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Aprender de las dietas mediterránea y japonesa para una vida sana

12 Abr

COLUMNA:Por José Graziano da Silva *

José Graziano da Silva

José Graziano da Silva/Crédito FAO

ROMA, may 2015 (IPS) – En el último medio siglo, los estilos de vida cambiaron radicalmente. La esperanza de vida aumentó casi por doquier, pero vino acompañada de un incremento de las llamadas enfermedades no transmisibles (como las cardiovasculares, las respiratorias, el cáncer o la diabetes), que cada vez provocan más muertes en todo el mundo.

Mi distinguida colega, Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha calificado el incremento mundial de las enfermedades no transmisibles (ENT) como “una catástrofe a cámara lenta”.

Si estas enfermedades fueron consideradas en su día el azote de los países desarrollados, esto ha dejado de ser cierto; ahora afectan de manera desproporcionada a los países de bajos y medianos ingresos, donde se producen casi tres cuartas partes de las muertes relacionadas con estas enfermedades, 28 millones al año.

Gran parte del aumento de las ENT se puede atribuir a las dietas poco saludables. La OMS estima que 2,7 millones de muertes al año obedecen a dietas bajas en frutas y hortalizas.

A nivel mundial se estima que las dietas no saludables provocan aproximadamente 19 por ciento de los cánceres gastrointestinales, 31 por ciento de las enfermedades isquémicas del corazón, y 11 por ciento de los accidentes cerebrovasculares, haciendo de las ENT relacionadas con la dieta una de las principales causas evitables de mortalidad en todo el mundo.

En otras palabras, nuestra dieta determina nuestra salud.

Y así como la mala alimentación puede causar enfermedades, las dietas saludables pueden contribuir a una buena salud.

Pero, ¿en qué consiste exactamente una dieta saludable? Se trata de una pregunta difícil. En general, una dieta saludable debe proporcionar los nutrientes adecuados en cantidades adecuadas y con suficiente variedad, limitando la ingesta de azúcares libres a menos de 10 por ciento de las necesidades energéticas totales, y manteniendo la ingesta de sal por debajo de cinco gramos al día.

Sin embargo, no existe una única dieta saludable. Una dieta saludable debe ser asequible, debe basarse en alimentos disponibles a nivel local, y debe satisfacer las preferencias culturales.

Durante más de 20 años la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha trabajado, junto con la OMS, con los gobiernos en las directrices dietéticas nacionales basadas en los alimentos: consejos breves y con base científica sobre alimentación saludable, en consonancia con los valores, costumbres y tradiciones locales.

Las comidas saludables no siempre saben igual o tienen el mismo aspecto. Tomemos, por ejemplo, las dietas mediterránea y japonesa: son muy saludables y completamente diferentes.

La dieta mediterránea se basa en el consumo de legumbres, cereales, frutas y hortalizas, aceite de oliva, pescado, y el consumo moderado de productos lácteos (sobre todo queso y yogur). Hace hincapié en alimentos vegetales no elaborados, como frutas y hortalizas, además del consumo de legumbres, frutos secos, cereales y otras semillas; el aceite de oliva es la principal fuente de grasa, y se trata de grasa no saturada.

Por su parte, la cocina japonesa se suele asociar al sushi (pescado crudo con arroz) y al sashimi (marisco crudo fresco). La dieta japonesa se basa, al menos, en siete ingredientes: pescado como fuente principal de proteínas; hortalizas como el rábano japonés y las algas marinas; arroz; soja (tofu, miso, salsa de soja), fideos, frutas, y té, preferiblemente verde.

Las dietas japonesa y mediterránea son ejemplos de dietas saludables. Emplean una amplia variedad de ingredientes; son ricas en alimentos vegetales como hortalizas y frutas, legumbres y fibras, no incluyen mucha carne roja, y utilizan muchas hierbas y especias naturales para sazonar los alimentos en lugar de sal.

Ambas dietas están vinculadas a los pueblos y a las culturas, tanto como a su entorno natural. Por ello, no es ninguna sorpresa que las dos hayan sido incluidas en la Lista Mundial del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, La Ciencia y la Cultura).

Los beneficios para la salud de las dietas japonesa y mediterránea son prometedores. Los japoneses disfrutan de una de las esperanzas de vida más longevas del mundo: 87 años para las mujeres y 80 años para los hombres. En los países mediterráneos, como Italia y España, las mujeres tienen una esperanza de vida de 85 años. En el caso de los hombres italianos se cifra en los 80 años, lo mismo que los varones japoneses.

Todos están por encima de la media de los países de altos ingresos: 82 años para las mujeres y 76 para los hombres.

