Por Clovis Díaz de Oropeza F. (EL DIARIO, especial).- En el muro blanco y mayor de la iglesia de Camargo, dibujado a mano alzada por algún clérigo de antaño, posiblemente entre la etapa colonial y republicana, existe lo que podríamos llamar un mapa de la región.
En aquel dibujo lineal, con trazo de pintura a la caseína, color negro, el anónimo autor detalló los nombres de numerosa vecindad, de pueblos y de comunidades que rodeaban al centro urbano de Camargo.
El diestro trazado, sólo tenía estampados nombres sin ninguna otra referencia de ubicación que, por lo menos, diera pautas para saber si el mencionado lugar estaba cerca o lejos de Camargo. Uno de los supuestos pueblos tenía el nombre de “Singani”.
Singani, durante la Colonia y con seguridad, en el proceso de la Guerra de Independencia y también en las primeras décadas republicanas fue importante. De lo contrario, no figuraría en el mapa de la iglesia principal de Camargo.
Pues bien, por obra y gracia de la lucha por el mercado de vinos y aguardientes que dieron fama a la producción artesanal e industrial de Camargo, Sud Cinti, departamento de Chuquisaca, el punto geográfico “Singani” fue traído al presente como testigo real y hasta tricentenario, de que el calificativo Singani estaba ligado a la casa de San Pedro y que, en consecuencia, existía una simbiosis histórica.
El fondo de lo que fue la “guerra del Singani” y que movilizó a los vinicultores y productores de vino y de aguardiente del departamento de Tarija fue el nominativo “Singani” pero, además, el ingreso de vino y de aguardiente por las llamadas fronteras libres, por contrabando.
Para los grupos de propietarios de viñedos tarijeños y sus subproductos, la palabra “singani” posiblemente no tenía dueño y podía muy bien ser utilizado en la etiquetas de las botellas.
En consecuencia, el nominativo “singani” se convirtió en el objetivo principal de aquella batalla de mercados y surgió incluso, el intento de registrarlo como una marca tarijeña, en un instituto francés de competencia mundial, factor que como es lógico atacaba directamente a la producción del legítimo singani camargueño.
El nominativo “singani” se transformó, por así decirlo, de la noche a la mañana, en una barricada de sobrevivencia y empezó una lucha muy dura por el control de este nominativo entre Camargo y los productores tarijeños.
En aquellas circunstancias el empresario y amigo Carlos Calvo decidió defender el ya famoso nominativo y demostrar fehacientemente, que Singani es patrimonio de Camargo y debido a su ubicación geográfica, testimoniada en el mapa de la iglesia camargueña, pertenecía al linaje colonial-republicano y con absoluta certeza, a la industria de Camargo.
Eso había que probarlo en los hechos.
UN LARGO VIAJE
Como periodista de investigación fui convocado para averiguar en qué área geográfica de Chuquisaca estaba presuntamente, ubicado el pueblo o región de Singani. Junto al gerente de una empresa, Miguel Cortéz, y del conductor Gunnar Bellido empezamos nuestro incierto periplo primero por las ciudades de Sucre y Potosí, entrevistando a historiadores, empresarios y gente que de una y otra manera estaba relacionada con el tema.
Las pesquisas, incluso en archivos de iglesias y de bibliotecas de ambas ciudades no decían mucho sobre Singani, casi nada, a excepción de que podría haber sido un paso de tránsito para las recuas que transitaban de Camargo hacia Potosí y viceversa.
Los mapas antiguos y modernos ignoraban por completo la existencia de Singani y la referencia obligada continuaba siendo el muro de la Iglesia de Camargo.
Retornamos a la serranía limítrofe entre Potosí y Chuquisaca, por el camino de Otavi a San Lucas, cuya iglesia fue concluida en el año 1788, saqueada por ladrones de obras de arte colonial en marzo de 1989. El pesado aldabón de la iglesia estaba fechado en 1786, mientras que la torre de San Lucas, del Siglo XVIII, fue casi derribada por los buscadores de tesoros.
