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Una cocinera danesa busca reinventar la comida andina

8 Abr

QUITO — La tarde del 15 de diciembre de 2016, el restaurante Patria —uno de los más caros y exclusivos de Quito, la capital de Ecuador— parecía un pequeño mercado callejero. En su terraza, productores de la Amazonía y los Andes ecuatorianos habían improvisado puestos que rebosaban de cebollas, huevos de gallina criolla, ollucos, ajíes, zanahorias, yucas, rosas, palmitos amazónicos, cuyes asados, cacaos, miel, artesanías. Era un evento gastronómico con un nombre ampuloso (el Mercado de la Biodiversidad) pero su principal objetivo era reunir a los productores con la mujer que es —según The 50Best, la clasificación restaurantera más prestigiosa del planeta— la mejor chef de América Latina: la danesa Kamilla Seidler.

Seidler había llegado a Quito desde La Paz, Bolivia, con medio día de retraso, pero estaba de buen humor. “Este vuelo me ha tomado casi lo mismo que ir a Copenhague”, dijo con una sonrisa resignada mientras recorría el mercadillo en la terraza de Patria. La cocinera danesa de 33 años, ojos azules y cerquillo dorado, sabía que esos agricultores habían hecho viajes casi tan largos como el suyo desde sus comunidades en las montañas o en la selva.

Mientras caminaba con un pedazo de cuy asado, Kamilla Seidler se detuvo frente a una mesa con un cartel que decía “Productos de Íntag”. Tomó una bolsa pequeña con un grano marrón que no reconocía. Había, además, unas canastillas tejidas que le parecieron un buen souvenir. Preguntó cuánto costaban. La chica que la atendía sabía el precio de los granos, pero no el de las artesanías. Se puso nerviosa; le dijo que tenía que averiguar y que se iba a demorar un poco: “Sí, sí, tranqui”, respondió Seidler con la voz amable, atonal y directa de los nórdicos mezclada con un dejo andino, “yo no tengo prisa”.

Mientras esperaba, una funcionaria de las Naciones Unidas le explicó que Íntag era una comunidad de la sierra central de Ecuador con una larga historia de resistencia social: desde hace más de veinte años se oponen a la minería en su territorio. Señaló la bolsa que Seidler tenía en la mano y le dijo: “Le pusieron de nombre frejol alegre, lograron meterlo en un supermercado. Quieren promocionar sus productos como alternativa sustentable a las mineras”. Seidler la escuchaba sin quitar la mirada de los frejoles alegres hasta que preguntó lo que realmente le interesaba saber:

— ¿Cuánto tiempo hay que remojarlos antes de cocinarlos?

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Seindler conversa con una productora ecuatoriana en un evento en Quito en diciembre de 2016.CreditJosé María León Cabrera para The New York Times en Español

Cambiar el mundo dando de comer

Ese interés de Seidler por los ingredientes ha crecido a casi 4000 metros de altura, en La Paz, donde dirige la cocina de Gustu, uno de los restaurantes de moda en América Latina. “En Dinamarca nos malcriamos con el tamaño del producto: que la papa de dos centímetros, que la baby coliflor, que la baby zanahoria, que el baby tomate”, dice con algo de vergüenza. “Si no llegaba de cierto tamaño, se devolvía. Y ahora que lo pienso, es algo enfermo: la naturaleza no va a crear nunca dos cosas iguales”.

En la altitud andina ha descubierto plantas y prácticas que jamás imaginó. “Llegué hace cuatro años a Bolivia. Era mi primera vez en América Latina”, les cuenta a los agricultores ecuatorianos que se han sentado frente a ella para escucharla conversar con Roberto Aguinda, un cofán dedicado a la cría de paiche, un pescado amazónico de abundante carne que está empezando a remplazar a la tilapia —una especie introducida de África— en los restaurantes ecuatorianos. “Fue un cambio bastante grande: venir del norte, de vikingos y frío a las montañas y la selva y conocer productos que en mi vida había visto”.

Gustu es apenas la punta más visible de un proyecto social ideado por Claus Meyer, el emprendedor gastronómico danés que sentó las bases de la nueva cocina nórdica con el manifiesto que se aplicaba fielmente en Noma, un restaurante que abrió en Copenhague junto con el chef René Redzepi y que en cuatro de los últimos seis años ha sido elegido como el mejor del mundo.

Meyer es, además, el responsable de que Seidler viva en La Paz y cocine en Gustu. Cómo la eligió para el proyecto boliviano es una historia que ha sido contada muchas veces: Meyer le pidió que cocinase una cena para su familia y quedó encantado. “La comida fue simple, nos conectamos bien”, cuenta en un correo electrónico. “Hablaba un español fluido y venía recomendada por Michelangelo, a quien yo había escogido primero”. El Michelangelo del que habla es Michelangelo Cestari, un chef venezolano que ahora es el gerente de Gustu. Seidler y Cestari se conocieron cuando ambos se iniciaban como cocineros y desde entonces trabajan juntos.

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La danesa Kamilla Seidler, jefa de cocina, y el chef venezolano Michelangelo Cestari, gerente de GustuCreditCortesía Gustu

Gustu existe porque primero existió Melting Pot. En 2010, Meyer abrió en Dinamarca la fundación que lleva ese nombre para, según su página web, “mejorar las futuras oportunidades y la calidad de vida de personas de sectores vulnerables de la población, a través de iniciativas que tienen la comida, el sabor y el emprendimiento como elementos recurrentes”. En su país, Melting Pot ha diseñado programas infantiles y se ha aliado con el sistema carcelario en programas de reinserción social relacionados con la cocina. Su primer proyecto fuera de tierras vikingas es el experimento boliviano.

Meyer dice que quería explorar si las lecciones de Noma y el Movimiento de la Cocina Nórdica podían usarse para algo más grande y significativo que una competencia de restaurantes. Además, quería tratar de revitalizar la comida de un país que no fuese el suyo. “Bolivia era el país más pobre de América Latina pero al mismo tiempo tiene la que es, probablemente, la mayor biodiversidad del mundo sin explorar y una cultura riquísima”. Fue entonces que le pidió a Kamilla que se fuese a La Paz: “Lo supe por instinto, sabía que ella quería dar ese paso en su vida, que quería dejar la alta cocina e irse a ayudar a comunidades en desventaja. Me di cuenta de lo valiente que era”. Meyer se precia de seguir sus corazonadas.

Seidler llegó a Bolivia una madrugada de finales de 2011 después de un viaje de 36 horas. La Paz la golpeó de inmediato: “La altura fue lo primero que me afectó. Después, no encontrábamos un taxi que llevase los 70 kilos de equipaje que traíamos”. Ya en la capital boliviana, el impacto fue sensorial: “Bajábamos de madrugada y se ven las luces de la ciudad, y en el camino empiezas a ver las cholitas en la calle, las polleras, los grafitis. Era impresionante”.

Durmieron unas horas y a las nueve de la mañana comenzaron a trabajar. La idea inicial era montar la Escuela Gustu. “Un centro de estudio con un restaurante con prácticas donde los chicos de bajos recursos que no podían entrar a la escuela hotelera podían aprender haciendo”, les cuenta Kamilla a los agricultores ecuatorianos, y sus palabras son un guiño: no solo de cultivar vive el hombre.

La Escuela Gustu ha crecido a la par de la reputación del restaurante: evolucionó a ser Manq’a, un proyecto internacional de capacitación técnica en gastronomía para jóvenes que, de otra manera, no hubiesen podido acceder a esa educación.

Según Sumaya Prado, su relacionista pública, el proyecto ha graduado ya a 2500 estudiantes y tiene doce escuelas: diez en Bolivia (El Alto, Huarina y Laja) y dos en Colombia (una en Bogotá y otra en Cali). Los mejores alumnos aplican a pasantías en Gustu.

Yesid Nina es una de las pasantes que se quedó y hoy es una de las chefs de estación de Gustu: “Me llamó la atención todo lo que había detrás: la revalorización de la comida boliviana, de ingredientes como la quinoa, el amaranto, la carne de llama”.

Jorge Luis Parra, un paceño de veintidós años que era guardia de seguridad nocturno del restaurante, veía tanta gente entrar y salir que no pudo más de la curiosidad: “Tuve un momento de locura y dije: ‘Quiero ser parte de esto’”. Hoy, en la panadería del restaurante, donde hornea —entre otros— el pan de coca, uno de los preferidos de los clientes, Parra dice que cree en Gustu por algo que le escuchó decir a Michelangelo Cestari: que se puede cambiar el mundo comiendo y dando de comer.

“Hay muchas cocineras de acá que deberían ser reconocidas”

Cuatro años después, Gustu empieza a dar cosecha: emplea a 58 personas, tiene una estrella Michelin, ha subido del puesto 32 al 17 en la lista 50Best y Kamilla Seidler ha sido elegida la mejor chef de América Latina. Parece un oxímoron que la mejor cocinera de América Latina sea una danesa. “Es una locura, hay muchas cocineras que son de acá que deberían estar reconocidas de la misma manera”, dice Seidler, y aclara que el reconocimiento es al perfil social del proyecto. “No es que hemos abierto un restaurante y después nos hemos hecho los bonachones. No, el propósito era social. Si después el restaurante funcionaba, pues de puta madre”.

Hay otro asterisco junto a la nominación de Seidler: Kamilla es la ganadora de la categoría Mejor Chef Mujer de América Latina. Los premios 50Best tienen esa categoría separada de la clasificación general. William Drew, editor del sitio web, explica por correo que “en un mundo ideal en el que hubiese balance de género, esa categoría no sería necesaria. Pero, en la realidad, la alta cocina ha sido durante mucho tiempo dominada por hombres”.

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En la altitud andina, cuenta Seidler, ha descubierto plantas, productos y prácticas que jamás imaginó. CreditCortesía Gustu

La famosa clasificación se arma por la votación de expertos de todo el mundo. Para Latinoamérica son 250 chefs, críticos y periodistas gastronómicos a los que hay que recordarles con una categoría en particular que también hay mujeres en la escena gastronómica latinoamericana. “Cuando se instauró hace dos años me pareció ofensivo”, dice Seidler, “pero si no hay una categoría, no van a seleccionar nunca a una mujer. Esa es la sociedad en la que vivimos. ¿Que no debería ser necesario? Obviamente”.

Gustu ha crecido y Seidler se ha convertido en un referente mundial de la reinvención de la cocina tradicional. Pero no todo el mundo parece impresionado con los aprendizajes y enseñanzas de Kamilla Seidler.

La chef boliviana Camila Lechín escribió un artículo titulado Gracias, pero no gracias en el que calificaba la visión de la danesa sobre la gastronomía boliviana como “turística: anecdótica, exótica y lejana de la verdad”. Lechín se refería a una entrevista que le habían hecho en Food Republic a Seidler sobre diez platos esenciales del país andino. “Cuatro años de investigación no te convierten en un experto, tal vez toda una vida, te lleve a conocer todos los recónditos y recetas de un país como el nuestro”.

Para la cocinera danesa, ese tipo de críticas tienen que ver con rencores profesionales más que con el trabajo en sí, que depende de todo un equipo formado con gente local. Sumaya Prado, la relacionista de Gustu, reconoce que en sus inicios el proyecto fue criticado: “Los bolivianos nos veían como una arrogante iniciativa extranjera que trataba de enseñarles a los bolivianos cómo sentir, cocinar y comer”.

Tal vez por eso, como dice Kamilla Seidler riéndose, el primer año Gustu pasó casi vacío. Prado dice que eso ha cambiado en estos cuatro años, y Claus Meyer dice que el hecho de que el presidente Evo Morales haya dicho que Gustu es una de las tres razones principales para visitar su país es una muestra de cómo el restaurante (y el proyecto en general) ha ido ganándose un espacio en Bolivia. Y el país que la dejó sin aire cuando lo pisó por primera vez también se ha ido ganado un espacio en Seidler: la danesa que pensaba quedarse un año en La Paz ha comprado una casa en el Valle de la Luna.

Ahí vive con su novio y sus tres perros —Panceta, Papito y Mufi— que la despiertan todos los días a las seis o siete de la mañana para que salga a Gustu, a intentar reinventar la milenaria (y durante largo tiempo olvidada) cultura gastronómica andina. Kamilla Seidler camina sobre una cuerda floja, sin red de seguridad, intentando equilibrio entre la pedagogía social, la vanguardia culinaria y la osadía propia de los exploradores nórdicos que fueron sus ancestros.

http://www.nytimes.com

Gustu, el restaurante que puso a Bolivia en el mapa gastronómico

7 Abr

Por Gloria Carrasco, para CNN

La Paz (CNN Español) – ‘Gustu’, que en el idioma nativo quechua que significa «sabor», es un restaurante que no solo pone en la mesa nacional y mundial un sofisticado menú, sino también auténtico, con los conocimientos ancestrales de la cocina nacional y los frutos que brinda la madre tierra boliviana.

