Para 8 personas Costo aproximado: bs 50 Tiempodepreparación: 30 minutos
Ingredientes 8 salchichas portachueleñas
4 plátanos de freír
4 huevos
4 tazas de arroz graneado
Brotes de soya al gusto 2 dientes de ajo
1 pizca de jengibre
Cebollita verde al gusto
Ajinomoto
Salsa soya
Preparación Primero. Cortar las salchichas y los plátanos en cuadritos, el ajo, el jengibre y la cebollita bien fina y reservar. Cascar los huevos, mezclar y hacer una tortilla delgada en una sartén, luego cortar la misma en tiras muy finas y reservar.
Luego. Colocar un wok con aceite a fuego fuerte hasta que esté bien caliente. Incorporar el ajo y el jengibre picado, teniendo cuidado de que no se quemen. Después agregar el plátano cortado en cuadritos y saltear, seguidamente de la salchicha, agregar el arroz y saltear a fuego fuerte, mezclar todo bien y adicionar una pizca de ajinomoto; no le agregamos sal porque la salsa soya le aporta el salado. Saltear todo muy bien y agregar la salsa soya al gusto, en este momento añadir el huevo y los brotes de soya y saltear nuevamente. Finalmente, antes de servir, agregar la cebollita verde.
Montaje. Servir en un plato hondo decorando con unos crocantes de puerro y unas cebollitas verdes para darle color.
Manjar blanco Un dulce final Un delicioso postre regional que le pone el toque dulce a las comidas. También se lo puede acompañar con un pedazo de queso fresco.
Remojar el trigo pelado noche antes. Al día siguiente lavar en varias aguas, retirando la tierra y piedrecillas.
Poner al fuego una olla con el agua. Cuando empiece a
hervir añadir las carnes de cordero, de res, el cuerillo de cerdo y el trigo.Aparte calentar el aceite en la sartén en el fuego y sofreír la cebolla con el ajo. Dejando dorar, incorporar el comino, el perejil, la achojcha, el nabo, la zanahoria, el colorante y las arvejas. Añadir este ahogado a la olla y dejar cocer. Mover continuamente para que no se pegue al fondo de la olla, hasta que las carnes estén suaves y el trigo reviente, luego incorporar las papas, las habas. Sazonar con la sal y el orégano, al final si está muy líquido añadir un poco de harina diluida en agua sin grumos. Dejar cocer las papas y retirar del fuego. Servir caliente,
En un recipiente, pele las habas, las arveja, las papas, las cebollas y los ajos.
Pele el zapallo con cuidado, elimine sus pepas y lave ligeramente; luego pique en dados pequeños y resérvelos.
Corte y lave los choclos en rodajas, y haga cocer en una olla de aluminio incorporando suficiente cantidad de agua que los cubra.
Cuando los choclos estén a medio cocer, incorpore el zapallo, sazone con sal y remueva de vez en cuando con cuchara de madera, para que no se pegue a la base de la olla. Debido a que el zapallo desprende agua es aconsejable controlar la cantidad de agua.
Ahora prepare el ahogado picado finamente en forma separada, la cebolla, el ajo y el perejil. A continuación frite en una olla, con suficiente aceite, la cebolla, hasta que esté transparente para luego añadir una cucharilla de perejil, el orégano, previamente lavado y picado fino; remueva unos minutos. Después agregue el ají colorado recién molido y por último el tomate raspado sin cáscara.
En la olla donde está cociendo el zapallo, agregue este ahogado, las papas enteras peladas y lavadas. No olvide remover de vez en cuando, hasta que la papa se encuentre cocida. El locro no debe quedar seco ni muy jugoso.
Cuando la papa se encuentre a punto de cocer, coloque las tajadas de queso, para que no se destrocen con el calor.
Se lo prepara según multitud de recetas, siendo lo único invariable su base vegetal y el procedimiento de cocción, a fuego lento durante varias horas. De acuerdo a la región se lo prepara con carne de vacuno fresca o seca (charqui)
El Majadito es un plato típico de la cultura de boliviana, sobre todo de los Departamentos de El Beni y Santa Cruz.
