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Ch’ajchu del Altiplano

13 Abr


 

Para prepararlo necesitamos:

  • 21/2 litros agua
  • 10 chuños negros (ó tunta) remojados
  • 1 costilla de cordero
  • 1 cebolla
  • 5 papas runas, peladas y partidas en dos
  • 1 tomate mediano picado
  • 1 cuchara perejil,
  • 1 taza cebolla verde, cortada en tiras
  • 1 cuchara sal

 Preparacion

Ponemos en una olla con agua ligeramente tibia, el costillar y antes de que de el primer hervor, espumamos, cuidando de no sacar la grasa que desprende la carne. Añadimos la cebolla y el tomate picados, el perejil y la sal; dejamos cocer durante una hora y media (dependiendo de la calidad de la carne).

 

Mientras tanto, el chuño ya remojado (llamado en Qhéshwa CHULLUSQA), lo partimos con las yemas de los dedos, tratando de aplanarlos y lavamos en varias aguas para luego estrujarlo fuertemente con las manos; lo incorporamos al caldo para que hierva por cinco minutos. Añadimos las papas, continuando la cocción por diez minutos. Probamos la sal y retiramos del fuego.

 Sacamos las costillas, las trozamos y las freímos en aceite caliente manteniéndolas en una fuente al calor.

Ahora preparamos un ahogado con:

  • 2 cucharas aceite
  • 1/4 cucharilla pimienta
    1 cebolla grande dulce
  • 1 tomate mediano
  • 1 diente de ajo, machacado molido y frito
  • 4 cucharas ají amarillo,
  • 1 cucharilla orégano
  • 1 taza de caldo.
  • sal a gusto

 

En una sartén con el aceite caliente doramos la cebolla y tomate finamente picados; agregamos los condimentos, ají y el caldo, dejamos sazonar hasta que quede espeso.


Necesitamos además:

  • 2 huevos duros, cortados en Kollana u otro
  • 15 tajadas de queso redondeles


Perejil para decorar

Servimos el caldo rociando con perejil finamente picado. Aparte, en una fuente grande y linda, ponemos las papas, chuño y el resto del recado bien distribuido; sobre todo esto, acomodamos las tajadas de queso rociando con un poco del ahogado; decoramos con los huevos y ponemos a los costados del plato el costillar bien dorado. En pocillo aparte llevamos a la mesa el saldo del ahogado de ají .

Cocina Tradicional Boliviana

Romero de Velasco, Emilia  –  Gutentag de Muzevich, Carola

Editorial Amigos del Libro, La Paz. Bolivia. 1988

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Caldo de cabeza de cordero

8 Abr

INGREDIENTES:

Caldo de cabeza

1 cabeza de cordero por persona (sin quitar el cuero y lana)

2 papas cocidas por persona

Agua la necesaria

Sal al gusto

Jallpawayka de ají amarillo

(salsa picante hecha de pepas de ají)

PREPARACIÓN

 Lavar la cabeza si quitar el cuero, abrir la boca y limpiar muy bien con agua con sal, si es posible ayudarse con un cepillo pequeño.

Sazonar con sal en todos los lugares que no estén cubiertos de lana

Colocar en una fuente con agua y llevar al horno por más o menos 4 horas, ir aumentando agua de vez en cuando para que no se queme.

Cuando el cuero se desprenda fácilmente de la carne, es el momento de servir.

Puedes acompañar este plato con ensalada, arroz, papas blancas y chuño.

Un secreto:

Este platillo es conocido como un potente aliado contra las resacas.

Tantawawas para Todos Santos

28 Oct

Ingredientes

  • 3 libras harina blanca
  • 1 tajada levadura fresca
  • 1/2 libra azúcar molida
  • 2 cuchllas sal molida
  • 1 libra margarina regia
  • 4 unid. huevos
  • 1 sobrecito canela molida
  • 1 sobrecito colorante amarillo huevo
  • 2 tazas leche

Preparación

 

  1. Cernir la harina
  2. Mezclar la harina con la margarina que se forme como arena
  3. Formar una corona y agregar al centro la levadura, el azúcar y la sal
  4. Incorporar los huevos, el colorante y la canela molida e ir mezclando con la leche poco a poco.
  5. Sobar bien y dejar descansar 15 minutos, el mismo procedimiento 4 veces
  6. Formar bolas del tamaño de las figuras que desee armar, dejar madurar 30 minutos.
  7. Con las caritas de estuco que venden en esta época se dan formas de guaguas, caballos, escaleras, etc.
  8. Pasar con huevo batido por encima para que tenga brillo
  9. Colocar en honor moderado de 15 a 20 minutos

Charque de Llama – Charkhi Kanka (Aimara)

14 Oct

Ingredientes para seis personas:

  • 6 pedazos de charqui
  • 2 cucharadas de ají amarillo
  • Comino molido al gusto
  • Orégano desmenuzado al gusto
  • 1 litro de agua
  • 2 huevos duros rebanados
  • Sarza

Preparación

  1. Lavar el charqui y cocerlo en una olla cubierta de agua por media hora; luego golpearlo hasta que quede como hilachas y picarlo. Cocer el ají con el aceite, removiendo constantemente.
  2.  Añadir el charqui, el comino, el orégano a gusto y tostarlo. Servir caliente acompañado de chuño, una papa y cubierta con una ensalada de cebolla.

Locro Orureño

10 Oct

Para: 10 personas

INGREDIENTES

  • * 1 kilo de zapallo entero mediano
  • * 1 queso fresco mediano
  • * 4 papas medianas
  • * 3 choclos tiernos
  • * 3 cebollas
  • * 1 tomate mediano
  • * 1/2 taza de arvejas tiernas
  • * 1/2 taza de habas tiernas
  • * 5 cucharillas de perejil picado fino
  • * 1 cucharilla de orégano desmenuzado
  • * 1/2 cucharilla de pimienta molida
  • * 1 pizaca de comino molido
  • * 2 dientes de ajo
  • * 1/2 cucharada de aji colorado
  • * 1 locoto
  • * Sal
  • *Aceite

PREPARACIÓN

  1. En un recipiente, pele las habas, las arveja, las papas, las cebollas y los ajos.
  2. Pele el zapallo con cuidado, elimine sus pepas y lave ligeramente; luego pique en dados pequeños y resérvelos.
  3. Corte y lave los choclos en rodajas, y haga cocer en una olla de aluminio incorporando suficiente cantidad de agua que los cubra.
  4. Cuando los choclos estén a medio cocer, incorpore el zapallo, sazone con sal y remueva de vez en cuando con cuchara de madera, para que no se pegue a la base de la olla. Debido a que el zapallo desprende agua es aconsejable controlar la cantidad de agua.
  5. Ahora prepare el ahogado picado finamente en forma separada, la cebolla, el ajo y el perejil. A continuación frite en una olla, con suficiente aceite, la cebolla, hasta que esté transparente para luego añadir una cucharilla de perejil, el orégano, previamente lavado y picado fino; remueva unos minutos. Después agregue el ají colorado recién molido y por último el tomate raspado sin cáscara.
  6. En la olla donde está cociendo el zapallo, agregue este ahogado, las papas enteras peladas y lavadas. No olvide remover de vez en cuando, hasta que la papa se encuentre cocida. El locro no debe quedar seco ni muy jugoso.
  7. Cuando la papa se encuentre a punto de cocer, coloque las tajadas de queso, para que no se destrocen con el calor.
  8. Se lo prepara según multitud de recetas, siendo lo único invariable su base vegetal y el procedimiento de cocción, a fuego lento durante varias horas. De acuerdo a la región se lo prepara con carne de vacuno fresca o seca (charqui)

Propiedades de la Papalisa, Lisa, Ruba, Olluma, Melloco, Ulluco

26 Sep

Los mellocos, llamados también olluco, ulluco, papalisa, papa lisa, ruba, chugua, ulloco u olluma, es la única especie de plantas del género botánico monotípico Ullucus, perteneciente a la familia Basellaceae. Es originaria de la región andina de Sudamérica.Se le conoce con los nombres de olluco (del quechua ulluku), melloco y, en la zona sur andina del Perú y Bolivia, como papa lisa o simplemente lisa.

Esta planta es nativa del Altiplano, donde se cultiva por su tubérculo y hojas comestibles. Se cultiva a más de 2.800 msnm en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, pudiéndose también encontrar en Argentina y Chile.

Del melloco se emplea tanto los tubérculos como las hojas frescas, consumidas como verdura en ensalada, hervidas o en otras preparaciones; el sabor de sus hojas recuerda a la espinaca (Spinacia oleracea). A veces se mezclan con las de la estrechamente emparentada Basella rubra.

Los tubérculos del melloco se consumen con más frecuencia hervidos que de otro modo, ya que su alto contenido de agua (un 85% cuando frescos) dificulta otras preparaciones. La piel es delgada y se quita con facilidad, pero puede consumirse junto con la pulpa, de color pálido, firme, lisa y suave, sin rastro de fibra; la textura ligeramente gomosa del tubérculo crudo desaparece con la cocción. Se los utiliza enteros como guarnición, rallados, en puré, o molidos para espesar sopas y estofados. Se los prepara también en conserva; no modifican así su textura ni su sabor, aunque el color se empalidece. La necesidad de aderezarlos de este modo es poca en origen, pues se conservan durante muchos meses a temperatura ambiente, pero es el método más habitual para la exportación.

En la preparación tradicional andina se los emplea para hacer una especie de chuño, llamado llingli, que a su vez se muele para preparar una fécula fina y delicada. Secos, su sabor se intensifica, y el aroma nogado de su pulpa se hace más perceptible.

La composición nutricional del tubérculo fresco es de un 85% de humedad, un 14% de almidón y azúcar, y un 1% de proteínas. Seco, el 72-75% es de carbohidratos, 10-16% proteínas, 4-6% fibra y alrededor de un 1% lípidos; aportan así unas 360 calorías por 100 g. Contiene además 23 mg de vitamina C. Las variaciones en el aporte nutricional son marcadas entre cultivares.

Pejerrey Relleno

15 Mar

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Pejerrey del lago Poopo, relleno de jigote  y rebozado con harina y huevo.

 

Cristina Olmos

Colita de cordero

11 Feb

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Ingredientes:

  • 4 colitas de cordero
  • 1 cebolla
  • Perejil
  • Sal
  • 1/2 cucharilla de pimienta
  • 1/2 cucharilla de comino
  • 5 dientes de ajo molidos
  • 1/2 litro de aceite
  • Choclos y papas cocidas para acompañar

 

Preparación:

En una olla colocar el perejil, la cebolla y sal, cuando hierva colocar las colitas y cocer hasta que este la carne suave, escurrir y sazonar con el resto de condimentos y dejar macerar por 20 minutos. Luego calentar el aceite y freír las colitas, servir calientes.

 

http://www.recetas.com.bo/content/colita-de-cordero

La Cocina de Oruro

10 Feb

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La cocina de Oruro tiene los sabores de varios siglos

Variedad. Hoy les entregamos algunos platos de esta región del altiplano, una sugerencia gastronómica de la chef Ivonne Maritano.

 

La gastronomía tradicional de Oruro hace gala de la carne de cordero, que le da esencia a varios platos típicos como la tostadita, la colita o la cabeza, el intendente o la aguatía o rostro asado. Aunque el cordero es uno de los elementos que son la base para la preparación de un conjunto de alimentos, también existen otros manjares como el clásico charquekán, el api, el chorizo y la p’isara que se la elabora con quinua. Respecto al charquekán se dice que es un plato ancestral de la cultura Uru, que consiste en carne (de res o de llama) desmenuzada y deshidratada mediante su exposición, con sal, al sol, acompañada de queso fresco de leche de vaca, papas con cáscara, mote y llajwa

Charquekán

Ingredientes para 2 raciones 1/2 kilo de charque de llama o de res. 4 papas. 1 libra de mote. 2 huevos. 2 cebollas. 2 tomates. Aceite y sal a gusto. Preparación Sancochar el charque. Golpear y desmenuzar el charque en tiras; luego freírlo hasta que quede tostado y suave. En ollas separadas cocer las papas y el huevo. Para la ensalada, picar la cebolla en pluma y añadir el tomate cortado de la misma manera. Aderezar con sal y aceite a gusto. Servir el charque con papa, mote, huevos duros, la ensalada y acompañar con llajwa.

