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La Antártida, en alerta frente al cambio climático

6 Mar

 

 

La Antártida, en alerta frente al cambio climático

El considerado sexto continente, que anteriormente estaba totalmente cubierto de hielo, ahora esta perdiendo su manto blanco por el cambio climático

El aumento de la temperatura, el derretimiento de los glaciares, lluvia en lugar de nieve y la polución de la atmósfera: el cambio climático produce en la Antártida trastornos muy claros que alarman a los científicos.

«Cuando llegué a la Antártida en los años 90 jamás llovía. Hoy llueve con frecuencia en vez de nevar«, dice con preocupación el director del Instituto Antártico Argentino (IAA), Rodolfo Sánchez. A 1.000 km del extremo sur del continente americano, el archipiélago Shetland del Sur está en primera línea: en un siglo la temperatura media aumentó 2,5 grados centígrados.

El derretimiento de los glaciares preocupa a los científicos: los paisajes otrora de un blanco inmaculado dejan ver flancos de montañas y riberas con sombras. «Los glaciares llegaban hasta la costa, pero ahora hay una playa de 500 metros», observa el experto señalando el gigantesco glaciar próximo a la base científica argentina Carlini, donde la mayoría de las investigaciones versan sobre los efectos del cambio climático.

De diciembre a marzo, las temperaturas son más clementes durante el verano austral y los científicos trabajan en los laboratorios de la base, una de las 13 argentinas del también conocido como sexto continente.

Intrusos en Malvinas

Por tercer año consecutivo la isla del Rey Jorge, también llamada 25 de Mayo, fue testigo del desembarco de nuevos ocupantes. Una pareja de pingüinos reales tomó el hábito de venir a reproducirse cerca de la base Carlini. Es aún demasiado pronto para afirmar que ello es resultado del calentamiento global, pero es una hipótesis.

Esta especie habita por lo general sobre el continente, en la Patagonia o en el archipiélago de las Islas Malvinas, cuya soberanía se disputan Argentina y el Reino Unido, a 2.000 km de distancia y en un clima menos frío. Un intento de colonización británica, ironiza un científico argentino. A finales del siglo XX, las bases militares se transformaron en laboratorios donde se estudia el futuro del planeta.

«La Antártida es el termómetro que indica cómo cambia el mundo. No hay lugar en el mundo donde sea más evidente el cambio climático«, afirma Adriana Gulisano, física de la Dirección Nacional Antártica. «Y no hablo de variación climática, sino de cambios estadísticamente significativos. Hay un alza de la temperatura media, y la retracción de los glaciares es tremenda».

El derretimiento de los glaciares modifica la salinidad del agua y altera los microorganismos, el krill que se reproduce debajo del hielo y del cual se alimentan los mamíferos marinos. «Menos hielo quiere decir menos krill para las ballenas, los pingüinos, las focas y toda la cadena alimentaria», destaca Rodolfo Sánchez.

Debajo del hielo, dinosaurios

El retroceso de los glaciares pone manos a la obra a los paleontólogos. Antaño, los dinosaurios poblaban la Antártida, antes de la glaciación, en los tiempos en que había bosques donde se alimentaban. Fue hace 75 millones de años. «Los indicios están en el hielo«, dice Marcelo Reguero, paleontólogo que trabaja desde 1986 en la Antártida.

Al pie de la montaña Tres Hermanos, que domina la base Carlini, las construcciones rojas parecen cajas dispersas sobre una elevación desde donde se ve la playa sembrada de rocas volcánicas negras y bloques de hielo.Los científicos vislumbran los abastecimientos de provisiones que llegan por barco o helicóptero.

Los desechos son guardados mientras se espera la reparación de un rompehielos para que los lleve al continente.La población de científicos y militares, que aseguran la logística, puede llegar al millar durante el verano en las 13 bases.Quizás atracan algunos turistas. El turismo se ha desarrollado en el continente blanco. Entre 30.000 y 40.000 amantes de las sensaciones extremas llegan cada año desde Ushuaia, en la Patagonia, en cruceros-rompehielos.