Vamos a conocer la receta típica del «Majao cruceño»:
Ingredientes:
– 1 libra de lonjas de charque (carne seca). – 4 huevos. – 1/4 de chorizos para freír. – 1 1/2 tazas de arroz. – 3 plátanos. – 1 libra de yuca. – 1 cebolla. – 1/2 tomate. – 1 pedazo de pimiento morrón. – 1 cucharada y media de «palillo» (cúrcuma) – 1 diente de ajo. – Sal al gusto. – Aceite.
Elaboración:
– Remojar el charque el agua tibia durante quince minutos, para quitarle la sal, luego machucar cada lonja, hasta que pueda ser desmenuzada con los dedos y tostar en un poco de aceite. Retirar cuando estén crocantes y reservar.
Moler en batán o en licuadora con poca agua los condimentos junto con las vainas de ají lavadas y despepitadas, hasta formar una salsa espesa. Reservar.
Preparar el ají, picar tres cebollas en cuadraditos y en olla freir con poco aceite caliente, una vez transparente la cebolla, añadir los condimentos recién molidos, remover unos minutos, luego vertir un litro de consomé y sal al gusto. Dejar cocer en fuego fuerte durante cinco minutos. Debe contener bastante jugo.
Hacer dar un hervor a la panza con las hojas de laurel, una cabeza de cebolla restante y una cucharilla de pimienta molida para quitarle el olor. Cortar en pequeñas lonjas delgadas. Reservar.
Hacer cocer en agua hervida y sal al gusto, las papas blancas enteras, una vez cocidas, cortar cinco papas en dados medianos y las restantes desmenuzarlas con la mano. Agregar a la olla del aji, las lonjas de panza junto con las papas picadas y las desmenuzadas; dejar cocer a fuego lento durante diez minutos para que tome gusto y el jugo se espese.
En un recipiente, previamente lavados los ingredientes de la sarza, picar la cebolla y el tomate en corte pluma, sazonar con la sal y aceite.
Servir en un plato hondo el kcasahucho, la sarza y adornar al contorno con las mitades del locoto una a cada lado del plato o con aji verde.
Es considerada un elixir preparado de la chicha y la canela, la garapiña es una bebida tradicional refrescante e infaltable en las mesas de los qhochalas. Se utiliza mucho el airampo (semilla o flor de cactu rosada) en la mezcla de este traguito refrescante para darle el color rojizo, además del coco rallado.
Al ser una bebida dulce, gracias al helado de canela que se le suele añadir, es muy preferida por la gente que lo prueba.
Son muy fáciles de hacer y ¡mira qué resultado! Estos canapés te sacan de muchos apuros cuando hay invitados sorpresa, aunque los rellenes de cualquier paté que tengas por casa sorprenderás a todos por su presentación. Estos de la foto llevan crema de salami y salmón ahumado con queso crema.
Se preparan con tortitas mexicanas de maíz. Yo suelo comprar las envasadas de Old El Paso, porque son más grandes y ahorran trabajo, pero puedes usar las de Bimbo, Hacendado… Solo tienes que ponerlas en la superficie de trabajo con la cara doradita y tostada hacia abajo, y untar o rellenar por la otra cara con la preparación que hayas elegido.
Pon una capita fina porque luego al enrollar se apelmaza un poco y además puede ‘empalagar’ con mucho relleno. Después las enrollas con cuidado apretando bien para que no queden huecos y las envuelves en film de cocina.
Las dejas en la nevera hasta la hora de servir para que cojan cuerpo y estén duras cuando las vayas a cortar. Las cortas en rodajas como de 1 cm y si quieres las puedes sellar con un palillo pero no suele hacer falta.
Aquí tienes algunas ideas para rellenos:
Paté de salami: 120 gr de salami, 6 quesitos en porciones, 3 pepinillos grandes. Todo molido en la batidora. (En la foto es el canapé de la izquierda).
Salmón o palometa ahumado y queso Philadelphia: Untamos con el queso, cubrimos con lonchas de salmón finitas y enrollamos. (En la foto es el canapé de la derecha).
