Las Tawa-Tawas son similares a las galletas europeas. Son servidas normalmente en epoca de Todos Santos.
INGREDIENTES
2 tazas de harina
2 cucharillas de levadura en polvo
1 cucharilla de sal
1 cucharda de mantequilla
2 huevos
1/2 taza de agua o leche
2 tazas de manteca o aceite para freir
1 taza miel de caña para bañar
PREPARACIÓN
Cernir en una fuente la harina, la levadura en polvo y la sal, agregar la mantequilla y mezclar bien.
Añadir los huevos ligeramente batidos, el agua o la leche poco a poco mezclando muy bien, hasta tener una masita suave.
Sacar de la fuente a la mesa enharinada y amasar un poco, dejar reposar por unos diez minutos envuelta en un secador para que seque un poco.
En la mesa enharinada, poner una mitad de de la masa y adelgazar ha hasta el grosor de un cuarto de centímetro, o sea muy delgada. Cortar en rombos de cinco centímetros de lado mas o menos, poner esta masa ya cortada sobre un repasador, mientras se adelgace y corte la otra mitad de la masa, y los recortes que queden.
Poner en una olla de freír o una sartén honda toda la manteca o aceite y cuando esté ya bien caliente freír varias masitas a la vez; la mayor parte se inflan completamente, dependiendo ésto de que la manteca o aceite esté muy caliente, cuando se doren de un lado revolver para que se doren del otro.
Sacar de la sarten, escurrir en una coladera, después sobre papel sábana, finalmente poner en una fuente y rociar con toda la miel. Si se quiere espolvorear con azúcar molida.
Las cocadas son pequeños bocadillos los cuales se pueden preparar fácilmente. Son ideales para un postre o para la fiestas de los niños y también es uno de los dulces de Todos Santos
Ingredientes:
3 tazas de coco rallado
1 taza de leche condensada
1 huevo
1/4 cucharilla esencia de almendra.
Preparación:
Mezclar en una fuente, el coco rallado, la leche condensada, el huevo y la esencia de almendra hasta que todo quede bien unido.
Dejar reposar unos dos a tres minutos.
Enmantequillar una lata de hornear
Con dos cucharillas, poner unos montoncitos de la preparación en la lata, no muy separados.
Hornear a horno suave por veinticinco minutos o hasta que estén doradas, secas y suaves al mismo tiempo.
Cernir la harina y mezclarla con la margarina, que se forme como arena. Formar una corona y agregar al centro la levadura, el azúcar y la sal. Incorporar los huevos, el colorante y la canela molida e ir mezclando con la leche poco a poco.
Sobar bien y dejar descansar 15 minutos, el mismo procedimiento 4 veces. Formar bolas del tamaño de las figuras que desee armar, dejar madurar 30 minutos.
Con las caritas de estuco que venden en esta época se dan formas de guaguas, caballos, escaleras, etc.
Pasar con huevo batido por encima para que tenga brillo. Colocar en horno moderado de 15 a 20 minutos.
Cada 1ro de noviembre en esta parte del mundocelebramos el día de todos los santos, en el altiplano peruano y boliviano aprovechamos en visitar las tumbas de nuestros difuntos para limpiarla, adornarla y sobre todo recordar “a quien en vida fue”.
El origen de esta celebración es católica, pero gracias a la santa inquisición, y otras atrocidades, es que los nativos enmascaraban sus celebraciones ancestrales en ritos católicos, en muchas partes del mundo también recuerdan a sus muertos en esa fecha, pero aquí es particularmente especial.
Al visitar el cementerio los deudos suelen preparar comida (pan, bizcochuelo, empanadas, galletas y otros) por tres años seguidos después del fallecimiento y ofrecerla como agradecimiento a cambio de un rezo en el altar del difunto, la preparación de estos alimentos puede seguir incluso muchos años después, pero sin la necesidad de ofrecerlos en el cementerio. El cementerio es abarrotado de gente y todos participan visitando altares de amigos, familiares y también desconocidos.
El bizcochuelo que se prepara en esta fecha es el mas preciado por que es muy sabroso y escaso. Al preparar todos esos alimentos debe participar toda la familia, generalmente contratamos un horno rustico y el panadero nos guía con la compra de ingredientes y la preparación. Es toda una fiesta!
Para hacer el bizcochuelo deben batirse 40 huevos con azúcar suficiente, todos los miembros de la familia participan del batido por que es muy duro y debe ser constante hasta que llegue a un punto razonable para mezclar el resto de ingredientes (harina de maíz, polvo de hornear, alcohol, leche, y otros que no recuerdo muy bien).
Una vez listo se vierte el batido en cajas de papel armadas previamente, de una buena batida pueden salir 24-28 bizcochuelos, nosotros obtuvimos 21 solamente, para una familia numerosa 24 bizcochuelos no es nada, y deben prepararse mas batidos para cubrir la demanda, el trabajo es duro pero vale la pena por que no hay mejor bizcochuelo (o pan) que el preparado por uno mismo.
El horno no debe estar muy caliente, como ven es un horno rústico, aquí algunas tomas adicionales:
El próximo año documentaré mejor esta fiesta por que hay muchos detalles mas, quienes saben de este acontecimiento en el altiplano verán a este post muy pobre.
Update, aquí dejo la receta:
Gracias a Fany del Pilar Choque (*)
BIZCOCHUELOS
18 A 20 CAJITAS (como las de la foto)
INGREDIENTES:
1 Kilo de harina de almidon o maicena
30 huevos (de campo)
1 Kilo de azúcar blanca
1 copa de pisco
2 sobres pequeños de polvo de hornear.
Jugo de 6 limones
Anís
PREPARACIÓN:
En un recipiente grande batir las claras de los 30 huevos hasta que estén a punto de nieve.
Ir agregando poco a poco las yemas sin dejar de batir, ni perder la consistencia de la mezcla.
Agregar el azúcar poco a poco, sin dejar de batir hasta que la mezcla esté homogénea.
Utilizamos un cernidor o colador para añadir a la mezcla la mandioca y el polvo de hornear, a la vez se le añade el jugo de limón más la copita de pisco, sin dejar de mezclar.
Colocamos la mezcla en los moldes enharinados, esparcimos un poco de anís en la superficie para que le dé un sabor más agradable.
Los metemos a un horno rústico con una temperatura regular, no muy caliente, por lo menos por 15 minutos.
(*) Fany comenta: Resaltan los que hacen los bizcochuelo “con énfasis” que los huevos deben ser de preferencia de gallinas de campo o criadas por uno mismo, porque “dicen” que sus yemas tienen mejor color (más anaranjados), esto para que los bizcochuelos salgan con un aspecto más apetecible.
Cernir en una fuente la harina, la levadura en polvo y la sal, agregar la mantequilla y mezclar bien.
Añadir los huevos ligeramente batidos, el agua o la leche poco a poco mezclando muy bien, hasta tener una masita suave.
Sacar de la fuente a la mesa enharinada y amasar un poco, dejar reposar por unos diez minutos envuelta en un secador para que seque un poco.
En la mesa enharinada, poner una mitad de de la masa y adelgazar ha hasta el grosor de un cuarto de centímetro, o sea muy delgada. Cortar en rombos de cinco centímetros de lado mas o menos, poner esta masa ya cortada sobre un repasador, mientras se adelgace y corte la otra mitad de la masa, y los recortes que queden.
Poner en una olla de freír o una sartén honda toda la manteca o aceite y cuando esté ya bien caliente freír varias masitas a la vez; la mayor parte se inflan completamente, dependiendo ésto de que la manteca o aceite esté muy caliente, cuando se doren de un lado revolver para que se doren del otro.
Sacar de la sarten, escurrir en una coladera, después sobre papel sábana, finalmente poner en una fuente y rociar con toda la miel. Si se quiere espolvorear con azúcar molida.
UCHÚ LLAJUA DE TODOS SANTOS EN SAN PEDRO DE BUENA VISTA
Ingredientes: Fideo. Carne de cordero. Papa imilla. Harina de maíz. Ají colorado de Zudáñez, ajo, comino, cebolla. Sal.
Manera de preparar: En una olla grande se hace cocer la carne de cordero y cuando está cocida se escurre el caldo. Aparte se muele abundante ají colorado (con pepas o sin pepas de acuerdo al gusto), se le agrega ajo, comino, y se hace cocer en una sartén con manteca y mucha cebolla picada menudito (sólo las cabezas). Cuando está cocido el ají se mezcla con las carnes, y se espesa con un poco de harina de maíz. Aparte se hace cocer la papa imilla, con su cascara negra y es muy harinosa. Aparte se hace cocer el fideo, si se quiere retostándolo antes en manteca o sino sin retostar, depende del gusto.
Ingredientes • Dos tazas de harina, una taza de azúcar, polvo de hornear Royal, la vainilla, dos huevos, una libra de mantequilla y leche.
Preparación • En un recipiente se coloca la mantequilla y la azúcar se la bate bien hasta que se diluya. Se coloca la vainilla los huevos, y la leche, se sigue batiendo y se coloca el royal, se aplana la masa hasta por lo menos cinco centímetros, Colocar en horno de 200 grados, sólo cinco minutos.
Yo misma compartiré una receta típica de mi pueblo, muk’uña de quinua. Esta receta generalmente la preparaba mi abuela para Todos Santos y rara vez para el consumo de un día ordinario, para tomar con desayuno. El muk’uña es la mezcla de quinua común con quinua silvestre que se come en el campo en lugar del pan. La quinua silvestre es muy parecida a la quinua que conocemos, se diferencia por su tallo y su fruto que es café oscuro y sus hojas son verde oscuro también; crece donde hay sembradíos de quinua o de haba sin que nadie la haya cultivado, también es conocida con el nombre de ajara.
