rosa de Lima, las tardes deportivas en el Estadio Nacional José Díaz de Lima donde se expende el tradicional anticucho, los picarones y chicha morada, tradicional dulce y bebida limeña.
La lengua es un órgano muscular importante en la vida de quienes la poseen. Quizás por eso se dice que Dios nos concedió la lengua para tres propósitos bien diferenciados: la función verbal, la función nutritiva y la función erótica; ésta última nos diferencia a los humanos del resto de los animales, pues la lengua -y no sólo la verbal- es la más eficaz embajadora de la pulsión sexual, así se insista en que el sexo no está dentro de la boca, ni entre las piernas, sino en la cabeza.
Nació en La Paz, en 1958. Escritor, periodista cultural y pedagogo. Vivió en las poblaciones mineras de Siglo XX y Llallagua. En 1976, como consecuencia de sus actividades políticas, fue perseguido, torturado y encarcelado. Estando en el Panóptico Nacional de San Pedro y en el campo de concentración de Chonchocoro-Viacha, escribió su libro de testimonio ?Huelga y represión?, hasta que en 1977, tras ser liberado de la prisión por una campaña de Amnistía Internacional, llegó exiliado a Suecia.
Cursó estudios de pedagogía en la Escuela Superior de Profesores, en Estocolmo. Dictó lecciones de quechua en institutos, coordinó proyectos culturales en una biblioteca y ejerció la docencia durante varios años. Ha publicado: ?Días y noches de angustia? (premio nacional de cuento, UTO, 1984), ?Cuentos Violentos? (1991), ?El laberinto del pecado? (1993), ?El eco de la conciencia? (1994), ?Antología del cuento latinoamericano en Suecia? (1995), ?Palabra encendida? (1996), ?El niño en el cuento boliviano? (1999), ?Cuentos de la mina? (2000), ?Entre tumbas y pesadillas? (2002) y ?Fugas y socavones? (2002). Dirigió las revistas literarias ?PuertAbierta? y ?Contraluz?. Escribe para una veintena de publicaciones en América Latina y Europa.
Es miembro de la Asociación de Escritores Suecos y del PEN-Club Internacional. Participó en el Primer Encuentro Hispanoamericano de Jóvenes Creadores, Madrid, 1985, y fue uno de los principales organizadores del Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Europa, Estocolmo, 1991.
Su obra mereció premios y becas literarias. Tiene cuentos traducidos y publicados en antologías internacionales. Es redactor responsable de la edición digital de Narradores Latinoamericanos en Suecia: http://www.narradores.cjb.net.
La lengua, como pocos órganos del cuerpo, tiene una libertad de movimientos en todos los sentidos y direcciones -proyecciones hacia afuera, retracción, descenso, elevación, desplazamiento lateral, acortamiento, arqueamiento y rotación-. Presenta, asimismo, un revestimiento superficial de mucosa, que rodea completamente su cara superior o dorso, donde están las «papilas gustativas», con sus diversas formas y tamaños.
La lengua, que sirven para comer y sonreír, pero también para articular sonidos y palabras, es la protagonista principal de los primeros amores, el instrumento con el cual se penetra por vez primera en el cuerpo húmedo de la mujer amada. No en vano los enamorados, estén donde estén, acercan sus labios y se comen a besos, aun sabiendo que la lengua es la mejor portadora de los bacilos o bacterias.
La lengua de vaca, a diferencia de la lengua de gato -seca, roja y puntiaguda-, tiene la forma de una horma de zapato y la piel semejante al escroto por la presencia de granos y grandes pliegues rugosos. A primera vista, por el aspecto que presenta su superficie granulada, no despierta el apetito ni del más hambriento, pero una vez preparada tal cual manda la receta y la tradición culinaria, es como cualquier otro manjar que obliga a chuparnos los dedos.
Cada día, cuando nos sentamos a la mesa dispuestos a reponer energías, se nos asoman a los ojos y a la punta de la lengua las ganas de satisfacer nuestro paladar tanto como la necesidad de una obligación nada penosa. Y si en la mesa, llena de vasos, platos y utensilios, se nos sirve un humeante ají de lengua, entonces no queda más remedio que acompañarlo con una botella de cerveza o vino añejo, para estimular el apetito y acelerar el sistema digestivo.
Así, ¡a quién no se le hace agua la boca! Se dice que el fin de toda labor culinaria, aparte de ser saboreada y compartida, es el de satisfacer el gusto y no el apetito, como el «gusto» de comerse un ají de lengua no siempre tiene que ver con el «gasto», sino con la destreza de las manos que lo han preparado. Ahí tenemos el caso de una amiga que, cada vez que la visito, con la debida antelación, me invita de mil amores un plato de ají de lengua, pues corresponde a esa estirpe de mujeres que gozan de la vida, la buena comida, la buena bebida y la poca vergüenza. Aparte, es una cocinera que domina el sabio secreto de seducir al hombre más por el estómago que por la cabeza.
A estas alturas de la crónica, más de uno se estará preguntado cómo diablos se prepara el ají de lengua. En principio, para ser más explicito, aclararé que hay una variedad de platos que contienen como base a la lengua: lengua al ajillo, lengua encebollada, lengua mechada, lenguados al gratín, lenguados fritos, lengua en salsa de perejil, lengua de escarlata y, entre ellos, el suculento ají de lengua, ese plato «mama q‘onqachi» (que hace olvidar a la madre), cuya preparación es tan sencilla como comerse un pan con queso.
La lengua suele venderse limpia, pero de ser necesario se limpia sebos y pellejos, se lava y se mete en la olla a presión junto con los ingredientes y condimentos, empezando por el agua y la sal. Y por si las moscas, se recomienda no comprar la lengua de una «vaca loca», cuya enfermedad tiene el nombre científico de «encefalitis bovina espongiforme», que produce una degeneración del cerebro, una parálisis total y, como si fuera poco, una muerte fatal. Tampoco es recomendable comprar la lengua de una vaca belga, engordada a plan de hormonas y compuestos químicos, para evitar que después del gusto nos venga el susto.