Mechado de Cordero

Ingredientes para 4 raciones 1 pierna de cordero deshuesada. 5 pepinillos. 3 locotos rojos y verdes. 4 zanahorias. 3 cebollas. 1/2 litro de agua. Sal y pimienta al gusto. Preparación Al sacarle los huesos la pierna del cordero quedará como una bolsa. Rellenar la bolsa con los pepinillos enteros, los locotos cortados en tiras, las zanahorias y las cebollas peladas y cortadas largas y finas. Condimentar con sal y pimienta a gusto. Debe cocer la bolsa por la parte que se rellenó para que quede cerrada. Ponerla en una olla de presión con harta agua hasta que el cordero esté bien cocido. Sacar la bolsa de la olla y freírla con aceite caliente. Cortar en lonjas gruesas y servir acompañado con papas fritas y arroz.

Thimpu

Ingredientes para 4 raciones 1 pierna de cordero. 3 cebollas grandes. 6 papas. 1/4 kilo de chuño. 1 taza de arroz. 1 taza de ají amarillo molido. 1 tomate. 1 locoto. 1/2 cucharada de comino. 1/2 cucharada de orégano. 1 cucharada de sal. Aceite a gusto. Preparación En dos litros de agua hirviendo colocar la carne de cordero, cortada en porciones. Cuando la carne esté blanda, se colocan las papas y una vez cocidas se cuela todo y se reserva. Aparte se hace cocer el chuño, lavado, exprimido y con un poco de sal. El arroz se prepara aparte. La técnica se llama arroz evaporado o arroz blanco. Se hace hervir 6 tazas de agua y se coloca el arroz. Antes que termine de cocer, se cierne con un colador y al arroz le rociamos tres cucharadas de aceite y una taza de agua con sal. Se deja a fuego lento hasta que termina de cocer. Se debe sacudir la olla unas dos veces durante el proceso para que el arroz no se pegue. Para el ahogado: Se pica la cebolla, el tomate y el locoto. Se agrega 1/2 cucharadita de orégano más 6 cucharadas de ají amarillo y el comino. Todo se sofríe. Para servir se coloca en el plato una presa de carne, chuños, una papa grande y una porción de arroz. Todo se rocía con el ahogado. El caldo se sirve aparte con un poco de orégano, después de haber comido la parte seca.

API

Ingredientes 2 tazas de maíz morado molido. 15 tazas de agua. 2 ramas de canela. 2 clavos de olor. Cáscara de 1 naranja. Azúcar al gusto. Preparación Remojar el maíz en cinco tazas de agua por dos horas. Hervir al agua restante con la canela y el clavo de olor. Colar el maíz y agregar el agua con canela poco a poco, moviendo constantemente para que no se forme grumos. Una vez que está espeso, endulzarlo a gusto.

Buñuelos

Ingredientes para 10 raciones 3 tazas colmadas de harina de trigo cernidas. 1 y 1/2 tazas de agua tibia. 3 cucharaditas llenas de levadura virgen. 2 huevos. 1 copa de anisado. 1/2 cucharadita de anís. 1/2 cucharadita de sal. 1 cucharadita de azúcar. Aceite a gusto. Preparación Poner la levadura a remojar en media taza de agua tibia. Cuando esté disuelta agregar una taza de agua tibia, la sal, el azúcar, los huevos bien batidos, el anisado y el anís, procurando siempre que las pepitas vayan al fondo. Agregar las tres tazas llenas de harina. Batir con una cuchara de madera unos 5 minutos. La masa tiene que ser suelta, que casi se escape de entre los dedos. Si a veces resulta insuficiente la cantidad de líquido que se sugiere, es porque existen harinas que absorben más. Corregir aumentando la proporción. Deje reposar en un lugar abrigado hasta que se triplique su volumen. En olla aparte calentar el aceite. Moje sus dedos con agua una y otra vez y aplanar la masa rápidamente. Hacer un hoyo pequeño al centro y freír Con un palo pulido dar vueltas el buñuelo, y así quedará esponjoso y hueco. Servir caliente y bañados con miel.

 http://www.eldeber.com.bo/paraellas/2013-06-19/notaparaellas.php?id=130619012845

OSWALDO RAMOS ASTIBENA – oramos@eldeber.com.bo

Mechado de Pierna de Cordero

10 Feb

Oruro ofrece una gastronomía variada donde hay que destacar productos como la carne de cordero, base de muchos de sus platos tradicionales, además de las papas y el api, bebida típica de esta zona. El Mechado de Pierna de Cordero rellena de verduras y asada es uno de los platos más representativos, se lo consume acompañado de ensalada, papa, chuno, choclo.

Ingredientes:

  •  1 Pierna grande de cordero
  • 1 tomate mediano
  • 2 zanahorias grandes
  • 1 Cabeza de cebolla blanca
  • 2 locotos medianos
  • 1 Cucharilla de pimienta molida
  • 1 Cucharilla de comino desmenuzado
  • 2 Cucharadas de vinagre
  • Sal y comino a gusto
  • 8 papas
  • 8 choclos
  • Arroz cocido

Preparación:

  1.  Con un cuchillo de punta muy fila, abrir la carne y deshuesar.
  2. Cortar la cebolla en pluma, las zanahorias en 6 partes longitudinalmente, el locoto y el tomate en tiras, sazonar con pimienta, sal, comino y vinagre, reservando la mitad de los condimentos, para aderezar la carne.
  3. Rellenar la pierna con esta preparación, cerrar cociendo con hilo o pita.
  4. En una cacerola grande hacer hervir agua, agregar  sal a gusto y poner la pierna de cordero a hervir, una vez cocido freír en aceite bien caliente hasta que este muy dorado.
  5. Otra forma es llevar la pierna de cordero a temperatura fuerte al horno hasta que este tierno, por más o menos 2 horas.
  6. Servir acompañado de arroz y papas cocidas.

Cristina Olmos

Intendente Orureño

10 Feb

Es el Día de Oruro, por eso compartiremos uno de los platos mas tradicionales de esta ciudad.

El Intendente es por excelencia uno de los platos preferidos por los visitantes. Consta de una variedad de carnes, como chuleta de res, costilla de cordero, cerdo, pollo y chorizo.

Este delicioso manjar se debe al gusto de un apetitoso personaje que se desempeñaba como intendente en los mercados de abasto, cuyo nombre era don Guillermo Ramallo.

La visita e inspección que don Guillermo realizaba en los mercados, de tanto ver cocinar y servirse a los comensales, le abría un especial apetito, que una vez finalizado sus quehaceres se dirigía a la sección de comedores donde se servían una variedad de platos, que a don Guillermo ya no le apetecían.

Para variar el gusto, agarraba un plato de tamaño grande, y recorría los puestos de comida ordenando a las vivanderas que le pongan encima de él una variedad de carnes de pollo, vaca, cordero, cerdo, y menudencias y todo lo que a él le agradaba, complementando con sus verduras, papas y una buena porción de llajwua.

En las reiteradas visitas que hacia el señor intendente, ya no era necesario que él indique las presas que deseaba servirse, las vivanderas gritaban ahí viene el Intendente, preparen el “Plato del Intendente”.

De esa manera se da origen a este agradable festín, que se convirtió junto al rostro asado, y los exquisitos apis y pasteles, en lo más representativo de la culinaria orureña y que todo aquel que visite Oruro no pierde la ocasión de servirse.

 

  1. Asar el riñón, el chorizo de cerdo y el corazón cortado en pequeños asaditos , asar también la chuleta de cerdo o de vaca condimentado con ajo y sal.
  2. Freir también el lomo rebanados en asados, (todo por separado).
  3. Hacer cocer la presa de pollo en agua, en el mismo caldo los pedazos de tripa gorda y el trozo de costilla.
  4. Dorar en aceite el pollo, el pecho y la tripa hasta que este crocante (también por separado).
  5. Servir con el arroz y la sarsa.

http://www.cocina-boliviana.com/receta/intendente

Rostro Asado

10 Feb

Es el platillo emblemático de Oruro y que  solo en Oruro se lo puede comer, por todas las características que tiene. Rescatando las tradiciones y costumbres, se dice que antiguamente esta especialidad de la cocina popular boliviana, se servía en las panaderías al amanecer. Se trata de una cabeza de cordero con pelaje, cocida bajo la tierra o durante 8 horas  al horno y que se sirve sobre todo en las festividades del Carnaval de Oruro.

Su origen se ha perdido en la historia. De todas formas,  los comensales terminan completamente satisfechos.

Se sirve mayormente de noche o en las madrugadas.

INGREDIENTES

  • 4 cabezas de cordero con lana
  • agua
  • 1 taza de arroz cocido
  • 8 papas cocidas
  •  Sal
  • Llawja

PREPARACIÓN

  1. Con un cepillo lavar bien la boca de las cabezas, luego con agua hervida, lavar bien el resto de las cabezas. Poner bastante sal a todos los lugares de la cabeza que tengan carne. Y dejar de remojo en salmuera, por lo menos durante 6 horas. Enjuagarlas muy bien y volverla a ensalar y condimentar colocando en la nevera por dos horas, para que la sal y los condimentos penetren.
  2. A llevar las cabezas al horno en una fuente con agua hasta que la carne este bien cocida sin dejar que el agua se seque para que no se queme y cocinar entre 8 y 12 horas.
  3. Están listas cuando la lana se desprende como un guante, partir la cabeza por la mitad y servirla con papa, arroz y abundante lawja.

 

Cristina Olmos

Vídeo

¿Cuál es el secreto para preparar el tradicional charquekan orureño?

10 Feb

Comida Típica Tradicional de Oruro

10 Feb

Brazuelo de cordero
Charque orureño
Pejerrey relleno

Api: Mazamorra de maíz amarillo y maíz morado, con canela, clavo de olor y cascara de naranja
Brazuelo: Paleta de cordero al horno (el mejor cordero es el de Sevaruyo).
Charkecan: Charque de llama a la sartén con mote de maíz, huevo duro, trozos de queso y papa con cáscara.
Intendente: Variedad de carnes de res, cordero, pollo y pescado (preferentemente pejerey), con menudencias de cordero y chorizo a la parrilla, acompañado con arroz, papa cocida y verduras frescas.Es un platillo emblemático de Oruro.
Thimpu o Puchero: Carnes de res y cordero cocidas, arroz, papa y hojas de repollo cocidas, chuño y aji amarillo.
Lomo Montado: Carne de res al sartén, papas fritas, arroz, dos huevos fritos y ensalada de lechuga, locoto, cebolla y tomate.
Mechado de Cordero: Carne de cordero mechada con cebollas, ajos y especias.
Pejerrey relleno: Del Lago Poopó, relleno de jigote y rebozado con harina y huevo.
Rostro asado: Cabeza de cordero con piel cocida al horno o bajo tierra. Es el platillo emblemático de Oruro.