Si estás viendo esta nota en tu móvil, mira aquí la galería.

Ubicado en la ciudad de La Paz, es el resultado del sueño de un grupo de visionarios encabezado por el empresario danés Claus Meyer, que en colaboración con IBIS Dinamarca, estableció Melting Pot Bolivia en 2012, organización sin fines de lucro que propone un desarrollo social y económicamente sustentable en Bolivia a través de la comida, luego de una similar experiencia en Dinamarca.

Michelangelo Cestari, gerente general de ‘Gustu’, asegura que Bolivia, por su cultura, era un país interesante para este proyecto.

«Tratar de conseguir, a partir de la biodiversidad ecológica y cultural que ustedes tienen aquí en Bolivia, que es hermoso todo y nos facilita la idea de impulsar lo que es Gustu con la misma idea, el mismo concepto Noma en Copenhague…”, dijo a CNN en Español.

Lo importante, asegura Cestari, es unir el concepto gastronómico empresarial y la idea social de la educación de jóvenes de sectores vulnerables en la cocina y transmitir el concepto de cambiar el mundo a través de la comida. Así, buscan inspirar a toda una nueva generación dedicada a la gastronomía, las artes culinarias y las actividades de producción de alimentos: panaderos, pasteleros, sumilleres, baristas, gastrónomos, enólogos, cocineros y camareros, para que descubran el verdadero potencial de la cultura gastronómica boliviana convirtiéndose en un motor para el progreso socio-económico nacional.

La riqueza cultural y la biodiversidad de Bolivia fue determinante para desarrollar el proyecto ‘Gustu’ en este país, asegura Cestari.

«Cien por cien boliviano. No utilizamos absolutamente nada, no sé si seamos el único país del mundo que haga eso, no lo sé. Yo me sorprendí muchísimo por el desarrollo de los productos que existen acá. A nivel de bebidas por ejemplo, el área de singanis, vinos y cervezas es amplio… la variedad cultural también nos ayudan a generar diferentes propuestas gastronómicas», comentó.

Todo lo que rodea a ‘Gustu’, cada uno de sus rincones exquisitamente decorados con artesanía nacional y todos los ingredientes de sus sofisticados platillos, están impregnados de cultura boliviana. También del trabajo de los hombres y mujeres que producen sus ingredientes, en los valles, el altiplano y las selvas amazónicas de este país. Estos son transformados por las hábiles manos de sus chefs, que también comparten con los productores en su mesa.

Para ellos, como Cristina Yujra, productora de racacha, un tubérculo cultivado en los Yungas del departamento de La Paz , esta política empresarial de compartir conocimientos y experiencias con los chefs es increíble.

«Es una gran alegría saber que nuestro producto, que viene del campo, lleno de tierra y que llegue a la mesa para nosotros es algo increíble ¿no?», dice Yujira.

Compartir conocimientos con los productores hace de la comida de ‘Gustu’, algo muy particular, nos dice Marsia Taha, sous chef boliviana.

«La experiencia del contacto directo con el productor hace que muchas cosas cambien en mi cabeza, y ahora tengo mucho más respeto por los productos que consumo ya que este tiene un largo proceso de venir a nuestra mesa», sostiene.

Mauricio López, también sous chef boliviano, dice que esta experiencia hace volar su creatividad a la hora de proponer un nuevo menú.

«Hay mucha más investigación, hay que probar diferentes cosas, hay que aventurarse un poco y claro que le da un valor agregado mucho más grande a nuestros platillo», afirma.

Todo ello también impacta en los comensales que visitan ‘Gustu’, como Beatriz García, que dice que la comida motiva sus sentidos.

“Cada vez que vengo a este espacio es una experiencia diferente donde todos mis sentidos tienen oportunidad de explorar», dice.

‘Gustu’ destaca en sus platillos el valor de productos como la quínoa, la carne de llama, de lagarto, el palmito, el locoto y los ajíes, además de una variedad de tubérculos como la papalisa y la racacha, entre otros.

Pero detrás de cada platillo hay mucho más porque ‘Gustu’ apuesta por la educación y lleva adelante una serie de proyectos y programas de capacitación gratuita en gastronomía dirigidos a sectores vulnerables de jóvenes.

Estos proyectos y la interacción de los educadores con sus alumnos también ha impactado en la vida de quienes vinieron a Bolivia para llevar adelante este proyecto, como la danesa Kamilla Seidler, chef principal de ‘Gustu’.

«Para mí ha sido trascendental el afecto humano que recibí en este país y tener la oportunidad de enseñar lo que he aprendido y compartirlo con alguien que no tuvo las mismas oportunidades que yo tuve», señala Seidler.

José Luís Choque, que se forma en las escuelas de ‘Gustu’ en la ciudad de El Alto, la más poblada de Bolivia y donde para muchos como él es muy difícil acceder a una educación superior, está convencido de que es posible cambiar su vida y el mundo a través de la comida.

«Sí se puede realmente y eso es lo que aquí aprendemos. Si siembras la semillita en una persona eso replica a otra y eso va a otra y vas cambiando la mentalidad de comer de una persona y realmente puedes cambiar a través de la comida al mundo», asegura.

José Parra, estudiante, dice que ha aprendido a amar lo que su país produce y lo que hace. «Me he enamorado de todo, de los platos, de la comida, de lo que trata de hacer Melting Pot», agrega.

María Claudia Chura, estudiante graduada de la escuela ‘Gustu’ dice que sueña con abrir su propio restaurante. «En mi restaurante quiero buscar comidas sanas que les hagan bien a mis clientes», dice.

«Gustu’ es una manera distinta de hacer negocios con responsabilidad social y debemos ser un ejemplo para las grandes empresas», nos dice convencido Cestari.

«Y que grandes corporaciones puedan dirigir su manera de trabajar, su visión de trabajo en esto, consideramos que no necesitamos engordar económicamente tanto Considero que con una administración honesta, y con mucha moral de alguna manera, yo considero que podríamos generar otro tipo de negocios, yo creo que Sudamérica lo necesita», asevera.

En 2013 , ‘Gustu’ fue elegido como mejor restaurante nuevo de Sudamérica y mejor restaurante del Cono Sur por la revista digital especializada Como Sur, mediante una votación abierta que evaluó restaurantes, chefs, festivales y eventos gastronómicos destacados de Bolivia, Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y Perú.

Seidler, que es la voz de mando de este ejército de jóvenes chefs que considera su familia en Bolivia, asegura que el trabajo realizado hasta ahora ha sido exitoso y muy gratificante.

«Si cerramos mañana y hemos hecho una diferencia en la vida de alguien, y lo hemos hecho definitivamente, y ellos mismos han hecho un cambio en sus vidas, puede acabarse mañana. Ya estamos felices», dice.

En 2014, ‘Gustu’ recibió el mayor reconocimiento a un restaurante con menos de dos años de antigüedad al entrar en la Lista de los 50 Mejores Restaurantes de Latinoamérica que se dio a conocer el 3 de septiembre en Lima.

¿Fusión de comidas, un invento reciente?

6 Abr

 Algunos creen que la comida fusión es una tendencia que implica toda una revolución en la forma en la que concebimos la comida. Muchas veces ha sido vista como sinónimo de vanguardia. Sin embargo, este es un concepto que lleva siglos marcando la pauta en el mundo gastronómico.

Es el producto de la conquista y el resultado de la mezcla entre el mundo indígena y el español.  Este último venía además de haber sido influido por otras tantas culturas y civilizaciones, como los judíos o los moros. Rachel Laudan  del blog Food and Think, asegura que todas las comidas fueron fusionadas. “La mezcla de mundos culinarios para crear nuevos platos híbridos, ha estado presente desde el inicio de los intercambios. Tan grande es su historia que es casi imposible discernir de dónde provenían en un inicio”, dijo. Ejemplo de ello, son  las célebres pastas italianas, no existirían si los chinos no hubieran perfeccionado la técnica de preparación de fideos primero. El querido sancochado es una mezcla entre el andino timpu y el cocido madrileño./elcomercio.pe

Inés España «La cocina boliviana es única

5 Abr

 

OH! ¿Cuál es la receta de su éxito?

Creo que la perseverancia, seguir adelante tratando de cumplir los sueños, con especial esfuerzo en una sociedad donde reinan los hombres, y donde hasta en la cocina domina el varón. A fuerza de trabajo y perseverancia se puede conseguir todo.

OH! Pero no siempre estuvo dedicada a la cocina…

Siempre me apasionó la cocina, pero en años anteriores pensar en estudiar cocina no era algo realmente serio, era una carrera poco valorada y no había lugares donde estudiar en Santa Cruz. Yo estudié periodismo, me encanta y le dediqué muchos años, pero luego tuve la oportunidad de dedicarme a la cocina, que es mi gran pasión. Sucedió cuando me volví a casar, y tuve un inconveniente de salud con mi bebé que me forzó a estar en mi casa, eso me hizo revalorizar lo que quería hacer y decidí que haría aquello que me satisficiera completamente, así que comencé con la cocina. Fui a estudiar a Buenos Aires, con el apoyo de mi esposo. Luego a Sao Paulo, a Santiago de Chile, y poco a poco fui tratando de mejorar.

OH! El negocio fue creciendo…

Comencé con los cursos en mi casa y luego con el programa en el canal de cable argentino “Utilísima” que se llamó ‘La Cocina de Inés’ porque realmente estábamos en mi casa. Después todo fue creciendo casi sin darme cuenta, por lo que tuve que conseguir un lugar más formal, y así de a poco comencé con el restaurante. Creció tanto que en un momento yo sola no lo podía controlar, así que las otras cosas paralelas, como el tema administrativo, las fui derivando.

OH! La gastronomía se ha puesto de moda…

En Santa Cruz se ha disparado el tema gastronómico, lo cual es bueno por un lado, pero malo por otro. Es como cuando una ciudad crece desordenadamente y se convierte en un caos como es hoy Santa Cruz. Es bueno porque motiva a un crecimiento constante y a mejorar, a valorar lo nuestro. Yo ahora estoy en el afán de colocar en el menú más productos bolivianos, por ejemplo. La competencia hace que uno mejore a la fuerza. Pero es malo porque los jóvenes creen que la carrera de cocina es fácil. Y evidentemente es una carrera hermosa que uno disfruta mucho cuando está estudiando, pero al momento de ejercerla, se complica. Es una carrera con mucho sacrificio. Yo no tengo día de la madre, navidades o año nuevo, porque esos días son los que más trabajo, y eso no lo ven los jóvenes. Cuando entran a esta carrera se llevan la frustración de que desean hacer otras cosas propias de la juventud y la carrera es tan dura y tan pesada que no se los permite.

OH! Entonces no es tan fácil como se ve en la tele…

El problema es que la gente quiere brillar de la noche a la mañana, pero a mí no me conocieron el primer día que yo salí a la luz; mi trabajo fue de años, un trabajo de hormiga. Hace 12 años que estoy en esto y después de mucho que he podido ver el fruto de mi esfuerzo, pero ahora hay ese error, creen que es de golpe que se van a volver famosos y que será sencillo. Me ha pasado con alumnos de otras escuelas que han venido a trabajar conmigo y que se han dado cuenta de que la realidad es totalmente distinta. Dicen que la carrera que genera mayor tensión no es ni siquiera la medicina, sino la cocina. Es una tensión inmediata; yo no puedo decirle al cliente que se vaya porque me siento indispuesta, al cliente no le importan mis problemas, y eso me sucedió por ejemplo el día de la madre cuando de la clínica tuve que venir a atender el restaurante. A veces hay un mal concepto, efectivamente cocinar es bonito, cuando cocinas para tu familia, para tus amigos, pero cuando cocinas para el cliente, además de ser fascinante, implica otras responsabilidades.

OH! ¿Qué debe tener un buen chef?

Lo primero, paciencia. Con todo, con el cliente, con el personal, con los proveedores, y también tiene que gustarle la cocina. No hay un intermedio, no es que a uno le gusta un poco, o más o menos… Al que no le apasiona la cocina, por más bueno que sea, no va a poder resistir la presión. Hay que amar la cocina, la pasión tiene que nacer de adentro.

OH! ¿En eso influyen las escuelas?

Muchas veces no depende de la escuela, sino de uno mismo. Y eso pasa en todas las carreras. Puede haber profesionales que salen de Harvard, que luego no se destacan, y puede que alguien egrese de una universidad desconocida y termine siendo el mejor. La escuela es importante, pero sobre todo es la actitud de cada persona frente a lo que va apareciendo.