Según los cocineros más expertos no hay nada más sabroso que comer ají de lengua después de una inolvidable borrachera, puesto que el ají, sobre todo el colorado y a veces el amarillo, tiene la propiedad de devolvernos a los cinco sentidos y a la realidad concreta. Además, el ají es un condimento importante en el cocido de la lengua; le concede un color particular y un saborcito que suele picar dos veces: al comer y…
Ahora bien, no se vayan a creer que por mucho comer ají de lengua, con ajos y pimientos, a uno se le escapen más los sapos y lagartos por la boca, y menos aún que se llegue a conseguir por este medio el don de la palabra de los «piquitos de oro», como Cicerón, Fidel Castro o Marcelo Quiroga Santa Cruz. ¡No señores! El ají de lengua no sirve para ponerse más hablador y dicharachero, ni para mejorar la lengua del Inca o de Cervantes, sino, simple y llanamente, para satisfacer el paladar más exigente de los entendidos en el arte culinario.
El ají de lengua, como ustedes mismos podrán constatar a la hora de comer, es un plato que tiene el prodigio de recrearnos la fantasía y ofrecernos un saborcito boliviano, aunque nomás sea por un cachito, como suele ocurrir con las buenas costumbres de quienes viven más para comer que para vivir, conscientes de que no es lo mismo comer cando se puede sino cuando se quiere.
En casi todas las culturas y épocas, tanto las mujeres como los hombres, le han dedicado a la lengua poemas, relatos, tratados, proverbios y hasta uno que otro chiste de doble sentido, como el de ese niño precoz y pícaro que un día le preguntó a su maestra: «¿Quiere que se lo toque la cucaracha con la lengüita?». La maestra, sin dudar de la inocencia infantil, aceptó el pedido. Entonces el niño sacó la lengüita y se puso a cantar: «La cucaracha/ la cucaracha/ ya no puede caminar…».
La lengua, por ser un órgano vital tan antiguo como el hombre, es un tema que provoca discusiones y controversias, pues de ella hablan desde los doctos miembros de las Academias de la Lengua, hasta las comadres chismosas acostumbradas a batirla. Y, por añadidura, nadie está a salvo de ser «pelado» por una lengua viperina -como la de una suegra- o de ser redimido por la lengua piadosa de quien habla con el corazón en la boca.
Aquí los dejo, con la esperanza de que se animen a preparar un exquisito ají de lengua, aunque nomás sea para rendirle tributo al cocinero anónimo que tuve la ingeniosa idea de convertir en un manjar la lengua de vaca.
Preparación: Se calcula una porción de chochoca, se le hace dar un hervor en poca agua. Se chuma (escurre) el agua. En la sartén se prepara una cantidad de ají colorado molido, con cebolla picada muy finamente y una cucharilla de orégano. Se hace cocer en manteca de cerdo. Aparte se hace cocer las papas peladas con los pedazos de charque. Se desmenuza el charque y se junta con el ají.
La chochoca, el ají y el charque se reúnen en una olla y se mezcla. Se le agrega las papas peladas. Si el ajicito está muy seco se le agrega un poquito del agua donde han cocido las papas y el charque. Aparte se hace endurar dos o tres huevos.
Manera de servir: En platos planos, adornado con rodajas de huevo duro y acompañado de pfuti de juypfi caya. (La caya helada cocida al vapor).
Nota: Es plato de segundo y muy provinciano. Recogido en Mocomoco, Departamento de La Paz. Informó la señora Cristina Miranda v. de Nogales.
América Latina es una despensa llena de deliciosos y exóticos ingredientes que han trascendido a través de los años. Muchos de estos ingredientes son parte fundamental de platillos que se han convertido en estandartes de las diferentes regiones latinoamericanas, ellos son los que aportan ese toque y esos sabores maravillosos y únicos haciendo posible comer los platos y las recetas más auténticas. Y es que cuando se habla de la comida latina, no podemos dejar de pensar en los chiles, esas pequeñas y coloridas especias que con sus picores, se convierten en el alma de cada una de las fiestas gastronómicas que preparamos día a día en nuestras cocinas. Hoy en Gustolatino Gastronomía, hablaremos de ellos, ¡los invito a un viaje gastronómico por América Latina con el picor de una de las especias más maravillosas que existen!, los chiles.
El origen de este peculiar fruto, conocido por su fuerte sabor, era un tema de cuestión nacional para algunos países donde su consumo está muy arraigado. Acá te contamos su origen
Por Alejandro Maglione
amaglione@lanacion.com.ar
Especial para ConexiónBrando
Fin del debate:
Hasta no hace mucho tiempo había debates científicos que se podrían denominar tremendos. Haber descubierto que el origen del homo sapiens fue en África, destrozó muchos corazones que esperaban que las primeras señales de nuestro abuelo cuaternario se hubieran encontrado escarbando en París, Londres, New York, o sus alrededores, pero el ADN de los rastros humanos más antiguos apareció en el continente negro.
Y ahora resulta que aparecen dos damas bolivianas, Rita del Solar y Lupe Andrade, hacen un estudio cuidadoso de las investigaciones del botánico norteamericanoW.Hardy Eshbaugh, actualmente Profesor Emérito de la Universidad de Miami en Ohio, y ven que este científico demostró claramente que el ADN de un ajicito así de chiquitito, redondito, que toma el color y la forma de una cereza pequeña, y que su cuna, donde se lo encuentra hasta la actualidad, está en los valles mesoandinos de Cochabamba y Chuquisaca, es el padre de todos los ajíes y se lo conoce como ulupica o el chacoense.
Un tema importante.
