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Casa Real y Campos de Solana: Vinos con raíces profundas

12 Ago

Por Martha Otazú / Fotos Carla Tejerina – Campos de Solana PDF Imprimir E-mail
Los fértiles valles tarijeños cobijan, desde hace más de 30 años, viñedos maravillosos cuyos frutos son convertidos en singanis y vinos que han ganado premios internacionales por sus múltiples cualidades, muchas de las cuales les son dadas por la altura a la que se cultivan. La familia Granier ha tomado esta tarea como su principal legado y alimenta esta tradición por generaciones.
vino
“Tarija era otra”, comenta Luis Granier Ballivián llevando su recuerdo al día en que, inspirado en la añeja pasión de su suegro, Julio Ortiz Linares, decidió destilar un sueño: sembrar sus propios viñedos y convertir el fruto maravilloso de la vid, gestada a 1950 metros de altura, en aromático y exquisito singani.
Y sí, Tarija ha cambiado en los más de 30 años que le tomaron a don Lucho madurar la hoy denominada Sociedad Agroindustrial del Valle Ltda (SAIV), una floreciente industria que encuentra sus orígenes en la época de la Colonia, y cuyo principal producto, el singani Casa Real, ganó importantes premios. En esencia, sin embargo, el llamado “valle andaluz” sigue siendo como lo describe Granier: un sitio encantador en el que “el clima es bueno y la gente es buena”.
“Gracias a Dios estuvo la ayuda de mi familia, una gran familia -dice don Lucho agradecido-. Tuve unos hijos macanudos que fueron criados con mucho amor a la camiseta”. Granier y sus hijos, Fernando y Luis, con no más de seis empleados, pusieron en tierra los primeros plantines de uva moscatel de Alejandría y echaron a andar los primeros alambiques traídos desde Cinti hasta Santa Ana, una hermosa localidad ubicada en el valle central tarijeño. El sueño comenzaba a destilar realidad,  “pero –dice su gestor- no era lo que queríamos, debíamos tener algo mejor”.
“Trajimos gente de Alemania y Francia”, recuerda don Lucho. No siendo suficiente, él mismo viajó a países productores para aprender más sobre la vid y su cultivo, y pronto comenzó a implementar una tecnología que hoy envidian varios vecinos dentro y fuera del país. Consolidó un moderno sistema de riego a goteo e instaló sofisticada maquinaria, entre la que se cuentan alambiques traídos desde Congnac, Francia;  enormes tanques de fermentación controlados electrónicamente y calderos de cobre que destilan el jugo una o más veces, hasta convertirlo en aromático singani.
Años más tarde, la familia comenzó a explorar en la producción de vinos de altura y el 2000 creó Viñedos y Bodegas Campos de Solana Ltda, comenzando así otro capítulo en su historia.
VINOS CON ALTURA
El Portillo, localidad ubicada a ocho kilómetros de Tarija, alberga a la bodega de Campos de Solana, un hermoso sitio en el que máquinas, tecnología y naturaleza conviven para hacer posibles los mejores vinos.
“Sabemos qué parcelas nos dan vinos de ciertas cualidades”, comenta Granier. El cultivo de la uva y su posterior utilización requieren del conocimiento preciso de cada parcela, de casi cada planta, y un manejo muy cuidadoso desde su siembra. Los más finos requieren de un mayor grado de sofisticación en su atención y selección, se cosechan a mano y se escoge racimo a racimo. La uva da un examen frente al enólogo y éste la convierte en una obra maestra.
El proceso, desde la fermentación hasta que llega al decantador –la mejor manera de apreciar un vino es sacarlo de la botella a un decantador para que “abra” sus cualidades-, es realmente largo. Los reserva o gran reserva deben fermentar durante varias semanas a determinada temperatura, luego ser almacenados en barricas de madera (cada una cuesta aproximadamente mil euros y sólo sirven para almacenar cuatro versiones de vino) durante varios años y posteriormente reposar otro tiempo más en botellas.
El ser cultivado en altura, permite que los rayos ultravioleta den cierta particularidad a la fruta, y por tanto su sabor, color y aroma serán únicos. Campos de Solana ganó varios premios a nivel internacional y recientemente cambió su imagen de marca para adecuarse a los mercados más exigentes. Una nueva etiqueta, diseñada por expertos argentinos, y un nuevo empaque le dan otra apariencia al producto.
