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Doña Salomé es la reina de los chicharrones y los escabeches

4 Sep

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La Razón

 

Ella siempre hace rico, no hay otro lugar como éste”, aseguran sus clientes que hacen fila para conseguir los platos del local Chicharrones Originales, ubicado en el kilómetro 7 de la avenida Villazón, en Sacaba. Salomé Vargas es la dueña de este sitio, uno de los preferidos para disfrutar del chicharrón de cerdo.

“Cuatro años he pataleado para aprender a cocinar el chicharrón. Desde las 03.00 hay que trabajar para tener todo listo, la gente llega desde las 11.00 y luego no hay tiempo para nada”, cuenta Salomé, amable con sus clientes, pero de carácter fuerte cuando se trata de defender su oficio. No le gustan las filmaciones, ni las fotos. ¿La razón? El temor a que se copien los secretos de los manjares que prepara y no se igualan a otros sabores y aromas que inundan el valle los fines de semana.

Tras notar la presencia de una cámara fotográfica que ya la retrató, una sonrisa asoma a su rostro y, enseguida, un trozo de enrollado de chancho es ofrecido a la periodista. Es lunes. Las pailas están guardadas y los fogones apagados porque el día está destinado al escabeche. Tras perder el miedo, Salomé asume la conversación como si se tratará de una de sus clientes antiguas, aquellas que gozan de la “yapita” y una buena charla en quechua mientras esperan su pedido.

Dos son los locales que dirige; en el primero atienden sus hijos. “Me he venido aquí para descansar”, comenta del local Chicharrones Originales II, que está a metros del otro. “Me dicen que no es igual, que mis hijos hacen mal el chicharrón, que la mamá siempre hace original, no chusco”. Sin embargo, para la experta, sus retoños ya pasaron la prueba del sabor. “Yo he comido lo que cocinan y está bien”.

Sus chicharrones y escabeches de chancho son famosos en Cochabamba. “Debe ser porque aquí cocinamos con calma, las cosas apuradas no salen bien”. Ella cocina con ingredientes frescos que busca durante la madrugada en los mercados. Hace 22 años que prepara estas delicias en las que emplea entre 15 y 20 chanchos al día, al menos 100 kilos de carne. “De todo lado vienen, de La Paz, Tarija, Sucre, Santa Cruz; de lejos vienen para llevar a Estados Unidos, a España”.

Pero ahora piensa abandonar la faena. “El médico me dijo que ya no haga este trabajo, mis manos ya no pueden agarrar cosas calientes y me duele la espalda”, confiesa la señora bonachona. “Seguro no voy a acostumbrarme a no trabajar, mis hijos nomás ya atenderán, pero voy a estar viendo”. Aunque, admite que es posible que sus “caseritos” no la dejen descansar.

 