Por lo menos para los que habitan desde México (donde reinan del jalapeño al poblano, infinidad de variedades) hacia el sur, incluido el noroeste de nuestro país, todos los países americanos en esta franja se sienten propietarios de sus ajíes, los denominan a su manera desde tiempos inmemoriales, como que también fueron viendo la evolución de sus formas y colores, desde la pelotita primigenia a la variedad que encontramos hoy en todo el mundo, a partir de terruños y climas completamente diferentes.
Cuando el Almirante Cristóbal Colón llega a América buscando Catay o Cipango, su objetivo público era cristianizar estas tierras y que patatín o patatán, pero la verdadera razón, que entusiasmó a más de un marinero forajido, fue la promesa de encontrar oro y especias. En aquellos años LA especia por excelencia era la pimienta (aparte de la canela, la nuez moscada, el azafrán entre muchas otras) que había que ir a buscar a las lejanísimas tierras del Lejano Oriente, cruzando mares infectados de piratas, que hacían de las suyas sin descanso en el estrecho de Malaca o el archipiélago indonesio, interceptando a los honestos comerciantes que intentaban allegar a Europa sus valiosas cargas.
Colón, parecería que se puso en la boca un ají pequeño, de estos que se conocen por una mala palabra (hasta quizás haya creado el «¡que lo parió!» ), y mientras su rostro se enrojecía y su cuerpo cobraba un calor no atribuible al clima caribeño, se le prendió la vela en la cabeza y pensó que había encontrado, casi al alcance de la mano, un producto que reemplazaría con ventaja a la codiciada pimienta.
Fue gracias a él, por ejemplo, que europeos como los húngaros pudieron hacer delgoulash su plato nacional; o los españoles deleitarnos con sus fabulosos embutidos. Se dice que fue gracias a españoles y portugueses que los pimientos viajan al Lejano Oriente y a la India, donde sería impensable un Mango Chutney sin pimientos verdes.
Otras razones.
El avance de la agricultura, que se inicia frecuentemente con feroces deforestaciones, está haciendo desaparecer estas plantas primigenias que crecen silvestres. Un motivo más para que los científicos se movilicen en procura de no perder estas suertes de bancos de datos, que hasta nos llevarían a conocer exactamente como fue agregando ese ají primordial las virtudes que lo diferencian y enriquecen alrededor del planeta.
Los argentinos porteños.
No somos lo que se dice un pueblo inclinado a los picantes. De donde que el morrón es esa presencia, a veces indeseada, que aparece sobre nuestro bife, extraído de un frasco -raro que el bife se decore con pimientos frescos- y depositado en forma de loncha invasora en el medio de la pieza de carne que estamos listos a devorar.
Y aclaro esto, porque nuestros hermanos latinoamericanos, suelen hacer afirmaciones, especialmente gastronómicas, diciendo «ustedes los argentinos» y a partir de allí creen descubrir que no comemos habitualmente pescado, sin haber pisado nuestras provincias mesopotámicas; que no sabemos de pimientos u otros productos andinos, sin conocer provincias como Salta o Jujuy; y así se pueden sumar afirmaciones a partir de haber observado los hábitos gastronómicos expuestos en los bodegones de Buenos Aires.
Productos farmacéuticos.
El profesor Eshbaugh, citado por Rita y Lupe, se explaya sobre la explotación de los ajíes que está haciendo la industria farmacéutica a partir del descubrimiento de las virtudes de la capsaicina presente en éstos. Por ejemplo, una crema analgésica,con 0,25% de capsaicina usada tópicamente sobre agresivas formas de herpes actúa como poderoso analgésico. También se está experimentando con éxito usarla en artritis avanzadas, neuralgias, neuropatías diabéticas y dolores post quirúrgicos.
No se le vaya ocurrir a ningún lector o lectora tomar el ajicito palabrotero y fregárselo por parte del cuerpo alguna. Recuerde que los que cocinan habitualmente con estos ajíes hacen del inmediato lavado de manos un hábito obligatorio, tan pronto como dejan de manipularlos. Tocarse un ojo sin darse cuenta, con los dedos impregnados de capsaicina en estado puro, es una experiencia tan inolvidable como dolorosa.
Al fin y al cabo, es la afamada capsaicina el componente fundamental de los aerosoles de defensa que usan muchas fuerzas policiales, y no pocas mujeres para poner en su lugar a algún mano larga con el que viaje a solas en un ascensor. Un rápido «fssst» y al tipo se le evapora la libido necesaria para trapisondas condenables.
Allá lejos.
Hay restos de ajíes o «uchus», como se llaman en lengua quechua, que se hallaron en investigaciones arqueológicas, que muestran hace 7500 años que se vienen utilizando para condimentar los alimentos, que seguramente lo complementaban con huacatay o quirquiña. Y como dicen Rita y Lupe, «cuesta creer que antes del descubrimiento no conocieran en India, Filipinas o Tailandia la existencia del ají.». Pero para aventar estas dudas es que están los esclarecedores estudios científicos.
Redondeando:
Trate de conseguir, aunque sospecho que todavía no está en nuestro país, el libro de Rita del Solar y Lupe Andrade, se llama Ají-Regalo de Bolivia al mundo. A la cuidada información, presentada en castellano e inglés, se le une un recetario en base al ají, muy interesante. Y su última página tiene un Glosario que ayuda mucho a entender de que se habla cuando se mencionan productos andinos. Me quedó una duda: la última palabra del listado es yuka, vienen dos puntos y en mayúscula y tinta roja dice: FALTA. Me tengo que juntar con Rita para saber si falta la yuka, la definición, si es una nota del editor.Ah, y recuerde, Rita ya tiene otro libro dedicado a la quinoa, igualmente interesante. Pero en ese no falta nada..