En la base Carlini, Maria Marta Martorell, bióloga, trabaja en microorganismos que puedan ser utilizados en la industria farmacéutica y en otros capaces de limpiar la contaminación por hidrocarburos «con resultados prometedores». El sexto continente es considerado la tercera reserva de hidrocarburos del mundo, pero su explotación está prohibida en virtud del Tratado Antártico de 1959.

En la Antártida, a miles de kilómetros de los grandes centros industriales, un estudio italo-argentino estableció que la concentración de dióxido de carbono va creciendo. «Es por los flujos de circulación atmosférica. Las emisiones globales afectan a la Antártida«, dice Adriana Gulisano.

«Si en las zonas periféricas de la Antártida la temperatura media aumenta, baja cuanto más nos acercamos al polo sur. ¿Por qué? es la pregunta del millón, eso investigamos», explica.

AFP

Nieva en el Sáhara por segunda vez en la historia

5 Mar

Nieva Sáhara

La imagen es impactante: un manto blanco sobre la arena naranja. Hablamos de la nevada que cayó sobre la ciudad argelina Aïn Séfra, situada a 1.000 metros de altura. Solo se recuerda algo similar en 1979

Internet es el lugar donde todo cabe. Es el cajón de sastre en el que verdades y mentiras se cubren con el mismo velo de información. Algunas imágenes parecen sacadas de la más profunda de las ficciones, de un mundo en el que lo imposible y lo factible se confunden. O si no, ¿creerías si dijéramos que ha nevado en el Sáhara?

Por mucho que cueste creerlo, esto sucedió nada más y nada menos que el pasado lunes. Un frío y ligero manto blanco cubrió el 19 de diciembre la roja arena convirtiendo el paisaje en un inesperado escenario digno de película de ciencia ficción.

La estampa fue captada por Karim Bouchetata, un fotógrafo aficionado. El emplazamiento de esta espectacular escena es la ciudad argelina de Ain Séfra, considerada una de las puertas al vasto desierto africano.

Pese a que la localidad está situada a unos 1.000 metros de altura sobre el nivel del mar y a ser próxima al Atlas, la nieve queda lejos de ser un fenómeno habitual en la ciudad. La última nevada registrada de cierta importancia que se recuerda tuvo lugar en 1979 y sólo duró media hora.

Algunos copos cayeron en 2005 y 2012, pero nada comparado a esta ocasión. No, no ha sido una gran nevada, pero ha sido suficientemente abundante para tejer una tela de nieve sobre un terreno más relacionado con el calor extremo.

Nieva en el Sáhara

Los habitantes de Ain Séfra pudieron gozar de este espectáculo natural durante todo el día, hasta que el calor derritió la nieve, volviendo a convertir en imperante el naranja cobrizo de la arena sahariana.

Y es que, que nieve en el desierto es un fenómeno extraordinario. “Parecía increíble cómo la nieve se posó en la arena”, comenta el autor de las fotos en el diario ‘Today’. Este fenómeno también podría tener un alto valor científico, puesto que, según este mismo diario, puede ser una confirmación de la teoría de que en 15.000 años el desierto del Sáhara volverá a ser verde. Pero eso sólo el tiempo lo dirá.

(Fuente: lavanguardia.com)

 

 

Lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico

4 Mar

Estas son las consecuencias de un Ártico enloquecido

Salvar el Ártico es salvar el planeta, nos dicen y repiten hasta la saciedad los científicos y grupos de activistas. Es un entorno frágil y desestabilizarlo supone enloquecerlo de un modo quizá irreversible, tal y como está empezando a ocurrir.

Su deshielo parece inevitable, según la ciencia, pero ralentizarlo supondría mucho. Sobre todo, porque, como dicen Greenpeace, “lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico” y, de no actuarse de forma urgente y efectiva, su impacto será devastador.

Apocalíptico pronóstico de Greenpeace

Greenpeace, en efecto, tituló su campaña con el mencionado eslogan. En un impactante vídeo que se difundió hace apenas medio año podemos ver una simulación gráfica de los posibles impactos que provocaría el deshielo de la región ártica en el resto del mundo.

Mostrarnos de forma visual (ver vídeo al final del post) cómo acabarán ciudades como Londres, Sevilla, Miami u otros lugares costeros o especialmente vulnerables como un bosque ártico o un campo de arroz, pongamos por caso, es una forma mediática de hacerlo.