Historia del Carnaval de Oruro

10 Feb

carnaval
El carnaval de Oruro se origina en las ancestrales invocaciones andinas a la Pachamama(Madre Tierra), al Tío Supay (Diablo) de los parajes mineros y a la Virgen de la Candelaria. Su honda espiritualidad y magnetismo se ha gestado en cinco grandes períodos. El primero se extiende desde la aparición de la imagen de la Virgen de la Candelaria en 1789, y su revelación posterior en una cueva del cerro “Pié de Gallo”. Cuenta la leyenda que en un socavón abandonado de la mina del cerro antes mencionado, vivía un ratero llamado Anselmo Selarmino (el Nina Nina o Chiru Chiru) que robaba para repartirlo entre los pobres. En una de sus correrías nocturnas fue mortalmente herido por un obrero a quien pretendió quitarle el único tesoro que tenía. En su agonía fue trasladado por una virginal mujer del pueblo hasta su morada en el socavón. Al día siguiente, fue enorme la sorpresa de los mineros de la zona que al hallar el cadáver, se encontraron con la bella imagen de la Virgen de la Candelaria custodiando la cabecera de la pobre cama del ratero. En el segundo período, los mineros, ante el descubrimiento de la virgen resuelven reverenciarla durante tres días al año desde el sábado del carnaval, usando disfraces a semejanza del diablo al ritmo de una cautivante música. Desde entonces realizan la Entrada de Cargamentos y Ceras, con ornamentos regionales, presentes de plata para la Patrona, viandas y bebidas. En el tercer período, 1900 a 1940, irrumpen las primeras Comparsas o Fraternidades devotas de la Virgen como tropas de Diablos, Morenos y Tobas para enfilar hacia la antigua Capilla del Socavón extasiados de Chicha y Alcohol. En ese tiempo no participaban niños ni mujeres. En el cuarto período, 1940 a 1980, reavivando prejuicios, empleados del comercio, la banca, maestros y hasta un militar se unieron al Carnaval y marcaron innovaciones a los futuros rumbos de la original Entrada. En 1970, el gobierno declaró a Oruro Capital del Folklore Boliviano, acrecentando la corriente turística. Comienzan a surgir otros conjuntos y con la incursión resuelta de la juventud y la mujer en el Carnaval, este comienza a masificarse.  En el quinto período, que data desde la década de los 80 hasta nuestros días, se vive un período de esplendor con la espectacular presentación de la mujer, el despliegue de trajes y derroche de belleza juvenil. Por primera vez, en este período se elaboró el estudio técnico para gestionar ante la UNESCO la declaratoria del Carnaval Orureño como Patrimonio Cultural Intangible para la Humanidad….
ORURO Y SU CARNAVALPor sobre las nubes blancas y coposas sobresale el pico del majestuoso Sajama, como reflejo del cielo brilan los colestes lagos del Poopó y el Uru – Uru, mantos extendidos que son orillados por poblados de la edad del mundo; desafiantes se yerguen, hombres con raza pura, netos hijos de la tierra, dueños de su infinito universo, fuertes y recios gladiadores de su guerra contra las tempestuosas inclemencias naturales, amante conspiterno, idealista, silencioso, adorador de las montañas, del limpio cielo y las profundidades de la tierra, postrado ante Inti, iguala su culto a Pachamama, ofrenda con cariño sumisión y respeto, científico de su cuerpo, ingeniero de la vida, mago y labrador como ilusión nos ha heredado esta cultura, legado que se ostente, gracias a su don de domador del misterio y su resistencia al sufrimiento eterno del látigo, la cruz y la espada
.Osos

Oruro, centro cosmopolita donde el hombre se vuelve universal, cuando comparte la magia del misterioso embeleso que produce la mística, tradición que lo envuelve dentro el torrente caudaloso de ansia, fe, devoción, civismo y sortilegio andino, andino y propio, propio del mundo, mundo que comparte con el otro mundo, el de más allá, el de Europa, el de España, una vieja cultura que aprieta, que hace sangrar, que mata, que alienta vivir con la muerte. Oruro cosmopolita, eterna villa que traza en las mentes inmejorable drama de diablos, sapos, víboras, hormigas, lagartos y ñustas. Es en estas latitudes que se funda el centro del universo, donde el caos y la calma se unen en raro equilibrio, es aquí donde los hombres de aparente sumisión se paran obnuvilando con su grandiosa fe, prodigios sublimes que resisten al tiempo y la fragilidad de la memoria.En Oruro se asiste al ritual de los DIOSES DOMADOS, Angeles y Demonios, ostentan por varios días descomunal fortaleza, embriagados por el poder y deseo de someter al bien o al mal. Bacanal espectáculo de grandeza se ve, se vive, se es, cuando apenas se deshila el telar de nuestra cultura, para mostrarse orgullosa de ser la Capital del Folklore de Bolivia y Patrimonio de la Humanidad. Así es Oruro, añeja y de repente nueva, silenciosa y bullanguera, febril de alma, religiosa y profunda, el homo-ando tiene como herencia de esta raza su fortaleza, su religión, su fe, su tradición, su costumbre, su inigualable Carnaval en honor a la Virgen de la Candelaria, para el orureño la Virgen Morena “mamita del Socavón

EL CARNAVAL EN EL TIEMPO El Carnaval de Oruro se origina en las ancestrales invocaciones andinas a la Pachamama (Madre Tierra), al Tío Supay (diablo) de los parajes mineros, y a la Virgen de la Candelaria. Su honda espiritualidad y magnetismo, se ha gestado en cinco grandes periodos: El primero se extiende desde sus arcanos prehispánicos y coloniales hasta la aparición de la imagen de la Virgen de la Candelaria, en 1789 y sudevelación posterior en una cueva del cerro “Pie de Gallo”. El lugar era ocupado por Anselmo Selarmino, el “Nina Nina”, quien en su agonía se confesó ladrón y devoto. En el segundo periodo, de casi un siglo (1789-1900) los mineros reunidos al conjuro del descubrimiento de la Virgen, resuelven reverenciarla durante tres días al año, desde el sábado de Carnaval, usando disfraces a semejanza del diablo al ritmo de una cautivante música, que nadie sabe quién compuso. Tampoco se conoce el pincel que pintó el fresco de la Virgen. Data desde entonces la Entrada de Cargamentos y Ceras, con ornamentos regionales, presentes de plata para la Patrona, viandas, y bebidas.

SIN NIÑOS NI MUJERES En el tercer periodo (1900-1940) irrumpen las primeras comparsas devotas, como “tropas” de diablos, morenos y tobas que se concentraban en laplazuela de “La Ranchería” escanciando chicha y alcohol, para después enfilar por las calles La Paz y Cochabamba hasta la antigua capilla del Socavón. Los diablos pertenecían al gremio de matarifes. Los morenos eran vendedores de coca. Los veleros conformaban el grupo de los incas. Los llamados “carreritos” se agrupaban en la comparsa de los tobas. Se acompañaban con quenas, pinkillos, tambores, bombos. Hábiles santeros y mascareros dieron inicio a la estirpe de los artesanos. En ese tiempo, no participaban niños ni mujeres.

CLASE MEDIA Y MASIFICACION De 1940 a 1980, derribando perjuicios, empleados del comercio, la banca, maestros y hasta un militar, se unieron al Carnaval. Los llamados pijes ock’arcas, marcaron con sus innovaciones los futuros rumbos de la original Entrada. En 1963 se funda el Comité de Defensa de los Conjuntos Folklóricos , mientras que en los teatros se escenifica el original “relato” de La Diablada, con base en una versión —La lucha entre el Bien y el Mal—del escritor Rafael Ulises Peláez,. En 1965 la orureñidad se declara de hecho “Capital Folklórica de Bolivia”, las bandas de música aumentan su creatividad, y se impulsa el viaje de grupos de diablos al interior y al exterior. En 1970, el gobierno declaró a Oruro Capital del Folklore boliviano, mientras se acrecienta la corriente turística. Surgen otros conjuntos, como los Caporales, con la incursión resuelta de la juventud y la mujer en un Carnaval que se masifica.

Carnaval de Oruro

ESPLENDOR Y MUJERES

De la década de los 80 hasta nuestros días se vive un quinto periodo, de esplendor, con la espectacular presentación de la mujer y el despliegue de trajes y derroche de belleza juvenil. Por primera vez se registra la Música y Danza de La Diablada y se elaboró el estudio técnico para gestionar ante la UNESCO la declaratoria del carnaval orureño como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad.. En 1995 el Estado reconoce a la Entrada como Patrimonio Cultural, Tradicional, Artístico y Folclórico, contrarrestando su “transplante” a otras regiones. (*Condensado de un artículo del autor).

LA PEREGRINACION HECHA DANZA La figura de María está siempre unida a Cristo en la obra de salvación. De ahí que el Padre le concedió varios privilegios a fin de que pudiera realizar su vocación única en la historia: ser la Madre del Mesías Redentor. María Virgen se convirtió así en la Madre de quien vino a darnos vida en plenitud. Por eso es la abogada de Eva —virgen desobediente— y su seno viene a ser la fuente permanente de regeneración. María fue cambiada de nombre por el mismo Dios, quien la llama “la llena de gracia”, “la bendita entre todas las mujeres de la tierra”. Y Ella, responde llena de fe al plan divino: hágase en mí, según tu Palabra. Desde entonces queda indisolublemente unida a su hijo, por eso es Socia del Redentor, Sierva del Señor. Desde el punto de vista humano María tiene que creer en lo imposible, porque una Virgen está imposibilitada para dar a luz. De ahí que su fe es más grande que la de Abraham. Aún en los momentos más difíciles María siempre responde a la gracia. Va descubriendo al Dios del Nuevo Testamento y por eso es peregrina en la fe. Y como hermana y madre, discípula y maestra, no ha terminado aún su misión, pues sigue intercediendo en favor nuestro.

EL MILAGRO DE CADA AÑO La devoción a la Virgen de la Candelaria o del Socavón, motiva cada año uno de los más grandes acontecimientos de expresión folclórica de América: el Carnaval de Oruro. La fe manifestada por los danzarines hace que este acontecimiento se convierta en el milagro anual desde su primer convite de carnaval, cuando los devotos-danzantes, comienzan a bailar en honor a la Virgen durante tres años consecutivos, pidiendo su protección y amparo. Esta peregrinación religiosa es parte del ser y la religiosidad popular de esta región; distinta de una simple procesión. El danzarín cumple su promesa bailando unos tres kilómetros desde un extremo de la ciudad hasta el Santuario del Socavón. Bailarines de distintos grupos folclóricos, diversas edades, diferentes estratos sociales y culturales, relatan convencidos cómo la imagen milagrosa ha premiado a tal devoto, o ha castigado a éste o aquél danzarín que no cumplió su promesa. El colorido se multiplica constantemente y durante tres días y tres noches se aprecia el baile de más de 50 conjuntos acompañados por hasta cuatro o cinco bandas musicales. La fiesta del carnaval comienza en noviembre y culmina en febrero. IDOLATRIA Y FE Dentro lo pagano existen otros mitos: La Víbora y el Cóndor, conformaciones pétreas que se encuentran al Sur de la ciudad y el Sapo en la zona Norte, son sitios de idolatría ancestral, donde generalmente se realiza la “challa” de carnaval. Esto es resultado del dualismo religioso que data de 1789 a 1900, y que según estudios “permite reemplazar el culto del diablo por el de la Virgen”, sustituyéndose simultáneamente el sacrificio de las llamas por la asistencia a la misa. La fiesta da lugar también a la transfiguración de la “Pachamama” o madre tierra, en la Virgen del Socavón, un sincretismo religioso que evidencia una fuerte transculturación.

LAS DANZAS DEL CARNAVAL LA DIABLADA

Diablada

La Diablada (la danza de la rebeldía) es el drama teatralizado de la lucha entre el Arcángel San Miguel y la Virgen de la Candelaria, frente a los Diablos ySatanases, tiene una doble interpretación. En el sentido cristiano resultaría ser exponente de los Siete Pecados Capitales de la corte del Príncipe Luzbel. Pero como una sátira al conquistador, la Diablada implica una rebeldía del Mitayo minero que, disfrazado de diablo contra sus opresores utilizaba la danza religiosa para expresar su ansia de libertad y lucha para lograrla.

El Mitayo tenía escasas licencias y una de las excepciones era salir en Carnavales. Llegaba desenfrenando sus inhibiciones reprimidas y reivindicando su dignidad perdida. Los personajes que intervienen en esta danza son: El Arcángel Miguel, Satanás, la China Supay o diablesa, los Siete Diablos (representando a los siete pecados capitales), uno o varios osos que van abriendo el paso a los bailarines, un Cóndor y varios Diablillos.

LA LLAMERADA

Es una danza de resabio de los rodeos de llamas realizados por los nativos para efectuar la esquila y ofrecer a los dioses andinos las ofrendas en una ceremonia. Esta danza tiene como símbolo la Onda (arma de guerra) que en el tiempo de paz sirve para arriar el ganado. Es un baile alegre de ritmo ágil y generoso.

