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Samaipata el Nuevo Destino Enologico de Santa Cruz

3 Oct

 

 Desde que hace 450 los españoles llegaron a Santa Cruz y plantaron las primeras cepas para poder beber el vino propio de su cultura, estas cepas se mantuvieron latentes en los Valles Cruceños , donde la uva siempre estuvo presentes entre los paisanos de este bello terruño en sus parrales de uvas de mesas que son herencia de sus antepasados que durante la colonia también fermentaron para los vinos de Misa de las iglesias del Obispado de Santa Cruz. Pasado casi 450 años renace esta vieja tradición para unirse a Tarija y lograr un nuevo destino enológico en los valles de Santa Cruz.
“Valle de SAMAIPATA”   de los Vinos de Santa Cruz
A mediados del siglo pasado un emigrante croata se casó con una samaipateña y además de hijos engendró una hermosa viña en el Valle de Samaipata, esta viña bautizada con el apellido del croata MILETA embotelló  con la marca VINOS MILETA un mosto afinado y hecho con uva criolla, un tinto medio dulce, que si bien entraba en las casas de los cruceños la mayoría de las botellas  iban a las sacristías y se usaba para Misa. Aquel vino medio dulzón se convertía así en sangre de Cristo después de la consagración y sirvió también como buen acompañamiento para que junto a la chicha deleitara los paladares de los cruceños y viajantes que venían por estos lares.
Pasados 20 años el viejo Mileta, dijo basta y sus hijos no siguieron con el emprendimiento bodeguero de su padre. Por los 70 hubo una nueva intentona, el Ingeniero Jorge Arias llegó a embotellar 800 botellas con el nombre de “DON JORGE”, de un vino con muy buena traza hecho por un enólogo argentino, con uvas compradas en el exterior, también adquirieron autenticos corchos de alcornoque  y en estas operaciones y trasiegos el gaucho, resulto ser un chanta y desapareció, el bueno de Jorge Arias se quedó “compuesto y sin novia” mejor dicho “y sin su  “DON JORGE” y aquel interesante proyecto enológico  del el valle de Samaipata murió.
 Con el Siglo XXI, la primera bodega en Santiago del Valle a solo 10 kilómetros de Samaipata, iniciativa de  Jorge Vargas, quien apostó  por las uvas Moscatel de Italia, Quebranta y Moscatel de Alejandría y con estas frutas Vargas comenzaba a destilar el vino con alambiques comprados en Perú y en la actualidad están sacando un destilado tipo Singani o Pisco que lo han bautizado como MOSCATO. Vargas también se ha lanzado al tinto y ha empezado a embotellar un Cabernet Sauvignon.  Viñas de Vargas cuenta con 3 viñedos que suplen su producción enfocada en dar una nueva opción al amante del singani. Este es un loable proyecto para alabar y alentar.
A este proyecto, en la actualidad, se tienen que sumar dos más, uno que ya es una realidad que bajo el nombre de Bodega UVAIRENDA, embotella el vino 1750 impulsado por el tándem Roig-Ortiz.
Y el otro que en dos o tres años empezará a trajinar sus mostos y con 13 hectáreas está sobre la ruta al famoso FUERTE y que ha empezado con el buen hacer y el cariño que pone en las cosas el empresario Carlos Landivar.
Con estas tres realidades enológicas y otras que están en ciernes en los valles, no nos extrañaría nada que pronto tengamos en Santa Cruz una D.O (Denominación de Origen) que bajo el nombre de Valle de Samaipata u otro similar albergara a todas estas emergentes bodegas.
UVAIRENDA – 1750
Si con una palabra pudiéramos definir esta Bodega la llamaríamos “La Ladera”. Si usted llega a Samaipata vaya en dirección al Hotel  El Pueblito que está en una pronunciada colina y todo lo que es la ladera es la Viña de Uvairenda, en la cúspide la Bodega y al lado la casita que será la recepción del enoturismo.
Sin lugar a dudas este proyecto tiene todas las trazas para convertirse en uno de los proyectos enológicos más importantes de Bolivia, siempre y cuando el fuelle económico aguante y el terroir sigue dando estos estupendos frutos.