Pero los cambios serán globales, no uniformes, pero sí lo suficientemente generalizados como para temer sus efectos, según confirman evidencias científicas. De igual manera que el deshielo del Ártico traerá consecuencias en cadena inimaginables en los distintos ecosistemas, ahora mismo imposibles de predecir.

Tráfico marítimo y explotación de recursos

El deshielo, como es sabido, ha abierto el tráfico en aguas árticas de forma inédita para el hombre moderno. El avance del deshielo ya ha hecho posible la ruta del norte y del noroeste, utilizadas para el transporte de mercancías. De hecho, el tráfico marítimo ya se ha incrementado, y con ello también la actividad pesquera, el turismo y la minería.

A ello hay que añadir la cada vez mayor necesidad de recursos que se tiene, lo cual lleva a poner los ojos en regiones vírgenes como ésta, entre otros objetivos para realizar exploración de gas y petróleo. Son actividades económicas y humanas que suponen un importante impacto ambiental y que, de no restringirse con el suficiente rigor, acelerarán su explotación y declive.

En la región ártica ello supondrá la desaparición de numerosas especies, entre ellas el oso polar, tanto por el aumento de las temperaturas como por la falta de fuentes de alimentación. Actualmente, solo quedan 26.000 en todo el mundo y se trata de una especie en inminente peligro de extinción, al tiempo que están amenazadas otras muchas que pertenecen a este ecosistema único, un auténtico santuario de vida salvaje.

No en vano, el impacto ecológico del deshielo afecta a todo el ecosistema ártico, desde el microscópico plancton hasta la composición bioquímica del agua o al comportamiento migratorio de las ballenas. De un modo u otro, nada impedirá que se produzcan cambios drásticos en la flora y fauna, amenazando sobre todo a las especies autóctonas más antiguas.

Entre otros efectos a nivel ambiental, una creciente explotación de recursos también acelerará el deshielo, con lo que las consecuencias, a la postre, agravarán las previstas en caso de seguir avanzando el cambio climático al ritmo actual.

Más calentamiento, más patógenos

Como hemos apuntado, la región ártica se calienta de forma especial. Se trata, en efecto de la región del planeta que más sufre el calentamiento global a consecuencia de un efecto denominado amplificación, básicamente por su menor capacidad para rebotar la radiación solar. Así pues, se produce un mayor calentamiento y también se acelera el deshielo, lo cual puede ayudar a desarrollar la reactivación o desarrollo de patógenos. La velocidad a la que allí aumentan las temperaturas ya ha provocado casos de ántrax, y los científicos advierten de la posibilidad de que el cambio climático pueda traer también numerosas bacterias y “virus gigantes”.

Por otra parte, el deshielo en la zona ártica dispara el avance del cambio climático. Junto con la liberación de metano y carbono atrapados en el permafrost (capa de suelo helado), el deshielo intensificará los efectos del cambio climático, apunta un informe (2015) de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Un colosal coste económico

La ciencia también ha calculado cuánto nos costará a nivel económico el deshielo del ártico, si bien solo de forma aproximada. Según investigadores de la Universidad de Cambridge y de Rotterdam el impacto económico del deshielo del permafrost, superará los 45 billones de euros. Una cifra que solo cuenta el efecto del gas de efecto invernadero en las economías, por lo que el resultado se multiplicaría si sumáramos otros aspectos en realidad más graves, como son los efectos de la subida del nivel del mar o de la acidificación de las aguas.

Igualmente, se liberarán a la atmósfera decenas de gigatoneladas de metano que permanecía atrapado en el hielo, un potente gas de efecto invernadero, con lo que ello supondrá en cuanto a costes asociadas a un aumento de las emisiones. De hecho, se acelerará el proceso del cambio climático. Greenpeace, por su parte, considera que para los países de la Unión Europea los costes directos de la subida del nivel del mar rondarán los 17.000 millones de euros anuales en el 2100. Y, lógicamente, los efectos del deshielo se agravarán en los países más pobres, donde más se van a sufrir los efectos del cambio climático.

