El aumento del nivel del mar traerá importantes daños sociales y económicos en todo el estado de la Florida desde los Cayos hasta San Agustín.
El océano devora la costa de Miami Beach a una velocidad de 0.84 centímetros por año, lo que lleva a inversiones sin precedentes para recrear este paraíso, mientras los políticos debaten si el fenómeno es atribuible al calentamiento global.
De acuerdo con The Associated Press, las costas de Florida son conocidas ya como la “zona cero” para las inundaciones de las crecidas del mar. El aumento del nivel del mar es un fenómeno bien documentado que afecta a todo el estado de la Florida desde los Cayos hasta San Agustín, afirman expertos
Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, el mar aumentará globalmente cerca de un metro de altura el próximo siglo e indudablemente eso traerá importantes daños sociales y económicos. Las inundaciones tendrán probablemente un impacto devastador en la economía de Miami Beach en los bienes raíces y comercios que han experimentado un auge en los últimos años.
Se calcula que el aumento del nivel del mar por sí solo dañará propiedades valoradas en unos 15 mil millones de dólares a lo largo de la costa del sur de Florida. Simultáneamente la erosión costera ejercerá una enorme presión sobre el turismo de playa, una de las mayores fuentes de ingresos del área. Miami Beach activó un plan de rescate de 400 millones de dólares, que incluye soluciones para aguas pluviales y estructuras de prevención de inundaciones.
Pero esta ciudad es una de las más bajas del país, con la mayoría construida a sólo 60 centímetros sobre el nivel del mar. Científicos de la Universidad de Miami han analizado los registros de mareas, reclamaciones de seguros y pluviómetros para concluir que las inundaciones por lluvias han aumentado 33 por ciento, mientras que las inundaciones de marea repuntaron 400 por ciento desde 2006.
Pese a que muchas de las inundaciones se deben al fenómeno llamado “King Tide”, común entre octubre y noviembre, Miami Beach es una de las ciudades que presenta más riesgo por el aumento del nivel del mar debido al calentamiento global, según expertos.
El aumento del nivel del mar en la costa suroriental de Florida, donde se encuentra Miami, ha sido de 30 centímetros desde 1870, mientras que el promedio mundial fue 20 centímetros, según la World Resources Institute (WRI). El temor de una ciudad sumergida ha provocado una preocupación masiva entre los funcionarios del gobierno local, sobre todo del alcalde Philip Levine, pionero en la lucha contra el aumento del nivel del mar a través de programas de expansión y obras públicas.
“Florida necesita que (Donald) Trump la proteja del cambio climático con una pared”, dijo recientemente el alcalde Levine.
“No veo cómo esta ciudad va a derrotar el agua”, dijo Brent Dixon, un residente de Miami Beach que planea desplazarse hacia el norte lejos de la costa en previsión del empeoramiento de las mareas.
Estas preocupaciones han adquirido una nueva urgencia desde la elección presidencial de Trump, quien hace mucho tiempo es escéptico del fenómeno y dijo en 2012 que era un concepto “creado por los chinos para hacer que la producción estadunidense no sea competitiva”. Trump, un promotor de bienes raíces, es también el propietario de varias propiedades en el sur de la Florida, incluyendo Mar-a-Lago, un amplio sitio que se extiende entre el océano Atlántico y el canal intracostero en Palm Beach.
La reciente selección de Myron Ebell para liderar su equipo de transición de la Agencia de Protección Ambiental intensificó estas preocupaciones en Florida y entre muchos científicos del clima. Ebell ha ayudado a dirigir la campaña contra el consenso científico de que el calentamiento global es real y es causado por las personas.
(Fuente: sipse.com)


































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Hace ya tres años que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) alertó de que Bolivia es uno de los países que más sufre por el cambio climático y eso se ha traducido ahora en el deshielo progresivo de los glaciares y la desaparición del lago Poopó.
