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Alasitas: Origen, dinámicas y ritualidad

21 Ene

El origen de la Alasita se sostiene en mitos y leyendas

–Las investigaciones del sociólogo especialista en patrimonio cultural, David Mendoza, muestran que la celebración de la Alasita y su relación con el Ekeko no han dejado evidencias escritas acerca de su origen. Sus antecedentes más conocidos están sostenidos en mitos y leyendas.Esta festividad de la miniatura se celebra en la ciudad de La Paz al mediodía de cada 24 de enero, y en diferentes fechas en el resto del país.Los autores más conocidos que escribieron sobre esta festividad fueron Antonio Paredes Candia, Rigoberto Paredes, Antonio Díaz Villamil, Carlos Ponce Sanjinés, Ernesto Cavour y Arthur Posnasky, cuyas obras están envueltas en leyendas y mitos sobre la feria y el personaje en miniatura.Mendoza elaboró un expediente sobre esta festividad, pero no detectó una evidencia histórica en los archivos del país sobre la tradición, aunque sí memorias orales que atestiguan la celebración.Una de las causas por las que no existiría documentación, según el investiador, habría sido «la colonización española que no permitió desarrollar ciertos sistemas de creencias; entonces la historia ha sido proscrita, atacada, por eso no se tiene bien definido (la fecha, la localidad de la Alasita) qué es el Ekeko, porque hay muchas interpretaciones».Para comenzar, el nombre de Alasita tiene diferentes significados, en aymara el más conocido es el reflexivo «cómprame». «Trata de la compra de las illas, ispallas (amuletos, imágenes), miniaturas con el atributo de volverse reales, en medio de un ritual celebrado por el yatiri (adivinador) a las 12.00. Antiguamente, indígenas de comunidades venían a la feria a comprar illas, ispallas, animales y semillas, y duraba un día hasta dos, pero hoy dura como 15 días».Las versiones sobre el origen geográfico de la festividad son diversas, pero coinciden en que sucede en la región andina de Bolivia. Unos autores dicen que es en Tiawuanaku (antes Kollasuyo), en los pueblos kallawayas (enclave quechua) y otros en Chuquiago Marka (ciudad de La Paz), todos en el departamento de La Paz.Sobre Chuquiago Marka, una versión dice que estaba formada por comunidades y ayllus, y la Alasita habría nacido en la actual zona de Santa Bárbara, antes ayllu Uturuncu. Posteriormente la exposición recorrió por la plaza Murillo, la plaza San Francisco, el paseo El Prado, la Terminal de Buses y la avenida Tejada Sorzano, hasta asentarse en el ex Parque de los Monos o campo ferial.Tampoco existe claridad respecto de la fecha de celebración. «La alasita se fue ubicando en una época, unos dicen en octubre, otros el 21 de diciembre (solsticio de verano), al final se quedó en 24 de enero, relacionado con la fiesta de Nuestra Señora de La Paz y después del cerco del caudillo Tupac Katari, en 1781».

Esta afirmación fue abstraída de una obra de Antonio Díaz Villamil, pero Mendoza observa que no existen pruebas para afirmar que, evidentemente, en 1781 se haya instaurado oficialmente la Alasita.

«Gran parte de los historiadores -afirma Mendoza- eran hijos de hacendados quienes les contaban lo que hacían los campesinos. Por ejemplo, Antonio Paredes, Rigoberto Paredes son hacendados y seguro recogieron de algunos cuentos de los indígenas (sobre la Alasita y el Ekeko) y le dieron una narrativa literaria. Por tanto, son cuentos de tatarabuelos a abuelos, lo más particular y sospechoso es que esta fiesta no existe en el campo. En fin, la leyenda no surge de la nada seguro tiene algún sustento».

Tres versiones 
El investigador Galo Illatarco elaboró el estudio Alasita: Festividad ritual del Eqeqo y las Illas. Una tradición andina viva, en la que analiza tres versiones y coincidencias sobre esta tradición.