Un Ártico totalmente enloquecido

A nivel global, los efectos del deshielo son cada vez peores. Si hace nada las predicciones daban un cierto respiro, sin dejar de advertir que habíamos entrado en una “espiral descendente”, ahora no dudan de que estamos en una cuenta atrás. En palabras de Carlos Duarte, oceanógrafo, director del Centro de Investigación del Mar Rojo y catedrático en la Universidad Rey Abdullah de Ciencia y Tecnología, en Arabia Saudí:

“Nos encontramos un Ártico completamente enloquecido. No existe ahora mismo un modelo de predicción. Tenemos un problema, se nos ha ido de las manos.”

Aun así, “todavía estamos a tiempo de parar los efectos del cambio climático”, concluye Duarte. Proteger el Ártico, la zona del planeta que más rápido se calienta, en definitiva, significa frenar el cambio climático y, con ello, también sus efectos. Aunque la ciencia afirma que el deshielo completo del Ártico es inevitable, el futuro de nuestro planeta a corto y medio plazo implica actuar de forma decidida.

Entre otros aspectos claves, invertir en energías limpias es clave. Apostar por las fuentes de energía limpias y renovables ayudaría a reducir la contaminación y también a detener el cambio climático. Una necesidad cada vez más perentoria, ante la que debe responder el mundo actuando de forma conjunta.

 

http://www.alertacatastrofes.com

 

Estudio europeo alerta de disminución dramática de los glaciares en Bolivia

3 Mar

 

 

Medio Ambiente
  • Laguna Isquillani en la Cordillera Apolobamba, mayo de 2011.| Foto: cambioclimatico-bolivia.org
Publicado el 20/10/2016

LA PAZ |

Un estudio elaborado por la Unión Europea de Geólogos y difundido por la revista The Cryosphere concluyó que los glaciares bolivianos encogieron un 43 por ciento entre 1986 y 2014, una tendencia que seguirá su curso si continúa el aumento global de las temperaturas.

El catedrático de la Universidad Metropolitana de Manchester (Reino Unido) y coordinador del estudio, Simon Cook, alertó que el retroceso de los nevados «deja tras de sí lagunas que pueden desbordarse llevándose por delante pueblos e infraestructuras situados aguas abajo».

El informe señala que esta circunstancia también amenaza el abastecimiento de agua para consumo, riego y producción de energía hidroeléctrica, ya que por ejemplo entre el 15 por ciento y el 30 por ciento del abastecimiento de agua al área de La Paz y El Alto, que supera 2 millones de habitantes, procede del deshielo estacional.

Los geólogos midieron el área ocupada por los glaciares en el país utilizando imágenes captadas por el satélite Landsat, del programa de observación de la tierra del Servicio Geológico de Estados Unidos y la NASA.

De esta manera, concluyeron que la superficie que ocupan los glaciares bolivianos disminuyó desde 530 kilómetros cuadrados en 1986 hasta 300 kilómetros cuadrados en 2014.

El equipo investigador alertó del peligro que un eventual desborde de las lagunas puede traer, especialmente para zonas aisladas.

En este sentido, el estudio identificó diversas lagunas y embalses que corren este riesgo, pero señaló que se sabe poco de las consecuencias de estos fenómenos, llamados «inundaciones catastróficas», así como de las consecuencias del deshielo para el abastecimiento de agua.

El investigador del Instituto Boliviano de la Montaña y coautor del estudio Dirk Hoffmann, documentó en 2009 una inundación de estas características en el área montañosa de Apolobamba, que causó muerte de ganado, destrucción de cultivos y la incomunicación de un pueblo durante meses por la destrucción de una carretera.

«Al ser localidades muy aisladas, alejadas de ciudades, las autoridades a nivel nacional y la población en general no son conscientes de los peligros a los que se enfrentan estas comunidades de montaña a causa del cambio climático y no se están tomando las medidas adecuadas», lamentó Hoffman en declaraciones a Cryosphere.

EFE

Crisis del agua: La Paz sufre la peor sequía en cuarto siglo

2 Mar

 

Por la sequía de las represas y falta de previsiones, 94 barrios de la ladera Este y la zona Sur son afectados por el racionamiento de agua. Hay emergencia nacional. EPSAS está en la mira.