Cambio climático agrava la escasez de agua en Bolivia. Foto: Internet
La Razón Digital / EFE / La Paz
24 de noviembre de 2016
El cambio climático y el efecto del fenómeno de El Niño, una dispar geografía que impide un mejor aprovechamiento de las cuencas y una mala gestión institucional del sector han empeorado los efectos de la sequía en Bolivia.
Pese a estar atravesado por tres cuencas hidrográficas, parte del país padece de una brutal sequía que ha causado pérdidas agrícolas y que muchos embalses estén a niveles mínimos en las ciudades, entre ellas La Paz, donde desde hace más de dos semanas hay cortes en el suministro de agua y racionamientos por pocas horas en cisternas.
Hace ya tres años que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) alertó de que Bolivia es uno de los países que más sufre por el cambio climático y eso se ha traducido ahora en el deshielo progresivo de los glaciares y la desaparición del lago Poopó, que era el segundo más grande después del lago Titicaca.
Al respecto, un reciente estudio publicado por la Unión Europea de Geólogos cuantificó en un 43 % la disminución de los glaciares bolivianos entre 1986 y 2014, por el calentamiento global.
Los investigadores de esa institución concluyeron que la superficie que ocupan los glaciares bolivianos pasó de los 530 kilómetros cuadrados en 1986 a 300 kilómetros cuadrados en 2014.
El deshielo supone «un hecho alarmante», pero en concreto solo afecta a la provisión de agua en las ciudades andinas vecinas de La Paz y El Alto, donde viven cerca de dos millones de personas, dijo a Efe el investigador del Instituto de Hidráulica e Hidrología (IHH) de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Jorge Molina.
«Va a llegar un momento en el que el glaciar sea tan pequeño o haya desaparecido y ahí sí va a afectar a la disminución del agua disponible», dijo Molina reforzando un pronóstico que se ha repetido varias veces en las instancias científicas.
Por eso, según este experto, a partir de lo que ya ha comenzado a suceder el Gobierno debe tomar previsiones y al menos construir embalses que puedan almacenar el agua que proviene del deshielo.
Además, Bolivia vive afectada por el fenómeno climatológico de El Niño, que está provocando la peor sequía en 25 años en el país.
Molina señaló que las consecuencias de la sequía se han agravado en regiones como La Paz, Oruro (oeste) o Chuquisaca (sureste) «por la mala gestión del agua» y porque las autoridades no han hecho «una previsión adecuada» para el aprovechamiento del agua.
El propio presidente boliviano, Evo Morales, ha reconocido el mal manejo del tema por parte de funcionarios del área de regulación y de la empresa pública que atiende a La Paz y El Alto, lo que hasta ahora ha derivado en la destitución de tres autoridades por no haber lanzado a tiempo las alertas sobre el desabastecimiento.
El país andino cuenta además con tres cuencas hidrográficas muy diferenciadas, entre las que está la del Amazonas, que es la más grande del mundo y se extiende por más de la mitad del país.
Pese a tener esa disposición de agua en el Amazonas, la mayor parte de la población boliviana vive cerca de la cuenca del Plata, que tiene contaminación minera, y en la cuenca del Altiplano, que es la que más está sufriendo los efectos de la escasez del agua.
Otro investigador del sector de la UMSA, Mario Baudoin, comentó a Efe que también se debe tomar en cuenta que «el crecimiento demográfico tanto de La Paz como de otras ciudades ha hecho que haya más demanda de agua que la capacidad de las represas».
Baudoin sostuvo, además, que la sequía «se veía venir hace mucho tiempo» y achacó las malas previsiones a que habitualmente «uno no cree que la mala suerte le va a llegar, hasta que le llega».
La noche de este miércoles llovió en La Paz con granizo y truenos durante 45 minutos, pero los técnicos del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología consideraron que fue un chaparrón que no ayuda mucho porque las aguas no cayeron sobre la represa que más necesidades tiene. (24/11/2016)