EJERCICIO*
Hágalo 18 veces en cada brazo, tres veces al día.»Medicina china -técnicas curativas»
Os propongo hoy 2 ejercicios para empezar a practicar el desapego, en este caso material, pero con contenido emocional (por decirlo de alguna manera).
No es sencillo, pero como todo, cuanto más lo practiquemos más fácil será, hasta que sea algo tan natural como respirar y no nos produzca ningún tipo de “ansiedad”.
PRIMER EJERCICIO: regalar aquellos objetos que son especiales para vosotros. Una prenda de ropa que nos guste mucho, un libro, ese adorno que está en la mesa al que nunca hacemos caso pero que a nadie se le ocurra decir que es un estorbo porque tiene un gran significado emocional para nosotros, cualquier cosa de la que te cueste desprenderte….regalar no desde el “monedero” si no regalar desde el corazón.
SEGUNDO EJERCICIO: aprender a aceptar de buen grado cuando alguien a quien le hacemos un regalo a su vez regala a otra persona ese regalo. O cuando a nosotros nos hacen un regalo, aunque nos encante, regalarlo a otra persona que lo necesite o también le guste ese regalo…
EJERCICIO DE VISUALIZACIÓN
El siguiente ejercicio te permite liberarte de los apegos. Debe ser repetido con regularidad, hasta asegurar que el mensaje haya penetrado, tanto en tu mente subconsciente, como en la de aquel ser que tú deseas dejar en libertad.
Siéntate cómodamente y cierra los ojos. Imagina que estás trazando alrededor tuyo un círculo de luz azul, lo suficientemente grande como para albergar tu cuerpo con los brazos extendidos. Siente que estás sentado en el centro de ese círculo. Luego visualiza otro círculo similar, que se une al tuyo formando la figura de un ocho. Dentro del segundo círculo, frente a ti, colocas a la persona de la que has escogido liberarte. Mentalmente dile que ahora te propones realizar un ritual para deshacer todos los apegos. Pide su consentimiento.
En seguida visualiza una luz azul, que cae sobre el sitio donde los dos círculos se unen, este representa el punto de neutralidad. La luz azul cae simultáneamente sobre tu compañero/a y sobre tu cabeza. Los rayos azules forman un triángulo luminoso, cuyo vértice superior los conecta a ambos con sus niveles más elevados de conciencia.
Ahora observa si existen vínculos que te atan a la otra persona. Estos aparecen simbolizados por cordones que unen dos centros de poder. Puede haber una sola atadura, o muchas. Comienza examinando el chakra de la base (dependencia económica), y recorre uno a uno todos los centros energéticos de tu cuerpo: el chakra sexual (apego sexual), el plexo solar (poder), el corazón (afecto) y la garganta (comunicación). Revisa donde aparecen estos lazos de posesión. Una vez que los has localizado, toma nota de sus características: color, textura y grado de fuerza. Lo que ves es simbólico de la relación, por lo tanto muy revelador.
Busca un instrumento apropiado para cortar, puede ser un cuchillo, tijeras, navaja o bisturí. Corta una a una todas las ataduras, haciendo el primer corte en la mitad, justo sobre el punto de neutralidad en la mitad del ocho. Luego cercenas su unión con el cuerpo, primero en la persona que está frente a ti, y después en ti mismo. Si eres diestro lleva tu mano derecha al sitio del corte, colocando la otra mano encima, para crear un campo de fuerza. Visualiza como tu compañero/a hace lo mismo. Entonces contempla cómo desde el vértice superior del triángulo desciende un rayo de luz que sana las heridas.
El mismo procedimiento se realiza para cortar cada una de las ataduras que percibiste. Luego dirígete al punto donde se unen los dos círculos y acumula allí todos los segmentos. Haz una hoguera con ellos, y entierra sus cenizas.
Ahora entras en la segunda etapa de la ceremonia: pide perdón a tu compañero/a por el dolor que tú le hayas causado, consciente, o inconscientemente. Enumera todos aquellos motivos por los cuales deseas ser perdonada. Siente que la energía del perdón borra el pasado. Luego conscientemente otorga tu perdón a ese ser. Enumera las injurias y heridas que él/ella te hayan causado. Y, en la medida en que las vas procesando, observas cómo quedan anuladas. Para completar este ejercicio ves descender un rayo de luz, desde el vértice superior del triángulo. Esa luz limpia todas las huellas de sufrimiento, que todavía no se hayan esfumado.
