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Claus Meyer impulsa apertura de Restaurant

18 Ago

Claus Meyer: propietario del mejor restaurant del mundo: Impulsa la apertura de un restaurant y una escuela de comida en La Paz

El ecochef danés Claus Meyer es nada menos que el propietario del NOMA, el mejor restaurante del mundo 2010.

Premiado por su talento por valorizar la cocina nórdica a partir de la elaboración de propuestas de arte culinario con virtudes de exquisito gusto para el paladar pero también de fuerza simbólica y estética. Este cocinero de ligas mayores eligió Bolivia como su nuevo laboratorio de alquimias gastronómicas. El fin es proyectar al mundo una cocina boliviana con identidad, sello país y gran poder de seducción a partir de ingredientes de alto valor orgánico. “Está muy bueno, se siente sutilmente la sal” esa es la respuesta del chef y empresario danés Claus Meyer luego de la degustación de un pedazo de chocolate fino de “El Ceibo”, elaborado con 75% de cacao y con sal del gran Salar de Uyuni.

Para este experto culinario no sólo el gusto y el placer deben estar detrás de un bocado, “es necesario que el plato cuente una historia, no es suficiente que me guste en la boca, me tiene que tocar el corazón” dice con la convicción de quien sabe enaltecer los sabores y los aromas por la experiencia exquisita de su paladar y por todo lo que estos representan culturalmente. “Noma”, El valor de los ingredientes autóctonos El éxito de NOMA, restaurant abierto el año 2003 en Copenhague por Meyer y René Redzepi, reside en el protagonismo que alcanzan en los productos sencillos de los que echan mano estos artistas del sabor y cuyo primer valor es que son autóctonos.

Así refleja el experto gastrónomo Philippe Regol el proceso creativo al que son sometidos los humildes ingredientes que llegan al NOMA (desde una simple hierba o alga hasta uno noble como el pescado de las islas Feroe, región autónoma del Reino de Dinamarca):”El país entero está en el plato (servido en el NOMA) con su historia culinaria y su paisaje: ahumados, encurtidos, huevas de lump, remolacha etc. Una cocina del territorio pero filtrada y sublimada por la mirada rabiosamente moderna del cocinero.”

René Redzepi, a quien su socio y amigo Claus considera “un genio”, está calificado por la crítica internacional como el cocinero escandinavo más famoso de la historia y de hecho el que ha puesto a Dinamarca en el mapa de la gastronomía mundial. Así habla Meyer de los inicios y consolidación de lo que más tarde sería el restaurante número uno del mundo, el NOMA (Nordic Mada que en danés significa comida nórdica). “Nosotros rechazabamos todo lo que en cocina no era danés, lo francés, lo español, lo italiano, etc.. fuera de aquí dijimos, sólo teníamos la col de invierno, no teníamos trufas, no teníamos foi gras, teníamos también los granos secos que estuvieron abandonados por décadas.

esto nos forzó a hacer platos cuya base era la col, comprobamos entonces que podíamos seducir a los mejores gastrónomos del mundo con modestos ingredientes, un poco de sal, un poco de crema y sobre todo con ingenio y creatividad para la transformación, así logramos sorprender al mundo entero.” NOMA, logró llegar a la cima del ranking de arte culinario luego de una votación mundial en la que participaron más de 800 chefs, críticos y expertos del sector.

El premio S.Pellegrino de la revista británica ’Restaurant’, que elige anualmente a los 50 establecimientos más destacados del planeta, ponderó la valoración que hace el local de Copenhague de una cocina nórdica con materias primas de exclusivo origen danés. Durante los últimos años Claus Meyer ha contribuido decisivamente a desarrollar el concepto gastronómico Nordisk, una línea Gourmet, que conecta a pequeños productores nórdicos con el mercado gourmet internacional. Aunque los productos tienen diferentes procedencias y proveedores, tienen en común que su sabor e historia transmiten los valores y calidades de la nueva gastronomía nórdica, su demanda sigue creciendo.

¿Por qué eligió ser un ecochef?

”Porque comí m… durante mis primeros 19 años. Decidí irme de Dinamarca a Gazcuña en Francia. Allí pasé un año de mi vida, era el paraíso, me dije porque comer tan mal, si se puede comer como un príncipe, y tener una mejor vida? Entonces volví a mi país con la idea de transformar la sociedad”.

¿Por qué Bolivia?