La salteña está en la lista de la mejor comida callejera mundial

3 Sep

Horneado. Salteñas elaboradas en la pastelería La Gaita, de La Paz.
Lonely Planet, una de las guías de viajes de bajo costo más famosas del mundo, incluyó a la salteña boliviana en su guía de La mejor comida callejera del mundo, que se vende en Europa a 18 euros, reportó ayer EFE.
“Hay muchas variantes sobre el origen de la salteña, pero tras casi dos siglos, no se puede negar que es un producto típico que se ha consolidado en todo el país. Es una buena noticia que su nombre esté en Lonely Planet”, dijo el historiador paceño Fernando Cajías.
La salteña es una empanada jugosa y rellena con una mezcla de carne, de res o pollo, huevo duro, papa, arvejas, aceitunas, ají, que se cuece en horno y que están a la venta hasta el mediodía.
Lonely Planet la describe como “pringosas” y le atribuye propiedades reconstituyentes. La versión en español de La mejor comida callejera del mundo, lanzada en inglés hace seis meses, incluye una lista y recetas de 100 tentempiés o refrigerios como, los churros españoles y sus variedades latinoamericanas, los pretzels y perros calientes en Estados Unidos, el baozi chino, un bollo al vapor con incontables rellenos. Esta guía contiene 80 especialidades saladas y 20 dulces de los cinco continentes y se promociona para la venta como el perfecto recurso para «los trotamundos gourmet». En la lista se incluyen los arancinos sicilianos —crujientes croquetas de arroz y queso fundido—, al bun cha vietnamita —elaborado con carne de cerdo picada a la parrilla— , o el chivito al pan —bocadillo de carne de ternera propio de Uruguay—, entre otros.
El escritor y crítico gastronómico británico Tom Parker Bowles, encargado de presentar la obra, anima a la gente a probar estas delicias callejeras como “la mejor forma de conocer” la auténtica esencia de un país.
Potosí, Chuquisaca y La Paz, reclaman la paternidad de la salteña y se dice que su nombre proviene de su creadora Juana Manuela Gorriti, quien nació en Salta (Argentina), y vivió en su juventud en Bolivia. “El tiempo ha hecho que la salteña sea una comida que se encuentra en cualquier lugar del país, desde Villamontes hasta Trinidad”, explicó Cajías. Cada lugar tiene su peculiaridad.
Guía. Lonely Planet, es una de las más prestigiosas del mundo
La Razón / Guadalupe Tapia / La Paz
01:26 / 24 de octubre de 2012

Suma Aycha (“Carne Buena”)

25 Ago

‘Suma Aycha’ ofrece su diverso sabor a los paladares paceños
Comunarios de Achiri producen embutidos y fiambres de carne de llama
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Fotos: Alejandra Rocabado
La Razón (Edición Impresa) / Wálter Vásquez / La Paz

Charque con maíz para el desayuno escolar, embutidos y fiambres son algunos de los productos derivados de la carne de llama “Suma Aycha” (“Carne Buena”), una marca creada por comunarios que desde 2008 trabajaron para aumentar sus ingresos mejorando la calidad de su ganado.

“Con Suma Aycha queremos darle a la gente de la ciudad, que solo consume carne de pollo, vaca o res, una alternativa para variar su alimentación y mejorar la nutrición de su familia”, explicó Javier Alarcón, gerente general de la Asociación de Productores de Camélidos de Achiri (Proca Achiri), organización compuesta por 15 familias que promueven el procesamiento de carne de llama y sus productos derivados.

“Tenemos dos objetivos principales: tener buena calidad de ganado para mejorar los ingresos y evitar la migración de los jóvenes del campo a la ciudad creando fuentes de empleo”, expresó Abraham Quelca, representante legal de la asociación.

La iniciativa nació hace siete años en Achiri, marca localizada en el municipio de Caquiaviri, provincia Pacajes (suroeste de La Paz), con el impulso de la estadounidense Samaritan’s Purse, quien apoyó a los comunarios en el mejoramiento de la producción e infraestructura para la cría de ganado camélido, en la industrialización y en la comercialización de los productos.

El primer cliente de Proca Achiri fue la Alcaldía de Caquiaviri.

“Comenzamos vendiendo charque crudo y charque con maíz precocidos, una meriendita que se consume en el desayuno escolar (de las escuelas del municipio) junto con un refresco de cañahua, que también se produce en la zona”, recordó Alarcón. Con esa experiencia, la organización decidió ingresar al mercado paceño.

Para ampliar su capacidad de producción, los afiliados de Proca Achiri construyeron una planta de procesamiento, la cual obtuvo la certificación de las autoridades departamentales y nacionales en salud, aseguró Alarcón.

MERCADO. La oferta de la planta incluye charque en lonjas, corte juliana, crocante y con maíz cocido; chorizos parrilleros, cocteleros, ahumados y frescos; lomo ahumado y fresco; cortes especiales, salchichas, salames, mortadelas y otros productos a pedido que se venden principalmente a hoteles y restaurantes que atienden a turistas y a las tiendas ecológicas.