En seguida agradeces a tu compañero/a su presencia en tu vida y las experiencias que compartieron juntos, que fueron muy importantes para el aprendizaje mutuo. Lo miras directo a los ojos y sientes que ahora lo aceptas tal como es, que lo comprendes, valoras lo que te enseñó y afirmas que deseas dejarlo libre para que él/ella escojan su camino. Le pides que abandone la escena, y mientras lo ves partir afirmas: “Nada es mío”, nada, nadie me pertenece. Cada relación cumple un ciclo de aprendizaje, y, cuando este se completa, cada cuál debe seguir adelante sin enojo, sufrimiento, ni rechazo.
Debes completar la ceremonia de liberación con un ritual de limpieza. Te imaginas estar en un sitio donde encuentras agua muy pura, puede ser un pozo, un río, una cascada, o en el mar. Te desnudas en la orilla, penetras en el agua y sientes como la corriente, o las olas, se llevan todos los remanentes de emociones y patrones de pensamiento negativos. Cuando sientas que has quedado limpio sales a la otra orilla. Un Ser de Luz te espera sosteniendo para ti una túnica blanca impecable. Al vestirla te estarás abriendo a nuevas posibilidades que enriquecerán tu vida. Agradece a los seres de Luz que te apoyaron en la ceremonia, y te enviaron su amor y su luz. Toma tres respiraciones profundas, y gradualmente vuelve a la conciencia de tu cuerpo físico.
Es útil saber que, por el hecho de haber cortado el apego en una relación, no quiere decir que esa relación se acabará. Lo que sí realmente termina es el sufrimiento, los celos, los rencores y la posesividad, que tanto deterioran el compartir. Si es el momento de finalizar el ciclo de esa relación, entonces el compañero partirá en una forma armónica. Si la relación ha de continuar, en adelante será más libre y menos conflictiva.
Partimos por el mundo en busca de nuestros sueños e ideales. Muchas veces ponemos en lugares inaccesibles lo que está al alcance de la mano.
Fuente: Soraya Founty
No es un secreto que las frutas son un excelente alimento, el cual nos proporciona energía y que, además tienen un sabor delicioso, sin embargo, existen algunas como el coco, cuyas propiedades también nos aportan beneficios extras a nuestro organismo.
Además de nutritivo, el coco es un gran aliado en tratamientos de belleza, por lo que es común que encontremos diferentes productos como champús o cremas hechos a base de esta fruta.
Contenido nutricional
El coco lo podemos disfrutar en presentaciones tan variadas que van desde una bebida con alcohol, un atole de coco, hasta riquísimos dulces artesanales, nieves y como ingrediente secreto en platillos más elaborados.
En nuestro país encontramos esta fruta tropical a precios accesibles; además existen estados que han logrado consolidarse como productores de coco, entre ellos sobresale Veracruz, quien en la década de los 40 fue uno de los más importantes a nivel nacional, siendo Estados Unidos su el principal consumidor.
Fuente: www.de10.com.mx
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TOMAR LIMONADA COMO AGUA, TODOS LOS DIAS Y MEJOR SI LE AGREGA MEDIA CUCHARILLA DE BICARBONATO.
El Limón (Citrus limonun Risso, Citrus limon (L.) Burm., Citrus medica) es un producto milagroso para matar las células cancerosas. Es 10.000 veces más potente que la quimioterapia. ¿Por qué no estamos enterados de ello? Porque existen organizaciones interesadas en encontrar una versión sintética, que les permita obtener fabulosas utilidades.
Saiku
También el tostado de maíz p’isanqella se puede hacer en olla de barro, pero si no se tiene, se puede hacer en una sartén con tapa, porque al reventar vuelan, (como que su nombre en otros lugares es de palomitas), se puede hacer en sartén con o sin aceite.
Con aceite: poner a la sartén muy caliente, una cucharada de aceite, dejar calentar y agregar dos cucharadas de maíz p’isanqella, mezclar rápidamente y tapar para que no salten, sacudir la sartén siempre tapada, hasta que revienten todos.
El maíz p’isanqella se diferencia de los otros, porque el final de cada grano termina en punta espinosa.
Nuestras Comidas
Jordán de, Nelly
Edición privada. 8ª Edición, La Paz. Bolivia. 1994
TRUCHA DEL LAGO A LA CREMAIngredientes:
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PREPARACION:
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PUBLICADO POR JAVI RECETAS
Leche Frita. Hoy vamos a ver como hacer una leche frita casera, que es un postre que me recuerda mucho a las torrijas de toda la vida, con su azúcar y su canela!!
