Mercado Central En Tarija, al contrario de otras ciudades, los mejores sitios para comer se encuentran en el mercado, el cual es inmaculadamente limpio. Ubicado en pleno centro de la ciudad. Donde se puede saborear los riquísimos platos típicos como el saice, ranga ranga, chancao y picantes.Otra sección ofrece repostería criolla donde se destaca el sabroso pan casero, así como las sopaipillas bañadas en miel de caña o de abeja. También se encuentra una variedad de mermeladas de elaboración casera. Especial mención merece la sección de frutas, con una alegre variedad de sabores y colores. De acuerdo a la temporada, se puede disfrutar de uva negra y uva blanca, durazno, higo, nuez, ciruelo, pera, damasco, membrillo, albarillo, frutilla, grosella, manzana, sandia, pomelos, melones, papayas, naranja, lima y mandarina.En la segunda planta se encuentran todo tipo de flores, en un despliegue de colores deslumbrante, con bellas rosas, margaritas, ilusiones, clavelinos, claveles, cartuchos y siempre-vivas. En tercer piso podrán adquirir todo tipo de artículos de artesanía regional.
SaiceEs el plato más representativo de la culinaria tarijeña. Elaborado a base de carne picada, papa, arveja, cebolla, condimentos y ají colorado. Esta preparación se la acompaña con arroz y sarsa (ensalada de tomate y cebolla).
Ranga RangaEs el plato más representativo de la culinaria tarijeña. Elaborado a base de panza o libro de res picada, papa, cebolla, condimentos y ají amarillo. Esta preparación se la acompaña con sarsa (ensalada de tomate y cebolla).Arvejada Es un plato muy especial esta hecho de arvejas, papas fritas, cebolla, condimentos, huevo, esto va acompañado con arroz y con sarsa (ensalada de tomate y cebolla).
Chancao de gallina
Este es un tradicional plato que esta preparado con pollo, papa, ají amarillo, arvejas, tomate, cebolla, esto va acompañado con sarsa (ensalada de tomate y cebolla).Picante de pata Esta hecho de pata de vaca cocida, papa, arvejas, cebolla grande, ají colorado, pimentón molido, condimentos, servir acompañado con arroz graneado
Empanadas blanqueadas
La masa está hecha de harina de trigo, huevos y anís. Rellenas con dulce de lacayote y cubiertas con una capa de blanqueado de huevo (clara de huevo batida con azúcar). Se las encuentra en la plazuela San Roque y el mercado Central.
Entre las bebidas están:
La chichas de maíz
La chichas de maní
Guindado
La cerveza
RECETAS
Saice chapaco (10 personas)
INGREDIENTES
Para hacer el chorizo:
• 1 kilo de carne molida o picada
• 2 kilos de papa
• 1 taza de arvejas picadas
• 2 cucharas de ají colorado molido y frito
• ¼ litro de aceite
• 2 cucharas de perejil picado
• 1 cuchara de pimentón molido
• 1 cebolla grande
• 2 vasos de chicha
• 1 cucharilla de orégano seco
• Comino pimienta y sal a gusto
PREPARACION
•Picar la cebolla o licuarla en un poco de agua.
•Calentar un poco de aceite y allí echar el ají y demás condimentos, mover y añadir la carne .dejar cocer hasta que suelte su jugo, echar luego la chicha y si hace falta agregar una taza de agua.
•Después de 10 minutos de cocción, añadir las papas y arvejas cocidas previamente. Mezclar bien y servir acompañado de chuño, arroz graneado y ensalada de cebolla y tomate
Hojarascas fritas
INGREDIENTES
Para hacer el chorizo:
•1 taza de harina
•1 cuchara de manteca
•½ taza de agua con sal
PREPARACION
•Mezclar bien la harina, manteca y agua con sal.
•Formar una masa suave.
•Cortar en medallones del tamaño deseado.
•Pinchar con tenedor y freír en aceite caliente.
•Una vez fritos, rellenarlos de a dos con dulce de leche.
Chancao de gallina (6 personas)
INGREDIENTES
Para hacer el chorizo:
• 1 gallina o pollo gordo
• 2 kilos de papa
• 1cuchara de ají amarillo molido
• 1cucharilla de palillo molido
• 2 cubitos de sopa de gallina
• 1 cuchara de pimentón molido
• 1 cebolla grande
• 1 ramito de perejil y apio
• Sal a gusto
PREPARACION
•Hacer cocer el pollo con sal, cebolla, perejil, apio, tomate, pimentón y los cubitos de sopa.
•Una vez cocido el pollo, despresarlo.
•Pelar las papas y hacerlas cocer evitando que queden desechas.
•Calentar un poco de aceite, añadir el ají y el palillo; rehogar rápidamente y luego agregar 3 o 4 tazas de sopa en que ha hervido el pollo, dejar cocer unos minutos.
•En una olla mediana, poner las papas, las presas de pollo y añadir el ají con la sopa; mezclar bien.
•Servir caliente, en plato hondo, poner dos presas y papas; bañar con bastante sopa y encima decorar con cebolla cortada al hilo y tomate picado.
Ha empezado en Bolivia la cuenta atrás para el fin de la Coca-Cola, por lo menos de su consumo en el país, fijado para el 21 de diciembre de 2012. La decisión “estará en sintonía con el fin del calendario maya y será parte de los festejos para celebrar el fin del capitalismo y el comienzo de la cultura de la vida”, según ha citado el ministro de Asuntos Exteriores, David Choquehuanca.
La declaración del canciller boliviano, ideólogo de la cosmovisión aymara –que intenta imprimir en el pensamiento del Gobierno–, ha tenido como escenario el poblado religioso de Copacabana junto a un santuario y un observatorio astronómico pre-hispánico a orillas del Lago Titicaca, propicio para hablar de un cambio de época: el fin de un periodo y el comienzo de otro de buen augurio en línea con las profecías mayas y la serie de películas relacionadas con un probable y temido fin del mundo.
«El 21 de diciembre de 2012 es el fin del egoísmo, de la división, el 21 de diciembre tiene que ser el fin de la Coca-Cola, y el comienzo del mocochinche (refresco de durazno). Los planetas se alinean después de 26.000 años», ha dicho el canciller para afirmar que se trata de una fecha de gran importancia para el planeta.
Choquehuanca, que acompañó al presidente Evo Morales a inaugurar obras de un aeropuerto en Copacabana para incentivar el turismo, ha recordado que, con el fin del calendario maya “tiene que terminar lamacha; estamos en la macha, la oscuridad. Es el fin del odio y el comienzo del amor, es el fin del capitalismo y es el comienzo de laPacha, del amor, del comunitarismo”, al referirse a una forma de cooperación fraterna que se habitúa entre los indígenas altiplánicos para la siembra, la cosecha y trabajos de beneficio colectivo.
La grave amenaza que se cierne sobre los adictos a la Coca-Cola ha llevado ya a hacer cálculos sobre los costos del doloroso cambio; pero la popular bebida bandera del capitalismo tiene ventajas a la hora de los precios. Una botella de dos litros vale un equivalente a 65 centavos de euro. En cambio, la misma cantidad de melocotón deshidratado hervido alcanza a un euro y 20 centavos.
Por si fuera poco, el “trago largo” más requerido en este país es el “Cuba Libre” a base de un ron anejo del Caribe con hielo y mucha Coca-Cola que, probablemente, no quedaría igual si se reemplaza con moccochinche o con agüita de wilcaparu, un maíz morado que hervido y con leche se destina a la crianza de los lactantes.
La Cancillería ha señalado que el fin de la Coca-Cola ha sido más bien un simbolismo utilizado por el ministro Choquehuanca para destacar la terminación de una era, como señala el calendario maya.
De todos modos, para el 21 de diciembre se ha programado una gran reunión de indígenas de los cinco continentes que tendrá como escenario la Isla del Sol, en el lado boliviano del Titicaca donde, según cuenta la leyenda, aparecieron Manco Kapac y Mama Ocllo que, más tarde, desde Macchu Pichu, organizaron el imperio de los Incas.
Entretanto, en Cochabamba y La Paz circulan ya botellas de refresco de cola a base de hoja de coca, cafeína y agua carbonatada, y otras más internacionales como la Coca-Energy, que tienen el propósito de ganar mercados y desbancar a la bebida que es bandera del capitalismo.
Evo Morales durante un acto de apoyo a Hugo Chávez el 24 de julio. / AIZAR RALDES (AFP)
La quinua, la papa, el ají, el maíz y el haba fueron nombrados ayer como embajadores de la gastronomía boliviana, en el marco de la presentación del Primer Encuentro Gastronómico Boliviano “Tambo”
El Comité Directivo del Proyecto de Revalorización del Patrimonio Alimentario Regional “Tejiendo el Movimiento Gastronómico Boliviano” presentó uno a uno los productos en un acto realizado en la Casa Goitia.
Tras resaltar su importancia en la gastronomía nacional, Ivonne Prado, vocera del comité, indicó que “cada uno de estos productos representa un pilar en la cocina boliviana” y que gran parte de los platos típicos incluye alguno de ellos.