Atraído por la existencia de productos orgánicos no siempre bien valorados y por la falta de oportunidades para miles de jóvenes de escasos recursos Claus Meyer decidió escoger a Bolivia como el país en el que erigirá su próximo sueño: una escuela gastronómica boliviana con una expresión de identidad propia. “Dijimos, ¿dónde podemos hacer algo para un pueblo que tiene necesidades y qué país sería el mejor para recibir lo que le podemos aportar en el dominio de “saber hacer” para transformar su cultura culinaria y ayudarla a encontrar su propia identidad en este mundo que es cada vez más globalizado? la cocina boliviana no es conocida y si nosotros aportamos nuestro sentido para la transformación de la materia prima en cooperación con los artesanos, los chefs, los aprendices de esta nación, creo que podemos lograr mucho en el plano turístico y en la valorización de todo lo que es materia prima” revela.

Meyer estuvo en La Paz cuatro días en diciembre de 2010. Este escaso tiempo fue muy bien aprovechado en conversaciones y vivencias con pequeños y medianos productores e instituciones como Nuevo Norte que comparten su visión y concepto de emprendimiento a partir del valor auténtico de los productos. En uno de esos encuentros, de inmediato se le reveló que existe una interesante oferta rural, como es el caso de la leche, la lechuga y la trucha, productos de altura que se generan en Batallas, municipio del Altiplano de La Paz.

Con certeza vio en estas personas potenciales cómplices de sus ya encaminadas ilusiones. “Ya estuvimos buscando locaciones para instalar en aproximadamente un año y medio nuestro restaurante, nuestro café Bistrot y nuestra panadería-pastelería” confiesa decidido. El artista culinario, tocado por la poderosa fuerza alimenticia de la quinua, anuncia que este será el primer producto elegido para sus creativas propuestas gastronómicas “La idea es comenzar con la quinua y si es ella la que abrirá las puertas de otro de los mejores restaurantes del mundo tanto mejor, pero si no, hay que buscar alternativas en el camino”.

Mientras se pasea por la exclusiva y recientemente inaugurada tienda WALISUMA (“lo mejor que tenemos” en lengua aymara), proyecto impulsado por Nuevo Norte, va tocando y sintiendo el espíritu de las artesanías, tejidos, carteras y otros expuestos que, además de calidad, muestran cabalmente el valor ancestral y cultural de pueblos nativos de regiones occidentales y amazónicas de este país. ”No es suficiente hacer lo que hacían nuestros abuelos, ahora hay que hacer otras cosas más para impresionar al mundo. Como en esta tienda hay que poner en escena los valores naturales y culturales en los comestibles.” Sentencia.

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Manifiesto del Movimiento de Integracion Gastronomica de Bolivia

28 Nov

Marcelo Uribe del Programa DTR-IC/Rimisp y Anahí Reyes de la Asociación de Chefs de Bolivia, leen los puntos del Manifiesto del MIGA. Foto Fundación Melting Pot Bolivia.
18-10-201218-10-2012
MANIFIESTO DEL MOVIMIENTO DE INTEGRACIÓN GASTRONÓMICA DE BOLIVIA
1. Ser incluyente y convertirse en fuente y símbolo de orgullo y unificación entre bolivianos.
2. Realzar la diversidad de los productos nativos y locales, las prácticas culturales, y productivas y fomentar la sostenibilidad al vincularlos con la gastronomía boliviana.
3. Combinar la búsqueda del gran sabor con la importancia de la salud humana y el medio ambiente.
4. Revalorizar los saberes gastronómicos regionales de la tradición popular y salvaguardarlos como patrimonio cultural nacional.
5. Reflejar en la Gastronomía Boliviana la diversidad de los productos según pisos ecológicos, estacionalidad y modos de preparación, particulares de nuestro país.
6. Proponer estilos de cocina sobre la base de técnicas e ingredientes originarios y locales, que también tomen en consideración tendencias mundiales.
7. Generar una cultura de calidad gastronómica por medio de la educación a nivel de estudiantes, productores, cocineros, comercializadores, autoridades y consumidores.
8. Promover la investigación, documentación y difusión de la gastronomía.
9. Fomentar una relación fraterna, fiable y cooperativa entre todos los actores de la cadena gastronómica.
10. Reconocer, fortalecer e integrar los movimientos regionales gastronómicos y productivosRepresentantes del Gobierno Autónomo de La Paz y Lars-Hnrik Worsoe del Consejo de Cooperación de la Embajada de Dinamarca expresaron su orgullo por el éxito de la feria. De allí los jóvenes integrantes de la Escuela de Cocina GUSTU, acompañados por Claus Meyer, se acercaron al escenario para recibir un prolongado aplauso del público que había gozado de su cocina durante los tres días de la feria. De repente la sala empezó a rebombar con ritmos de la región de los Yungas dada la majestuosa entrada del grupo afro-boliviano de Saya, con la cual se finalizó el Simposio.Rafael Lindemann, Programa DTR-IC/RIMISPhttp://www.rimisp.org/proyectos

