En una olla colocar el perejil, la cebolla y sal, cuando hierva colocar las colitas y cocer hasta que este la carne suave, escurrir y sazonar con el resto de condimentos y dejar macerar por 20 minutos. Luego calentar el aceite y freír las colitas, servir calientes.
La fuente de esta receta esta en el libro de Cocina Ecléctica, de Juana Manuela Gorriti (1818-1892). Les invito a visitar el link que aparece líneas abajo. Allí encontrarán las recetas para los platos más sabrosos que preparaban nuestras abuelas y bisabuelas y que sólo evocarlas nos hace aguar la boca. Tendrán a la mano recetas bolivianas, peruanas, salteñas, bonaerenses, uruguayas, españolas, chilenas y de tantos otros países que las numerosas amigas de Juana Manuela le hicieron llegar. Gracias a todas ellas y a la minuciosa paciencia de la autora se ha podido preservar un patrimonio notable de otros tiempos:
Les invito también a leer el libro de la antropóloga boliviana Beatriz Rossells Montalvo: La gastronomía en Potosí y Charcas, siglo XVIII, XIX y XX en torno a la historia de la cocina boliviana. LA PAZ-BOLIVIA: Instituto de Estudios Bolivianos, 2003, 446p. Allí encontrarán recopiladas las recetas de Juana Manuela y siquiera otras 800 mas. Es el trabajo más vasto que se ha hecho acerca de la comida Boliviana. Llegue a conocer este libro gracias a mi amiga Pilar López, quien me lo compartió. Agradezco a Pilar por hacerme conocer esta formidable investigación sobre la comida boliviana que solo ahora cuando estoy de vuelta en Bolivia empiezo a descubrir…
Receta
Edelmira Belzu de Córdoba(La Paz-Bolivia)
De los cereales usados en la alimentación humana, ninguno tiene tantas y tan excelentes aplicaciones, en todos los países de la América meridional, como el maíz.
Sus mazorcas, verdes todavía, y el grano lleno de una leche azucarada, llámanse choclos; y con ellos se hacen las confecciones más exquisitas.
Ora al natural, cocido, entero, en agua, y una cucharada de azúcar, para aumentar la dulzura del grano; ora molido y transformado en diversas pastas, desde la borona , pan del pueblo en Vizcaya, hasta el delicado pastel limeño y la riquísima huminta de que voy a ocuparme:
Se ralla el choclo, y en seguida, se le muele en un batán, o a falta de éste, en un mortero de piedra. Bien molido ya, se le sazona con sal al paladar, un poquito, muy poquito, de azúcar y una buena cantidad de manteca de chancho, frita con ají, y previamante pasada al tamiz.
Mezclado todo esto, se revuelve y bate con una cuchara, y en las hojas del mismo choclo, puestas de a dos en sentido opuesto, para cada huminta, se echan al centro de estas dos hojas cruzadas, tres cucharadas de la pasta. Se dobla, se lía con hilo de pita, y se las hace cocer, en olla, horno, o guatia .
Si en olla, se pone en una olla, agua en su tercia parte; se atraviesan varitas de caña partida en cuatro, cruzadas sobre la superficie del agua; se acomodan sobre ellas, una sobre otra, las humintas, y se las da un hervor de dos horas.
Se escurre el aguas y se sirven las humintas en sus envolturas.
Comino y pimienta. 2 cucharadas de aceite con urucú y cebollita verde
Preparación
Lavar varias veces el charque y los huesos para eliminar la sal y cocer hasta que esten blandos.
Retirar y reservar el agua donde se hirvió. Moler el charque en caliente. Reservar. Hervir el maíz hasta que esté blando y reservar en la olla. Hacer un sofrito con la cebolla, tomate, ajo y los condimentos en el aceite con urucú. Freír el charque y agregar a la olla donde está el maíz.
Agregar el sofrito y los huesos de agujita. Añadir el caldo de cocción del charque que fue reservado. Continuar cociendo por unos minutos más. Rectificar el sabor y apagar cuando esté todo bien integrado. Servir y decorar con la cebollita verde bien picadita.
3 kilos de arveja
1 cebolla picada o 1 plato de cebolla verde picada
sal y pimienta a gusto
1/2 kilo de papas
2 cucharas de perejil picado
3 huevos
4 onzas de queso rallado
Modo de preparar:
Pelar y hacer cocer las arvejas.