Hay muchas receta que añaden huevo a la leche frita (y aromatizan con vainilla en vez de con canela y limón) y aunque tu también puedes hacerlo a mi me recuerda demasiado a la crema pastelera y prefiero hacerlo como en esta receta.
También puedes preparar la receta con harina de trigo en vez de con maicena (fécula de maíz o harina fina de maíz), o usar un poco de ambas. Pero yo prefiero usar solo maicena, como mi amigo Juan Ramón (De la Vista al Paladar), y así la receta es100% apta para celíacos y alérgicos al gluten.
No dejes de leer los consejos del final sobre esta receta y a la cocina!!!
Ingredientes para hacer Leche Frita (para 4 personas):
Receta para hacer Leche Frita(para cuatro personas):
1º) Pon la mitad de la leche en una olla con la canela en rama y la cáscara de limón. Guarda el resto de la leche en el frigorífico. Pon a fuego medio alto y deja que vaya alcanzando temperatura hasta que esté casi a punto de hervir. Entonces aparta la olla y apaga el fuego. Fuera del fuego tapa la olla (con una tapa o con un plato grande) y deja que la leche se infusiones con la canela y el limón durante 20 minutos.

2º)Cuando hayan pasado esos 20 minutos retira la canela en rama y el limón. Pasa la mezcla a través de un colador a otra olla limpia, añade el azúcar,pon a fuego medio-bajo y mezcla bien. Saca la leche que teníamos en el frigorífico (la mitad que nos quedaba) y disuelve en ella la maicena (fécula de maíz). Cuando esté bien disuelta añádela a la olla con la leche caliente.

3º) Ahora con unas varillas vamos removiendo la mezcla continuamente a fuego medio-bajo hasta que espese. Si subes el fuego espesará muy rápidamente pero la leche frita tendrá demasiado sabor a harina. Lo mejor es poner la olla a fuego medio-bajo y dejar que la harina se vaya cociendo poco a poco y que vaya perdiendo su sabor a crudo. Además al estar a fuego lento se te pegará menos al fondo y tendrás que vigilar un poco menos. Tardarás más en espesar la leche frita pero después lo agradecerás.

4º) Dependiendo de la temperatura del fuego espesar la leche te llevará entre 20 y 40 minutos (mejor más que menos). Para saber cuando la leche frita está en su punto vuelca la olla hacia un lado y empuja toda la leche hacia ese mismo lado. Luego pon la olla en horizontal y fíjate en como se desplaza la leche. Si no se mueve o se mueve muy poco la leche estará lista, si rápidamente vuelve a cubrir todo el fondo deja más tiempo al fuego.

5º) Cuando la leche haya espesado lo suficiente coge un molde y para que no se pegue úntalo con un poco de aceite de girasol (no notarás el sabor y se desmoldará muy bien) mojando una servilleta de papel. Luego vierte la mezcla en el molde y deja que se enfríe dentro de él. Después tapa y al frigoríficohasta que la mezcla haya cuajado completamente (se pone como una gelatina). Pueden pasar entre 2 y 4 horas antes de que cuaje y cuanto más tiempo esté en el frío más dura se pondrá.

6º) Corta en porciones la leche frita ya cuajada y pásala primero por harina y luego por huevo batido. Después fríe los trozos de leche frita rebozada en aceite bien caliente durante 1 minuto más o menos (hasta que la veas dorada por ambos lados).

7º) Luego saca del aceite y pon la leche frita en un plato con papel de cocinapara que absorba el exceso de humedad. Después en otro plato mezclamos elazúcar que teníamos reservado (las dos cucharadas) con la canela en polvo(no añadas mucha o matarás todos los sabores) y vamos pasando los trozos de leche frita para que se rebocen bien en la mezcla. Y listo … fuera de la cocina y a comer!! Calientes están más ricas!!!

A comer:
Con esta receta salen 4 buenas porciones de leche frita, pero ya que te pones con la receta quizás te convenga doblar las cantidades y así tienes para más días. Si preparas leche frita de más guárdala en el frigorífico bien tapada y por supuesto sin pasar por el huevo ni harina (ésto hazlo siempre justo antes de freír la leche frita).