EN FAMILIA
El amor por la uva y el trabajo familiar se ha destilado y condensado varias veces y, hoy por hoy, los hombres y mujeres de la familia continúan dando cuerpo a una tradición boliviana.
“De chico lo miraba y sentía el cariño que tenía por la empresa”, comenta Luis Pablo Granier, gerente de Producción de Viñedos y Bodegas Campos de Solana, refiriéndose a su abuelo. “No deja de ir ni una sola mañana a la bodega; yo creo que le puede poner nombre a cada una de las plantas”, añade.
“Como nietos vemos en él a una persona muy trabajadora, cuya filosofía es hacer las cosas bien, sin importar lo que cuesten; eso ha trascendido a todas las generaciones”, comenta. “Se siente un orgullo gigante que te mueve el corazón saber que toda esta empresa fue levantada con sólo trabajo y pasión. Nuestro compromiso es seguir con la misma filosofía”, dice desde el sentimiento.
María José Granier, responsable del área administrativa y financiera, cuenta que en su casa se ha respirado desde siempre el olor inconfundible de la bodega. “Mis primeros recuerdos están ligados a la vendimia, a las viñas, al embotellado. La empresa es un poco mayor que yo, así que fui creciendo con ella. He visto tiempos de mucho sacrificio, épocas en las que mi papá salía a trabajar a las seis de la mañana y volvía en la madrugada. Pero además de los sacrificios están también las satisfacciones, como la de ver que un producto es vendido en una ciudad, después en varias y luego es ganador de reconocimiento a nivel mundial. El día que recibimos el premio como el mejor destilado del mundo fue una alegría para toda la familia, porque era el premio a todo el trabajo y cariño que depositamos en la empresa”, comenta.
CON RAÍCES PROFUNDAS
Desde el primer alambique hasta hoy ha corrido mucho singani y vino por la historia de estas empresas. Más de cien empleados trabajan ahora en la empresa, 170 hectáreas de viñedos germinan una pujante industria, y alrededor de 1000 proveedores de uva contribuyen con su trabajo.
El enoturismo ha comenzado también a ganar espacio gracias a los viñedos y la industria del vino, y se ha creado la Fundación Casa Real, la cual tomó acciones inscritas dentro la responsabilidad social empresarial, entre ella  una guardería para los hijos de los productores, becas escolares y universitarias, además de brindar apoyo a deportistas.
“Hicimos lo que pudimos”, dice con modestia don Lucho. No es casualidad, sin embargo, que su nombre haya bautizado al singani premiado como el mejor destilado del mundo en Chile y Canadá. “Yo no lo esperaba”, dice el pionero, sin embargo, sabe que este es el fruto del esfuerzo familiar.
 “La empresa tiene raíces profundas como para resolver sola las dificultades que pudieran aparecer”, dice sobre el futuro. De hecho, hasta ahora el singani ha probado por sí mismo que es incomparable. Su potencial “rival” a nivel internacional, el pisco, salió de competencia, pues mientras éste es mezcla de varios tipos de uva y se destila como cualquier alcohol, el singani se hace sólo de moscatel de Alejandría con atributos que le da la altura, y sigue un proceso de destilado muy similar al del coñac.
“No somos un pisco, somos un licor de excelencia”, enfatiza Juan Trigo, gerente regional de D&M. “Ganamos un premio como el mejor destilado del mundo en la categoría de aguardientes, en Chile”, confirma. El hecho tuvo mucha repercusión en los medios chilenos y peruanos, al punto que los productores pisqueros comenzaron a hablar de cualidades como el doble destilado, la pureza, claridad y el uso de 100 por ciento uva moscatel, todas propias del singani boliviano.
Está a punto de terminar la vendimia. Tarija es otra en esta época del año, la bodega huele a uvas y fermento, y miles de mosquitas vinagreras surcan el aire fresco en los viñedos. Don Lucho, hombre con la piel marcada por el sol y la tierra, se despide y alista el ánimo para seguir con su rutina de años: hacer vinos y singanis con altura.
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Campos de Solana, Coleccion de Altura