Crisis del agua: La Paz sufre la peor sequía en cuarto siglo

 

Freddy Barragán / Página Siete. Ajuan Khota se redujo a su mínima expresión, en la represa mayor apenas queda un charco de agua estancada.

Leny Chuquimia Periodista
El 8 de noviembre, la Empresa Publica Social de Agua  y Saneamiento (EPSAS) anunciaba a los paceños un racionamiento de agua en 94 barrios de la ladera Este y la zona Sur. La causa, una baja en el embalse de todas las represas que alimentan la planta de Potabilización   de Pampahasi, que distribuye el líquido a más de 256 mil habitantes. Por primera vez, una ciudad preparada para lidiar con el exceso de lluvias tuvo que enfrentar su escasez.
Para la gestión 2015-2016, el gobierno municipal  presentó un plan de emergencias previendo una dura época de lluvias. El pronóstico contemplaba un exceso de precipitaciones capaz de ocasionar mazamorras, derrumbes   y desbordes de  ríos.  Sin embargo, las descargas pluviales  fueron  mucho menores a las esperadas y las represas mermaron sin que EPSAS alertara sobre la situación.
Reportes  oficiales señalan que Bolivia enfrenta una de las peores sequías del último cuarto de siglo. Ésta,   sumada a una ola de calor extremo, resultado del  cambio climático,  afecta a siete de los nueve departamentos del país. Embalses secos y racionamiento son muestras de ello.
La dimensión del problema se puso en evidencia  el mismo día en que se aplicó el racionamiento.  «Para mí es como un terremoto,  no calculamos, no estaba en nuestras previsiones que nos falte agua. Nos ha sorprendido”, afirmó el presidente Evo Morales.
Espejos de agua que desaparecen
 Incachaca, Hampaturi y Ajuan Khota son las tres represas que alimentan al Este y al Sur  de La Paz. En menos de dos meses, sus embalses se redujeron  hasta llegar, respectivamente al 8%, 5% y 1% de su capacidad. Por falta de recursos, ninguna de ellas puede mantener el suministro.
  La reserva mayor,  Ajuan Khota, presenta un panorama apocalíptico.  Ha quedado al descubierto el fondo de lo que fue una laguna de  cuatro millones de metros cúbicos. La tierra mezclada con piedras pizarra azuladas evidencia al menos tres capas de agrietamientos.
    Apenas unos   charcos de agua estancada quedan de la  reserva que hasta hace poco alimentaba  a la represa de bajo Hampaturi. La sequedad es notoria en el viento que arrastra grandes cantidades de polvo.
En las otras dos represas -Incachaca y Hampaturi- el suelo es fangoso. Del agua que las colmaba sólo queda  tierra, piedras  y arena.   Los afluentes  que desembocan en estas lagunas artificiales también están secos. De los bofedales  ya no hay rastros.
Pero éstas no son las primeras reservas hídricas que desaparecen. A finales de 2015 el lago Poopó empezó un proceso de desertización que durante meses dejó al descubierto una capa blanca de sal granulada. «Siempre han dicho que el lago iba a secarse y convertirse en un salar, pero no pensamos que sería tan pronto”, dijo en enero   el comunario  Sinforiano Lima.
Los más afectados fueron los  Urus Muratos de Puñaka Tinta María, que ante la desaparición de su fuente de vida se declararon en emergencia. Aseguraron que la sequía y los desvíos de  ríos -que alimentaban al segundo espejo de agua más grande de Bolivia-  eran las causas.
Estudios de la Universidad Técnica de Oruro (UTO) corroboraron esa hipótesis y añadieron a las causas el alza de temperaturas. Empero, con el argumento de que la sequía se trataba de un  evento cíclico, el Gobierno  aseguró que  el lago reviviría  «como  sucede  cada cierto tiempo”.
El experto  de la UTO Willy Camargo explicó  que hay al menos cuatro variables para el desastre ambiental. Identificó la disminución de sus afluentes por el desvío del río Desaguadero como la causa principal.
«El problema del Poopó, y de cualquier lago en el mundo está  fundamentalmente en  los límites   mínimos de caudal que  se precisa    para  que el lago  se desarrolle normalmente. Si hay un caudal bajo, la evaporación por causa del incremento de temperaturas es mucho mayor, por lo que éste se seca”, dijo.
  Hace unos meses la Laguna Colorada -que se encuentra en la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Abaroa- presentó los mismos síntomas: aguas que retrocedieron,  afluentes insuficientes y un incremento de las temperaturas. Pese a las denuncias,  desde el Ministerio de Medio Ambiente se explicó que el espejo de agua se encontraba en una etapa de recuperación en comparación a otros años.