Al comprar y consumir estos alimentos de “altísimo valor”, los paceños “están apoyando a un grupo de gente que quiere mejorar su nivel de vida en una zona ubicada a 120 km de La Paz, donde la única fuente de ingresos es la producción de camélidos”, dijo el director nacional de Programas de Samaritan’s Purse, Enrique Carrasco.

Proca Achiri (73711064 y 71995902) realizó precontratos de venta con algunos hoteles de la ciudad y con tiendas ecológicas desde el lanzamiento de la marca. “Este es un crecimiento gradual, primero será departamental y después, nacional”, indicó el gerente general de la asociación. “Ellos están trabajando continuamente en la mejora de sus productos. Hemos lanzado la marca y de aquí en adelante caminarán solos”, agregó Carrasco.

Una carne saludable

Ventajas

La carne de llama tiene más proteínas que otras carnes y por su bajo contenido en grasa no incide en la formación de colesterol, coincidieron los representantes de Proca Achiri y Samaritan’s Purse.

Proceso de producción garantiza la calidad

La calidad de los productos de carne de llama que ofrece Proca Achiri está garantizada gracias al trabajo en el mejoramiento de producción realizado desde 2008, dijo Enrique Carrasco, director nacional de Programas de Samaritan’s Purse, organización que apoya el proyecto en el que ONG y comunarios invirtieron $us 500.000.

Antes, la tasa de mortalidad del ganado de los pobladores de Achiri era muy elevada, “por el tipo de manejo que ellos hacían”; pero esa situación se revirtió con el trabajo conjunto realizado entre Samaritan’s Purse y la comunidad.

En la primera fase se contempló la introducción y conservación de alimentos y forraje, desparasitaciones, vitaminizaciones y vacunas. En la segunda se construyó infraestructura para el ganado, corrales y abrevaderos. En la tercera se procedió a la mejora de los animales con reproductores de alta calidad genética introducidos de otras zonas productoras de camélidos del país.

En la cuarta fase se dio valor agregado a la carne producida con la implementación de una planta de procesamiento, y en la última fase se procedió a la creación de “Suma Aycha”, marca comercial de la Asociación de Productores de Camélidos de Achiri.

ARANI encantada la tierra del pan y de la Virgen bella

24 Ago

Imagen actual: Large crescent-shaped loaf of bread on wooden table in bakery with bakers and bread oven in background
 

El secreto de los famosos panes de ese municipio cochabambino está en la harina de trigo salida de antiguos molinos de piedraLa Razón / Miguel E. Gómez Balboa

La tierra legendaria del pan y el viento, se hace llamar Arani, municipio del valle alto de Cochabamba en la provincia del mismo nombre. Allí, los españoles sentaron presencia desde el siglo XVI, en un territorio que recibía entonces la denominación de Saqsayjarani, que luego fue habitado por los padres agustinos y donde actualmente radica una de las imágenes más deslumbrantes de la Virgen María.

“Simplemente es bella”. Jorge Bráñez, responsable turístico de la Alcaldía araneña, no tiene más palabras para describir a la patrona de su localidad. Es secundado por el sacristán Milton Galindo: “Tiene que verla para que sepa por qué lleva ese nombre”. Ambos se refieren a la Virgen Bella o La Bella, cuidadora del antiguo templo de San Bartolomé, una advocación mariana tallada en piedra que luce una ruborosa tez morena.

El origen de la devoción se halla en suelo ibérico, según los estudios del académico boliviano Edwin Claros, específicamente en el sur de España, donde fue venerada desde el siglo XV en la ciudad pesquera de Lepe, provincia de Huelva. Allí lidera la fiesta más popular de la región, en el puerto de El Terrón, donde La Bella se habría aparecido por primera vez, reza la tradición de franciscanos y marineros.