Miscelánea restauranteur. El amigo Eduardo Ceccotti del Palacio Duhau-Park Hyatt Buenos Aires, me contó que en el restaurante Duhau se viene una movida salteña del 13 al 19 de junio. Su chef, Federico Heizmann recibe a su colega salteño Lalo Angelina, donde todo el menú que presentarán huele a cerros de Salta que, como si fuera poco, regarán plato tras plato con vinos de la Bodega El Esteco. Trataré de ir al menos para el postre, a probar la mazamorra de maíz morado. Y quien te dice no pruebe todo. Veremos. Miscelánea enológica. Viene Alex Campbell de Finca Los Maza y me cuenta que, quizás por primera vez en el país, una bodega hace un vino del cual el 12% del producido irá a laFundación Vida Silvestre. El vino se llama Oso Hormiguero -lógicamente- y la etiqueta tiene el ingenio de haber «montado» a un oso en la botella, entonces se ve su enorme trompa mirando la etiqueta, y al dar vuelta la botella, aparece en la contraetiqueta, colgando la larga cola del animal. En resumen, un varietal Malbec 100%, hábilmente maniobrado por el enólogo de la bodega, Philippe Pla; con una ingeniosa y simpática presentación de su botella. Miscelánea restauranteur II. Me dice (@WineJedi) «vamos a Bernal a almorzar en Guadalupe». Luego de una breve resistencia, acepté. Allá me encontré con el típico restaurante manejado por su dueña, Guadalupe Gómez, que eligió en un entorno de barrio tranquilo, privilegiar la comida casera muy bien preparada a toda falsa sofisticación. Por mi boca circuló una burrata excelente; unos escalopes de bife de chorizo para mí novedosos; una lasagna perfecta, con masa bien fina; y un pechito de cerdo agridulce, con puré de batatas. Panes horneados en el momento. Carta de vinos corta pero interesante. Porciones abundantes. Precios bajos. Y con un acceso muy rápido por la autopista a La Plata, que hace que uno llegue en un chasquear de dedos. Sumando todo, una magnífica relación costo-beneficio. guadaluperestaurant@gmail.com
Guiso picante de charque de res amortajado, preparado con frito de puré de ají colorado picante ajo y cebollas,
quinua cocida en sal, papa cocida, y adornado de ensalada de tomates con ají y cebolla
El origen de este peculiar fruto, conocido por su fuerte sabor, era un tema de cuestión nacional para algunos países donde su consumo está muy arraigado.
Hasta no hace mucho tiempo había debates científicos que se podrían denominar tremendos. Haber descubierto que el origen del homo sapiens fue en África, destrozó muchos corazones que esperaban que las primeras señales de nuestro abuelo cuaternario se hubieran encontrado escarbando en París, Londres, New York, o sus alrededores, pero el ADN de los rastros humanos más antiguos apareció en el continente negro.
El origen de este peculiar fruto, conocido por su fuerte sabor, era un tema de cuestión nacional para algunos países donde su consumo está muy arraigado. Acá te contamos su origen.
Y ahora resulta que aparecen dos damas bolivianas, Rita del Solar y Lupe Andrade, hacen un estudio cuidadoso de las investigaciones del botánico norteamericano W.Hardy Eshbaugh, actualmente Profesor Emérito de la Universidad de Miami en Ohio, y ven que este científico demostró claramente que el ADN de un ajicito así de chiquitito, redondito, que toma el color y la forma de una cereza pequeña, y que su cuna, donde se lo encuentra hasta la actualidad, está en los valles mesoandinos de Cochabamba y Chuquisaca, es el padre de todos los ajíes y se lo conoce como ulupica o el chacoense.
Un tema importante
Por lo menos para los que habitan desde México (donde reinan del jalapeño al poblano, infinidad de variedades) hacia el sur, incluido el noroeste de nuestro país, todos los países americanos en esta franja se sienten propietarios de sus ajíes, los denominan a su manera desde tiempos inmemoriales, como que también fueron viendo la evolución de sus formas y colores, desde la pelotita primigenia a la variedad que encontramos hoy en todo el mundo, a partir de terruños y climas completamente diferentes.
Cuando el Almirante Cristóbal Colón llega a América buscando Catay o Cipango, su objetivo público era cristianizar estas tierras y que patatín o patatán, pero la verdadera razón, que entusiasmó a más de un marinero forajido, fue la promesa de encontrar oro y especias. En aquellos años LA especia por excelencia era la pimienta (aparte de la canela, la nuez moscada, el azafrán entre muchas otras) que había que ir a buscar a las lejanísimas tierras del Lejano Oriente, cruzando mares infestados de piratas, que hacían de las suyas sin descanso en el estrecho de Malaca o el archipiélago indonesio, interceptando a los honestos comerciantes que intentaban allegar a Europa sus valiosas cargas.
Colón, parecería que se puso en la boca un ají pequeño, de estos que se conocen por una mala palabra (hasta quizás haya creado el «¡que lo parió!» ), y mientras su rostro se enrojecía y su cuerpo cobraba un calor no atribuible al clima caribeño, se le prendió la vela en la cabeza y pensó que había encontrado, casi al alcance de la mano, un producto que reemplazaría con ventaja a la codiciada pimienta.
Fue gracias a él, por ejemplo, que europeos como los húngaros pudieron hacer del goulash su plato nacional; o los españoles deleitarnos con sus fabulosos embutidos. Se dice que fue gracias a españoles y portugueses que los pimientos viajan al Lejano Oriente y a la India, donde sería impensable un Mango Chutney sin pimientos verdes.
El avance de la agricultura, que se inicia frecuentemente con feroces deforestaciones, está haciendo desaparecer estas plantas primigenias que crecen silvestres. Un motivo más para que los científicos se movilicen en procura de no perder estas suertes de bancos de datos, que hasta nos llevarían a conocer exactamente como fue agregando ese ají primordial las virtudes que lo diferencian y enriquecen alrededor del planeta.
El profesor Eshbaugh, citado por Rita y Lupe, se explaya sobre la explotación de los ajíes que está haciendo la industria farmacéutica a partir del descubrimiento de las virtudes de la capsaicina presente en éstos. Por ejemplo, una crema analgésica, con 0,25% de capsaicina usada tópicamente sobre agresivas formas de herpes actúa como poderoso analgésico. También se está experimentando con éxito usarla en artritis avanzadas, neuralgias, neuropatías diabéticas y dolores post quirúrgicos.