Queso Philadelphia, jamón cocido y cebollino picado. Untamos el queso, espolvoreamos el cebollino y cubrimos con lonchas finas de jamón cocido o pavo. Enrollamos.
Paté y frutos secos. Untamos con paté de higaditos casero o cualquier paté de carne que nos guste, espolvoreamos con almendras o pistachos picados y enrollamos.
Cualquiera de las variedades de tapenade y anchoas.
Si los rellenos son muy húmedos no los podrás preparar con mucha antelación porque pueden humedecer la tortita y estropearlos. Prepara entonces poco antes de servirlos.
Dulce de leche repostero o cualquier otro dulce que tenga cuerpo
Baño
4 cucharadas de azúcar impalpable
Prender el horno en punto medio. En un bowl colocar la manteca pomada y mezclar con el azúcar hasta formar una crema. Agregar luego el azúcar de caña, el huevo y la esencia de vainilla . Integrar todo con cuchara de madera. En un bowl colocar todos los ingredientes secos y luego incorporarlos a la pasta que tenemos hecha tamizádolos. Si queremos que tenga crujiente las galletitas le echamos ahora una cucharada de quínoa en crudo y sino se incorporar una cucharada de quínoa previamente hervida. Esta masa no la debemos trabajar, solo incorporar todos los ingredientes y que formen una pasta homogénea. Llevamos a la heladera envuelta en un film por lo menos una hora. Retiramos y estiramos entre dos hojas de papel manteca , llevamos otra vez a la heladera por media hora más. Retiramos y cortamos con un cortante circular. Ponemos las galletitas sobre un papel enmantecado y enharinado y llevamos al horno sin que se doren demasiado. Dejamos enfriar las galletitas y las rellenamos con dulce de leche repostero o el dulce que tengamos a mano.
Formamos un glacé con azúcar impalpable y unas gotas de agua y bañamos los alfajorcitos. La consistencia debe ser cremosa tirando a líquida para que corra bien y no le quede exceso de azúcar. Dejamos secar sobre una rejilla.
Mejoran su textura si se los consume al día siguiente.
El hogar es el santuario doméstico; su ara es el fogón; su sacerdotisa y guardián natural, la mujer.
Ella, sólo ella, sabe inventar esas cosas exquisitas, que hacen de la mesa un encanto, y que dictaron a Brantôme el consejo dado a la princesa, que le preguntaba cómo haría para sujetar a su esposo al lado suyo:
-Asidlo por la boca.
Yo, ¡ay! nunca pensé en tamaña verdad.
Avida de otras regiones, arrojéme a los libros, y viví en Homero, en Plutarco, en Virgilio, y en toda esa pléyade de la antigüedad, y después en Corneille, Racine; y más tarde, aún, en Châteaubriand, Hugo, Lamartine; sin pensar que esos ínclitos genios fueron tales, porque -excepción hecha del primero- tuvieron todos, a su lado, mujeres hacendosas y abnegadas que los mimaron, y fortificaron su mente con suculentos bocados, fruto de la ciencia más conveniente a la mujer.
Mis amigas, a quienes, arrepentida, me confesaba, no admitieron mi mea culpa , sino a condición de hacerlo público en un libro.
Y, tan buenas y misericordiosas, como bellas, hanme dado para ello preciosos materiales, enriqueciéndolos más, todavía, con la gracia encantadora de su palabra.
Juana Manuela Gorriti
Pasteles
Pastel de choclo a la sucrense – Pastel de pescado – Pastel de pichones – Pastel de fréjoles (porotos) – Pastelitos de ayuno – Pastelitos de huevo a la nena.