Pelar las papas, cortar en tiras finas y freír en aceite caliente.
Preparar un rehogado con aceite, cebolla y condimentos. Añadir las arvejas y los huevos enteros. Mezclar y por último agregar las papas fritas, el queso y el perejil.
Remover y servir.
Una salsa clásica de la cocina japonesa, básicamente, es un glaseado de salsa de soja, sake o mirin y azúcar o miel. La palabra Teriyaki deriva de las palabras Teri refiriéndose al brillo que otorga el azúcar y Yaki que se refiere a plancha o parrilla que es donde mayormente se hacen los platos con esta salsa. Tradicionalmente esta salsa se usa para sumergir alimentos o «bañar» y asar otros, es de las más reconocidas y consumidas, no es para menos, ya que sirve bien para usarla como Dip, para pescados, va bien con el salmón, atún, o pez mantequilla, mariscos, arroces, vegetales varios, carnes rojas o cerdo, aves, en fin, como ves, es una salsa multiusos. Aunque no es habitual en Japón hacerla con ajo y sésamo, a mi, me parece que le va muy bien, en cierta ocasiones también se le añade piña o almíbar de piña, porque no solo le aporta dulzor, sino que también le aporta bromelaína
INGREDIENTES
* 1tz salsa de soja
* ½ cs ajos triturados o picados muy fino
* ½ cs de jengibre fresco triturado o picado muy fino
* 4 cs mirin (o vinagre de manzana)
* 5 cs azúcar de caña
* 2 cs azúcar blanco
* 1 cs miel
* 2 cs aceite de sésamo
* ½ tz de agua fría
* 1 cs fécula de maíz (Maizena)
PREPARACIÓN
1. Diluímos la fécula de maíz en el agua fría y reservamos.
2. Calentamos en una cazuela el aceite de sésamo y sofreímos los ajos y jengibre triturado.
3. Inmediatamente echamos el resto de ingredientes menos la fécula de maíz y llevamos a hervor durante 2 minutos.
4. Añadimos la fécula diluida en el agua y hervimos otros 2 minutos.
5. Dejamos reposar y enfriar, una vez frío, guardamos en la nevera, la salsa dura hasta un mes aproximadamente.
NOTAS
Esta salsa puedes guardarla en bolsas con cierre hermético e incluso congelarla para usarla cuando quieras. Si no encuentras mirin, puedes usar sake o vinagre de manzana. Si haces la salsa con jengibre y ajos picados, lo mekor es que cueles la salsa, yo acostumbro triturar 50% de ajos y 50% de jengibre y un poco de aceite vegetal y tener la asta ya preparada para ahorrar tiempo al cocina, lo mismo solo con ajos, metidos en envases herméticos y dura un par de meses, una maravilla. Está claro que esta salsa puedes comprarla, pero no hay comparación, además, siempre es más divertido hacerlo tu mismo, no?
Lave el maíz y póngalo en una cacerola a cocer; luego, se le agrega la harina de maíz disuelta en un poco de agua, esto tiene que hervir junto, hasta que el maíz esté bien blandito y batir con un cucharón de madera hasta que esté suelto. Agregar la lejía. Seguir batiendo un poco más para que espese. Servir en plato de barro hondo maíz quebrado y endulzar con azúcar, acompañado con leche.
Se toma frío, mezclado con leche (fría o tibia) y endulzado con azúcar al gusto. También se acostumbra para acompañar carnes, asado y charque.
Preparacion de la lejía
En un recipiente de plástico echar 6 tazas de cenizas (mejor si es de cascara de platano o palo de aliso ). Hervir 3 litros de agua y vaciar al recipiente. Batir con un jometoto. Dejar reposar. Cuando esté clarita el agua de la ceniza, ir sacando en otro recipiente de vidrio y guardar.
Para no perdérselos Incluyeron sabores tradicionales en presentación gourmet, como el cuñapé camba, cuñapé con dulce de leche y el cuñapé a la moda brasileña. También sirven sandwiches, ensaladas y quiches exclusivos.
Con qué acompañamos
En bebidas frías sirven jugos naturales, ice tea, limonada, chicha y mocochinchi. Mientras que en caliente las opciones son café clásico o un capuccino importado que merece la pena probar.