No se le vaya ocurrir a ningún lector o lectora tomar el ajicito palabrotero y fregárselo por parte del cuerpo alguna. Recuerde que los que cocinan habitualmente con estos ajíes hacen del inmediato lavado de manos un hábito obligatorio, tan pronto como dejan de manipularlos. Tocarse un ojo sin darse cuenta, con los dedos impregnados de capsaicina en estado puro, es una experiencia tan inolvidable como dolorosa.
Al fin y al cabo, es la afamada capsaicina el componente fundamental de los aerosoles de defensa que usan muchas fuerzas policiales, y no pocas mujeres para poner en su lugar a algún mano larga con el que viaje a solas en un ascensor. Un rápido «fssst» y al tipo se le evapora la libido necesaria para trapisondas condenables.
Allá lejos
Hay restos de ajíes o «uchus», como se llaman en lengua quechua, que se hallaron en investigaciones arqueológicas, que muestran hace 7500 años que se vienen utilizando para condimentar los alimentos, que seguramente lo complementaban con huacatay o quirquiña. Y como dicen Rita y Lupe, «cuesta creer que antes del descubrimiento no conocieran en India, Filipinas o Tailandia la existencia del ají.». Pero para aventar estas dudas es que están los esclarecedores estudios científicos.
Redondeando
Trate de conseguir, aunque sospecho que todavía no está en nuestro país, el libro de Rita del Solar y Lupe Andrade, se llama Ají-Regalo de Bolivia al mundo. A la cuidada información, presentada en castellano e inglés, se le une un recetario en base al ají, muy interesante. Y su última página tiene un Glosario que ayuda mucho a entender de que se habla cuando se mencionan productos andinos. Me quedó una duda: la última palabra del listado es yuka, vienen dos puntos y en mayúscula y tinta roja dice: FALTA. Me tengo que juntar con Rita para saber si falta la yuka, la definición, si es una nota del editor.Ah, y recuerde, Rita ya tiene otro libro dedicado a la quinoa, igualmente interesante. Pero en ese no falta nada.
Existen ocasiones, afortunadamente las menos, en las que la flojera, es decir la falta de ganas para hacer las cosas, puedes desembocar en la ausencia total dentro de nuestro menú de una deliciosa y recién preparada llajwa.Bueno, afortunadamente, la naturaleza ha previsto estas circunstancias, cuando no la sabia naturaleza, y ha puesto a disposición nuestra un exquisito picante, tremendamente fuerte que se denomina, o que es llamado Arivivi o Aribibi, un pequeño aji, de entre 2 a 10 cm de largo que puede matar a mas de uno por su tremendo picante.Estas son algunas fotos más de el Arivivi, como ven, el autor de este blog, gusta de comerse de uno a tres arivivis como acompañamiento de su plato de sopa.
Mientras más agite nuestra respiración, más profusamente nos haga transpirar, más dificultad tengamos al tragar, más dolor podamos sentir en la boca, tanto más «delicioso» será el ajicito… Por si acaso, por si alguien aún no lo sabía, el nombre y apellido completos del recién presentado es Capsicum chinense, un muy raro y fortísimo picante de Bolivia.
El Ají proviene del género de plantas angiospermas, dicotiledóneas nativo de las regiones tropicales y subtropicales de América y que pertenecen a la familia de las solanáceas. Comprende 40 especies aceptadas, de las casi 200 descritas , herbáceas o arbustivas, generalmente anuales, aunque las especies cultivadas – prácticamente en el mundo entero – se han convertido en perennes en condiciones favorables.
Corresponden a los ajíes, chiles, guindillas o pimientos – entre otros muchos nombres comunes, vocablos todos que se refieren a los frutos, inmaduros, maduros o secados, de unas cuantas especies del género, según su forma, su color, su sabor, sus usos o su procedencia.
La quinua o quínoa negra (Chenopodium petiolare kunth) es una semilla andina perteneciente a la subfamilia Chenopodioideae de las amarantáceas.Es considerada también una destacada fuente de minerales antidepresivos
La Receta…
4 ajíes rojos grandes,
1 taza de quínoa negra cocida,
1 tomate grande,
100 g de queso de cabra,
2 cucharadas de queso crema,
10 hojas de albahaca,
½ cebolla,
1 cucharada de mantequilla
1 cucharadita de semillas de cilantro
1/3 cucharadita de semillas de comino,
aceite de oliva, sal gruesa y pimienta.
1. Parta los ajíes a lo largo y bote las semillas sin romperlos. Póngalos en la rejilla del horno y áselos abiertos por 10 minutos 2. Aparte, pique la cebolla muy chiquitita, lo mismo con el tomate; deseche la piel y las semillas 3. En una sartén ponga aceite de oliva y de mantequilla para derretir. Sude la cebolla y cuando esté transparente agregue el tomate 4. Sume la pimienta, las semillas de cilantro y de comino machacadas con un poco de sal gruesa. Revuelva, y cuando ya estén unidos añada el queso crema y siga revolviendo 5. Cuando esté derretido saque del fuego y agregue las hojas de albahaca picadas en tiritas muy delgadas; también añada la quínoa cocida y el queso de cabra rallado 6. Mezcle todo, rellene los ajíes y lleve al horno hasta que se doren y calienten.
El guiso o agresado de mote, las chirriadas (tortillas de maíz), ensaladas de poroto, sopa de maní, mate, sábalo y una variedad de platos y repostería forman parte del potencial de la gastronomía chaqueña, que hoy se recupera para su promoción y desarrollo en esa región.
La primera Escuela de Hotelería y Turismo de Bolivia (EHT) organizó el 8 y 9 de agosto en La Paz el Primer Foro Gastronómico del Chaco Boliviano donde se expusieron los platos típicos y repostería de la zona que abarca territorio de los departamentos de Tarija, Chuquisaca y Santa Cruz.