Reconoce que hay muchos más productos que merecen ser embajadores de la gastronomía nacional, pero que éstos se irán incluyendo conforme se revalorice la cocina boliviana y ésta “recupere el autoestima que ha perdido con los años”.
Los primeros cocineros
En el acto de ayer también se realizó la primera graduación de la escuela de la Fundación Melting Pot.
Los recién graduados lucían nerviosos mientras la ceremonia avanzaba y se acercaba la hora de mostrar el queso humacha que habían preparado.
Johnny Sandóval siempre soñó con ser cocinero y cuando la oportunidad se le presentó se aferró a ella: “Ha sido un camino duro, pero ha valido la pena”.
Antes de estudiar gastronomía, el joven trabajó como albañil. Un día se benefició con una beca de la Fundación Ichuri para estudiar cocina. Johnny se apuntó y debido a su buen desempeño fue elegido para recibir capacitación en la Escuela de Comida de La Paz, impulsada por Melting Pot, fundación del danés Claus Meyer, considerado el mejor chef del mundo.
En febrero, Meyer visitó La Paz y degustó varios platillos en mercados de la ciudad. Su llegada oficializó el proyecto gastronómico, que busca revalorizar la cocina nacional.
Johnny habla de comida con pasión. “Si hablamos de ella incluimos las sensaciones, los aromas y colores de los ingredientes”.
Cuando Sara Yujra cocina, cuida cada ingrediente. “Sólo de esa manera puedo estar segura de que la comida me quedará rica”, dice la aspirante a chef.
Las variedades de los productos nativos
Según investigaciones de la Universidad Católica Boliviana, el país posee cerca de 1.400 variedades de papa de las 13.000 existentes en el mundo; de éstas se cultivan extensivamente 500.
Respecto a la quinua, se cultivan dos variedades de 30 existentes: la real y la dulce, ambas nativas de Potosí.
Además, existen siete clases de maíz con decenas de especies diferenciadas según su origen y el uso que se le da a sus granos.
El ají tiene cerca de 300 tipos, de los cuales se cultiva una veintena de diferentes propiedades y grado de picante.
El haba sólo cuenta con tres variedades en Bolivia.
Michelangelo Cestari y Kamilla Seidler, chefs del restaurante Gustu, en La Paz, Bolivia.
Los caballos no aguantaban. Algunos directamente morían por falta de oxígeno. Porque transportar plata por senderos de alturas escalofriantes tampoco es tarea que soporte todo animal. Sin embargo las llamas sí. Así que a ellas recurrieron los conquistadores españoles para trasladar su botín de las minas bolivianas de Potosí a La Paz. Y de ellas también tira el restaurante Gustu, siglos después y con objetivos distintos. Riqueza, sí, pero del paladar. El centro abierto por el cofundador de Noma Claus Meyer en La Paz hace nueve meses respeta la regla del kilómetro 0 a rajatabla: solo productos bolivianos crecidos a su alrededor. Como, precisamente, las llamas.
Su carne y su leche, en concreto, son algunas de las especialidades que sirven a 3.700 metros de altura la danesa Kamilla Seidler y el venezolano Michelangelo Cestari, los dos jóvenes chefs que Meyer puso al frente de su última perla. Con un objetivo: cocina creativa a partir de lo boliviano de toda la vida. Aunque la recién terminada XII edición del congreso gastronómicoMadrid Fusión ha dejado claro que la misión de Gustu tiene aliados por todo el eje andino. “Nos separan fronteras políticas, pero tenemos la misma tierra, el mismo lenguaje, los mismos pensamientos”, aclara Virgilio Martínez, dueño y cocinero de Central, en Lima, el 4º mejor restaurante de América Latina según la última lista de la revista Restaurant.
Ninguno de los cocineros, para empezar, supera los 36 años. Todos usan únicamente lo que produce su tierra y mantienen estrechas relaciones con pequeñas comunidades recolectoras y productores autóctonos. Hasta trabajan con biólogos y antropólogos. El reto es llevar a la mesa el sabor del país. “Conocemos los animales que te vamos a dar. Quiero saber qué gente corta del suelo la comida que servimos”, añade Rodolfo Guzmán, 36 años y los últimos siete al frente de Boragó, en Santiago de Chile (octavo en la lista de Restaurant).
Así, ante el cliente de Central pueden aparecer papas liofilizadas recogidas a 4.800 metros en Perú. Y en Boragó se sirve un plato que sigue durante un año la evolución del árbol chileno peumo. Son muchas, al fin y al cabo, las historias que narran las exquisiteces de estos restaurantes. Hay productos que proceden de la selva fría chilena, un “parque jurásico donde hay frutos que desaparecen y vuelven al cabo de cinco años”, destaca Guzmán. Y Martínez viaja dos veces al mes a los Andes para volver “cargado” de nuevos hechizos para los paladares ajenos.
Con esta receta, y unos menús que oscilan entre los 50 y los 130 dólares (37 y 100 euros), han acabado por cocinar un éxito mundial. De momento, cuentan con reservas para más de un mes y mezclan público nacional y extranjero. En Gustu, por ejemplo, lo boliviano gana en los fogones y en sala: el 65% de los clientes es autóctono, prometen Seidler y Cestari. Guzmán, en cambio, sigue teniendo más dificultades para convencer a los chilenos: su público, por ahora, es al 75% foráneo.
En el fondo, con los problemas el dueño de Boragó se ha peleado siempre. Se dedicó a la cocina tras un accidente que truncó su carrera como deportista de esquí acuático. Cuenta que estuvo a punto de cerrar su restaurante cuatro veces y que, al menos al principio, en Chile se encontró con resistencia y escepticismo. Otro tanto les ocurrió a los cocineros de Gustu. Aunque ellos mismos lo entienden. “La gente podía pensar: ‘¿Quién eres tú? ¿Por qué vienes de Dinamarca a cocinar platos bolivianos?”, afirma Seidler.
Por lo visto, han conseguido ganarse la confianza de la crítica –Food & Winese preguntaba hace poco si se trata del «mejor restaurante nuevo del mundo»- y del respetable. Tal vez sea porque sus cervezas artesanales las trae una señora de un establecimiento a 20 metros del restaurante. Tal vez porque a Cestari le fascina tanto la gastronomía que lleva tatuadas en su cuerpo las recetas de la crème brûlée y de los macarons de chocolate. O tal vez por la miríada de proyectos que rodea Gustu: un festival gastronómico, un movimiento que pone en contacto ONG, productores, cocineros y demás actores culinarios, varias escuelas para futuros chefs y un laboratorio de alimentos bolivianos. “Pensamos que podemos cambiar el mundo a través de la comida”, reza un ambicioso lema en la web de Gustu.
Guzmán formula un concepto parecido, aunque de forma más poética: “El restaurante es un soporte. Es importante que se entienda el valor de la comida”. El chileno se dice convencido de que su establecimiento ha generado “un cambio importante”. Más en general, todos creen que el gran momento de la gastronomía sudamericana está llegando. Según Martínez, “América Latina tiene mucho que ofrecer. Tenemos productos únicos y muy diversos”. De las llamas a las papas liofilizadas, es sin duda cocina de altura. Literal.
Estudiantes en la cocina Manq’a Santa Isabel en El Alto (Bolivia).
La Escuela de cocina Manq’a Santa Isabel ocupa una pequeña casita blanca instalada en un cruce de calles del distrito dos de El Alto (Bolivia), una ciudad casi imposible, en la que cerca de un millón de personas viven por encima de los techos de La Paz, a más de 4.000 metros de altitud. Dentro, una mesa larga, como para 20 personas, y un mostrador que la separa de la cocina. Estamos en una escuela ocupacional de cocina que traduce la enseñanza en la gestión de un comedor popular. La mesa ya está prácticamente llena. Todos tienen delante un jugo de papaya y la mayoría acaba de empezar la sopa de verduras. Tres ya están con el plato fuerte: una brocheta de masa de yuca y queso pasada por la plancha, llamada zonzo, servida con vainitas, palmitos y un filete de pollo a la plancha. Los postres esperan en el refrigerador: hoy toca mus de maracuyá. Cada comensal pagará 10 bolivianos (unos tres dólares).
De la preparación del menú y el servicio se ocupan los alumnos de la escuela. Jóvenes entre 16 y 28 años, que en algunos casos vienen a clase acompañados por sus hijos. Por ahí están, Juan Carlos y Eduardo, los niños en edad preescolar de Delia Guachalla y Patricia Escobar Callisaya. Las mañanas de los lunes, los miércoles y los viernes, asisten con sus madres al curso de técnicas culinarias básicas y se ocupan del comedor popular. Otro grupo cumple el mismo ciclo los martes, jueves y sábados y uno más acude tres tardes por semana a un curso de panadería y pastelería. En total, 60 alumnos durante cuatro meses.