EL CUARTO PASAJERO
Como había comentado líneas arriba, viajábamos tres personas en una vagoneta Toyota, en la que dormimos varias noches sin cenar otra cosa que pan y agua. No había tiendas ni seres humanos a quienes recurrir. Sólo estaba presente la terrible soledad del paisaje y el frío que no perdonaba.
Tal vez, los accidentes geográficos del camino o el no dormir bien, concentrados en la búsqueda del misterioso Singani, hicieron curiosos efectos en nuestra mente.
Así por ejemplo, a plena luz del día, personalmente, mis cinco sentidos me avisaban que, desde la salida de San Lucas, viajaba junto a nosotros un cuarto pasajero.
Cuando miraba desde el asiento trasero hacia la cabina sentía una persona borrosa, muy bien sentada a mi izquierda, con sombrero, chalina y grueso abrigo que también tenía fija la mirada en la cabina y el camino que recorría el vehículo.
No comenté sobre este fenómeno visual, a los otros dos compañeros de viaje porque, pensé, tal vez son creyentes y la búsqueda quizás, se convertiría en martirio.
Así que no dije esta boca es mía y, terminé acostumbrado, a percibir al cuarto pasajero que, sin despedirse, desapareció cuando ingresamos al lecho del río Caichoca.
MILLONES DE ÁRBOLES
Continuamos el ascenso por la cordillera, poco a poco, los cerros se mostraban totalmente áridos, apenas unos arbustos. El camino que seguíamos era en realidad una senda abandonada.
Precipios de hasta 600 metros, caracterizaban aquel camino de curvas y contracurvas; grandes pedrones obstaculizaban nuestro recorrido. Los campesinos habían cerrado la vía para convertirla en potrero. Tuvimos que abrirnos paso y seguimos.
Poco después, millones de árboles de kewña cambiaron el panorama y en el suelo, afloraban restos fósiles de varias especies que, seguramente, poblaron aquellos parajes. Descendimos el terrible camino durante dos horas, hasta llegar a un río.
EL RÍO CAICHOCA
Un camionero al que preguntamos por Singani, que transportaba leña, estacionado en una de las márgenes del río Caichoca, al vernos empeñados en cruzar las turbulentas aguas, nos aconsejó: “Es inútil seguir por esta vía del río porque está muy crecido. Es mejor que se vayan hacia Turuchipa (Potosí), y desviar en Uruchini y seguir esa ruta para llegar a Singani”.
Por primera vez, teníamos la certeza de que el plano de la Iglesia de Camargo tenía mucho de real. A lo largo del camino, habíamos preguntado a los pobladores de comunidades y pueblos si conocían Singani. Nos respondían: “río abajo, todos hacen singani”.
Agradecimos al camionero, y rumbeamos en dirección norte, bordeando el límite de Chuquisaca con Potosí, dejando atrás dos quebradas del río Caichoca. Pasamos por Keluyo, Antena de Entel y luego torcimos rumbo al este y bajamos en sentido sur, por los puntos geográficos de Mojón, cercano a Uruchini: Pasamos apenas el río Jankokhala, transitamos por Huañoma y de improviso, se abrió a nuestra vista un espléndido valle de árboles de sauce, de higueras y viñedos.
SINGANI
En realidad, dimos una gran vuelta de cientos de kilómetros, hasta retornar al cauce del río Caichoca y la afluencia de río Grande. Preguntamos a unos arrieros dónde quedaba el pueblo de Singani. Riendo, nos contestaron que estaba a unos 500 metros.
Bajamos de la vagoneta y, caminamos “río abajo”, siempre inquiriendo por Singani. Aquí es, nos dijo un joven agricultor, llamado Severino Alcoba quien, junto a su familia, era el encargado del lugar.
Singani, después de tanta búsqueda, para nuestro contento, existía pero no era ningún pueblo, sino una pequeña hacienda no mayor a tres hectáreas. En aquel tiempo, mayo de 1988, encontramos, tras intenso trabajo, Singani, hacienda colonial que todavía, después del Siglo XVIII, fabricaba singani con tecnología colonial, traída junto a retoños de vid, por curas y soldados españoles que tomaron por la fuerza, aquellos recónditos parajes.