El chef Guillermo Iraola Mendizábal, director ejecutivo de la EHT, manifestó que el objetivo de este evento fue recuperar la comida chaqueña y destacar el maní, el ají y el maíz, tres productos tradicionales y con potencial del Chaco boliviano.
Si bien se sabe que los pobladores del lugar son tendientes a las carnes, por ejemplo el cerdo y cabra a la cruz y los afamados asados chaqueños, Iraola aclaró que esta forma de preparar la comida es “más bien importada” de la gastronomía paceña o argentina. Y por el contrario, destacó que la comida típica de los pueblos indígenas guaraníes y weenhayek oferta lo suyo, en especial con una variedad de pescados.
Iraola sostuvo que a través de las investigaciones de expertos hallaron que la “sopa de maní” es un plato originario de Bolivia. Destacó que la producción de este cultivo se exporta a diversos lugares del mundo y alguna vez lo adquirió en Alemania. “Ni hablar del ají que viene del Chaco chuquisaqueño”, expresó y enfatizó su procedencia local y demanda internacional.
“Como nunca supimos que habíamos tenido 36 variedades de maíz, eso es increíble y un gran potencial para nuestro desarrollo económico”, acotó respecto a información difundida durante el foro. Vicente Cuevas Aguirre, chef argentino invitado a este evento, expresó que “al recorrer muchas regiones del país, y ahora en particular el Chaco, veo que Bolivia tiene un gran potencial gastronómico y turístico, pero le falta mucha promoción”.
En su criterio se debe aprovechar no sólo la carne del sábalo, también su cuero y hueso. Señaló que la técnica del espinado facilita sacar la carne y dejar las otras partes para utilizarlas, por ejemplo, en artesanía y prendas como carteras y cinturones.
La chef de Macharetí, en el Chaco chuquisaqueño, Elva Ruiz, resaltó el plato del guiso o agresado de tujuré (mote) que se acompaña con charque frito, cebolla, ají colorado y ajo. “Es un plato delicioso de la región”, expresó.
Sonia Caballero, profesora de la Escuela Gastronómica Municipal de Camiri (Santa Cruz), mostró las bondades de la repostería chaqueña que ahora se consume en otras regiones del país: entre otros, los bizcochos de maíz con queso, maicillos dulces, chimas de chala del maíz, tamales curtidos y humintas al horno y a la olla.
“Tenemos toda una variedad de comidas para explotar y promocionar”, resaltó Caballero.
El gas es caro y escaso en la región y aún cocinan a leña
“Somos una región petrolera, pero el gas no nos llega o llega muy caro; por eso seguimos cocinando con leña”, se lamentó la chef Elva Ruiz Valencia, quien arribó a la sede de gobierno desde Macharetí, provincia Luis Calvo del departamento de Chuquisaca.
Dijo que los camiones repartidores sólo distribuyen el energético cada fin de semana y que una garrafa se vende en Bs 35 (su precio en ciudades capitales del país es de Bs 22,50). “Somos exportadores de hidrocarburos y allí sufrimos de este producto básico para desarrollar nuestra cocina”.
Necesidades. Ruiz también indicó que en muchas poblaciones tampoco tienen energía eléctrica y que aún utilizan mechero.
El director de la Primera Escuela de Hotelería y Turismo de Bolivia (EHT), Guillermo Iraola, coincidió en que, al margen de Yacuiba, Villamontes y Camiri, las demás poblaciones del Chaco tienen múltiples necesidades.
“Los pueblos pequeños viven en situación precaria, no tienen gas para sus cocinas y la zona necesita mejoras en su infraestructura, hay un problema que el Estado debe atender”. En lo gastronómico lamentó que estas poblaciones sufran la “invasión de comidas ajenas a su cultura” y citó el consumo de sardinas y atunes en lata, fideos, arroz y otras que los indígenas consumen.
El chaco boliviano
Territorio
El Chaco abarca el territorio de Tarija y algunas zonas de Chuquisaca y Santa Cruz. Son 16 municipios con cerca de 300.000 habitantes.
Ingredientes: Una pata de res. Ají amarillo o colorado, media taza. Un puñado de arroz. Papas peladas y ralladas y chuño pellizcado.
Preparación: La pata de res se hace cocer en bastante agua con sal y en mucho tiempo, hasta que los nervios estén suaves. Se le agrega el ají amarillo o colorado, luego un puñado de arroz y de acuerdo al gusto la cantidad de papa rallada y chuño pellizcado. Si el agua se seca hay que aumentarle porque es vianda con mucho caldo. Cuando está cocida la papa está lista la sopa.
Manera de servir: En platos hondos, con pedazos de la pata cocida, cortada en trozos medianos; con mucho caldo.
Nota: Es comida preferida por el minero al día siguiente de una farra. Por la cantidad de ají es muy picante. La Receta fue recogida en Llallagua, Departamento de Potosí.
Recientes estudios médicos revelan el potencial medicinal del ají picante.
Los hay de todo tipo e intensidad. Los que dan un toque de sazón al paladar y los que te quitan la respiración y te hacen llorar.
Durante miles de año el ají picante, los chiles, jalapeños, o la pimienta han sido parte de ese placer culinario y masoquista de los humanos, únicos mamíferos en consumirlo, dividiéndonos entre quienes los consumimos y quiénes no.
Ahora, más allá de su sabor, hay razones médicas que apuntan a que el picante puede convertirse en nuestro mejor aliado. Pero, ¿por qué?
Te hiere, te cura
Paul Bosland, de la Universidad del Estado de Nuevo México, en Estados Unidos, cuenta que hace 20.000 años, cuando el hombre llegó al hemisferio occidental, se encontró con una planta que le producía dolor.