Yo soy de Guaqui, que está en la provincia Ingavi del departamento de La Paz, mi pueblo está ubicado a orillas del lago Titicaca, en la frontera con Perú. La mayoría de la gente se dedica al comercio trayendo productos de la frontera; también a ordeñar leche y a la agricultura para su consumo diario; algunos también a la pesca.
Antes de conocer los ingredientes, escuchemos las propiedades de la quinua.
La quinua es un grano que nuestros abuelos consumían en gran cantidad. Es un buen alimento muy rico en proteínas, hierro, magnesio, fósforo y vitamina B. Su consumo es bueno para el funcionamiento del hígado y su sabor es agradable, tiene textura suave y es fácil de preparar.
Ingredientes:
3 libras de quinua
1 libra de quinua silvestre
Sal al gusto
Agua lo necesario
Preparación:
Mezclar las dos quinuas y frotar con batan sobre un cuero para que salga su cáscara fina, una vez listo esto, ventilar la quinua y lavarla tres veces o hasta que el agua este cristalina. Luego secar al sol y una vez seca, tostarla en una olla de cerámica hasta que tome un color café claro. Posteriormente moler la quinua hasta transformarla en harina, una vez lista, amasar con un poco de agua tibia con sal, no tiene que estar muy seco ni aguado. Después hacer unas bolitas medio ovaladas. Por otro lado, en una olla de cerámica, colocar palitos y paja bien lavadas para ponerlas como base dentro de la olla, poner tres tazas de agua, que no deben estar por encima de la paja, ya que los muk’uña tienen que cocer a vapor. Por ultimo colocar las bolitas y esperar a que cuezan por una hora aproximadamente.
Estas masitas en forma de galletas son otra variedad de los preparados que se hacían para el día de «Todos Santos».
Para 15 plantillas necesitamos:
1 taza harina
ó 4 gotas de jugo de limón
1/2 taza maicena
11/2 cuchara mantequilla
huevos enteros y tres yemas
3/4 tazas azúcar en polvo
1/2 cucharilla raspadura de limón
1 cucharilla polvo de hornear (royal)
Preparacion
En un recipiente batimos el azúcar con la mantequilla, agregamos los huevos y yemas y continuamos batiendo hasta que se forme una crema suave; añadimos el jugo y la raspadura de limón y dos cucharas de harina (para batir todo junto fácilmente). Aumentamos el saldo de la harina cernida y royal.
Forramos una bandeja de horno, levemente untada con manteca, con papel sábana y encima, con la ayuda de una cuchara, colocamos pequeñas porciones de masa, bastante separadas unas de otras. Ponemos a horno caliente (180° C.) por ocho minutos ó hasta que estén ligeramente doradas.
Cocina Tradicional Boliviana
Romero de Velasco, Emilia – Gutentag de Muzevich, Carola
La mesa o altar del difunto debe estar preparado para el medio día, pues se dice que las almas llegan el 1 de noviembre justo al mediodía. Su estructura tiene un lenguaje simbólico de color y disposición de los diferentes elementos que la componen.
Se coloca un mantel negro para las almas de personas mayores y blanco cuando se trata de niños, muchas veces el altar puede ser para ambas edades, mitad blanco y mitad negro.
Para las almas pequeñas, jóvenes y solteros no hay bebidas embriagantes, sólo refrescos, dulces, galletas, frutas, guirnaldas multicolores, predominando el color blanco, como color de pureza del difunto llamado «angelito».
En el altar se colocan los elementos rituales hechos de pan, como las escaleras, la cruz cristiana, los Phillus (roscones para colocarse en el cuello de los pasantes de la fiesta), aves diversas, como los cóndores; luego esta la t´ant´awawa en sus diferentes variedades. En muchos casos en este lugar se encuentra el epitafio del difunto con su fotografía y la inscripción del nombre y día de su fallecimiento. Encima del altar, cogido por las cañas están las pasanq’allas multicolores que asemejan las estrellas del cielo.
Luego viene el espacio donde se colocan las bebidas, las comidas, las galletas, la t´ant´awawa, t´ant´a caballos, t´ant´a titis (gatos), t´ant´a llamas. De la misma manera están presentes las bebidas, refrescos, cerveza, coca, frutas, biscochuelos, dulces y masitas.
En la parte inferior de la mesa, se colocan flores de color blanco y amarillas como la retama, además de los tallos de cebolla (tocoros) que proporcionan a las almas el agua para calmar su sed. En las cuatro esquinas de la mesa se colocarán las cañas y se adornará la mesa con coronas y suspiros de colores.
Cada ofrenda y figura tiene un significado que vale la pena saberlo. Por ejemplo:
CABALLO PARA EL ALMA
Sirve para llevar a las almas de retorno al cielo luego de su llegada a la tierra. Otros suelen relacionarlo como un medio de transporte que apoyará a la llama para llevar carga cuando ésta esté colmada de ofrendas.
LA LLAMA
Es un medio de transporte, en ella el alma se lleva todas las ofrendas que fueron preparadas por los familiares y amigos (pan, comida, fruta) y que solían ser del gusto del difunto cuando estaba en vida. Estos alimentos le servirán como provisión hasta el próximo año.
La llama es uno de los elementos más tradicionales de Todos Santos, ya que se creer que es un símbolo de unión entre el cielo y la tierra.
La soga o wisca
Tiene una forma de rosquita y sirve para que el alma amarre sus ofrendas sobre la llama.
EL PERRO
Permite que el difunto cruce el río. «Dicen que cuando el difunto fue bueno con los animales, el perro lo lleva bien protegido en su espalda, pero cuando fue malo lo pone en la punta de su hocico».Se le atribuye al perro la capacidad de ver en el mas allá virtud que ayuda a conducir a las almas en su camino al descanso.
EL DIOS SOL
Representa al dios de los tiwanacotas, que era conocido como Wiracocha. También se lo conoce como Whilatantacha, porque representa las personas que fallecieron de ancianos y representa una nueva vida para las almas renaciendo para emprender nuevas acciones.
ESTRELLAS DE LUZ
Con su brillo las estrellas alumbran el camino de las almas sirviendo, según las creencias, a aquellas almas que tienen más obstáculos para llegar ante Dios.
Las estrellas permiten que el difunto se oriente correctamente y sin tropezones por el camino que le fue trazado.
LA ESCALERA
Las hay de dulce, de masa, para almas viejas, jóvenes y de niños. Su función es ayudar en la subida y bajada de las almas. Es un elemento simbólico que fue recientemente incorporado ya que representa el instrumento que servirá para compensar las imperfecciones que pudo tener el difunto y así ayudarle a llegar al cielo permitiéndole alcanzar el perdón de Dios. En las mesas se colocan hasta tres de estos elementos.
CORONAS EN LA MESA
Son un símbolo cristiano que representa la muerte. Muchos dicen que estas son utilizadas por las almas en el largo camino de regreso. Al momento de esperar al muerto, las coronas se colocan en la parte superior de las mesas de Todos Santos, sin embargo, otros tienen la costumbre de colocarlas en los niveles intermedios o próximas a la escalera.
LAS T’ANT’AWAWAS
Son la representación de las formas humanas de los seres que ya se marcharon, están hechas de masa y llevan en la parte superior caritas o caretitas de yeso.
Las t’antawawas reciben el nombre de achachis cuando son varones mayores y awichas cuando son mujeres. Por lo general las caretitas se colocan de acuerdo a las habilidades que demostraron cuando estuvieron vivos.
LA QUISPIÑA
Masa en base a quinua cocida, que además de ser el alimento tradicional de esta fiesta, sobre todo en el altiplano, gracias a su plasticidad permite hacer figuras que representan a los animales y enseres de casa que el difunto se llevará.
Caña de azúcar
Da la sombra necesaria que requiere el alma para sus días de sol y lluvia, además de servir de bastón para el viaje de retorno. Se coloca en las cuatro esquinas de la mesa. Se considera que el dulce es propicio para la comunión con las almas mientras que la sal la impide.
LA COMIDA
Se destacan el ají de arveja, el de fideo, la jallpa y el luxro, entre otros, pero también se incluyen las comidas que eran del gusto del difunto. El ají por su fuerte aroma y picante es el elemento de atracción.
La chicha morada
Aplaca la sed del difunto y endulza su paladar. Está hecha a base maíz morado, azúcar y limón. También se pone a la mesa las bebidas preferidas del difunto.
EL TOCORO
Es el tallo y flor de la cebolla que representa el bastón que necesita el difunto y es una reserva de agua para calmar su sed.
Las frutas
Se colocan todas las frutas que degustaban los difuntos. El Momento que se recoge la mesa se reparten entre los amigos del difunto
Todos Santos a decir del antropólogo José Antonio Rocha es la fiesta del sumaj kausay, del buen vivir, un momento donde se hacen fuertes los lazos de amistad y familiar, en torno al difunto. Ese momento no es más que el compartir, el vivir en comunidad y trabajar juntos todo para recibir el alma del difunto, que llegará al medio día del 1º de noviembre.
Todos Santos es una fiesta que se fortalece y lo hace aún más por el momento político e histórico que vive el país, indica el investigador, quienes en esta entrevista hace un análisis de la celebración actual.
La fiesta de Todos Santos es una tradición boliviana, se tiene la costumbre de recordar a partir del medio día del 1ro. de noviembre hasta el mediodía del 2. Es un día especial, dedicado a compartir con las almas de los familiares que murieron. Algo que transita en el mundo de lo sobrenatural, de la fe, de lo secreto y por tanto, difícil de creer y entender. Pero allí está, celebrado y respetado por mucha gente.
Toda persona en el transcurso del año que haya tenido un deceso entre sus familiares o amistades, está obligada, si pertenece especialmente a la clase popular, a efectuar «el hacer rezar» por la salvación del alma del difunto. Esta costumbre que consiste en recibir grupos de personas para que recen y después retribuirles con masas, viandas criollas, frutas, refrescos, dulces, chichas y otras bebidas.