El grupo empezó el 22 de noviembre y este pequeño espacio será parte de su mundo hasta mediados de marzo. Antes de recibir el diploma, cumplirán un periodo de prácticas en Gustu, el restaurante abierto hace año y medio en La Paz que ha lanzado la cocina boliviana al estrellato. Los mejores practicantes serán aceptados en la escuela del restaurante durante los siguientes tres años. En el primer curso ya lo han conseguido tres alumnos, aunque la mayor parte de ellos no aspira a tanto. Sólo buscan la formación necesaria para encontrar una fuente de ingresos. Tal vez la venta de comida en la calle o abastecer una pequeña carretilla dedicada a la venta ambulante. Es importante en una población crecida con las corrientes migratorias de los últimos 20 años, donde apenas el 14 % de sus habitantes tienen un empleo estable.
Entrar en Gustu es una de las metas de muchos jóvenes bolivianos que aspiran a ser cocineros. Abierto en abril de 2013 por la fundación Melting Pot con el respaldo económico de IBIS Dinamarca, es un restaurante escuela concebido con un notable calado social. Acoge estudiantes procedentes de familias sin recursos, que aprenden mientras trabajan en el propio restaurante. En lugar de pagar por su formación, reciben un sueldo por su trabajo.
En apenas año y medio, Gustu ha escalado hasta los lugares más destacados del escalafón culinario latinoamericano. Lo debe a una cocina contemporánea, joven, arriesgada y comprometida con la despensa del país, hasta el punto de utilizar exclusivamente productos bolivianos. Tanto en la cocina como en el bar.
La Escuela Santa Isabel nació como un proyecto piloto pero ya no está sola en El Alto. Desde el pasado mes de noviembre le acompaña la Escuela 1º de marzo y durante 2015 se unirán dos más: Santa Rosa y Franz Tamayo. Para finales del próximo año, habrán formado a 160 alumnos. Si se cumple el plan de trabajo definido por la fundación Melting Pot, el número de escuelas Manq’a (comida en lengua aymara) aumentará a 12 antes de cerrarse 2017 y llegará a 3.700 estudiantes.
Frente a la puerta de Santa Isabel hay un pequeño invernadero asociado al centro. Plantaron algunas verduras que no han conseguido prosperar en un ambiente tan hostil, marcado por la falta de oxígeno y temperaturas extremas. Queda entre las tareas pendientes en un universo que apenas tiene que ver con el fulgurante brillo de los cocineros-estrella.
QUITO — La tarde del 15 de diciembre de 2016, el restaurante Patria —uno de los más caros y exclusivos de Quito, la capital de Ecuador— parecía un pequeño mercado callejero. En su terraza, productores de la Amazonía y los Andes ecuatorianos habían improvisado puestos que rebosaban de cebollas, huevos de gallina criolla, ollucos, ajíes, zanahorias, yucas, rosas, palmitos amazónicos, cuyes asados, cacaos, miel, artesanías. Era un evento gastronómico con un nombre ampuloso (el Mercado de la Biodiversidad) pero su principal objetivo era reunir a los productores con la mujer que es —según The 50Best, la clasificación restaurantera más prestigiosa del planeta— la mejor chef de América Latina: la danesa Kamilla Seidler.
Seidler había llegado a Quito desde La Paz, Bolivia, con medio día de retraso, pero estaba de buen humor. “Este vuelo me ha tomado casi lo mismo que ir a Copenhague”, dijo con una sonrisa resignada mientras recorría el mercadillo en la terraza de Patria. La cocinera danesa de 33 años, ojos azules y cerquillo dorado, sabía que esos agricultores habían hecho viajes casi tan largos como el suyo desde sus comunidades en las montañas o en la selva.
Mientras caminaba con un pedazo de cuy asado, Kamilla Seidler se detuvo frente a una mesa con un cartel que decía “Productos de Íntag”. Tomó una bolsa pequeña con un grano marrón que no reconocía. Había, además, unas canastillas tejidas que le parecieron un buen souvenir. Preguntó cuánto costaban. La chica que la atendía sabía el precio de los granos, pero no el de las artesanías. Se puso nerviosa; le dijo que tenía que averiguar y que se iba a demorar un poco: “Sí, sí, tranqui”, respondió Seidler con la voz amable, atonal y directa de los nórdicos mezclada con un dejo andino, “yo no tengo prisa”.
Mientras esperaba, una funcionaria de las Naciones Unidas le explicó que Íntag era una comunidad de la sierra central de Ecuador con una larga historia de resistencia social: desde hace más de veinte años se oponen a la minería en su territorio. Señaló la bolsa que Seidler tenía en la mano y le dijo: “Le pusieron de nombre frejol alegre, lograron meterlo en un supermercado. Quieren promocionar sus productos como alternativa sustentable a las mineras”. Seidler la escuchaba sin quitar la mirada de los frejoles alegres hasta que preguntó lo que realmente le interesaba saber:
— ¿Cuánto tiempo hay que remojarlos antes de cocinarlos?
Seindler conversa con una productora ecuatoriana en un evento en Quito en diciembre de 2016.CreditJosé María León Cabrera para The New York Times en Español
Cambiar el mundo dando de comer
Ese interés de Seidler por los ingredientes ha crecido a casi 4000 metros de altura, en La Paz, donde dirige la cocina de Gustu, uno de los restaurantes de moda en América Latina. “En Dinamarca nos malcriamos con el tamaño del producto: que la papa de dos centímetros, que la baby coliflor, que la baby zanahoria, que el baby tomate”, dice con algo de vergüenza. “Si no llegaba de cierto tamaño, se devolvía. Y ahora que lo pienso, es algo enfermo: la naturaleza no va a crear nunca dos cosas iguales”.
En la altitud andina ha descubierto plantas y prácticas que jamás imaginó. “Llegué hace cuatro años a Bolivia. Era mi primera vez en América Latina”, les cuenta a los agricultores ecuatorianos que se han sentado frente a ella para escucharla conversar con Roberto Aguinda, un cofán dedicado a la cría de paiche, un pescado amazónico de abundante carne que está empezando a remplazar a la tilapia —una especie introducida de África— en los restaurantes ecuatorianos. “Fue un cambio bastante grande: venir del norte, de vikingos y frío a las montañas y la selva y conocer productos que en mi vida había visto”.
Gustu es apenas la punta más visible de un proyecto social ideado por Claus Meyer, el emprendedor gastronómico danés que sentó las bases de la nueva cocina nórdica con el manifiesto que se aplicaba fielmente en Noma, un restaurante que abrió en Copenhague junto con el chef René Redzepi y que en cuatro de los últimos seis años ha sido elegido como el mejor del mundo.
Meyer es, además, el responsable de que Seidler viva en La Paz y cocine en Gustu. Cómo la eligió para el proyecto boliviano es una historia que ha sido contada muchas veces: Meyer le pidió que cocinase una cena para su familia y quedó encantado. “La comida fue simple, nos conectamos bien”, cuenta en un correo electrónico. “Hablaba un español fluido y venía recomendada por Michelangelo, a quien yo había escogido primero”. El Michelangelo del que habla es Michelangelo Cestari, un chef venezolano que ahora es el gerente de Gustu. Seidler y Cestari se conocieron cuando ambos se iniciaban como cocineros y desde entonces trabajan juntos.
La danesa Kamilla Seidler, jefa de cocina, y el chef venezolano Michelangelo Cestari, gerente de GustuCreditCortesía Gustu
Gustu existe porque primero existió Melting Pot. En 2010, Meyer abrió en Dinamarca la fundación que lleva ese nombre para, según su página web, “mejorar las futuras oportunidades y la calidad de vida de personas de sectores vulnerables de la población, a través de iniciativas que tienen la comida, el sabor y el emprendimiento como elementos recurrentes”. En su país, Melting Pot ha diseñado programas infantiles y se ha aliado con el sistema carcelario en programas de reinserción social relacionados con la cocina. Su primer proyecto fuera de tierras vikingas es el experimento boliviano.
Meyer dice que quería explorar si las lecciones de Noma y el Movimiento de la Cocina Nórdica podían usarse para algo más grande y significativo que una competencia de restaurantes. Además, quería tratar de revitalizar la comida de un país que no fuese el suyo. “Bolivia era el país más pobre de América Latina pero al mismo tiempo tiene la que es, probablemente, la mayor biodiversidad del mundo sin explorar y una cultura riquísima”. Fue entonces que le pidió a Kamilla que se fuese a La Paz: “Lo supe por instinto, sabía que ella quería dar ese paso en su vida, que quería dejar la alta cocina e irse a ayudar a comunidades en desventaja. Me di cuenta de lo valiente que era”. Meyer se precia de seguir sus corazonadas.
Seidler llegó a Bolivia una madrugada de finales de 2011 después de un viaje de 36 horas. La Paz la golpeó de inmediato: “La altura fue lo primero que me afectó. Después, no encontrábamos un taxi que llevase los 70 kilos de equipaje que traíamos”. Ya en la capital boliviana, el impacto fue sensorial: “Bajábamos de madrugada y se ven las luces de la ciudad, y en el camino empiezas a ver las cholitas en la calle, las polleras, los grafitis. Era impresionante”.
