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Tango Illimani – por Argentino Ledesma

16 Jul

Sándwich de Chola

16 Jul

Desde hace ya medio siglo, casi no pasa tarde sin que Paulina Cruz López venda sus célebres sándwiches de chola en su puesto ubicado al final de la avenida Saavedra, en Miraflores.

Gracias a su negocio, la mujer, que nació en Camargo, apoyó a sus hermanos menores y crió sola a sus tres hijos. Una, de ellas, Patricia, se hace cargo del negocio desde hace algunas semanas porque doña Paulina se encuentra delicada de salud. La señora Paulina llegó a La Paz a sus 17 años junto a sus jefes, quienes tenían una bodega de singani. A sus 32 años empezó el negocio y a la fecha, comenta Patricia, el famoso sándwich fue degustado por millones de personas, entre ellas conocidos personajes, como el actor David Santalla, quien “cada que viene pide un cuerito como para hacer una chamarra’”, además de los jugadores de fútbol de The Strongest y de Bolívar, y políticos, entre otros. Según doña Paulina, el secreto del éxito, aparte de su famoso cuero de cerdo horneado, es ser siempre humilde y tener un espíritu humanitario para el más necesitado. El negocio es abierto todos los días desde las cuatro de la tarde hasta que se acabe la provisión, que normalmente es a las nueve de la noche. El sándwich tiene un trozo de cerdo mezclado con escabeche de cebolla, zanahoria y un trocito de cuero. Se vende a 12 bolivianos y, de acuerdo con el gusto, el cliente puede saborearlo con ají amarillo y si tiene tiempo, con un café caliente. Doña Paulina ofrece también sándwich doble a 20 bolivianos. “El sabor es lo que más me gusta, y que el sándwich viene calientito. El trocito de cuero me encanta y el ají amarillo es delicioso”, comenta Javier Beltrán, quien dice que va comer al menos cuatro veces al mes. Otro de los clientes habituales, Mirko Pardo, hace fila para llevar diez sándwiches para un festejo en su oficina. “Son los mejores sándwiches de chola, la sazón es especial y el cuero es crocante y sabroso”, asegura. “Mi secreto para triunfar, aparte del famoso cuero de cerdo horneado que preparo, es ser siempre humilde y tener un espíritu humanitario para el más necesitado. No es necesario hacer publicidad, los mismos clientes traen a sus amigos y así uno va creciendo”.

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Lo que tenemos que saber del Chairo

16 Jul

  • LO QUE TENEMOS QUE SABER DEL CHAIRO
    Por: Guillermo Iraola Mendizábal
    La Paz, 10 de junio del 2008

    Tres aseveraciones importantes con relación al CHAIRO PACEÑO dan lugar a este trabajo de investigación, presentando su certificado de orígen y carta de ciudadanía indiscutibles. Un aporte a la historiación de la gastronomía latinoamericana.
    1/. El CHAIRO es una sopa mestiza que inicia su camino en la historia de la gastronomía CHARQUENSE (el territorio que hoy se llama Bolivia) en el siglo XVIII, período de muchos cambios – ocurrió la expulsión de los Jesuitas en 1767 y la fundación del Virreynato de La Plata en 1776, al que pasó a pertenecer Charcas.
    2/. Lo mas probable es que durante esta época y con motivo del primer y el segundo cerco de la ciudad de La Paz, el CHAIRO , haya tomado su carta de ciudadanía en esta querida ciudad, seguramente al inicio en forma de “chupe” y/o “uchu” , para mas adelante tomar su forma definitiva.
    3/. El CHAIRO, es el plato bandera de la ciudad de La Paz, producto de la FUSION cultural – gastronómica de dos pueblos, el AYMARA y el ESPAÑOL; representa el mestizaje de 516 años y su resultado actual, significa la evolución de la gastronomía mestiza de este territorio,hoy llamada “cocina tradicional boliviana”.

    Buscar el origen del Chairo, es buscar en la composición de sus ingredientes, de sus técnicas culinarias y en las tendencias de los gustos de cada época de nuestro territorio.
    Haciendo una revisión detallada de sus ingredientes, se puede comprobar que por lo menos 10 de los 13 productos que la componen, son artículos comestibles que los Españoles trajeron a la América. Si calculamos que los Españoles llegaron al altiplano Boliviano actual, en el año 1532, seguramente tardaron en aclimatar los productos que trajeron, enseñar su uso y hacer una costumbre de su consumo. Este período de FUSION duraría unos 100 años y ya estamos en el siglo XVII (1600).
    El cronista COBO escribe para 1653, que “a mediados del siglo XVII, el consumo de maíz, trigo, frejoles,cebada,cebolla, perejil, culantro, comino, anís y otras legumbres, hortalizas y condimentos, estaba generalizado en todo el territorio del Virreynato. El ajo, la hierba buena y los melones eran, entre todas las plantas que se trajeron, las de mayor consumo entre los Indios”
    A mediados del siglo XVII – escribe la investigadora Rosario Olivas Weston- “ La comida de los jornaleros era por lo general una gran “olla” en la cual abundaba mas la carne antes que las legumbres”.
    También escribe:” Había gran cantidad de ovejas en las pampas y las punas de las provincias del Collao y su carne era muy barata”.
    Es de suponer que con estos antecedentes, los Aymaras y Quechuas conquistados, comían en particular la carne de oveja en “chalona” que hacían cocer en un caldo acompañado de carne fresca y de los otros ingredientes que podían meter a su olla (Como ya nos deja relacionar el cronista COBO, estos otros ingredientes en su mayoría son las hortalizas traidas de España y aclimatadas en el altiplano), sin el menor ánimo de pretender copiar para nada ninguna receta Europea. Lo que pasa es que la forma más fácil de cocinar desde tiempos pretéritos (desde que apareció el fuego y las técnicas de cocción – en todo el mundo) meter ingredientes en una olla que hierve, sin mucho cuidado, nos lleva de alguna manera a algún final mas o menos feliz. Así se inventó también con seguridad la misma “olla española”.
    Para 1776 (siglo XVIII), por referencia del libro de cocina escrito por Doña Josefa Escurrechea , acerca de la comida que se come en Potosí, se puede observar que la Olla Española, está mestizada de acuerdo a los siguientes ingredientes: Pecho de Vaca – Carnero – Jamón – Tocino – capones o gallinas gordas – garbanzo – ajo – Yerba buena – culantro – Repollo – yucas – camotes – plátanos – nabos – membrillos – peras – zapallos- papas – ocas –chuño – morcillas – salchichas – longanizas – azafrán – clavo – canela – pimienta – mostaza – perejil – ají . Se puede observar que los productos subrayados poseriormente serán parte esencial del futuro CHAIRO, y el concepto de hacer hervir una serie de productos a la vez es el mismo que utilizan Aymaras y Quechuas en la correspondiente elaboración de sus “chupes”.

    Probablemente si seguimos por este camino, es fácil suponer que las mujeres indígenas que se encontraban en el servicio doméstico, fueron haciendo sus propias adaptaciones, mezclando el concepto Europeo de la “olla” y el Aymara del “chupe”, utilizando siempre como base para espesar estos caldos, a la papa en diferentes variables y la chalona de oveja como saborizante fundamental, casi como un homenaje a la “oveja” que tiene el escudo de La Paz, concedido por CARLOS V en 1555. (Ya teníamos 221 años de mestizaje culinario)

    En 1781, TUPAC CATARI sitió la ciudad de La Paz en dos ocasiones, sembrando hambre y destrucción entre los Españoles que la habitaban. La ciudad fué liberada por Ignacio Flores y su ejército. Dicen que los indígenas al verlo llegar no ofrecieron resistencia y se retiraron sin presentar batalla. Flores entró a la ciudad dejando algunos víveres que recogió del campo, de los sembradíos de los indios Aymaras, quienes ya cultivaban zanahoria, arveja, haba, trigo, yerba buena y eran propietarios de grandes cantidades de ovejas y además tenían cultivos extensos de papas y maíz, procesaban el chuño y eran expertos haciendo chalona. Los Españoles que recibieron este regalo, llenaron sus estómagos cansados preparando lo que más fácilmente se podía hacer de manera común para todos, picar todo y hacerlo hervir.

    El hambre era tal que además se sirvieron estos alimentos de otras maneras simples y en olla común, tal es el caso de la implementación, también, del plato paceño.

    Por motivos que se desconocen, Ignacio Flores se fué dejando 80 hombres al mando de Sebastián de Segurola (Ese personaje a cuya imágen hicieron los Aymaras la figura del Ekeko), soldados que tenían que comer de manera no muy sofisticada pero fuerte. Esta poderosa sopa un poco “olla”, un poco “chupe”, un poco “uchu”, se fué transformando en “la sopa”, en “el chairo”.

    CIRO BAYO, en su obra “ Chuquisaca o La Plata Perulera” , cuenta su estadía de cinco años en Sucre a finales del siglo XIX (1890) y menciona algunas cosas importantes: Relata como eran las picanterías, desnuda la realidad de la sociedad hipócrita, de los amores con cholas y las visitas a las chicherías donde se vende comida picante, “Uchus”, fundamentalmente elaborados en base a carne y papas, habla de los “chupes” y del “chairo”, siendo esta la primera referencia histórica de esta palabra en el uso culinario latinoamericano. Probablemente, las “picanterías”y las cocinas silenciosas de las domésticas indígenas fueron los laboratorios donde se gestó la estupenda sopa llamada CHAIRO, y algo más, por esta referencia,deducimos que las picanterías en Sucre preparaban esta sopa,respetando su nombre de CHAIRO PACEÑO; lo que nos da la idea de que este potaje ya cobró fuerza y marca en la segunda mitad del siglo XIX.

    En 1917, poco después de la guerra civil (1898-1899) entre La Paz y Sucre, Doña Sofía Urquidi, escribe un libro de recetas en el que menciona el CHAIRO de la siguiente manera:

    ………..” Se remoja por lo regular chuño prieto, después de limpio se martaja bién, se le pone en agua y lava varias veces; luego se adereza con carne o cecina deshilada, ají amarillo molido, ajíes verdes enteros, hojas de cebolla, yerba buena, etc. Debe tener bastante caldo.”

    Con lo que ya es fácil darse cuenta que este suculento plato ya tiene una presencia seria en la ciudad de La Paz ( probablemente las picanterías paceñas la difunden con más fuerza), aunque sigue su proceso de mejoramiento culinario.

    Después de la guerra del Chaco (1931 – 1936), aparecen diferentes publicaciones de recetas de cocina que nos muestran los hábitos alimenticios, no ya de una alta sociedad como sucedía en las publicaciones anteriores, sino más bién de una creciente clase media empobrecida y democrática en sus gustos culinarios, compartiendo con el pueblo mas pobre (mineros, campesinos, artesanos) sus preparaciones de la rutina diaria. La guerra del Chaco, ha dejado una profunda huella en el pueblo y son tiempos en los que se gesta una revolución de grands proporciones (1952).