Las costumbres son diferentes de acuerdo a las regiones, (altiplano, valles y trópicos), asimismo, dentro de las regiones existen distintas creencias, costumbres y tradiciones en las sub regiones. También hay diferencia entre el área rural y el área urbana, por ejemplo la presentación de mesas en el área rural se realiza mayormente con productos del lugar, (masitas de quinua en forma de animales, platos típicos, la bebida es la maceración de frutas y otros) en el área urbana, más se emplea masitas de harina en diferentes modalidades, caramelos y la bebida más consumida es la cerveza, también se colocan flores en los nichos de los muertos
La historia de Todos Santos
La Fiesta de Todos los Santos o día de los difuntos no tiene su propio origen aquí en Bolivia, las costumbres y tradiciones vienen con la llegada de los españoles que al imponer su religión amenazaban a la gente original de estas tierras que si no se arrepentían de sus pecados pagarían en el purgatorio para ir directo al infierno.
Halloween VS. Mast’ aku (Todos Santos)
El conflicto entre las élites bolivianas (burguesas) y las masas sociales indígenas y mestizas entran en un escenario geográfico al espacio de lo simbólico y lo imaginario de lo espiritual, que ambos se confrontan en ocasión de una celebración ritual como la del Día de los Muertos.
Cada cual a su manera busca sentar su supremacía en el imaginario social del país, y mientras unos utilizan la clase media para convocar a la ciudadanía a reconocer en rituales urbanos como «halloween», los otros abren espacios de discusión académica para interpelar a los bolivianos a la recuperación de las prácticas culturales como el «Mast’aku», anteriores a la imposición señorial.
El enfrentamiento de «Halloween vs. Mast’aku», es una disputa histórica entre clases sociales, que en el contexto aún candente de la reciente insurrección indígena contra las élites nacionales, cobró una vigencia inusitada y aportó valiosos elementos. Otros temas fueron las fiestas en el ciclo productivo agrícola andino, la revalorización científica de los saberes tradicionales y un análisis del significado de la evolución del discurso social en las coplas de Todos Santos.
En esta fecha las culturas andinas celebran el fin del ciclo seco y el principio del ciclo húmedo, la despedida de los difuntos junto con el invierno y la esterilidad del suelo en una fiesta denominada «Mast’aku», por tener como característica el armado de mesas rituales (mast’a).
Con la conquista de América, la religión católica pretendía erradicar esta fiesta indígena, hasta que lograron imponer la fiesta de Todos Santos, pero sus costumbres fueron enfrascados o refugiados a esta fiesta cristiana, pero la evolución de este rito cristiano en las comunidades rurales y a un en las ciudades de Bolivia, testimonia el fracaso del catolicismo en su afán de eliminar al rito aymara – quechua.
La fiesta de halloween de la noche del 31 de octubre y del 1ro de noviembre, se celebra en honor a Dios Samhain el caballero de la muerte, antiguamente los Celtas practicaban, según sus orígenes. Este calendario festivo es muy importante para estadounidenses, canadienses y europeos. Por esta razón la clase burguesa boliviana, prefiere celebrar el Halloween para distinguirse de «lo otro» ya sea a partir de su capacidad adquisitiva, para adquirir símbolos estéticos distintivos de clase, o ya sea a partir de sus capitales culturales, que le permiten ingresar y marginar a otras castas y clases de sus circuitos espirituales. En la actualidad se compran’ del mercado, ejemplo: el Halloween Kit, con disfraz, dulces e instrucciones para la fiesta ¡A esto se llama una tradición empaquetada , Los cristianos protestantes consideran a la fiesta de «Halloween» como el día de cumpleaños del señor del mal «El Satanás o Diablo» antiguamente conocido con el nombre de «Samhain».
La costumbre de Todos Santos
La fiesta empieza el 1ro de noviembre con los preparativos de la mesa, para recibir a las almas, para ello días antes la gente acude a los diferentes hornos panaderos para realizar sus masas, era tradicional que cada familia, empleara en la elaboración de masas para, Todos santos «una fanega de harina» equivalente a seis arrobas de 25 libras cada una. También se compran diferentes frutas, hortalizas y caña de azúcar, se realiza también el preparativo de las bebidas alcohólicas, insumos de repostería, y muchos otros alimentos y bebidas.
Para preparar la mesa de las almas, se reúnen los familiares, personas especiales, vecinos y otros, todos ellos preparan la mesa, antes del medio día del 1ro de noviembre, con el fin de que para el medio día (12 horas en punto) todo esté listo para que lleguen las almas.
Al día siguiente 2 de noviembre se procede a realizar el «despacho de las almas» que consiste en recoger la mesa.
Sin embargo del sentido espiritual de esta costumbre, por cada rezo para determinada alma, se paga al rezador con masas, biscochuelos, golosinas, los niños y la gente muy pobre aprovechan esta oportunidad para disfrutar de las masas, y llenar circunstancialmente sus alacenas con golosinas que rara vez pueden comprar;
Preparación de la mesa
La mesa se prepara con un mantel negro, para las personas mayores y para los niños, y jóvenes se pone mantel blanco, se le colocan en ambos costados, un par de candelabros con las velas que van a servir en las oraciones. Junto a las velas se colocan dos floreros, uno con flores variadas y el otro con retamas. En la parte posterior central se pueden colocar las imágenes de santos o vírgenes que sean de nuestra preferencia, también se coloca la foto de
la persona fallecida. A partir de la parte media central y por los costados se pueden colocar los platillos de masitas y comida a ofrecer a los difuntos, y a cada lado se sirve un vaso de chicha morada, chicha kulli, el aji de alverjas, fruta seca, bizcochuelos, una taza de café y un vaso de agua.
El, 1ro de noviembre
La fiesta empieza el’ 1ro de noviembre con los preparativos de la mesa, para recibir a las almas. Se efectúa el «reza chicu», en casa de los dolientes. Allí se cantan «los alabados» o «alabanzas», que la mayoría son coplas de inspiración popular y constituyen una tradición en la fiesta. Los familiares, vecinos y personas especiales son los que asisten a la casa de la familia doliente, allí se arregla sobre una mesa algo así como un altarcito, velas encendidas, un crucifijo velado por un tul oscuro y la fotografía del difunto más reciente, rodeado todo de masas, frutas, bizcochuelos, dulces, tanta wawas, cañas de azúcar, cebollas, coronas, etc.
La preparación se termina antes de las 12:00 a.m., para recibir a las almas, con dinamitas, petardos, bombos y platillos además existen grupos musicales que hacen alegrar al alma visitante. Posteriormente proceden ha almorzar, todos los presentes quienes dicen que las almas también almuerzan junto con ellos.
En la tarde proceden a hacer rezar, por la salvación de las almas. Esta costumbre consiste en recibir grupos de personas para que recen y retribuirles con masas, viandas criollas, refrescos y chicha. Lo propio ocurre en la noche, grupos musicales vestidos de diferentes personajes visitan al alma para hacerle alegrar y rezar por la salvación del alma, son retribuidos con masas, refrescos, bebidas y otros.
El día 2 de noviembre
Todos visitan el cementerio, allí preparan sobre el nicho una mesa (en el aérea rural y en el área urbana es prohibido por la alcaldía), que contiene masas de pan (T’hanta wawa, t’anta achachi, escaleras, coronas, caballos, mulas, cruces, masitas, biscocho, galletas, empanadas, rosquitas y otros) todos estos elaborados de harina y algunos de quinua; también frutas (naranja, lima, banano, piña,), cebolla con tocoro, caña de azúcar, huevo, queso, flores, coca, y otros todo lo que gustó en vida a las almas. Además llevan comida preparada, bebidas y velas, refrescos, también llevan dinero para hacer rezar.
Los familiares hacen rezar a los niños pobres que visitan ese día el cementerio, también rezan personas mayores que vienen individualmente o en conjunto. Al medio día también rezan por almuerzo y por la tarde proceden a rezar por las cosas que están en la mesa.
«Alma despacho» consiste en recoger la mesa a las doce del medio día pidiendo a las almas que regresen al año siguiente para volver a compartir. Tiene relación con el reza chicu el «levantar la mesa», que así se denomina a la invitación a rezar, cuyo final del acto es la repartición de golosinas y manjares que se han puesto a la vista de los asistentes rezadores.
Nota.- En algunas regiones la fiesta de Todos Santos dura una semana, en el transcurso de la semana Se realiza las mismas actividades ya mencionadas sólo que existe la diferencia en días de visitar al cementerio y otras costumbres particulares de cada región. En las áreas urbanas se acostumbra poner flores y hacer rezar en el cementerio, las demás actividades se realizan en el domicilio o en un local particular.
Los extraños mundos o niveles andinos
Los floreros, las velas y la cruz o imagen de Jesucristo estarán colocados en el nivel superior de la tumba, que simboliza el cielo. Este nivel se llama Alaxpacha (el mundo de arriba). En el está el Padre Sol y todas las estrellas. Para los aimaras, las estrellas son macho y hembra, los hombres nacen con una estrella, cuando ésta cae, el hombre también cae y su alma sube junto al sol.
«Cuando nos referimos a nuestras deidades, decimos: Pacha-p’usaqa, Pachaqamasi, Pachamama, Pachakuti, Uywir, Achachila, porque ellos son los que nos dan la vida, son como nuestra madre. Alaxpacha no es algo separado. Todo es uno solo, como nuestro cuerpo que cuenta con manos, pies y cabeza. Todos se ayudan mutuamente para ser algo. Todo lo que tenemos es para todos», comenta.
En el nivel intermedio e inferior de las tumbas, se colocan los demás elementos. Estos niveles son dos y simbolizan: el Akapacha (este mundo), es todo lo que nos rodea, todo lo que podemos palpar y tocar: el sembradío, el cuidado de los animales, la vida en pareja, la vida en la tierra. Es como una madre que nos cría y nos cuida, está representada en el alimento, el agua, esla Pachamama.