Los impulsores de esta nueva Bodega Boliviana tienen los conceptos claros, hacer de los procesos que van desde el Terroir a la Bodega, todo lo más natural posible, como nos decía el Roberto Aguilar  “La idea es que en esta viña se mime la uva, que se golpee el fruto lo menos posible, para que desde que empieza el ciclo de la vid hasta que se embotella el vino todo sea lo más natural posible”.

Dicen los expertos que para tener éxito en un emprendimiento hay que tener cuatro cosas: Conocimiento de la materia, Pasión, Fondos y Creatividad. Si dejamos a un lado el vil metal, personalmente, lo resumiría en tres palabras Credibilidad, Creatividad y Sensibilidad.

Estas son precisamente las tres características del cruceño con sangre catalana y ahora afincado en Estados Unidos, Francisco Roig, quien  parió este  proyecto y ahora lo hace realidad junto a su socio Peregrín Ortiz que a pie de terroir le suple a “toque de blackberry”, convirtiendo este sueño en realidad.

El sueño de Francisco desde muy joven fue el mosto, el producir vino, y en el sótano de su casa ya trajinaba uva, turriles, levaduras  y fermentaciones. Sus vinos artesanales eran apreciados por sus familiares y amigos, y todavía sigue en este empeño en su casa norte americana.  Un día decidió reunirse con su amigo de toda la vida Peregrín y cambiar el sótano por una bodega, de su bodega de juguete a una profesional y con todas las consecuencias y así llego a hacer este  sueño realidad, desde hace cuatro años UVAIRENDA es una gratificante y sorprendente realidad.
Ya han tenido dos cosechas, los vintages de 2010 y 2011. La  vendimia del presente año ha sido la primera de Bolivia terminando de cortar los últimos racimos el tercer sábado de febrero de 2011.
Para coordinar la viña y bodega de Samaipata han  buscado el “expertise” del profesor Philippo Pszczólkowski, quien con ingenieros egresados de la universidad Católica de Chile están entrenando al personal de la bodega y apoyando los procesos de vinificación. En estos momentos es el  joven Roberto Aguilar quien ha tomado la batuta del vintage de 2011 con las indicaciones de Francisco Roig en cuanto a la vendimia y realización los cortes.
En Uvairenda,terminada la primera fase de la bodega, podrá producir unos 50.000 litros. En esta viña se ha apostado  por variedades tradicionales como el Cabernet  Sauvignon, Syrah, Tannat , también por Malbec y Merlot que en estos momentos están de modo experimental,  además se han plantado cepas de frutas blancas como Chardonnay. Uvairenda con estas frutas pondrá en el mercado boliviano vinos varietales, trivarietales. Tintos, rosés y blancos.
Pero no todo es a corto plazo,  ya están pensando a medio plazo, y este año se plantará 1600 cepas a raíz desnuda de Chardonnay y Tannat recién traídas desde el sur de Francia.
Esta bodega quiere ser el centro de la producción de vino de Samaipata y está animando a otros vecinos y pobladores de la zona a plantar vides para que usen sus instalaciones en los procesos de producción.
Cuál es el secreto de Uvairenda, por un lado la Pasión de Francisco Roig, la Credibilidad del equipo de la universidad Chilena capitaneada por Philippo Pszczólkowski y la creatividad de Peregrín Ortiz que sabe sacar de donde no hay.
 En la actualidad  un  equipo de campo encabezado por Fidel Sibaute, miman la viña para que se convierta en una “niña bonita”  y un plantel de operarios en bodega y laboratorio, hacen de este proyecto una realidad llena de futuro y con una proyección tremenda.
El vino que sale de esta bodega se ha bautizado con el nombre  “1750”, cifra que indica la altura en que se encuentran los viñedos de Uvairenda, tiene una proyección fantástica y esperamos en los próximos años logremos catar la mejor expresión de este gran potencial. Por ahora todo va por muy buen camino y los primeros caldos han cautivado a todo aquel que lo ha probado.