En Cochabamba, tras la muerte masiva de peces, aves y ranas por altos niveles de  contaminación, la sequía agravó el problema. Para septiembre, el agua retrocedió al menos tres metros de la orilla norte dejando  tierra agrietada y fauna en estado de descomposición, que se convirtió en un foco de infección.
Había alertas, y no pocas, sobre la amenaza a las represas paceñas. Esos caudales, sin embargo, se secaron sin que las autoridades  tomen previsiones para evitar la crisis.
 La Paz sin agua
En enero, el lago Poopó  se había convertido en una enorme planicie  en la que reposaban  decenas de barcas  abandonadas donde permanecían   redes de pesca, mantas y utensilios  de cocina. Todo intacto   como si  el agua hubiera desaparecido junto al pescador en unos segundos. En medio de esos vestigios, desde San Agustín de Puñaka, Aurelio Poma avanzaba en su bicicleta. A cuestas trasladaba un bidón con cinco litros de agua que había conseguido  a poco más de una hora de viaje y que  debía alcanzar  para él, su esposa y sus hijos.
  Hasta entonces, situaciones como ésa eran impensables en las ciudades. Sin embargo, desde noviembre la búsqueda de agua se ha convertido en la tarea diaria para los vecinos de al menos 94 barrios de La Paz.
«Todos los días tenemos que ir a buscar  un poco de agua. Las wawas son las que sufren porque no hay con qué darles de comer”, es la queja de don Aurelio Nina, habitante de Villa Salomé,  que se repite en tres de cada 10 habitantes de la hoyada.
Durante el primer mes del racionamiento,  conseguir agua se convirtió en una odisea que se desarrollaba  en medio de protestas, bloqueos y marchas vecinales. El primer cronograma de EPSAS fijaba 12 horas de corte del suministro día por medio.
Sin embargo, la empresa no cumplió esos horarios y a falta de reservas en las represas endureció los cortes dando   sólo tres horas de provisión cada tercer día. Pero ni con los nuevos cronogramas se pudo resolver la situación, especialmente la de  los barrios más alejados que desde el inicio de la racionamiento no volvieron a recibir el líquido por red.
Ante el desabastecimiento y las protestas de la población, EPSAS decidió poner en marcha un plan de distribución  por medio de cisternas y tanques que instaló en los barrios.   «Hemos tratado de llevar una hasta Villa Salomé pero en el camino los vecinos nos han detenido y han vaciado toda la cisterna”, comentó Rolando Espinoza desde la fila de espera  para aprovisionarse del tanque estacionario de Pampahasi.
  Desde su domicilio en Villa Salome, hasta este punto Espinoza debe caminar cada día al menos 30 minutos cargando baldes con el recurso en el camino de regreso. En ocasiones  alcanza a obtener el líquido y en otras debe esperar a que el tanque sea recargado.
 En los 94 barrios que sufren el racionamiento se han instalado 44 tanques estacionarios y  37 membranas de alta capacidad  de almacenaje de agua.  En todos los puntos el panorama es similar: hay gente con baldes, tachos y botellas esperando su turno. Los que tienen  vehículos logran acopiar el líquido en recipientes más grandes, los demás reciben sólo lo que pueden acarrear.
 La falta de agua no sólo  afectó en las tareas cotidianas de las familias. En cinco regiones, el fin del año escolar tuvo que ser adelantado del 7 de diciembre al 25 y 30 de noviembre; mientras que algunos hospitales reprogramaron cirugías ante la dudosa calidad del agua.
   «No hay brote epidemiológico;   pero estamos en una situación de emergencia. Hay que ser claros con la población: estamos viviendo una situación de emergencia”, afirmó a mediados de noviembre el jefe de la unidad de Salud Ambiental del ministerio del área, Daniel Cruz.
EPSAS en la mira
 Ante el  creciente problema, el 16 de noviembre el presidente Evo Morales anunció  la destitución de Benecio Quispe y Rudy Rojas cabezas de  la Autoridad Reguladora de Agua (AAPS) y EPSAS, respectivamente. En su lugar ingresaron Víctor Rico y Humberto Claure, ambos nombrados por el Ministerio de Medio Ambiente y Agua.
Siguió una serie de denuncias de sueldos de más de 32.000 bolivianos en EPSAS y contrataciones políticas y no técnicas. El 23 de noviembre, el gerente regional de El Alto, Roberto Rojas, fue destituido por «falta de capacidad técnica”. Actualmente las exautoridades, afrontan varios procesos por incumplimiento de deberes y atentado a la salud.
Emergencia de alcance nacional
Tras dos semanas  de  racionamiento en La Paz,   desabastecimiento de agua en Sucre y Potosí, peleas entre mineros y campesinos por el control de escasos ojos de agua, el 21 de noviembre el Presidente  declaró la emergencia nacional por sequía. «Hay que estar preparados para lo peor”, advirtió.