Y el Manqhapacha (el mundo de abajo que no es malo). A diferencia de los cristianos, los aimaras opinan que sólo hay que proceder con respeto y permiso. Todo debe hacerse con educación y justicia. Ahora bien, existen hombres con dones sobrenaturales señalados físicamente, a los cuales no se les puede hacer sufrir, porque son elegido y muy queridos de nuestro padre. Si los hacemos sufrir nos puede pasar cualquier desgracia. Hacer sufrir, el robo, la mentira, la flojera, lo injusto, es manqhapacha, que no es lo mismo que el mal al que se refiere los cristianos.
La tumba debe permanecer extendida hasta el mediodía siguiente, hora en la que la familia del difunto solicitará a una persona ajena que recoja la mesa, quedándose con la mitad de todo cuanto ella contenía. El resto será llevado hasta el cementerio, donde se repartirá entre quienes rezan por sus difuntos. No debe sobrar nada, en lo absoluto, pues de hacerlo, según la cultura andina, las penas se quedan en la familia.
Todos Santos:«pan para todos», el cuerpo de Cristo, tradición católica. Día de los Difuntos:de poblaciones quechuas, aymaras y urus. Halloween:«All Hollow’s Eve», tradición pagana europea. Samhain:Tradición celta en la cual se celebra el fin de las cosechas.
La tradición principal de Todos Santos se junta por casualidad de fechas con las del Día de los Difuntos en nuestras tierras, festejando un evento convertido en tradición: La mesa para los muertos. Esta mesa se arma en tres niveles: Alaxpacha (el cielo), Akapacha (la tierra) y Mankapacha (el inframundo). Cada nivel de dicha mesa, deberá entonces representar los estadíos del ser en estos tres niveles, pero enfatizando en los gustos del difunto en cuanto a comidas y bebidas. En esta fecha, nuestro difunto visitará su anterior hogar, para ver cómo lo estamos manejando en su auscencia. En dicha visita, se lo deberá tratar de manera formal, y darle toda la comodidad para que este se pueda ir de nuevo en paz, estando seguro de que no nos falta nada y que podemos darnos el lujo de invitarle deliciosos manjares. De la misma manera, algunos elementos católicos como la escalera para volver a subir al cielo, o las alas del difunto si se trata de un niño demuestran cómo las creencias religiosas católicas se combinan con los
ritos populares de antaño. Existen otros elementos, como la semilla de cebolla que es el primer alimento del difunto, los niveles generacionales representados mediante las «tantawawas» (tanta = pan, wawa = niño en la lengua aymara),frutas, caña, refrescos, ají de arbeja, caballos, «achachis»(figuras de morenos y personas mayores que identifican a las personas avanzadas de edad) , la corona, y flores que acompañan la mesa.
Entre diversidad de costumbres, en el municipio cochabambino de Punata «La Feria del Mast’acu» se caracterizará por milares de personas yendo a esa capital con el objetivo de comprar una variedad de masitas, algunas de ellas a cambio de oraciones, mientras en la Zona Sur de la ciudad de La Paz, muchos niños difrazados salen a las calles a pedir dulces. Los «rezacos», jóvenes dedicados a rezar en Punata, con oraciones y música en honor de los difuntos, no se diferencian mucho de lo que se hace en Monteagudo, donde la gente tiene la costumbre de bautizar a las t’antawawas y nombrar por ellas a los padrinos, tradición arraigada en gran parte de Chuquisaca, ni a Tarvita, que está en la provincia Azurduy de Chuquisaca. allí, los bebés fallecidos tienen especial atención. Para ellos, los dolientes preparan arcos con flores, adornos y alimentos. En San Ignacio de Moxos, en el Beni, la celebración principal de Todos Santos se hace en la Catedral. Los dolientes llevan a la Iglesia comida, bebidas, dulces y masaco.Se dice que mientras el «rezador» dirige las oraciones, los difuntos se alimentan con las comidas hechas en su honor. Los jóvenes y los niños, que también participan de las oraciones, están «prohibidos» de recibir las ofrendas. «Lo que las almas comen, no deben comer los niños, porque se vuelven locos», es la creencia del lugar. En Turco se juega al «Phuti». El phuti es una pelota gigante de trapo atada a una soga que se lanza al centro de un ruedo conformado por unas cinco personas. Una de ellas gana el juego si es que consigue lacear la pelota antes que caiga al suelo. A cambio, recibe un trago de sucumbé o té con té de parte de los anfitriones. El juego recorre de casa en casa, hasta la madrugada. En otros lados, como en el municipio de San Antonio de Esmoruco es casi prohibido llorar en la festividad de Todos Santos. Desde los preparativos de la espera a los difuntos, los familiares y vecinos bailan rondas tradicionales y entonan música de cajanis y zampoñaris, lo ideal es divertirse y pasarla bien a nombre de los difuntos. El incienso, masitas, fruta seca y carne de cerdo son de la mesa que preparan los pobladores del municipio de El Choro en Oruro para recibir a las almas de los seres queridos en la misma fiesta.
Según el doctor Fernando Cajías, «lo más común en nuestra ciudad, es colocar un mantel negro en la mesa para las almas de personas mayores y blanco cuando se trata de niños, muchas veces el altar puede ser para ambas edades, mitad blanco y mitad negro, ya que se reciben a todos los muertos en esta festividad. Para las almas de niños, jóvenes y solteros que dejaron de existir, ponen refrescos, dulces, galletas, frutas, guirnaldas multicolores, predominando el color blanco, como color de pureza del difunto llamado «angelito». En muchos casos, en este lugar se encuentra el epitafio del difunto con su fotografía y la inscripción del nombre y día de su fallecimiento. En la parte inferior de la mesa, se colocan flores de color blanco y amarillas como la retama, además de los tallos de cebolla (tocoros) que proporcionan a las almas el agua para calmar su sed.Asimismo, en las cuatro esquinas de la mesa se instalan las cañas de azúcar, que representa los bastones de los difuntos con adornos de coronas y suspiros (dulces) de colores. Durante esta primera jornada del día y de noche se reciben a los rezadores que vistan las casas donde hay mesas instaladas»
Lo escencial en la mesa es:
– Tantawawas, que son los niños de pan, para recordar la pureza de los espíritus.
– Escaleras de pan, para facilitar la subida al cielo de los espíritus.
– Cebollas en flor, para que el difunto lleve agua en su viaje.
– Caballitos y juguetes, cuando los espíritus son niños, para que se distraigan
– Retamas en los floreros, para ahuyentar a los espíritus enemigos.
– Un vaso con agua bendita, para rociar la ropa del difunto.
– Coca, cigarros, vino y refrescos, para que el espíritu se sienta satisfecho.
– El plato de comida favorito del difunto.
– Caña de azúcar, para que sirva de bastón a los espíritus.
Algunos artículos de interés:
Cuando nuestros muertos conviven con nosotros
Ely López Canelas, Bolpress.-
Lo que sé de Todos Santos no lo sé por ser antropóloga o investigadora, ni cosa parecida, lo sé por lo que he aprendido y aprendo cada año con mis papás y en los sitios a los que he viajado. Como tú mismo lo dices, en realidad se habla de los “supuestos difuntos”, porque como tú también dices y así es lLa muerte no existe, esto viene desde una tradición pre-colonial. Algunos dicen que el alma se va abajo al Ukhu Pacha, otros, que las almas están en el mismo plano que nosotros, pero en otra dimensión. Es decir, viven en las montañas, lugares especiales, los rincones de las casas… sabes que no hay cosas absolutas, todo depende de la costumbre de los pueblos.
Según mi papá, las almas se van al cielo y ahí se reúnen todos. Desde allí nos miran, nos escuchan, nos ayudan cuando les necesitamos, nos castigan si nos portamos mal (“nos hacen andar mal”).
Cada año se pone la mesa para los muertos con todo lo que a ellos les gustaba: la comida, la bebida, la coca (si la mascaban), la fruta, los panes, los dulces y las cosas especiales. Se hace una lista larga de los difuntos. Es como recordar toda la genealogía y al recordarles se acuerdan de cómo murieron y se pregunta por la suerte de amigos y conocidos de estos difuntos.
Existen dos juegos relacionados con la celebración de la muerte: la taba y los maicitos. Son juegos de los días de duelo y de los días de todos santos.
Siempre hay que ponerle también agua, todo con pajitas, los muertos solo pueden aspirar… si no te acuerdas de ellos, si los muertos no encuentran comidita se van llorando, sufren y luego también nosotros sufrimos.
En el pueblo de mi mamá se arman las tumbas en el cementerio, con música, panes, comida, bebida, la fiesta se traslada al cementerio allí se come, se bebe, se llora, se juega, se hace rezar. No hay que ser tacaños cuando se hace rezar. Hay que dar buenos panes… Hay ciertas comidas picantes que se hace con afrechillo y la achacana, son comidas que solo las hacen para esta fiesta (uy ya me dio ganas de ir al pueblo de mi mamá).
Lo de volcar la mesa, en el caso de mi mamá y mi papá, es para que ya no hayan mas muertos al año que viene. A veces dicen que se “kimsacha” es decir mueren hasta tres personas en poco tiempo y se está de luto durante mucho tiempo.
Hay muchos rituales con relación a la muerte, muchos… cuando se quita el luto, por ejemplo, hay una fiesta y al final hay alguien que se viste con la ropa del difunto y a él se lo “bota” y se lo castiga para que se vaya y no vuelva en mucho tiempo, por eso también los que se sacan el luto se cambian con ropas de colores, todo nuevo, e incluso tienen un padrino para ello, es como un volver a vivir…
Los muertos llegan con agua, viento y moscas. En serio, no te rías, siempre llueve o hace mucho viento o hay muchas moscas como al medio día y ahí están llegando, se puede sentir que todo cambia de olor… es algo que yo he sentido muchas veces… Así que, son momentos alegres y tristes a la vez… Un reencuentro de cada año.