    Luis Tellez Herrero (1946), Aida Aguirre Gainsborg de Méndez ( 1945), Antonio Paredes Candia (1990), todos en sus propios estilos y recogiendo lo mejor de las recetas de la época, nos muestran también la presencia del CHAIRO PACEñO, con algunas variables en sus ingredientes y sobre todo en su presentación final, pero la base del sabor se consolida con el aroma de la “chalona”, los nudos de cordero, la papa al hilo, la zanahoria al hilo, la huacataya, la yerba buena, el orégano, las arvejas, la haba, la patasca, el mote de trigo, el chuño martajado, el ají verde, el aji colorado , el perejil , el queso y el chicharrón, que son los aditamentos base de libre uso para saborizar con mas fuerza el plato.

    Es un plato de sopa mestizo con ingredientes europeos en su mayoría pero con la sazón Aymara, la sazón que solo un cocinero Boliviano y Paceño sobre todo, puede dar, por estar acostumbrado su paladar a esa combinación fuerte de condimentos como es la herencia que nos dejaron en nuestra comida tradicional las técnicas culinarias medioevales que trajeron los Españoles.

    Hoy en el internet se puede ver con que facilidad algunos hermanos peruanos de las provincias del sur (Ayacucho, Puno etc.) se adjudican para si esta receta mestiza andina, esto se debe fundamentalmente a la influencia que tiene la ciudad de La Paz en estas geografías tan próximas, tan culturalmente iguales. Pobladas también por Aymaras que pertenecen a la misma raza y nación de los Aymaras Bolivianos, Chilenos o Argentinos. Seguro que culturalmente todos tienen el mismo gusto y las mismas preferencias y es natural que compartan lo mismo, solo que es mejor tener claro que esta sopa se origina en la geografía de la capital de la cultura Aymara – la ciudad de La Paz – y es producto de un depurado proceso de FUSION cultural con los Españoles que refundaron esta ciudad y sus hijos que la habitan, los mismos que decidieron colocar al “emblemático cordero” en el escudo de la ciudad y como ingrediente bandera de su sopa más importante.

    Lo demás es fácil de suponer, con la misma facilidad con la que se vende gas boliviano en Puno, las recetas traspasan las fronteras, llevadas fundamentalmente de la mano de sus consumidores que son de la misma raza y cultura. Concluyamos explicando que aproximadamente hasta 1780; Puno se desmembró de la provincia de La Paz y pasó a formar parte de la Audiencia de Cuzco. Fué en esta época que Charcas pasó a la administración del Virreynato de La Plata, es decir que con seguridad, la receta de la “olla” mestiza que se elaboraba en Potosí, que menciona el libro de Doña Josefa Escurruchea,era también preparada en Puno, por ser parte hasta esa época del territorio de Charcas. Es natural que ahora coman CHAIRO PACEÑO en Puno, así como en Bolivia comemos sin problemas las “papas a la huancaina”.

    Antonio Paredes Candia, en su libro, “Gastronomía Nacional y Literatura”, menciona una poesía escrita por el poeta Jorge Mancilla Torres:

    “Creo en el chuño sumido
    En un caldo de chalona
    Y carne de res dulzona,
    Ají amarillo molido
    Arvejas, trigo prendido
    Zanahoria, patascka el leño
    (el sabor pone su empeño),
    La papa picada al hilo
    Y el perejil en el filo,
    Frugal del chairo paceño

Calendario Gastronomico de La Paz de Antaño

16 Jul

El calendario gastronómico de La Paz de antaño

 

SABOR Muchos platos representativos y los acompañamientos que se servían a la hora del almuerzo, en fechas especiales, durante la Colonia, se mantienen hasta la actualidad.

Artículo escrito por Alejandra Pau / La Paz – 28/06/2011

Desde la Colonia y hasta las primeras décadas del siglo XX, las cocinas de las familias paceñas estaban ubicadas por lo general en un patio interior de las casas. Allí se cocinaba con un fuego avivado por la taquia, excremento de llama, mientras que lo más parecido a un refrigerador era el cuarto más fresco que por tradición debía estar ubicado frente al Illimani.

Después de haber rezado El Ángelus, al toque de las tres campanadas, a mediodía se almorzaba, puntualmente, en los hogares paceños. Platos que ahora son parte de la llamada “comida típica nacional” eran servidos con regularidad.

El menú cotidiano contemplaba el thimpu, costillar o guiso; además la warjata, ranga, fritanga, entre otros; todos acompañados por plátano cocido, putis de chuño, tunta o kaya, un cocido o mezclado del tubérculo con queso, huevo o maní.

En lugar del pan, la familia se servía de una fuente de habas phuspu -habas secas cocidas-, mote de habas o de maíz.

Pero también existía un calendario gastronómico establecido que respetaba la fuerza de la tradición, y que mandaba a servir ciertos platos sólo en fechas especiales. La costumbrista Elizabeth de Col ha investigado y rescatado muchos detalles que guardan la esencia de los sabores más representativos, muchos de los cuales se mantienen en la actualidad.

Enero

 

Entre la noche vieja y el primer día de un nuevo año se consumían platos basados en carne de cerdo, como el chancho al horno o el tradicional fricasé. “Algunos festejaban hasta la hora del phosko allpi de la mañana, lo que hoy conocemos como api”, dice De Col.

El 24 de enero, en la fiesta de Alasita, se comía el tradicional plato paceño, sin carne, pero en grande y en chiquito. La versión en miniatura estaba a cargo de los más pequeños de la casa, para lo que adquirían quesos en las aljerías, lugares donde los hacendados vendían productos que producían en sus fincas.

El plato paceño surgió del cerco a La Paz que en 1781 protagonizó Tupac Katari, y que dejó a la ciudad aislada por tres meses.

“En las casas se sembraba papa, haba y choclo, y por ello surge este plato, aunque otra versión dice que al terminar el cerco los agricultores de Río Abajo llegaron a comercializar estos tres productos, además del queso”, comenta la costumbrista.

Febrero

El domingo de carnaval se llevaba  lechones o lechoncitos a los hornos de los barrios.

En lunes de carnaval no podía faltar el picante surtido con tunta achuta (con queso) y “sarsa” compuesta por cebolla picada, tomate y locoto, que podía llevar también arveja cocida -y donde también surgió la sajta de pollo-. También estaba el ají de lengua, estirado de conejo, saice, ranga, tortilla de cola de cebolla, entre otros.

Para el martes, día de la ch’alla, se consumían todos los productos que daba la tierra representados por el puchero, que contenía pecho de vaca, espalda de cordero, tocino, chorizo, repollo, zanahoria, garbanzo, papa, racacha, yuca y arroz.

El miércoles de ceniza se disfrutaba de las humintas en tradicionales días de campo, además de mucha fruta.

El viernes de Cuaresma se consumía el tradicional “caldo de viernes”, hecho de verduras, leche y huevo. El segundo consistía en suchis, karachis y otros pescados del lago Titicaca, pero también se podía optar por el ají de papalisa, queso humacha y ají de huevos.

Marzo

 

El 3 de marzo, día de la Cruz, se comía la huatía, hecha con carne de cordero, ocas, papas y camotes. “Y era tradición decir 1.000 veces Jesús contando maíz”, comenta sonriendo la costumbrista.

Abril’

 

Semana Santa y Pascua

En Semana Santa, especialmente el jueves y el viernes, era tradicional consumir bacalao, cochayuyo, caldillo de camaroncillos, ají de arvejas, llullucha y para el postre compota de frutas y arroz con leche.

No obstante, ya para la Pascua mandaban en el menú el cordero o el chancho.

 

Mayo y Junio

Entre los últimos días de mayo y los primeros de junio, dependiendo de calendario eclesiástico, se celebra el Corpus Christi. En esa fecha, en el campo, se mataban ovejas hembras o corderos viejos.

Sólo sus menudencias llegaban a La Paz, por lo que se preparaban platos como la wilapara -una especie de morcilla hecha de la sangre de ese animal-, chanfaina de panza y ají de sullu -de fetos de oveja-.

También era tradicional comer la chokopa, más que en otras fechas, una mezcla de maní, melcocha, naranja, mandarina, ajipa y pepino.

Julio

Los primeros días de julio llegaba la khumunta, y los empleados de las fincas regresaban con las cosechas y con cerdos de gran tamaño llamados k’uras para preparar platillos como chicharrón, fricasé, warjata o fritanga.

“Era un día de solidaridad porque llegaban grandes cantidades de productos, pero no sólo se favorecía a quien podía adquirirlos, ya que se veía a los empleados de las casas llevando una parte a los hospicios, hospitales y asilos. También eran beneficiados los inquilinos, ex arrenderos y los familiares pobres o que no tuvieron buena cosecha”, explica De Col.

El chairo era un plato que se consumía a diario. Surgió por la khumunta, ya que los restos que quedaban, como el chuño más pequeño, la tunta más menuda, el cebo de la chalona, la pepa del ají o huaicachira eran regalados a los pongos, quienes los mezclaban con otros condimentos creando así el jintimanka, que en su versión refinada no es otra cosa que el chairo.

Agosto

Para el 16 de julio y el 6 de agosto se preparaba lechón o platos también con carne de chancho y se realizaban las verbenas, animadas por el té con té y sucumbé, mientras se observaban las procesiones ecuestres.

Noviembre

 

Llega Todos Santos. Mandaba el ají de arvejas y las “frutas secas”, y también masitas como las empanadas de queso, alfajores, maicillos y bizcochuelos. No podían faltar las tanthawawas, tantha caballos, escaleras, cañas y demás masitas.

Diciembre

El 24 de diciembre, en Noche Buena, era y sigue siendo infaltable en las mesas paceñas la picana con carne de cordero, pollo y vaca, con tunta, choclo, papa, entre otros.

“Antes, la picana se hacía en una olla de barro grande. Se juntaba lo que quedaba de las botellas del vino con papa, nabo, pimienta blanca, las carnes, zanahoria, pasas y hojas de laurel. Se tapaba con una chua y encima de la olla una masa de pan que cubría todo para luego mandarla al horno”, recuerda la costumbrista.

Las cocinas del pasado

Cocina La cocina de antaño se instalaba en un gran ambiente, donde funcionaban las cocinas económicas con dos o más hornillas, que se alimentaban con taquia, excremento de llama, también un brasero alimentado con carbón.

Más detalles Una cocina no estaba completa sin los peroles de cobre, mesas forradas con lata, calentador de agua, wisllas -cucharas de madera.

Desayuno El desayuno de antaño consistía en té o café; sólo los niños tomaban leche.

Más comida El té no era relevante, pero a las 18:00 toda la familia tomaba un caldo muy ligero de avena o sémola, por lo general, y un ají de acelga, fideo y otros.

Chocolate Luego de las tertulias, se bebía chocolate con bizcochos.