LA MORENADA

Inicialmente fue una danza de negros o morenos, introducida al país en la época de la colonia, cuando los negros eran utilizados como reemplazantes de los Mitayos en las minas. En ella se trata de satirizar los bailes de las cortes y además trasunta lo que fue la esclavitud de los negros bajo el dominio de los españoles.

LOS CAPORALES

La danza de los caporales, representa al mulato convertido en capataz que vigilaba a los negros, al renegar de su raza se convertían en verdugos con látigo en la mano. Neo-Folklore cuyas raices estan en la SAYA, ritmo y baile se inspiran en el TUNDIQUI. Es una danza muy bella que tiene una vestimenta muy elegante que le da una identidad muy juvenil demostrando en sus ademanes un caracter muy decidido. Su coreografia es infinita. Sin duda, los jovenes que lo bailan lo hacen sin prejuicios raciales pues no se pintan la cara de negro, y de esta manera rinden su solidaridad a nuestra poblacion Afro-Boliviana.

Los Tobas

LOS TOBAS

Se afirma que la danza de los tobas y su presencia en tieras altiplanicas obedece al hecho de que los Incas ensus avances de conquista, trasladaban de la zona andina com oprueba de sus triubfos, grupos de hombres de otras culturas. Los tobas de esta manera, al conservar sus ritos y costumbres, no olvidaron sus poracticas ceremoniales y con el tiempo pusieron a su danza el sello de la tradicionalidad dentro del Carnaval. El conjunto folklorico tobas zona sud, cuenta con las siguientes tribus: tobas, chunchus, cambas, chipayas, macheteros e isosos. Queremos agradecer a la colectividad boliviana en nuestro país por compartir con nosotros este evento cultural tan importante lleno de emotividad y el esplendor de las danzas típicas que nos han brindado durante el carnaval. Es nuestro deseo hacer conocer este patrimonio de la humanidad tal como fue declarado en la ONU.

http://www.anakarlem.8k.com/historia.htm

El rostro asado, comida del diablo

10 Feb

rost

Víctor Montoya

Escritor

Al día siguiente, desperté con una resaca de mil demonios. Me levanté moviéndome como marinero en tierra, me enfundé en mis ropas y entré en el cuarto del Tío*, quien permanecía sentado en su trono, sonriente y más fresco que una lechuga.

–Después de nuestra tremenda farra de anoche, ¿deseas comer alguito en especial? –le pregunté solícito.

–Como no puedes preparar mi plato favorito, ni k’alaphurka nipataskha –asistió el Tío–, te acepto un ch’arkikan, ese orgullo de la tradicional cocina orureña, basado en carne de llama salada y secada al sol, mote de maíz, papas, rodajas de queso de cabra, huevos cocidos y llajwa. El único secreto está en saberlo preparar con manos hábiles y con mucho amor.

–¿Y cuál es tu plato favorito? –pregunté curioso por conocer la otra dimensión de sus gustitos.

–El rostro asado –contestó–. El rostro asado es también conocido entre los comensales orureños como la comida del diablo.

Cerré la boca y pasé a la cocina. Me puse el delantal y, cuchillo en mano, me dispuse a preparar el ch’arkikan: amortajé la lonja de carne, la corté en finas hebras y la freí en una cacerola con aceite, mientras en una olla cocía la papa y en otra hervía el mote de maíz y los huevos.

–¿Y con qué bebida prefieres acompañar el ch’arkikan? –le grité desde la cocina, ya con las manos en acción.

El Tío carraspeó, se levantó de su trono, ocupó su lugar habitual en la mesa del comedor y contestó:

–No hay matrimonio más perfecto que un ch’arkikany un vaso de cerveza o una tutuma de chicha. Además, después de una tremenda borrachera, la cerveza sirve para matar la sed y nivelar el cuerpo.

Le serví el suculento plato de ch’arkikan, con dos puñados de mote, dos sendas papas, dos humeantes huevos, un trozo de queso tostado, una cascada de crujiente ch’arkiy, para rematar, una ensalada de cebollas y tomates, con una pizca de sal y pimienta, un chorrito de aceite de oliva y otro de vinagre. Al final puse el platillo con llajwaen la mesa y llené las copas con cerveza fría.

–¡Buen provecho! –dije ostentando el mismo orgullo con el que un panadero alaba su pan.

La reacción del Tío no se hizo esperar, comió con la mirada y las manos. Luego se deshizo en elogios y comentó:
–Este plato es una fiesta para el paladar. Te salió sabroso, como para chuparse los dedos y delirar: Cuando como, no hablo con la boca abierta ni conozco.

Me limité a mirarlo cómo se zampaba el ch’arkikan y se vaciaba la cerveza, hasta que me volvió a asaltar la curiosidad por saber algo más sobre el rostro asado, su plato favorito.

–¿Cómo se prepara el rostro asado? –pregunté a punto de atragantarme con el mote.

El Tío paró las orejas, se relamió los dedos y contestó:

–El rostro asado es la cabeza del cordero, cocida con cuero, lana y todo, en el rescoldo de un horno de panificación. Las cocineras suelen lavarla por dentro y colocarle en el hocico un pedazo de sal y hierbas aromáticas. La temperatura del horno y la experiencia de la cocinera hacen el resto. Es una antigua especialidad de la gastronomía orureña, un manjar delicioso, que a muchos asombra no sólo porque es la comida del diablo, sino también porque a más de un comensal se le retuerce el estómago y se le erizan los pelos.

El Tío se metió la última porción de ch’arkikan en la boca y aligeró el último sorbo de la cerveza. Chasqueó la lengua contra los dientes y dijo:

–El rostro asado es un plato exclusivamente orureño y no tiene el mismo sabor ni el mismo tratamiento en otras ciudades del país, debido a que el mejor ganado ovino de Bolivia está en la meseta andina. Parece que el secreto se esconde en los pastizales aledaños al salar de Uyuni. Mientras más sal consume el cordero, más exquisita es su carne. Por otro lado, sólo las prodigiosas manos y la sabiduría tradicional de las orureñas pueden darle el toque que requiere el rostro asado. Comerlo es un ritual: quitar el cuero del cráneo y devorar el seso antes de que el frío de la madrugada lo impida, seguir con los ojos, las mandíbulas y la lengua. Es un alimento degustado por los borrachos y noctámbulos que, babeando y babeando, descarnan hasta el último hueso, ya sea parados en la calle, sentados en la acera o con la cara vuelta contra la pared.

–¿Y nunca te dio asco? –pregunté con una mueca de repugnancia.

–¡¿Asco?! ¡¿Por qué asco?! El rostro asado es la comida del diablo y manjar para paladares refinados. No en vano Jaime Saenz, en Los papeles de Narciso Lima Achá, le dedicó unas líneas a esta especialidad culinaria de la tierra de los urus.

–No recuerdo bien esas líneas de Saenz –le dije revelando mi pésima memoria.

–¡Cómo que no! –replicó con el ceño fruncido–. El vate paceño refiere que las cabezas de corderos cocidas al horno tienen un aspecto asaz inquietante, pues parecen mirarte como desde ultratumba, con grandes ojos desmayados y relucientes (…) y parecen decirte: por favor, no me comas, con blancos dientes y con lengua colgante, siendo esta última el bocado más apreciado por los conocedores, quienes comienzan con los ojos y continúan con los sesos, para luego proseguir con el pellejo y terminar con la lengua, que precisamente se reputa como lo más delicioso del rostro asado y se reserva como postre.

–Está bien, Tío –asentí con un gesto de aversión–. Ahora dime, ¿dónde comprabas tu plato favorito?

–No lo compraba –contestó de inmediato–. Las veces que no salía la luna, yo salía de la mina antes de clarear el alba y, transformado en artista bohemio en la noche fría y sin estrellas, me presentaba en la Avenida Bolívar o en la esquina de la calle Herrera y Montesinos, donde las vendedoras, al darse cuenta de que era el mismísimo Tío, y a modo de congraciarse conmigo, me ofrecían gratis un exquisito rostro asado, humeante y partido de un hachazo. Yo daba las gracias y comía la cabeza entera a mi regalado gusto, acompañándola con pan, llajway un bajativo o mata chancho, preparado con el mejor destilado lugareño.

–En este caso, el trago no sería un mata chancho, sino un mata cordero, ¿verdad?

–Da lo mismo –dijo retirándose a su trono–. Lo importante es saber que Oruro es famoso por su Carnaval, pero también por el rostro asado, Quien no ha probado la comida del diablo, no conoce la tierra de los quirquinchos ni los gustitos del Tío.

Me levanté de la mesa y pasé a la cocina, dispuesto a fregar los platos, las ollas, la cacerola y los vasos, mientras el estómago se me retorcía de sólo pensar en la comida del diablo.

 

*Deidad de la mitología andina, mitad dios y mitad diablo. Los mineros le temen y rinden pleitesía, ofrendándole hojas de coca, cigarrillos y aguardiente.

Victor Monotya

Nació en La Paz, en 1958. Escritor, periodista cultural y pedagogo. Vivió en las poblaciones mineras de Siglo XX y Llallagua. En 1976, como consecuencia de sus actividades políticas, fue perseguido, torturado y encarcelado. Estando en el Panóptico Nacional de San Pedro y en el campo de concentración de Chonchocoro-Viacha, escribió su libro de testimonio ?Huelga y represión?, hasta que en 1977, tras ser liberado de la prisión por una campaña de Amnistía Internacional, llegó exiliado a Suecia.

Cursó estudios de pedagogía en la Escuela Superior de Profesores, en Estocolmo. Dictó lecciones de quechua en institutos, coordinó proyectos culturales en una biblioteca y ejerció la docencia durante varios años. Ha publicado: ?Días y noches de angustia? (premio nacional de cuento, UTO, 1984), ?Cuentos Violentos? (1991), ?El laberinto del pecado? (1993), ?El eco de la conciencia? (1994), ?Antología del cuento latinoamericano en Suecia? (1995), ?Palabra encendida? (1996), ?El niño en el cuento boliviano? (1999), ?Cuentos de la mina? (2000), ?Entre tumbas y pesadillas? (2002) y ?Fugas y socavones? (2002). Dirigió las revistas literarias ?PuertAbierta? y ?Contraluz?. Escribe para una veintena de publicaciones en América Latina y Europa.

Es miembro de la Asociación de Escritores Suecos y del PEN-Club Internacional. Participó en el Primer Encuentro Hispanoamericano de Jóvenes Creadores, Madrid, 1985, y fue uno de los principales organizadores del Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Europa, Estocolmo, 1991.

Su obra mereció premios y becas literarias. Tiene cuentos traducidos y publicados en antologías internacionales. Es redactor responsable de la edición digital de Narradores Latinoamericanos en Suecia:http://www.narradores.cjb.net.

Origen del Carnaval de Antaño de Oruro

7 Feb


Cargamento de oro milenario y acémila ingresando por la Avenida Cívica

Todos o quienes se encargan de hacer estudios sobre el Carnaval de Oruro, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, siempre hacen referencia a su origen, en relación a leyendas y mitos, los principales y conocidos son: La Mitología del Carnaval de Oruro, El Nina Nina y El Chiru Chiru.

El término de las tres historias desembocan en que los mineros y el pueblo Uru, determinan vestirse de diablos, para escenificar el sometimiento de mal al bien, o en retribución al milagro de vida dado por la Ñusta al pueblo de los Urus, por haberlos salvado de las cuatro plagas enviadas por Huari, el semidios andino.

Es que a partir de ese momento, los sentimientos de los habitantes de esta región hacen que confluyan en un solo fin, la devoción a la madre de los mineros, la Patrona de los orureños, la Virgen del Socavón.

Aspectos que desde ningún punto de vista los deliberaremos, pero, queremos retrotraernos al Carnaval de Antaño de Oruro. Si bien no podemos precisar la fecha de su inicio, porque no existe un dato fidedigno al respecto, sólo podemos afirmar y con certeza que el Carnaval de Oruro tiene más de dos siglos de vigencia, si tomamos como punto de partida la aparición de la Virgen del Socavón en 1789, con las leyendas del Chiru Chiru y el Nina Nina.