OH! ¿Qué necesita nuestra comida? ¿Con qué nuevos ingredientes está trabajando?

Quinua, que en Santa Cruz se consume muy poco, amaranto, frutas silvestres, el guapurú, utilizar el manjar blanco, usar más el queso criollo, tratar de que el surubí, el paiche o la trucha del lago, sean más buscadas que el salmón o el lenguado. Quiero darle un valor agregado a nuestros productos para que nuestra cocina tenga una identidad, que en este momento yo no encuentro.

OH! ¿No tiene identidad?

Cuando viene un extranjero lo que ve en nuestra cocina es un plato muy lleno, y con sabores muy cubiertos, debemos tratar de rescatar ingredientes propios, e incorporarlos a un nuevo estilo conservando la esencia pero tratando de que sea más llamativo para el comensal y que así encuentre gourmet comer la comida nacional. En mi menú tengo por ejemplo un cuscús de quinua, con langostinos grillados y mousse de palta. Quiero incorporar productos de Bolivia de una manera fácil de entender para el boliviano y para el extranjero que nos visita y de esa forma hacer que nuestra cocina crezca.

Lo único que no tenemos a diferencia de Perú es mar, pero somos tan ricos en cocina como ellos. Yo sé que se puede destacar nuestra comida. Recientemente estuvo acá Claus Meyer (fundador del restaurante danés Noma, considerado el mejor del mundo), y cociné para él. Le hice un pato con salsa de guapurú acompañado de quinua, y quedó fascinado con los sabores bolivianos. Eso sí, dependo mucho de los proveedores y a veces se hace muy difícil, quiero tener carne de llama en mi menú, pero se me ha dificultado tanto que no puedo hacerlo, porque tienen que traerla desde Potosí, etc. No he encontrado un camino directo hacia la llama al contrario de lo que me ha sucedido con el jamón serrano que hacen en Tarija, o los espárragos o los arándanos que también me llegan desde Tarija.

OH! ¿Cómo fue su experiencia en “Utilísima”?

Es algo que me llena de orgullo y son recuerdos inolvidables. Son esos sueños que una no cree que se puedan realizar. Me ayudó el haber estudiado en Argentina y los contactos que pude hacer con excelentes profesores del medio, que vieron en mí algún extra. Sabían que era periodista y que no le tenía miedo a la cámara, así que me animaron a hacer el programa. Ya teniendo el programa “La Cocina de Inés” acá, mandé un video a través de uno de mis profesores, y me llamaron a un casting. Tuve la suerte de que me eligieran un par de meses después. Estuve tres años en “Utilísima”, yendo una vez cada tres semanas a Buenos Aires. No me trajo ningún rédito económico, pero sí otro valor más importante. Tuve el apoyo en un principio del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) y luego de Aerosur, si no me habría sido imposible. Me apoyó mi esposo, mi familia, todos sabíamos que este era un buen sueño hecho realidad, logramos que se escuchara que Bolivia tiene cocina, llevé muchos platos de acá y preparé una paella de quinua que se ha vuelto una referencia en todo el mundo, hasta ahora me escriben sobre ella.

OH! ¿Puede fusionarse la comida del oriente y la del occidente?

Totalmente, lo que pasa es que nosotros lamentablemente tenemos esa barrera Oriente-Occidente, y eso no debería existir en nada, y peor en la cocina. La cocina boliviana es una, con sus características por cada región. En Santa Cruz tenemos pescados de río y muchas frutas tropicales, pero no tenemos trucha ni papas, ajíes, amaranto, quinua… Combinar todo ello en la cocina es arte.

OH! ¿Planea seguir con la escuela?

La escuela para mí es lo que realmente me abrió el camino en la cocina, por lo tanto le tengo un amor increíble. Empecé primero con la escuela, aunque ahora he tenido que reducir los cursos porque si bien la escuela es lo más bonito que tengo, es lo que me demanda más tiempo porque el alumno se acostumbró a que yo esté en la clase y cuando intento poner otro profesor el alumno como que se niega. He tropezado con este conflicto así que mis clases ya no son tan seguidas como antes, ahora doy clases dos veces al mes, en la mañana, la tarde y la noche.

Perfil

Inés España

Pareciera que siempre está lista. Incluso cuando Inés España descansa, uno tiene la impresión de que está preparándose para hacer algo. Durante esta entrevista no dejó en ningún momento de supervisar el restaurante, guiar a sus alumnos, atender a los clientes y estar pendiente de su familia. Sin duda esta chef cruceña es una persona completa y lo disfruta.

Mamá de tres hijos, de 23, 21 y 10 años y casada con Walter Parejas, hijo de la famosa doña Piedades (Delfina Moreno de Parejas), autora de uno de los libros de recetas más conocido en el país, (“fue pura casualidad que nos enamoráramos, no tiene nada que ver con la cocina”).

Inés España habla en esta entrevista de la receta de su éxito y de los ingredientes para su vida que todavía tiene guardados.

LosTiempos

http://www.amlatina.org/2012/06/ines-espana-%C2%ABla-cocina-boliviana-es-unica%C2%BB/

Vino boliviano en la feria europea más importante

4 Abr

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Recientemente una marca nacional fue incluida dentro de las 200 mejores del mundo, después de una selección a la que fueron sometidos 650.000 vinos
Una marca nacional fue incluida dentro de las 200 mejores del mundo, después de una selección a la que fueron sometidas miles de marcas.
Vino boliviano en la feria europea más importante
Cerca de 50.000 visitantes acudieron al evento desarrollado en una ciudad alemana. El Trivarietal Reserva de la bodega Tarijeña Campos de Solana está entre los mejores
Jesús Alanoca – EL DEBER
alanocajesus@gmail.com

Bolivia participó por primera vez de la Feria Internacional del vino ProWein, la más importante de Europa y una de las más reconocidas a nivel mundial, que se realiza todos los años en la ciudad de Düsseldorf, Alemania, según información desde la embajada nacional en ese país.

Los datos indican que durante esta gestión, el evento recibió a más de 49 mil visitantes especializados del rubro y Bolivia fue uno de los 50 países expositores, representada por ocho bodegas especialmente seleccionadas.

En el evento se presentaron al mundo los denominados “vinos de altura” que, gracias a su elaboración a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar, se caracterizan por una especial nota floral y cítrica en su aroma, así como por una fresca acidez y un grado de alcohol moderado.

Según se informa, Campos de Solana, Kohlberg, Sausini, Aranjuez, Kuhlmann, Magnus, La Concepción y la Sociedad Agroindustrial del Valle representaron al país en el evento internacional. Todos con bodegas en Tarija, el valle de Cinti y Santa Cruz.

La Embajadora de Bolivia en Alemania, Elizabeth Salguero Carillo, llegó a Düsseldorf para dar la bienvenida a las y los empresarios del vino bolivianos y para coordinar el apoyo de la Embajada a la promoción de su producto en Alemania, así como a los emprendimientos que puedan darse a partir de la ProWein.

Franz Molina, presidente de la Asociación “Wines of Bolivia (Vinos Bolivia)”, sostuvo que los vinos bolivianos tuvieron una muy buena acogida en la feria. “Nos estamos dando cuenta que la gente se interesa por nosotros y se sorprende al enterarse de que en Bolivia hacemos vino”, dijo.

Recientemente, el Trivarietal Reserva de la bodega Tarijeña Campos de Solana fue incluido entre los 200 mejores vinos del mundo por la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores, en el Ranking Vinos del Año 2014 (WRW&S).

http://www.eldeber.com.bo/bolivia/vino-boliviano-feria-europea-mas.html

Reseña del libro de Recetas de Doña Sofía Urquidi

2 Abr

Libro de recetas de cocina de Doña Sofía Urquidi

Este magnífico volumen de más de 500 recetas resume todas las corrientes de la gastronomía que se han ido acumulando, reelaborando y refinando en los complicados alambiques de la vida social a lo largo del siglo XIX y en la experiencia concreta de la élite chuquisaqueña de fines de siglo y principios del XX.

Definitivamente, esta cocina participa de la gastronomía europea moderna, ha dejado atrás sin mayor pena la parte obsoleta de su pasado colonial. Sin perder sus raices y un cierto sabor de convento y calleja, se ha remozado y puesto al día en cuanto a las nuevas reglas de la etiqueta, la cocina internacional y sobre todo el consumo de los productos ingleses y franceses que se entremezclan en toda preparación.

Del hiperbólico uso de las especies, que normaba la comida occidental hasta el siglo XVIII, se ha pasado a una cuidadosa administración de las mismas, salvo en casos excepcionales en que el platillo en cuestión así lo exige, tal el caso de las Butifarras, el Salchichón de Genova, la Lengua a la escarlata o el Guiso de cuatro carnes. Por el contrario, estos fuertes condimentos que hicieron las delicias de los comensales de otros tiempos, parecen haber tomado rumbos distintos siguiendo una división que parece contundente: el mundo de los dulces y el de las comidas saladas. La canela opta por el primero y la pimienta por el segundo. Pero esto no es tan simple, la división entre estos mundos tampoco es radical. Existe un reducido limbo de origen divino donde el laurel, los clavos, la nuez moscada, el vino, juegan impunemente, recordando a la distancia un antiguo aire bizantino que se ha colado hasta nuestros días de fin del siglo XX, a través del compuesto del ckocko auténtico con sus pizcas de dulce, salado, picante y una fuerte fragancia inconfundible.

El gran aporte del libro de Doña Sofía Urquidi es al igual que el libro de Crespo en el siglo XIX, el testimonio de una adaptación singular, un ensamble definitivo entre las prácticas culinarias españolas y europeas y el mundo andino y americano. Los productos agrícolas de estas regiones dominan en todos los campos de la culinaria criolla. El tomate y la papa son utilizados como permanentes aliados de la buena comida en mayor medida que en la Colonia. La tapioca, la chancaca, los choclos, las chirimoyas, el maiz blanco y amarillo, la quinua, el maní, las callampas, la guayaba, guacataya, plátano, chuño, charque, quinua, tarhui, karapecho, paltas, pinas, el airampo, el llecke están integrados en los recetarlos.

 La gastronomía en Potosí y Charcas, siglo XVIII, XIX y XX en torno a la historia de la cocina boliviana.

En este libro encontraran el trabajo más vasto que se ha hecho acerca de la comida Boliviana y  que ganó el Premio 2002 a la mejor publicación extranjera, otorgado por la Academia Española de la Gastronomía

La gastronomía en Potosí y Charcas, siglo XVIII, XIX y XX en torno a la historia de la cocina boliviana.

Beatriz Rossells Montalvo: LA PAZ-BOLIVIA:

“La quinua es popular en EEUU gracias a la fusión de recetas

1 Abr

Algunos tipos de sal y su uso en cocina

1 Abr

 

 


La sal es una sustancia que se viene  usando desde hace cientos de años con diversos fines. Además de  como condimento, para resaltar el sabor de los platos, su uso se ha destinado históricamente a la conservación de numerosos alimentos. Atrás quedan los tiempos en los que la sal era exclusivamente sinónimo de cloruro sódico, en la actualidad, la sal común ha sufrido un intenso proceso de diversificación, apareciendo en el mercado una gran oferta de numerosos tipos de sal. Aunque los diferentes tipos pueden ser usados en numerosos platos, determinados ingredientes casan mejor con un tipo de sal determinado. A continuación, os contamos cuáles son algunas de las principales sales que podemos encontrar en el mercado, así como el uso más adecuado al que podemos destinarlas. Conviene recordar que hay que llevar cuidado con el exceso de sal, para que su consumo no nos acabe pasando factura.