La investigación médica también indica que la dieta japonesa conlleva la menor prevalencia del mundo de obesidad -solo 2,9 por ciento de las mujeres japonesas- y otras enfermedades crónicas como osteoporosis, enfermedades del corazón y algunos tipos de cáncer.

Por otro lado se sabe que, si se sigue la dieta mediterránea durante unos años, se reduce el riesgo de desarrollar enfermedades del corazón, cáncer, hipertensión, diabetes de tipo 2, las enfermedades de Parkinson y Alzheimer.

En definitiva, adoptar una dieta saludable no solo ayuda a vivir más tiempo, sino que también permite disfrutar de una mejor calidad de vida. Por el contrario, una dieta inadecuada provoca malnutrición y puede exponer a diversas enfermedades no transmisibles.

Una paradoja moderna es que muchos países –incluyendo aquellos en desarrollo– sufren por una parte de subalimentación y, por otra, de obesidad y de enfermedades no transmisibles.

Y aunque la principal preocupación de la FAO es erradicar el hambre en el mundo, no podemos separar la seguridad alimentaria de la nutrición. La FAO -junto con otros organismos de las Naciones Unidas- considera la seguridad alimentaria y nutricional como un derecho humano básico.

En todo caso, el coste de la malnutrición va más allá de la salud del individuo: afecta a la sociedad en su conjunto en términos de gasto sanitario público y pérdida de productividad y, por tanto, es un asunto que debe abordarse mediante una acción pública y coordinada.

La Segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición (CIN2), celebrada en noviembre del año pasado y organizada conjuntamente por la FAO y la OMS, lanzó un mensaje claro en este sentido.

Los dos documentos finales de la CIN2, la Declaración de Roma sobre la Nutrición y el Marco de Acción, comprometen a los líderes mundiales a formular políticas nacionales encaminadas a erradicar la malnutrición y a lograr que haya dietas nutritivas al alcance de toda la población.

Un mensaje clave de la CIN2 es: los gobiernos tienen un papel fundamental que desempeñar en la creación de un entorno alimentario saludable que permita a las personas adoptar hábitos alimentarios sanos.

Sí, son los consumidores los que deciden qué comer, pero es responsabilidad del gobierno habilitar un entorno propicio que fomente y posibilite opciones saludables.

(*) José Graziano da Silva, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO),

(FIN/IPS)
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7 pasos para ser feliz en un mundo pequeño y local

12 Abr

“Vamos a tener que renacionalizar y relocalizar todo el sistema productivo a medida que se demuestre que el alto precio del petróleo hace inviable seguir globalizando la economía (…) Eso significa que en las Navidades del 2010, amigo, ya no va usted a poder comer mangos (…) Yo de pequeño, en Navidad en Toronto, la única fruta que tenía era la compota de manzana en tarro de mi abuela.

A eso volvemos: a relocalizar y aproximar la producción al consumidor: EL MUNDO ENCOGERÁ. América no podrá permitirse importar como ahora 6.000 millones de dólares de comida china (…) No habrá más remedio. Lo exótico será de nuevo exótico… Y caro. Y lo local y artesano volverá a ser lo cotidiano… Como en nuestra infancia”
Jeff Rubin

¿Qué tiene que ver la globalización con la cocina alternativa? Pues mucho, porque dicen los expertos que en breve dejaremos de comer cerezas en navidad y volveremos a las conservas caseras de antañoporque la economía low cost y de consumo desenfrenado es insostenible, llegará a su fin y la globalización ciega pasará el relevo a la comunidad y la proximidad.

El teórico principal de esta corriente es el canadiense Jeff Rubin, economista, experto energético y autor de “Por qué el mundo está a punto de hacerse mucho más pequeño” para quien el origen de la crisis económica no han sido las llamadas “hipotecas basura” sino el agotamiento del petróleo y que augura unretorno al MUNDO LOCAL: alimentos cercanos que no hagan miles de km, la vuelta de los artesanos y la fabricación en la comarca, usar menos el coche, trabajar más cerca de casa y volver a hacer vida comunitaria.

Lo que está claro es que, sea por el ocaso del petróleo o no (estos autores no contemplan otras hipótesis energéticas como la energía libre), llevar una vida más sencilla y cercana a la naturaleza es una opción sana para todos que puede solucionar muchos de los males del mundo.