Ese hecho corroborado por Manuel Vargas, quien en su nota escrita: “Oruro desfile de Tradiciones” y publicada en la revista Etnofolk de 1992 señala que el Carnaval se inició en 1789, con el culto a la Virgen del Socavón. De esta época datan dos tradiciones parecidas, lo que mencionamos antes, las leyendas del Chiru Chiru y el Nina Nina.

Se cree que a raíz de esos milagros, y después de casi un siglo de ellos, en 1881 se construyó el Santuario de la Virgen del Socavón. Porque antes era sólo una pequeña parroquia al pie del cerro Pie de Gallo, donde los devotos se reunían para rendirle pleitesía a la Virgen de la Candelaria, que estaba pintada en un lienzo y cuyo fresco data de la segunda mitad del siglo XVI.

En el Libro de Oro de las Crónicas del Santuario se lee: “Década 80 del siglo XIX. El presbítero Francisco Cárdenas promueve la construcción de una capilla más amplia entre los años 1881 – 1882. El presidente de la República, general Narciso Campero ayuda (?) en su construcción”.

Una construcción que resultó ardua, pero felizmente que culminó el ingeniero Julio Pinkas, quien fue traído desde el Brasil por el presidente de la República, Aniceto Arce, para que se hiciera cargo de varias obras importantes”, según se publicó en el artículo “Construcción del Santuario” escrito por fray Alfonso Masignani Ballico, en su libro: “La Historia del Santuario Virgen del Socavón”.

Pero, su origen puede ir mucho más antes, si tomamos en cuenta la Mitología del Carnaval de Oruro, con la aparición de las cuatro plagas al pueblo de los Urus y cuyos vestigios de tan maravilloso relato aún son evidentes en la ciudad de Oruro, al observar los restos de las cuatro plagas; la víbora, el lagarto, el sapo y las hormigas que un día invadieron este territorio, convertidas por la Ñusta en roca y arena.

Obviamente, el proceso para que llegue a consolidarse en la majestuosidad, como hoy conocemos al Carnaval de Oruro, fueron de muchos, pero muchos años.

Al margen del aspecto religioso, también tiene que ver aquí lo místico y lo andino, los rituales y otros aspectos espirituales, pero que no lo son todo. Es una simbiosis de lo religioso con lo pagano. Cultura más rica que no se la ve en ninguna otra parte del mundo, con estas características.

Queremos compartir el criterio de Edwin Guzmán Ortiz, quien en el artículo “El Carnaval Recóndito” que escribió para la revista “Etnofolk” del Comité Departamental de Etnografía y Folklore en 1992, establece:

“Si el Carnaval no es exclusivamente lo andino, sino enfáticamente además lo mestizo, eso que aludimos con el epíteto de “popular” cobra de pronto gran importancia. Además de la memoria larga del Carnaval, cuyas circunstancias se remontan a la colonia e incluso al periodo precolombino, la memoria corta forjada a principios de siglo (XX) nos proporciona un filón riquísimo de referencias que tienen que ver mucho con la identidad original de esta fiesta”.

Guzmán asegura que el Carnaval de Oruro tiene un origen social humilde y por ese factor es “grandioso” y “majestuoso”. Son los mineros y los gremios quienes se encargan de recrear a través de la danza su tránsito por la historia y la cultura.

“Los gremios de matarifes, veleros, cocanis y otros núcleos populares, a partir de la devoción hacia la Virgen del Socavón, cumplen la peregrinación en una entrada al Santuario desde las minas (San José e Itos) y pueblos aledaños como Machacamarca; este acto festivo devocional, es lo que se conoce como la “Entrada del Socavón”. Una fiesta popular colmada de fe”, dice Guzmán.

Sin embargo, a un principio los denominados “k’aras” o personas de la alta alcurnia, rechazaban esta manifestación cultural, prueba más clara de ello, son las publicaciones que aparecen en periódicos de la época, en la que se niega el ingreso de la Entrada por la Plaza 10 de Febrero, por una ordenanza municipal de los años 20 del pasado siglo. Por el contrario, en los medios impresos se criticaba el desorden y el paganismo de los “indios”.

Lo que se puede recuperar de esa época son fotografías que muestran cómo eran los trajes de los danzarines de antaño, que pese a la pobreza reinante, sus hábiles talentos en la confección de los trajes, dignificaban su devoción a la Patrona de los mineros.

“Sin bandas (de música), al son de aerófonos andinos hacían su peregrinación hacia la Virgen del Socavón, mientras en otros escenarios, los “havillés” y las noches venecianas del carnaval de la oligarquía se desbordaba en medio de champagne, coupletistas, vestidas de madame Adrianne y aedas perfumados en los salones del Edén y el Palais Concert. Obreros, mutualistas, artesanos, cholos libertarios y unas cuantas mujeres, jamás pudieron imaginar que su fervor al cabo de unos años, sería conocido en todo el mundo”, afirmó Guzmán.

Es por eso, y rescatando siempre los enunciados de Guzmán que hoy cuando vemos el lujo, la belleza de los artesanos plasmados en sus obras de arte, y el crecimiento que tuvo la Obra Maestra, no queremos recordar cuál fue el origen de tan grandiosa manifestación.

Mientras que Juan Carlos Paz, en su artículo “El Carnaval de Oruro” de la Revista Etnofolk de 1992, tras una entrevista realizada al danzarín de la Diablada Auténtica y conocido como el “decano de los diablos de Oruro”, Camilo Paz Díaz, enfatiza que los mineros fueron los primeros que le rindieron pleitesía la Virgen Morena del Socavón.

“El origen de esta festividad religiosa, arranca del temor que sienten los mineros dentro de la mina. Allí nace el respeto a la Pachamama (madre tierra) y el miedo a los accidentes que se producen en las labores mineras, el minero busca protección de la Patrona: La Virgen del Socavón”.

Paz afirma que los mineros fueron creadores de la entrada del Sábado de Peregrinación. Para ganarse los favores de “Supay” (diablo) se disfrazan queriendo representarlo, bajo la dirección del jefe. Luzbel (príncipe de las tinieblas). Mientras que el baile de la diablada, sería la danza de la redención, para llegar hasta los pies de la “Ñusta”, transformada en la Virgen del Socavón.

“De esto nace la entrada del sábado de Carnaval (antes denominada de esa manera, ya que a la fecha se estableció como la Entrada del Sábado de Peregrinación, por ser el motivo central de la fiesta devocional dedicada a la Virgen del Socavón) con comparsas de jóvenes entusiastas, que con el tiempo se agranda, la alegría crece en el pueblo, muestra interés de participar formando nuevas comparsas que contraigan entusiasmo creciente”, relata Paz.

En forma ya organizada, se forman varias instituciones folklóricas desde 1904, no cabe duda que una de ellas, sea la Gran Tradicional Auténtica Diablada Oruro (25 de noviembre de 1904).

Luego se organizan otros conjuntos como la Morenada Zona Norte, la Morenada del Sur, Los Negritos llamados en ese entonces como Tundiquis, “Los 12 pares de Francia”, que era un grupo que llegaba de Chuquicamata, frontera Chile – Bolivia, bailan en pareja, el varón vestía una camisa blanca con la manga doblada a tres cuartas, zapatilla y un pantalón negro corriente. El ritmo que ejecutaban era al estilo del vals. La mujer tenía un vestido largo y una túnica que le cubría desde la cabeza, quedando descubiertos sólo los ojos.

También se crearon los Tobas, la Llamerada, los Cullaguas, los Sicuris y otros.

ENTRADA

Cuando esta manifestación ya era aceptada por la burguesía y clases dominantes, la entrada de antaño era corta y recorría sólo algunas calles antes de ingresar al Santuario de la Virgen del Socavón.

Paz relata: “Los danzarines no uniformaban los pasos, después del domingo un diablo bailaba acompañado de una China, la cueca “Chaupinpi Misq’iyoj” (cueca mezclada con diablada); primero la cueca al pasar la primera de ésta, se introducía la diablada y luego se bailaba la “segundita” de la cueca hasta terminar)”.

Al retorno de la casa del pasante se bailaba en la Prefectura, allí se hacía una demostración de la coreografía de la diablada, como el ovillo, el relato y la estrella. Luego el prefecto invitaba a los danzantes, salteñas con cerveza. Luego los diablos bajaban bailando por la calle Bolívar, se iban a la casa del pasante, donde eran bien atendidos.

Más tarde, la Entrada del Sábado de Peregrinación fue creciendo y se desarrolló ya por la Avenida 6 de Octubre, como prueba de ello existe la letra de una diablada que dice “Por la 6 de Octubre, por la calle principal, todos a bailar, todos a cantar…”.

Para una mejor organización se derivó a la calle Pagador y con el paso del tiempo y después de varios experimentos, al fin se estableció el ingreso por la Avenida del Folklore, conocida también como la Avenida 6 de Agosto.


Diablos de Oruro de 1910
LA PATRIA, Carnaval de Oruro
  • El motivo: La fe a la Virgen del Socavón
  •  Se dice que su origen se remonta a 1789 con la aparición de la Virgen del Socavón en la Villa San Felipe de Austria
  • Por: Dehymar Antezana – Periodista

El Carnaval de Oruro

7 Feb




El carnaval orureño es uno de los más espectaculares del continente sudamericano. Durante una semana, los habitantes de esta ciudad del altiplano sur de Bolivia salen a la calle ataviados con sofisticados trajes para homenajear a la virgen de Candelaria. Esta original festividad se manifiesta de una forma muy especial: La Diablada (danza de los demonios), que se ha convertido en la gran celebración anual de Bolivia. Se trata de una recreación del triunfo del bien sobre el mal, pero no se puede reducir a eso, ya que el festival está muy relacionado con los mitos y tradiciones tanto cristianas como indias. 

El origen de este carnaval procede de una antigua leyenda según la cual la Virgen de la Candelaria atendió en sus últimos momentos a un ladrón malherido en una mina que hay en la parte baja del cerro Pié del Gallo. Cuando los mineros encontraron el cadáver del bandido tenía una imagen de la virgen sobre su cabeza; hoy, la mina es conocida como el Socavón de la Virgen. Por entonces, los trabajadores mineros sólo tenían un día de descanso al año y lo hicieron coincidir con la Fiesta de la Virgen para bailar en devoción a ella y desahogar sus penas, así nació el carnaval de Oruro. El diseño y creación de los trajes de la Diablada se ha convertido en un arte en Oruro. Existen numerosos clubes de Diablada formados por grupos de entre 40 y 300 miembros de todo nivel de la sociedad orureña, patrocinados por empresarios locales, ya que los trajes pueden costar varios cientos de dólares cada uno. Los ensayos de estos bailes diabólicos comienzan el primer domingo de noviembre, varios meses antes de la llegada del carnaval.
Desde estas fechas hasta dos semanas antes del carnaval se celebran los sábados y domingos una serie de reuniones frente a la cueva de la virgen que van preparando el ambiente para la diablada. 

Un domingo antes del Carnaval, todas las sociedades folklóricas asisten al Segundo Convite a la Virgen, que en realidad es el saludo oficial de los danzarines y cofradías cuando todos los preparativos ya han sido concluidos. Este día, los bailarines ensayan la Entrada del Carnaval por la ruta establecida ante la expectativa general y la llegada a Oruro de los primeros turistas y visitantes. El Jueves de Comadres (ultimo jueves antes de la Entrada) y el viernes, se hacen las tradicionaleschallas de los parajes mineros, fábricas, centros de trabajo, mercados, oficinas y locales escolares.. Esta ceremonia ritual de contenido ancestral en la que se invoca a Pachamama (madre tierra), es completada con comidas y bebidas de toda índole, además de alegres sones de música nacional. El viernes por la noche se desarrolla una Gran Verbena Popular en el mercado Campero y a todo lo largo de la nueva Avenida del Folklore (antiguamente conocida como avenida 6 de Agosto). En la verbena participan las bandas de música que acompañarán al día siguiente a los conjuntos en la Entrada y otros grupos musicales y organizaciones juveniles. 