Es importante cambiar de olla para que la poca leche que se haya podido “agarrar” (pegar) al fondo e la olla no provoque que luego la leche frita se esté pegando constantemente mientras cueces la harina.
Es importante que estés atento al momento en el que la leche va a comenzar a hervir para apartar del fuego antes de que hierva. La razón es que cuando la leche hierve cambia su sabor y a mi no me gusta. Por eso es mejor quitar del fuego justo antes y así la leche (y la leche frita) mantendrán un sabor mucho más fresco.
Recuerda que la maicena no se disuelve bien en líquidos calientes y suele formar grumos. Por eso es importante reservar una parte de la leche fría para disolver la maicena sin problemas.
Puedes usar el molde que prefieras para la leche frita, lo normal es usar uno cuadrado y no demasiado grande para que la leche tenga al menos 1 dedo de alto. Pero es cuestión de gustos ![]()
Espero que les guste la receta y que disfruten en la mesa con este rico postre. Un saludo desde mi cocina.
PD: Fotografías originales de Javi Recetas, si quieres usar estas imágenes lee las condiciones de la licencia
Elija habas grandes maduras que tengan la vena negra, pélelas, ábralas. Ponga en una sartén aceite y fríalas hasta que se doren. Saque y ponga sal encima. Si son habas tostadas haga dar un hervor, pele y fría como las frescas.
Nuestras Comidas
Jordán de, Nelly
Edición privada. 8ª Edición, La Paz. Bolivia. 1994
El Tambaqui o Pacu Rojo es un pez amazónico grande de la familia del Pacu cuya carne es muy apreciado en Pando. Este y el Pacu Blanco son considerados los peces de agua dulce con mejor sabor
Para un Tambaqui de 5 a 6 kilos aproximadamente, se retiran las escamas, las agallas, tripas y la hiel. Luego se corta en pedazos pequeños, se le agrega sal al gusto y se coloca en la brasa hasta que adquiera un color dorado y la textura deseada. Se acompaña con yuca, chipilos y caldo de cabeza del Tambaqui

30 chefs y artesanos ofrecerán platillos sin carne.
Página Siete / La Paz
Las dulces empanadas simbolizan las llagas de Cristo; los biscochuelos, su urna, y las coronas de pan, las espinas que torturaron al Señor. Estos postres se presentarán, junto a 12 platos sin carne, en la primera Feria Gastronómica de Semana Santa, que se realizará mañana en la plaza Camacho.
«Los platos de Semana Santa son 12 porque representan las estaciones del Vía Crucis. Antes, los vecinos nos repartíamos y reuníamos los 12 porque para una familia solita es difícil, por eso hacemos esta feria”, cuenta María Eugenia Ávila, representante de la Asociación de Artesanos Productores de Panificación (Apiaria), una de las que ofrecerá mañana sus manjares.
Con más de 30 años de experiencia, doña María Eugenia se enorgullece de sus especialidades: el arroz con leche con mazamorra y la dulce empanada. «Es un maicillo especial con dulce de durazno, que nos recuerda las llagas de Cristo”, reitera.
Pero no hay que empezar por el postre. Mañana, en la feria, una treintena de expositores presentaran los 12 platos típicos de Semana Santa y algunas innovaciones sin carne, como el chicharrón de quinua, que podría ocupar el puesto 13 en el festín.
«El templo de San Sebastián aún celebra con la presencia de un preste del Santo Sepulcro, quien ofrece los 12 platos a los invitados, rematando con una variedad de masitas dulces, como el suche, galletas, frutas y acompañando con vino, refresco, como el moqonchinchi, compota y otros. Participar de esta mesa era un verdadero festín, que dejaba saciado el hambre hasta caer en la gula”, señaló ayer Gabriel Fernández, secretario municipal de Culturas interino, durante la presentación de la feria.
El menú obligado de Cuaresma incluye: ají de papalisa, carbonada de zapallo, cochayuyo (algas del lago Titicaca), quesohumacha, ají de arveja, papas a la huancaína, ispi con mote y chuño, sopa de camarones, trucha frita, pejerrey, wallaqe (sopa de pescado), arroz con leche y compota de frutas (durazno).
Éstos se servirán en la feria gastronómica, que incluirá además una amplia variedad de masitas. «No puede faltar la tradicional empanada de lacayote, que también se llama blanqueadita; los maicillos y los canelones de dulce, que simbolizan los rizos de Cristo”, explica Sonia Chuquimia, de la Asociación Apiara.