Como mi padre lo cuenta es muy gráfico. El dice que en la tardecita cuando ya se recoge la mesa algunos que eran amigos de las copas, se van cantando juntos a su dominio, felices de que les hayan recibido tan bien. Él dice que se encuentran los amigos y que incluso a veces las almas se invitan entre almas para venir a una casa u a otra, por eso siempre hay que esperarles, y que entre ellos comparan como les han esperado sus deudos…
En la parte más oficial ya sabes que el todos santos empieza oficialmente la época de lluvias el jallu pacha, los muertos bendicen a los vivos y reproducen la vida a través de la lluvia. Desde ahora hasta el carnaval en muchos sitios (en el lugar de mi mamá y mi papá también, pero menos) los muertos están entre éste y el otro mundo. Por ejemplo, en San Andrés vuelve a hacerse una fiestita para ellos, y en febrero también. Es difícil de contar todo ahora, pero no es solamente el día de todos santos, ya sabes que en nuestras culturas las cosas son mas de procesos que de momentos.
Todos Santos y Día de los Difuntos en Bolivia
La Paz, 31 oct (ABI).- En Bolivia se recuerda la tradición de Todos Santos el 1 de noviembre con el recibimiento de las almas y el 2 el Día de los Difuntos para recordar a los muertos, según consta en las tradiciones.
El viceministro de Cultura, Pablo Groux, relató que el 2 de noviembre, los cementerios de las periferias en las ciudades y en el área rural de las regiones rurales, miles de personas acostumbran «festejar» y recordar a sus seres queridos que dejaron de existir.
«La muerte en general es parte intrínseca de la humanidad y todas las sociedades. El valor simbólico que tiene la muerte, el valor simbólico de estos momentos específicos, donde nos encontramos con los muertos y realizamos una serie de rituales respecto a la costumbre», señaló.
Este día denominado «Día de los Difuntos», en las tumbas se arman mesas, al igual que el primer día, donde los «dolientes» hacen rezar a las personas que visitan los nichos.
Según la costumbre, al mediodía se reza por el almuerzo y por la tarde rezan por las cosas que están en la mesa.
La comida y la bebida son importantes para celebrar y saciar el hambre y la sed de las almas. Las familias cocinan los alimentos y preparan las bebidas que le gustaba al ser querido cuando estaba en vida.
En los cementerios se oye cantar «los alabados» o «alabanzas» siendo en su mayoría tonadas de inspiración popular y constituyen una tradición en la fiesta que acompañan los sicus y la tropa de tarkas.
En el atardecer, la gente empieza con el despacho del alma que consiste en recoger la mesa y pedirle al difunto que regrese al año siguiente para volver a compartir.
El «levantar la mesa» que así se denomina a la invitación a rezar, finaliza con la repartición de las masitas, frutas, comidas, golosinas y manjares que se han puesto a la vista de los asistentes rezadores.
La tradición de Todos Santos y el «Día de los Difuntos», es un acontecimiento que se celebra entre el 1 y 2 de noviembre, en las comunidades rurales, los pueblos.
Los muertos vuelven, según la cultura andina
(La Razón – Bolivia)
En el contexto de la cultura andina, la presencia de moscas, la evaporación del agua u otras bebidas y la rápida fermentación de las comidas son algunas de las señales que alertan sobre la llegada de las almas durante la celebración de Todos Santos.
Desde el mediodía de hoy, los hogares donde se levantó una mesa en memoria de uno o más familiares fallecidos, esperan la llegada de sus espíritus para satisfacer los gustos que tenían en vida. Pero ¿cómo saber si el alma regresó evidentemente a casa?
El antropólogo aymara Juan Ángel Yujra explica que “hay elementos simbólicos, por ejemplo la comida u otro alimento que se prepara y a la media hora se fermenta. La gente dice entonces que (el alma) ha comido espiritualmente. Pasa también cuando uno de los panes de la mesa se ha caído y se comenta que ‘ahí está, el espíritu ha llegado\\’”.
Coincide con esta versión el sociólogo Fernando Huanacuni, quien además precisa que desde la concepción andina hoy no es el día de los muertos, sino el wiñay pacha o tiempo eterno, en el cual “nosotros compartimos (comidas y bebidas) con la familia, que no sólo son los que están acá, sino también los que se han ido”.
Huanacuni también cita ejemplos de cómo advertir la presencia de los espíritus, y en ese contexto recuerda que entre hoy y mañana es evidente la presencia de las moscas, pues a estos animales se les atribuye la capacidad de transportar a las almas desde el wiñay pacha.
“En estas fechas no hay muchas moscas, pero hoy y mañana van a aparecer bastantes y además hay un aroma muy interesante en el altar que levantamos, que es más fuerte cuando el alma es fresca. El sabor del refresco no es el mismo y la evaporación es más rápida; la comida que colocamos, si uno llegara a probarla, es desabrida. Ésas son las señales que ellos nos dan de que están con nosotros”, dice.
No obstante, el sacerdote Telean Corona, rector de la Universidad Salesiana, sostiene que “no hay ningún dato que fundamente esa creencia ni por tradición dela Iglesia ni tampoco por algún dato que nos permita constatar que eso sucede. Puedo decir que se trata de una evocación donde la comunión con las personas que pasaron a la eternidad se convierte en un deseo”.
La celebración de Todos Santos contada en historias
El alma lo maldijo • Aún en vida, Higidio Huarita solía relatar la historia de un amigo suyo que al morir heredó todas sus pertenencias a su único hijo. En el día de Todos Santos, el espíritu del padre regresó a casa acompañado de otras almas y se percató que su hijo no había preparado nada en su memoria. Adolorido, sentenció: “Que se termine todo”, y al poco tiempo el joven perdió todas su riquezas.
Un alma que recién partió • Según las enseñanzas que recibió Marcia Tórrez, cuando un familiar falleció hace poco, en el primer año de la festividad en su ausencia se debe preparar una mesa exclusiva para esa persona con todo lo que le gustaba comer y beber en vida. “Es como un homenaje al ser querido. La familia espera hasta el próximo año para recibir otra vez a sus demás seres queridos”.
El cigarro avisa que llegó • Mariana Suárez cuenta que su familia siempre pone en la mesa un plato con coca y cigarrillos. Al mediodía del 1 de noviembre, además de encender las velas se enciende el cigarrillo y si éste se consume rápido quiere decir que el alma llegó y “estaba antojada de cigarrillo”. Si la bebida ofrendada se evapora con rapidez, entonces se presume que el espíritu llegó muy sediento.
Lo especial se desecha
La comida y la bebida preparadas especialmente para el difunto deben ser desechadas al término de la festividad, en tanto que el resto de los alimentos se debe compartir con los familiares y amigos, explica el sociólogo Fernando Huanacuni.
“En toda mesa hay algo específico, una comida y refresco que se colocan con nombre y apellido para el alma; esa (ración) se la desecha y el resto se reparte porque esta es una fiesta de la redistribución de los bienes a la comunidad. Se hace pidiendo a los demás que recen por un espíritu determinado”.
La fiesta al “ajayu” en El Alto Por Fernando Cabezas y Juan Manuel Miranda.
(APA).- Como una forma de resguardar de las tradiciones y cultura foráneas, la arraigada Festividad de Todos los Santos que año tras año viene practicando la población alteña, la Dirección de Turismo dependiente del Gobierno Municipal de El Alto, inicio el proceso de difusión y promoción hacia los turistas que visitan Bolivia.
La actividad tiene también el propósito de revalorizar la tradición ancestral y la identidad cultural andina de esta celebración en honor a los difuntos, en la lógica de que en el mundo andino existen costumbres y tradiciones transmitidas de generación en generación manteniéndose viva y latente hasta nuestros día.
Roxana Velarde, titular de la Dirección de Promoción Turística, confirmo que esta campaña de sensibilización se inicio el 31 de agosto y hasta el momento se viene reforzando la campaña con publicaciones que contienen la historia, los fundamentos y significados de cada uno de las masitas que se colocan en la mesa o tumba.
«Tenemos previsto levantar una mesa para los difuntos de la Guerra del Gas en coordinación con los representantes de este sector», anuncio la autoridad a tiempo de indicar que las tradiciones extranjeras que se están introduciendo a nuestro medio con grave peligro para los menores de edad, quienes son los mas propensos a estos mensajes.
«Con el pasar del tiempo se están perdiendo nuestras tradiciones y están viniendo de afuera otro tipo de costumbres que no tienen nada que ver con nuestros antepasados, es por eso que las cartillas que elaboramos están siendo serán distribuidas con prioridad en los centros educativos», precisó Velarde.
Por otro lado también se refirió al hecho de que la educación viene del hogar y convocó a los padres de familia a «inculcar a sus hijos la cultura del nuestros ancestros y nuestros abuelos que tiene mas relación con nuestro diario vivir» aconsejó la autoridad.
LA MUERTE
En la visión aymara y quechua -donde la gente convive con sus ritos ancestrales y la religión que les fue impuesta a punta de lanza- la concepción no es diferente. Para ellos la muerte es también motivo de alborozo porque al superar ese estado el alma se reúne con las deidades humanas y naturales (la Pachamama y los Pacha Achachilas) a fin de formar una comunidad.
Simón Yampara, estudioso de la cultura aymara, dice que la muerte representa también una forma de cultivar conocimientos, pensamiento que es compartido por el sacerdote católico Hugo Varga, quien sostiene que «la muerte no puede ser castigo, es parte de la vida, significa vencer la limitación del tiempo y del espacio para seguir creciendo».