El carnaval propiamente dicho comienza el primer sábado antes del miércoles de Ceniza, con la gloriosa Entrada, un desfile de apertura encabezado por el personaje del Arcángel Miguel, ataviado con un impresionante traje lleno de brillo y color. Tras él, desfilan bailando los famosos demonios y gran cantidad de osos y cóndores. El diablo supremo, Lucifer, lleva el traje más extravagante. Fielmente, a su lado desfilan otros dos diablos, entre los que destaca Supay, el dios andino del mal, que habita las colinas y los pozos de las minas. La procesión va seguida de vehículos adornados con joyas y monedas, en conmemoración de los ritos Achura, en los que los Incas ofrecen sus tesoros a Inti (el sol), en el festival de Inti Raymi. Durante la procesión, los mineros ofrecen el metal de más calidad del año a El Tío, el personaje maligno que es propietario de todos los minerales y metales preciosos. La comitiva va seguida por los Incas y gran número de conquistadores, incluyendo a Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Cuando el Arcángel y los demoníacos bailarines llegan al estadio de fútbol, una serie de bailes ponen en escena la última batalla entre el bien y el mal. Cuando es evidente que el bien ha salido triunfante, los bailarines se retiran al Santuario de la Virgen del Socavón, donde se promulga que el bien ha prevalecido. 