Para visitar toda la semana En un ambiente creado con muebles y diseños exclusivos, el local ofrece platos salados con sabores internacionales como sandwiches y ensaladas gourmet o algunos gustitos dulces
imperdibles. Se encuentra en la c/ Monseñor Santistevan # 502, frente a Cine Center. Atención diaria, de 15:00 a 22:00.
Depuracion de la sangre: Colocar una rodaja de cebolla como se ve en las fotos, amarrada con una venda o con una media, dejarla toda la noche. Sirve para fortalecer nuestro cuerpo ante las diversas enfermedades que se pueden tener o se tengan. Aplicar. Compartir con las amistades que lo necesitan
Depuracion de la sangre: Colocar una rodaja de cebolla como se ve en las fotos, amarrada con una venda o con una media, dejarla toda la noche. Ayudara a purificar el torrente sanguineo por su contenido de acido fosforico en las cebollas. Las plantas de los pies tienen 7,000 terminaciones nerviosas; estos son los meridianos que la medicina china usa. Los saunas son un segundo metodo combinado con duchas de agua fria o helada. Si a eso le acompañamos una dieta de 3 dias de limon se completa la tarea (jorge valera, naturista). Preferible hacerlo en dias de fin de semana. Es bueno para muchas personas mayores de 50 años para poder sentirse un poco mejor.
El medio estadounidense visitó el departamento de Oruro para mostrar el estado en el que se encuentra el lago y cómo viven los indígenas que habitan sus orillas
El periodista Nicholas Casey firma un reportaje en ‘The New York Times’ (NYT) en el que muestra cómo desapareció por completo el lago Poopó, ubicado en el departamento de Oruro, y como sobrellevan esta situación los habitantes del lugar.
Casey muestra cómo muchos de ellos tuvieron que irse del lugar,convertirse en desplazados, no por la guerra o la persecución, sino por el cambio climático, que terminó por extinguir el que una vez fuera el segundo lago más grande de Bolivia.
«El lago era nuestra madre y nuestro padre«, cuenta Adrián Quispe a NYT, uno de los cinco hermanos que trabajaban como pescadores y formaban familias en la población de Llapallapani, a orillas del Poopó «Sin este lago, ¿hacia dónde vamos?», añade.
El Poopó se extinguió en diciembre, mes en el que fue noticia nacional y mundial, y dejó tras su pérdida el medio de vida para decenas de campesinos que vivían de la pesca y tuvieron que migrar hacia otros lugares en busca de medios de subsistencia.
El reportaje advierte que la «muerte» del lago amenaza con desaparecerla identidad del pueblo Uru-murato, la etnia indígena más antigua que habita en las orillas del lago Poopó. Un pueblo que se adaptó a la civilización Inca, a la llegada de los Españoles y a la República, pero que ahora puede desaparecer por causas de la naturaleza.
Sólo 636 Uru-Murato se estima que permanecen en la actualidad en Llapallapani y dos pueblos cercanos. Dado que los peces murieron en 2014, los que se quedaron no han dejado de trabajar en la minería o extrayendo sal, en distintos yacimientos ubicados hasta a 300 kilómetros de distancia.
Según datos de la Universidad Técnica de Oruro, los científicos sabían que el lago Poopó estaba destinado a desaparecer, situado a más de 3.700 metros sobre el nivel del mar y con pocas fuentes de agua, no había un futuro promisorio. Sin embargo, el pronóstico era en siglos, no años.
Lea el reportaje completo aquío vea en la parte de arriba un video con parte del trabajo multimedia realizado por NYT.
Change Claims
a Lake, and an Identity
La Paz
BOLIVIA
Lake Poopó
LLAPALLAPANI, Bolivia — The water receded and the fish died. They surfaced by the tens of thousands, belly-up, and the stench drifted in the air for weeks.
The birds that had fed on the fish had little choice but to abandon Lake Poopó, once Bolivia’s second-largest but now just a dry, salty expanse. Many of the Uru-Murato people, who had lived off its waters for generations, left as well, joining a new global march of refugees fleeing not war or persecution, but climate change.
“The lake was our mother and our father,” said Adrián Quispe, one of five brothers who were working as fishermen and raising families here in Llapallapani. “Without this lake, where do we go?”
Agustina Rios Moya, 22, with her daughter in the ruins of a family house.
David Alejo Valero, 6, with hay for hat-making.