Su adoración emigró al Nuevo Mundo junto con los conquistadores. Y llegó a Arani. Hoy, San Bartolomé es el Santuario de Nuestra Señora La Bella, efigie que lleva una corona de plata con piedras preciosas y sujeta un niño Jesús de larga cabellera. Espacio religioso edificado en 1610, por su arquitectura, platería y retablos fue declarado Monumento Nacional y Patrimonio Colonial de Cochabamba, en 1945.

La posada de los Libertadores

El óleo de Fray Bernardino de Cárdenas resalta entre los 33 de la capilla barroca. Fue él quien diseñó el templo construido por Lucas Cabral. Los cuadros, coloniales y de autores anónimos, representan los siete sacramentos eclesiásticos y muestran a los obispos que trabajaron en ese lugar que figura entre las cinco más importantes catedrales marianas del país y que conserva preciosos retablos tallados en cedro.

La celebración de La Bella es entre el 23 y 25 de agosto. Se nicia con la misa de bienvenida a los peregrinos de la población de Sacaba, en el Calvario de la Virgen, donde se venden miniaturas. El segundo día es la procesión y, la última jornada, se realiza la colorida cacharpaya, entrada folklórica con más de medio centenar de fraternidades, que despide a los que parten a los festejos de la Virgen de Surumi, en el norte de Potosí.

“O sea, es al revés de la fiesta de la Virgen de Urkupiña (a mediados de agosto en Quillacollo), que se  inicia con el baile de las comparsas y termina con la visita al Calvario”, explica Bráñez, quien cuenta que La Bella fue agasajada mucho antes que la Mamita de Urkupiña, que su romería convocaba a más fieles, hasta que un accidente de tren ocurrido en 1945 se llevó la vida de casi todos los que iban a Arani ese año.

Fue entonces que la celebración araneña decayó hasta “casi extinguirse”, relata el responsable municipal turístico, mientras que la de Quillacollo ganó seguidores.

Hasta que Arani recuperó sus tradiciones, entre ellas el festejo en honor de su patrona milagrosa. “Por eso, ahora la festividad es multitudinaria, es la segunda por detrás de la de Quillacollo, inclusive ha sido declarada patrimonio cultural”, añade Bráñez.

El campanario de San Bartolomé también guarda historias. Sus tres piezas metálicas suspendidas en las alturas anuncian a los comunarios misas, fallecimientos, problemas o cabildos, según el tono del repiqueteo aplicado por el sacristán. La más grande luce quebrada y Bráñez señala que se le extrajo una parte porque los habitantes más antiguos cuentan que su talán era tan fuerte que provocó varios abortos.

Arani es un pueblo con aires coloniales, que conserva sus casas de barro con techos de tejas. Su vocación productiva es agropecuaria: plantación de papa, maíz, trigo y cebada. Por sus tierras, antes de los españoles, caminaban los grupos étnicos chuis y cotas. Actualmente, en este municipio de 191 kilómetros cuadrados con 64 comunidades, conviven más de 11 mil personas.

Cinco kilómetros al suroeste se halla Collpa Ciaco, donde está el convento de Santa Catalina de Siena, edificado en 1570 y, tal vez, el primero que se instaló en el territorio que sería Bolivia. El inmueble que albergó a los agustinos luce olvidado, a pesar de su importancia histórica: allí pernoctaron los libertadores Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, ya que era paso obligado para arribar a la ciudad de La Plata (Sucre).

Restos de pintura mural con los colores de una antigua bandera boliviana sobresalen en un cuarto desvalijado. “Se cree que aquí durmieron los libertadores”, dice Bráñez, y la subalcaldesa Elsa Palma comenta que se busca recursos económicos para resucitar este lugar que cuenta con un patio cuadrangular  rodeado de arcos y columnas, pero plagado de hierba.

Los confines araneños atesoran más atractivos. El Elefante Dormido es un cerro cuya forma hace pensar en la figura de un paquidermo de bruces. A la par, están las haciendas de las familias Tardío y Mariscal; la primera parece un castillo medieval, y la otra, es una hacienda que perteneció a uno de los patricios que fundó Arani: Nemesio Antonio Mariscal, que posee un patio con columnas y arquerío de medio punto.