Durmieron unas horas y a las nueve de la mañana comenzaron a trabajar. La idea inicial era montar la Escuela Gustu. “Un centro de estudio con un restaurante con prácticas donde los chicos de bajos recursos que no podían entrar a la escuela hotelera podían aprender haciendo”, les cuenta Kamilla a los agricultores ecuatorianos, y sus palabras son un guiño: no solo de cultivar vive el hombre.
La Escuela Gustu ha crecido a la par de la reputación del restaurante: evolucionó a ser Manq’a, un proyecto internacional de capacitación técnica en gastronomía para jóvenes que, de otra manera, no hubiesen podido acceder a esa educación.
Según Sumaya Prado, su relacionista pública, el proyecto ha graduado ya a 2500 estudiantes y tiene doce escuelas: diez en Bolivia (El Alto, Huarina y Laja) y dos en Colombia (una en Bogotá y otra en Cali). Los mejores alumnos aplican a pasantías en Gustu.
Yesid Nina es una de las pasantes que se quedó y hoy es una de las chefs de estación de Gustu: “Me llamó la atención todo lo que había detrás: la revalorización de la comida boliviana, de ingredientes como la quinoa, el amaranto, la carne de llama”.
Jorge Luis Parra, un paceño de veintidós años que era guardia de seguridad nocturno del restaurante, veía tanta gente entrar y salir que no pudo más de la curiosidad: “Tuve un momento de locura y dije: ‘Quiero ser parte de esto’”. Hoy, en la panadería del restaurante, donde hornea —entre otros— el pan de coca, uno de los preferidos de los clientes, Parra dice que cree en Gustu por algo que le escuchó decir a Michelangelo Cestari: que se puede cambiar el mundo comiendo y dando de comer.
“Hay muchas cocineras de acá que deberían ser reconocidas”
Cuatro años después, Gustu empieza a dar cosecha: emplea a 58 personas, tiene una estrella Michelin, ha subido del puesto 32 al 17 en la lista 50Best y Kamilla Seidler ha sido elegida la mejor chef de América Latina. Parece un oxímoron que la mejor cocinera de América Latina sea una danesa. “Es una locura, hay muchas cocineras que son de acá que deberían estar reconocidas de la misma manera”, dice Seidler, y aclara que el reconocimiento es al perfil social del proyecto. “No es que hemos abierto un restaurante y después nos hemos hecho los bonachones. No, el propósito era social. Si después el restaurante funcionaba, pues de puta madre”.
Hay otro asterisco junto a la nominación de Seidler: Kamilla es la ganadora de la categoría Mejor Chef Mujer de América Latina. Los premios 50Best tienen esa categoría separada de la clasificación general. William Drew, editor del sitio web, explica por correo que “en un mundo ideal en el que hubiese balance de género, esa categoría no sería necesaria. Pero, en la realidad, la alta cocina ha sido durante mucho tiempo dominada por hombres”.
En la altitud andina, cuenta Seidler, ha descubierto plantas, productos y prácticas que jamás imaginó. CreditCortesía Gustu
La famosa clasificación se arma por la votación de expertos de todo el mundo. Para Latinoamérica son 250 chefs, críticos y periodistas gastronómicos a los que hay que recordarles con una categoría en particular que también hay mujeres en la escena gastronómica latinoamericana. “Cuando se instauró hace dos años me pareció ofensivo”, dice Seidler, “pero si no hay una categoría, no van a seleccionar nunca a una mujer. Esa es la sociedad en la que vivimos. ¿Que no debería ser necesario? Obviamente”.
Gustu ha crecido y Seidler se ha convertido en un referente mundial de la reinvención de la cocina tradicional. Pero no todo el mundo parece impresionado con los aprendizajes y enseñanzas de Kamilla Seidler.
La chef boliviana Camila Lechín escribió un artículo titulado Gracias, pero no gracias en el que calificaba la visión de la danesa sobre la gastronomía boliviana como “turística: anecdótica, exótica y lejana de la verdad”. Lechín se refería a una entrevista que le habían hecho en Food Republic a Seidler sobre diez platos esenciales del país andino. “Cuatro años de investigación no te convierten en un experto, tal vez toda una vida, te lleve a conocer todos los recónditos y recetas de un país como el nuestro”.
Para la cocinera danesa, ese tipo de críticas tienen que ver con rencores profesionales más que con el trabajo en sí, que depende de todo un equipo formado con gente local. Sumaya Prado, la relacionista de Gustu, reconoce que en sus inicios el proyecto fue criticado: “Los bolivianos nos veían como una arrogante iniciativa extranjera que trataba de enseñarles a los bolivianos cómo sentir, cocinar y comer”.
Tal vez por eso, como dice Kamilla Seidler riéndose, el primer año Gustu pasó casi vacío. Prado dice que eso ha cambiado en estos cuatro años, y Claus Meyer dice que el hecho de que el presidente Evo Morales haya dicho que Gustu es una de las tres razones principales para visitar su país es una muestra de cómo el restaurante (y el proyecto en general) ha ido ganándose un espacio en Bolivia. Y el país que la dejó sin aire cuando lo pisó por primera vez también se ha ido ganado un espacio en Seidler: la danesa que pensaba quedarse un año en La Paz ha comprado una casa en el Valle de la Luna.
Ahí vive con su novio y sus tres perros —Panceta, Papito y Mufi— que la despiertan todos los días a las seis o siete de la mañana para que salga a Gustu, a intentar reinventar la milenaria (y durante largo tiempo olvidada) cultura gastronómica andina. Kamilla Seidler camina sobre una cuerda floja, sin red de seguridad, intentando equilibrio entre la pedagogía social, la vanguardia culinaria y la osadía propia de los exploradores nórdicos que fueron sus ancestros.
La Paz (CNN Español) – ‘Gustu’, que en el idioma nativo quechua que significa «sabor», es un restaurante que no solo pone en la mesa nacional y mundial un sofisticado menú, sino también auténtico, con los conocimientos ancestrales de la cocina nacional y los frutos que brinda la madre tierra boliviana.
Ubicado en la ciudad de La Paz, es el resultado del sueño de un grupo de visionarios encabezado por el empresario danés Claus Meyer, que en colaboración con IBIS Dinamarca, estableció Melting Pot Bolivia en 2012, organización sin fines de lucro que propone un desarrollo social y económicamente sustentable en Bolivia a través de la comida, luego de una similar experiencia en Dinamarca.
«Tratar de conseguir, a partir de la biodiversidad ecológica y cultural que ustedes tienen aquí en Bolivia, que es hermoso todo y nos facilita la idea de impulsar lo que es Gustu con la misma idea, el mismo concepto Noma en Copenhague…”, dijo a CNN en Español.
Lo importante, asegura Cestari, es unir el concepto gastronómico empresarial y la idea social de la educación de jóvenes de sectores vulnerables en la cocina y transmitir el concepto de cambiar el mundo a través de la comida. Así, buscan inspirar a toda una nueva generación dedicada a la gastronomía, las artes culinarias y las actividades de producción de alimentos: panaderos, pasteleros, sumilleres, baristas, gastrónomos, enólogos, cocineros y camareros, para que descubran el verdadero potencial de la cultura gastronómica boliviana convirtiéndose en un motor para el progreso socio-económico nacional.
La riqueza cultural y la biodiversidad de Bolivia fue determinante para desarrollar el proyecto ‘Gustu’ en este país, asegura Cestari.
«Cien por cien boliviano. No utilizamos absolutamente nada, no sé si seamos el único país del mundo que haga eso, no lo sé. Yo me sorprendí muchísimo por el desarrollo de los productos que existen acá. A nivel de bebidas por ejemplo, el área de singanis, vinos y cervezas es amplio… la variedad cultural también nos ayudan a generar diferentes propuestas gastronómicas», comentó.
Todo lo que rodea a ‘Gustu’, cada uno de sus rincones exquisitamente decorados con artesanía nacional y todos los ingredientes de sus sofisticados platillos, están impregnados de cultura boliviana. También del trabajo de los hombres y mujeres que producen sus ingredientes, en los valles, el altiplano y las selvas amazónicas de este país. Estos son transformados por las hábiles manos de sus chefs, que también comparten con los productores en su mesa.
Para ellos, como Cristina Yujra, productora de racacha, un tubérculo cultivado en los Yungas del departamento de La Paz , esta política empresarial de compartir conocimientos y experiencias con los chefs es increíble.
«Es una gran alegría saber que nuestro producto, que viene del campo, lleno de tierra y que llegue a la mesa para nosotros es algo increíble ¿no?», dice Yujira.
Compartir conocimientos con los productores hace de la comida de ‘Gustu’, algo muy particular, nos dice Marsia Taha, sous chef boliviana.
«La experiencia del contacto directo con el productor hace que muchas cosas cambien en mi cabeza, y ahora tengo mucho más respeto por los productos que consumo ya que este tiene un largo proceso de venir a nuestra mesa», sostiene.
Mauricio López, también sous chef boliviano, dice que esta experiencia hace volar su creatividad a la hora de proponer un nuevo menú.
«Hay mucha más investigación, hay que probar diferentes cosas, hay que aventurarse un poco y claro que le da un valor agregado mucho más grande a nuestros platillo», afirma.