«El jiwaki, o muerte en aymara, conceptualmente tiene una doble connotación: se entiende como muerto, pero al mismo tiempo como bonito. Lo que sucede es que cuando un ser humano aymara muere pasa a ser parte de las deidades, de sus antepasados. En ese sentido se puede decir que no muere del todo, si bien desaparece físicamente, reaparece en el mundo espiritual para formar la comunidad de las deidades. Pero éstas no son sólo de vertiente humana, sino que están también las de vertiente natural como la Pachamama y los Pacha Achachilas», explicó Yampara, asesor cultural de la comuna de El Alto.
TRADICIÓN
Es costumbre recordar, a partir del mediodía del 1 de noviembre hasta el mediodía del 2, la festividad de Todos Santos y del Día de los Difuntos. Un día especial, dedicado a compartir con el alma de familiares que murieron. Algo que transita en el mundo de lo sobrenatural, de la fe, de lo esotérico y por tanto, difícil de creer y entender. Pero allí está, celebrado y respetado por mucha gente.
Cuentan que se empieza con un juego con piedras redondas y que según una vieja costumbre andina, se invita a todos los familiares y amigos a participar de ese juego; que se visita alguna casa y que allí todos comen algún plato tradicional. Hay muchos, pero generalmente se impone aquel que fuera del gusto del alma homenajeada (ver recetas tradicionales). Tras el almuerzo se empieza con el armado de una supuesta tumba, también conocida como altar o mesa. En ella se colocan una serie de símbolos hechos de pan y en esa simbología es fácil encontrar un sol, una luna, la cruz, una escalera, etc, etc. También se utilizan flores, frutos en flor, cañas, juguetes, escaleras o voladores sujetados a hilos (por donde las almas desciendan y asciendan al mundo de los vivos). No hay elemento sin significado, no se utiliza nada que no sirva para explicar el camino al mundo del más allá, aquel que está en el espacio.
En el cielo.
Según la tradición, en días previos a la fiesta, los mercados de las ciudades y del campo ofrecen ferias, en aymara se dice jacha ala ó althapi. En esas ferias hay abundancia de harina blanca y amarilla, de masitas y panes con figuras antropológicas y zoomorfas junto a suspiros, alimento preparado en base a huevos de gallina y con todo ello, el tuquru, que es la parte floral de los arreglos. Las almas permanecen el el mundo de los vivos por 24 horas, ellas deben ser homenajeadas y para saber si se sienten cómodas también hay una herramienta ideada por la tradición: la vela encendida. Si el cebo comienza a chorrear es una mala señal, se dice que el alma está triste. En cambio si arde normalmente, el alma esta alegre y contagia su bienestar a sus deudos. A las doce horas del día 2, se apagan las velas para no retrasar su retorno al más allá, ya que, dicen, las puertas se cierran a esa hora. Las almas se van, los deudos quedan luego de haber combinado, por algunos días, como en todas las festividades pagano-religiosas, creencias nativas con la religión católica. Una simbiosis que data de la época colonial.
Existe una receta para armar una mesa para los difuntos pero si fuera necesario hacer una definición, esta bien sería que es el elemento central, el altar familiar en el que se recibe el alma del ser querido. Es por ello que en la mesa se colocará el nombre, la fotografía, algún recuerdo y varias cosas que el alma homenajeada pudiera reconocer y por las que podrá sentirse a gusto en este paseo efímero por el mundo de los vivos, de tan sólo de 24 horas.
Los principales elementos utilizados para armar estas mesas son panes, comidas, fruta y bebidas.
La tumba debe permanecer extendida hasta el mediodía siguiente, hora en la que la familia del difunto solicitará a una persona ajena que recoja la mesa, quedándose con la mitad de todo cuanto ella contenía. El resto será llevado hasta el cementerio, donde se repartirá entre quienes rezan por sus difuntos. No debe sobrar nada, en lo absoluto, pues de hacerlo, según la cultura andina, las penas se quedan en la familia.
Todos Santos una tradición para unir a la familia Desde la visión católica se recuerda a los santos que murieron en la gloria de Dios. En la cosmovisión andina se expresa la interacción con los «ajayus» (almas) de los difuntos quienes retornan de su largo viaje al otro mundo.
La Paz, 30 oct (ABI).- La fiesta de Todos Santos se ha constituido en el reencuentro tradicional familiar y cultural de las familias bolivianas, que preparan cada 1 y 2 de noviembre una mesa con diversas ofrendas para recibir a las almas de sus seres queridos que dejaron existir en este mundo terrenal, según la percepción de un historiador y una personalidad del área cultural.
En la festividad, cada familia alista un mesa con una diversidad de masitas como las t’antawawas (muñecos de pan), escaleras, coronas, bizcochuelos, caballos, frutas, dulces, refrescos, comidas, flores. El primer día de recibimiento y el segundo de despedida de las almas.
Según el viceministro de Cultura, Pablo Groux, la tradición del acercamiento entre los «vivos y los muertos», Todos Santos, ha logrado que miles de familias se reúnan para celebrar, compartir y realizar todas las costumbres que enmarcan esta tradición cultural
«Es mucho más valiosa nuestra tradición, porque rescata a la familia, a la comunidad, el contexto cultural y todas los valores que se han adaptado en la sociedad para este encuentro colectivo», dijo.
«ESTA ARRAIGADA»
De su parte, el historiador boliviano, Fernando Cajías, explicó que la mayor parte de la población continúa viviendo esta fiesta tradicional que está bien arraigada en las familias bolivianas, pese al crecimiento del Hallowen.
Considera que en este siglo XXI y pese a los cambios los padres se han encargado por generaciones a transmitir la creencia a sus hijos, de que sus seres más queridos que dejaron de existir visitan sus hogares para reencontrarse con las familias.
«Esta tradición se mantiene con mucha fuerza, ya que la mayoría de las personas la respeta como una relación entre los vivos y los muertos y asimismo se siente segura de su reafirmación cultural», precisó.
TRADICIÓN-CATÓLICA-ANDINA
Desde la visión católica, se recuerdan a los santos que murieron en la gloria de Dios. Por tanto la Iglesia los honra con solemnidad desde el año 835 durante el periodo del Papa Gregorio II y que pasa del 13 de mayo al 1 de noviembre.
El 2 de noviembre la Iglesia Católica realiza la conmemoración de «todos los fieles difuntos», que estableció en Roma el año 1311 y que consiste en el ritual para celebrar a los muertos a través de misas.
En la cosmovisión andina se expresa la interacción con los «ajayus» (almas) de los difuntos quienes retornan de su largo viaje.
Desde Tiwanaku se han hallado evidencias arqueológicas de culto a los difuntos en las tumbas.
Los cronistas relatan cómo los rituales funerarios continuaban después de la muerte, pues se sacaba los restos de los grandes señores a las plazas para que allí «coman y beban» junto a los criados que los cuidaban.
En el contexto tradicional de lo andino, la población que vive en las regiones rurales, son las más arraigadas de esta festividad.
En los cementerios de la periferias de la ciudad de La Paz y los que están en pequeñas comunidades, en las tumbas de los difuntos se preparan grandes mesas tradicionales, cañas que bordean los nichos, un variedad incalculable de masas, «todos juntos en grandes familias».
«Es mucho más lindo, es un verdadero ritual de encuentro donde todo concurre y efectivamente se festeja el encuentro familiar que se lo vincula con la Pachamama, con esa alegría y energía cultural», comentó el viceministro Groux.
TESTIMONIOS
María Esther de Zabala (65)
«Como todos los años es una costumbre para poder celebrar esperar a mis seres queridos, con todo cariño. Por ello toda mi familia estamos esperando y preparando para hacer un buen recibimiento a las almas».
Ademar M. (23)
«Tenemos previsto pasear e ir a comprar masitas para visitar el Cementerio General para rezar a nuestros parientes con toda la familia, ya que también mis papás hornean pan en nuestras casas».
Yovana P. (19)
«Mis padres me enseñaron la tradición y creo que es una buena oportunidad para recordar a nuestros muertos y compartir n familia».
Teresa Gonzales (60)
«Los tiempos han cambiado y veo que la gente está perdiendo la tradición, ya no es como antes cuando era una verdadera fiesta de reencuentro y de fe, se hacía mucha comida y masitas para darle de comer a nuestras alamas. Ahora creo que el Hallowen está perjudicando».
Faq/Rq ABI
Cada año, al inicio de noviembre, retornan las almas o ajayus de nuestros seres queridos que ya fallecieron. A ellos se los espera con los altares armados de los difuntos conocidos como apxatas, que incluyen alimentos, bebidas y sobre todo a las tantawawas, elementos que tienen un especial significado en la festividad de Todos Santos en Bolivia. Los amautas o sabios aymaras mencionan una y otra vez que “venimos de un Wiñay Marka (Pueblo eterno) y volveremos a ese Wiñay Marka por lo tanto, no existe la muerte sólo volvemos a nuestro pueblo”.
El ajayu también se diferencia entre el “jisk’a” (pequeño o menor) y el jach’a (grande o mayor) ajayu. El menor se describe como la energía que algunos pierden poco a poco en vida, ante el desequilibrio de sus energías positivas y negativas. En cambio el mayor, es la energía vital, ésta se pierde con la “muerte” de un ser, pero la energía es trascendente y permanece en otra dimensión, menciona el amauta Manuel Alvarado en su reciente obra: Cómo superar el miedo con el ajayu.
El culto a los difuntos en los Andes se remonta a épocas prehispánicas cuando la muerte era concebida de otra manera para los pueblos y civilizaciones que desarrollaron el arte y la ciencia como los tiwanacotas y los incas. Para los pueblos aymaras la muerte natural no constituye un episodio trágico, sino un ciclo más de la propia vida. Por eso, cuando alguien fallece, se suele decir que esa persona “se ha ido” o “ha partido”. Entre las tradiciones que aún se mantienen se cree que los ajayus vienen para traer fecundidad y fertilidad para todo el año, porque en noviembre también se inicia la época de la siembra en los campos agrícolas del altiplano.