La Razon

Artículo escrito por Alejandra Pau / La Paz

Chairo Paceño

15 Jul

Es el plato mas tradicional de la ciudad de La Paz, tanto que ya  es un ícono. El Chairo es uno de los platos de la gastronomía del altiplano andino, cuyos principales componentes son el chuño, la papa dulce, la chalona y el mote pelado, productos muy típicos del altiplano. De origen exclusivamente andino, es una sopa espesa muy sabrosa que se sirve bien caliente, si es posible en plato de barro y cuchara de palo, con una marraqueta al lado.

Antonio Paredes Candia, en su libro, “Gastronomía Nacional y Literatura”, menciona una poesía escrita por el poeta Jorge Mansilla Torres:

“Creo en el chuño sumido

En un caldo de chalona

Y carne de res dulzona,

Ají amarillo molido

Arvejas, trigo prendido

Zanahoria, patascka el leño

(el sabor pone su empeño),

La papa picada al hilo

Y el perejil en el filo,

Frugal del chairo paceño.

Los invito a entrar al siguiente link, donde encontré esta maravillosa receta de chairo paceño, delicia con cuna en La Paz.

http://www.cocina-boliviana.com/receta/chairo-paceno

El chairo es un plato típico del altiplano boliviano. Es una sopa espesa y bastante deliciosa.

Ingredientes 

  • 8 tazas agua
  • 1/4 kilo carne de vaca (cadera con hueso)cortada en 8 pedazos
  • 1/4 kilo chalona (carne de cordero seca y salada) cortada en 8 pedazos
  • 1 culcharada de sal o al gusto
  • 1/2 taza habas verdes peladas
  • 1/2 taza arvejas verdes peladas
  • 1/2 taza zanahoria pelada, picada en bastoncitos muy finos
  • 4 tazas papa, pelada y picada en bastoncitos finos
  • 1 taza de chuño remojado, pelado, martajado y lavado muchas veces
  • 1 taza maíz blanco pelado cocido
  • 1 taza trigo mote pelado cocido
  • 2 cucharadas de aceite
  • 1 taza cebolla blanca, picada fina (sin lavar)
  • 2 cucharadas ají colorado molido
  • 1/2 cucharilla comino molido
  • 1/2 cucharilla orégano desmenuzado
  • 1/4 cucharilla pimienta molida
  • 1/4 taza cebolla verde picada fina. Lavar las hojas antes de picar.
  • 1 cucharilla de perejil picado fino (para servir)
  • 1/2 cucharilla orégano desmenuzado (para servir)
  • 1 cucharilla de hierbabuena picada fina (para servir)

Preparacion

  1. Para que el chairo no resulte agrio, el chuño debe remojarse una noche antes, pelar, martajar en batán y lavar muchas veces.
  2. En la olla en que se ha de cocinar el chairo, poner el agua a fuego fuerte y cuando apenas esté tibia, añadir la carne de vaca y la chalona; antes de que suelte a hervir, espumar y añadir la sal; dejar cocinar por lo menos una hora.
  3. A este caldo agregar: las habas, arvejas, zanahorias y la papa, hacer hervir unos quince minutos, poner el chuño, dejar hervir otros cinco minutos y luego añadir el maiz blanco pelado cocido y el trigo mote pelado cocido, dejando cocinar el tiempo necesario hasta que la papa esté cocida.
  4. En una olla pequeña poner la manteca o aceite a fuego fuerte y dorar la cebolla; anadir: el ají colorado, comino, orégano y pimienta; dejar cocer unos minutos y luego agregar al chairo esta salsa para que todo junto hierva unos diez minutos más.
  5. Sacar la olla del fuego y agregar la cebolla verde, el perejil, orégano y hierbabuena.
  6. Servir con un pedazo de carne de vaca y otro de chalona en cada plato.Tratar de mantener la cantidad inicial de caldo, si fuera preciso aumentar caldo o agua hirviendo para que no resulte muy espeso.

Chairo paceño, un plato colonial

15 Jul


El Chairo paceño pertenece a la época colonial. Posiblemente, tanto el chairo como el plato paceño, formaron parte de la tradición paceña desde que el Gobernador Segurola instauró el día 24 de enero como fecha de celebración de la feria de Alasitas, en homenaje de gratitud a Nuestra Señora de La Paz y al amuleto del Ekeko, bajo cuyas protecciones la ciudad y su familia había sobrevivido al asedio del cerco de Tupac Katari, en 1781.

Ingredientes:

  • 1/4 Kg. pecho de vaca
  • 1 colita o nudo de cordero
  • 1 lonja de chalona
  • 1 queso mediano
  • 1/2 lb. chuño remojado o
  • 1 taza de chuño seco
  • 3 papas
  • 1/4 lb. mote y trigo cocido
  • 1 cebolla
  • colas de cebolla frescas
  • 1 nabo
  • 1 ramito de apio
  • 1 ramito de perejil
  • 5 hojas de hierba buena
  • 1 platillo de habas y arvejas
  • 1 cucharilla de pimentón rojo
  • 1 pizca de pimienta molida
  • 1 cucharilla de orégano desmenuzado
  • 1 platillo de chicharrón de cerdo (opcional)
  • 4 cucharillas de perejil finamente picado
  • sal al gusto
  • aceite

Preparación:
La chalona remojar en agua durante quince minutos y las demás carnes lavar bien.

En olla a preside con uno y medio litros de agua hirviendo sin sal, hacer cocer los nudos del cordero o la colita, el pecho de vaca, la chalona escurrida, durante treinta minutos. Colar a otra olla y reservar caliente.
Mientras tanto, raspar la cebolla, la zanahoria, el nabo; picar finamente la yerba buena y las colas de la cebolla. En una sartén con aceite caliente, saltear estosingredientes junto con las habas, arvejas y al final añadir el pimentón colorado.

Esta preparación incorporar a la olla del caldo con el apio y el perejil enteros lavados. Dejar cocer durante veinte minutos.

El chuño remojado, pelar y lavar en un recipiente: con las manos coger de a poco y exprimir, eliminando el agua. Nuevamente sumergir en otra agua y seguir la misma operación hasta que el agua se aclare. (Si utiliza chuño seco, remojar la noche anterior).

En un batán o licuadora martajar cada chuño, no muy molido, ni enteros y colocar en un recipiente con agua que lo cubra. Dejar reposar durante quince minutos, hasta que se asiente el chuño bien molido en la base.

A la olla de las verduras, agregar el chuño martajado, cogiendo de arriba un poco y exprimiendo del recipiente que reposó, luego escurrir el agua, cuidando de no eliminar los residuos (la borra) que queda, sirve pare espesar; y junto con esta incorporar el trigo, el mote cocidos, las papas cortadas al hilo (finos) y los chicharrones. Una vez los ingredientes estén cocidos, añadir el orégano.

Servir el chairo, espolvorear una cucharilla de perejil y acompañar con el queso cortado en tajadas.

http://es.unabuenareceta.com/2012/10/chairo-paceno-comidas-tipicas-de-bolivia.html

Los Blinis de la Fiesta de Babette

14 Jul

Ingredientes
160 g de Harina.
15 g de levadura.
2 huevos
230 g de leche.
200 g de crema para montar.
sal a gusto.
Templar la leche y agregarle la levadura. Dejar esponjar o levar.
Montar las dos claras a punto nieve. Montar la crema, a la que se le habrán agregado las dos yemas.
Agregar la harina a la leche con levadura, que estuvo en reposo y la crema con las yemas. Por último, y con delicadeza, agregar, sin batir, las claras a nieve. Dejar reposar unos minutos.
Si no tiene la sartén para blinis, use un aro de 10 cm de diámetro sobre una sartén de teflón.
Se fríen en manteca.
No deje que se enfríen, manténgalos al calor tibio.
Esparza con generosidad el caviar y por arriba, la crema ácida. Algunos le espolvorean cebolla cortada cruda y jugo de limón. Pruebe el que más le gusta.
Son una exquisitez superlativa. Prueben hacerlos y disfrútenlos en honor a Babette…quién al confesar que ya no tenía dinero, porque lo había gastado en la cena, le dice a una de las puritanas:

– ¿Pobre? –dijo Babette. Sonrió como para sí-. No, nunca seré pobre. Ya os he dicho que soy una gran artista. Una gran artista, Mesdames, jamás es pobre. Tenemos algo, Mesdames, sobre lo que los demás no saben nada.

Picasso hubiera dicho lo mismo.

http://cocinadelabotica.blogspot.com/2013/05/la-fiesta-de-babette-la-pelicula.html

Codornices en Sarcófago rellenas de foie gras con salsa de trufas

14 Jul

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El Dia de Francia lo seguimos festejando con las recetas de La Fiesta de Babette

No obstante mi aprehensión por la ternura que despiertanlas codornizes, es un gran platillo su carne delicada, y toda la gastronomía le ha hecho honor. ComoLaura Esquivel, quién ofrece la receta de sus  Codornices en Salsa de Pétalos de Rosa, consagrada en su novela Como agua para chocolate, de efectos afrodisíacos extremos al punto de desnudarse la hermana de la protagonista, y montar en pelo a un caballo, y salir campo traviesa.
Digo que es controversial porque mucha gente no se comería un pajarito, aunque tengamos el platillo de Polenta con Pajaritos y algunos otros.
En fín, este es un blog de cocina y no me andaré con remilgos. Pero basta la mención de poder comer estas criaturitas de Dios merced al trabajo que hacen otros. Estamos lejos de los lugares de la matanza.

El foies gras

Es el hígado hipertrofiado de los gansos, sometidos a una sobrealimentación, a base de maíz.
Se utilizan estas aves por su capacidad de no enfermar su hígado con grasa, ya que la utilizan en sus viajes migratorios. Aprovechando esta capacidad especial, la humanidad le ha sacado provecho culinario, desde 25 siglos antes de Cristo a partir de los egipcios. Como plato gourmet, los romanos se llevan la gloria de haber criado gansos con higos y el Gran Apicio, cuyo tratado de cocina ha llegado a nuestros días, lo contiene en sus recetas. Del ficatum de los romanos, derivado de fegato (hígado en italiano) se desprende la raiz francesa de foie (hígado en francés): foie gras, hígado graso, tal como lo conocemos.
Hemos visto videos de como se los alimenta con un embudo, hecho con suavidad sin que se maltrate al animal. Pero la estética de estas películas nos conmiseran con estos pobres animales, a expensas del gran depredador carnívoro es el hombre. Hasta se han creado organizaciones de defensa de los derechos de los gansos, para luchar contra esta práctica que consideran deshumanizada y propia de salvajes.