Todo ello también impacta en los comensales que visitan ‘Gustu’, como Beatriz García, que dice que la comida motiva sus sentidos.
“Cada vez que vengo a este espacio es una experiencia diferente donde todos mis sentidos tienen oportunidad de explorar», dice.
‘Gustu’ destaca en sus platillos el valor de productos como la quínoa, la carne de llama, de lagarto, el palmito, el locoto y los ajíes, además de una variedad de tubérculos como la papalisa y la racacha, entre otros.
Pero detrás de cada platillo hay mucho más porque ‘Gustu’ apuesta por la educación y lleva adelante una serie de proyectos y programas de capacitación gratuita en gastronomía dirigidos a sectores vulnerables de jóvenes.
Estos proyectos y la interacción de los educadores con sus alumnos también ha impactado en la vida de quienes vinieron a Bolivia para llevar adelante este proyecto, como la danesa Kamilla Seidler, chef principal de ‘Gustu’.
«Para mí ha sido trascendental el afecto humano que recibí en este país y tener la oportunidad de enseñar lo que he aprendido y compartirlo con alguien que no tuvo las mismas oportunidades que yo tuve», señala Seidler.
José Luís Choque, que se forma en las escuelas de ‘Gustu’ en la ciudad de El Alto, la más poblada de Bolivia y donde para muchos como él es muy difícil acceder a una educación superior, está convencido de que es posible cambiar su vida y el mundo a través de la comida.
«Sí se puede realmente y eso es lo que aquí aprendemos. Si siembras la semillita en una persona eso replica a otra y eso va a otra y vas cambiando la mentalidad de comer de una persona y realmente puedes cambiar a través de la comida al mundo», asegura.
José Parra, estudiante, dice que ha aprendido a amar lo que su país produce y lo que hace. «Me he enamorado de todo, de los platos, de la comida, de lo que trata de hacer Melting Pot», agrega.
María Claudia Chura, estudiante graduada de la escuela ‘Gustu’ dice que sueña con abrir su propio restaurante. «En mi restaurante quiero buscar comidas sanas que les hagan bien a mis clientes», dice.
«Gustu’ es una manera distinta de hacer negocios con responsabilidad social y debemos ser un ejemplo para las grandes empresas», nos dice convencido Cestari.
«Y que grandes corporaciones puedan dirigir su manera de trabajar, su visión de trabajo en esto, consideramos que no necesitamos engordar económicamente tanto Considero que con una administración honesta, y con mucha moral de alguna manera, yo considero que podríamos generar otro tipo de negocios, yo creo que Sudamérica lo necesita», asevera.
Seidler, que es la voz de mando de este ejército de jóvenes chefs que considera su familia en Bolivia, asegura que el trabajo realizado hasta ahora ha sido exitoso y muy gratificante.
«Si cerramos mañana y hemos hecho una diferencia en la vida de alguien, y lo hemos hecho definitivamente, y ellos mismos han hecho un cambio en sus vidas, puede acabarse mañana. Ya estamos felices», dice.
Algunos creen que la comida fusión es una tendencia que implica toda una revolución en la forma en la que concebimos la comida. Muchas veces ha sido vista como sinónimo de vanguardia. Sin embargo, este es un concepto que lleva siglos marcando la pauta en el mundo gastronómico.
Es el producto de la conquista y el resultado de la mezcla entre el mundo indígena y el español. Este último venía además de haber sido influido por otras tantas culturas y civilizaciones, como los judíos o los moros. Rachel Laudan del blog Food and Think, asegura que todas las comidas fueron fusionadas. “La mezcla de mundos culinarios para crear nuevos platos híbridos, ha estado presente desde el inicio de los intercambios. Tan grande es su historia que es casi imposible discernir de dónde provenían en un inicio”, dijo. Ejemplo de ello, son las célebres pastas italianas, no existirían si los chinos no hubieran perfeccionado la técnica de preparación de fideos primero. El querido sancochado es una mezcla entre el andino timpu y el cocido madrileño./elcomercio.pe
Creo que la perseverancia, seguir adelante tratando de cumplir los sueños, con especial esfuerzo en una sociedad donde reinan los hombres, y donde hasta en la cocina domina el varón. A fuerza de trabajo y perseverancia se puede conseguir todo.
OH! Pero no siempre estuvo dedicada a la cocina…
Siempre me apasionó la cocina, pero en años anteriores pensar en estudiar cocina no era algo realmente serio, era una carrera poco valorada y no había lugares donde estudiar en Santa Cruz. Yo estudié periodismo, me encanta y le dediqué muchos años, pero luego tuve la oportunidad de dedicarme a la cocina, que es mi gran pasión. Sucedió cuando me volví a casar, y tuve un inconveniente de salud con mi bebé que me forzó a estar en mi casa, eso me hizo revalorizar lo que quería hacer y decidí que haría aquello que me satisficiera completamente, así que comencé con la cocina. Fui a estudiar a Buenos Aires, con el apoyo de mi esposo. Luego a Sao Paulo, a Santiago de Chile, y poco a poco fui tratando de mejorar.
OH! El negocio fue creciendo…
Comencé con los cursos en mi casa y luego con el programa en el canal de cable argentino “Utilísima” que se llamó ‘La Cocina de Inés’ porque realmente estábamos en mi casa. Después todo fue creciendo casi sin darme cuenta, por lo que tuve que conseguir un lugar más formal, y así de a poco comencé con el restaurante. Creció tanto que en un momento yo sola no lo podía controlar, así que las otras cosas paralelas, como el tema administrativo, las fui derivando.
OH! La gastronomía se ha puesto de moda…
En Santa Cruz se ha disparado el tema gastronómico, lo cual es bueno por un lado, pero malo por otro. Es como cuando una ciudad crece desordenadamente y se convierte en un caos como es hoy Santa Cruz. Es bueno porque motiva a un crecimiento constante y a mejorar, a valorar lo nuestro. Yo ahora estoy en el afán de colocar en el menú más productos bolivianos, por ejemplo. La competencia hace que uno mejore a la fuerza. Pero es malo porque los jóvenes creen que la carrera de cocina es fácil. Y evidentemente es una carrera hermosa que uno disfruta mucho cuando está estudiando, pero al momento de ejercerla, se complica. Es una carrera con mucho sacrificio. Yo no tengo día de la madre, navidades o año nuevo, porque esos días son los que más trabajo, y eso no lo ven los jóvenes. Cuando entran a esta carrera se llevan la frustración de que desean hacer otras cosas propias de la juventud y la carrera es tan dura y tan pesada que no se los permite.
OH! Entonces no es tan fácil como se ve en la tele…
El problema es que la gente quiere brillar de la noche a la mañana, pero a mí no me conocieron el primer día que yo salí a la luz; mi trabajo fue de años, un trabajo de hormiga. Hace 12 años que estoy en esto y después de mucho que he podido ver el fruto de mi esfuerzo, pero ahora hay ese error, creen que es de golpe que se van a volver famosos y que será sencillo. Me ha pasado con alumnos de otras escuelas que han venido a trabajar conmigo y que se han dado cuenta de que la realidad es totalmente distinta. Dicen que la carrera que genera mayor tensión no es ni siquiera la medicina, sino la cocina. Es una tensión inmediata; yo no puedo decirle al cliente que se vaya porque me siento indispuesta, al cliente no le importan mis problemas, y eso me sucedió por ejemplo el día de la madre cuando de la clínica tuve que venir a atender el restaurante. A veces hay un mal concepto, efectivamente cocinar es bonito, cuando cocinas para tu familia, para tus amigos, pero cuando cocinas para el cliente, además de ser fascinante, implica otras responsabilidades.
OH! ¿Qué debe tener un buen chef?
Lo primero, paciencia. Con todo, con el cliente, con el personal, con los proveedores, y también tiene que gustarle la cocina. No hay un intermedio, no es que a uno le gusta un poco, o más o menos… Al que no le apasiona la cocina, por más bueno que sea, no va a poder resistir la presión. Hay que amar la cocina, la pasión tiene que nacer de adentro.
OH! ¿En eso influyen las escuelas?
Muchas veces no depende de la escuela, sino de uno mismo. Y eso pasa en todas las carreras. Puede haber profesionales que salen de Harvard, que luego no se destacan, y puede que alguien egrese de una universidad desconocida y termine siendo el mejor. La escuela es importante, pero sobre todo es la actitud de cada persona frente a lo que va apareciendo.
Quinua, que en Santa Cruz se consume muy poco, amaranto, frutas silvestres, el guapurú, utilizar el manjar blanco, usar más el queso criollo, tratar de que el surubí, el paiche o la trucha del lago, sean más buscadas que el salmón o el lenguado. Quiero darle un valor agregado a nuestros productos para que nuestra cocina tenga una identidad, que en este momento yo no encuentro.
OH! ¿No tiene identidad?
Cuando viene un extranjero lo que ve en nuestra cocina es un plato muy lleno, y con sabores muy cubiertos, debemos tratar de rescatar ingredientes propios, e incorporarlos a un nuevo estilo conservando la esencia pero tratando de que sea más llamativo para el comensal y que así encuentre gourmet comer la comida nacional. En mi menú tengo por ejemplo un cuscús de quinua, con langostinos grillados y mousse de palta. Quiero incorporar productos de Bolivia de una manera fácil de entender para el boliviano y para el extranjero que nos visita y de esa forma hacer que nuestra cocina crezca.