VIÑA DEL VALLE DE LA PURIFICACIÓN
Otro de los proyectos que se ven sólidos y con futuro es el del empresario cruceño Carlos Landívar, que acaba de plantar sus primeras cepas en la ladera junto al famoso Fuerte de Samaipata, un total de 13 hectáreas de Cabernet Sauvignon, Merlot, Tanat , Sauvignon Blanc y Chardonnay.
Landivar es un hombre meticuloso, y le gusta como él dice “empezar desde cero”, paso a paso, pero con zancada firme. A Carlos no le gusta la mediocridad y lo que hace lo hace bien. Así que en la enología seguirá esta misma filosofía.
 Asesorado por el enólogo franco-chileno  Francois Massoc consultor de varias viñas en nuestro continente, formado en Francia y con la consultoría “Massoc y Parra”, ve en este proyecto un reto muy importante pues se trata de constatar alguna de sus teorías donde la climatología, el terroir y la altura juegan un papel importante para esta nueva viña que su primera cosecha se recogerá en tres años en el pueblo del Valle de la Purificación, que es el nombre que recibió de los españoles  el hermoso valle donde está Samaipata, y así llamará Landívar a su Bodega,
El Valle de la Purificación era hace 450 años,  la población de tránsito obligatorio desde el la Gobernación del Río de La Plata, sobre todo desde Asunción del Paraguay y Santa Cruz de la Sierra con las minas que se encontraban en los Andes y el puerto en Lima.Ahora, Samaipata, con estos proyecto puede convertirse como importante vía de producción vinífera en Santa Cruz y llegar en un futuro a un centro exportación  como lo era antaño en tiempo de los españoles.
Para esto Carlos Landivar construirá una gran Bodega con todos los detalles para este proceso. Deseamos de todo corazón que las plantas que en este 2011 se han plantado puedan tener su primer fruto vinificable en tres años, pedimos a Dios estar en el Valle de la Purificación para probarlos.
Samaipata, Descanso en las Alturas, El Valle de la Purificación, Encuentro de Culturas, es un sin fin de cosas a descubrir, en la actualidad se cree que fue un centro importante para varias de culturas ancestrales como: Las Culturas Amazónicas, las Culturas Andinas y las Culturas del Gran Chaco. Hoy, tiene un nuevo aliciente una nueva ruta  del vino en Santa Cruz…. Una nueva alternativa que se suma a Tarija para seguir fortaleciendo la industria nacional.
TURISMO ENOLOGICO
Junto a las bodegas de Samaipata, el visitante tiene que estar cerca de la viña, disfrutar de la gastronomía y de un buen dormir, Pared con pared con Uvairenda está el Hotel boutique u Hotel con encanto “El Pueblito”, regentado por  Giovanni Guidetti y Sandra Serrate. Nos solo son buenos anfitriones, sino además unos verdaderos amantes del vino.
Nos reciben con una camisa adoc a las circunstancias con sus estampados de botellas cepas racimos y copas de vino. El Hotel está lleno de dibujos y pinturas realizadas por la laboriosa artista Sandra Serrate, donde el vino es el motivo principal de la decoración, y para colmo le recomendamos que se hospede en la habitación que se llama “la taberna”.
No hemos visto nunca una sinergia tal entre Bodega, viña y Hotel. Un hotel con encanto para un viaje de ensueño entre viñedos hermoso paisaje e historia.
Además de “El Pueblito”, Samaipata te ofrece otras casas de hospedaje, restaurantes, cafeterías donde nunca te faltará la botella de Viñas de Vargas, 1750 o la que Landivar está ya plantando en el Valle de la Purificación.
 Samaipata ofrece al visitante un interesante núcleo gastronómico con productos caseros, como los famosos chorizos alemanes, quesos, mermeladas caseras, embutidos, mieles silvestres, horneados típicos…etc  que se unen al vino haciendo de este lugar un destino único en Santa Cruz.
  http://nomesvi.blogspot.com/2011/02/samaipata-el-nuevo-destino-enologico-de.html
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Vinos 1750 – Samaipata