  • Sal común. Es la sal que se ha conocido siempre como «sal de mesa». Está formada  por cloruro sódico. Es la más utilizada en las cocinas, tanto en recetas saladas como en aquellas recetas dulces que la precisan.
  • Sal yodada. Es el nombre que recibe la sal común cuando ha sido enriquecida con yoduro potásico. De ella nos podemos beneficiar para evitar sufrir problemas asociados a un déficit de yodo en la alimentación. Como en el caso de la sal común no yodada, este tipo de sal se utiliza como condimento de la gran mayoría de preparaciones, ya sea para aderezar un plato crudo, una ensalada, un guiso, como para preparaciones más elaboradas como pasta, panes o salazones.
  • Flor de sal. Se obtiene en las salinas marinas, donde es recogida, de manera artesanal, de la capa superficial a medida que se seca. Es un tipo de sal de textura frágil y aspecto atractivo que puede ser usada para rematar platos que precisan de un toque final salado y crujiente. Es ideal para dar un bello toque final a distintas carnes a la brasa, verduras a la parrilla o pescados a la plancha.
  • Sal hiposódica. Como su nombre indica, este tipo de sal es baja en sodio, conteniendo hasta un 65% menos de este elemento que la sal común. Está indicada para aquellas personas que siguen una dieta en la que la ingesta de sal debe ser reducida. Como en el caso de la sal común, puede ser usada para condimentar numerosos platos, tanto crudos como cocinados.
  • Escamas de sal limón. Es un tipo de sal con un intenso aroma a limón, que está especialmente indicada para realzar el sabor de platos en los que predominen ingredientes como pescados y mariscos. Por su naturaleza delicada, es una sal que se debe añadir a los platos al final de su elaboración, no estando indicada para cocinar con ella. También se suele usar para dar contraste a platos elaborados con frutas.
  •  Sal negra. Es una sal a la que se añade carbón vegetal activo, proporcionando, a las preparaciones en las que se usa, llamativos contrastes de color. No se usa para cocinar, si no, como en el caso de otros tipos de sal,  se suele añadir al final de la cocción.
  • Escamas de sal boletus. Es un tipo de sal aromatizada con extracto de hongo boletus. Su potente sabor hace de ella una sal que hay que usar con moderación. Está especialmente indicada para realzar el sabor, tanto de platos de carne a la plancha, platos de legumbres, platos con arroz (paellas de verduras o risottos) y platos de pasta con salsa carbonara.
  • Sal del Himalaya. Es una sal de gran pureza, obtenida de océanos primitivos presentes en la cordillera del Himalaya que se secaron hace millones de años. El color de sus cristales va del rojo al rosa, debido a que en su composición hay presencia de óxido ferroso. Al ser una sal que se ha conservado a grandes alturas, es considerada como la sal más pura del mundo. Presenta un toque ligamen amargo, que contrasta maravillosamente bien con numerosos platos salados y dulces.
  • Sal ahumada. Es un tipo de sal que ha sido sometida a un proceso de ahumado, para que aporte este toque a los alimentos a los que se le añade. Tiene un potente sabor, por lo que se recomienda un uso moderado. Está especialmente indicada para la elaboración de carnes a la plancha o al horno, y para aromatizar pescados y dar un toque especial a salsas.

 

 

En la corte de Huayna Capac

31 Mar

 

 

En la corte de Huayna Capac
Cuentillo escrito con recetas de Rita del Solar
No sé qué elogiar más, si la hospitalidad del emperador Huayna Capac, según la solicitud que hice para publicar un reportaje en este medio que circula bajo la cauta dirección de Tupac Chávez, o la belleza de Cusi Pusy, una de las concubinas del Inca que lo esperaba en Tiwanaku. Serían las cinco de la mañana cuando la guardia del emperador me despertó para iniciar la entrevista. Salí de una habitación ubicada en la base de la pirámide de Akapana y pude distinguir en la penumbra la silueta de Huayna Capac descendiendo por la escalinata desde la puerta del dormitorio real, mientras conversaba con sus consejeros locales. Hablaban una jerigonza de aymara y quechua a una asombrosa velocidad de lengua. El señor Capac transitaba de uno a otro idioma como una avispa y los consejeros festejaban cuando me acerqué a saludarle. Vestía ropas talares de fina lana de vicuña que le llegaban a los pies y un ch’ulu de colores que le protegía la cabeza y las orejas del intenso frío de la madrugada. Me sumé al séquito y nos acercamos a la portada de Kalasasaya para recibir el primer rayo del Sol. El emperador presidía el cortejo y los sacerdotes que esperaban le alcanzaron un k’eru donde humeaban cortezas fraganciosas traídas de Sorata. Pronunció alabanzas que los sacerdotes repitieron en dulce salmodia y de ese modo se inició la jornada. Tan absorto estaba con la ceremonia que no vi el cortejo de ñustas que servían el desayuno mirando al sol naciente que lanza su primera luz por el portal de Kalasasaya: Api de maíz morado para calentar a quien madruga y Llauchas de Mama Juana. Qué deliciosa la morada textura del api, así como las picantes empanadas con queso líquido de leche de llama primeriza, y qué gran tipo el emperador cuando comentaba las cosas menudas de su solar imperio a los risueños sacerdotes que lo escoltaban. Poco después se retiró para atender asuntos de Estado y eso me dio tiempo para divisar la planicie desde la cúspide de Akapana y disfrutar del esplendor de esa ciudad de oro y piedra que desafiaba el brillo del Padre Sol. Cerca del mediodía fui convocado por dos edecanes incaicos para acompañar a Huayna Capac al almuerzo de gala que las ñustas habían preparado para el solsticio de primavera. Una morena dulce y definitiva me sirvió un yungueño de coca que rociaba la Ocopa de papas andinas y los anticuchos de corazón en zumo de jallpahuaica. No era mi propósito conversar con el emperador, tan sólo quería observar un día de su vida, pero disfruté de su buen humor y sus comentarios de hombre de mundo que arrancaban olímpicas carcajadas a los cortesanos. Huayna Capac había vivido tanto y en lugares tan distintos durante su celeste reinado, que tenía la palabra precisa y la sonrisa perfecta para cada episodio del día. De pronto volvieron las ñustas llevando en una gigantesca bandeja de oro la entrada del banquete: Trucha al singani con camotillos del Inti, que manjares que literalmente se deshacían en mi paladar como un suspiro solar, dejándome una dulce morriña de hierbas humildes. No me recuperaba aún de esa andanada de delicados sabores cuando llegaron los platillos siguientes: un Chairo chuquiaguino con mil y una hierbas y un Lojro Yungueño. Festejé la soltura del emperador al condecorar cada cucharada de esos delicados y caldosos platillos con jallpahuaica de ají amarillo y huacataya finamente picada. Lo imité, pero apenas pude apagar el incendio palatino con una prodigiosa tutuma de chicha de quinientas alpacas de fuerza.
Huayna Capac notó mis tribulaciones y pronunció un comentario sobre mi castidad palatina que arrancó carcajadas de la Corte. A estas alturas no sabía dónde dirigir la mirada, si al esplendor de la mesa imperial o a la belleza de las ñustas, pues es sabido que el ají despierta la sensualidad. Una de ellas me trajo, solícita, el Plato de Fondo: Solomillo de llama a la chicha culli, Quinua real al horno con charquecán deshilado y Paltas con caviar de trucha en vinagreta de mandarina. Cada bocado de carne de llama era como un beso virginal. Para evitar el pasmo y el soponcio, sentí que debía atenuar esa sensación extrema con el sabor neutro de la quinua, pero entonces arremetía la caricia de la palta con caviar de trucha y me restaba peligrosamente el conocimiento. Aun así pude contenerme, mientras la ñusta que me había tomado a su cargo por instrucciones del Señor, me sonreía exhibiendo su tentadora dentadura de choclo tierno, y me alcanzaba el Segundo Plato: Nogada de colitas de vicuña de leche, Tomates en salsa de kirkiña y Queso humacha con papas runas y tuntas. ¿Puede algún mortal resistir esa ofensiva sensual a sus papilas gustativas? ¡Qué combinación más sabia y sugestiva! ¡Y qué levedad de vientre, satisfecho hasta el fondo del alma pero como si no hubiera ingerido sino mariposas! En eso volvió la ñusta, le pregunté su nombre y podría jurar que era tan gracioso como el nombre de la concubina del emperador, pues se llamaba Miski Ñuñu. Me traía el postre: Islotes del Titikaka con chirimoya en crema de lujmilla y tayachas con miel. No me supe dominar y me la llevé postre y todo al dormitorio.
Hoy que escribo estas líneas me siento triste y nostalgioso mientras revivo las últimas y afectuosas palabras de Huayna Capac, que tuvo la amabilidad de visitar la cocina y estampar un sonoro beso en la mejilla de la autora del banquete, Panca Rita del Sol. Tuve el honor de saludarla mientras escuchaba la advertencia del Inca antes de partir al Cusco: “No olvides, Vidriu Ñawi, que éste es un menú de fiesta, porque en campaña sólo comemos pito de cañahua y tostado de chuspillo con leche de llama”.

posted by OJODEVIDRIO 

trancapechoboliviano.blogspot.com

La Gastronomía como Expresión Cultural Boliviana

30 Mar

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Como toda expresión cultural, la gastronomía se consolida en el continente americano como una fuente inagotable de información, un referente de los orígenes, influencias, y constante evolución de la interculturalidad existente en nuestros países dando lugar a una cocina llena de simbolismos, significados, costumbres y sistemas, tanto de producción de insumos, como de la elaboración misma de los platos. 
Es así que podemos hablar de la cocina nativa, basada en la utilización de productos que fueron y aun son el pilar fundamental de la cocina originaria de nuestra tierra. A diferencia de los conceptos culinarios que introdujo la Colonia, basados más en el acabado final de las recetas, la cocina nativa estaba sustentada en una  gran variedad de productos, entre los que se daba prioridad a aquellos de mayor valor nutricional para el hombre. Sumado a ello, es importante destacar los métodos de conservación y las técnicas de transformación de productos; métodos como el congelamiento y la deshidratación, y técnicas de cocción como el “Kheri” (cocina artesanal de barro) o el “Batán”.
Todo ello nos permite afirmar que la cocina nativa no era resultado de una serie de improvisaciones. Por el contrario, estaba bien estructurada y adaptada a las necesidades de vida de la época.
Es a partir de la época colonial que empieza a desarrollarse el fenómeno del intercambio de elementos, dando lugar al sincretismo y las bases de la interculturalidad presente en nuestros días. Este intercambio cultural se ve reflejado también en la gastronomía a través de fenómenos como la incorporación de productos importados desde regiones tales como Europa, África, Asia, etc.  A estos productos que fueron añadidos a la olla nativa se suma el intercambio de información respecto a las técnicas de elaboración, desde la utilización de diferentes materiales para los adminículos propios de una cocina, la forma de los mismos, hasta el procesamiento de los insumos, los cortes, los tipos de cocción, la presentación en platos o bandejas, y el servicio de los mismos.
Esta nueva forma de seleccionar los productos y preparar los alimentos constituyen lo que podría llamarse cocina colonial, en la que es notoria la excesiva utilización de especias con platos muy condimentados, así como la fuerte mezcla entre lo dulce y lo salado en una misma preparación. Surge así un gran contraste entre dos conceptos culinarios; en la cocina andina prevalece la idea del valor nutricional de los alimentos, sobre la idea europea de otorgar más importancia al refinamiento y la presentación de cada plato.
Estos elementos nos permiten entender una parte de la representación y los significados que encontramos en nuestra cocina contemporánea, cuyo inicio coincide con la época republicana pues ésta, como todo fenómeno político, económico, y social, tiene gran influencia tanto en los usos y comportamientos de la culinaria nacional, en las importaciones, exportaciones y el consumo interno, como en las concepciones de producción y elaboración de productos.
Pese a la fuerza de la cultura dominante, la culinaria nacional mantuvo en este periodo -inclusive hasta nuestros días- mucho de sus orígenes. En las preparaciones se nota un aligeramiento en los ingredientes y sobre todo el empleo de procedimientos mucho más simplificados. Inclusive, podemos afirmar, en base a recetarios de finales del siglo XIX, que la mayoría de las ideas y conceptos culinarios de la Colonia, desaparecieron casi en su totalidad.  Esto no quiere decir por supuesto que la influencia haya desaparecido por completo, pero la utilización y manejo, sobre todo de especias, se hizo mucho más mesurado.
Un elemento que cobra fundamental importancia en esta época, y que la mantiene hasta nuestros días, es el ají, en todas sus variedades y utilizaciones. Esto explica de forma contundente, sobre todo en el área andina, que las elaboraciones tienen como base fundamental este producto, cambiando parcialmente o las carnes, o las guarniciones, generando una gran variedad de platos denominados “picante de…” o simplemente “ají de…”.
De todas formas, es justo decir que si por un lado los conceptos específicos coloniales de culinaria se modificaron, paralelamente se dio una revalorización de los productos originarios en las “ollas” de nuestro territorio.  Tal es el caso de la papa, el tomate, el maíz, la quinua, la wacataya, el airampo, la quillquiña y, por supuesto el ají.
El siglo XX presenta ya una estabilidad en el menú cotidiano de las familias de nuestro país. Las variaciones no son muy importantes, ni en el manejo de productos, ni en la elaboración de recetas.
Lo que se puede destacar de este periodo es el cambio en la visión social de los platos, ya que tanto en el siglo XIX, como hasta muy entrada la segunda mitad del siglo XX, muchas de las recetas, pero sobre todo los productos originarios, eran percibidos por las capas pudientes de nuestra sociedad como alimentación de las clases sociales empobrecidas y marginales.
De todas maneras, es destacable que poco a poco los elementos de la gastronomía “originaria” están siendo aceptados al reconocerse su gran valor nutricional y una exquisita opción respecto a sabores.
Si bien en el caso de la Cocina Colonial los fenómenos de intercambio cultural y de influencias se dieron a partir de la “conquista” llena de violencia y deshumanización, es a partir de finales del siglo XX que se genera otra forma de “conquista” cultural –tal vez menos violenta-  denominada “Globalización”.
Es así que desde los inicios de este fenómeno globalizador, las diferentes culturas en el mundo entero, empiezan a recibir influencias de otras culturas y la gastronomía, como clara expresión de cultura, no queda exenta de estas influencias.  El término con el cual se empieza a denominar a esta nueva corriente culinaria creativa es el de “Cocina Fusión”, que se entiende a partir de la mezcla de varios tipos de cocina, tanto en su nivel técnico como cultural.
Las bases para esta nueva expresión que aparece aproximadamente a finales del siglo XX, son más bien simples: la utilización de productos originarios de una zona determinada en la cocina de otra zona, la aplicación de técnicas modernas en recetas de generación y utilización caseras y la aplicación de conceptos estéticos en recetas de origen rústico.
La cocina fusión da lugar a la creación del término “Cocina Novo”, que explica el nuevo producto gastronómico nacido a partir de la fusión entre elementos de culturas diferentes. El antecedente más próximo se lo puede encontrar en el Perú, lugar donde a partir de 1990 se comienza a manejar el término de “Cocina Novo Andina”, descrita como el manejo de productos andinos originarios, así como recetas originarias, criollas o mestizas e internacionales fusionados con técnicas y conceptos culinarios extranjeros.
A partir de esta experiencia, surge en Bolivia a principios de la presente década el concepto de “Cocina Novo Boliviana” (Humérez, Peredo y Van Oost, 2001), que se puede definir como la  utilización de materia prima nativa (productos bolivianos), en adaptaciones de la cocina nacional e internacional, y en nuevas creaciones culinarias.
Publicado por Ají y Chocolate S.R.L.