Lo único que no tenemos a diferencia de Perú es mar, pero somos tan ricos en cocina como ellos. Yo sé que se puede destacar nuestra comida. Recientemente estuvo acá Claus Meyer (fundador del restaurante danés Noma, considerado el mejor del mundo), y cociné para él. Le hice un pato con salsa de guapurú acompañado de quinua, y quedó fascinado con los sabores bolivianos. Eso sí, dependo mucho de los proveedores y a veces se hace muy difícil, quiero tener carne de llama en mi menú, pero se me ha dificultado tanto que no puedo hacerlo, porque tienen que traerla desde Potosí, etc. No he encontrado un camino directo hacia la llama al contrario de lo que me ha sucedido con el jamón serrano que hacen en Tarija, o los espárragos o los arándanos que también me llegan desde Tarija.
OH! ¿Cómo fue su experiencia en “Utilísima”?
Es algo que me llena de orgullo y son recuerdos inolvidables. Son esos sueños que una no cree que se puedan realizar. Me ayudó el haber estudiado en Argentina y los contactos que pude hacer con excelentes profesores del medio, que vieron en mí algún extra. Sabían que era periodista y que no le tenía miedo a la cámara, así que me animaron a hacer el programa. Ya teniendo el programa “La Cocina de Inés” acá, mandé un video a través de uno de mis profesores, y me llamaron a un casting. Tuve la suerte de que me eligieran un par de meses después. Estuve tres años en “Utilísima”, yendo una vez cada tres semanas a Buenos Aires. No me trajo ningún rédito económico, pero sí otro valor más importante. Tuve el apoyo en un principio del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) y luego de Aerosur, si no me habría sido imposible. Me apoyó mi esposo, mi familia, todos sabíamos que este era un buen sueño hecho realidad, logramos que se escuchara que Bolivia tiene cocina, llevé muchos platos de acá y preparé una paella de quinua que se ha vuelto una referencia en todo el mundo, hasta ahora me escriben sobre ella.
OH! ¿Puede fusionarse la comida del oriente y la del occidente?
Totalmente, lo que pasa es que nosotros lamentablemente tenemos esa barrera Oriente-Occidente, y eso no debería existir en nada, y peor en la cocina. La cocina boliviana es una, con sus características por cada región. En Santa Cruz tenemos pescados de río y muchas frutas tropicales, pero no tenemos trucha ni papas, ajíes, amaranto, quinua… Combinar todo ello en la cocina es arte.
OH! ¿Planea seguir con la escuela?
La escuela para mí es lo que realmente me abrió el camino en la cocina, por lo tanto le tengo un amor increíble. Empecé primero con la escuela, aunque ahora he tenido que reducir los cursos porque si bien la escuela es lo más bonito que tengo, es lo que me demanda más tiempo porque el alumno se acostumbró a que yo esté en la clase y cuando intento poner otro profesor el alumno como que se niega. He tropezado con este conflicto así que mis clases ya no son tan seguidas como antes, ahora doy clases dos veces al mes, en la mañana, la tarde y la noche.
Perfil
Inés España
Pareciera que siempre está lista. Incluso cuando Inés España descansa, uno tiene la impresión de que está preparándose para hacer algo. Durante esta entrevista no dejó en ningún momento de supervisar el restaurante, guiar a sus alumnos, atender a los clientes y estar pendiente de su familia. Sin duda esta chef cruceña es una persona completa y lo disfruta.
Mamá de tres hijos, de 23, 21 y 10 años y casada con Walter Parejas, hijo de la famosa doña Piedades (Delfina Moreno de Parejas), autora de uno de los libros de recetas más conocido en el país, (“fue pura casualidad que nos enamoráramos, no tiene nada que ver con la cocina”).
Inés España habla en esta entrevista de la receta de su éxito y de los ingredientes para su vida que todavía tiene guardados.
Recientemente una marca nacional fue incluida dentro de las 200 mejores del mundo, después de una selección a la que fueron sometidos 650.000 vinos
Una marca nacional fue incluida dentro de las 200 mejores del mundo, después de una selección a la que fueron sometidas miles de marcas.
Vino boliviano en la feria europea más importante
Cerca de 50.000 visitantes acudieron al evento desarrollado en una ciudad alemana. El Trivarietal Reserva de la bodega Tarijeña Campos de Solana está entre los mejores
Jesús Alanoca – EL DEBER
alanocajesus@gmail.com
Bolivia participó por primera vez de la Feria Internacional del vino ProWein, la más importante de Europa y una de las más reconocidas a nivel mundial, que se realiza todos los años en la ciudad de Düsseldorf, Alemania, según información desde la embajada nacional en ese país.
Los datos indican que durante esta gestión, el evento recibió a más de 49 mil visitantes especializados del rubro y Bolivia fue uno de los 50 países expositores, representada por ocho bodegas especialmente seleccionadas.
En el evento se presentaron al mundo los denominados “vinos de altura” que, gracias a su elaboración a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar, se caracterizan por una especial nota floral y cítrica en su aroma, así como por una fresca acidez y un grado de alcohol moderado.
Según se informa, Campos de Solana, Kohlberg, Sausini, Aranjuez, Kuhlmann, Magnus, La Concepción y la Sociedad Agroindustrial del Valle representaron al país en el evento internacional. Todos con bodegas en Tarija, el valle de Cinti y Santa Cruz.
La Embajadora de Bolivia en Alemania, Elizabeth Salguero Carillo, llegó a Düsseldorf para dar la bienvenida a las y los empresarios del vino bolivianos y para coordinar el apoyo de la Embajada a la promoción de su producto en Alemania, así como a los emprendimientos que puedan darse a partir de la ProWein.
Franz Molina, presidente de la Asociación “Wines of Bolivia (Vinos Bolivia)”, sostuvo que los vinos bolivianos tuvieron una muy buena acogida en la feria. “Nos estamos dando cuenta que la gente se interesa por nosotros y se sorprende al enterarse de que en Bolivia hacemos vino”, dijo.
Recientemente, el Trivarietal Reserva de la bodega Tarijeña Campos de Solana fue incluido entre los 200 mejores vinos del mundo por la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores, en el Ranking Vinos del Año 2014 (WRW&S).
Este magnífico volumen de más de 500 recetas resume todas las corrientes de la gastronomía que se han ido acumulando, reelaborando y refinando en los complicados alambiques de la vida social a lo largo del siglo XIX y en la experiencia concreta de la élite chuquisaqueña de fines de siglo y principios del XX.
Definitivamente, esta cocina participa de la gastronomía europea moderna, ha dejado atrás sin mayor pena la parte obsoleta de su pasado colonial. Sin perder sus raices y un cierto sabor de convento y calleja, se ha remozado y puesto al día en cuanto a las nuevas reglas de la etiqueta, la cocina internacional y sobre todo el consumo de los productos ingleses y franceses que se entremezclan en toda preparación.
Del hiperbólico uso de las especies, que normaba la comida occidental hasta el siglo XVIII, se ha pasado a una cuidadosa administración de las mismas, salvo en casos excepcionales en que el platillo en cuestión así lo exige, tal el caso de las Butifarras, el Salchichón de Genova, la Lengua a la escarlata o el Guiso de cuatro carnes. Por el contrario, estos fuertes condimentos que hicieron las delicias de los comensales de otros tiempos, parecen haber tomado rumbos distintos siguiendo una división que parece contundente: el mundo de los dulces y el de las comidas saladas. La canela opta por el primero y la pimienta por el segundo. Pero esto no es tan simple, la división entre estos mundos tampoco es radical. Existe un reducido limbo de origen divino donde el laurel, los clavos, la nuez moscada, el vino, juegan impunemente, recordando a la distancia un antiguo aire bizantino que se ha colado hasta nuestros días de fin del siglo XX, a través del compuesto del ckocko auténtico con sus pizcas de dulce, salado, picante y una fuerte fragancia inconfundible.
El gran aporte del libro de Doña Sofía Urquidi es al igual que el libro de Crespo en el siglo XIX, el testimonio de una adaptación singular, un ensamble definitivo entre las prácticas culinarias españolas y europeas y el mundo andino y americano. Los productos agrícolas de estas regiones dominan en todos los campos de la culinaria criolla. El tomate y la papa son utilizados como permanentes aliados de la buena comida en mayor medida que en la Colonia. La tapioca, la chancaca, los choclos, las chirimoyas, el maiz blanco y amarillo, la quinua, el maní, las callampas, la guayaba, guacataya, plátano, chuño, charque, quinua, tarhui, karapecho, paltas, pinas, el airampo, el llecke están integrados en los recetarlos.
La gastronomía en Potosí y Charcas, siglo XVIII, XIX y XX en torno a la historia de la cocina boliviana.