Sólo se consigue un excelente foies gras tratando con extrema dedicación y ternura a estos animales, incluido su sacrificio. El estres que puedan padecer atenta contra la excelencia de este producto, de su hígado graso.Hasta aquí, las controversias del platillo…y no fue mi intención desanimarlos…

LA ESTRELLA DEL PLATILLO, EL SARCÓFAGO DE HOJALDRE

El sarcófago en realidad es un vol-au-vent, esta especie de caja, por lo general redonda, en masa de hojaldre. Para quienes quieran leer con deleite la historia de esta singular masa, pueden hacerlo en estos dos enlaces:
La particularidad del hojaldre de Babette es que no se utiliza manteca sino grasa de ganso. Lo considero acorde en la paleta de sabores del plato, aunque me quedo con la manteca.
Aquí la receta definitiva y completa, para cuatro personas:
4 codornices deshuesadas, con sus cabecitas y los huesos de las patas.
200 g de foie gras
100 g de trufas
Masa de hojaldre, cantidad necesaria según el tamaño del ave
50 g de manteca
Vino Jerez, cantidad necesaria para levantar el fondo del ave.
Las codornices ya deshuesadas se rellenan con una tajada generosa de foies gras y una lámina de trufa negra. Se reconstruye el ave. Se las saltea con manteca, sal y pimienta. Reservarlas.
Se corta la masa de hojaldre como un vol au vent. La masa debe estar muy fría. Se colocan las aves en cada nido, colocándoles una banda de hojaldre que las cubra, por arriba, pero cuidando que la cabecita quede hacia afuera y las patas se vean o asomen.
Se pinta la masa con huevo batido y se cocinan los nidos hasta que el hojaldre se vea dorado, unos 20 minutos a 180 grados.
En la sartén donde se saltearon las aves, levantaremos ese fondo con vino Jerez y trufas picadas. Esta salsa es la que acompaña.
Se sirve todo bien caliente…. y VOILÁ.
Las codornices de la película, tal como se presentan
Variante del plato con decoración de hongos

Codornices al sarcófago Babette

14 Jul



Codornices y foie gras.

  • 4 codornices (mejor si son de caza y no de granja) 
  • 300 gr. de foie gras 
  • 50 gr. de trufa negra 
  • Sal 
  • Pimienta negra molida

Limpiar el foie y trocearlo. Con un pequeño cuchillo bien afilado, deshuesar las codornices de modo que queden enteras. Salpimentarlas. Rellenarlas con 70 / 80 gr. de foie gras troceado y la trufa cortada en pequeños trozos. Reconstruir el ave.

Masa

  • 300 gr. de harina de trigo 
  • 160 gr. de grasa de pato bien fría 
  • Sal

Amasar los ingredientes. Dejar reposar el pastón 60 minutos en la nevera. Pasado el reposo, estirar la masa a unos 3 mm de grosor. Reservar en la nevera hasta su utilización.

Sarcófago

Forrar con la masa que laminamos 4 moldes pequeños. Se pueden usar unas latas rectangulares que sirven para confeccionar los blocs de foie gras. Sus medidas son de 10 x 15 cm, de altura. Existen unos moldes individuales específicos pero son muy difíciles de encontrar.
Colocar en cada sarcófago una codorniz. Confeccionar con la masa que ha sobrado unos pequeños rectángulos de 10 x 5cm que colocaremos sobre cada molde. Soldar con el resto de la masa. Hacer una pequeña chimenea en la parte superior del sarcófago con la punta de un cuchillo.

Hornear a 180º C durante 20 minutos.

Fondo al vino de Madeira

  • 15 cl de fondo de pato 
  • 50 gr de trufa negra 
  • Vino de Madeira 
  • Sal 
  • Pimienta negra molida

Reducir el fondo de pato con la trufa picada. Añadir el vino de Madeira. Salpimentar y reservar.
Servir el sarcófago con el fondo al Madeira bien caliente.

Pate de Higaditos de Ganso o Pato o Gallina

14 Jul

En el día de Francia una receta  deliciosa de Pate
INGREDIENTES

  • 1 cebolla blanca grande picada
  • Aceite de oliva
  • 125 grs. de mantequilla
  • 1 kilo de higaditos de pato o pollo o ganso completamente limpios. O también puede ser los tres mesclados.
  • ½ litro más o menos de crema de leche
  • 1 cucharadita de estragón
  • 1 cucharadita de hierbas
  • 1 Tacita de coñac o ron
  • 2 cucharaditas de gelatina en polvo
  • 1/2 taza de consomé bien concentrado de ave
  • 150 grs. queso crema
  • Pimienta negra, blanca, verde, rosada y dulce,1 clavo de olor puede ser todo triturado o molido con el mixer
  • ¼ cucharilla de canela molida
  • 1 copita de oporto
  • 2 cucharadas de miel para pincelar el molde en que será colocado.
PREPARACION
  1. Picar la cebolla en cuadraditos, freír hasta que se transparente, en sartén con la mitad de la mantequilla y un poco de aceite de oliva. Colocar los higaditos a remojar por una hora en el coñac, escurrirlos y freírlos hasta que estén dorados, en la mantequilla, luego sazonar con sal, las pimientas, las hierbas, el estragón, el clavo y la canela, sacar del fuego. Colocar toda la mescla en un procesador o mixer y añadir el queso crema, la gelatina disuelta en el consomé, el consomé, el queso crema, el oporto y batir. Anadir poco a poco la crema de leche hasta que tenga una consistencia cremosa espesa suave. Para que el paté sea más fino es recomendable colarlo.
  2. Colocarlo en un molde pincelado con miel y dejarlo reposar mínimo 24 horas antes de servirlo.En la foto esta acompañado de mermelada de locoto con cebolla glaseada
  3. Para guardar un tiempo, cubrirlo con gelatina o manteca y dejarlo con envoplast en la congeladora.

Cristina Olmos

Coq au Vin

14 Jul

Quiche Lorraine

14 Jul

7Gracias, que delicia!!!

Avatar de Barbara ✿Aventuras en Cocina

Presentación

La Quiche Lorraine es un plato globalmente conocido de la Cocina Francesa (y precisamente de la Lorena).

Se trata de una deliciosa tarta salada con panceta, embutidos y queso, envueltos en un extraordinario compuesto de huevos y nata.

Por fuera, a quiche está constituida por una crujiente capa de masa brisée.

Su sabor único, su suave textura y la sencillez con la que se realiza son lo que más se aprecia de este plato.

¡Además, es perfecto para el almuerzo, la cena o para picar en compañía!


Información

  • Dificultad: baja
  • Tiempo preparación: 1h 30min
  • Coste: bajo
  • Dosis: para 4 personas

Ingredientes

MASA BRISÉE:

  • Mantequilla: 100 g (muy fría)
  • Harina de trigo: 200 g
  • Agua: 70 ml (muy fría)
  • Sal: al gusto

RELLENO:

  • Huevos: 4 mediano (1 entero + 3 yemas)
  • Queso gruyere o gouda: 150 g
  • Nata: 300 ml
  • Panceta curada: 200 g
  • Jamón cocido o salchichas: 100 g
  • Nuez moscada: 1 pizca
  • Pimienta:…

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Flan con Dulce de Leche

9 Jul

 

flan

 

El postre  del Dia de la Argentina

 El clásico e inigualable flan de leche y huevos tradicional , un postre de todos los tiempos que gusta a grandes y chicos de todo el mundo, en Argentina es uno de los predilectos y nos gusta acompañarlo de una buena cantidad de crema chantilly y dulce de leche, osea el famoso flan mixto.

Ingredientes para Flan de leche tradicional:

Para acaramelar la flanera:

  • 8 cdas. gordas de azúcar,
  • 2 cdas. de agua.

Para el Flan:

  • 1 Litro de leche,
  • chaucha de vainilla,
  • 5 cucharadas gordas de azúcar,
  • yemas ,
  • claras.
  • Hervimos en una olla la leche con la chaucha de vainilla (abierta) y el azúcar. Retiramos del fuego, y dejamos entibiar.
  • En otro recipiente batimos las yemas con las claras, una vez unidas, volcamos sobre la leche tibia revolviendo rapidamente, colamos sobre la flanera o budinera acaramelada .

 http://recetasdeargentina.com

 

 
 
 
 

La Comida Argentina

9 Jul

Posicionamientos

Recorriendo la red, uno encuentra artículos interesantes. No necesariamente compartidos, pero que al menos plantean cuestionamientos, con información. Este es uno de ellos, extraído de “El rincón Gourmet”, que se atreve a la pregunta de si hay o no una cocina que podamos decir o llamar “argentina”;  lo que es casi preguntarnos por el ser nacional, aunque mas no sea el culinario… Tema presentado en Clarín del  27/4/13. Para leer: 

Existe la cocina argentina? La pregunta es como una chispa descuidada cerca de un puñado de pólvora. Ha encendido, en las últimas dos décadas, debates tan vastos –y sin resolución aparente– como aquel postulado de Francis Fukuyama que planteaba, a inicios de los noventa, “el fin de la Historia”. Según la tesis del politólogo estadounidense, aquélla, entendida como lucha de ideologías, había agotado su vida. Las mieles de la globalización fueron derritiendo la consistencia de su afirmación del mismo modo que –salvando las distancias– lo hicieron con la idea de una cocina tradicional “unificada”. Algo poco probable en un país como el nuestro, donde las costumbres regionales persisten al mismo tiempo que sus productos trascienden las fronteras al ritmo de las migraciones, los cambios socio-económicos y la creatividad compartida.
El curso de la historia tiende hacia la mezcla. La gastronomía avanza en el mismo sentido. Los cocineros de cada rincón argentino se enfrentan a los frutos de estación como un pintor ante un lienzo en blanco: en ese momento se ponen en marcha las tradiciones, las recetas clásicas o familiares, el ingenio y hasta el azar que, como en otros ámbitos, opera de modo misterioso y logra resultados insospechados, que merecen celebrarse. Y ser degustados.
Grandes leyendas
El mate, la soda, el dulce de leche y el asado son, por fuerza de la transmisión generacional, considerados símbolos indiscutidos de la argentinidad. Aunque relatos de viajeros, crónicas de distintas épocas y obras literarias brindan indicios de que muchos de “nuestros” platos y hábitos alimenticios tienen influencias de países vecinos y también de ultramar.
El mate era consumido antes de la llegada de los españoles a América por los pueblos guaraníes que habitaban en Paraguay, el noreste de Argentina, el sur de Brasil y el sureste de Bolivia. Más tarde adoptaron la infusión otros grupos que comerciaban con ellos, como los querandíes (que vivían en el sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires) y los tobas (del Chaco Central).
Por lo tanto, varios países se adjudican la autoría de ese particular rito que, ante todo, invita a la reunión. Sí puede decirse que cada uno adoptó particularidades que hacen del mate algo “típico”. A diferencia de Argentina, Uruguay prefiere la yerba sin palo; en Paraguay predomina la infusión con agua fría (tereré) y la particularidad del chimarrão brasileño es la yerba de color muy verde ya que se consume a poco de ser elaborada, a diferencia de las otras que permanecen estacionadas durante varios meses antes de llegar a los consumidores.
Argentina y Uruguay se disputan la corona del “arte de cebar” aunque comparten cierto folclore que otorga un significado especial al modo de ofrecer un mate: el amargo pondera el valor del acompañante; el dulce (y con espuma) es un símbolo de amistad; si es muy dulce y una mujer se lo ofrece a un hombre se lo considera una declaración de amor. Si el interesado es el hombre debe estar atento a no recibir un mate lavado, que significa desprecio.