Pero, si por algo es conocido Arani es por su pan, por sus famosas, redondas y gigantes mama qonqachis, sus chamillos, tortillas, bizcochos, “frutasecas” y sus deliciosas empanadas picantes y de queso. En su gastronomía está el plato de arvejas uchu, que siempre es acompañado por las chichas kulli y amarilla, néctares del valle que uno puede degustar en los restaurantes locales.

El secreto del pan araneño

El olor a pan fresco domina una de las calles del poblado. Proviene de una de las panaderías más reconocidas del lugar, la de Reyna Camacho. El piso está regado de cientos de panes y canastas; en medio resalta Juanita Arispe, que muestra las enormes sarnas, similares a pizzas  que son elaboradas con harinas de trigo y blanca, leche, queso y manteca. “Pruebe, va a saber por qué somos conocidísimas”, invita.

El pan de Arani tiene alta demanda en  Cochabamba y otras partes del país, adonde se va la mayoría de la producción diaria. El alcalde araneño, Macario Álvarez, informa que la fama de este alimento ha rebasado las fronteras, porque hay “panaderos” que lo exportan a mercados de Estados Unidos y de Europa y que “están en la tarea de patentar la receta en el extranjero”.

“El agua y el viento son dos de los ingredientes para hacer este pan”, sostiene la autoridad. Los panaderos suman uno clave, la harina de trigo preparada en los antiguos molinos de piedra que yacen en diferentes aldeas, pero sobre todo en Pocoata, una campiña colonial que se halla a cinco kilómetros al sur y que es bañada por un riachuelo que “nunca se seca y que tiene el agua más pura de Bolivia”, indica Bráñez.

Son cinco molinos en los cuales los lugareños muelen el trigo. Las aspas y maquinaria vetusta son impulsadas por la fuerza de las aguas del río que baña Pocoata.

“Éste es el principal secreto del pan de Arani, sus molinos y su harina de trigo”, complementa Bráñez, de manera que el patrimonio está a salvo, pese a aquellos “malos panaderos” arriba mencionados.

Ahora, la idea es impulsar un plan turístico que incluya la visita a estos molinos, donde los visitantes sean parte de la producción del delicioso pan araneño. Más aún, explica el alcalde Álvarez, con la cooperación italiana se arma un circuito que toma en cuenta a otros municipios del valle alto: “Arani promocionará su pan; Punata, su rosquete; Cliza, sus pichones y su carne, y Punata, su chorizo”, enumera.

A la par, en suelo araneño, un empresario pocoateño ha comenzado la edificación de un complejo turístico con “piscinas naturales”. “Es que tenemos todo, historia, paisaje natural, árboles frutales por todo lado, rica gastronomía y atractivos turísticos únicos. Y, sobre todo, a nuestra Virgen, La Bella, que seguro bendecirá todos estos sueños”, comenta Bráñez de esta tierra.

La intensa gastronomía boliviana se alía con la «Pachamama» en la feria Tambo

22 Ago

La intensidad de la desconocida cocina boliviana se despliega desde hoy en la feria gastronómica Tambo, donde a casi 4.000 metros de altura los rituales culinarios se entrelazan con los ritos andinos y el culto a la fértil «Pachamama», la madre tierra.

La Razón Digital / EFE, Lorena Cantó / La Paz

18:13 / 16 de octubre de 2013

La intensidad de la desconocida cocina boliviana se despliega desde hoy en la feria gastronómica Tambo, donde a casi 4.000 metros de altura los rituales culinarios se entrelazan con los ritos andinos y el culto a la fértil «Pachamama», la madre tierra.

