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Ahora, la comida boliviana está en boca de todos

15 Oct Bowl of Bolivian soup with meat, potatoes, and crispy noodles at market stall

Imagen actual: Bowl of Bolivian soup with meat, potatoes, and crispy noodles at market stall

Con la sopa de maní a la cabeza, la ganadora del reality Masterchef llevó al centro de la escena sabores que, de a poco, ganan su lugar

Maní remojado y procesado. Un suculento caldo, con ossobuco, verduras y papa. La cocción lenta, uniendo todo. Perejil fresco por encima. Y papas fritas doradas como decoración. Así se prepara la sopa de maní, tradicional plato de Bolivia que, dicen, fue la última comida que probó el Che Guevara, preso en La Higuera, a horas de ser fusilado.

Esa misma sopa de maní es la que comenzó a marcar el triunfo de Elba Rodríguez, la participante que obtuvo el primer premio en el reciente realityMasterchef, emitido por Telefé. Bajo la consigna de preparar un plato que representara su niñez, Elba, estudiante de enfermería e hija de inmigrantes bolivianos en la Argentina, hizo la sopa tal como la hacía su mama, así lo dijo, acentuando la primera sílaba. «Este plato es un viaje», afirmó Germán Martitegui, uno de los jurados.

Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia, la Argentina alberga a más de un millón doscientos mil bolivianos. Pero, pese a lo apabullante del número, es poco lo que se conoce aquí de la gastronomía del país vecino. La comparación con Perú es inevitable, pero mientras éste es la vedettede la cocina mundial, los sabores de Bolivia están lejos de semejante reconocimiento.

Para que la cocina boliviana logre expandirse, primero debe crecer en sus propias fronteras. Hace dos años, un evento causó sensación en todo el planeta: Claus Meyer, dueño de Noma (el restaurante danés considerado en 2010, 2011 y 2012 el mejor del mundo) extendió a Bolivia su fundación Melting Pot y creó en la ciudad de La Paz el restaurante Gustu, dirigido por la también danesa Kamilla Seidler y el venezolano Michelangelo Cestari. Gustu pretende convertirse en un actor social dentro de la gastronomía boliviana, y recibe unos 30 jóvenes bolivianos de escasos recursos para que se formen en su Escuela de Comida. «El objetivo es invitar a todas las partes interesadas a participar en un proceso que se convierta en un movimiento que ayude a aprovechar el potencial de la cultura gastronómica local», explican desde Melting Pot. En esta búsqueda, los cocineros de Gustu investigan las culturas alimentarias indígenas del Amazonas, del Altiplano y de los valles, para luego trabajar con esa materia prima bajo una mirada nueva. En su menú ofrecen, por ejemplo, papas nativas cocidas en sal rosada, flor de capuchina y alcaparras de sauco. «La gastronomía boliviana está viviendo una etapa de rescate de sus raíces y su valor. Bolivia está dando los pasos necesarios para revalorizar su cocina, renovarla y convertirse en un referente gastronómico mundial», cuenta Sumaya Prado, a cargo de la comunicación de Melting Pot.

LA POLÉMICA

Pero la llegada de Gustu no está exenta de polémica. Guillermo Iraola es director de Escuela Hotelera, la primera institución de Bolivia en ofrecer capacitación profesional gastronómica. «LaNueva Cocina Boliviana comenzó entre 1995 y 2002. Muchas veces llegan supuestas cooperaciones del extranjero para revolucionar la cocina local, pero no están provocando cambios, sino aprovechando un trabajo de dos décadas en el país -se indigna-. Es una aberración que Gustu sea parte de la próxima feria Mistura, en Perú.»

Según cuenta, además, la escena de restaurantes de Bolivia está en pleno crecimiento. A la hora de recomendar, menciona a La Casa del Camba, en Santa Cruz, Jardín de Asia, en La Paz y Santa Cruz, donde fusionan sabores orientales con productos amazónicos, o Flaningan’s, «uno de los mejores restaurantes de La Paz».

ACÁ TAMBIÉN SE CONSIGUE

Los mejores cocineros porteños lo saben: para conseguir productos exóticos, en especial ajíes, maíces y papas de todos los tamaños, no hay mejor lugar que Liniers, donde se erige el barrio Boliviano. Trescientos metros, repletos de puestos con una oferta ecléctica, desde equecos hasta queso fresco, pasando por latas de leche evaporada, legumbres, hierbas aromáticas, macarrones caramelizados y habas fritas. Sábados y domingos se suman improvisados puestos de comida callejera, que ofrecen salchipapa, chicharrón de cerdo y pollo broaster. En esas calles también están los mejores restaurantes que atienden a la comunidad boliviana, además de recibir argentinos y turistas. Miriam, con dos locales en la misma calle, es el más reconocido. «Vine hace 18 años a la Argentina, empecé cocinando para los comercios y hace ocho años abrí el primer local. Yo vengo de Cochabamba, y muchas de las especialidades que ofrezco son de allí: el chicharrón de cerdo, el picante de pollo, el charquekan, el pique a lo macho», dice Miriam Flores Navia, y agrega: «No hay dudas, desde que Elba ganó en Masterchef, viene mucha más gente a comer acá».