http://www.elalmanaque.com/carnaval/bolivia.htm

Carnaval, La Virgen del Socavón

6 Feb

La Virgen del Socavón y la Corte Infernal, de José Víctor Zaconeta Existe en los valles templados de la América del Sud, un pajarillo muy pequeño de color oscuro, una especie de curruca o ruiseñor bastardo, de canto muy armonioso, que le llaman el “chiru-chiru”. Este pajarillo fabrica su nido en forma de una larga bolsa, colgada en la rama más alta de algún árbol, eligiendo los parajes más silenciosos. Dicha bolsa está trabajada, desde el fondo hasta la entrada, que apenas es un insignificante boquete suficiente para dar paso al cuerpo de la avecilla, mediante un entrelazado de espinos de algarrobo, con las púas dispuestas para afuera, tan fuerte, tan sólidamente asegurados por una sustancia elástica, parecida al pergamino, que elabora el pajarillo, que es imposible descubrir el fondo del nido, a menos que se destroce con un instrumento cortante aquella curiosa construcción erizada de defensivos. Por analogía con el tal nido y por una antigua costumbre, en algunos lugares, como en los valles del Departamento de Cochabamba, a la persona que tiene los cabellos en desorden y los pelos erizados, suele decírseles: “cabeza de chiru-chiru”. Hace tres siglos más o menos, desde que, en la falda del cerro “Pie de Gallo”, situado hacia el Oriente y en las goteras de la ciudad de Oruro, donde descubrieron los conquistadores españoles las primeras y riquísimas minas de plata conocidas con el nombre de “Socavón de la Virgen”, explotadas hasta hoy sin interrupción y actualmente poseídas por la “Compañía minera de Oruro”, vivía o mejor dicho, había hecho su guarida, un ladrón ratero, a quien, sea por la falta de tocado arriba indicada, sea por la semejanza de su guarida con el nido de la avecilla descrita, le llamaban: “El Chiru-Chiru”. El tal ladrón, que, sea dicho de paso, no era criminal sanguinario y sólo se ocupaba de cometer raterías; en un paraje, abrupto por entonces y hoy terraplenado y convertido en plazoleta, había edificado su miserable vivienda, tan baja y mal hecha, como para que no llegase a llamar la atención de ninguna persona. Y así era. Los que conocían al Chiru-Chiru e ignoraban las malas artes a que se dedicaba, lo consideraban como a un mendigo o como a un pobre vagabundo inofensivo, sin que faltaran personas caritativas que aun le prestaran su protección. Él, por su parte, tenía la suficiente habilidad para vender en un barrio apartado de la nueva ciudad de Oruro, lo que hurtaba en otro, desempeñando en apariencia el papel de simple comisionista o encargado de terceras personas; de manera que, siendo un pobre diablo tan insignificante e ignorándose hasta su procedencia, nadie se preocupó nunca de conocer su guarida, con tanta más razón, cuanto que él, o madrugaba mucho o permanecía herméticamente cerrado dentro de aquella. Cinco años habían transcurrido, sin que se notara ninguna novedad ni alteración en la vida siempre igual del “Chiru-Chiru”; hasta que, un buen día, de esos, se notó su desaparición, sin que nadie lo hubiera visto en ninguna parte ni a ninguna hora. Como a la mañana siguiente tampoco pareciese, se le ocurrió a algún vecino invitar a los que hacían el comentario, a “echar de menos” al “Chiru-Chiru” en su propia guarida. Trasladose la comisión, auxiliada de un mechero, sospechando la lobreguez del zaquizamí; y habiendo encontrado su puertecita un poco entreabierta, penetró resueltamente en el aposento. Y aquí viene el asombro y la estupefacción de los concurrentes: encontraron al infeliz “Chiru-Chiru”… muerto y tendido, cuan largo era, sobre su miserable y vil camastro. Tal asombro y tal estupefacción se hicieron indescriptibles, cuando, al levantar los ojos, contemplaron, a la cabecera del cadáver y en la pared que servía de mojinete al cuartucho, una sorprendente y maravillosa imagen, casi de tamaño natural, de la “Virgen de Candelaria”, con un hermoso niño y los atributos de aquella advocación, cayendo involuntariamente de rodillas los felices espectadores de aquel prodigio. Cundió la noticia en un santiamén, acudieron los vecinos, todos mineros, y, bien pronto, los habitantes íntegros de la ciudad; extrajeron el cadáver de Chiru-Chiru, para reconocer la causa de su muerte, amortajarlo decentemente y darle honrosa sepultura; y la guarida de éste, convertida, desde entonces, en una especie de Sancta-Sanctorum, fue el sitio de una romería incesante, que duró meses, años y siglos, y que continúa, ininterrumpida, hasta el presente. La parte esencial y religiosa de la tradición, es ésta. El Chiru-Chiru era efectivamente devoto de la Virgen Candelaria y tenía, a su cabecera, una pequeña imagen de su patrona, en un cuadrito litográfico o, seguramente, estampado en madera, en esa época. Todas las noches que salía a hacer sus fechorías (porque de día era hombre más honrado, como hay muchos), le dejaba, infaliblemente, encendida una velita de sebo a su Virgen, para que le amparase en sus correrías y le sacase “con bien” de cualquier conflicto. La Santa Virgen, probablemente compadecida de su miseria, le dejaba hacer o se hacía la vista gorda, mientras que el Chiru-Chiru desbalijaba un poco de sus bienes terrenales a los poderosos y a los ricos, generalmente avaros y nada caritativos; pero, en una noche fatal, trató de apoderarse del único tesoro que poseían un infeliz peón caminero y su familia, consistente en una petaca de cuero que contenía sus pobres ropas, humildes y estropeadas. Como es natural, la Virgen se indignó sobremanera, y, llamando, interiormente, a la conciencia de su devoto, le prohibió que cometiera semejante atentado. Como el Chiru-Chiru pusiese oídos de mercader y se obstinase en ejecutar la infamia, por considerarla demasiado fácil, no sin insistir en su prohibición, la Virgen apesadumbrada, se vio obligada a abandonar al ladrón, retirándole su amparo. El Chiru-Chiru, libre ya de todo escrúpulo, se puso en ejecución inmediata; pero no había entrado en sus planes la contingencia de que iba a tropezar con un hombre que, aunque demasiado infeliz, era tan valeroso y resuelto, que no sólo sabía hacer frente a todas las adversidades de su mala suerte, sino también defender, a sangre y fuego y temerariamente, su propia vida, las de su mujer e hijos y el tesoro de sus miserables harapos. Cuando el Chiru-Chiru se colaba ya en la vivienda de aquella pobre familia, por una puertecilla que entreabriera cuidadosamente, el caminero que tenía el sueño muy ligero, despertó inmediatamente y percibiendo un leve ruido y a través del trasluz de la puerta la presencia de una sombra humana, creyendo que se trataba de algún asesino o de un enemigo encarnizado que tenía, cogió rápidamente el puñal que le servía para sus andanzas y viajes; y como era hombre “que no esperaba recibir para dar”, lanzose sobre la puerta, sin que el Chiru-Chiru tuviese tiempo sino para volver la espalda, en la cual el caminero le asentó una profunda puñalada. Como el ladrón era demasiado ágil, a pesar de su mortal herida y de la estupefacción del caminero, que se detuvo esperando ver desplomarse a su víctima, echó a correr de tal suerte, que aunque el agresor trató de perseguirlo después, no pudo ya alcanzarlo, perdiéndolo entre las sombras de la noche. Por más que la puñalada no hubiese comprometido el corazón del herido y por mucha que fuese la fortaleza de éste, después de haber corrido unas cinco o seis cuadras, el Chiru-Chiru, cuya lesión era demasiado grave, cayó desfallecido, en campo abierto, ya en las afueras de la entonces aun pequeña ciudad. Allí, casi agonizante y poseído del más inmenso y sincero arrepentimiento, empezó a clamar a su divina patrona y a implorar su protección. La Virgen, sin duda conmovida por las fervientes plegarias de su desobediente protegido, viéndolo en trance tan duro y deseosa, además, de aprovechar de aquel momento supremo de regeneración de su alma, acudió presurosa al sitio en que yacía aquel, y, alentándolo en su fe y prodigándole los más solícitos y delicados cuidados, le condujo, lentamente, hasta su ya descrita guarida. Instalado el herido en su humilde lecho, la divina enfermera, con todo el amor y la ternura de una madre, le asistió, bondadosa, hasta sus últimos instantes, recogiendo de los labios del ladrón, junto con su arrepentimiento, la sincera gratitud de sus bendiciones. Y cerrados para siempre los ojos del Chiru-Chiru, su noble protectora se transformó, en seguida, en la hermosa imagen que bajo la advocación de la “Virgen del Socavón”, es venerada hoy día, en el templo del mismo nombre. Tal es lo que refiere la tradición, cuya versión más aceptable hemos tratado de interpretar, con la fidelidad posible, dentro de la forma literaria que requiere este género de trabajos. No faltarán quienes no digan que el Chiru-Chiru fue conducido por la Virgen desde el lugar en que cayera desmayado hasta el hospital, y que murió allí. Pero, esta versión, poco aceptable, rompería la unidad de acción de la tradición misma: pues, suponiendo que fuera así, la Virgen habría tenido que abandonar al herido en manos humanas, desapareciendo luego y sin llenar, por completo, la divina misión que se le atribuye; o si se quedaba, habría debido convertirse, allí mismo, en la celebrada imagen que motiva esta leyenda. Tales consideraciones y la de no interrumpir el curso armónico de los hechos sobrenaturales relatados, han hecho que nos adaptemos a la versión que nos ha parecido lógica. Mas, los hechos y sus consecuencias no pararon ahí. Descubierta la imagen de la Virgen y sepultado el cadáver del Chiru-Chiru con todos los honores posibles, al tercer día reuniéronse todos los vecinos del Barrio Minero, al que perteneció aquél y llegaron a los siguientes acuerdos aprobados por unanimidad: Que la mina de plata “Pie de Gallo”, que se trabajaba ya entonces, se denominaría, en lo sucesivo: “Socavón de la Virgen”, nombre con el que es conocida actualmente. Que todos los años se celebraría con gran pompa la fiesta de la Virgen, debiendo, precisamente, coincidir ella con la fecha en que cayese el sábado de Carnaval, víspera de la Quincuagésima, tanto porque pocos días antes ocurrió el suceso, cuanto porque sólo entonces tenían los mineros una libertad de tres días de trabajo, los indispensables para celebrar la fiesta, tal como ellos la deseaban. De donde se origina que dicha festividad es movible y que tiene precisamente que caer en el carnaval, pese a los calendarios, bulas y ritos de la iglesia católica. Que para honrar debidamente a su excelsa Patrona, todos los mineros se disfrazarían precisamente de diablos, tanto para dar realce a la fiesta cuanto para conservar ciertas tradiciones de la minería, sin que falten Satanás y el Arcángel San Miguel, para representar, melodramáticamente, la caída de Luzbel; y Que estos acuerdos se pondrían en conocimiento de todos los Mineros de las Empresas de la jurisdicción; debiendo, con la anticipación debida, componerse canciones y villancicos especiales, para cantarlos en loor de la Virgen. Todo lo cual se hizo “al pie de la letra”, proclamándose, desde entonces, a la Virgen del Socavón como a Patrona de todos los Mineros del Departamento de Oruro. Veamos ahora por qué los Mineros resolvieron disfrazarse de diablos y en qué forma iniciaron la fiesta acordada. Para ello y como antecedentes, daremos a conocer algunas costumbres mineras que persisten hasta hoy día: Por una antigua superstición, demasiado arraigada, todos los obreros de las minas creen, sincera e ingenuamente, que el diablo, al cual lo llaman “El Tío”, interviene, precisa e indefectiblemente, en sus trabajos, ya favoreciéndoles, en determinados casos, o haciéndoles la guerra, en otros, según sean las simpatías que le inspiren “sus Sobrinos” o según sea el comportamiento de éstos para con él; porque el diablo es, a pesar de su cola y de sus cuernos, sumamente susceptible y delicado, y no deja pasar nada que pudiera ser ofensivo a su diabólica majestad. De manera que los Mineros tienen buen cuidado y ponen especial atención en no “quedar mal” con “El Tío” ni disgustarle en forma alguna. Para esto, como el diablo no es muy exigente y sí, más bien, muy aficionado a las artes ocultas, le consagran un culto misterioso, que no trasciende afuera, tan simplificado y fácil, que sólo consiste en las siguientes prácticas: Ser modelada, en cada una de las minas y por los obreros que la laboren, del barro o greda más fina que se encuentre en las salvandas o guarda-vetas, una imagen, en bulto, de Satanás, lo más perfecta posible, con todos sus atributos, incluso rabo y cuernos, para colocarla en alguna gruta o grieta natural de una de las rocas más profundas, y, allí, rendirle culto, manteniendo siempre, dos o más velitas de sebo encendidas. – Dirigir, “con fe”, invocaciones y preces al “Tío”, en sentido de que les ayude a encontrar buenas vetas y, principalmente, los “toros”, de los que hablaremos a su turno. – Hacerle voto solemne de disfrazarse, “a su imagen y semejanza”, en la festividad de la Virgen (y no en otras mundanales, como se acostumbra, por algunos que no son del gremio), con la sola supresión del rabo, a fin de que no se les confunda con la verdadera Majestad. – Hacerle, de tiempo en tiempo, unos sacrificios, con la denominación de: “Convidos a la Pacha-Mama”, consistentes en preparar sobre un cerro de las minas, un tendido cubierto de confites y alfeñiques (por que el diablo, como se sabe, es muy goloso) y de una porción de amuletos, muy pequeños, unos vegetales y otros de cobre y estaño vaciados a fuego, llamados “mixturas o jampis” (remedios), sin que falten unas buenas botellas de aguardiente y de vino (a los que también es muy aficionado “El Tío”); y en derribar una o dos llamas, según sea los concurrentes, asarlas bien y colocarlas en otro tendido contiguo al anterior; todo lo cual, en conjunto, se denomina: “La Mesa”. – Debidamente preparada ésta para el banquete infernal, tiene, precisa e indispensablemente, que oficiar en ella, el Sumo Sacerdote del “Tío”, el “yatiri” (el que sabe), que no otro que un indígena vividor de ésos, especie de faquir, que la pasa por “adivino” y que es siempre muy respetado. Este, como quien es y como lo que es, empieza a oficiar con tantas raras, extravagantes y ridículas ceremonias, que, sólo la fe de los interesados es capaz de convertir en un acto serio semejante pantomima; hasta que llega el momento en que debe invocar a Satanás, para ofrecerle el banquete, momento en el cual deben todos los concurrentes alejarse a respetable distancia y tras de alguna colina, para no presenciar la terrorífica, la espeluznante, la apocalíptica aparición de tan eminente personaje, incapaz de soportarla nadie, con sola excepción del yatiri o adivino, que le espera postrado. Después de un lapso de tiempo, el necesario para que el diablo se sirva, a su satisfacción, de las viandas y postres del frugal banquete, libe sendos vasos de vino y de aguardiente, y escoja, además, para su uso, algunos de los amuletos que más le agraden, el yatiri, que, en este caso, no es otro que el mismo diablo en forma humana, después de comer y beber a su gusto, se pone de pie y llama, a grandes voces, a los devotos alejados. A la llegada de éstos, les manifiesta que “El Tío” se ha mostrado sumamente satisfecho, que se ha servido de todo, que el vino y el aguardiente le han parecido muy buenos igualmente que la coca fresca de la nueva cosecha, de la cual se ha llevado una buena muestra, así como de los amuletos, para obsequiar a su esposa y subalternos; que el asado ha estado bastante sabroso, pero que, para la próxima oportunidad, sería conveniente escoger algunas llamitas más grandes y más gordas; por todo lo cual, no ha tenido inconvenientes en concederles las gracias que han solicitado, ordenando, de inmediato, a la “Pacha-Mama” (la Tierra), que les provea de ricos filones y de abundantes minerales. Y agrega que, como el “Tío” no es muy gastrónomo ni tampoco bebedor de oficio como otros, lea ha dejado provisión suficiente, para que la consuman en compañía del yatiri, que sólo ha bebido una copita, y aun está, porque se la invitó el mismo diablo. Los, ya presentes interesados, escuchan religiosamente los resultados de la misión diplomática del yatiri y la celebran ruidosamente, haciendo comentarios, a cual más favorables. Consumen los restos del convite o “convido” y hacen copiosas libaciones a la salud del “Tío”. Termina la fiesta con esta curiosa ceremonia: se reúnen los desperdicios del banquete y en una hoguera, ya preparada, se los convierte en cenizas, las mismas que son aventadas por el yatiri, en medio del humo oloroso de la resina quemada, que se llama “koa”, y de la que sólo se hace uso en el momento de la presentación de Lucifer al yatiri y en este último acto. Después, el yatiri, que realmente sabe más que las arañas, cobra sus derechos de oficiante, cuatro o cinco pesos, y la concurrencia se disuelve, satisfecha y tranquilamente. Y no se crea que entre los obreros de minas falta gente despierta y avisada, no; es que el poder y la antigüedad de esta superstición son tales, que los mismos patrones, personas ya civilizadas, se ven obligados, muchas veces, a dar gusto a la peonada, costeando los gastos del “convido” y dejando a aquella que mande ejecutar sus brujerías, con el solo objeto de que la gente trabaje con buena voluntad. Finalmente, entre los ritos del culto del diablo, falta éste: no divulgar nunca tales supersticiones o prácticas ni invocar jamás a Satanás por su verdadero nombre, lo que parece que le incomoda sobremanera, sino simplemente por el nombre de “Tío”. Tales son las sencillas prescripciones del ignorado culto del diablo: pero aquí vienen el antagonismo y la contradicción, inexplicables, que pasamos a indicar: Los Mineros, a la vez que son devotos a Lucifer, lo son también y con mucho fervor, de la Santísima Virgen, que, en el caso concreto, es la del “Socavón”. Esta devoción es tan grande, que, al encontrarse dos peones en algún socavón o galería, oscuros, el uno saluda con la siguiente invocación: “Ave María purísima”, a lo cual el otro responde: “Sin pecado concebida”; pero lo raro y contradictorio de aquella duplicidad de culto, es que, mientras, en una grutita natural o lacra de las rocas, se ve una pequeña estampa de la Virgen, alumbrada por dos velas y adornada con unas flores artificiales, un poco más lejos, a alguna distancia, probablemente por respeto, se ve, igualmente, otra pequeña efigie de barro (de las que hemos descrito) del “Tío”, alumbrada también por dos velas, pero, eso sí, sin el adorno de las flores, en primer lugar, porque, seguramente, no las merece, y, en segundo, porque el diablo debe ser poco aficionado a la floricultura. No obstante la contradicción que se desprende de los cultos anotados, en resguardo de la honorabilidad y el buen criterio de los Mineros, que se parece mucho al de los hombres políticos, debemos hacer notar que existe una gran diferencia: y es que, el primero, el de la Virgen, es completamente sincero y espiritual, pues no persigue otro fin que el de la obtención de la gracia divina y de las bendiciones de la excelsa Patrona, en tanto que el segundo, el del diablo, como más humano, por mucho que se disimule, es netamente interesado, ya que las gracias a obtenerse son: el mejoramiento de los filones, las riquezas de una buena explotación y el encuentro de los “toros”, con los que no tardaremos en tropezar, a nuestro paso. Tales son, a grandes rasgos, las supersticiones de los Mineros, de esa gente desvalida y trabajadora, cuyas costumbres serán materia de otro estudio; la misma que hace inmensos sacrificios y hasta economías de hambre, por encajarse rabo y cuernos en el carnaval y, sobre todo, por celebrar dignamente la fiesta de la Virgen, cuyos pormenores damos, en seguida: Durante el año, los obreros de minas hacen grandes esfuerzos para ahorrar algo de sus miserables salarios, los unos con objeto de hacer confeccionar disfraces nuevos de diablos y los otros con el de adquirir, en préstamo, algunos ya usados, de negociantes que no desdeñan ni aun la piel de Satanás para sus trapicheos. Dicho disfraz consiste en una camiseta y un calzoncillo de tejido de punto, de hilo y de color carne, de un taparrabo rojo sujeto a la cintura, formado por cinco o seis aletas colgantes y cortas, festoneadas, que caen en forma de hojas oblongas, de una careta, de estuco, que representa la del demonio, con los correspondientes cuernos y una nariz fenomenalmente aguileña, sobre la que descansa una culebra o un sapo, de una peluca de cerda bastante espesa y un par de zapatos ferrados, duros, sin duda, pero demasiado resistentes, en cuyos tacones se hallan bien aseguradas dos enormes espuelas, que no sabemos a ciencia cierta, a cuál de los dos siguientes objetos obedecen: si a que el diablo, a pesar de que no usa nunca sombrero, es muy aficionado a montar a caballo; o si, a que las espuelas infernales son indispensables para llevar el compás de la marcha y del baile en los días de fiesta. Además, los diablos llevan como atributo, una vara larga de madera, ferrada en la punta, en forma de pica o de tridente, con lo cual queda completa la descrita indumentaria que, por otra parte, no es muy costosa. Aparte de las economías y ahorros para disfraz, se preocupan los Mineros de encontrar y adquirir uno o dos buenos “Toros”, pero no vaya a creerse que de los cuadrúpedos, no. Los “toros” son lo más hermosos, grandes y finos trozos de mineral, que encuentran los Mineros en el curso de sus labores y que los esconden y guardan cuidadosamente dentro de la misma mina, no con el poco honrado fin de apropiarse de ellos, sino con el de presentarlos al patrón o empresario como un obsequio de carnaval, bajo la denominación de “achura” (bocado exquisito), para recibir, en cambio, los obsequio de aquel, consistentes en confites, pañuelos grandes de colores, buenas botellas de licores y un poco más o un poco menos de dinero, según sea el “porte” o generosidad del patrón o del gerente, bajo el nombre de “tinca” (gratificación o premio). Tampoco descuidan ejercitar, desde tres o cuatro meses antes, las danzas que tienen que ejecutar, consistentes en una especie de cuadrillas, bailadas a grandes y descomunales saltos, en las plazas y esquinas de la ciudad, con un ruido realmente infernal de vocerío y de sonido de espuelas. Hechos los preparativos ya indicados y recibida la “tinca” el día viernes anterior al carnaval, se reúnen el sábado en la mañana tanto los presuntos y futuros diablos cuanto los mayordomos de la fiesta de la Virgen, que generalmente son ocho o diez vecinos del pueblo, acomodados y pudientes, que corren con todos los gastos de la comida y de la bebida y, sobre todo, de preparar la vajilla infernal, consistente en setenta u ochenta mulas aparejadas, cargadas de equipajes, sobre los cuales se ostenta con una profusión asombrosa y digna de llamar la atención, un respetable caudal de prendas de oro y plata labrada, tales como faluchos, monedas selladas, soperas azafates, fuentes, teteras, calderas, cucharas y hasta vacines, todos estos útiles de plata, que demuestran la riqueza, relativa, pero oculta de un pueblo de obreros. Este convoy, seguido de coches, en los que deben lucirse las personalidades lujosamente ataviadas de los mayordomos, forman parte de la romería infernal que se supone venida y recién llegada del Averno. El día sábado, a horas tres de la tarde, hacen mayordomos y diablos su entrada solemne por las principales calles de la ciudad, dirigiéndose, en seguida, al templo del Socavón, donde toda la Corte Infernal, de rodillas, rinde pleito homenaje a la Reina del Cielo, incluso Lucifer en persona y su no menos cornuda esposa, que a manera de nuestras aristocráticas damas, sin dejar de ir a la iglesia por cortesía, acostumbra no perder esta clase de fiestas, cuando de bailar se trata. Después de la gran ovación hecha a la Patrona, los diablos, que, como tales, no sólo son aficionados al baile y al filrteo, sino también, y con gusto refinado, a la poesía y a la música, entonar, a coro, cantos religiosos, correspondiendo las estrofas a Satanás barítono, a la soprano su esposa y al tenor Mefistófeles. De esos cantos, que pertenecen a la poesía clásicamente infernal, sólo hemos podido conseguir, como ejemplos de que podrían aprovecharse los modernistas, las siguientes rimas: Venimos desde el Enfierno a pedir tu protección, todos tus hijos los diablos, ¡Mamita del Socavón! Las cuentas de tu rosario son balas de artillería: deféndenos pues con ellas ya de noche, ya de día. Aquí estamos de rodillas, échanos tu bendición a estos tus pobres mineros, ¡Mamita del Socavón! No nos niegues, pues, tu amparo divina madre de Dios: ¡Hasta el año, mamasita, hasta el año, adiós, adiós! Para muestra un botón; siendo muy dignas de respeto y de toda consideración, la fe sincera y la fervorosa devoción de esta clase obrera, tan sufrida, tan fuerte y tan sencilla, a la que le deben el país su renombre, e ingentes fortunas tantos millonarios ingratos. Terminadas estas ceremonias místicas, que deben repetirse en los días domingo y lunes de carnaval, el resto del tiempo de los tres días lo emplea la Corte Infernal en ejecutar una danza por las calles de la ciudad, deteniéndose en las esquinas, para lucir en ellas, ante numeroso público popular, su destreza en las figuras de las cuadrillas que bailan; danzas en las que los mineros son infatigables, no obstante las copiosas y repetidas libaciones de alcohol que les invitan los amigos y principalmente los mayordomos de la fiesta. Dentro del programa de su recorrido por la ciudad, es de obligación o de cajón, como llaman, visitar a la primera autoridad departamental, en el Palacio de Gobierno local, en el que se efectúa la representación dramática de “La caída de Luzbel”, por los principales demonios dramaturgos y el Arcángel San Miguel, que forma parte de la tropa; y, es de ver y oír, cuando éste desenvaina la espada para atravesar a Lucifer, como tiemblan postrados y hacen sonar las espuelas los 600 u 800 diablos allí reunidos; finita la cual comedia o tragedia, son obsequiados, todos, por la primera autoridad con un par de libaciones de licores finos. Notable es su presencia en las calles, cuando ordenados en dos alas y de a uno en fondo, forman dos hileras interminables, que avanzan haciendo resonar las espuelas, hasta el momento de precipitarse, a gigantescos saltos, sobre las esquinas, al son de una marcha especial, conocida con el nombre de: “La tonada de los diablos”. Admirable es la resistencia de éstos, en tres días consecutivos de satírica gimnasia; pero, como ni los mismos demonios son incansables ni Satanás, con ser Satanás, puede burlarse impunemente del alcohol, resulta que, en la tarde del lunes, todos los diablos se van al diablo, pues materialmente rendidos y ahítos de bebidas fuertes, que trasladan el infierno a sus cabezas, se desorientan, se dispersan y acaban por caer hipnotizados, unos dentro de las casuchas y otros en las calles, no siendo ya raro ni peligroso andar a tropezones con demonios que han perdido la peluca, los cuernos o los cachos, habiendo degradado su dignidad infernal hasta el extremo de aficionarse y tomar por esposas a unas sencillas y pobres mujeres del pueblo, denominada “palliris” (las que en las minas golpean trozos de mineral y los convierten en fragmentos pequeños). Ello es que el lunes en la tarde termina la endiabladura, teniendo los espíritus infernales, acompañados de sus respectivas consortes, de carne y hueso, que restituirse, en cuerpo y alma, con muy mala gana y mucho dolor de cabeza, a los trabajos mineros, que se restablecen, en toda su plenitud, el día martes, a las seis de la mañana. Tal es la fiesta de la Virgen del Socavón y de la Corte Infernal, que se celebra desde su origen hasta nuestros días, con la sola advertencia de que, en sus primitivos tiempos, la troupé, que era sólo de 600, 800 y aun más obreros, se componía exclusivamente de diablos, y de que, en el día, no sabemos a ciencia cierta, si, por que aquellos han ido perdiendo sus prestigios, porque han sido ventajosamente reemplazados por tantos diablos, sin rabo ni cuernos, que pululan ahora en todas partes, o si, por que el culto de Lucifer se va amenguado, van adquiriendo los tales obreros, la mala costumbre de disfrazarse de otras cosas, permitiendo que se vean ya tan pocos diablos y como si las tales mojigangas pudieran compararse nunca con la gentil, esbelta y magnífica estampa de Lucifer. ¡Mal hecho, muy mal hecho! Pero para eso, tiene doctores la iglesia… y nosotros, con su permiso, ponemos punto final a esta tradición.