El 1 de noviembre al mediodía los “ajayus” regresan de sus montañas para convivir durante 24 horas con sus familiares y amigos, que les reciben preparando y recordándolos en cada hogar con un altar o “mesa” también llamada apxata que es adornada con flores, velas, cañas, frutas, bebidas y dulces, además de otros elementos.
“En algunas poblaciones altiplánicas, como en la provincia Aroma (La Paz), y en Oruro, en la región de los Chipayas, se tiene aún la costumbre de sacar el esqueleto de un difunto elegido por sus familiares, que eventualmente son los encargados de limpiar y adornar la iglesia y pasar el preste del lugar”, sostiene el estudio del amauta Manuel Alvarado en otras de sus obras: Origen de las Fiestas Andinas, El investigador considera que el cuerpo, la conciencia, la mente y la fuerza física dependen de un motor llamado la gran energía o ajayu que proviene a la vez de otra energía más grande, el pacha ajayu o la energía cósmica.
Según la cosmovisión andina el equilibrio universal del jaqi-warmi (ser humano) tiene un fundamental significado junto al ajayu en cuatro niveles que son: el amuyu (inteligencia y sabiduría, la razón y el pensamiento), al ch’ama (la energía vital del aspecto físico y biológico), el chuyma (la conciencia y los valores) y la qamasa (es el valor para enfrentar los retos de la vida. Estos son los elementos vitales en el ser humano en el jaqi-warmi y que junto al ajayu constituyen la energía vital cósmica.
Para la cultura aymara, la muerte es la continuación de la vida, y se cree que durante dos años el alma permanece acompañando a los vivos, para después ascender a las montañas donde se reintegra al mundo de los achachilas (antepasados) recién en el tercer año. “Por este motivo se realiza por tres años consecutivos la ‘apxata’ o el altar de los difuntos, un ritual realizado por los parientes cercanos del difunto, durante esos tres años llevan alimentos, productos, velas, flores y otros objetos ceremoniales hasta el cementerio y justo sobre la tumba elevan un altar”, se menciona en el estudio del amauta Alvarado
Para algunos investigadores la festividad de Todos Santos en Bolivia se constituye en un complejo ceremonial de gran interés antropológico para valorar la importancia que adquiere la figura de los difuntos en la vida social de las comunidades aymaras contemporáneas que mantuvieron una serie de rituales y ceremonias, y que incluso fueron llevadas a los centros urbanos. Durante los días previos a la fiesta de los difuntos se inicia todo un afán por parte de los familiares en los preparativos como es la elaboración de las tantawawas.
Los ajayus que nos visitan suelen manifestarse de diferentes maneras con sonidos, golpes, en la fuerza del viento. Otra forma de manifestarse es por medio de los sueños, anunciando que la visita ha comenzado. Pueden quedarse incluso hasta la época de carnavales, dependiendo del trato que reciban, según las tradiciones aymaras.
El armar los altares de los difuntos o mesas, es todo un ritual y cada uno de los elementos que las componen tienen un importante significado en la festividad de Todos Santos en Bolivia. Algunos antropólogos consideran que el propio altar representa la montaña de los achachilas, de donde llegan los ajayus. Entonces el mantel de la mesa puede tener diferentes colores: blanco si el difunto es un niño o negro si el fallecido es una persona mayor. Otras familias suelen usar el aguayo colorido si el difunto es mujer.
Es importante delimitar el espacio donde se recibirá y se tendrá el reencuentro, por eso se suele usar cuatro cañas largas de azúcar que adornan cada una de las esquinas de la mesa, otros creen que éstas cañas se las colocan dobladas porque sirven como “bastones” para que los ajayus se apoyen y alivien su cansancio en su largo retorno. En la parte central del altar se coloca la fotografía del ser querido, del difunto que retornará del Wiñay Marka junto a abundante comida, flores, alcohol y hojas de coca. Otros familiares suelen incluir elementos católicos como cruces y rosarios. La tradición cuenta que “los ajayus vienen a comer la comida que más les gusta”, por eso la costumbre de colocar en las mesas los comidas y bebidas de preferencias del difunto.
La música tiene un papel fundamental en la despedida de los ajayus, al día siguiente del retorno de ellos se los despide con música y cantos en una celebración por su grata visita y para que se vayan alegres. Pero el primer día es más solemne y se suele evitar cualquier clase sonidos y ruidos en la espera atenta de alguna clase de manifestación durante su visita.
En la mesa también se destacan las vistosas tantawawas panes con forma humana y un colorido rostro que es modelado en estuco y que representan al fallecido. Las familias también esperan a los ajayus de sus seres queridos con dulces bizcochuelos, kispiñas (galletitas de quinua), “maicillos” y un sinfín de “masitas” o dulces de diferentes formas como las cruces católicas, escaleras para “ayudar” a los ajayus en su camino de retorno y otros elementos ceremoniales con los que se adorna la mesa. El servirse los dulces biscochuelos también es una tradición que tiene el significado de endulzar la vida como un presagio de que vendrán días mejores pese a la pérdida de un familiar.
Las tantawawas también representan, según algunos investigadores, la pureza del difunto, antiguamente eran hechas de otros materiales, como muñecas. Se tiene el registro del descubrimiento de un keru o vaso ceremonial encontrado en la gran necrópolis tiwanacota de Cundisa en el lago Titicaca, con la representación antropomorfa de un rostro, posiblemente de quien fue enterrado en ese lugar.
La escalera de pan que también forma parte del altar del difunto de acuerdo significa una ayuda para la ascensión del espíritu al cielo, y que tiene connotaciones católicas. Mientras que las cebollas en flor, “tuquru”, sirven para que el difunto lleve agua para su viaje. Los caballitos de pan, son como una distracción del ajayu, porque se suele decir que ellos tienen forma de niños. Además el caballo y la llama, son útiles para que el ajayu pueda transitar por los caminos más difíciles en el mundo de los espíritus.
Las flores también tienen sus significados como las retamas en los floreros que sirven para ahuyentar a los espíritus enemigos, esta costumbre es muy usual, en los negocios, tiendas y hogares aunque sea durante otra época o en todo año siempre se pone retamas para combatir a las maldiciones o vibraciones negativas.
Un vaso de agua bendita para rociar la ropa del ser querido. Coca, cigarro, vino y refrescos, para que el espíritu se sienta satisfecho. La caña de azúcar o alma thuxru, para que sirva de bastón a las almas.
En Bolivia la tradición de los difuntos y de Todos Santos se mantiene como una de las costumbres que sobrevive frente a un marcado sincretismo cultural, que continúa siendo practicado y que es transmitido a través de las generaciones frente a la celebración foránea del Halloween, una costumbre respaldada como un hecho comercial que busca imponer una expresión que también fue desligada de su verdadero origen de los celtas de Inglaterra.
Los aymaras de la región de los Andes tienen la concepción del mundo como una totalidad, integrada e interrelacionada, pero sobre todo dinámica. Este mundo o cosmos tiene tres espacios claramente diferenciados en los que los ajayus pueden encontrarse. Uno de ellos es el Alax Pacha, o el espacio superior, un mundo lejano, el mundo de arriba. Es la región del universo donde moran algunos dioses. Espacialmente se la concibe como si estaría ubicada más allá de las cumbres de las montañas andinas. No corresponde al concepto católico del “cielo”.
Mientras que el Aka Pacha, es el plano medio, este mundo donde viven los seres humanos y los animales. Es el aquí y el ahora, es la tierra que pisamos y habitamos. Es el espacio en el que se expresa la Pachamama a través de las cosechas.
El Manqha Pacha, es el plano inferior, el mundo de abajo, de adentro, es un espacio cerrado, oculto, secreto y encubierto. Dicen que también es la morada de la principal diosa andina, la Pachamama, y de otros como del Supay, y no corresponde si se refiere al concepto católico del “infierno”.
El ajayu –que engloba los sentimientos y la razón– es entendido por la cultura aymara como el eje, la energía vital, el motor, de un ser que siente y piensa es la energía cósmica que da vida al movimiento. También puede compararse con el “aura” o chakra que son términos comunes en el continente asiático, son las ondas vibratorias que fluyen en todo el universo.
La festividad de los difuntos y de Todos Santos, una costumbre como una autoafirmación cultural se convierte en una de las tradiciones que son practicadas en el área rural y en las ciudades. En la región del lago Titicaca, específicamente en la isla Suriqui, los comunarios suelen armar los altares en la plaza central, cada familia invita a las demás personas bastante comida.
La costumbre de recibir a los ajayus de los seres queridos se repite con algunas variaciones en la región de los Andes, pero en esencia se trata de compartir por lo menos por el lapso de un día junto a los espíritus de los seres que ya han partido.
La fecha tiene un particular significado en el calendario agrícola-ritual del mundo andino, ya que en el transcurso de tiempo que comprende del 12 de octubre al 8 de noviembre, es el periodo que marca el final el Awtipacha o tiempo seco, para dar inicio al Jallupacha o el tiempo de lluvias.
Cuando llega el tiempo de lluvias se inicia también la siembra en los campos agrícolas del altiplano, un hecho muy importante ya que tiene que ver con el sustento de las familias aymaras. Entonces entre las tradiciones se espera a los ajayus, principalmente en el área rural, para que también las cosechas sean exitosas.
No sabemos si los ajayus tienen que travesar los diferentes espacios del Alax Pacha, Manqha Pacha o del Aka Pacha, ni cuánto tardan en llegar en Todos Santos, ni el tiempo que se quedan entre sus familiares, pero lo que conocemos es que las tradiciones se mantienen junto a las costumbres del pueblo.