«También están los suspiros, que significan justamente eso, el último dulce suspiro de Jesús”, cuenta Jimena Sánchez, repostera desde que era niña. «Mi especialidad es el queso, yo hago empanaditas, rollitos, todo con queso”, dice . Y haciendo honor a su reputación, en la feria de los 12 platos preparará también la quesohumacha, en muestra gastronómica que comenzará a las 10:00 y terminará cuando «se acabe el último plato”.
La Razón / Gemma Candela
Huelen? Es la uva madura, el elixir de los dioses”, dice Francisco Roig mientras pasea por un camino de tierra rojiza junto a su amigo y socio Peregrín Ortiz. Allí crecen 16 mil plantas de vid. Caminan por su viñedo de seis hectáreas en Samaipata, al que bautizaron Uvairenda. El olor dulzón que impregna el aire viene de la variedad Cabernet saugvignon, que está en su punto de maduración.
Entre las hileras de una de las parcelas del campo, la número cinco, asoma de vez en cuando alguna que otra cabeza cubierta con gorra o sombrero, que luego desaparece, camuflándose entre las telas blancas que cubren las parras. Ahí, medio agachados, están los trabajadores realizando la vendimia samaipateña. Tijera en mano, van racimo por racimo, cortando y colocando los pequeños frutos morados en cajas de plástico blanco. Acaba de comenzar marzo y es el momento de la vendimia de esa variedad de uva, la última del año.
Los dueños del viñedo caminan en dirección a la bodega, un edificio de dos plantas levantado con ladrillo, piedra laja, cristal y tejas. Ahí se “fabrica” y se deja fermentar el vino. “La mayoría de las bodegas son galpones industriales climatizados, pero si ustedes miran el paisaje, con tantas casas coloniales, sería un crimen poner un galpón en un lugar tan idílico como Samaipata. Lo que decidimos hacer fue rendir homenaje a la arquitectura tradicional”.
En la puerta trasera se acumulan las cajas que traen los jornaleros, cargadas al hombro, por los empinados senderos entre las hileras de uvas. El ingeniero enólogo Rodrigo Aguilar y la ingeniera química María Eldi, ataviados con sus batas blancas, se encargan de pesarlas para, luego, transformar su contenido en vino.
Primero, vuelcan las uvas en la máquina despalilladora: ésta separa por un lado el escobajo (que luego se usa para hacer abono) y la pulpa y la semilla caen a través de un tubo, convertidas en una especie de crema acuosa de color morado, a un tanque que puede ser de acero inoxidable o de PVC no degradable. Y ahí se queda, realizando la fermentación alcohólica (que dura entre cinco y diez días). Éste es el llamado vino de gota, de mayor cuerpo.
El fondo sólido que queda en el tanque se pasa luego a la prensa tradicional de roble: de ahí, sale el vino de prensa. Cada uno sigue un proceso diferente hasta llegar a la copa del consumidor.
Luego viene otra fermentación, la maloláctica, en la que el ácido málico (que está en la pulpa de la fruta) se convierte en ácido láctico. Esto, explica Ortiz, le aporta un gusto similar al de la mantequilla que queda en el paladar. “Le da cierta redondez para que la acidez no se sienta tan agresiva en la boca”.
Tras varias semanas de fermentación, el vino se limpia de partículas sólidas con gelatina o clara de huevo. Por último, el líquido pasa por una filtradora, se embotella y, con la encorchadora manual, se le coloca el tapón, la cápsula de PVC que la recubre y se etiqueta.
Este trabajo es, casi siempre, realizado por mujeres de la zona, que suelen ser empleadas a media jornada durante el curso escolar, para que puedan tener una actividad económica y, al mismo tiempo, estar con sus hijos.
Uvairenda es el nombre de la bodega, una mezcla de castellano y guaraní que significa “el lugar de la uva”. Los vinos han sido bautizados con la cifra 1750, que no hace referencia al año de fundación del viñedo, pues estos dos socios no vienen de familias con tradición vinícola: es la altura media a la que se encuentran sus campos de vid. Y ellos, dicen, no son bodegueros con tradición, sino unos “locos” del vino.