«La planta –el ají- los afectaba, pero se propusieron domesticarla porque le encontraron utilidad, y creo que fue para fines medicinales», relata Bosland.
Pero ese poder para sanar, se contrasta con el potencial para producir lesiones, y eso ha generado históricos debates entre científicos, médicos y nutricionistas.
Un equipo de la Academia de Ciencias Médicas de China revisó durante varios años el comportamiento de casi 500.000 participantes de un estudio en ese país.
Image copyrightGettyImage captionEn un estudio en China señala que individuos que consumieron comida picante una o dos veces a la semana, tienen una tasa de mortalidad 10% menor que los que solo lo hicieron una vez por semana.
Encontraron que los individuos que afirmaban utilizar picante en sus comidas una o dos veces a la semana, registraban una tasa de mortalidad 10% menor que aquellos que consumían picante menos de una vez por semana.
La diferencia se amplía a medida que las personas ingieren alimentos picantes seis o siete veces a la semana.
El ají picante fue la especie más utilizada en las muestras del estudio, y quienes lo consumieron fresco disminuyeron en particular el riesgo de morir de cáncer, enfermedades coronarias y diabetes.
Lu Qi, miembro del equipo investigador y amante del picante, señala que hay muchas razones que explican estos efectos.
«Los datos obtenidos nos animan a pensar que al comer más comida picante mejoramos nuestra salud, y reducimos el riesgo de mortalidad en personas de edad avanzada», comenta.
No obstante, Qi aclara que el picante puede que no sea beneficioso para personas con problemas digestivos o úlceras estomacales.
Los secretos de ají
Para mirar dónde reside el poder del ají, córtelo y en su interior descubrirá una suerte de placenta amarilla a la cual están pegadas las semillas.
Image copyrightPaul BoslandImage captionEn el interior del ají se encuentra el secreto de su poder: la capsaicina.
En la mayoría de las variedades de ají, en ese lugar se esconde su arma secreta: la capsaicina, un compuesto químico que genera irritación en los mamíferos.
La capsaicina se mide en la escala Scoville, una medida del picor en los chiles. Se cuenta en unidades de calor, es decir, en el número de veces que una muestra de ají seco debe ser diluida por su propio peso en agua con azúcar antes de perder su calor.
Para un pimentón verde la escala registra cero.
Pero para un ají habanero la medición oscila entre 100.000 y 350.000. La capsaicina pura alcanza una cifra de 16 millones, por lo que no se recomienda su uso ni culinario ni medicinal.
Como un arma química
Aún cuando el simple contacto con el chile Cuernos Rojos puede quemarte por completo la garganta, el extracto de capsaicina luce inodoro e incoloro, y por su intensidad está prohibido su consumo en la Unión Europea.
Así que su uso es más efectivo como arma, en el conocido formato de spray.
Image captionEl códice azteca muestra a un padre obligando a un niño de ojos llorosos a acercarse a un hoyo con chiles encendidos.
Desde tiempos precolombinos el ají se ha utilizado como arma. Se dice que los mayas quemaban hileras de esta planta para crear una cortina de humo que causaba irritación al entrar en contacto con ella.
Y en lo que parece ser una versión antigua del rincón del castigo, el códice azteca muestra a un padre obligando a un niño de ojos llorosos a acercarse a un hoyo con chiles encendidos.
Medicina contra el dolor
El códice azteca también muestra cómo se utilizaba para calmar el dolor de dientes, una función analgésica que se mantiene hasta nuestros días.
Joshua Tewksbury, un historiador de la Universidad de Washington, considera que la sensación de irritación que sentimos al exponernos al pimentón es un truco de la evolución.
«En realidad no estamos sufriendo una quemadura por la capsaicina, como sí la sufriríamos si tocáramos la hornilla encendida de una cocina, pero nuestro cerebro sí lo cree», dice el académico.
Además agrega que solo los mamíferos pueden tener esa sensación. Los pájaros, por ejemplo, pueden comerse los pimientos como si fueran cotufas sin sentir el ardor.
En ese sentido, Tewksbury estima que la planta evolucionó de tal manera que se hizo repelente a aquellos animales que pudieran triturar sus semillas con los dientes, e inofensiva a aquellos que podían ayudarla a esparcirlas.
También evolucionó para combatir microbios.
Esto tuvo gran relevancia en los tiempos previos a la medicina y a la refrigeración, y en especial en zonas ubicadas cerca del trópico, donde las personas eran más vulnerables a las bacterias que podían afectarlos o a sus alimentos.
El chile picante destruye o inhibe 75% de estos patógenos.
Eso puede explicar su éxito alrededor del mundo. Solo dos o tres años después de que Cristóbal Colón trajera las semillas de capsaicina que encontró en sus viajes por el Nuevo Mundo en 1493, los mercaderes portugueses la llevaron a Asia, donde terminaría por transformar el modo de cocinar.
El clima influye
En algún momento se llegó a decir que los habitantes de países con clima caluroso comían picante porque los hacía sudar, lo cual refrescaba la piel.
Image copyrightGettyImage captionEn 1988 investigadores de la Universidad de Cornell descubrieron que en países como India, Tailandia y China, el uso de las especies tendía a ser por su condición antibacterial.
En 1988 investigadores de la Universidad de Cornell descubrieron que en países como India, Tailandia y China, el uso de las especies tendía a ser por su condición antibacterial.
Además, las mismas eran más utilizadas en naciones cercanas al ecuador, o áreas de valles húmedos y altiplanos.
La relación del pimentón con el clima, y el riesgo presente de enfermedades infecciosas, fue más grande que sus condiciones naturales para crecer.
O como diría Tewksbury, los humanos que vivían en zonas con climas peligrosos desarrollaron un gusto por el picante que «probablemente salvó muchas vidas».
Como antioxidante
Ahora también se sabe que es una fuente de antioxidantes. Por ejemplo, 42 gramos de esta especie puede sustituir la dosis diaria de vitamina C, aunque hay que admitir que esa cantidad puede darle un sabor muy fuerte al curry.