Los hornos «huayrachina»

30 Mar

 

 

 

La arqueología se acerca al enigma de los hornos indígenas andinos
Son pequeños cilindros con agujeros que permitían a los indígenas de la región entre el sur de Bolivia y el norte de Argentina fundir metales muy puros con muy poco combustible.

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Ref. Fotografia: Estos son algunos de los hornos que usaban los indígenas andinos.

¿Cómo un pequeño horno cilíndrico de arcilla puede alcanzar hasta mil grados de temperatura? ¿Por qué funcionan en los Andes y en Francia no? Estos y otros enigmas de la metalurgia indígena andina que han permanecido siglos sin respuesta están a punto de ser resueltos por arqueólogos argentinos.

Los hornos «huayrachina», de los cuales se han encontrado restos arqueológicos que datan del primer milenio de nuestra era, son pequeños cilindros con agujeros que permitían a los indígenas de la región entre el sur de Bolivia y el norte de Argentina fundir metales muy puros con muy poco combustible.

«Cuando llegan los españoles a la región, el Potosí (Bolivia) se descubre oficialmente en 1945, y los europeos no conocían la tecnología para tratar el mineral que había aquí en los Andes», explica a Efe Pablo Cruz, director del Instituto Interdisciplinario Tilcara, ubicado en la provincia argentina de Jujuy (norte).

«Una de las claves de lo que fue un centro económico durante el periodo colonial, junto con la minería, era la metalurgia, de la cual no teníamos muchas informaciones, más allá de lo que señalaban las fuentes y los restos arqueológicos, que no podemos comprender en su totalidad», señala Cruz.

«Huayra» hace referencia al viento, mientras que «china» significa mujer, en lengua quechua, aunque los investigadores aún no han logrado identificar el porqué de esta segunda parte del nombre.

El director del Instituto se embarcó en la investigación de los hornos «huayrachina» hace casi una década y los estudió en Francia, junto con otros expertos en tecnología indígena.

Allí, sin embargo, no consiguieron extraer el metal en los hornos. No fue hasta este mismo año, cuando los primeros experimentos realizados en la localidad argentina de Tilcara aportaron por fin nueva luz sobre el enigma del funcionamiento de estos hornos.

«Es como una chimenea que tiene varios orificios por los cuales circula el viento. Lo que hemos podido probar es que se necesita mucho viento, a partir de 10 metros por segundo de ventilación natural, y estamos tratando de desentrañar cómo entra en juego la altura, la presión atmosférica», detalló el responsable del proyecto.

Los hornos de viento eran portátiles y permitían a los indígenas fundir unos tres kilos de metal con apenas 6 kilogramos de cartón, casi el mismo combustible que se gasta un argentino en preparar el típico asado familiar del domingo, según han probado en Tilcara.

Esta tecnología fue empleada en los grandes centros de población de la región del Potosí y el norte de Argentina durante siglos, incluso después de la llegada de los colonizadores, hasta la introducción de la amalgama con mercurio.

«Según señalan los cronistas españoles, no se trataba únicamente de útiles o herramientas para procesar el mineral, sino que para los pueblos indígenas las ‘huayras’ eran objetos de culto. Adoraban las ‘huayras’, como también los minerales. Eso se explica por el lado mágico que tiene todo el proceso de fundición», apunta Cruz.

«Son como pequeños volcanes que no solo destellan luces de todas las tonalidades y olores sino que también tienen un bramido muy especial, como si estuvieran vivos», agrega.

A raíz de los éxitos con los hornos «huayrachina», el Instituto Interdesciplinario de Tilcara ha decidido comenzar una plataforma experimental sobre la tecnología indígena con el fuego, que involucrará no solamente las técnicas metalúrgicas sino también otras disciplinas como la cerámica, utilizadas por los antiguos pobladores de la región.

Además, «hay varios otros tipos de hornos en los que estamos trabajando», como los de reverbero (llamados «toccochinbo»), explica Cruz.

Las investigaciones han despertado el interés de las comunidades indígenas que aún habitan en la zona, como los Mama Qolla Ayllu, pero también la curiosidad de los físicos y expertos en metalurgia, intrigados por las altas temperaturas que alcanzan estos rústicos y misteriosos hornos.

EFE

http://eldia.com.bo/index.php?c=Portada&cat=1&pla=1

 

Mezclas de hierbas aromáticas

30 Mar

 

La Gastrocinemia

De la misma forma que las especias se combinan para conseguir mezclas que enriquezcan nuestros platos y que resulten atractivas para nuestro olfato y nuestro paladar, así también puede hacerse, y se hace, claro está, con las llamadas hierbas aromáticas. Y como ocurre con las especias, estas mezclas de hierbas, aún con el mismo nombre, varían dependiendo de la disponibilidad de los ingredientes y hasta de la inspiración quién las haga, como las célebres fines herbes francesas, compuestas originalmente de cebollino, perifollo, estragón y perejil pero a las que se añade a veces mejorana, o los llamados atadillos (el bouquet garni francés) de laurel tomillo y perejil a los que también puede agregarse estragón y mejorana. Todas estas mezclas pueden adquirirse en el mercado, pero todas ellas, y cualquier otra que se nos ocurra, pueden elaborarse en nuestra cocina sin ninguna dificultad.

Atadillo. Como ya decía, se trata del conocido bouquet garni de la cocina francesa. Esta expresión que podría traducirse por ramillete variado, o quizá ramillete surtido, debe su nombre popular español a que se presenta en forma de pequeño paquete de hierbas atadas para mantenerlas unidas durante la cocción y poder retirarlas fácilmente al servir el plato. Los ingredientes cásicos para preparar un atadillo son el laurel, el tomillo y el perejil, aunque en ocasiones, y dependiendo de en qué receta vayamos a emplearlo, puede incluirse también albahaca, ajedrea, estragón, orégano… o envolver las hierbas elegidas en un trozo de hoja de puerro. Su elaboración es muy sencilla: ponga juntas las hierbas y átelas con un trocito de bramante o envuélvalas con la hoja de puerro y ate también para mantener unido el paquete. El atadillo suele emplearse para dar aroma a los caldos, así como en guisos de carne y aves o sopas. Debe añadirse al final d la cocción para conservar todo su perfume.

Hierbas provenzales. Esta mezcla, elaborada generalmente con hierbas secas, y original de la Provenza como su propio nombre indica, se compone habitualmente de orégano, tomillo y ajedrea, aunque como de costumbre es posible encontrar otras combinaciones que incluyan romero, albahaca, mejorana… de forma que si queremos preparar nuestra mezcla favorita sólo hay que tener en cuenta la potencia del perfume de cada una para conseguir unas proporciones armónicas y que no sobresalga alguna en exceso, matando el aroma de las demás y guárdelas en un recipiente hermético. Su uso es tan variado como queramos, pues su delicado sabor hace que esta mezcla resulte ideal tanto para enriquecer una salsa de tomate, como para añadir a guisos de carne, conejo y aves. Es un buen acompañante de la pasta, los gratinados y el pollo asado, y su perfume ligeramente picante potencia el sabor de parrilladas y carnes a la barbacoa. Como todas las hierbas, es aconsejable añadirlas al final de la cocción para garantizar que disfrutamos de todo su aroma.

Finas hierbas. Otra mezcla más de origen francés: las fines herbes que en su traducción al español sirven como nombre genérico de casi todas las hierbas aromáticas, aunque la cocina francesa limita esta denominación a la mezcla de perifollo, estragón, cebollino y perejil, todas ellas frescas. En el mercado es posible encontrar bajo este nombre mezclas de hierbas secas o liofilizadas que pueden incluir cebolla o algún otro ingrediente no muy ortodoxo, pero que demuestra cómo es posible combinar varias hierbas distintas con el mismo nombre. Si queremos preparar nuestra propia mezcla, debemos cortar muy finamente todas las hierbas y mezclarlas bien. Si las usamos frescas, esta combinación es muy adecuada para aliñar ensaladas, teniendo en cuenta que en ese caso debemos utilizar una vinagreta muy suave para que el vinagre no anule su perfume. Resultan ideales para añadir a las tortillas, crepes y carpaccios, en pescados a la brasa o a la plancha, en platos de pasta… y en marinados y adobos.

Mezcla personal. Y con permiso de todos ustedes, acabamos esta serie sobre especias y plantas aromáticas con una mezcla de hierbas made in Gastrocinemia: cebollino, eneldo, orégano y salvia, todas ellas frescas. Inventada como manera de aprovechar las hierbas que andaban por la cocina ya a punto de caducidad, el resultado es un delicado equilibrio de aromas que convertirá sus ensaladas, platos de pasta o tortillas en una sorpresa muy gratificante. La proporción va en gustos, aun que es aconsejable no abusar del cebollino, cuyo sabor fuerte tiende a predominar, y apoyarse más en el eneldo, cuyo suave y sutil aroma queda fácilmente enmascarado si le un e a otros más potentes. Y déjese llevar por la imaginación: invente sus propias mezclas.
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Cocineros de la diáspora

29 Mar

Los chefs argentinos, uruguayos, mexicanos y peruanos que marcan el paso de la gastronomía latinoamericana en el extranjero

El chef Mauro Colagreco.
El chef Mauro Colagreco. RESTAURANTE MIRAZUR

Mauro Colagreco salió de Argentina en el año 2000 pensando en encontrar la forma de completar su formación como cocinero. No pensaba en más de tres o cuatro años en Francia, donde estudió y llegó a practicar con algunos de los grandes de la cocina francesa (Bernard Loiseau, Alain Ducasse y Alain Passard), pero esos cuatro años se convirtieron en seis y acabarían dando paso a su propio restaurante en Mentón, en plena línea de la Costa Azul: Mirazur (mirazur.fr). Antes de cumplir medio año, la todopoderosa Gault & Millau lo distinguía con el título de Chef Revelación del año. Poco después le llegaría su primera estrella Michelin. Hoy es una de las referencias del firmamento culinario: dos estrellas Michelin, lugar de honor en los listados gastronómicos, una brasserie de éxito —Grand Coeur— en París y una hamburguesería —Carne hamburguesa— en La Plata. Colagreco es un cocinero exitoso y reconocido en su propio país. Todo un referente. Hernán Luchetti tampoco es un desconocido, aunque no da nombre a ningún restaurante, pero su posición como jefe de cocina del Celler de Can Roca (cellerdecanroca.com), en Girona, le instala en lo más alto. Ninguno de los dos ofrece cocina argentina —solo un par de adelantados tratan de ponerla en valor en la propia Argentina—, pero ambos son reconocidos y valorados.