El venerado dulce de leche acredita su nacimiento de manera fortuita en Argentina, en un relato popular que fecha esa casualidad en 1829, en la estancia que poseía en Cañuelas el entonces gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas. Una mulata que hervía leche con azúcar –bebida conocida como “lechada”– se distrajo al ver a Juan Lavalle, enemigo político de su patrón, recostado en el catre de aquél y fue en busca de los guardias. Poco tiempo después, cerca de la hora de la merienda, Rosas reclamó su lechada y la mujer advirtió que había olvidado la preparación sobre el fuego. Cuando regresó, halló una sustancia muy espesa de color marrón.
Sin embargo, otras versiones aseguran que el dulce de leche tiene su origen en el manjar (similar, pero sin esencia de vainilla) que se consumía en Perú o en el manjar blanco que se preparaba en Chile desde el siglo XVIII.
¿Qué decir de la soda? Para argentinos de tres generaciones beber el primer vaso de vino con soda –ésta en mayor proporción que aquel– significó el ingreso a la adultez. El pionero fue el sifón Sparklet’s –de vidrio con malla metálica y con carga individual–, proveniente de Inglaterra. En 1870, los ingleses descubrieron el gas carbónico y usaban esta bebida para cortar el sabor del whisky, costumbre que se adoptó luego en los bares de Buenos Aires. Los primeros sifones importados llegaron a las casas de las familias adineradas y más tarde, con la explosión de la industria nacional del vidrio, llegó la producción en serie y la figura del repartidor de soda: después de los años treinta la bebida gasificada era infaltable en la mesa porteña. (sigue…)

Asado argentino. Es impensable usar el sustantivo sin ese adjetivo. Es cierto que la costumbre de asar alimentos existe desde que el hombre descubrió el fuego. Pero el arte del gaucho de asar lentamente al carbón o a la leña es, entre otros, el secreto de la parrillada nacional: degustar un trozo de carne vacuna a punto no es tarea sencilla. Una parrillada sabrosa depende tanto de la mano de asador como de la particularidad de los cortes: el lomo debe ser perpendicular a las hebras de carne para que sea tierno; el costillar se cocina mejor si se corta en tiras de tres a cinco centímetros de espesor y la molleja debe ser finita para que quede crocante, aunque jugosa por dentro.
Desde la región pampeana esta costumbre se extendió al resto del país. El asado tiene una mística basada en la “previa”, que transcurre entre copas de vino y una opípara picada. A la parrilla, al asador o con cuero, como se lo come en el campo, esta especialidad argentina es pasión de vieja data. Tanto, que podría decirse que el primer “aplauso para el asador” lo pidió el naturalista inglés Charles Darwin cuando llegó a la Argentina en su viaje alrededor del mundo –entre 1831 y 1836– a bordo del barco HMS Beagle.
En sus anotaciones, compiladas en el libro Del Plata a Tierra del Fuego, escribió: “… fue un espectáculo admirable ver con qué destreza Santiago logró colocarse detrás de la vaca y desjarretarla al fin. Entonces, él cortó varios trozos de carne recubiertos con la piel hacia abajo, esta piel viene a constituir como una salsera, y así no se pierde ni una gota de jugo. Si un digno regidor hubiera podido cenar con nosotros aquella noche, inútil es decir que la carne con cuero bien pronto hubiera sido celebrada en la ciudad de Londres”.

El mapa gastronómico

Si la gastronomía argentina pudiera entenderse como un mapa, cada región del país sería identificada por los sabores y aromas de sus ollas humeantes. Aunque cuando se habla de cocina es difícil establecer límites: siempre hay platos que habitan zonas de confluencia y algún espía que roba una receta y logra una versión arriesgada, mejorada o en las antípodas de la original, aunque siempre sabrosa.

La cocina criolla cuenta, entre sus representantes más notorios, con la carbonada, el locro y las empanadas. Cada plato tiene su “capital nacional” –La Pampa, Jujuy y Tucumán, respectivamente–, sin embargo, los sabores y saberes se mudaron a provincias vecinas y, con el tiempo, distintas regiones del país se adjudican la autoría de versiones propias de estas preparaciones.

Para elaborar una carbonada pampeana debe saltearse, en una cacerola con grasa, cebolla y carne roja cortada en trocitos. Luego se agregan tomates, azúcar, sal, pimentón dulce y choclos cortados en rodajas, junto a las papas, daditos de batata y tajadas de zapallo. También, zapallitos en cuartos, duraznos pelados enteros y, por fin, puñados de arroz. La variante del noroeste es más condimentada –lleva pimentón picante y caldo de carne–, la grasa que usa para el salteado es de cerdo, los duraznos se reemplazan por orejones y el arroz es opcional. Este último se dora aparte y luego se une a la preparación. Otras versiones de la región incluyen queso (influencia de Bolivia) o pollo y variedad de guisantes. El sabroso caldo catamarqueño no es otra cosa que carbonada, a base de carne en su caldo, zapallo desmenuzado y verduras.
En su origen, este plato consistía en una mixtura de abundante arroz, carne vacuna y zapallo. Luego se incorporó el maíz, uno de los ingredientes más utilizados en la comida de principios del siglo XIX, y la papa, que había viajado desde la Cordillera de los Andes hasta Europa, y luego regresó a América para formar parte de la dieta del Virreinato del Río de la Plata.
La influencia europea, especialmente española, se traducía también en las abundantes porciones: era un modo de distinguirse de la usanza francesa, que utilizaba incluso platos más pequeños a la hora de desplegar la vajilla. De ello da cuenta una anécdota de la época: El general Lucio Mansilla –conductor de las tropas argentinas que enfrentaron a la flota anglo-francesa en la batalla de la Vuelta de Obligado–, quien se había casado con la hermana menor de Juan Manuel de Rosas, escribió que en la casa de su suegra se comía “buena comida criolla, abundante, como la española”, a diferencia de la que ofrecía Mariquita Sánchez de Thompson, quien –tal vez influenciada por las costumbres de su segundo esposo, el galo Washington de Mendeville– “servía poca comida en platos franceses”, en las tertulias que organizaba en su casa de la calle Umquera (actual Florida).
Volvamos al maíz, protagonista del noroeste argentino en sabrosos tamales y humitas e ingrediente del clásico de la región, el locro. Puede llevar maíz blanco o amarillo, según la receta jujeña, y debe molerse con mortero, colocarse en remojo unas diez horas y luego hervirse en agua y sal. De a poco se añaden ingredientes contundentes: carne de vaca, chorizos, tripa y charqui. Con las batatas llega el fin de la cocción, coronada con una lluvia de cebolla, tomate, ají y perejil fritos en grasa. Ideal para el incipiente frío otoñal.
En el locro riojano, el maíz comparte el estrellato con los porotos blancos y su sello indiscutido es el sabor picante del cumbarí o ají “de la mala palabra”. Otra variante de locro llamada “chuchoca” se obtiene con maíz tostado y carne de cabrito, según describe Leopoldo Lugones en uno de los relatos de La guerra gaucha . En el centro del país, por el contrario, se lo conoce como “alcuco”. Se prepara con trigo pisado, sin cutícula, que se hierve en agua y sal y se le agrega carne de cabrito y zapallo. Luego se sirve con un refrito de grasa y ají.

Crocantes por fuera y jugosas por dentro. Esa es la Piedra Rosetta de las empanadas tucumanas. Además de los estrictos ingredientes –carne de matambre hervida y cortada a cuchillo en pequeños trozos; cebollas blancas y de verdeo rehogadas en grasa vacuna; caldo, comino y sal a gusto– tiene secretos como el delicado sabor dulzón de las pasas de uva; el caldo de carne mezclado en la masa, que le da una consistencia especial, los trece repulgues –ni uno menos– para cerrar los discos y quince minutos de cocción en horno de barro. Tan famosas son, que la provincia del noroeste argentino creó una “Ruta de la Empanada” que une distintas localidades y sabores.
Sin intenciones de desanimar a los tucumanos, existen referencias de la empanada en la antigua Persia. A la Argentina llegó desde España, donde formaba parte de la cocina medieval. Una vez aquí fue adquiriendo diversas formas y sabores, de acuerdo a los productos de estación de cada región. Las de Salta se preparan con carne cortada a cuchillo, papa, huevo, cebolla de verdeo, comino y pimentón. Las de Jujuy llevan arvejas y las santiagueñas son a base de mondongo.
En el litoral también se imponen las empanadas, aunque rellenas con distintos pescados de río o de vizcacha. En La Pampa manda el ají morrón; en las porteñas se impone la carne picada, el orégano y el ají molido, y la Patagonia fue probando sus variantes rellenas con carne de cordero y con mariscos, en las localidades cercanas a las zonas costeras.
El tipo y tiempo de cocción también es cosa seria: pueden cocinarse en horno de barro, de gas, freírse en aceite mezclado con grasa o a las brasas. “La verdad es que ninguna empanada del mundo vale la empanada sanjuanina” (rellena de carne picada, cebolla, huevo y aceituna), dijo Domingo Faustino Sarmiento. La frase, pronunciada en un almuerzo en el que había representantes de todas las provincias argentinas, desató una oleada de reacciones de los comensales, que defendían las versiones locales de este pequeño manjar, según consta en el libro “Sarmiento Anecdótico”, de Augusto Belin Sarmiento.
Cuando la disputa quemaba más que el horno de barro, el ex presidente argentino interrumpió la pelea y dijo: “Señores: para hacer valer cada uno la empanada de su predilección, hemos hecho caso omiso de la empanada nacional. Esta discusión es un trozo de historia argentina”.

Viva la diferencia
 

Indígenas, criollos e inmigrantes hicieron de la gastronomía argentina un territorio tan vasto como inexplotado. Los secretos de cocina guaraníes todavía perduran en las provincias de Corrientes, Chaco y Formosa, donde la mandioca ocupa un lugar central. Con ella se preparan la fariña (harina en granos), el pirón (un guiso con carne blanda, ají y fariña) y para los adictivos chipás se utiliza su almidón. La raíz es ingrediente principal del guiso tropero, consumido por los conductores de ganado.