3 Sep

1750 es producido por Uvairenda, una pequeña bodega boutique ubicada en nuestro viñedo en el Valle de Samaipata. La bodega está abocada a la producción de vinos de alta calidad en pequeña escala, y en otorgar al visitante un punto de entrada al maravilloso mundo de los Valles Cruceños, ofreciendo la posibilidad de compenetrarse con la experiencia vitivinícola, conocer la naturaleza de la elaboración de los vinos, rescatar la esencia del terruño samaipateño disfrutando a su vez de la beldad del valle y degustando sus vinos. Es que Samaipata es tan solo la puerta de los Valles Cruceños, un paraíso a solo 2 horas al sudoeste de Santa Cruz de la Sierra.

Vino 1750 – Cabernet Sauvignon
Vino 1750 – Syrah
Vino 1750 – Tannat
Vino 1750 – Syrah Rosé
Vino 1750 – Chardonnay
Vino 1750 – Torrontés

Samaipata, Vendimia Cruceña

17 Mar

Samaipata, vendimia cruceña

La variedad Cabernet saugvignon está en su punto de maduración. Es la última cosecha de uvas de este año. Los valles cruceños fueron tierras vinícolas que proveían a los centro religiosos y a las ciudades mineras.

La Razón / Gemma Candela

 

Huelen? Es la uva madura, el elixir de los dioses”, dice Francisco Roig mientras pasea por un camino de tierra rojiza junto a su amigo y socio Peregrín Ortiz. Allí crecen 16 mil plantas de vid. Caminan por su viñedo de seis hectáreas en Samaipata, al que bautizaron Uvairenda. El olor dulzón que impregna el aire viene de la variedad Cabernet saugvignon, que está en su punto de maduración.

Entre las hileras de una de las parcelas del campo, la número cinco, asoma de vez en cuando alguna que otra cabeza cubierta con gorra o sombrero, que luego desaparece, camuflándose entre las telas blancas que cubren las parras. Ahí, medio agachados, están los trabajadores realizando la vendimia samaipateña. Tijera en mano, van racimo por racimo, cortando y colocando los pequeños frutos morados en cajas de plástico blanco. Acaba de comenzar marzo y es el momento de la vendimia de esa variedad de uva, la última del año.

Los dueños del viñedo caminan en dirección a la bodega, un edificio de dos plantas levantado con ladrillo, piedra laja, cristal y tejas. Ahí se “fabrica” y se deja fermentar el vino. “La mayoría de las bodegas son galpones industriales climatizados, pero si ustedes miran el paisaje, con tantas casas coloniales, sería un crimen poner un galpón en un lugar tan idílico como Samaipata. Lo que decidimos hacer fue rendir homenaje a la arquitectura tradicional”.

En la puerta trasera se acumulan las cajas que traen los jornaleros, cargadas al hombro, por los empinados senderos entre las hileras de uvas. El ingeniero enólogo Rodrigo Aguilar y la ingeniera química María Eldi, ataviados con sus batas blancas, se encargan de pesarlas para, luego, transformar su contenido en vino.

Primero, vuelcan las uvas en la máquina despalilladora: ésta separa por un lado el escobajo (que luego se usa para hacer abono) y la pulpa y la semilla caen a través de un tubo, convertidas en una especie de crema acuosa de color morado, a un tanque que puede ser de acero inoxidable o de PVC no degradable. Y ahí se queda, realizando la fermentación alcohólica (que dura entre cinco y diez días). Éste es el llamado vino de gota, de mayor cuerpo.

El fondo sólido que queda en el tanque se pasa luego a la prensa tradicional de roble: de ahí, sale el vino de prensa. Cada uno sigue un proceso diferente hasta llegar a la copa del consumidor.

Luego viene otra fermentación, la maloláctica, en la que el ácido málico (que está en la pulpa de la fruta) se convierte en ácido láctico. Esto, explica Ortiz, le aporta un gusto similar al de la mantequilla que queda en el paladar. “Le da cierta redondez para que la acidez no se sienta tan agresiva en la boca”.