En este libro encontraran el trabajo más vasto que se ha hecho acerca de la comida Boliviana y que ganó el Premio 2002 a la mejor publicación extranjera, otorgado por la Academia Española de la Gastronomía
La gastronomía en Potosí y Charcas, siglo XVIII, XIX y XX en torno a la historia de la cocina boliviana.
Esta boliviana radica en ese país norteamericano. Llevó la quinua a la NASA y también a diversos festivales gastronómicos de Europa y del continente asiático.Carla Hannover / La Paz
Cinco años pasaron desde que Ana Chipana abriera Wara Quinoa Organic Bakery en Estados Unidos. La empresa de catering y repostería tiene un menú que reúne más de 120 recetas elaboradas a base del grano de oro.
De esta forma y gracias a su talento, la quinua boliviana ha llegado a importantes festivales gastronómicos de EEUU y Europa. También ha sido degustada por los astronautas de la NASA.
“Exploré las bondades de la quinua luego de que mi esposo se enfermara del estómago. El médico le detectó una gastritis crónica y debían operarlo. Fue entonces que decidí incluir en mi menú personal la quinua, pues mis papás siempre me habían dicho que era muy buena y saludable, cuenta sonriente a través de la pantalla de Skype.
Chipana participó hace un par de meses del Festival Cooking For Art, realizado en Milán (Italia), donde dio a conocer la huminta, el cuñapé y la sopa de maní, elaborados a base de quinua. “Fue una experiencia muy interesante porque todos estos platos los fusioné con ingredientes amigables con el paladar italiano, explicó.
Sentada frente a la computadora desde su casa en Florida conversó con Página Siete.
¿En qué momento descubrió las potencialidades de la quinua?
Hace años, cuando mi esposo tuvo un problema gastrointestinal. Los doctores le diagnosticaron una gastroenteritis y necesitaba una operación. Empecé a investigar alimentos saludables y fue entonces que recordé que mis padres eran consumidores de la quinua.
Comencé a incluir este grano en nuestro menú y al poco tiempo mi esposo comenzó a sanar. La quinua es un producto tan noble que en ese momento me propuse que la gente conozca sus bondades. Fue de esa forma que abrí Wara Quinoa Organic Bakery.
Han pasado poco más de cinco años desde que inició su emprendimiento. ¿Cómo ha recibido el mercado estadounidense este producto?
La quinua es muy valorada en el mercado norteamericano, desde mucho antes que se declarara al 2013 como el año internacional de la quinua. La quinua ya es popular en los Estados Unidos, sin embargo, creo que aún falta que se la conozca en Centroamérica. Allí el grano es totalmente desconocido.
¿Cuántas recetas ha creado con este grano?
En estos cinco años he creado más de 120 recetas de quinua. He tratado de hacer una fusión con otras recetas internacionales. Lo que pasa es que Estados Unidos es un país multicultural; en ese sentido he fusionado las recetas bolivianas con las norteamericanas. Me animo a decir que la quinua ha ganado popularidad en Estados Unidos por las fusiones.
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¿Cuál ha sido la fusión más complicada de lograr?
El pan de quinua. En el mercado americano el pan sin gluten es el más buscado. Lograr una similitud con ese pan ha sido muy complicado.
¿A qué lugares ha llegado con sus recetas de quinua?
En EEUU he recorrido Washington, Nueva York y Florida. A nivel internacional estuve en China en Shanghái y Beijing. Recientemente estuve en Italia, en un festival de gastronomía. En esa oportunidad la huminta tuvo mucho éxito. Para este caso hice una fusión para el paladar italiano. Para eso necesite la colaboración de unos amigos chefs que conocen el paladar italiano. Se la trabajó con queso parmesano, vinagre de acetato y crema de leche.
Entiendo que llevó sus productos a la NASA y que también se comercializan en los colegios de Florida…
Se decía que la quinua era consumida por los astronautas, pero nunca encontré algún registro de ello. Luego de investigar, me enteré que sólo habían consumido el grano en ensaladas, de ahí fue que vino la idea de mostrarles una nueva forma de la quinua, en la repostería.
Por esa razón que solicite si se podía hacer una degustación con ellos. No fue muy fácil, luego de insistir, ellos aceptaron. Fuimos a la NASA y tuve una linda experiencia, pues no hay más humildad en el mundo de los personajes que he conocido que los astronautas. Son muy sencillos.
¿Qué productos llevó a la NASA para la degustación?
En esa oportunidad lleve muffins de quinua, jugos y ensaladas. Y, bueno, en los colegios actualmente se comercializan galletas de quinua en las máquinas de los establecimientos de Florida.
¿Cómo accede a la quinua?
Yo tengo mi proveedor que esta en California que trae quinua de Bolivia. Este año quiero ir a Bolivia para conversar con los productores de quinua y coordinar una alianza con ellos.
HOJA DE VIDA
Origen Tiene 45 años y nació en La Paz. En la actualidad es conocida como la embajadora de la quinua.
Vida Radica en EEUU, en Miami, Florida, desde el 2000. Es administradora de empresas y chef, y desde 2010 es la gerente propietaria de Wara Quinoa Organic Bakery.
La sal es una sustancia que se viene usando desde hace cientos de años con diversos fines. Además de como condimento, para resaltar el sabor de los platos, su uso se ha destinado históricamente a la conservación de numerosos alimentos. Atrás quedan los tiempos en los que la sal era exclusivamente sinónimo de cloruro sódico, en la actualidad, la sal común ha sufrido un intenso proceso de diversificación, apareciendo en el mercado una gran oferta de numerosos tipos de sal. Aunque los diferentes tipos pueden ser usados en numerosos platos, determinados ingredientes casan mejor con un tipo de sal determinado. A continuación, os contamos cuáles son algunas de las principales sales que podemos encontrar en el mercado, así como el uso más adecuado al que podemos destinarlas. Conviene recordar que hay que llevar cuidado con el exceso de sal, para que su consumo no nos acabe pasando factura.
Sal común. Es la sal que se ha conocido siempre como «sal de mesa». Está formada por cloruro sódico. Es la más utilizada en las cocinas, tanto en recetas saladas como en aquellas recetas dulces que la precisan.
Sal yodada. Es el nombre que recibe la sal común cuando ha sido enriquecida con yoduro potásico. De ella nos podemos beneficiar para evitar sufrir problemas asociados a un déficit de yodo en la alimentación. Como en el caso de la sal común no yodada, este tipo de sal se utiliza como condimento de la gran mayoría de preparaciones, ya sea para aderezar un plato crudo, una ensalada, un guiso, como para preparaciones más elaboradas como pasta, panes o salazones.
Flor de sal. Se obtiene en las salinas marinas, donde es recogida, de manera artesanal, de la capa superficial a medida que se seca. Es un tipo de sal de textura frágil y aspecto atractivo que puede ser usada para rematar platos que precisan de un toque final salado y crujiente. Es ideal para dar un bello toque final a distintas carnes a la brasa, verduras a la parrilla o pescados a la plancha.
Sal hiposódica. Como su nombre indica, este tipo de sal es baja en sodio, conteniendo hasta un 65% menos de este elemento que la sal común. Está indicada para aquellas personas que siguen una dieta en la que la ingesta de sal debe ser reducida. Como en el caso de la sal común, puede ser usada para condimentar numerosos platos, tanto crudos como cocinados.
Escamas de sal limón. Es un tipo de sal con un intenso aroma a limón, que está especialmente indicada para realzar el sabor de platos en los que predominen ingredientes como pescados y mariscos. Por su naturaleza delicada, es una sal que se debe añadir a los platos al final de su elaboración, no estando indicada para cocinar con ella. También se suele usar para dar contraste a platos elaborados con frutas.
Sal negra. Es una sal a la que se añade carbón vegetal activo, proporcionando, a las preparaciones en las que se usa, llamativos contrastes de color. No se usa para cocinar, si no, como en el caso de otros tipos de sal, se suele añadir al final de la cocción.
Escamas de sal boletus. Es un tipo de sal aromatizada con extracto de hongo boletus. Su potente sabor hace de ella una sal que hay que usar con moderación. Está especialmente indicada para realzar el sabor, tanto de platos de carne a la plancha, platos de legumbres, platos con arroz (paellas de verduras o risottos) y platos de pasta con salsa carbonara.
Sal del Himalaya. Es una sal de gran pureza, obtenida de océanos primitivos presentes en la cordillera del Himalaya que se secaron hace millones de años. El color de sus cristales va del rojo al rosa, debido a que en su composición hay presencia de óxido ferroso. Al ser una sal que se ha conservado a grandes alturas, es considerada como la sal más pura del mundo. Presenta un toque ligamen amargo, que contrasta maravillosamente bien con numerosos platos salados y dulces.
Sal ahumada. Es un tipo de sal que ha sido sometida a un proceso de ahumado, para que aporte este toque a los alimentos a los que se le añade. Tiene un potente sabor, por lo que se recomienda un uso moderado. Está especialmente indicada para la elaboración de carnes a la plancha o al horno, y para aromatizar pescados y dar un toque especial a salsas.