* José Víctor Zaconeta, La Virgen del Socavón y la Corte Infernal, en Odas y poemas.

Oruro 1925, Vol. II, pág. 257-275.

La Diablada de Oruro

5 Feb

 El comandante de los ejércitos celestiales, San Miguel arcán-gel, conduce las tropas infernales a postrarse reverentes ante los pies de la Candelaria del Socavón.

La voz Diablada deriva del latín Diabo-lus = demonio: danza popular con disfraces de diablos muy difundida en el ámbito andino, en cuyo desenlace el comandante de los ejércitos celestiales, San Miguel arcángel, conduce las tropas infernales a postrarse reverentes ante los pies de la Candelaria del Socavón. La pieza tiene su origen, no como se cree en el ámbito colorido del carnaval de Oruro, sino a orillas de las apacibles aguas del Titicaca, en la ciudadela mística de Copa-cabana.Con clara reminiscencia de la lucha del bien y el mal en inicios de los tiempos, constituye una metáfora de la epopeya espiritual operada a inicios del siglo XVII en Copacabana -antaño conocida como “asiento del demonio” por tratarse del principal centro adoratorio o ceremonial de la idolatría en tiempos precolombinos- que es expulsado con todo su séquito infernal al instaurarse el cristianismo en el Lago Sagrado de los incas.

El antecedente más antiguo de la coreo-grafía se halla en el drama sacro del siglo XVI, posiblemente del mismo nombre, y variantes como el “Usca Paucar, auto sa-cramental del patrocinio de N. S. de Copa-cabana” (cuyo original se halla en la Biblio-teca de Lima) y otras similares, ocupán- dose del tema como catequesis para ganar la adhesión de los pobladores indígenas a la nueva fe, tal como lo muestran sendas obras de Calderón de la Barca y el Fénix de los Ingenios Lope de Vega, en plena Época de Oro de la literatura española.

El primero de ellos, en su obra “La auro-ra de Copacabana” considera al Santuario del Titicaca la capital espiritual del Nuevo Mundo, comparándola con la Ciudad Eter-na: “Pues como Roma siendo/ donde más vana tenía/ la gentilidad su trono,/ fue donde puso su silla/ triunfante la Iglesia; así/ donde más la idolatría/ reinaba, puso la fe…”

Por referencias de Ramos Gavilán, se sabe que la primera “entrada” folclórica en

América, se realizó durante la entroniza-ción de la Virgen de Copacabana, cuando a la voz de la fiesta distintas comunidades circunvecinas desfilaron delante de la pro-cesión, siendo la primera vez que las danzas nativas se ejecutaban “en conjun-to”, pues cual signo de identidad antes eran intransferibles e incompatibles con las de otras comunidades, barrera ésta que únicamente el impulso devocional lo-graría vencer.

Según Garcilaso, en tiempos prehispáni-cos la danza era una costumbre muy arrai-gada entre las poblaciones nativas, citan-do entre otros ejemplos la danza “los Incas”, en la cual participaban entre 200 o 300 hombres con ritmos pausados, graves y solemnes, que iban ganando tierra hasta llegar cerca donde estaba el Inca, diciendo al compás del baile cantares compuestos en loor del Inca presente y sus antepasa-dos…

Como resultado del choque entre cultu-ras, luego surgen expresiones de mestiza-je que perduran hasta hoy, en modalidades nuevas que incorporan máscaras y disfraz para satirizar en ve-lada protesta al conquista-dor. Entre ellas, la Diablada ridiculiza a las tropas napo-leónicas invasoras del rei-no de España, interpretan-do en ágiles ritmos su himno que hoy caracteriza a esa danza, el consabido “tan-taran-tan-tan, etc”.

Pero antes de ingresar a la temática del Carnaval, es conveniente destacar la popularidad que gozaban las fiestas de la Candelaria en la Villa Imperial como centro de riqueza de todo el Virreinato, donde los mentados festejos a la Pa-trona de la minería se pro-logaban durante todo un mes, concluyendo con el esperado desfile folclórico; pero en 1670 la Corona las suspendió definitivamente por atentar contra el trabajo de la Mita en los socavones del Cerro Rico.

Al coincidir la suspensión de la fiesta, con la aparición de los ricos yacimientos en Uro-Uro (hoy Oruro) que comenzaban a opacar a los de la Villa de Carlos V con costos más bajos en la producción, los prósperos empresarios orureños apadrina-ron la celebración extinta en Potosí, exten-diendo la fiesta desde el 2 de febrero hasta el sábado de Carnaval, cuando se realiza-ba la tan esperada entrada prolongada en su festejo por los feriados.

En la grandiosidad del Carnaval de Oru-ro, es donde entre las premuras del desfile folclórico el drama sacro deriva en los rit-mos ágiles y enérgicos que hoy identifican a la Diablada, habiendo perdido su significado evangelizador para ingresar de lleno en el ámbito del folclore, convertida en atracción central de la “obra maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Hu-manidad”.

Entre variantes que en la actualidad se observan, se puede mencionar que el número de diablos y ángeles antaño era el mismo; de las legiones celestiales hoy sólo interviene el arcángel San Miguel como figura central; en el caso de los animales que sobreviven -Ukumari, oso polar, cón-dor o monos- antaño representaban a los siete pecados capitales; del antiguo relato hoy solo se conservan breves fragmentos que se recitan antes de emprender la danza, etc.

Como dijimos, con aportes de conjuntos de música y baile del Carnaval de Oruro la

festividad del 2 de febrero descolla en Puno, prolongada en “la Octava” y una semana extra más de festejos. En 1967, observando la participación de esos asi-duos grupos desde dos décadas antes, el peruanísimo José María Arguedas presa-gia: “este desfile en los Campos Elíseos de París o en la 5ta. Avenida de Nueva York, causaría deslumbramiento y despertaría en los espectadores inquietudes jamás suscitadas antes en el corazón”

http://www.eldiario.net/noticias/2015/2015_02/nt150217/nuevoshorizontes.php?n=1&-la-diablada-de-oruro
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