Tras varias semanas de fermentación, el vino se limpia de partículas sólidas con gelatina o clara de huevo. Por último, el líquido pasa por una filtradora, se embotella y, con la encorchadora manual, se le coloca el tapón, la cápsula de PVC que la recubre y se etiqueta.

Este trabajo es, casi siempre, realizado por mujeres de la zona, que suelen ser empleadas a media jornada durante el curso escolar, para que puedan tener una actividad económica y, al mismo tiempo, estar con sus hijos.

Uvairenda es el nombre de la bodega, una mezcla de castellano y guaraní que significa “el lugar de la uva”. Los vinos han sido bautizados con la cifra 1750, que no hace referencia al año de fundación del viñedo, pues estos dos socios no vienen de familias con tradición vinícola: es la altura media a la que se encuentran sus campos de vid. Y ellos, dicen, no son bodegueros con tradición, sino unos “locos” del vino.

Los valles cruceños fueron, junto con los campos de Tarija, tierras vinícolas que  proveían a los centros religiosos de la colonia y, también, a la clase pudiente de las ciudades mineras. En general, no podía faltar el líquido alcohólico en el virreinato del Perú. Durante la segunda mitad del siglo XVI, el virrey Francisco de Toledo promulgó la siguiente ordenanza: “Que en cada tambo haya un español ó cacique ó otro indio que tenga posibilidad, y que éstos se encarguen de los dichos tambos, y de tener en ellos mantenimientos y provisiones necesarias para los caminantes, y sus cabalgaduras y de pan, vino, maíz, carne y leña, yerba y agua” (sic).

Samaipata se encuentra en la zona de producción de uva de Sudamérica, por debajo del Codo de los Andes (donde la cordillera occidental cambia de rumbo), que separa los bosques amazónicos de las planicies subtropicales chaqueñas y que se encuentra a la altura del municipio de Buena Vista (que es parte de la gran área cafetera del continente). Hoy, todavía se ven, al lado de la carretera hacia Samaipata, viñedos antiguos de cepas retorcidas, algunas originarias de Alejandría. Y, los porches de las casas están hechos de parrales. “Es el estilo tradicional, a lo español”, coinciden Roig y Ruiz.

Una vez instaurada la República, en el siglo XIX, ya no quedó quién velara por los cultivos de vid, explica Roig. Algunas familias mantuvieron pequeños viñedos para consumo propio, hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando inmigrantes (croatas, libaneses…) comenzaron a rescatar esta actividad en los valles cruceños.

Ruiz y Roig también retomaron el cultivo de la uva en Samaipata hace una década. “No somos los primeros en plantar uva, somos ‘renacentistas’”, dicen. Amigos desde los cinco años y amantes del vino, se les ocurrió tener su propio viñedo para producir zumo de uva fermentado, de calidad y a pequeña escala. Aunque, para hacer honor a la verdad, también tuvo que ver en esta historia la esposa de Roig. Él emigró a Estados Unidos a los 17 años para aprender inglés. “Hice mi vida allí y me enamoré de una francesa. Y, por una mujer, se hace todo, hasta vino”, comenta. En el país norteamericano estudió primero Economía y, después, Enología en la Universidad de California en Davis. Y retornó a su tierra, Santa Cruz, con su pareja y con la idea de plantar sus cepas. Pero ninguno tenía tradición familiar vinícola (ni siquiera Roig, hijo de tarijeño y nieto de catalán, ambas tierras productoras de vino), por lo que no habían heredado ningún terreno con vid.

Los dos amigos comenzaron a investigar cuáles eran las zonas aptas (tanto por el tipo de tierra como por tradición) para plantar uva en Bolivia.