Los valles cruceños fueron, junto con los campos de Tarija, tierras vinícolas que proveían a los centros religiosos de la colonia y, también, a la clase pudiente de las ciudades mineras. En general, no podía faltar el líquido alcohólico en el virreinato del Perú. Durante la segunda mitad del siglo XVI, el virrey Francisco de Toledo promulgó la siguiente ordenanza: “Que en cada tambo haya un español ó cacique ó otro indio que tenga posibilidad, y que éstos se encarguen de los dichos tambos, y de tener en ellos mantenimientos y provisiones necesarias para los caminantes, y sus cabalgaduras y de pan, vino, maíz, carne y leña, yerba y agua” (sic).
Samaipata se encuentra en la zona de producción de uva de Sudamérica, por debajo del Codo de los Andes (donde la cordillera occidental cambia de rumbo), que separa los bosques amazónicos de las planicies subtropicales chaqueñas y que se encuentra a la altura del municipio de Buena Vista (que es parte de la gran área cafetera del continente). Hoy, todavía se ven, al lado de la carretera hacia Samaipata, viñedos antiguos de cepas retorcidas, algunas originarias de Alejandría. Y, los porches de las casas están hechos de parrales. “Es el estilo tradicional, a lo español”, coinciden Roig y Ruiz.
Una vez instaurada la República, en el siglo XIX, ya no quedó quién velara por los cultivos de vid, explica Roig. Algunas familias mantuvieron pequeños viñedos para consumo propio, hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando inmigrantes (croatas, libaneses…) comenzaron a rescatar esta actividad en los valles cruceños.
Ruiz y Roig también retomaron el cultivo de la uva en Samaipata hace una década. “No somos los primeros en plantar uva, somos ‘renacentistas’”, dicen. Amigos desde los cinco años y amantes del vino, se les ocurrió tener su propio viñedo para producir zumo de uva fermentado, de calidad y a pequeña escala. Aunque, para hacer honor a la verdad, también tuvo que ver en esta historia la esposa de Roig. Él emigró a Estados Unidos a los 17 años para aprender inglés. “Hice mi vida allí y me enamoré de una francesa. Y, por una mujer, se hace todo, hasta vino”, comenta. En el país norteamericano estudió primero Economía y, después, Enología en la Universidad de California en Davis. Y retornó a su tierra, Santa Cruz, con su pareja y con la idea de plantar sus cepas. Pero ninguno tenía tradición familiar vinícola (ni siquiera Roig, hijo de tarijeño y nieto de catalán, ambas tierras productoras de vino), por lo que no habían heredado ningún terreno con vid.
Los dos amigos comenzaron a investigar cuáles eran las zonas aptas (tanto por el tipo de tierra como por tradición) para plantar uva en Bolivia.
Tras descartar varios lugares, quedaron tres localizaciones en su lista: el Valle de la Concepción, en Tarija, y Vallegrande y Samaipata, en Santa Cruz. Finalmente, se decantaron por la última porque, dicen, está en la región con mayor potencial vinícola del país y con condiciones climatológicas perfectas: tiene temporalidad estacional y, además, el lugar se encuentra a una relativa altura. Así, la uva, crece menos que al nivel del mar pero concentra el sabor en pequeños granos, así como los taninos y otras sustancias químicas antioxidantes.
Los dos socios adquirieron un terreno de una hectárea y plantaron en él un centenar de plantas de diferentes variedades de uva tarijeña. Ése fue su viñedo experimental: con él supieron qué especies serían las apropiadas para cultivar en la zona. Era el año 2004. Tres años más tarde, Roig y Ortiz ya tenían cinco hectáreas ubicadas en la ladera de una loma en dirección al oeste, de tierra pedregosa y rica en minerales, y en estado de erosión. Ahí establecieron sus viñedos, en terrazas, con riego por goteo que utiliza agua de lluvia acumulada.
Hoy, siguen teniendo viñedos experimentales. De lo que sale de esos terrenos, sólo lo prueban los dueños, los trabajadores y los allegados. Lo mismo sucedió con las primeras cosechas: tuvieron dos de prueba y se lanzaron al mercado. La primera, la de 2010, dio 1.200 botellas. El año pasado, ya fueron 6.000. Este año se espera llegar a las 10 mil.
Uvairenda produce vino boutique: viene de un viñedo pequeño y se realiza de forma tradicional. Hay 1750 tinto (de las variedades Cabernet saugvignon, Syrah y Tanat) blanco (de la cepa española Torrontés y de las francesas Chardonnay y Saugvignon blanc) y rosado (que se obtiene de la syrah). El 50% de las cepas de Uvairenda son de la Cabernet sauvignon. Al ser tinto, el proceso de elaboración dura entre seis y ocho meses; los blancos necesitan de tres a cuatro.