After surviving decades of water diversion and cyclical El Niño droughts in the Andes, Lake Poopó basically disappeared in December. The ripple effects go beyond the loss of livelihood for the Quispes and hundreds of other fishing families, beyond the migration of people forced to leave homes that are no longer viable.
Carbon’s Casualties
PART 1
Americans Displaced by Climate Change
PART 2
A Remote Pacific Nation,
Threatened by Rising Seas
Interested in keeping up with climate change?
The vanishing of Lake Poopó threatens the very identity of the Uru-Murato people, the oldest indigenous group in the area. They adapted over generations to the conquests of the Inca and the Spanish, but seem unable to adjust to the abrupt upheaval climate change has caused.
Only 636 Uru-Murato are estimated to remain in Llapallapani and two nearby villages. Since the fish died off in 2014, scores have left to work in lead mines or salt flats up to 200 miles away; those who stayed behind scrape by as farmers or otherwise survive on what used to be the shore.
Emilio Huanaco, an indigenous judicial official, is down to his last bottles of flamingo fat, used for centuries to alleviate arthritis. He has never used medication for his aching knee.
Eva Choque, 33, sat next to her adobe home drying meat for the first time on a clothesline. She and her four children ate only fish before.
The lake had long been vulnerable.
It was perched 12,140 feet above sea level in the dry Bolivian high plains.
Decades of water diversion and cyclical El Niño droughts had brought it to the brink many times over the years.
But climate change was the finishing blow. On average, the lake warmed 0.23 degrees Celsius, or 0.41 degrees Fahrenheit, each decade since 1985.
The slow warming was enough to evaporate what little water was left. In recent years, the lake has almost disappeared.
Lake extents calculated from NASA/USGS Landsat data.
Map by Derek Watkins
They and their neighbors were known to nearly everyone in the area as “the people of the lake.” Some adopted the last name Mauricio after the mauri, which is what they called a fish that used to fill their nets. They worshiped St. Peter because he was a fisherman, ritually offering him fish each September at the water’s edge, but that celebration ended when the fish died two years ago.
“This is a millenarian culture that has been here since the start,” said Carol Rocha Grimaldi, a Bolivian anthropologist whose office shows a satellite picture of a full lake, a scene no longer visible in real life. “But can the people of the lake exist without the lake?”
‘We accepted the lake was going to die someday.’
It is hard to overstate how central fishing was to Uru life. When a New York Times photographer, Josh Haner, and I asked Mr. Quispe whether he had made his living as a fisherman, he gave us a strange look before answering, essentially, “What else is there?”
Men spent stretches as long as two weeks without returning to shore, wandering the lake to follow schools of karachi, a gray fish that looked like a sardine, or pejerrey, which had big scales and grew as long as Mr. Quispe’s arm.
Some wives worked alongside their husbands, to pull the nets and do the cooking, making the boats a kind of home.
Fishing season began on the lake’s edge with a ritual called the Remembering. The Quispe brothers were among about 40 Llapallapani men who would pass a long night chewing coca leaf and drinking liquor. Together, the group recited the names of Lake Poopó’s landmarks and how to find them.
“That night, we would ask for a safe journey, that there would be little wind, that there wouldn’t be so much rain,” Mr. Quispe, 42, told us. “We remembered all night, and we chewed our coca.”
Migalena Quispe, right; her husband, Severo Mauricio Quispe; and their son, Nemar.
A mother and child in Llapallapani, whose lifeblood was always fishing.
In the morning, the men would paddle out above the underwater springs known as jansuris. They would toss sweets from the boat as a religious offering. Fishing season had begun.
We were talking on a cloudless morning with a breeze that might have been perfect for a boat ride in another time. Now, the wind only underscored how dry the landscape had become, as tumbleweeds rolled between the boats abandoned on the old lake bed.
Milton Pérez, an ecologist at Oruro Technical University, said scientists had known for decades that Lake Poopó, which sits at 12,140 feet with few sources of water, fit the profile of what he called a dying lake. But the prognosis was in centuries, not years.
“We accepted the lake was going to die someday,” Mr. Pérez said. “Now wasn’t its time.”
Lake Poopó is one of several lakes worldwide that are vanishing because of human causes. California’s Mono Lake and Salton Sea were both diminished by water diversions; lakes in Canada and Mongolia are jeopardized by rising temperatures.