En el noreste la carne asada de tatú, venado y coatí goza de tanta popularidad como la vacuna en la región central. La abundante pesca de la zona era la principal fuente de sustento de los habitantes originarios y lo sigue siendo: el surubí con salsa de tomate y pimientos es un clásico desde hace más de 200 años, a pesar de que no existe en el país una tradición culinaria del pescado. Esto resulta inexplicable si se piensa que la mayoría de los inmigrantes españoles procedían de zonas litorales. Pero al parecer, ni sus finas recetas ni los cuantiosos recursos ictícolas argentinos pudieron superar el prejuicio –muy difundido a principios del siglo XX– ligado al consumo de pescado, considerado de poco prestigio por tratarse de un alimento entonces muy económico y requerido por las familias de escasos recursos. En esa época, el sábalo era el pilar de la dieta de los habitantes de las costas de los grandes ríos y el lunfardo se encargó de crear un mote peyorativo para aquellos humildes que llegaban a Buenos Aires: “Sabalero”. Las nuevas olas culinarias del siglo XXI equilibraron la balanza a favor de pescados y mariscos, aunque el consumo aún no supera al de la carne roja.
Los frutos de Entre Ríos y Corrientes son una buena materia prima para la elaboración de licores. Corrientes alegra el espíritu con su elixir de caraguatá –una especie silvestre de ananá– y Entre Ríos hace lo suyo con el perfumado licor de naranjas.
Hablar de asado de vaca o cordero es pensar en La Pampa, que más allá de la siempre abundante carne fresca no tiene una vasta tradición culinaria. Sin embargo, aquí surgió el puchero que se convirtió en un símbolo también en Buenos Aires. Este plato reunía los ingredientes disponibles en cada casa: carne roja, pollo, maíz, papa, zapallo, pimientos y arroz, entre otras variantes. Es una de las comidas más populares, a tal punto que la frase “ganarse el puchero” llegó a ser para los porteños sinónimo de ser capaces de abrirse camino y obtener su propio sustento.
La llegada al país de inmigrantes italianos, alemanes, polacos, árabes, británicos e irlandeses provocó una importante revolución gastronómica. Los tanos, que en principio se establecieron en el barrio porteño de La Boca, trajeron desde principios del siglo XX sus recetas pero también impusieron nuevos hábitos, como los tallarines caseros de los domingos, una cita ineludible que invitaba a la reunión familiar en la casa de la nona, y el culto del aperitivo antes del almuerzo. Si bien el asadito del domingo fue desplazando en parte a los ravioles fatti a casa, perdura el hábito de tomar un vermú mientras se hace el fuego.
En la provincia de Córdoba la inmigración alemana, suiza y austríaca convirtió a la localidad de Villa General Belgrano en una comarca europea con exclusiva repostería, chocolates exquisitos y las mejores cervezas artesanales. En sus restaurantes es un clásico el húngaro goülashmitspätzle, un plato muy condimentado a base de pequeños trozos de lomo que se cocina en su salsa con pimienta y se acompaña con pequeños “ñoquis alemanes”. En Misiones, ucranianos y polacos impusieron los varenikes de papa y el repollo cuajado, y los alemanes, los exquisitos embutidos de cerdo.
La Patagonia conserva sus raíces mapuches y tehuelches a pesar de los hábitos alimenticios que trajeron los colonos europeos. El curanto es una de las preparaciones mapuches más significativas, ya que tiene lugar para agradecer a la Pachamama las cosechas prósperas. Además de ser sabroso, este plato es una verdadera ceremonia comunitaria y de comunicación. Se debe cavar un pozo en la tierra de unos 30 centímetros de profundidad y un metro de ancho, donde se colocan piedras calentadas con leños. Se cubren con hojas de maqui o nalca (arbustos de la zona) y sobre ellas se coloca la carne vacuna, el pollo o el cordero junto a distintas verduras. Los ingredientes se cubren con otras hojas y lienzos húmedos y se tapa el pozo con la tierra. Al cabo de una hora la comida está lista y el sabor ahumado de los alimentos es incomparable. De postre, zapallo al rescoldo. El complemento ideal.
La chicha y el muday son bebidas alcohólicas típicas de la Patagonia. La primera se elabora con maíz fermentado –del mismo modo que en el norte argentino– y el muday con trigo, agua y miel. En Neuquén, todavía se consume la chica de piñones –fruto del pehuén–, llamada chavid, herencia de los pehuenches.
La cocina galesa es ya patrimonio patagónico: el stew –estofado de carne vacuna o de cordero–; el viracho (lomo de ciervo) al escabeche y la torta galesa, son promocionados por fuerza de la costumbre como preparaciones “típicas” del sur argentino. La repostería de las mujeres galesas trascendió los límites de la región: los dulces y jaleas de manzana o de frutos rojos, que abundan en la zona son conocidos y consumidos en todo el país.

Impronta gourmet
 

Atrás quedaron los tiempos en que los triciclos panaderos y las camionetas que vendían pescado circulaban por los barrios. También se extraña el grito del heladero que invitaba a un oasis en las serenas horas de la siesta veraniega. Pero, dicen, todo vuelve. Y al menos en materia de gastronomía, la nostalgia puede ir abandonándose: una nueva corriente rescata los sabores tradicionales con un toque gourmet.

Aún a pesar de la proliferación de locales de comida “exótica”, que surgieron como tímidos ensayos durante los años ochenta y se propagaron vertiginosamente en el umbral del siglo XXI. A tal punto, que se llegó a temer la desaparición o merma de las tradicionales “parrillas”, símbolo de identidad argentina. A las cocinas italiana, francesa, vasca y árabe, que ya tenían reconocimiento, se sumaron otras como las polaca, húngara, croata, griega, india, vietnamita, china, japonesa y tailandesa.
A despecho de Fukuyama, la historia avanza y sigue bailando al ritmo de la economía, las migraciones y la contaminación –en el sentido más positivo de la palabra– cultural. Hay que señalar que si bien en todo el país pueden hallarse rincones que ofrecen platos étnicos, fue en la ciudad de Buenos Aires donde esa explosiva mixtura resultante derivó, en los últimos veinte años, en un cambio radical en las preferencias culinarias. La internacionalización gastronómica trajo, también, sabores latinoamericanos: son incontables los restaurantes peruanos y mexicanos.
Desde el inicio de esta corriente avasallante –que no se circunscribe a los barrios de moda–, la cocina gourmet fue la regla y la innovación debía transitar en ese sentido. Así, por ejemplo, se convirtieron en patrimonio de paladares sibaritas las perdices, aves que en 1536 habían sido despreciadas por los hombres que llegaron al Río de la Plata con el “primer adelantado” Pedro de Mendoza. Aunque, finalmente, se habían visto obligados a cazarlas y comerlas con desagrado, como último recurso, por hallarse famélicos.
Promediando la última década, la irrupción de la comida coreana convirtió en habitué de las cartas a las ostras crudas, el codillo de cerdo y al brindis con bokbunja (vino de arroz y moras). La entonces nueva moda (hoy uso hecho y derecho) ensalzó algunos productos, olvidó otros, apostó a la mezcla –en algunos casos sabia, en otros sin sentido–, revolucionó la escena local, redujo las porciones considerablemente y valoró la presentación de los platos.
Hace pocos años, sin embargo, volvieron a apreciarse las viejas recetas. También la importancia de aplicar técnicas gourmet a ingredientes tradicionales y a condimentar esas recetas con la creatividad personal. Así, distintos chefs comenzaron a hablar de la “nueva cocina argentina” y, por supuesto, a practicarla (ver El mirador). De esta corriente surgieron fusiones de sabores locales con cocina francesa o japonesa; opciones sanas y vegetarianas; platos basados en productos de estación y de huertas caseras, dejando de lado aquellos costosos o difíciles de conseguir.
Ahora se pueden preparar platos norteños como ohollalawa (un tipo de sopa de maíz con carne) o un bife de llama con quinoa sin moverse de Buenos Aires, gracias al trabajo de la cooperativa de productos Cauqueva, originaria de Maimará, en Jujuy, con sede en la capital argentina. Papines coloridos, chicharrón de cerdo y delicias como el queso de cabra están al alcance de la mano.
¿Es una locura preparar sushi de lomo con hojas de parra, quinoa y salsa barbacoa? Claro que no. Tampoco lo es que el bife de chorizo con semillas de sésamo, el arroz con leche y el guiso de lentejas sean elevados a la categoría de alta cocina.

VEA Y LEA
Para tentarse
 

Hay varios libros interesantes que recorren la compleja evolución de la cocina argentina. Dos textos fundamentales son “La perfecta cocinera argentina”, escrito por Teófila Benavento nada menos que en 1901, y “El libro de Doña Petrona”, cuya primera edición se remonta a 1933: desde entonces se ha constituido como un imprescindible en la biblioteca culinaria. Otros recomendados son “La Comida Criolla”, de Margarita Elichondo (1997) y, para ahondar en las nuevas tendencias, la “Nueva cocina argentina” (2012), del crítico enogastronómico italiano Pietro Sorba.

http://www.academiadelfolklore.com/system/productos.php?id_prod=445&id_cat=138

Marraqueta Paceña

6 Jul

La imagen actual no tiene texto alternativo. El nombre del archivo es: pexels-photo-12960431.jpeg

Hoy se celebra el Dia de la Marraqueta

 

 
 
 

El departamento de La Paz, es único por sus alimentos característicos, como la marraqueta, que enriquece la gastronomía boliviana, logrando que el aroma y el sabor se conjuguen provocando gratos e inolvidables sabores para el gusto de la ciudadanía.

Un trozo de carne asada en medio de una marraqueta, acompañado de una taza de café caliente para muchos es una delicia para empezar la mañana; o los fines de semana, un fricasé o el chairo paceño acompañados de una marraqueta ¡delicioso!

Este es un pan económico y accesible para el bolsillo de todos. Es un pan hecho a base de harina de trigo, agua, sal, levadura, azúcar. Tiene una forma alargada y ovalada y es muy agradable sobre todo cuando ha salido del horno y acompañando a una taza de cafe y un pedazo de queso fresco muchísimo mejor.

El pan de batalla o marraqueta tiene su pareja, se trata del pan allulla o pan sarnita, la que tiene forma redonda y una consistencia más suave con quesito encima… Antes solía comprase casado, mitad marraqueta y mitad allulla o sarnita.

El pan de batalla, se consume en hogares pobres y en hogares privilegiados y su fama ha llegado tan lejos que le ha valido el ser declarado «Patrimonio cultural e histórico de La Paz», mediante Resolución emitida por la Prefectura del Departamento de La Paz, el año 2006. Siendo el pan de cada día en los hogares paceños, acompaña sus vidas desde el desayuno hasta la rica variedad de platos de lunes a domingo.

Normalmente, a la medianoche se inicia el preparado y a las 06:00 el sabroso “pan de batalla” sale crujiente y caliente para ser degustado.

La naturaleza de su nombre ya casi se borró de la memoria colectiva, con el transcurrir del tiempo, aunque la tradición atribuye su origen a panaderos franceses de apellido Marraquette, a la expresión marroco (Marruecos) o al baguette, según la historiadora Florencia Durán.

El patrimonio culinario de los paceños, según otra teoría, no fue creado por panaderos locales sino por uno que emigró desde la isla de Chíos, ubicada en el mar Egeo, donde nacieron Homero e Hipócrates y donde habría habitado hace más de un siglo Michel Jorge Callisperis de oficio panadero.

El joven panadero llegó a Chulumani (Bolivia) en 1908 para elaborar pan como su principal sustento y, como la región le resultó pequeña para agrandar su negocio, se trasladó a la ciudad de La Paz, donde trabajó en la empresa de fideos Figgliozzi que, con los años, llegaría a pertenecer a la familia Sáenz.