Un Chef ‘Top’ quiere transformar Bolivia

27 Feb

 

Mery Vaca. La Paz

El Deber

Los aromas del chancho a la cruz, del saice tarijeño, del majadito cruceño y hasta el sábalo del Chaco se funden en una especie de sinfonía gastronómica en el Parque Urbano Central de La Paz, donde decenas de restaurantes de lo mejor de la comida boliviana, además de centenares de chefs y expositores, participan del Primer Encuentro Gastronómico Tambo 2012.

Pero esta historia no comienza en la sede de Gobierno de Bolivia, sino en Dinamarca, donde hace 47 años nació el chef Claus Meyer, copropietario del mejor restaurante del mundo, el Noma, asentado en Copenhague, según la clasificación de la guía San Pellegrino en 2010 y 2011.

Meyer logró una profunda transformación, no solo gastronómica, sino también económica en su país gracias a la comida. Algo parecido hizo el chef Gastón Acurio en Perú al encabezar una revolución gastronómica que le ha dado a la comida criolla de su país un estatus refinado e internacional.

Meyer cree que “el tiempo ha llegado” para Bolivia. Se dispone a contar sus planes a EL DEBER mientras almuerza un platillo a base de quinua y cerdo acompañado de refresco de mocochinchi.

“Todos los bolivianos saben crear movimientos, pero no hemos visto aún un movimiento que cambie el destino de Bolivia”, dice Meyer, convencido de que la transformación que quiere para la comida, la cocina, los productos y los restaurantes logrará lo que no pudieron hacer ni la política, ni las grandes revoluciones sociales de la historia nacional.

Mientras Meyer habla, un enjambre de chefs llegados desde toda Bolivia corre de un lado para el otro atendiendo a los sorprendidos comensales paceños que, tal vez, por primera vez degustan un chicharrón con carne de lagarto o un plato de kalapurka.

En este inusual y pionero encuentro gastronómico que cierra hoy, además de la feria de comida, hay una rueda de negocios, una sala de exposición de productos y un simposio, del cual participan los más importantes chefs bolivianos y algunos extranjeros.

Meyer es el alma de esta movilización gastronómica que da sus primeros pasos. Dice que podría tomar entre 5 y 15 años la consolidación del proyecto porque “no es fácil”.

Y él sabe de lo que habla cuando se refiere a las dificultades. En su infancia comía muy mal, a sus 14 años sus padres se divorciaron y se marchó a Francia con la idea de que “era bueno para nada”, como le dijo su padre. Pero se convirtió en chef y hasta compró una isla en su país para experimentar con el cultivo de manzanas, que hasta entonces eran importadas.

Ahora Dinamarca exporta las manzanas de Meyer. El equivalente en Bolivia a esas manzanas, dice, es la quinua. Desde que el proyecto de Meyer comenzó en Bolivia hace dos años, ha descubierto que hay más de cien variedades de quinua.

Pero, detrás de la quinua menciona una lista de ingredientes bolivianos que podrían ser los protagonistas de la revolución que se avecina. Chirimoya, piña, mangos, café silvestre y, cómo no, la carne de llama, la reina del altiplano.

Los ojos le brillan y se imagina un “jamón de llama”. Y, de lo que Bolivia ya tiene en su mesa, lo que más le gustó a Meyer es el tatú que comió en las Cabañas del Piraí, en Santa Cruz.

Durante este tiempo, ha hecho un recorrido por gran parte de Bolivia saboreando la comida, tanto en finos restaurantes como en puestos callejeros. Ha invertido $us 600.000 en este proyecto. Si el sueño se hace realidad, en 5, 10 o 15 años existirá una marca Bolivia en la gastronomía mundial.