Generations of Uru had watched the water recede and return in what had almost become a predictable cycle. In the 1990s, a dry spell hit that evaporated the lake into three small ponds and destroyed the fisheries for several years. But the lake eventually returned to its previous size.
The Uru passed down knowledge about living on and around the lake. Crowds of large black birds on the horizon were an easy sign that fish were congregated below. They counted three distinct winds that could help or hurt: one from the west, another from the east, and a kind of squall from the north called the saucarí, which can sink boats.
“It awakens from the north and it doesn’t calm down,” Mr. Quispe explained. “ ‘The saucarí is coming,’ we’d say. ‘We can’t go into the water until it calms!’ ”
The lake offered algae called huirahuira, which seemed to relieve coughs. Flamingos were like a pharmacy: In addition to the pink fat used to relieve rheumatism, the feathers fought fevers when burned and inhaled.
Gabino Cepeda, his sister-in-law and his daughter harvesting quinoa.
The villagers would catch and kill the flamingos in April, when the birds lost their feathers and were rendered flightless. The Uru used mirrors to cast sunlight in the birds’ eyes, making them fall asleep temporarily, easy prey.
“We took so many of these from the lake,” said Mr. Huanaco, the judicial leader, pulling out a bright pink wing from the mud hut behind his home. The day seven years ago that he hunted the bird down, he had no idea it would be his last.
‘I will figure out how to make money.’
Mr. Pérez, the researcher, watched with alarm as several threatening trends developed, and began to understand that the lake could evaporate for good.
First, as quinoa became popular abroad, booming production of the grain diverted water upstream, lowering Lake Poopó’s level. Second, mining sediment was quickly silting the lake from below.
And it was getting hotter. The temperature on the plateau had increased 0.9 degrees Celsius, or about 1.6 degrees Fahrenheit, from 1995 to 2005 alone, much faster than Bolivia’s national average.
“We had the possibility that all these factors would hit with a synergy never seen before,” Mr. Pérez said.
Emilio Huanaco with his last flamingo wing.
Feathers have been caked into the dry bed of Lake Poopó.
In the summer of 2014, a rotten smell hung in the air. The surface of the lake had fallen so low that when the saucarí wind hit from the north, the gusts kicked up too much silt for the fish to survive.
“It was enough to make you cry, seeing the fish swimming dizzy or dead,” Gabino Cepeda, a 44-year-old fisherman who has turned to farming quinoa, told us. “But that was just the start. The flamingos are dead, the ducks are gone, everything else. We threw out our nets, there was nothing for us.”
Mr. Quispe and his brothers met one last time on the edge of the dead lake to perform the Remembering. They paddled out as they always had, but returned the same day because there were no fish.
The eldest, Teófilo, turned to his brothers.
“There is no work,” he said. “I will figure out how to make money. And I will tell you how.”
The next week, he left Llapallapani to work in a coal mine an hour’s drive away.
‘The Uru people aren’t made for this.’
Pablo Flores, another Uru fisherman who left Llapallapani, starts a thankless workday before sunrise inside a mill on the edge of the world’s largest salt flat, Bolivia’s Salar de Uyuni. He takes blocks of unrefined salt, grinds them down into a pile as high as he is tall, and puts them into tiny bags, earning 25 cents for each full one.
Some of the Uru-Murato people, Bolivia’s oldest indigenous group, now work in salt flats.
Outside the mill, it is more arduous. In the vast salt flat near the town of Colchani, where two dozen Uru have resettled, day laborers head out with shovels in the backs of trucks. They gather the salt as the heat beats down on them from above and reflects up from the white expanse below.
“The Uru people aren’t made for this,” Mr. Flores, 57, said. “I’m not made for this. We can’t do this kind of work.”
In his village, Puñaka, Mr. Flores was a respected elder. He was once its mayor, and people who knew him from that life still call him by the Spanish honorific “don.” As a fisherman, he was always his own boss.
But at the salt mine, he feels like just another hired hand to exploit.
Alfredo Choque, once a fisherman, now makes his living processing salt.
Erminia Miranda Moya packaging salt from the Salar de Uyuni flats.
“This is a feudal system,” he said. “I can sincerely say this is a bad place.”
Looking over the heap of salt, he remembered an old legend, about a flood that destroyed the world — except for the Uru, who escaped on their balsa rafts and hid on a hilltop when the water began to recede. Disasters were meant to take the form of deluge, not drought, he said.