PASTEL DE CHOCLO A LA SUCRENSE
Rállase el choclo, y muélesele muy bien, en batán o mortero. Viértasele una taza de leche, revuélvase bien, y cuélese en una tela rala, exprimiéndolo con fuerza para extraer el jugo. Vuélvase el bagazo al mortero, y muélasele otra vez, echándole también una taza de leche, y cuélesele. En este jugo de choclo, échese, cucharada a cucharada, harina de maíz blanca, o maizena, revolviendo, a medida que se echa la harina, y batiendo hasta que se haya espesado. Se le sazona con sal y un poco de azúcar, a lo más una cucharada o dos, para hacer resaltar el dulzor natural del choclo. Se derrite un gran trozo de mantequilla, y se la mezcla a la masa, revolviéndola y batiéndola, hasta que la mantequilla se haya incorporado. Si la masa ha espesado más de lo regular, añádasele un poco de leche y siempre revolviéndola, póngasela a cocer en un fuego moderado. Pruébese con frecuencia, para, por el sabor, conocer cuando esté cocida ya a punto. Entonces se la quita del fuego, se le añade mantequilla, se revuelve y se deja enfriar. Ya fría, se le mezclan cuatro yemas de huevo, y se revuelve aún para incorporarlas a la masa. El fondo de una fuente de loza resistente al calor, se unta de mantequilla y se extiende una capa de la masa de choclo. Sobre ésta se acomoda un relleno; el que se quiera; ya sea de pichones despresados, puestos en adobo y estofados; o bien con un picadillo condimentado con especias, pasas de Málaga, almendras y aceitunas. Sobre el relleno, se acomodan con simetría, rebanadas de huevos duros y aceitunas. Se cubre el relleno con otra capa de masa de choclo y se la entra al horno. Cuando la superficie del pastel haya tomado el color de un dorado subido, la cocción está hecha, y del horno debe ir a la mesa; pues mientras más caliente, este pastel es más exquisito.
Natalia R. de Dorado (Cochab)
PASTEL DE PESCADO
Se pone el pescado durante ocho horas en adobo de vinagre tinto, rodajas de cebolla, un diente de ajo molido y pimienta entera. Se entiende que esto será después de lavado y desespinado. Después se pica muy menudo, se fríe en manteca de chancho, se le mezcla pan rallado, un poco de nuez moscada, huevos duros picados y caldo en muy poca cantidad, para que no vaya a quedar claro. Todo esto se acomoda en una fuente que pueda resistir el calor de la cocción; y cubriendo el relleno con una masa de hojaldra, se entra al horno, teniendo cuidado de poner sobre la hojaldra un papel untado con mantequilla para impedir que se queme, y quitarlo cinco minutos antes de sacar el pastel del horno. Se sirve con relieves de aceitunas verdes y colitas de camarones.
Florinda Anderson (Lima)
PASTEL DE PICHONES
Pronta tengo una confección deliciosa, que con gusto he de ofrecer a la sección Postres de este interesante libro. Mas, no menos exquisita, es la que ahora le obsequio, segura de que quien la guste, ha de agradecérmela. La hojaldra es la base de esta confección, pero como no todas las cocineras conocen la manera de hacerla, necesario es enseñarla, con el minucioso cuidado que requiere esta delicada pasta. Se toma una libra de harina y se la amasa echándola de poco en poco, agua fría ligeramente saturada de sal y azúcar. Se hace una masa dura, que se ablandará sobándola con ambas manos, en una mesa. Cuando se la haya así ablandado un poco, se la mezcla, en corta cantidad, grasa de pella, y la yemas de dos huevos. Se vuelve a sobar con la grasa, y el huevo, y luego se extiende con el palote hasta que haya quedado delgada. Entonces se la unta en toda esa superficie aplanada, por medio de una pluma, o con la mano, grasa derretida; se espolvorea sobre esa grasa, harina, se dobla en dos y se vuelve a pasar el palote, y extender y adelgazar la masa, y otra vez se unta grasa y se espolvorea harina, hasta seis veces. Entonces se vuelve sobre la masa la fuente o vasija en que ha de acomodarse; se toma la medida y se corta en torno la masa con la punta de un cuchillo. Llenando la fuente se acomoda el relleno de pichones que se preparará del modo siguiente: Lavados los pichones y sus menudos, se les dará un hervor, y después de haberlos dejado enfriar se les despresa; y apartando los menudos, se ponen las presas y se las hará dar un hervor en una salsa de mantequilla, cebolla blanca picada, pimienta, un poquillo de comino; pasas de Málaga, media cucharada de vinagre, la suficiente sal y los menudos, que se acomodarán entre presa y presa, así como aceitunas y huevos duros en rebanadas. Acomodado el relleno y untado el borde de la fuente con mantequilla, se cubre con la hojaldra, y se entra al horno, después de untar la superficie de aquélla, muy ligeramente, con mantequilla, y espolvorearle azúcar.