Matías Perdomo e Ignacio Mattos viven una situación muy parecida. Ambos son uruguayos y sus restaurantes ocupan lugares destacados en los escalafones culinarios. Matías destaca en los rígidos terrenos de la alta cocina, con su Contraste (contrastemilano.it), abierto en Milán después de años ocupándose de los fogones en Le Pont de Ferr, donde consiguió una estrella en la Michelin. Ignacio lo hace en Nueva York con su restaurante Estela (estelanyc.com), un local dedicado a lo casual que vive el éxito. Tampoco proponen cocina uruguaya. La reivindicación de la despensa y las raíces culinarias de Uruguay da sus primeros pasos empujada por la Asociación Gastronómica de Uruguay, fundada hace año y medio. Matías e Ignacio son referentes tanto en su país de origen como en sus nuevas tierras. Abren caminos y proyectan el nombre de Uruguay en el escaparate de la gastronomía global.

Leo que Mexique (mexiquechicago.com), el restaurante de Carlos Gaytán en Chicago, fue el primer comedor mexicano en tener una estrella Michelin. No sé si hubo otro antes, pero el hecho es que hoy la disfruta, lo que sitúa a este joven cocinero, consagrado en uno de los grandes reality shows culinarios de la televisión estadounidense, en una posición de privilegio respecto a las grandes estrellas de la cocina mexicana que se desdoblaron hacia el mercado de su vecino del norte. En Madrid, a casi 7.000 kilómetros de allí, está Roberto Ruiz con su exitoso Punto MX (puntomx.es). Ambos triunfan practicando la cocina mexicana con notables dosis de refinamiento, aunque no están entre los referentes en su país de origen.

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Omar Malpartida, Erik Ramírez y Martín Morales son tres cocineros peruanos que hacen algo más que triunfar lejos del Perú. El primero está en Madrid, el segundo en Londres, mientras el tercero irrumpió hace un año en el panorama culinario neoyorkino cuando The New York Times consagró su Llama Inn (llamainnnyc.com), distinguiéndolo como el restaurante revelación del año 2016. Martín Morales vive el éxito en Londres, donde su propuesta culinaria, centrada en Ceviche (ceviche.uk), es de largo la más atractiva y sólida de la ciudad. Malpartida tiene su centro de operaciones en la cocina de Tiradito (tiradito.es) y vive, como los otros, embarcado en la renovación y puesta al día del recetario tradicional peruano. Los tres se han atrevido a llevar la cocina peruana más lejos de lo que se hace en la propia Lima. Trabajan con éxito en el diseño de la cocina peruana del futuro, aportando una mirada nueva, mucho más abierta que exige una atención que muy pocos están dispuestos a darles en su país de origen. La historia se repite con dos de los tres cocineros nikkei que marcan hoy el paso. Uno, Juan Muñoz, se ocupa de la cocina de Pakta (es.pakta.es) en Barcelona, mientras el otro, Luis Arévalo, lo hace en Madrid desde las cocinas de Kena (kenadeluisarevalo.com).

 

https://elpais.com/tag/fecha/20171019

Sobre la luna y la cocina

28 Mar

 

Ramón Rocha Monroy

Hace tiempo publiqué en la Crítica de la Sazón Pura un artículo sobre la Influencia de la luna en la cocina. Me sorprendió encontrar en Internet el comentario de una lectora española a quien una amiga habría enviado ese mi artículo que ella califica como «un bonito ramillete de supersticiones». Yo sostengo que la luna influye en el agua (fundamental para la cocción y para rehidratar algunos alimentos), en las hierbas y los ciclos agrícolas, en el ciclo menstrual, en los partos y en la mujer

Ojo de vidrio: Publicó las novelas: ¡Qué solos se quedan los muertos!-Vida de Antonio José de Sucre (Ed. El País, 2006), Potosí 1600 (Premio Alfaguara 2001), Ladies Night, La Casilla Vacía, Ando volando bajo (Premio Guttentag 1994), El run run de la calavera (Premio Guttentag 1983), Allá Lejos (Ed. Los Amigos del Libro, 1978). Inició su carrera literaria con Pedagogía de la Liberación (Premio Franz Tamayo de Ensayo 1975). Tiene dos libros de crónica gastronómica: Crítica de la sazón pura, Todos los cominos conducen aroma y La importancia de vivir en Cochabamba.

«La cocina como oficio femenino depende del humor de la mujer. Si le vino la regla, se le caerá la masa que debía madurar, o no esponjará debidamente el pan, o la jakalawa saldrá aguachenta. Si acaba de embarazarse, el ají de papalisa tendrá un sabor nuevo y desconocido. Si la mujer está con luna, la llajua le saldrá bravísima; y si está dispuesta a la fecundación, la comida tendrá su misky, su dulce pero en sentido quechua, es decir, su na, su este, esito que la hace deliciosa, inigualable. Un motivo más para amar cósmicamente a esas hechiceras lunares y misteriosas: las mujeres», dice mi artículo; y aquí vienen los comentarios leídos enhttp://cierzo.blogia.com/2007/021901-sorprendida-quedome.php. 19/02/2007 18:21

Cada cual es muy libre de creer lo que quiera, faltaría más, pero, que yo sepa, los nacimientos de las personas se producen durante todos los días del año y con independencia de la fase en la que esté la Luna. / No conozco ningún caso de mujeres que, por compartir piso, tengan la menstruación en la misma fecha. / Cuando uno se imagina el caos primigenio, no sé si ve, mayoritariamente, un océano lleno de vida. Yo visualizo más bien una negra inmensidad sin vida, será que tengo poca imaginación. / La cocina no se reduce únicamente a la cocción de los alimentos. Ignoro la nacionalidad del autor del artículo, pero en la mayoría de países, se fríe, se asa, se guisa, se adoba, se ahúma… / Que la mujer no sea tan escrupulosa como el hombre a la hora de aplicar medidas en la cocina, se debe a la práctica y no a la influencia de la matriz. Todas empezamos a cocinar pesando, midiendo y contando, luego la experiencia nos permite algunas licencias: cambiar ingredientes en una receta, variar cantidades… Los hombres, cuando cogen el tranquillo, también se rigen por el ojo de buen cubero y por sus gustos personales. / El oficio de cocinero podrá ser una impostura o una usurpación de funciones, no obstante, la realidad nos demuestra que los cocineros más eminentes y de mayor prestigio son hombres. / La frase: «Todavía no me topé con el baboso nostálgico que recuerda cómo cocinaba su papá; en cambio, a todos nos retoña el complejo de Edipo recordando la comida que preparaba nuestra madre», tiene miga. Muchos tienen una madre negada para la cocina y recuerdan con añoranza los guisos de cualquiera, que eran mejor que las bazofias que preparaba su mamá. Por cierto ¿qué pinta el complejo de Edipo en esto? Un niño desea sexualmente a su madre y por lo tanto siente hostilidad hacia el padre. Como ni el deseo sexual ni la hostilidad hacia sus padres son aceptables para la sociedad, estos deseos son reprimidos (dejan de ser conscientes y pasan a ser parte del inconsciente)». Freud dixit. / Cualquier mujer astuta sabe que al hombre se le amarra un poquito más abajo del vientre, pongamos por la entrepierna. / Si la menstruación consiguiera que la masa del pan no «esponjara», supongo que todas las trabajadoras de Bimbo se tendrían que quedar en su casa durante «esos días».

http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2007081008

Gustu pone a Bolivia en el mapa mundial de la gastronomía

27 Mar

 

Participarán en Madrid Fusión para mostrar la riqueza productiva del país. También fue nominado por la revista Como Sur.

Gustu pone a Bolivia en el mapa mundial de la gastronomía

Fotos: Luis Fernández / Gustu. La chef danesa Kamilla Seidler junto a los aspirantes de la fundación.

Tatiana Sanabria /

La Paz Bolivia entrará en el mapa gastronómico mundial gracias  al restaurante paceño Gustu, invitado a la XII Cumbre Internacional de Gastronomía Madrid Fusión. El objetivo es   mostrar  la diversidad de productos que se encuentran en el país, así como  el trabajo que desarrolla Melting Pot como fundación, encargándose de la  formación de jóvenes de bajos recursos  en el campo culinario a nivel profesional. Este encuentro internacional, que se efectuará del 27 al 29 de enero en España, reúne a más de un centenar de reconocidos cocineros de 15 países. Este año, bajo el lema «La inspiración está en la calle”, se abordará el fenómeno de la cocina urbana, a través de ponencias, demostraciones, talleres, catas y conferencias. La danesa Kamilla Seidler, jefa de cocina de Gustu, junto al italiano Michelangelo Cestari, gerente general, llevarán ingredientes nativos y poco conocidos, como por ejemplo la papalisa, la carne de llama, el cáctus de Achacana y la flor de Jamaica, para preparar platillos únicos destinados a conquistar  aquellos  paladares más exigentes. Siendo un restaurante de alta cocina que trabaja exclusivamente con productos bolivianos de todas las regiones del país, Gustu se constituye en un escaparate internacional de nuestro potencial gastronómico. Y eso es, justamente, lo que pretende   dar a conocer en este encuentro. «Queremos mostrar  a Bolivia: los productos únicos, la cultura culinaria, a los productores… Es la primera vez que un restaurante representa al país y creemos que esto debe inspirar e impulsar a los jóvenes”, afirma Cestari, presa del entusiasmo. Ambos representantes llevarán un video con entrevistas realizadas a los proveedores de algunos alimentos andinos, como quinua, papa, trucha y llama, con el fin de que los participantes conozcan el arduo trabajo que hay detrás de la cocina y el respeto que merecen estos productores. Entre los nuevos territorios culinarios, el eje andino también estará representado por Virgilio Martínez, del restaurante Central, de Lima, y  Rodolfo Guzmán, de Boragó, de Santiago de Chile. Durante tres días, cocineros de la talla de Gastón Acurio, Joan Roca, Quique Dacosta y Gert de Mangeleer hablarán de creatividad culinaria en clave urbana y explorarán restaurantes que ponen la mirada en el campo y el mar, mientras otros que apuestan a lo puramente rural. Y no sólo eso, el afamado Ferrán Adrià formulará las 50 preguntas que cambiarán la manera de entender la cocina, un estreno mundial que abrirá nuevos horizontes al conocimiento, según indican los organizadores del encuentro en su portal web. Más que un restaurante, Gustu es un proyecto ideado por el danés Claus Meyer, copropietario del laureado restaurante Noma de Copenhague, quien llegó al país con la clara idea de revolucionar la gastronomía, revalorizando ingredientes nativos y generando un impacto social. A menos de un año de su apertura, estableció una escuela con una veintena de alumnos que este año se van a graduar. Creó, asimismo,  un laboratorio para analizar los sabores y texturas de productos que se conocen poco en el país y organizó la Feria Gastronómica Tambo, en la que se promociona la comida nacional. Al ser parte de esta intensa experiencia, Seidler considera que «los restaurantes deben tener en mente el impacto que generan a su alrededor: deben favorecer el consumo de productos locales, establecer una relación económica justa y evitar el despilfarro de alimentos”. Entre los nominados Es justamente este enfoque social y la innovación de este restaurante  lo que también hizo que fueran nominados en la votación de la revista Como Sur, para seleccionar a los ganadores de The Como Sur Best of 2013 Awards. Esta revista digital en inglés, que tiene alrededor de 30.000 seguidores, brinda información útil e imparcial sobre las nuevas tendencias culinarias en Sudamérica, para comensales de todas partes del mundo. Este año Como Sur quiso reconocer a los mejores representantes de la gastronomía regional, elevando una votación abierta por internet con 12 diferentes categorías, en las que se mencionan restaurantes, chefs, festivales y eventos gastronómicos destacados de Bolivia, Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y Perú. El país está representado por Gustu, como Mejor Restaurante Nuevo; Tambo de La Paz como Mejor Festival Culinario; Kamilla Seidler como Mejor Chef, y la Gastrocruz, de Santa Cruz, como Mejor Evento Culinario. La votación concluirá mañana y los resultados se darán a conocer la próxima semana. A todo esto, Jonas Andersen, jefe de piso de Gustu, siente una gran satisfacción por este reconocimiento. «El Como Sur es una de las revistas más interesantes en Latinoamérica. Esto hace que Bolivia esté en el foco de atención”, agrega el sommelier. Al margen de los resultados, Michelangelo Cestari considera que ya es un logro para el país aparecer entre las listas, por la repercusión de este portal en el mundo, haciendo de Bolivia un destino turístico gastronómico.

Es así que, con estos dos impulsos que visibilizan  al país, Gustu tiene como objetivo continuar en el desarrollo de sus proyectos sociales y la elaboración de platos  innovadores que revalorizan nuestra cultura y además ponen al país, sin duda, entre los mejores del continente.