La primera versión que comparte Illatarco dice que la Alasita deriva del verbo aymara Alathaña (comprar), es una festividad sagrada de culto a la deidad andina de la reproducción y la fertilidad animal, vegetal y humana, de la buena fortuna, del amor y propiciador de las uniones sexuales (Ekeko), es además una festividad prehispánica celebrada en el Qhapaj Raymi cada solsticio de verano (21 de diciembre), caracterizada por la presencia e intercambio de dijes y miniaturas como símbolos de la tradición andina.

La segunda explicación dice que Alasita proviene del verbo aymara Chhalaqa o Chhalaqasiña (intercámbiame). En el pasado habría sido un ritual sagrado (en el Qhapaj Raymi) dedicado al dios Sol con la presencia del Eqaqo Illa a través del intercambio de miniaturas illas, llallawas e ispallas que representan la fuerza reproductiva de los objetos, alimentos, animales y personas o símbolos con poderes reproductores y propiciatorios de producción y fertilidad.

Una tercera versión señala que Alasita derivaría de la festividad incaica llamada Sitwa o Alaui Situa y sería una fiesta ritual del Eqeqo, de las takas y de las illas vinculadas a la fertilidad y a la salud, supuestamente realizada desde el 21 de septiembre hasta el 21 de diciembre.

En conclusión Illatarco considera que actualmente la Alasita es «una festividad paceña de carácter cíclico y se caracteriza por la tradición de adquirir, intercambiar y/o comprar illas de muchos tipos y formas vinculadas a la producción agrícola y ganadera, a la fertilidad vegetal, animal y humana, y en general, al bienestar material, físico y espiritual».

Tanto Illatarco como Mendoza coinciden en que no se conoce información fehaciente de esta fiesta en el momento de la fundación de La Paz.

Una leyenda popular
El escritor Antonio Diaz Villamil relata en su libro Leyendas de mi tierra que en 1781, durante el cerco a la ciudad de La Paz, encabezado por los caudillos indígenas Túpac Amaru y Túpac Katari, se impidió el ingreso de productos a la urbe.

En ese contexto los campesinos Isidro Choquewanca y Paula Tintaya fueron separados por el patrón español Francisco de Rojas. El encomendero decidió trasladar a Paula la ciudad para que atendiera a su hija Josefa Ursula de Rojas Foronda, esposa del gobernador Sebastián de Segurola Marchain.

Paula y la hija del español se refugiaron en un pequeño cuarto, custodiado por un Ekeko. La empleada guardaba maíz tostado, k’ispiña y charque de llama, provisiones que le eran enviadas por su enamorado Isidro.

Al retornar de la batalla, Sebastián de Segurola encontró a su esposa alimentada, rodeada de alimentos donde antes no había y la imagen del Ekeko en la habitación.

Segurola, mediante una Ordenanza en 1783, dispuso el cambió de la fiesta tradicional del Ekeko de diciembre al 24 de enero, fiesta de la Virgen Nuestra Señora de La Paz, para festejar la victoria española. Díaz Villamil relata que Segurola, agradecido por la provisión de alimentos, hizo que Isidro Choquewanca fabricara un idolillo con los rasgos de Francisco de Rojas, su suegro, con una carga de alimentos en sus manos y espaldas. El idolillo también circulaba en el día de la festividad de La Paz, el 20 de octubre.

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Alasitas: Origen, Dinámicas y Ritualidad