Tras descartar varios lugares, quedaron tres localizaciones en su lista: el Valle de la Concepción, en Tarija, y Vallegrande y Samaipata, en Santa Cruz. Finalmente, se decantaron por la última porque, dicen, está en la región con mayor potencial vinícola del país y con condiciones climatológicas perfectas: tiene temporalidad estacional y, además, el lugar se encuentra a una relativa altura. Así, la uva, crece menos que al nivel del mar pero concentra el sabor en pequeños granos, así como los taninos y otras sustancias químicas antioxidantes.

Los dos socios adquirieron un terreno de una hectárea y plantaron en él un centenar de plantas de diferentes variedades de uva tarijeña. Ése fue su viñedo experimental: con él supieron qué especies serían las apropiadas para cultivar en la zona. Era el año 2004. Tres años más tarde, Roig y Ortiz ya tenían cinco hectáreas ubicadas en la ladera de una loma en dirección al oeste, de tierra pedregosa y rica en minerales, y en estado de erosión. Ahí establecieron sus viñedos, en terrazas, con riego por goteo que utiliza agua de lluvia acumulada.

Hoy, siguen teniendo viñedos experimentales. De lo que sale de esos terrenos, sólo lo prueban los dueños, los trabajadores y los allegados. Lo mismo sucedió con las primeras cosechas: tuvieron dos de prueba y se lanzaron al mercado. La primera, la de 2010, dio 1.200 botellas. El año pasado, ya fueron 6.000. Este año se espera llegar a las 10 mil.

Uvairenda produce vino boutique: viene de un viñedo pequeño y se realiza de forma tradicional. Hay 1750 tinto (de las variedades Cabernet saugvignon, Syrah y Tanat) blanco (de la cepa española Torrontés y de las francesas Chardonnay y Saugvignon blanc) y rosado (que se obtiene de la syrah). El 50% de las cepas de Uvairenda son de la Cabernet sauvignon. Al ser tinto, el proceso de elaboración dura entre seis y ocho meses; los blancos necesitan de tres a cuatro.

También hay cultivados alrededor de 250 olivos que por ahora apenas producen aceituna (son muy jóvenes) y 300 árboles frutales para que se alimenten las aves del entorno. “Así le aportamos algo a la naturaleza”, explica Roig.

Para los amantes del mundo del vino, y para todos aquellos que quieran conocer más de esta industria creciente, Uvairenda ofrece tours por el viñedo o, lo que es lo mismo, han sumado a Samaipata la oferta del enoturismo o turismo enológico.

Esta experiencia es como tomar vino: el visitante puede ver (los viñedos y la producción), oler (la uva y el zumo que sale de ella) y, por supuesto, probar.

Ésa es al última parte de la visita: en la terraza, con las vistas del verde valle y los tejados del pueblo de fondo, el guía (que puede ser la persona contratada para ello, los mismos dueños o los ingenieros; se puede concertar una visita cualquier día del año) lleva a los visitantes ante una mesa con aceitunas, queso y embutidos samaipateños, y, por supuesto, 1750 de diferentes tipos.

Roig sirve los caldos en copas con adornos hechos mediante la técnica del arenado manual. “Tenemos 150 diseños diferentes, que los hace un artesano del pueblo, un español afincado aquí”, explica Ortiz. “Primero, hay que tomar el vino y mirarlo, ver la lágrima que deja en la copa.

Cuanta más lágrima, más alcohol tiene”, guía Roig. Después, hay que introducir sin miedo la nariz, todo lo que se pueda, en la copa. Ahí ya se pueden sentir los aromas de ciertas especias, etc… que sólo un experto o un nacido con un olfato muy desarrollado pueden percibir. Y, luego, llega el momento más esperado: la cata.

Para cambiar de vino, hay que echar agua en la copa, limpiarla, y servirse el siguiente. Al terminar, el visitante se lleva la copa de recuerdo.Al llegar al pueblo, de casas bajas y puertas de cuatro hojas, uno puede comprar botellas de 1750 en la tienda de la esquina o pedirlo en varios de sus restaurantes. También puede buscarlo en algunos grandes supermercados de Santa Cruz. Pero hay que tener en cuenta la diferencia de precios, que llegan a oscilar entre los 86 y los 250 bolivianos.