Rodolfo Reich para LA NACION.

09.08.2014 | 00:00

Gastronomía chaqueña rescata el consumo del maní, ají y maíz

27 Ago

Imagen actual: Three ceramic bowls containing peanuts, chopped chili peppers, and corn snacks with wooden spoons inside

El guiso o agresado de mote, las chirriadas (tortillas de maíz), ensaladas de poroto, sopa de maní, mate, sábalo y una variedad de platos y repostería forman parte del potencial de la gastronomía chaqueña, que hoy se recupera para su promoción y desarrollo en esa región.

La primera Escuela de Hotelería y Turismo de Bolivia (EHT) organizó el 8 y 9 de agosto en La Paz el Primer Foro Gastronómico del Chaco Boliviano donde se expusieron los platos típicos y repostería de la zona que abarca territorio de los departamentos de Tarija, Chuquisaca y Santa Cruz.

El chef Guillermo Iraola Mendizábal, director ejecutivo de la EHT, manifestó que el objetivo de este evento fue recuperar la comida chaqueña y destacar el maní, el ají y el maíz, tres productos tradicionales y con potencial del Chaco boliviano.

Si bien se sabe que los pobladores del lugar son tendientes a las carnes, por ejemplo el cerdo y cabra a la cruz y los afamados asados chaqueños, Iraola aclaró que esta forma de preparar la comida es “más bien importada” de la gastronomía paceña o argentina. Y por el contrario, destacó que la comida típica de los pueblos indígenas guaraníes y weenhayek oferta lo suyo, en especial con una variedad de pescados.

Iraola sostuvo que a través de las investigaciones de expertos hallaron que la “sopa de maní” es un plato originario de Bolivia. Destacó que la producción de este cultivo se exporta a diversos lugares del mundo y alguna vez lo adquirió en Alemania. “Ni hablar del ají que viene del Chaco chuquisaqueño”, expresó y enfatizó su procedencia local y demanda internacional.

“Como nunca supimos que habíamos tenido 36 variedades de maíz, eso es increíble y un gran potencial para nuestro desarrollo económico”, acotó respecto a información difundida durante el foro. Vicente Cuevas Aguirre, chef argentino invitado a este evento, expresó que “al recorrer muchas regiones del país, y ahora en particular el Chaco, veo que Bolivia tiene un gran potencial gastronómico y turístico, pero le falta mucha promoción”.

En su criterio se debe aprovechar no sólo la carne del sábalo, también su cuero y hueso. Señaló que la técnica del espinado facilita sacar la carne y dejar las otras partes para utilizarlas, por ejemplo, en artesanía y prendas como carteras y cinturones.

La chef de Macharetí, en el Chaco chuquisaqueño, Elva Ruiz, resaltó el plato del guiso o agresado de tujuré (mote) que se acompaña con charque frito, cebolla, ají colorado y ajo. “Es un plato delicioso de la región”, expresó.

Sonia Caballero, profesora de la Escuela Gastronómica Municipal de Camiri (Santa Cruz), mostró las bondades de la repostería chaqueña que ahora se consume en otras regiones del país: entre otros, los bizcochos de maíz con queso, maicillos dulces, chimas de chala del maíz, tamales curtidos y humintas al horno y a la olla.

“Tenemos toda una variedad de comidas para explotar y promocionar”, resaltó Caballero.

El gas es caro y escaso en la región y aún cocinan a leña

“Somos una región petrolera, pero el gas no nos llega o llega muy caro; por eso seguimos cocinando con leña”, se lamentó la chef Elva Ruiz Valencia, quien arribó a la sede de gobierno desde Macharetí, provincia Luis Calvo del departamento de Chuquisaca.

Dijo que los camiones repartidores sólo distribuyen el energético cada fin de semana y que una garrafa se vende en Bs 35 (su precio en ciudades capitales del país es de Bs 22,50). “Somos exportadores de hidrocarburos y allí sufrimos de este producto básico para desarrollar nuestra cocina”.

Necesidades. Ruiz también indicó que en muchas poblaciones tampoco tienen energía eléctrica y que aún utilizan mechero.

El director de la Primera Escuela de Hotelería y Turismo de Bolivia (EHT), Guillermo Iraola, coincidió en que, al margen de Yacuiba, Villamontes y Camiri, las demás poblaciones del Chaco tienen múltiples necesidades.

“Los pueblos pequeños viven en situación precaria, no tienen gas para sus cocinas y la zona necesita mejoras en su infraestructura, hay un problema que el Estado debe atender”. En lo gastronómico lamentó que estas poblaciones sufran la “invasión de comidas ajenas a su cultura” y citó el consumo de sardinas y atunes en lata, fideos, arroz y otras que los indígenas consumen.

El chaco boliviano

Territorio

El Chaco abarca el territorio de Tarija y algunas zonas de Chuquisaca y Santa Cruz. Son 16 municipios con cerca de 300.000 habitantes.