Some Uru men have left alone, sending money back to relatives who remain on the lake. But others, like Mr. Flores, have taken their families into a new world that has already begun transforming life in ways large and small.
Fifteen Uru live in Machacamarca, a dusty town of several thousand that was once a stop along an old railroad line to the lake. María Flores Ignacio and her two teenage children moved this spring into a rented apartment, a first for Ms. Flores, whose adobe home in Llapallapani was handed down through generations.
Juana Choque has begun selling handicrafts to make ends meet.
Ms. Choque’s family, like so many others in Llapallapani, used to depend on fish.
“I am living in someone else’s house,” she said with a long sigh.
To pay the rent, Ms. Flores makes straw handicrafts that she sells to tourists in the state capital, Oruro, at a Saturday market. There are hats, baskets, bracelets, earrings and small boats like the ones the Uru used to navigate Lake Poopó.
‘We fight each other now.’
Back in Llapallapani, Mr. Cepeda, the fisherman-turned-farmer, wants out, too. But he doesn’t have the money.
When the fish died, Mr. Cepeda staked his hopes on quinoa, an ancient crop in the Andes that is now in vogue in Western countries.
The dry bed of Lake Poopó near Llapallapani.
He had inherited two hectares of land — about five acres — from his father. He did not quite know how to plant quinoa, but he scattered the seeds in the ground and hoped for the best.
Instead of luck, Mr. Cepeda got a devastating frost, which struck in March. Picking up a handful of the quinoa, he showed us his meager harvest, mostly pulverized. It blew away from his palm. Only a few grains remained that weren’t dust.
Severina Choque, 27, carried bundles of quinoa from the fields.
Former fishermen have begun growing quinoa instead, but a frost cut the harvest in half.
The lake had always been what mattered to the Uru, not the ground, Mr. Cepeda told us. But that was changing.
“We fight each other now,” he said. “Here is my land. But someone says, ‘Now you are encroaching.’ And then someone else says, ‘No, that’s mine.’ ”
‘I want to teach my child to fish. But I can’t.’
Francisco Flores, now 26, was a child when his grandparents told him about the day the Uru-Murato first tasted meat.
It was the start of the 20th century, and the Uru had decided to leave the lake’s floating islands made of reeds and mud and settle on its edge. They wore shoes for the first time and gave up dresses made of feathers or wool for Western clothes. After centuries of eating only fish, they tried lamb, Mr. Flores recalled being told, and “it was tough.”
A century later, the Uru have hit a crossroads again, but one not of their choosing.
The village of Llapallapani.
“I want to teach my child to fish,” Mr. Flores said, stopping on the dirt road that leads to the cemetery filled with his forebears. “But I can’t.”
Another day, Mr. Haner and I followed Felix Condoni, Llapallapani’s mayor, to a city market to buy vegetables for the first time. He used to barter with the Aymara Indians, whose pastures lie north of the village, trading fish for potatoes and quinoa straight from his boat.
Now, instead, he counted out bills from a wad with his wife and mother, the three looking confused.
The mayor, who carries a cane used to punish village delinquents, reached out with his other hand to buy a bottle of Axe deodorant spray.
“This is all new to us,” he said.
Simona Seceda buying vegetables in nearby Challapani. People used to come to Llapallapani with produce to trade for fish.
Felix Condori, left, the mayor of Llapallapani, with his wife, mother and daughter. He now works in construction.
On the highway back from the salt flat with Adrián Quispe one day, we saw a flamingo perched on the side of the road, by a stream 100 miles from Lake Poopó. It made Mr. Quispe suddenly remember the soup his mother used to make.
We stopped the car, got out and walked into a watery landscape with snowcapped mountains in the distance and birds in front of us.
“This is what Lake Poopó once looked like,” Mr. Quispe said.
An hour before, I had been in the salt mill with Mr. Flores, the former Puñaka mayor who moved to Colchani with his wife and two young children two years ago.
When he last took them back to Llapallapani for a visit, his 6-year-old daughter said something that gave him chills. She was staring at what used to be the lake, having never really known it not to be dry.
“Let’s go to Colchani,” she said. “Let’s go home.”
To some children, Llapallapani does not feel like home.