Y como muestra, en la inauguración de este encuentro el corte de la cinta fue sustituido por una tradicional ofrenda a la «Pachamama» en la que no faltaron los fetos de llama y la hoja de coca, que ardieron regados con alcohol en agradecimiento a los alimentos de todo el país que se cocinarán estos días en Tambo.

Con la vecina Perú convertida ya en una potencia gastronómica y con México y Brasil a la zaga, Bolivia ha decidido no quedarse atrás en la carrera por conquistar los paladares de todo el mundo.

Su mejor baza es, sin duda, la enorme variedad de productos con los que cuenta un país con una de las biodiversidades más ricas del mundo, de la exuberante amazonía a las llanuras o el altiplano, cuna de la quinua.

Esta riqueza hace que en Tambo y sin salir de Bolivia, el visitante pueda probar truchas del lago más alto del mundo, el Titicaca (3.800 metros sobre el nivel del mar), atreverse con la carne de lagarto procedente del amazónico Beni y regarlo todo con cerveza de quinua real.

«Estamos ahora en la investigación de las recetas de nuestros ancestros y en enfocar nuestra cocina al exterior. Antes era algo tabú, que provocaba rechazo, olvidando los valores de la cocina boliviana», explicó a Efe el cocinero Humberto Chavarría, de la Asociación de Chefs de Bolivia.

Más de 90 platos diferentes y 150 expositores son las cifras de una feria que en su primera edición, el año pasado, recibió a 90.000 visitantes, y que presume en esta nueva convocatoria de ser la primera en el mundo que usa platos y vasos biodegradables.

Pero quizá su principal reclamo es que plasma fielmente la idiosincrasia boliviana y la celebración de la vida a través de la comida.

Tambo huye de la pompa y circunstancia de otros encuentros gastronómicos y ofrece al visitante un cien por cien de autenticidad, con una fiel representación de la comida de la calle, porque es en los puestos callejeros de comida tradicional donde cada día miles de bolivianos llenan el estómago.

Y por eso no podían faltar las mejores «comideras» del país, mujeres que se ganan la vida vendiendo comida casera en humildes puestos y que estos días ofrecen sus viandas en Tambo, tras recibir formación sobre manipulación de alimentos.

Allí está, por ejemplo, doña María Luisa Quino de Bazán ofreciendo su pantagruélico puchero carnavalero de Cochabamba, a base de frutas, chuño (patata desecada), arroz y «unos garbanzos con juguito».

La cocinera explicó a Efe que este guiso debe acompañarse de «garapiña», una bebida de fresa, coco, especias y maíz morado macerado en alcohol que por fresca y sabrosa entraña cierto peligro si el propósito es mantenerse sobrio.

Tampoco falta en Tambo el tradicional «chancho a la cruz» del sur y el oriente bolivianos, un cerdo entero cocinado en cruceta durante siete horas capaz de sacar los colores al célebre cochinillo segoviano.

Para regar la comida, la feria ofrece desde el clásico singani, un licor de uva comparable al pisco, a la novedosa cerveza de quinua o los atrevidos licores de «mocochinche» (bebida a base de durazno seco y canela) que elabora «Warisñaqui», palabra que en quechua significa «caerse de nariz».

Otros de los expositores presentes en este encuentro prefirieron dar un giro vanguardista al recetario boliviano.

Así, los seguidores de las últimas técnicas pueden probar el «huacataya roll», una suerte de sushi de lagarto frito, arroz, palta y vinagreta de locoto (ají), o el «churrasquito roll», con lomo de res al punto, tomate, lechuga, yuca frita y salsa chimichurri.

De postre, el restaurante Gustu de Klaus Meyer, copropietario del danés Noma (número dos del mundo según la revista Restaurant), ofrece en Tambo pastelería tradicional con un toque boliviano, como los etéreos «macarons» franceses que ellos han rellenado con achote y banana.

Como colofón, una banda de chefs desfilaba por la feria aporreando el tambor y otros instrumentos, porque si hay algo que los bolivianos adoran además de la comida, es el baile.