En la hacienda Singani se fabricaba aguardiente y vino de uva negra, en una antiquísima “conchana” en la que se procesaba la uva y transformaba rudimentariamente, en bebidas espirituosas de exquisito sabor.
El propietario de Singani, radicado en la ciudad de Potosí, visitaba su pertenencia para la vendimia. Las plantaciones de vid, de durazneros e higueras, precisaban remozamiento so pena de disminuir, año tras año, su producción.
Y así, de retorno a Camargo, con la prueba de que Singani existía en una orilla del río Caichoca, probamos que el singani, bebida espirituosa, nació en aquella hacienda chuquisaqueña, que es patrimonio de San Pedro y que, el plano dibujado por un eventual sacerdote-artista, decía la purísima verdad. Valió la pena aquella investigación, como intenta transmitir la presente crónica.(clovisdiazf@gmail.cm)
@madeindex Yeah, one ship sunk in the canal could close it. And they could sink it using drones, mines, commando attack... Big waste of money.
@SeanPLynch 😂 suddenly UAE would fund it, a canal coin would be up and running in no time, a president would announce US support and coincidentally a family would make some real dollar money 😋
@madeindex
I hope Jared and Ivanka aren't reading these toots.
Otherwise they will start the 'Make Hormuz *Straight* Canal Company' and start lining up investors to fleece!
@doc NEVVERR TOTAL WAR TOTAL WAR I SAY!
We are truly governed by the worst of the worst ;)
@SeanPLynch Yeah I was also thinking about that, the drone threat can be mostly protected against with drone nets, but those missiles are the real issue, wondering if patriots defending just this line would be able to take them down, if the drones didn't swarm them.
Haha even better, just let AI negotiate it ;)
I feel like the AI bubble will collapse soon, so many of the big AI companies are raising capital & preparing IPO's, might be preparation for the cleanse?
@madeindex is that cheaper than just making friends?
@madeindex
If Iran can strike Israel with missiles, then this canal will do nothing to open the strait. You'd be better off building rail lines on land through Iraq or Saudi Arabia. The rails are easier to repair after missile attacks.
However, if they tell investors that they'll use AI to secure it, they'll be able to raise $3 or $4 Trillion in a couple of weeks!
Likely pipelines would be the preferred short/mid-term solution.
Shapes, colours, numbers and sounds) have been applied to architecture, telecom networks industrial design, boats and aeroplanes to transmute the effects of environmental energy disturbances from sources such as electromagnetic radiation, structural design and cosmic and earth energy radiation. BG is also being applied to agriculture, poultry, fish, and livestock farming to increase productivity and quality leading to the reduction of controversial chemicals and artificial treatments.
thanks for sharing..welcome!
Check more : https://www.poetryfoundation.org/poems/52341/hamatreya
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"One traditional analogy is dust on the mirror, which interferes with the divine expression of our true nature. But we can increase the transparency of that reflection, a very gradual process but can fluctuate, given our inconsistent behavior and insights.
We do not need to generate our own luminosity, but merely reflect the universal radiation that falls on each of us. We can strive for understanding. We can become a clear mirror to the light of the universe.
all experiments failed to reveal this suspected medium, and special and general relativity at last did away with the need for it entirely. Can we point to any evidence at all in favor of the aether’s existence?
Image : The longer a photon’s wavelength is, the lower in energy it is. But all photons, regardless of wavelength/energy, move at the same speed: the speed of light..the speed of all forms of light is measured to always be the same for all observers.
Primordial god embodying pure light and upper air beyond the mortal sky.
Often born from Chaos; sometimes from Night (Nyx) and Darkness (Erebus). Sibling to Hemera (Day), bringing light after darkness in creation myths.
Medium where gods breathe and stars move — untouched by decay or storms.
Inspired philosophers to describe a perfect “fifth element” above the four basics.Legacy lived on in Renaissance cosmology and the later scientific “luminiferous aether.”