Menciones de  Gustu Categoría 1 En  Mejor Restaurante Nuevo, Gustu compite con IK de Lima; The White Rabbit de Santiago; Fukuro Noodle Bar de Buenos Aires y La Ladrillera de Lima. Categoría 2 En Mejor Festival Culinario, Tambo  compite con Ñam de Santiago, Feria Masticar de Buenos Aires, Mistura de Lima y  Food and Wine de Punta del Este. Categoría 3 En Mejor Chef, Kamilla Seidler, de Gustu, compite con Rodolfo Guzmán, de Boragó; Virgilio Martínez, Central; Mitsuharu Tsumura, Maido, y Fernando Rivarola, El Baqueano. Votación Cada persona puede votar una vez al día. La página es:

http://comosur.com/2014/01/14/como-sur-best-of-2013-awards/. En la página de Gustu, en Facebook, también proporcionan información sobre cómo apoyar a este restaurante.

Singani, Origen, Tradición y Desafío

27 Mar

 

Por Mónica Oblitas Zamora – Los Tiempos – 25/03/2012

Un trabajador en los campos de uva moscatel con los que se fabrica el singani – Alvaro Gumucio Periodista Invitado

Esta bebida |  que ahora quiere traspasar fronteras, tiene un origen muy arraigado en nuestra historia. 

¿Sabía Ud., amigo lector, que el nombre de uno de los tragos más típicos de Bolivia nació gracias a un inglés? Efectivamente, este señor, conductor de ferrocarriles de la británica Bolivian Railway allá por 1888, acostumbraba a llevar en sus viajes de La Paz (Bolivia) a Antofagasta (Chile) que duraban 72 horas, una botella de whisky o de gin para tomar en el coche comedor durante la noche.

Pero una vez olvidaron sus botellas, así que el mozo le ofreció un trago preparado en base a singani, limón, hielo y gaseosa. El hombre desconfiaba, temeroso de una bebida que jamás había probado, pero el mozo boliviano insistía, hasta que el conductor aceptó.

A la noche siguiente el inglés pedía en su medio castellano otro trago de singani porque no tenía resaca, “sure fly” (vuelo seguro) le dijo al mozo, y este le contestó sonriendo: “Chuflay”.

Entre valles

Hoy el singani, indiscutiblemente boliviano, tiene su centro de producción más importante en Tarija, y las empresas que se dedican a él, como Casa Real, Los Parrales o la Concepción, están trabajando para lograr que el singani atraviese nuestras fronteras.

Pero no siempre fue Tarija el reino del singani.

De acuerdo a historiadores y devotos de esta bebida, como Víctor Hugo Alfaro Lazo,  Potosí fue la cuna de este aguardiente, muy popular en la época del auge minero.

Las vides, traídas por los padres agustinos entre los años 1550 y 1570, llegaron primero a ciertas poblaciones de Chuquisaca, luego a valles como Mizque, en Cochabamba, Luribay, en La Paz y el sur de Potosí, donde justamente existe una población llamada Singani, ubicada al norte de Santiago de Cotagaita. Finalmente los agustinos llegaron a Tarija en 1588.

Durante la época de la explotación de la plata en el Cerro Rico de Potosí, se trató de cultivar vides en los valles de Potosí y Chuquisaca, pero las condiciones eran adversas para la fabricación del vino. Durante las temporadas de lluvias era imposible sacar la producción de uva debido al caudal de los ríos, lo que dificultaba la elaboración y conservación del vino. Esto obligó a los productores a incorporar alternativas para la utilización de esas vides como la destilación y es así que nace el singani.

A través del tiempo

Desde la época de la colonia y hasta mediados del siglo XX, la producción nacional de singani se hizo de manera artesanal, con poca utilización de maquinaria industrial. Es a partir de la década de 1960 que se introducen métodos y tecnología industrial en la fabricación del singani. La mejora de suelos, sus características única y la introducción de nuevas variedades de uva, benefician la calidad tanto del vino, como del singani.

En 1925, Julio Ortiz, el pionero de la empresa Casa Real que hoy ya está en su cuarta generación, inició la  primera operación industrializada de destilación en el valle de Cinti, cerca de Tarija.

El singani tiene como materia prima la uva moscatel de Alejandría. Tras la cosecha de uvas, entre febrero y marzo, se pasa un proceso de molienda cuyo producto es llevado a las cubas de fermentación; el productor controla que no se extinga la fermentación y que las temperaturas del mosto no se eleven por encima de entre 19º C – 21º C, ya que la fruta perdería su aroma natural que es lo que le da el carácter final al singani. Así se obtiene un vino base que luego pasará a una etapa de destilación en los alambiques. El proceso demora aproximadamente siete días y el resultado es un destilado claro de vino que se conoce local e internacionalmente como singani con alto grado alcohólico, por lo que debe ser consumido con moderación y sólo por adultos.

Con la apertura de la llamada “Ruta del vino” en Tarija, se quieren destacar también los emprendimientos respecto a esta bebida, una de las más tradicionales de Bolivia. Cada vez hay más preparaciones con esta bebida, además de los conocidos Poncho Negro, Yungueñito o Chuflay y los bartenders experimentan para lograr tragos diferentes basados en el singani, como el singani sour.

A principios de noviembre se realiza “La fiesta del singani” organizada por Casa Real en casi todos los departamentos del país, allí se elige al Rey y a la Reina del Singani que serán los rostros publicitarios de la campaña anual de esta empresa, líder en el rubro. El viejo aguardiente está más vigente que nunca, y su calidad hace que hoy pueda codearse con las bebidas más distinguidas del mundo. Hay que brindar por ello.  (Con datos de La Página del Singani, Cepas de Altura, wikipedia)

 

¿Cuál escojo? 

Gran Singani / Singani de Altura

Es el producto obtenido por destilación simple o doble de vinos provenientes exclusivamente de la fermentación alcohólica de la uva Moscatel de Alejandría, producidos en una altura mínima de 1,600 metros de acuerdo al decreto supremo 25569, elaborados, destilados embotellados y/o añejados en barricas de roble francés en las zonas de denominación de origen.

Singani de Primera selección

Es la bebida alcohólica de vinos proveniente de la fermentación alcohólica, de una o varias variedades Vitis vinifera blancas de acuerdo a prácticas enológicas, producidos, destilados y embotellados en las zonas de denominación de origen.

Singani de segunda selección

Es la bebida alcohólica de vinos proveniente de la fermentación alcohólica de orujos no prensados, de una o varias variedades Vitis vinífera, producidos, destilados y embotellados en las zonas de denominación de origen.

Lo que se cuece en Madrid Fusión

26 Mar

Las tendencias gastronómicas más picantes y sabrosas se dan cita en Madrid Fusión

El eclecticismo de la cocina urbana se funde con una enciclopédica propuesta de Ferran Adrià

De un restaurante de La Paz a otro de Bangkok, con dos chefs mujeres al frente

Restaurante Minibar en Washington, del chef español José Andrés, Pepe Solla, de Casa Solla (Pontevedra), y barra del restaurante limeño Astrid & Gastón, de Gastón Acurio.

¿Qué es la fruta?”, plantea Ferran Adrià. “Un vegetal, una comida, un alimento”, puede contestar cualquiera. “Es una decisión. La puedes tomar a media mañana, después de comer o por la tarde”, replica el cocinero. Esta es solo una de las preguntas que uno de los mejores chefs del mundo se plantea sobre la gastronomía, una disciplina que, gracias al boom catódico de los programas de televisión que vivió el año pasado, ha despertado un interés masivo. Mujeres chefs, innovación con una mirada a la tradición, el estilo callejero o lo verde como ingrediente estrella son algunas de las tendencias culinarias de este año. Todas ellas desfilarán por Madrid Fusión 2014, que celebra, entre el 27 y el 29 de enero, su XII edición en el Palacio de Congresos, en un encuentro-espectáculo que reúne a cocineros, cocinillas, blogueros gastronómicos y público general. La gastronomía del futuro tiene mucho que ver con las maneras del pasado. A pesar de toda la innovación que ha rodeado a la alta cocina en los últimos años, se vive un retorno, una vuelta al producto y a los productores locales. “En Asia están centrados en el lujo, mientras que aquí nos interesa realizar un acercamiento a las buenas maneras”, cuenta Estanislao Carenzo, jefe de cocina y fundador del restaurante Sudestada. Esa pasión por lo cercano ha visto la proliferación de huertas urbanas, que abastecen a grandes restaurantes. Andoni Luis Aduriz lo practica desde Rentería (Gipuzkoa) para la cocina de Mugaritz. El japonés Asafumi Yamashita cultiva en las afueras de París. El padre de Yamashita le enseñó a cultivar bonsáis, un conocimiento ancestral que ahora aplica a las berenjenas, los tomates o los canónigos. Sus vegetales son de tal calidad que abastece a grandes restaurantes de la capital francesa, entre ellos, Astrance, del tres estrellas Michelin Pascal Barbot. “La cocina no tiene sentido, desde el punto de vista cultural, si no está relacionada con el hombre y su terruño”, dice el también francés Michel Bras, cocinero pionero en ese acercamiento a la naturaleza y lo local.

Postre de Jordi Roca, de El Celler de Can Roca, en Girona.

“Vivimos un momento en el que lo biológico plantea una manera de hacer prosperar la producción de alimentos de calidad”, dice Estanislao Carenzo. Esta inquietud ecológica comenzó con el slow foody el denominado kilómetro cero.Dos tendencias que, aunque continúan, se matizan. “El kilómetro cero era muy estricto, tendemos a uno más flexible en el que los valores ambientales estén presentes, pero no limiten tanto”, dice David Muñoz, premio nacional de gastronomía en 2010. “Va a existir una mayor complicidad entre lo global y lo local”, añade. Esa conciencia ambiental trasciende la huerta e impregna al resto de productos. “Sobre todo los pescados”, apunta Ángel León, el chef del mar que desde Aponiente, en Cádiz, deleita con “pescados humildes” y salsas imposibles a base de algas y plancton. León también es un cocinero catódico. Como jurado de Top Chef ha llevado el germen de la cocina al salón de muchos hogares. La final del concurso culinario llamó la atención de más de 3,8 millones de personas (23,9% delshare), el segundo programa más visto la noche de su emisión. Datos que aseguran que la parrilla televisiva seguirá tirando de gastronomía. Hay varios programas en la recámara: desde uno de tapas con Mario Sandoval hasta otro dedicado a los postres. “Top Chef ha provocado que la gente se interese más por lo que come”, repite, entrevista tras entrevista, Susi Díaz, también juez del programa. Con una estrella Michelin, conseguida con su restaurante La Finca, en Elche, Díaz forma parte de la vanguardia femenina de la gastronomía. Tras años de predominio masculino, ahora ellas dan el toque. “En esta edición de Madrid Fusión contaremos con la presencia de la mejor cocinera de Asia; la Catherine Zeta-Jones de la cocina en Bangkok”, cuenta José Carlos Capel, organizador de Madrid Fusión. Capel, crítico gastronómico de EL PAÍS, se refiere a Duangporn Songvisava, conocida como Bo y jefa de cocina de Bo.Lan en la capital de Tailandia. Acude a la cita con su marido, a la sazón su ayudante. Kamilla Seidler llega desde Bolivia. “Son dos mujeres cocineras muy llamativas de dos extremos del planeta”, agrega Capel. “Hace años, impactaba la comida francesa, después vino el turno de la española. Ahora vivimos la ola nórdica. Lo siguiente, la comida sudamericana”, vaticina Seidler, danesa de nacimiento y a los fogones de Gustu, en La Paz (Bolivia). “Perú puso en el mapa la región. Brasil profundizó en ello y empieza a haber movimientos en otros países”, continúa la cocinera, que ha colocado a Bolivia como gastrodestino.

El chef belga Gert de Mangeleer.

Poca gente lo sabe, pero “en Flandes se da la mayor concentración de estrellas Michelin por habitante: se come mejor que en los países nórdicos”, comenta José Carlos Capel. El norte de Bélgica es, este año, la región invitada a Madrid Fusión. Tres de sus cocineros más representativos estarán en la cita, entre los que destaca Gert de Mangeleer, chef del restaurante Hertog Jan, que a finales de febrero inaugura Yellow Bistro, una versión para todos los bolsillos. Bertrand Grébaut lleva tiempo adherido a lo económico desde Septime, en París, “un neobistró de moda para urbanitas del siglo XXI” y con menú, dos platos y postre a 26 euros. “Hay muchos caminos para hacer vanguardia”, dice David Muñoz. En su barra, StreetXo, han eliminado los camareros para abaratar costes. “Que quede claro, no es una propuestalow cost, sino asequible”, avisa. Incluso los Obama se han visto seducidos por las barras: el presidente de Estados Unidos invitó por San Valentín a su esposa Michelle a sentarse en la del Minibar de José Andrés (quien también estará en Madrid Fusión) en Washington. La pasión por estos lugares más informales encuentra su inspiración en la calle. De hecho, esa inquietud urbana es el leitmotiv de Madrid Fusión 2014. La street food es una tendencia que por ahora se mantiene en locales. Algunos reclaman su salida a las aceras. “Son el germen de nuevos clásicos”, dice Estanislao Carenzo, de Sudestada, que inauguró su barra económica en Madrid en 2012: Chifa.