También son ricas en vitamina A, y en minerales como hierro y potasio.
La capsaicina ha sido incluso vinculada con la pérdida de peso. Estudios realizados este año por la Universidad de Wyoming, en Estados Unidos, revelan que ratones alimentados con una dieta alta en grasas registraron una aceleración del metabolismo, logrando quemar más energía y de esta forma perder peso.
Otro experimento publicado el mes pasado y realizado por la Universidad de Adelaida, Australia, descubrió que la interacción entre la capsaicina y las paredes del estómago juegan un papel importante en la sensación de sentirnos llenos.
Sobre esa misma línea, estudios anteriores parecieran respaldar la función controladora del apetito que pudiera tener el picante.
¿Picante Vs cáncer?
Image copyrightGettyImage captionCientíficos advierten que antes de cambiar la dieta por completo, debemos administrar el consumo de picante, en especial los más fuertes como el habanero.
En 2012 un equipo de nutricionistas de la Universidad China de Hong Kong, que experimentó con hámsters, detectó que la capsaicina ayudaba a destruir el llamado «colesterol malo», que puede obstruir las arterias de los animales, y deja el «colesterol bueno», que ayuda a remover cualquier obstrucción.
También se descubrió un segundo beneficio para la salud cardíaca: la capsaicina pareciera impedir la acción del gen que contrae las arterias, restringiendo el flujo sanguíneo.
Por otra parte, se han obtenido resultados positivos en experimentos con ratones con células de cáncer de próstata y de pulmón, así como también hay indicios de ser efectiva contra afecciones en el colón.
Sin embargo, antes de hacer cambios drásticos en tu dieta, estos experimentos deben replicar sus resultados cuando se practiquen en humanos.
«Hay muchos reportes que señalan los efectos positivos de la capsaicina en la salud de las personas, especialmente con cáncer, pero también hay otros estudios que demuestran lo contario», advierte Zigang Dong, del Instituto Hormel, de la Universidad de Minnesota.
Las investigaciones enfocadas en el efecto de la capsaicina en el estómago de los seres humanos presentan hallazgos abiertamente divergentes.
Unos muestran sangramiento gástrico luego de consumir picante rojo, y otros no muestran reacción negativa alguna, incluso cuando se ha introducido jalapeños directamente en el estómago.
«Probablemente afecta al estómago o al esófago porque la capsaicina causa inflamación. Y si algo causa ardor o inflamación es porque puede matar células y por ende, producir inflamaciones crónicas que pueden ser muy dolorosas», explica Dong.
Como se puede apreciar, el chile picante se mantiene como un enigma. No obstante, sea amigo o enemigo, estamos cada vez más expuestos a él.
El consumo global de picante subió 2.5% por año, mientras que el consumo per cápita se incrementó 130% en ese período.
Quizás hasta que se comprueben todas sus dotes curativas, habría que administrarlo poco a poco, sin que nos saque lágrimas o vapor por los oídos.
Si te encanta el ají, no te pierdas esta receta fácil y rápida, para darle ese toque picante a tus recetas.
Ingredientes:
* 2 ajíes rojos
* 1 tomate de árbol
* 1 tapa de limón
* 2 ajos pelados
* Perejil cortado
* 1 pizca de sal
Preparación:
1.- En una olla pequeña poner media taza de agua junto con los ajíes y el tomate de árbol. Dejar hervir.
2.- Cuando ya este hirviendo apagar y dejar reposar por 5 minutos.
3.- Poner el tomate, los ajíes y el agua en la licuadora.
4.- Agregar los ajos pelados, la sal y el jugo de la media tapa de limón.
5.- Licuar bien hasta que todo este bien liquido.
6.- Poner en un frasco de preferencia de vidrio y agregar el perejil.
Listo!!! Ya tienes una deliciosa salsa de ají para acompañar con tus comidas.
NOTA: Si quieres que el ají te dure por más tiempo, cuando lo utilices, no metas en el frasco una cuchara de metal, de preferencia que sea de palo o plástico.
La llajwa tradicionalmente se prepara con quirquiña o con huacataya. Estas dos le dan su especial sabor a la clásica llajwa boliviana, la salsa picante con la que se acompañan todo tipo de comidas.
No hay mesa donde se esté celebrando algún acontecimiento, o simplemente se haya reunido la familia, donde falte una buena llajwita para acompañar algún plato especial.
Es delicioso comerse unos chorizos a la parrila con pan y su buena llajwa, el choripan. O, en general cualquier carne, digamos un lapi, un queperi, una buena punta de ese o un bife de chorizo.
Y si se trata de platos más cotidianos, un plato paceño no es tal si no lo sirves con su llajwa al lado.
Pero además de preparar la llajwa con quirquiña o con la huacataya, también se puede experimentar otros tipos de llajwa donde se emplean otras hierbas aromáticas. Este es el caso del cilantro, o culantro o también llamado perejil chino.
Para aquellos que quieren un sabor diferente, bien pueden probar sustituyendo las clásicas quirquiña o huacataya por cilantro. Un toque especial de sabor, que para los puristas de las llajwas puede no ser de su elección. Sin embargo, no dejes de probarte una llajhua con esta interesante variación.
La preparación es similar a la de cualquier llajwa, pero usando el cilantro.
RECETA DE LLAJWA CON CILANTRO
1 locoto, de preferencia de pepas negras (más picante)
1 tomate bien maduro.
1 rama pequeña de cilantro
sal al gusto
Se muelen todos los ingredientes y se sirve. Y a disfrutar…
Tueste en aceite la carne hasta que esté dorada, añada la cebolla, el tomate, el locoto y la zanahoria finamente picados, los condimentos junto con el ají y luego cubra con el agua dejando cocer durante una hora.
Antes de que esté cocido, agregue la arveja, la papa y deje en el fuego hasta que todo esté cocido y las arvejas blanditas.
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