También hay cultivados alrededor de 250 olivos que por ahora apenas producen aceituna (son muy jóvenes) y 300 árboles frutales para que se alimenten las aves del entorno. “Así le aportamos algo a la naturaleza”, explica Roig.
Para los amantes del mundo del vino, y para todos aquellos que quieran conocer más de esta industria creciente, Uvairenda ofrece tours por el viñedo o, lo que es lo mismo, han sumado a Samaipata la oferta del enoturismo o turismo enológico.
Esta experiencia es como tomar vino: el visitante puede ver (los viñedos y la producción), oler (la uva y el zumo que sale de ella) y, por supuesto, probar.
Ésa es al última parte de la visita: en la terraza, con las vistas del verde valle y los tejados del pueblo de fondo, el guía (que puede ser la persona contratada para ello, los mismos dueños o los ingenieros; se puede concertar una visita cualquier día del año) lleva a los visitantes ante una mesa con aceitunas, queso y embutidos samaipateños, y, por supuesto, 1750 de diferentes tipos.
Roig sirve los caldos en copas con adornos hechos mediante la técnica del arenado manual. “Tenemos 150 diseños diferentes, que los hace un artesano del pueblo, un español afincado aquí”, explica Ortiz. “Primero, hay que tomar el vino y mirarlo, ver la lágrima que deja en la copa.
Cuanta más lágrima, más alcohol tiene”, guía Roig. Después, hay que introducir sin miedo la nariz, todo lo que se pueda, en la copa. Ahí ya se pueden sentir los aromas de ciertas especias, etc… que sólo un experto o un nacido con un olfato muy desarrollado pueden percibir. Y, luego, llega el momento más esperado: la cata.
Para cambiar de vino, hay que echar agua en la copa, limpiarla, y servirse el siguiente. Al terminar, el visitante se lleva la copa de recuerdo.Al llegar al pueblo, de casas bajas y puertas de cuatro hojas, uno puede comprar botellas de 1750 en la tienda de la esquina o pedirlo en varios de sus restaurantes. También puede buscarlo en algunos grandes supermercados de Santa Cruz. Pero hay que tener en cuenta la diferencia de precios, que llegan a oscilar entre los 86 y los 250 bolivianos.
Uno de los primeros lugares que incluyó el 1750 en su carta fue el restaurante Jardín de Asia del Hotel Los Tajibos. En ese hotel se alojaba una eminencia de la vitivinicultura, el chileno Philippo Pszczólkowski. Y los dos amigos, sin vacilar, le llamaron para que probara sus vinos. El experto no les puso ninguna objeción, salvo que los recibiría en el restaurante del hotel. Pero… no se puede entrar con alcohol. Así que Ortiz y Roig tuvieron que convencer a los trabajadores del local, que no veían con buenos ojos que entraran con seis botellas de vino, de que no iban a atentar contra los vinos del lugar. Y, cuando escucharon cómo el experto alababa el 1750, los encargados se apresuraron en pedir a los dueños de Uvairenda que les abastecieran con sus botellas.
“Queremos ser la joya de la vitivinicultura nacional”, aspiran los socios. Están centrados en la calidad más que en la cantidad, pero ya han establecido alianzas con vecinos de la zona para darles asesoramiento gratuito durante tres años y, así, aumentar hasta 16 las hectáreas de vid.
De momento, no es fácil conseguir este vino fuera de Santa Cruz, pero ya tienen potenciales clientes en el extranjero. “Para nosotros, primero es la gente del pueblo. Luego, la de Santa Cruz, el resto del país y, finalmente, el extranjero”, explica Roig. “Queremos representar a Bolivia, que se conozca lo bueno que tenemos aquí”.
Cómo llegar
Transporte: Buses, desde la terminal de Santa Cruz, de la Av. Omar Chávez esq. Soliz de Olguín y de la Av. Grigotá esq. Arumá.
Hospedaje: Existe una amplia oferta de tipos de alojamiento (cabaña, hotel, etc.) cuyos precios oscilan entre los Bs 20 y más de Bs 400.
Hay dos tours: básico (visita al viñedo e historia, Bs 50) y completo (con degustación, Bs 100). Inf:75026648.
» …. Nosotros mismos. Todos los elementos de nuestro cuerpo y del planeta estuvieron en las entrañas de una estrella. …Somos polvo de estrellas.»