Matilde Weigel de Puch (Buenos Aires)
PASTEL DE FREJOLES (porotos)
Este benéfico cereal, que cual el maíz para el gaucho, y la quinua para el indio, es el alimento del guaso, y casi su único sustento, regala también a la mesa del rico platos exquisitos, en puré, ensaladas, y muy particularmente en el delicado pastel, cuya confección, dedicada a COCINA ECLECTICA , es así: Se pone a remojar durante diez horas en agua fría, una libra de porotos. En seguida, se les quita cuidadosamente la película que los cubre; se les lava, se les da un hervor y se muelen en el mortero. Se les pone en un plato o fuente honda con un trozo de mantequilla, y se revuelve y bate con una cucharada de harina y una taza de leche. Se fríe en pequeños trozos, tocino fresco, que se mezcla a la masa, désele un último batido echándole dos cucharadas de aceite puro de oliva, y sazónese con sal, pimienta y un diente de ajo molido. Prepárese, untado en mantequilla, un molde adecuado, aunque sea una fuente, cuidando de que en el fondo tenga una capa gruesa de mantequilla; échese encima la masa, sobre ella una hojaldra bien delgada, y póngase al horno hasta que la hojaldra se haya dorado.
Amelia López de Soruco (Santiago-Chile)
PASTELITOS DE AYUNO
Aunque la Santidad ilustradísima de León XIII ha levantado de nuestra conciencia un terrible peso al suprimir de los Mandamientos de la Iglesia, el más difícil de observar, tiene tal fuerza el poder de la costumbre, que siempre echaremos de menos el tiempo en que, atravesando las penosas horas de laforma , aguardábamos el santo advenimiento de la colación nocturna, que, a pesar del precepto, cuyo espíritu es:-mortificación-, el buen gusto, sin quebrantarlo, sabía transformar en deliciosa cenita, compuesta de ensaladas y pastelillos delicadísimos, como el que contiene la siguiente receta: Se pelan en agua hirviendo seis docenas de almendras y después de lavadas, se muelen en el mortero. Se las pone en una taza, ya reducidas a pasta y echándoles agua tibia se cuelan en un lienzo claro, exprimiendo muy bien, a fin de extraer el jugo. Se muele todavía el bagazo, y se vuelve a colar y exprimir. La leche de almendra que de esta operación resulta se mezcla con harina, se la amasa, echándola poco a poco, a medida que se sobe, tres o cuatro cucharadas de aceite puro de oliva, bien fresco; y cuando la masa, sobada, y a la ayuda del aceite, esté blanda y flexible, se la estira con el palote, se la dobla seis veces, haciendo de ella una hojaldra, que adelgazada con el palote, se corta en cuadritos, y se les rellena con la confección que sigue: Se toman hojas de acelgas, se las lava y hace dar un hervor en agua con sal, teniendo cuidado de tapar la vasija para impedir que, al contacto del aire, la acelga se torne negra. Ya cocida, se la saca del fuego; se quitan a las hojas vástagos y fibras, y bien limpias de todo esto, se pican menudo. Se hace cocer papas sin mondar; y después de cocidas se las pela y pica muy bien, y se mezclan con las acelgas, agregándoles alverjitas verdes muy cocidas. Se condimenta con pimienta, sal, aceite y vinagre. Con todo, ya muy incorporado, se rellenan los pastelillos, que se ponen en horno muy caliente, porque su cocción debe durar poco: el tiempo de dorarse las hojaldras: diez minutos.