El genoma culinario

Obsesionado por fijar los términos gastronómicos, Ferran Adrià lleva tiempo haciéndose preguntas. Se ha planteado el reto de “decodificar el genoma culinario” y publicarlo en la Bullipedia. Para ello plantea 50 cuestiones que cambiarán la manera de entender la cocina invitando a la gente a pensar. España sigue marcando en innovación y vanguardia, no solo por el acercamiento intelectual de Adrià sino también por la consolidación de El Celler de Can Roca como el mejor restaurante del mundo, según la revistaRestaurant. “Es cierto que la cocina actual es distinta, pero sigue necesitando mucho trabajo, mucha pasión y mucho sentimiento”, comenta Paco Roncero, al frente del Casino de Madrid, con dos estrellas Michelin. Algunos cocineros que por la mañana hacen vanguardia por la tarde vuelven al guiso. Luego, lo mezclan todo. Ejemplos: las sopas frías de Dani García o la cazuelita de huevos a la crema y champiñones al ajillo de Pepe Solla. Y hornear el propio pan entra dentro de este interés, que también pasa por los vinos. El año pasado, la revista Wine Spectator eligió un vino español como el mejor del año: el Imperial Gran Reserva 2004 de Cune (denominación de origen Rioja). Era la primera vez. Además de acompañar las comidas, algunos cocineros empiezan a plantearse ampliar el uso del vino e incorporarlo, de manera creativa, a sus recetas. “¿Qué es la mayonesa?”, ataca de nuevo Ferran Adrià con su decálogo de cuestiones. “Una salsa”, contestaría cualquiera con celeridad. “No, una emulsión”. Igual te vale como fondo de plato que como acompañante. Su ambiciosa investigación gastronómica quiere ir al fondo de todo asunto relacionado con la comida. Fascinante. Como la gastronomía.

http://elviajero.elpais.com/m/elviajero/2014/01/09/actualidad/1389273058_508417.html

SALUD Los Cinco Antiguos Ritos Tibetanos para la Eterna Juventud

26 Mar

 

Sencillos trucos para conservar alimentos

24 Mar

 

28 Maneras con las que puede hacer que tus alimentos duren lo máximo posible

Por Francisco Lira
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Sencillos trucos para conservar alimentos cotidianos que te harán ahorrar dinero y disminuir la cantidad de comida que debes botar, así ayudas a tu bolsillo y al mismo tiempo al medio ambiente

1. Guarda las cebollas en panties (o medias) y haz un nudo después de cada cebolla. Así podrás conservarlas hasta 8 meses y, por que no, decorar tu casa:

 

2. Congela cebollas verdes o cebollines cortados dentro de una botella de plástico. Estarán como frescas y listas para usar con solo descongelarlas:

 

3. Compra un “huevo” para absorber el gas etileno que se acumula en la nevera:

 

Las frutas y verduras, cuando están el en frigorífico, desprenden este tipo de gas. Para preservarlas por más tiempo es ideal usar uno de estos “huevos” que puedes comprar por 16$ un pack de 3.

4. Almacena las plantas delicadas como si fueran flores:

Ponlas dentro de una bolsa de plástico y átalas con una goma alrededor del tallo. Luego refrigerarlas y disfrútalas por mucho tiempo.

5. Haz que tus fresas duren más gracias al vinagre:

 

Prepara una mezcla con 1 parte de vinagre blanco y 10 de agua. Bañar las fresas en la mezcla y a continuación escurrirlas y secarlas. Como la mezcla es tan diluida las fresas no tendrán sabor a vinagre, pero durarán dos semanas sin ablandarse o pasarse!

6. Si tienes que guardar guacamole en la nevera hechale “spray de cocina” por encima y así conseguirás que el guacamole se mantenga verde y sabroso:

onegoodthingbyjillee.com

El aceite consigue es uno de los ingredientes que consigue que el aguacate no pierda su color ni su sabor.

7. NUNCA guardes las patatas al lado de las cebollas. Esto hace que se estropeen mucho antes:

8. Las patatas deben almacenarse junto a manzanas para así evitar que broten:

9. Una manzana podrida, puede dañar al resto:

 

10. Pon un poco de mantequilla alrededor del queso para evitar que se seque:

 

11. Para preservar hierbas secas mezclalas con aceite y ponlas en el congelador:

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12. Coloca los espárragos como si fueran flores:

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Cortales la punta, colocalos en un jarrón con agua, cubrelos con una bolsa de plástico y a la nevera! Se mantendrán tiernos por más de una semana. Puedes probar también a conservar así el cilantro.

13. Envuelve la parte superior de los plátanos con “film transparente”:

 

Así conseguirás que duren de 3 a 5 días más de lo normal. También es bueno saber que los plátanos son la fruta que más gas etileno desprende, así que mantenlos alejados de todos los otros vegetales y frutas.

14. Si colocas una servilleta de papel encima de la lechuga se mantendrá fresca durante toda la semana:

 

El papel absorbe la humedad que las hojas desprenden evitando así que estas se marchiten.

15. Antes de guardar el apio, la lechuga o el brócoli en la nevera, envuélvelo en papel de aluminio:

 

16. Usa tarros de mermelada en vez de tuppers:

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Al ser de cristal, los alimentos no se deterioran tanto.

17. Lava tu frigorífico:

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Por tonto que parezca, una buena higiene de tu frigorífico puede hacer que tus alimentos se conserven mucho mejor.

18. Usa los tapones de las botellas de plástico para cerrar tus bolsas:

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Asegúrate que los tapones estén totalmente secos antes de usarlos.

19. Tan pronto como llegues a casa, pasa tus nueces por la sarten:

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Así mantendrás el sabor de las nueces y no te preocupes, estas no alterarán el sabor de tus recetas.

20. Guarda las setas en bolsas de cartón:

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Las bolsas de plástico hacen que estos se ablanden y pierdan su sabor.

21. Alcachofas – Colocar en un recipiente hermético sellado, con ligera humedad.

22. Albahaca – es difícil de almacenar bien.

A la albahaca no le gusta el frío, o ser mojada. El mejor método aquí es un recipiente / frasco hermético tapado ligeramente con un pequeño trozo de papel húmedo adentro y dejado afuera en un lugar fresco.

 

23. Frijol/Poroto

 

Almacenar en contenedores no herméticos y guardar en la nevera/refrigerador. Comer lo antes posible. Algunos recomiendan congelación si no se va a comer de inmediato.

24.Zanahorias – cortar las tapas para mantenerlas frescos por más tiempo.

 

Colócalas en un recipiente cerrado, con mucha humedad, ya sea envueltas en una toalla húmeda o mojar con agua fría cada dos días si están almacenados tanto tiempo.

25. Coliflor

 

Va a durar un buen tiempo en un recipiente cerrado en la nevera, pero dicen que la coliflor tiene el mejor sabor el día en que se compró.

26. Maíz

 

Dejar sin desgranar en un recipiente abierto si es necesario, pero el maíz es realmente mejor si se come más temprano que tarde para máximo sabor.

27. Pepino

 

Envuelto en una toalla húmeda en la nevera. Si estás pensando en comerlos en un día o dos después de la compra, deben dejarse en una habitación fresca.

28. Ajo – Conservar en un lugar fresco, oscuro.

 

29 trucos para que tus alimentos duren más

La miel la hizo libre

23 Mar

 

 

QUÉ MUEVE A… IBETH REAL

A pesar de tenerlo todo en contra, Ibeth Real aprovechó todas las oportunidades formativas que encontró. Hoy es autosuficiente y planea convertir su negocio de apicultura en exportador

Abundan los motivos para que la vida de Ibeth Real, de 41 años, no resulte fácil. A los que comparte con la mayoría de sus vecinos -el simple hecho de nacer en Muyupampa, una zona rural de Bolivia, lugar paupérrimo en uno de los países más pobres de Suramérica–  se suman algunos  más: ella es mujer en un entorno tremendamente machista; una mujer que cometió la “locura juvenil” de casarse a los 18 años y dejar los estudios. Y su matrimonio fue quebrándose con el paso de los años. Hace cinco que está roto de hecho, pero ni se ha conseguido divorciar -por problemas burocráticos- ni cuenta con los recursos necesarios para mudarse, pues empleó todos sus ahorros en comprar la casa que comparte con su marido. Aunque no se dirijan la palabra.

Pero que existan dificultades (y muchas) no significa que sean insuperables. La agricultura parecía  en principio el único medio que se le presentaba a una mujer sin formación del campo boliviano para sacar a sus dos hijos adelante. Maíz, frijoles, maní… Todo lo que crece en la tierra de su zona lo ha cultivado y recolectado durante años junto a su esposo. Pero Real vio las oportunidades pasar ante ella y las aprovechó. Instituciones locales y ONGs comenzaron a impartir cursos de formación y ella asistió a todos los que pudo. “Hoy sé hacer muchas cosas: panadería, repostería, embutidos, mermelada, costura, cría de aves, de pollos, llevar una granja”, enumera.

Lo último que aprendió fue apicultura hace ya siete años. Y hoy es su medio de vida y su pasión. No lo cambiaría por otra profesión, pero el resto de saberes le dan tranquilidad: si vienen mal dadas podrá recurrir a cualquier otro de los oficios aprendidos. Habla por teléfono con Planeta Futuro desde la casa que comparte con su marido, esperando a que su hija de 10 años vuelva del colegio para marcharse enseguida al centro donde lidera la Asociación de Mujeres Productoras de Muyupampa (Amprom). Ésta se compone de 13 trabajadoras que han montado una suerte de cooperativa. Producen una veintena de productos procedentes de la miel: “Empezamos 125, pero poco a poco el grupo se fue reduciendo. En muchos casos, sus esposos no les permitían que continuasen trabajando, aquí hay hombres muy machistas. Otras lo dejaron porque para llegar al centro tenían que recorrer varias horas andando”.

Real es una de las protagonistas de la campaña #mujeresinvisibles de Ayuda en Acción, que intenta llamar la atención sobre la feminización de la miseria. Según cifras de la ONU, de los 1.300 millones de personas que viven en pobreza extrema, 910 millones (70%) son mujeres. La ONG le da una perspectiva optimista al dato, mostrando una serie de casos en los que ellas han conseguido salir adelante partiendo desde situaciones muy complicadas.

Real se muestra agradecida por la ayuda recibida. “Si no fuera por las oportunidades formativas que este tipo de organizaciones nos brindan, resultaría difícil dedicarse a otras labores que no fueran el campo”, reconoce. Su trabajo sigue siendo rural (ha instalado en su casa unas 40 colmenas de las que recoge cada año alrededor de 800 kilos de miel) pero se ha convertido en una persona autosuficiente que comercializa productos trabajados desde la materia prima hasta el envasado y se enorgullece de ello. “Ahora elaboramos champús, cosméticos, miel para la alimentación… Y me encanta explorar nuevas posibilidades y probar con otros artículos. Estamos planteando producir ceras depiladoras y extender el ámbito de comercialización. Nos limitamos a nuestra localidad y a supermercados de la región, pero sabemos que hay demanda de estos productos naturales y queremos llegar a exportarlos fuera de Bolivia”, asegura. Entretanto, anda en conversaciones con otra empresa para que fabrique envases exclusivos para su asociación y la distinga de la competencia.

Esa ambición que muestra con su fábrica es la misma que le llevó a moverse, a aprender y a emprender, e idéntica a la que tiene para sus hijos. El mayor, de 20 años, está estudiando en la universidad de la región para ser veterinario y la pequeña ya va por quinto de primaria. “Me gustaría que ella pudiese estudiar en el extranjero y tuviera las oportunidades de las que yo no gocé”, relata. Mientras nos atiende es precisamente su hija menor la que está llegando a casa tras un día de clase. Son alrededor de las 12.30 y su jornada laboral está a punto de empezar. No terminará hasta prácticamente la noche. Cuando regrese a la casa donde convive sin hablarse con su marido, seguirá superando dificultades. “Es una situación durísima, pero por ahora sin solución”, se resigna.

 Madrid