Estas técnicas son el arte de decorar o embellecer alimentos y/o bebidas, utilizando elementos comestibles; desde la más sencilla presentación hasta complejas decoraciones llenas de belleza y las personas relacionadas al mundo de la gastronomía sabe que la apariencia de la comida es tan importante como su sabor por eso les comparto estas fotos, que estoy segura los llenaran de de emoción y alegría.
La cocina de Oruro tiene los sabores de varios siglos
Variedad. Hoy les entregamos algunos platos de esta región del altiplano, una sugerencia gastronómica de la chef Ivonne Maritano.
La gastronomía tradicional de Oruro hace gala de la carne de cordero, que le da esencia a varios platos típicos como la tostadita, la colita o la cabeza, el intendente o la aguatía o rostro asado.Aunque el cordero es uno de los elementos que son la base para la preparación de un conjunto de alimentos, también existen otros manjares como el clásico charquekán, el api, el chorizo y la p’isara que se la elabora con quinua.Respecto al charquekán se dice que es un plato ancestral de la cultura Uru, que consiste en carne (de res o de llama) desmenuzada y deshidratada mediante su exposición, con sal, al sol, acompañada de queso fresco de leche de vaca, papas con cáscara, mote y llajwa
Charquekán
Ingredientes para 2 raciones 1/2 kilo de charque de llama o de res. 4 papas. 1 libra de mote. 2 huevos. 2 cebollas. 2 tomates. Aceite y sal a gusto. Preparación Sancochar el charque. Golpear y desmenuzar el charque en tiras; luego freírlo hasta que quede tostado y suave. En ollas separadas cocer las papas y el huevo. Para la ensalada, picar la cebolla en pluma y añadir el tomate cortado de la misma manera. Aderezar con sal y aceite a gusto. Servir el charque con papa, mote, huevos duros, la ensalada y acompañar con llajwa.
Mechado de Cordero
Ingredientes para 4 raciones 1 pierna de cordero deshuesada. 5 pepinillos. 3 locotos rojos y verdes. 4 zanahorias. 3 cebollas. 1/2 litro de agua. Sal y pimienta al gusto. Preparación Al sacarle los huesos la pierna del cordero quedará como una bolsa. Rellenar la bolsa con los pepinillos enteros, los locotos cortados en tiras, las zanahorias y las cebollas peladas y cortadas largas y finas. Condimentar con sal y pimienta a gusto. Debe cocer la bolsa por la parte que se rellenó para que quede cerrada. Ponerla en una olla de presión con harta agua hasta que el cordero esté bien cocido. Sacar la bolsa de la olla y freírla con aceite caliente. Cortar en lonjas gruesas y servir acompañado con papas fritas y arroz.
Thimpu
Ingredientes para 4 raciones 1 pierna de cordero. 3 cebollas grandes. 6 papas. 1/4 kilo de chuño. 1 taza de arroz. 1 taza de ají amarillo molido. 1 tomate. 1 locoto. 1/2 cucharada de comino. 1/2 cucharada de orégano. 1 cucharada de sal. Aceite a gusto. Preparación En dos litros de agua hirviendo colocar la carne de cordero, cortada en porciones. Cuando la carne esté blanda, se colocan las papas y una vez cocidas se cuela todo y se reserva. Aparte se hace cocer el chuño, lavado, exprimido y con un poco de sal. El arroz se prepara aparte. La técnica se llama arroz evaporado o arroz blanco. Se hace hervir 6 tazas de agua y se coloca el arroz. Antes que termine de cocer, se cierne con un colador y al arroz le rociamos tres cucharadas de aceite y una taza de agua con sal. Se deja a fuego lento hasta que termina de cocer. Se debe sacudir la olla unas dos veces durante el proceso para que el arroz no se pegue. Para el ahogado: Se pica la cebolla, el tomate y el locoto. Se agrega 1/2 cucharadita de orégano más 6 cucharadas de ají amarillo y el comino. Todo se sofríe. Para servir se coloca en el plato una presa de carne, chuños, una papa grande y una porción de arroz. Todo se rocía con el ahogado. El caldo se sirve aparte con un poco de orégano, después de haber comido la parte seca.
API
Ingredientes 2 tazas de maíz morado molido. 15 tazas de agua. 2 ramas de canela. 2 clavos de olor. Cáscara de 1 naranja. Azúcar al gusto. Preparación Remojar el maíz en cinco tazas de agua por dos horas. Hervir al agua restante con la canela y el clavo de olor. Colar el maíz y agregar el agua con canela poco a poco, moviendo constantemente para que no se forme grumos. Una vez que está espeso, endulzarlo a gusto.