Agueda Alvarez (Lima)
PASTELITOS DE HUEVO A LA NENA
La picaruela sueña con ellos en el colegio los treinta días del mes. Así, también, desde que llega a la casa, y no bien recibe los besos maternos, corre a la cocina. -¿Y?- demanda con autoridad a la déspota del fogón -¡Ya! listos, frititos y ricos, para esa linda boquita -responde la vieja cocinera, que sólo para ella es sumisa y comedida, ¡qué digo! amante y aduladora. Y la chica, en las tres comidas de estas benditas doce horas de hogar, tritura la tierna pasta rellena, con una delicia que da envidia de contemplar. -Yo quisiera esta exquisita confección para el libro de nuestra amiga -le dije. -¿Por qué no la pides a Ursula? -¡Dios me libre! había de negármela esta terrible cordobesa. La nena fue a ella, y con dos besos le arrancó la receta. Hela aquí: Se hace una masa de hojaldra, y bien estirada con el palote, se la corta en cuadritos de ocho centímetros, que se van extendiendo sobre un mantel. En una sartén puesta al rescoldo vivo, se echa un trozo de mantequilla. Cuando la mantequilla, ya derretida, está bien caliente, se le quiebran encima los huevos, espolvoreándoles sal y pimienta. Desde que la clara blanquea, se toma el huevo cuidadosamente, con dos cucharas, y se le acomoda sobre el cuadrito de hojaldra, cubriéndolo con otro, después de haber echado sobre el huevo una cucharada de crema espesa de leche cruda. Los bordes, inferior y superior del pastelillo se cierran, humedeciéndolos interiormente con el dedo mojado en leche. Se fríen en grasa de chancho para el almuerzo. Mas, para servirlos en la comida, es mejor cocerlos al horno.
Guiso picante de cuy
(roedor del Valle de Cochabamba),
preparado con frito de puré de ají
colorado picante y cebollas,
acompañado de arroz blanco, chuño
cocido con huevo y queso, papa cocida, y ensalada de tomates con
cebolla.
Azúcar (la misma cantidad de la zanahoria cuando este puré)
1 clavito de olor
Pirotines
Preparación:
Hervir las zanahorias hasta que estén tiernas y hacerlas puré. Agregar la ralladura de la cascara de la naranja y pesar. Poner la preparación en cacerola de fondo grueso agregándole la misma cantidad de azúcar y el clavo de olor.
Poner al fuego revolviendo con cuchara de madera hasta que se separe del fondo. Dejar entibiar y armar los bombones por cucharaditas en una tacita que contenga azúcar, girando para que se arme una bolita. Pasar por coco rallado.
Dejar secar preferentemente de un día para el otro y rellenar los pirotines cuando estén bien secos.
Salen unos 30 bombones y todos pensarán que son bombones de naranja.
Poner al fuego una olla amplia con agua, cuando empiece a hervir incorporar el cuadril el cordero, el k’awi, la cola el nervio, la cebolla, la zanahoria y el nabo.
Dejar cocer 4 horas remplazando el caldo que se redujo. Se debe mantener los 10 litros de agua.
Añadir el arroz y la papa. Sazonar con sal.
Cuando la papa este cocida retirar de la olla, pasar a una fuente y cubrir para que no se enfríe.
Sacar las carne del caldo, cortaren
porciones, sazonar con sal y freír en aceite caliente hasta dorar.
Antes de servir retirar toda la grasa del caldo.
Servir caliente con una porción de cada variedad de carne, papas, huevo y caldo
Batir las 8 claras de huevo a nieve y las 8 yemas batidas.
Disuelva la fécula en el jugo y agregue el azúcar. Cocine a fuego lento y no deje de remover hasta que hierva. Quite la espuma de la superficie y deje que enfrie.
Mezcle las claras con las yemas y sigua batiendo, agregue el almíbar en forma de hilo con movimientos envolventes.
Vierta todo en un molde enmantecado o en ocho individuales y llevelo al horno caliente por 20 min., o cocine a baño María por media hora.
Por último deje enfriar y desmolde cuando este listo.
Pase por una batidora la pulpa y el agua, cuele la mezcla.
Hierva el agua con el azúcar para formar un almíbar. Enfríe.
Junte la mezcla con el almíbar y añada el limón. Pase por una máquina de hacer helados o llévelos al punto, de manera manual licuando unas tres veces. Mas o menos de hora en hora.
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