Es costumbre recordar, a partir del mediodía del 1 de noviembre hasta el mediodía del 2, la festividad de Todos Santos y del Día de los Difuntos. Un día especial, dedicado a compartir con el alma de familiares que murieron. Algo que transita en el mundo de lo sobrenatural, de la fe, de lo esotérico y por tanto, difícil de creer y entender. Pero allí está, celebrado y respetado por mucha gente.
Cuentan que se empieza con un juego con piedras redondas y que según una vieja costumbre andina, se invita a todos los familiares y amigos a participar de ese juego; que se visita alguna casa y que allí todos comen algún plato tradicional. Hay muchos, pero generalmente se impone aquel que fuera del gusto del alma homenajeada (ver recetas tradicionales). Tras el almuerzo se empieza con el armado de una supuesta tumba, también conocida como altar o mesa. En ella se colocan una serie de símbolos hechos de pan y en esa simbología es fácil encontrar un sol, una luna, la cruz, una escalera, etc, etc. También se utilizan flores, frutos en flor, cañas, juguetes, escaleras o voladores sujetados a hilos (por donde las almas desciendan y asciendan al mundo de los vivos). No hay elemento sin significado, no se utiliza nada que no sirva para explicar el camino al mundo del más allá, aquel que está en el espacio. En el cielo.Según la tradición, en días previos a la fiesta, los mercados de las ciudades y del campo ofrecen ferias, en aimara se dice jacha ala ó althapi. En esas ferias hay abundancia de harina blanca y amarilla, de masitas y panes con figuras ántropo y zoomorfas junto a suspiros, alimento preparado en base a huevos de gallina y con todo ello, el tuquru, que es la parte floral de los arreglos. Las almas permanecen el el mundo de los vivos por 24 horas, ellas deben ser homenajeadas y para saber si se sienten cómodas también hay una herramienta ideada por la tradición: la vela encendida. Si el cebo comienza a chorrear es una mala señal, se dice que el alma está triste. En cambio si arde normalmente, el alma esta alegre y contagia su bienestar a sus deudos. A las doce horas del día 2, se apagan las velas para no retrasar su retorno al más allá, ya que, dicen, las puertas se cierran a esa hora. Las almas se van, los deudos quedan luego de haber combinado, por algunos días, como en todas las festividades pagano-religiosas, creencias nativas con la religión católica. Una simbiosis que data de la época colonial.
Altares que servirán de posada a las almas.No existe una receta para armar una mesa para los difuntos pero si fuera necesario hacer una definición, esta bien sería que es el elemento central, el altar familiar en el que se recibe el alma del ser querido. Es por ello que en la mesa se colocará el nombre, la fotografía, algún recuerdo y varias cosas que el alma homenajeada pudiera reconocer y por las que podrá sentirse a gusto en este paseo efímero por el mundo de los vivos, de tan sólo de 24 horas.
La preparación de las llamadas mesas o tumbas, es todo un acontecimiento. Al mediodía del 1 de noviembre, esta tumba debe estar preparada para la llegada del espíritu del difunto. «Las leyendas cuentan que hubo quienes escucharon hablar a las almas en un lenguaje extraño y comieron y bebieron todo lo que estaba preparado en sus tumbas», comenta Filomena Gutierrez, una antigua seguidora de las tradiciones aimaras.
Los principales elementos utilizados para armar estas mesas son panes, comidas, fruta y bebidas, pero también hay otros detallados a continuación:
Tantawawas, que son los niños de pan, para recordar la pureza de los espíritus.
Escaleras de pan, para facilitar la subida al cielo de los espíritus.
Cebollas en flor, para que el difunto lleve agua en su viaje.
Caballitos y juguetes, cuando los espíritus son niños, para que se distraigan
Retamas en los floreros, para ahuyentar a los espíritus enemigos.
Un vaso con agua bendita, para rociar la ropa del difunto.
Coca, cigarros, vino y refrescos, para que el espíritu se sienta satisfecho.
El plato de comida favorito del difunto.
Masas de todo tipo, en especial galletas, maicillos, biscochuelos, empanadas, suspiros, yemas y panes en general, en formas de caballos, peces, escaleras y alas.
Caña de azúcar, para que sirva de bastón a los espíritus.
Los extraños mundos o niveles andinos
Los floreros, las velas y la cruz o imagen de Jesucristo estarán colocados en el nivel superior de la tumba, que simboliza el cielo. Este nivel se llama Alaxpacha (el mundo de arriba). En el está el Padre Sol y todas las estrellas. Para los aimaras, las estrellas son macho y hembra, los hombres nacen con una estrella, cuando ésta cae, el hombre también cae y su alma sube junto al sol.
«Cuando nos referimos a nuestras deidades, decimos: Pacha-p’usaqa, Pachaqamasi, Pachamama, Pachakuti, Uywir, Achachila, porque ellos son los que nos dan la vida, son como nuestra madre. Alaxpacha no es algo separado. Todo es uno solo, como nuestro cuerpo que cuenta con manos, pies y cabeza. Todos se ayudan mutuamente para ser algo. Todo lo que tenemos es para todos», comenta.
En el nivel intermedio e inferior de las tumbas, se colocan los demás elementos. Estos niveles son dos y simbolizan: el Akapacha (este mundo), es todo lo que nos rodea, todo lo que podemos palpar y tocar: el sembradío, el cuidado de los animales, la vida en pareja, la vida en la tierra. Es como una madre que nos cría y nos cuida, está representada en el alimento, el agua, es la Pachamama.
Y el Manqhapacha (el mundo de abajo que no es malo). Adiferencia de los cristianos, los aimaras opinan que sólo hay que proceder con respeto y permiso. Todo debe hacerse con educación y justicia. Ahora bien, exi
sten hombres con dones sobrenaturales señalados físicamente, a los cuales no se les puede hacer sufrir, porque son elegido y muy queridos de nuestro padre. Si los hacemos sufrir nos puede pasar cualquier desgracia. Hacer sufrir, el robo, la mentira, la flojera, lo injusto, es manqhapacha, que no es lo mismo que el mal al que se refiere los cristianos.
La tumba debe permanecer extendida hasta el mediodía siguiente, hora en la que la familia del difunto solicitará a una persona ajena que recoja la mesa, quedándose con la mitad de todo cuanto ella contenía. El resto será llevado hasta el cementerio, donde se repartirá entre quienes rezan por sus difuntos. No debe sobrar nada, en lo absoluto, pues de hacerlo, según la cultura andina, las penas se quedan en la familia.
LAS CARETAS DE YESO PARA LOS PANES DE TODOS SANTOS SE RENUEVAN
Cooperativistas y “chotas”, las novedades para t’anta wawas
La docena de las máscaritas cuesta entre 12 y 15 bolivianos. Los diseños clásicos, como cholitas, morenos y soldados compiten con los de personajes del Chavo.
Las caretas de los mineros cooperativistas.
Anahí Cazas / La Paz Caretas de cooperativistas mineros y de «chotas” renuevan este año la oferta de las caretas de yeso para las t’anta wawas, esos tradicionales panes de la festividad Todos Santos, que se celebra cada 2 de noviembre. «Este año, traemos como novedades las caretas de las ‘chotas’ que son las mujeres de vestido que se caracterizan por tener los pelos teñidos”, aseguró Gabriela Acero, quien ayer ofertaba una variedad de mascarillas de yeso en la avenida Max Paredes. Las t’antawawas son el complemento esencial para armar la mesa de bienvenida a las almas de los muertos que llegan al medio del 1 de noviembre. Al día siguiente, en su despedida, se recuerda la festividad de Todos Santos.
Las «chotas” se caracterizan por tener el pelo suelto y de color negro, castaño y rubio pero con mechones teñidos, los labios pintados de rojo y las cejas delineadas. Se ofertan en dos tamaños, la docena de las grandes vale 15 bolivianos y de las pequeñas 12. «Creamos también máscaras de los rostros de hombres jóvenes, que tienen cortes de cabello modernos”, acotó Acero, quien aseguró que la próxima semana sacarán más novedades. Pasos más arriba, frente a la plaza Max Paredes, Olga Zegales ofertaba ayer una variedad de caretitas de yeso. «La figura de los cooperativistas mineros es lo último para Todos Santos. Elaboramos este diseño ante la demanda de los compradores que siempre buscan mascaras que tengan relación con el difundo”, dijo. Según la comerciante, el año pasado, varias familias ya consultaban sobre caretas con diseños de cooperativistas. Estos modelos lucen los tradicionales cascos que usan los mineros y bigotes. Algunas tienen el rostro pintado de blanco y otras, de color piel. La docena cuesta 15 bolivianos.
Los modelos de las caretas son diseñados con más de ocho meses de anticipación. Son elaborados con estuco y harina. Los artesanos se encargan de crear los moldes, de secar las piezas y de pintar en cada los ojos y el pelo. Las caretas clásicas A pesar de los nuevos diseños, las caretas tradicionales no pasan de moda. Por ejemplo, las caras blancas con cabellos de colores y cachetes pintados son muy demandadas por la gente. Entre otros diseños clásicos están los de soldados, achachis morenos, policías, mineros y cholitas. Otros de los modelos que siguen vigentes son las mascarillas de personajes de vecindad del Chavo del Ocho. Su costo oscila entre uno a cinco bolivianos. «La gente compra para regalar a los niños”, comenta Lucía Quispe, quien además resalta que las más vendidas son las mascarillas denominadas «uñitas” por su reducido tamaño. Estás a veces también se usan para hacer galletas.
Crean figuras de harina de trigo Figuras de caballos y bebés (wawitas) hechas en harina de trigo son las más demandas por los pobladores del área rural. «Las wawitas están elaboradas de harina de trigo y son muy demandas por la gente que vive en el campo. Las compran para decorar sus mesas de difuntos”, contó María Mamani, vendedora. Según Mamani, las figuras no son comestibles y sirven sólo como ornamento en las mesas. Miden de dos a tres a tres centímetros.
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