Y en la ilustración superior* se detallan 7 pasos para ser feliz en un mundo pequeño y local. Apostamos por ello:

1. Consumir productos de temporada. De este modo retomamos el contacto con las estaciones, cada una de las cuales nos premia con sabores y aromas varios

2. Descubrir las tiendas de barrio. Aunque ofrezcan precios algo más elevados que las grandes superficies, el trato familiar nos procura la sensación de pertenencia a la comunidad

3. Caminar más. Si nuestro trabajo está demasiado lejos para ir en bicicleta, como mínimo en el tiempo libre deríamos practicar el ejercicio más suave y saludable del mundo: caminar. Entre media hora y una hora diaria es una buena tónica

4. Trabar amistad con vecinos. Es muy agradable coincidir en la calle con personas con las que tenemos algo en común. Para ello, formar parte de algún club o asociación local sirve para estrechar lazos con personas cercanas

5. Conocer mejor nuestro entorno. Podemos pasar la vida en un sitio pero limitar los pasos a las mismas calles y lugares. Antes de salir a explorar el gran mundo, deberíamos conocer los secretos del pequeño mundo que nos rodea

6. Hacer fiestas en casa. Para no relacionar el hogar con la monotonía, invitar amigos a cenar u organizar veladas literarias es una manera de disfrutar de los placeres sencillos y a la vez sofisticados

7. Leer y escribir. Puesto que vivir en un mundo pequeño no implica ser estrecho de miras, un libro es la manera más cómoda y ecológica- y a menudo intensa- de viajar. Por el mismo motivo, al compartir nuestros pensamientos por escrito, por ejemplo a través de correo electrónico, ampliamos nuestro círculo social sin salir de casa.

Ilustración tomada de la revista Mundo Nuevo

Entrevista a Jeff Rubin

VENTA ONLINE de “Por qué el mundo está a punto de hacerse mucho más pequeño”

http://www.lacocinaalternativa.com/2012/08/05/7-pasos-para-ser-feliz-en-un-mundo-pequeno-y-local/

SALUD Yoga y Estiramiento alivian el Dolor de Espalda Crónico

12 Abr

———-Tanto las clases regulares de yoga como las de ejercicios de estiramiento alivian el dolor y mejoran la movilidad en las personas con problemas crónicos en la parte baja de la espalda, según indica una investigación estadounidense.El estudio, publicado en Archives of Internal Medicine, observó a más de 200 adultos con dolor en la parte baja de la espalda y halló que quienes practicaban ambos tipos de actividad informaban más mejoras en los síntomas después de tres meses que los pacientes que sólo recibían un libro con consejos sobre cómo prevenir y controlar el dolor. «Aquí hay una opción que vale la pena probar», dijo Karen Sherman, del Group Health Research Institute en Seattle, quien dirigió el estudio. El hallazgo de que el yoga y el estiramiento tengan efectos prácticamente iguales implica que probablemente es el estiramiento en el yoga -y no los componentes de la práctica ligados a la relajación o la respiración- lo que ayudó a mejorar los síntomas vinculados con el dolor y la funcionalidad, indicaron los expertos. Para el estudio, el equipo dividió a 228 adultos con dolor de espalda de larga data en tres grupos. Los pacientes de los primeros dos grupos asistieron a clases semanales de yoga o de estiramiento durante 12 semanas y se les pidió que practicaran por su cuenta entre clases, sobre todo focalizados en elongar y fortalecer la parte baja de la espalda y las piernas. Los pacientes del tercer grupo recibieron un libro con ejercicios relacionados al dolor de espalda y consejos de estilo de vida, además de información para manejar los ataques de dolor. Luego del programa de 12 semanas, las personas que habían asistido a las clases grupales presentaban resultados mucho menores en un cuestionario que midió cuánto el dolor interfería con sus actividades diarias. El cuestionario calificó el nivel de «discapacidad» diaria en una escala de cero a 23, donde 23 era la más severa. A las 12 semanas, los grupos que habían ejercitado habían pasado de una calificación inicial de 10 entre quienes hacían yoga o 9 en el grupo de estiramiento a entre 4 y 5 en ambos grupos. Las personas que recibieron el libro comenzaron con un registro promedio de 9 y a las 12 semanas habían bajado a alrededor de 7. El 60 por ciento de las personas del grupo que hizo yoga informó mejoras en el nivel de dolor, comparado con el 46 por ciento en la cohorte que realizó ejercicios de estiramiento y apenas el 16 por ciento de quienes sólo recibieron el libro. Tres meses después del final de las clases, las mejoras en los síntomas eran similares en las personas que habían hecho estiramiento o yoga, y eran mejores en el grupo sin ejercitar. «Sabemos desde hace tiempo (…) que el ejercicio es bueno para aliviar el dolor de espalda», dijo Timothy Carey, de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, que escribió un comentario publicado junto al estudio