La fórmula de este pan pronto le daría motivos para instalar su propio negocio: primero en la calle Bueno y finalmente en Miraflores, donde finalmente se quedó.

Hoy, la marraqueta, es infaltable a la hora del desayuno y el almuerzo, registrándose su mayor consumo en La Paz.

Ramón Rocha Monroy la describe mejor que nadie:

…»Si fuera pintor, pintaría un paisaje de La Paz con una marraqueta humeante en lugar del Illimani. Quizá ambas criaturas tienen el mismo espíritu, la más pequeña de mineral en bruto y la enormísima de cristal. Es maravilloso disfrutar del desayuno paceño echando vapor por la boca y contemplando el Illimani al amanecer. Es una reconciliación con el alma y el cuerpo, body and soul –la conjunción del viejo blues».

Ingredientes:

● 2 kilos de harina

● 100 gramos de levadura fresca o 35 de levadura seca activada en 80ml de agua tibia

● 5 cucharas de azucar

● 3 cucharas de sal

● agua tibia lo necesario

Preparacion:

1. Se forma una corona con la harina. En el medio de dicha corona se echan los restantes ingredientes.

2. Se mezcla todo hasta conseguir una masa muy suave, que se desprenda de la lugar donde esta siendo amasada, luego debemos dejar reposar una hora.

3. A continuación bollar y dejar reposar otra hora.

4. El siguiente paso es formar la marraqueta de mas o menos 90 gramos,cada una, como el pan francés, dejar nuevamente fermentar hasta que triplique de su volumen.

5. Hacer cortes en la parte superior con un cuchillo fino y hornear por espacio de 20 minutos a unos 220º C. con un recipiente de agua hirviendo dentro del horno para que eleve como es necesario. Pincelar con agua al sacar del horno para darle un color tostado bonito.

Dicen que un requisito para que sea exquisita y de una contextura crocante, sabrosa y deliciosa, es la Altura ….

Pan de Jamon

5 Jul

La imagen actual no tiene texto alternativo. El nombre del archivo es: pexels-photo-29535633.jpeg

Claudio Nazoa.

Aún cuando la receta de Claudio Nazoa es la más conocida, tenemos entendido que la receta publicada por Armando Scannone es una de las más completas, la colocamos a continuación ya que siendo un poco más complicada en cuanto a la elaboración, también tiene muchos adeptos.

Pan de Jamón

Versión de Armando Scannone

INGREDIENTES:

  • 1 cucharada de levadura
  • ½ taza de agua tibia
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 1½ taza de leche a la temperatura ambiente
  • 1 kilo de harina
  • 5 cucharadas, 75 gramos, de manteca vegetal
  • 6 cucharadas, 90 gramos, de mantequilla
  • 1 3/4 cucharadita de sal
  • 6 cucharadas, 100 gramos, de azúcar
  • 3 huevos
  • 1 kilo de jamón cocido, molido grueso o picadito
  • 3/4 de taza de pasas
  • – la pulpa picadita de 30 aceitunas medíanas
  • 1 cucharada de mantequilla
  • 2 amarillos de huevo
  • 2 cucharadas de agua
  • 1/8 de cucharadita de sal.

PREPARACIÓN:

1. En un envase se ponen la levadura, el agua tibia y la cucharadita de azúcar. Se revuelve, se cubre con un paño y se deja reposar en un sitio abrigado hasta que levante, unos 20 minutos.

2 En un envase grande se pone la leche y se le agrega la mezcla de la levadura. Se revuelve. Allí se le cierne 1/ 2 kilo de harina y se va mezclando con los dedos. Se pone en un sitio sin corrientes de aire, se cubre con un paño y se deja reposar hasta levantar, unas 4 horas.

3. En el mismo envase se cierne el resto de la harina, mezclándola con los dedos, si queda muy seca la mezcla, se le agregan 2 cucharadas de leche fría. Se cubre con un paño y se mete en la nevera por 6 a 8 horas o hasta el día siguiente.

4. Se saca la masa de la nevera, se pone sobre una mesa o tabla y se le agregan la manteca, la mantequilla, la sal, la azúcar y los huevos uno a uno, amasando bien de modo que quede bien trabajada y unida, sin grumos. Al final, cuando la masa está bien unida, se bate levantando y dejando caer repetidamente desde lo alto hasta que toda la masa se desprenda de la mesa y de las manos, alrededor de 100 veces.

5. Se divide en tres partes iguales para hacer panes.

6. En una mesa enharinada se extiende cada parte con un rodillo hasta quedar de 1/2 a 1 centímetro de grueso y en forma rectangular.

7. Se dividen en tres partes el jamón, las pasas y las aceitunas, respectivamente, y se extienden sobre cada masa ya extendida llegando a 2 ó 3 centímetros de los bordes.

8. Se enrolla como para hacer un brazo gitano, se cierra en las puntas y se pone cada pan diagonalmente sobre una bandeja grande de metal enmantequillada. Se cubre con un paño y se deja reposar unas 2 horas en un sitio sin corrientes de aire.

9. Entretanto se precalienta el horno a 400 °F (Nota.- La experiencia me dice que en los hornos de las cocinas domésticas unos 300 a 350 es más que suficiente).

10. Se mete una bandeja en el horno y a los 15 minutos con una brocha se cubre por encima con una mezcla de los 2 amarillos de huevo batidos con las 2 cucharadas de agua y 1/8 de cucharadita de sal y se continúa horneando por 5 minutos más hasta estar dorado por encima. Se saca del horno y se pone sobre una parrilla a enfriar y se repite todo el proceso del horneado con los otros 2 panes.

NOTA:

ESTA RECETA TAMBIEN SE PUEDE ELABORAR EN UN AYUDANTE DE COCINA CON EL DISPOSITIVO DE GANCHO, AMASANDO HASTA QUE ESTA SE DESPEGUE DE LOS LADOS DEL ENVASE.

Fuente: www.elplacerdecomer.com

Pabellón Criollo

5 Jul

Pabellón Criollo
Para nuestros queridos amigos venezolanos en su dia!

El pabellón criollo ó pabellón venezolano es uno de los platos más representativo de nuestra cocina. Lleno de colores y sabores variados, posiblemente evoca la unión de las etnias que integran nuestro pueblo, lleva el aroma único y cálido de esta tierra.

El pabellón es un plato que nos ha acompañado a lo largo de nuestra historia, ha crecido con nosotros, con pequeñas variaciones en las diferentes regiones de Venezuela, pero manteniendo siempre la esencia única y pura del plato nacional por excelencia, es representativo de la dietacriolla urbana principalmente, es difícil precisar el origen del plato, pero ya a finales del siglo XIX era reconocido en Caracas.

Se compone de Arroz Blanco, Carne Mechada, Caraotas Negras y Tajadas de Plátano Frito, dispuestos todos de forma ornamental destacando al máximo su color, aroma y sabor. En este plato se crea un equilibrio entre todos sus componentes, tanto en color como en sabor, cada uno es parte importante de la culinaria venezolana.

Desde la colonización, el arroz, así como las caraotas, han sido parte de la comida diaria del venezolano. Las caraotas se servían como acompañante de desayunos, almuerzos y cenas, al igual que la arepa acompañaba mañana, tarde y noche nuestras comidas, hoy apenas es parte eventual de desayunos y cenas, sin por eso dejar de ser importante en nuestra cultura culinaria.

El arroz también se servía diariamente, preparado ligeramente aromatizado de ají dulce, ajo y cebolla, suelto y blanco, muy blanco, de esta misma forma se sirve en el pabellón. Las Caraotas deben ser negrísimas, hay quienes las impregnan con especies como clavitos de olor, comino y un sofrito de ajo, cebolla, ají dulce, sal al gusto….para su preparación se dejan cocinar en agua hirviendo, que puede acompañarse con cochino ahumado o paticas de cochino troceadas, (esto solo para dar sabor, pues no se presentan en el plato) hasta que se vuelvan blandas y tiernas, luego se aliñan y se deja que el caldo tome una consistencia algo espesa. Las caraotas se pueden comer con caldo para un mayor sabor, o si se prefieren fritas, se pueden escurrir y freír en manteca o aceite muy caliente. También si se prefiere se pueden comer con un punto de dulzura, aportado por papelón raspado, o azúcar.

Por otra parte la carne mechada, (carne de falda de res), se hierve con cebollas y sal hasta que alcance un punto de ablandamiento donde se deje mechar fácilmente. Luego se mecha a mano, en trozos finos. Posteriormente en aceite muy caliente, preferiblemente coloreado con “onoto”, en el cual se han salteado ajos machacados, cebollas, ají dulce picado, saltear la carne y agregar tomate troceado sin piel ni semillas, sal y pimienta al gusto, es importante cocinar a fuego lento hasta que quede suavemente jugosa. La carne se torna rojiza y aromática.

Por último se taja el plátano y se fríe. Se distribuyen los componentes en el plato de forma decorativa y alrededor se colocan las tajadas. El despliegue de colores será indudablemente llamativo, lo blanco del arroz, lo negro de las caraotas, la carne rojiza y los plátanos amarillo dorados, algunas veces haciendo de barandas, otras veces parte integral del plato, el conjunto será tan impactante como una atardecer en los Médanos Coro en Falcón, como un amanecer en las majestuosas montañas de Los Andes ó como una vista sencilla a los imponentes tepuyes de nuestra fantástica amazonas… el sabor será inigualable, la calidez de nuestra tierra se hace sentir a través de nuestra cocina, y al probar nuestro plato nacional podrá sentir a Venezuela a través del paladar…

http://www.venezuelatuya.com/cocina/pabellon.htm

La Cachapa

5 Jul

Cachapa
Elaboración de la Cachapa Criolla
Foto de Luis Enrique Guillen

El maíz, ese mágico y dorado grano, adorado por su origen divino desde tiempos precolombinos, ha sido un importante medio de sustento en Latinoamérica; en Venezuela el maíz se transforma noblemente para convertirse en diferentes platos criollos que siempre halagan el paladar de los venezolanos. Entre estos platos encontramos La Cachapa de budare, afamada dama de la culinaria de nuestro país a la que dedicamos este artículo.

Se atribuye el origen de la cachapa a la región central venezolana, los indígenas que habitaban las tierras mirandinas cultivaban el maíz, cereal que fue adorado y considerado de origen divino, tan apreciado fue, que su culto se asocio posteriormente con la religión cristiana, acostumbrándose a sembrar granos de maíz en el día San Isidro Labrador para rendir homenaje a los agricultores, costumbre que aún se conserva en algunos pueblos agricultores venezolanos.

La Cachapa es una torta fina de maíz molido, con queso y papelón (o azúcar), cocida en budare; es conocida en toda Venezuela pero se consume más en la región central. Esa dulzona y maravillosa transformación del maíz en forma de torta fina y redonda suele acompañarse con un buen «queso e´ mano» y untarse con mantequilla. La receta que proporciono a continuación solo requiere de mucho amor y que se prepare con jojotos muy, muy tiernos.