19 Ene

Feria y encuentro con el imaginario colectivo paceño
No sólo el hip hop, los graffiti o los festivales de teatro hablan sobre la cultura urbana de La Paz, la feria anual de Alasitas es otro elemento importante del moderno imaginario de los paceños. Un encuentro en el que se puede comprar cualquier objeto anhelado y posible de conseguir en la vida real, por lo que expresa la capacidad/aspiración productiva –y el deseo– de cada ciudadano.Para estudiar el fenómeno de la Alasita, que hasta ahora se expandido, según el diario La Razón, a 13 ciudades y cuatro países, el investigador Nelson Martínez Espinoza partió de un análisis de la cultura urbana paceña y de la producción de imaginarios sociales.Entonces, dice, la Alasita “es un evento sui generis de producción de imaginarios urbanos en la ciudad de La Paz”, un encuentro citadino que, salvo tal vez por el Carnaval, no se puede apreciar en otras ciudades de América Latina.Y es que al mediodía del 24 de enero de cada año, los habitantes de la ciudad de La Paz acuden a la feria (que luego se extiende hasta por tres semanas), instalada en distintos puntos de la urbe, para adquirir sus objetos de deseo en miniatura. Una casa, un carro, una computadora, un pasaje de avión, millones de dólares, todo en miniatura se pone al alcance de cualquier bolsillo.A pesar de ser un acto de masas, la satisfacción individual de participar surge de la identidad que vincula al ciudadano con su ciudad y su cultura.
Los emblemas principales de la Alasita son el antiguo dios de la abundancia (convertido ahora en Ekeko) y las illas (representaciones de objetos a escala), son los elementos indígenas de la festividad que se han conservado con sus respectivas mutaciones. Las illas, por ejemplo, representaban a los animales, la producción agrícola y otros elementos de la naturaleza, pero actualmente representan bienes materiales de consumo masivo.

Según Nelson Martínez, lo primero que llama la atención de la feria de Alasita es su carácter masivo y su capacidad de movilizar a casi toda la población, “una movilización cultural de identidad que se va expandiendo, (pues) tenemos registros (de que sucede) en Buenos Aires, el norte de Chile y Perú”.A pesar de que la identidad indígena aymara es la productora y reproductora de este fenómeno, se trata más bien de una miscelánea de visiones mestizas, católicas e indígenas que producen y reflejan un imaginario colectivo.

“Es el imaginario de los ciudadanos expresado en las miniaturas para amplificar sus posibilidades de futuro, de metas de producción, de capacidad productiva”, dice Martínez. Y esto significa que las personas acuden a buscar aquello de desean, pero a la vez aquello que tienen posibilidades de conseguir en la vida real.

Martínez explica que en la Alasita de La Paz se expresa “el imaginario que tiene que ver con capacidad productiva (individual), no es un imaginario que se da en función a la capacidad de acumular riqueza y bienes”.

A pesar de ser un encuentro masivo, las personas acuden a la Alasita en función de intereses personales y no de una receta colectiva. Lo que se compra o se desea no es para la comunidad, sino para sí mismo y para su entrono familiar.

“Eso define una acción específica en la feria de Alasita –dice Martínez–, uno va a buscar lo que puede lograr, lo que ansía, lo que uno espera y desea”. Por eso se trata de un ritual en el que las personas se marcan una meta a futuro.

Una vez que las personas adquieren sus objetos de deseo, suelen ir a bendecirlos con el sacerdote católico o con el yatiri (adivino aymara), o a ambos sin importar el orden. Martínez dice que esto también es importante porque cada quién construye su propia norma dentro del mismo ritual. El investigador conoció a un grupo de bolivianos en Canadá, por ejemplo, que obligaba a los demás a elevar una oración antes de empezar el ritual de la compra, etcétera. Esa costumbre puede continuar o desaparecer, sólo es una demostración de que pueden añadirse elementos nuevos constantemente, como parte de una construcción colectiva e imaginaria.

Alasita es, por tanto, “ese imaginario poderoso que ha subsistido por cientos de años y que hace que los paceños se encuentren con su identidad, pidiendo algunos objetos o sueños anhelados para fijarse como meta y, en función a eso, establecer su ritmo de vida”.

Martínez advierte que a pesar de que a lógica de vivir en ciudad distancia a un ciudadano de otro, esta práctica de cultura urbana paceña congrega a todos en un escenario (Alasita) para encontrarse en un acto ritual y de entretenimiento.

El comunicador e investigador de las culturas urbanas Nelson Martínez Espinoza puede ser contactado a través del correo pucarani@gmail.com.

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