5 Mar

Colección de Altura, un vino de lujo de Campos de Solana

 

“El vino y el singani los llevo en mi sangre porque más allá de la producción es un sentimiento y tradición familiar”, comenta Luis Pablo Granier, quien a sus 28 años es uno de los principales ejecutivos de la cuarta generación de la familia Granier.

El joven empresario es gerente de Producción de las empresas nacionales Casa Real y Campos de Solana, que producen singanis y vinos desde sus bodegas en Tarija.

Esta semana en la capital chapaca, Campos de Solana lanzó al mercado 4.000 botellas de vino de la Colección de Altura en su edición limitada y de lujo.

Antes de explicar las características de este vino, Granier recordó que su familia está vinculada con la producción vitivinícola desde 1925. Su bisabuelo Julio Ortiz Linares inició la industria en el valle de Los Cintis. “Mi abuelo, don Luis Granier Ballivián, era su yerno, trabajaba con él y aprendió mucho, le traspasó toda su experiencia de hacer un buen vino”.

Los Granier son conocidos como una familia tarijeña, pero pocos saben que son paceños que se afincaron en Tarija para desarrollar esta industria.

“Mi abuelo, mi padre Luis Granier y mi tío Fernando Granier, quien falleció hace dos años, todos son paceños e hicieron vida en Tarija”, recuerda.

En 1981 se creó la empresa Casa Real y ahora el empresario recuerda que desde niño vio construir la empresa desde el primer ladrillo.

“Recuerdo desde chico que mi abuelo siempre nos decía: hagan las cosas bien”, dice al recordar a los fundadores de la industria del vino en Bolivia. Junto a su prima María José Granier son los únicos dos nietos que trabajan en la empresa.

Una delegación de periodistas visitó las empresas de los Granier y recibió, como el vino, un trato de altura desde su arribo a Tarija. Unos 15 medios de comunicación de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Tarija y un grupo de publicistas de Mendoza, Argentina, que trabajan en la campaña de promoción, fueron recibidos con guirnaldas para hacer conocer la producción de los vinos de altura.

Los enólogos argentinos Jorge Furio y José Argúmedo, y el  boliviano Nelson Sfarcich, además del embajador de marca Eric Lacoste, de nacionalidad francesa, explicaron, cada uno por separado, las bondades y el proceso de producción de la Colección de Altura.

Este añejo de lujo incluye tres variedades de vino en una sola botella: contiene el 80% de Cabernet Sauvignon, 15% de Malbec y 5% de la variedad Merlot.

Tiene una antigüedad de 12 años y la uva ha sido cultivada a una altura de 1.900 metros sobre el nivel del mar. El vino estuvo dos años en fábrica, pero además estuvo seis meses en botella antes de salir al mercado. Hace una semana que ya se vende a Bs 150 en los principales mercados.

La crianza de la uva fue de 24 meses en barricas donde el 80% es de roble francés y el 20% roble americano. Cada una de estas barricas le da un sabor y aroma especial debido a la madera.

La Colección de Altura es uno de los vinos más galardonados, obtuvo más de diez premios internacionales. Ahora, con esta nueva edición participará en los mundiales de Canadá, Bélgica y una competencia en París.

La producción anual de vino alcanza a 1,5 millones de botellas y logró un crecimiento del 20% en esta producción, según explicaron los ejecutivos de estas dos bodegas bolivianas.

Plantean tributar impuestos por igual 

Las empresas Casa Real y Campos de Solana plantean al Gobierno tributar impuestos por igual tanto para empresas nacionales como extranjeras para el Fondo Proleche.

El gerente regional de D&M y director comercial de Casa Real y Campos de Solana, Juan Trigo, manifestó en Tarija que están plenamente de acuerdo en beneficiar a la niñez con estos fondos, pero que “el mismo debe ser por igualdad de condiciones tanto para empresas nacionales como extranjeras”.

La propuesta inicial, que aún está por definirse en la reglamentación, es que las empresas nacionales aporten con Bs 0,10 centavos y las extranjeras con Bs 0,40 centavos. Esta desigualdad no le convence a Trigo. “Este tipo de impuestos no están bien dirigidos, es un incentivo a lo informal”, señaló. “En la producción nacional no necesitamos impuestos, sino incentivos a la producción”, protestó luego de pedir transparencia y controles en los destinos de estos fondos  para que se inviertan en los niños.

 

La Razón / Édgar Toro Lanza / Tarija

00:00 / 18 de marzo de 2012

 

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