Ingredientes

  • 12 jojotos muy tiernos
  • Papelón o azúcar al gusto
  • ¼ cdta de sal
  • 1/8 Kg. queso blanco suave
  • Leche

Preparación

Se desgranan los jojotos y se muelen muy finos, luego se mezclan con el queso rallado finamente, el papelón y la sal, hasta obtener una mezcla homogénea, de quedar muy espesa agregar un poco de leche.

En un budare o sartén bien caliente untado ligeramente con aceite, se coloca un poco de la mezcla (haciendo una torta fina) se deja dorar y luego se voltea dorando por el otro lado. Las cachapas se comen bien calientes y se untan con mantequilla, se pueden acompañar o rellenar con queso de mano, para rellenar corte un queso de mano a la mitad colóquelo en la cachapa y dóblela. Disfrute de este plato una mañana dominguera o una noche cualquiera que quiera evocar la fértil plenitud de esta tierra y si consigue un buen «suero de leche» báñela sin temor que su cachapa se hará divinamente inolvidable…

http://www.venezuelatuya.com/cocina/cachapa.htm

Hallacas Venezolanas

5 Jul

 Hoy es aniversario de Venezuela. En este día les comparto uno de los platos mas representativos y deliciosos de la comida venezolana. Esta obra maestra de nuestra culinaria es el más tradicional de los platos que engalanan las festividades navideñas en Venezuela.

La palabra «Hallaca» proviene del guaraní y deriva de la palabra «ayúa» ó «ayuar» que significa mezclar o revolver, de estas palabras se presume que «ayuaca» sea una cosa mezclada, que por deformación lingüística paso a llamarse «ayaca». Otra versión presume que la palabra procede de alguna lengua aborigen del occidente del país, cuyo significado es «envoltorio» ó «bojote».

Ingredientes para el relleno
  • -¾ Kg de gallina hervida o pollo deshuesado
  • ¾ Kg de res (Pulpa Negra)
  • ¾ Kg de falda de cochinillo o puerco
  • 4 cebollas cortadas en dados
  • 1 manojo de cebollín cortado finamente
  • 2 pimientos picados finos
  • 1 ajo porro o Ajo/cebolla/puerro
  • 1 0 2 cabezas de ajos machacados como puré
  • 1 compuesto de hierbas, 2 zanahorias medianas
  • 4 tomates peritas sin semilla triturado
  • Ají dulce a gusto
  • Vino tinto la Sagrada familia o cualquier vino marsala
  • Encurtidos al gusto quitándoles un poco de vinagre
  • Aliños en polvo (comino, orégano, pimienta,sal, anoto en color hecha en aceite caliente y un poco
  • de pimentón español- papelón)
  • 2 cucharadas de gelatina, diluidas en el caldo cuando se acabo de cocinar
DECORACION POR HALLACA
:Alcaparras pequeñas 2 o 3, 2 almendras peladas por hallaca, 1 rodaja delgada de cebolla, 8 a 10 pasas mas o menos, 1 cucharilla de encutidos picaditos, 1 rodaja de pimento verde y 1 de rojo (pelado), 1Aceituna verde rellena, Aji dulce picadito y de colores, 1 Rodaja de huevo duro
ELABORACION DEL GUISO: Cortar la carne en cuadrados pequeños. Deberá hervir cada tipo de carne por separado en 2 litros de agua. Tenga cuidado de no ablandar demasiado. Retire la carne y reserve los caldos.
En un caldero sofría la cebolla y ajo en aceite bien caliente hasta que la cebolla se ponga traslucida; agregar el resto de los vegetales cortados en cuadraditos pequeños y deje que se cocine. Luego incorpore el pimentón y el ají dulce; mezclar bien; esperar unos minutos e incorporar las carnes; primero la de res, luego la de cochinillo y el pollo. Y por último el resto de los ingredientes.
Al final de todo se incorporan los aliñes y el vino tinto. El paso final es un poco de harina o galletitas de soda para espesar el guiso.
INGREDIENTES PARA LA MASA DE LAS HALLACAS:
2 kilos de harina de maíz, 200grs de mantequilla, 200 grs de Manteca de cerdo, caldo de gallina o pollo. Sal más que para las arepas, Onoto sofrito en mantequilla, Papelón
Preparacion
  1. Elaboración de la masa: Verter la harina sobre una mesa de madera o en un recipiente bastante grande. Poner a hervir 1 taza de mantequilla con el onoto ( para utilizarla se cuela y el onoto se descarta). Esta mantequilla y la mantequilla coloreada con el onoto se mezclan con la harina. Agregar sal y mezclar agregando poco a poco el caldo. Y se amasa hasta obtener una masa tierna y suave.
  2. Armado de las hallacas:
  3. Retirar la vena gruesa del borde o pasar las hojas por el fuego para suavizar, retirar la vena y lavar, escurrir y secar con un paño o papel de cocina. Colocar una hoja sobre la encimera, engrasar con la manteca coloreada con onoto; acomodar en el medio de la hoja una pelota de masa (con las manos remojadas en agua y mantequilla aplaste para que se estire en forma de circulo); agregar una porción de guiso frío (para que este sólido) y sobre este coloque los adornos.
  4. Doble por la parte ancha de la hoja de plátano, encimando ambos borde hasta cubrir completamente, haga un doblez para que no se escurra el guiso; doblar los extremos hacia dentro y proceda a envolver con hojas de menor tamaño. Con la tira de hoja asegure la hallaca por el medio y termina atando con el pabilo cruzando dos veces por la parte más larga.
  5. Cocer en una olla con agua hirviendo durante una hora, retirar, escurrir y dejar enfriar. Antes de servir se calientan en agua hirviendo 20 minutos.

La Arepa venezolana y sus variaciones

5 Jul

 

Arepas
Imagen de arepaclimbing

Día de Venezuela, desayuno con Arepas

Hablar de La Arepa, es hablar de Venezuela… Parte de nuestra cultura y de la mesa de cada día, es nuestra expresión culinaria más autóctona, es el benefactor pan nuestro de cada día.

La arepa es una expresión nacional, en cualquier ciudad de Venezuela puede encontrarse. Su preparación se remonta a nuestros ancestros indígenas, que sembraron, recolectaron y procesaron el maíz. Es el resultado de una masa hecha de maíz cocido y molido, los indígenas, lo molían entre dos piedras lisas y llanas y luego creaban pequeñas bolas que asaban en un “aripo”, (especie de plancha un poquito curva fabricada en barro, que se utiliza para la cocción, también conocemos una variación de éste como “budare”) del nombre de este utensilio deriva la palabra “Arepa”, en la actualidad se utilizan planchas y parrillas de hierro para asar las arepitas en casa o restaurantes, aunque se puede encontrar aún el aripo de barro.

La Arepa es leal compañera del venezolano y puede encontrársele en la más honorable mesa, así como en la más humilde, en cualquier esquina de la ciudad, ó en el más pequeño de los pueblos, en restaurantes y casas, ó en las abundantes areperas de las diferentes ciudades venezolanas.

La Arepa es la reina de nuestros desayunos, y a su vez excelente acompañante de primeros platos en almuerzos y cenas, es fiel compañera de nuestros platos nacionales.

La arepa se muestra con características distintas en las diferentes regiones del país, pero en esencia es la misma y singular arepa. Las muy finitas las llaman “telitas” y son típicas de la región andina, las gorditas y abombaditas, se acostumbran a preparar en la región central; grandes, sean fritas ó asadas, usualmente se encuentran en oriente. Se preparan arepas de chicharrón, y arepitas dulces que tienen un ligero sabor anisado, se hacen arepas “peladas” con cenizas, que se encuentran principalmente por el occidente del país.

Se suelen comer rellenas con queso y mantequilla, carne mechada ó asado, con jamón ó con casi cualquier cosa que se le pueda ocurrir. Una arepa recién asada rellena con un queso llanero de Apure ó un jugoso queso guayanés, trae la gloria al paladar del que la prueba; Acompañada con suero de leche, con perico* que tanto gusta a los venezolanos, ó caraotas fritas y carne mechada, se obtiene un desayuno maravillosamente típico.

De la misma masa de la que se obtienen las arepas encontramos que se obtienen otros platos que son típicos en Venezuela, tales como los bollitos de masa: bollitos hervidos en agua muy caliente, que se comen usualmente al desayuno con queso y mantequilla. Las hallaquitas: bollitos cubiertos con hojas de maíz y hervidos en agua muy caliente; los bollitos pelones: bollitos de masa rellenos de carne hervidos o fritos; se hacen empanadas, rellenas de quesos guisos de carne, pollo ó pescado, etc, y fritas en abundante aceite caliente.

Se utiliza esta masa en la preparación de abrebocas y pasapalos diversos, bolitas, empanaditas, bollitos y arepitas pequeñas. Se agrega en forma de bolitas pequeñas a algunas sopas. La masa de maíz coloreada con onoto y aromatizada al amasarse con caldo de gallina, es la primera en asomar su brillante colorido cuando abrimos una de nuestras delicias culinarias más solicitada: La Hallaca; la masa se extiende sobre hojas de plátano sirviendo de cama y cobija a todos los maravillosos componentes que integran el relleno de la hallaca… Es también el componente principal de la Polenta Criolla. Infinidad de usos le damos a la masa que se obtiene del maíz, pero definitivamente entre todos la reina es la Arepa.

* Revoltillo de huevos con cebollas y tomates, aromatizados con diferentes especies ó hierbas según la región del país.

Arepas Asadas

Para obtener unas arepas doradas y abombaditas, pocos son los ingredientes que se utilizan, es el amasado y la cocción lo que requiere un poquitín de atención, (en la actualidad se encuentra harina de maíz precocida en todos los supermercados, ya que es parte de la dieta básica del venezolano, y es la que utilizamos en la preparación de las arepas a diario).

Ingredientes

(Para 4 ó 6 arepas)

  • 2 tazas de Harina de Maíz Blanco precocida
  • 1 cucharadita de Sal
  • Agua
  • Aceite

Preparación

Vierta aproximadamente una taza y media de agua en un bol, agregue la sal y un chorrito de aceite, agregue progresivamente la harina diluyéndola en el agua, evitando que se formen grumos, amase con las manos agregando poco a poco harina y agua hasta obtener una masa suave que no se pegue a las manos. Forme bolas medianas y aplánelas creando un redondel un poco grueso y simétrico. Caliente una plancha y engrásela con un poquito de aceite, coloque las arepas y cocine por ambos lados, (hasta que se despegan solas de la plancha), luego lleve al horno previamente caliente a 350º y déjelas hasta que al retirarlas las golpee levemente y suenen a “hueco”,y se tornen abombadas y doraditas. Se sirven al momento, acompañadas o rellenas con quesos, mantequilla, guisos, carnes, caraotas, huevos revueltos, etc. Al desayuno ó a la cena, será un magnífico encuentro con las costumbres de la cocina venezolana.

http://www.venezuelatuya.com/cocina/arepa.htm

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