Uno de los primeros lugares que incluyó el 1750 en su carta fue el restaurante Jardín de Asia del Hotel Los Tajibos. En ese hotel se alojaba una eminencia de la vitivinicultura, el chileno Philippo Pszczólkowski. Y los dos amigos, sin vacilar, le llamaron para que probara sus vinos. El experto no les puso ninguna objeción, salvo que los recibiría en el restaurante del hotel.  Pero… no se puede entrar con alcohol. Así que Ortiz y Roig tuvieron que convencer a los trabajadores del local, que no veían con buenos ojos que entraran con seis botellas de vino, de que no iban a atentar contra los vinos del lugar. Y, cuando escucharon cómo el experto alababa el 1750, los encargados se apresuraron en pedir a los dueños de Uvairenda que les abastecieran con sus botellas.

“Queremos ser la joya de la vitivinicultura nacional”, aspiran los socios. Están centrados en la calidad más que en la cantidad, pero ya han establecido alianzas con vecinos de la zona para darles asesoramiento gratuito durante tres años y, así, aumentar hasta 16 las hectáreas de vid.

De momento, no es fácil conseguir este vino fuera de Santa Cruz, pero ya tienen potenciales clientes en el extranjero. “Para nosotros, primero es la gente del pueblo. Luego, la de Santa Cruz, el resto del país y, finalmente, el extranjero”, explica Roig. “Queremos representar a Bolivia, que se conozca lo bueno que tenemos aquí”.

Cómo llegar

Transporte: Buses, desde la terminal de Santa Cruz, de la Av. Omar Chávez esq. Soliz de Olguín y de la Av. Grigotá esq. Arumá.

Hospedaje: Existe una amplia oferta de tipos de alojamiento (cabaña, hotel, etc.) cuyos precios oscilan entre los Bs 20 y más de Bs 400.

Hay dos tours: básico (visita al viñedo e historia, Bs 50) y completo (con degustación, Bs 100). Inf:75026648.

Uvairenda

26 Feb

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Economía

Ronald Pérez

La empresa de vinos Uvairenda se planteó el objetivo de crecer y para ello apuesta a incrementar su producción de vinos a 5.000 botellas, pese a que este año las plantas produjeron solamente el 10% de su potencial total.
Uvairenda es la primer bodega boutique en el oriente boliviano y cuenta con los cuatro puntos esenciales para la elaboración de vinos de alta calidad: la genética de la vid, la tierra, el clima y el recurso humano. Se encuentra ubicada en la localidad de Samaipata, a 120 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz.
Según el gerente general de Uvairenda, Peregrín Ortiz, la capacidad de producción de vino de esta bodega crece anualmente y de manera satisfactoria. Aunque las plantas aún son jóvenes y sólo produjeron este 2011 el 10% de su total potencial, se estima que para el 2012 este rendimiento se duplique hasta obtener un total de 5.000 botellas.
Las plantaciones de esta bodega se encuentran a 1. 750 metros sobre el nivel del mar, característica que le da el nombre de la marca de su mejor vino, de nombre 1750.
Esta viña, cuyo nombre es el neologismo entre uva, una palabra de la lengua española, y renda, que en guaraní significa lugar de, ha demostrado que existen 33.000 hectáreas aptas para la producción de vino de alta calidad en los Valles Cruceños, lo que puede quintuplicar la oferta de esta bebida en el país.

 
Habilitan ruta turistica
Uvairenda, la primera bodega boutique de la zona, es el nuevo destino turístico para quienes deseen pasar una jornada de aprendizajes y sabores relacionados a la viticultura.
A sólo 120 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra y bajo la guía del equipo enológico, el recorrido consiste en mostrar la viña, sus plantaciones, la bodega y todo lo relacionado al proceso de elaboración de los vinos de altura. Luego, un sommelier dirige una cata y maridaje del mejor vino, de nombre 1750, además de fiambre y queso del lugar.

El Mundo, Domingo, Febrero 03, 2013.

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