Buñuelos
Ingredientes para 10 raciones 3 tazas colmadas de harina de trigo cernidas. 1 y 1/2 tazas de agua tibia. 3 cucharaditas llenas de levadura virgen. 2 huevos. 1 copa de anisado. 1/2 cucharadita de anís. 1/2 cucharadita de sal. 1 cucharadita de azúcar. Aceite a gusto. Preparación Poner la levadura a remojar en media taza de agua tibia. Cuando esté disuelta agregar una taza de agua tibia, la sal, el azúcar, los huevos bien batidos, el anisado y el anís, procurando siempre que las pepitas vayan al fondo. Agregar las tres tazas llenas de harina. Batir con una cuchara de madera unos 5 minutos. La masa tiene que ser suelta, que casi se escape de entre los dedos. Si a veces resulta insuficiente la cantidad de líquido que se sugiere, es porque existen harinas que absorben más. Corregir aumentando la proporción. Deje reposar en un lugar abrigado hasta que se triplique su volumen. En olla aparte calentar el aceite. Moje sus dedos con agua una y otra vez y aplanar la masa rápidamente. Hacer un hoyo pequeño al centro y freír Con un palo pulido dar vueltas el buñuelo, y así quedará esponjoso y hueco. Servir caliente y bañados con miel.
Oruro ofrece una gastronomía variada donde hay que destacar productos como la carne de cordero, base de muchos de sus platos tradicionales, además de las papas y el api, bebida típica de esta zona. El Mechado de Pierna de Cordero rellena de verduras y asada es uno de los platos más representativos, se lo consume acompañado de ensalada, papa, chuno, choclo.
Ingredientes:
1 Pierna grande de cordero
1 tomate mediano
2 zanahorias grandes
1 Cabeza de cebolla blanca
2 locotos medianos
1 Cucharilla de pimienta molida
1 Cucharilla de comino desmenuzado
2 Cucharadas de vinagre
Sal y comino a gusto
8 papas
8 choclos
Arroz cocido
Preparación:
Con un cuchillo de punta muy fila, abrir la carne y deshuesar.
Cortar la cebolla en pluma, las zanahorias en 6 partes longitudinalmente, el locoto y el tomate en tiras, sazonar con pimienta, sal, comino y vinagre, reservando la mitad de los condimentos, para aderezar la carne.
Rellenar la pierna con esta preparación, cerrar cociendo con hilo o pita.
En una cacerola grande hacer hervir agua, agregar sal a gusto y poner la pierna de cordero a hervir, una vez cocido freír en aceite bien caliente hasta que este muy dorado.
Otra forma es llevar la pierna de cordero a temperatura fuerte al horno hasta que este tierno, por más o menos 2 horas.
Es el Día de Oruro, por eso compartiremos uno de los platos mas tradicionales de esta ciudad.
El Intendente es por excelencia uno de los platos preferidos por los visitantes. Consta de una variedad de carnes, como chuleta de res, costilla de cordero, cerdo, pollo y chorizo.
Este delicioso manjar se debe al gusto de un apetitoso personaje que se desempeñaba como intendente en los mercados de abasto, cuyo nombre era don Guillermo Ramallo.
La visita e inspección que don Guillermo realizaba en los mercados, de tanto ver cocinar y servirse a los comensales, le abría un especial apetito, que una vez finalizado sus quehaceres se dirigía a la sección de comedores donde se servían una variedad de platos, que a don Guillermo ya no le apetecían.
Para variar el gusto, agarraba un plato de tamaño grande, y recorría los puestos de comida ordenando a las vivanderas que le pongan encima de él una variedad de carnes de pollo, vaca, cordero, cerdo, y menudencias y todo lo que a él le agradaba, complementando con sus verduras, papas y una buena porción de llajwua.
En las reiteradas visitas que hacia el señor intendente, ya no era necesario que él indique las presas que deseaba servirse, las vivanderas gritaban ahí viene el Intendente, preparen el «Plato del Intendente».
De esa manera se da origen a este agradable festín, que se convirtió junto al rostro asado, y los exquisitos apis y pasteles, en lo más representativo de la culinaria orureña y que todo aquel que visite Oruro no pierde la ocasión de servirse.
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