En un sobrevuelo  por todas las represas de La Paz y El Alto  -incluidas Tuni Condoriri y Milluni- y, principalmente, la cuenca Hampaturi Morales corroboró que las denuncias de sequía que en su momento se consideraron exageradas eran una penosa realidad. «Tengo que decir la verdad, sólo queda esperar las lluvias y la mejor forma de atender la falta de agua es con cisternas.
Pensamos en bombear agua, pero  las lagunas están secas”, aceptó.
Tras la declaratoria de emergencia, el Gobierno creó el Gabinete del Agua, a la cabeza del ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana. Inmediatamente las Fuerzas Armadas tomaron el control de la distribución  por tanques y cisternas custodiadas de conscriptos.
 Entre controversias, vehículos repartidores de combustible arribaron a la sede de Gobierno desde el interior del país. Se cuestionó su procedencia y la calidad del líquido que brindaban a los ciudadanos de La Paz y El Alto, municipio al que el racionamiento fue extendido.
En medio del conflicto, los intereses políticos salieron a flote cuando  EPSAS, mediante un comunicado, prohibió que las cisternas de la Alcaldía distribuyan agua a los barrios afectados y que los 500 funcionarios ediles sigan brindando su apoyo. El argumento fue que la comuna «buscaba protagonismo”.
«Es absurdo e irracional rechazar la ayuda de cisternas que a los paceños les hacen falta. La crisis no está bajo control, aún hay filas, bloqueos y vecinos molestos porque no reciben el líquido”, reprochó en respuesta el alcalde Luis Revilla.
  El 9 de diciembre la ministra de Medio Ambiente y el alcalde Revilla retomaron la coordinación.
Entre pronósticos y ruegos
Lunes 7 de noviembre. Entre lágrimas un grupo de niños suben al cerro de Tarvita en Chuquisaca. Postrados en rodillas claman al cielo por lluvia. «Agua Tatay, tenemos sed.
Perdónanos por todo lo que hemos hecho. ¡mandanos agua Tatay!”, ruegan.
Uno de ellos lleva en sus manos una cruz y llora: «Tengo sed, mi vaquita se está muriendo”.
Sus padres ruegan en otro de los cerros. Elevan oraciones en quechua y aseguran que continuarán con el pedido hasta que el cielo les dé agua. Siete meses antes,  pobladores de Mojocoya del mismo departamento, también peregrinaron a los cerros pidiendo ayuda.
A ocho horas de viaje, en Sucre,  las protestas vecinales se masifican porque desde mediados de octubre  no hay agua. Lo mismo se vive en Potosí donde parte de la urbe ya no tiene acceso ni a las cisternas.
En La Paz y El Alto, hace unas semanas decenas de amautas    subieron al Huayna Potosí, al Illimani, al Mururata, al Tuni Condoriri,  los cerros guardianes. Recogieron agua en vasijas y con ella realizaron un gran ritual para convocar a la lluvia.
 El Senamhi pronostica  que las lluvias  se incrementarán en diciembre y enero. Hasta entonces, el Gobierno trabaja en perforación de pozos y captación de ríos y lagunas.
A finales de 2015 los pronósticos  anunciaban que  el fenómeno del Niño ingresaría al país con  granizo, olas de calor  y sequías extremas. También hubo otras alertas pero ni ruegos ni pronósticos fueron efectivos.
¿Se pudo prevenir la crisis del agua? Autoridades  se contradicen
 Desde el inicio de la crisis, la ministra de Medio Ambiente, Alexandra Moreira, y  el presidente Evo Morales aseguraron que se enteraron de la crisis el mismo día del racionamiento. El exdirector de la AAPS, Benecio Quispe, que a un principio señaló que EPSAS no comunicó la situación,  manifestó después, que él alertó sobre el problema.
«EPSAS nunca  ha reportado que las represas estaban en nivel tan bajo”, sostuvo antes de su destitución.
Sin embargo, tras el anuncio de un proceso penal, aseguró  que  Moreira, en septiembre ya «estaba informada” sobre la emergencia. «El 9 de septiembre enviamos a la Ministra un reporte indicando cuál es la situación de EPSAS”, sostuvo.
Al respecto, la Ministra reiteró que ella no conocía la situación. «Si la alerta se hubiese dado, se hubiese planificado para evitar el racionamiento. Eso no debería haber pasado ni con 94, ni con 30, ni 20 barrios… con nadie”, dijo.
La autoridad señaló que en los reportes que recibió  en septiembre mostraban niveles de oferta acuífera superiores a los de la demanda. Quispe insistió. «No sólo estaba informada, sino tiene la obligación de estarlo porque al ser  cabeza del Ministerio  es titular del 100% de las acciones de EPSAS”, dijo.
El 1 de diciembre, el Presidente anunció proyectos para garantizar la provisión de agua a La Paz.
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http://www.paginasiete.bo/sociedad/2016/12/19/

 

Geocientíficos anonadados descubren una ‘corriente en chorro’ de hierro fundido en el núcleo de la Tierra

1 Mar

 

 

EL FLUJO CORRE HACIA EL OESTE, POR DEBAJO DE ALASKA Y SIBERIA, A 3.000 KILÓMETROS BAJO LA SUPERFICIE DE LA TIERRA.

Un grupo de científicos parece haber identificado una característica desconocida del núcleo de nuestro planeta. El estudio, publicado en la revista Nature Geoscience, detalla evidencia de una “corriente en chorro” de hierro líquido que fluye hacia el oeste, por debajo de Alaska y Siberia, a 3.000 kilómetros bajo la superficie de la Tierra, informa The Independent.

El descubrimiento surgió de una serie de medidas tomadas por los satélites Europe’s Swarm, que ofrecen un mapa del campo magnético de la Tierra, para entender mejor cómo funciona éste. Los científicos estiman que el chorro fluye a unos 50 kilómetros por año.

 

“Podría no sonar como una gran velocidad para quienes estamos en la superficie de la Tierra, pero hay que recordar que se trata de un metal líquido muy denso (…) Probablemente sea el movimiento más rápido que podemos tener en cualquier lugar dentro de la Tierra”, explica a BBC el Dr. Chris Finlay, coautor del estudio y académico de la Universidad de Dinamarca.

En cierto modo, el flujo de hierro líquido se parece a la corriente atmosférica –un cinturón de aire a una gran altitud que permite a los aviones viajar más rápido a sus destinos.

Los científicos creen que el chorro tiene unos 420 kilómetros de ancho, aproximadamente. “Es probable que la corriente en chorro haya estado ahí por cientos de millones de años”, dice el principal autor del paper, Dr. Phil Livermore, de la Universidad Leeds.

Se cree que la corriente se creó debido a su proximidad con dos regiones diferentes en el corazón de la Tierra. Cuando el hierro fundido se acerca a los bordes de cada lado se impulsa hacia afuera formando una corriente de chorro.

El profesor Rainer Hollerbach, también de la Universidad Leeds y coautor del estudio, dice que para que el impulso para que el fluido se mueva podría venir de la flotabilidad, o bien podría estar provocado por los cambios en el campo magnético en el núcleo.

FtE: El Ciudadano