Ni seis, ni cuatro, ni tres. El incremento medio de peso que gana la mayoría de la gente en Navidad es de dos kilos. El dato fue hallado por un grupo de médicos estadounidenses que hace unos años publicaron un artículo en el New England Journal of Medicine donde analizaban este fenomeno.
María Val, Sabormediterraneo.com
Hay quien cree que ganar kilos en Navidad es una tradición tan arraigada como comprar regalos o adornar árboles. Las múltiples comidas de celebración a las que hay que asistir y los dulces típicos de estas fechas son los encargados de romper el ritmo y costumbres habituales, desequilibrando el consumo calórico.
Una puesta a punto debería incluir la combinación de tres estrategias: reducir el total de calorias, seleccionar el tipo de calorías y practicar 30 minutos de ejercicio diario.
Para ser prácticos y conseguir perder esos dos kilos de promedio que se ganan en Navidades es conveniente :
Reducir el consumo de grasas al máximo
Eliminar por completo la bollería, el pan de molde, -ya que contiene grasas-, las galletas, los dulces, la mantequilla de la tostada…
Tomar lácteos descremados
Preparar las comidas con muy poco aceite.
Entre el aceite para cocinar y el que se toma en forma de aliño no se deben superar las tres cucharadas al día con un máximo de 30 cc. Para las ensaladas se puede tomar libremente vinagre y zumo de limón.
Prescindir completamente de las salsas
Limitar la cantidad de comida a ingerir
La selección del tipo de calorías es muy importante. El peso ideal no es sólo un asunto matemático, porque a igualdad de calorías hay que buscar alimentos ricos en nutrientes y considerarlos en combinación con otros para alcanzar un equilibrio entre proteínas, hidratos de carbono y grasas.
En el desayuno
es conveniente suprimir la mantequilla y la mermelada y limitarse a tomar un café con leche o una infusión con una pieza de fruta y una rebanada de pan corriente o integral. También se puede sustituir el café con leche por un yogur desnatado.
A media mañana
es aconsejable una fruta como tentempie. Nos aportará vitaminas y minerales y apenas calorías. Las mejores opciones son manzanas y citrícos.
A media tarde
se puede tomar lo mismo que en el desayuno, pero sin el pan.
Para la comida y cena se puede tomar
verduras y hortalizas …. 250 grs
legumbres (lentejas, garbanzos, judías) … 40 grs (pesados en seco)
pasta y arroz …. 30 grs (pesados en seco)
patatas hervidas …. 100 grs
Carne magra de ternera, pavo o pollo y ocasionalmente cerdo o cordero….. 120 grs
Pescado ……. 150 grs
Un huevo
Jamón serrano o de york sin grasa o fiambre de pavo … 100 grs
Pan corriente o integral … 20 grs
Fruta … 100 grs
Mantener un nivel de hidratación adecuado
Se puede beber el agua que se desee, así como infusiones, tipo manzanilla, poleo menta, tomillo, etc. Son también muy convenientes los zumos de frutas, especialmente el de naranja o limón, pero no envasados, porque siempre llevar azúcares añadidos.
El azúcar, olvidado temporalmente. La cucharadita de azúcar para endulzar el café con leche puede sustituirse por sacarina.
Caminar
No es necesario apuntarse al gimnasio. La solución más sencilla es caminar 30 minutos al día. Le ayudará a quemar algunas calorías, pero sobre todo es bueno para el corazón, que agradece el ritmo de esfuerzo constante de un ejercicio suave y sin sobresaltos.
La Paz, 14 abr(PL) Una asociación de productores ecológicos de Bolivia planifica la creación de supermercados para la venta exclusiva de alimentos orgánicos, con el objetivo de promover una dieta saludable en la población.
Según informó hoy la Organización de Productores Ecológicos de Bolivia, las tiendas se repartirán por los nueve departamentos del país y sus productos tendrán el certificado de producción ecológica, sin químicos ni derivados.
Lo importante es difundir la idea de que no solo debemos llevar al hogar alimentos tratados higiénicamente, sino de calidad y nutritivos al 100 por ciento, afirmó la representante de la asociación, Ana María Condori.
Refirió que estos supermercados no solo garantizarán la venta de los productos, sino también su proceso de elaboración, e incluso, su siembra, riego y cosecha.
“Los productores deberán dejar de utilizar químicos para no deteriorar la tierra, y se velará porque todo el trayecto de los alimentos hasta su venta sea también totalmente ecológico”, aseguró.
Cifras oficiales indican que el sobrepeso en Bolivia por el consumo de comida chatarra aumentó un 28 por ciento desde 2005, principalmente entre menores.
El gobierno boliviano ha abogado en los últimos años por combatir el consumo de comidas de ese tipo y propiciar la alimentación saludable.
El Champagne es el vino espumoso que más vende en todo el mundo a pesar de ser el más caro. Para el enólogo, Manuel Durán, inicialmente lo que hoy llamamos cava no pasaba de una imitación del champagne, elaborado con chardonnay y pinot noir.
Olfavia, Sabormediterraneo.com.
Pero la utilización de las tres variedades autóctonas, -xarelo, parellada y macabeo-, le confirió una personalidad específica. Hoy hay cavas que se elaboran exclusivamente con chardonnay y pinot noir, y si no fuera porque crecen en el mediterráneo catalán se parecerían más a un champagne que a un cava.
En Champagne se trabaja con tres tipos de uva: chardonnay, pinot noir y pinot meunier. La pinot noir es la más abundante y una de las curiosidades del champagne es que es un vino blanco espumoso de segunda fermentación elaborado con un alto porcentaje de uva tinta, porque la pinot noir como su nombre indica es tinta. Cuando un champagne se elabora exclusivamente con chardonnay se dice que es un «blanc de blancs», algo así como un superblanco.
A finales del siglo XIX, en Cataluña, Josep Raventós es el primero en elaborar un vino espumoso al estilo del champagne sin demasiado éxito. Es su hijo Manuel Raventós quien decide utilizar las tres variedades autóctonas, – macabeo, xare,lo y parellada-, creando el primer vino espumoso español con personalidad propia y logrando de esta forma un gran éxito de ventas.
Las tres son uvas blancas, que crecen en el soleado mediterráneo catalán. En un cava no se encuentra la marcada acidez del champagne. En los alrededores de Reims, cerca de París, el clima es lluvioso y frío. El resultado, uvas con mucha acidez que tienen que vendimiarse muy temprano para conseguir ese menor grado que se necesita para una segunda fermentación en botella. Salen con poco grado y encima tienen que «chaptalizar», es decir, añadir azúcar para lograr más grado.
Otra característica de la zona es que la mayor parte del champagne es mezcla de vinos de varias cosechas y cuando hay una añada de muy buena calidad se le llama «millesimé» y se le pone el año de cosecha. Mientras que los cavas son siempre mono añada, siendo típico embotellar un coupage de vinos de una sola vendimia.
Calidad, identidad, diferencia
Actualmente, el Consejo Regulador del Cava admite la utilización de la uva chardonnay y desde el 2005 de la pinot noir, por lo que las diferencias entre cavas y champagnes pueden verse acortadas.
Para Manuel Durán esta estrategia no tiene sentido. En su opinión, los cavas que se hacen con variedades francesas sólo tienen éxito en España. En el extranjero, los consumidores prefieren vinos que tengan las características de su región de origen. «Si quieren un vino con paladar francés, lo compran francés. Aquí tienen éxito porque se ha dicho que son una novedad y esto no es así. Cuando hablo con jefes de compras extranjeros me aseguran que es dificil que un vino español hecho con variedades francesas tenga éxito, porque cuando un británico, por ejemplo, busca un chardonnay, pinot, merlot, etc, no lo busca entre los vinos españoles.»
Considera que «no podemos presumir de hacer un chardonnay muy bueno, cuando es algo que se ha conseguido en muchas zonas. Se trata de un camino en el que no sólo debe irser hacia la calidad sino hacia la identidad, la diferencia. Para Manuel Durán no es de recibo dedicar importantes inversiones públicas o privadas para luego hacer un producto que es exactamente igual a lo que se hace en otras partes».
Hay libros que no hablan de comida, pero es como si lo hicieran. Tal es el caso de «Registro Civil Silvestre» un pequeño homenaje a la flora del oriente boliviano publicado por la Eitorial El País el pasado 2007.
Un texto en especial evoca los placeres de la buena mesa, sin mencionar más que, por así decir, sus anticipaciones: «Canchón cruceño para mi hijo»habla de aquellos árboles, matojos y matorrales útiles para crecer, retozar y probar sabores, algo así como el huerto que se extraña y se sospecha aún en los valles cochabambinos y tarijeños.
«Colocaré al lado de tu ventana,
un guayabo,
para que filtre la luz que da a tu cuna
y para que reciba pajaritos que te canten,
que te canté, bebé, para arrullarte»
El autor, Adolfo Moreno, es agrónomo y poeta, y sabe de lo que habla. Un primer regalo para los placeres de un buen convivio es el canto de los pájaros, que se atraen al jardín si hay sombra y frutos para cobijarlos. No es igual un mate a las cinco de la tarde tomado -y conversado- a la sombra de un parral, con pajaritos alrededor, que encerrado en un mesón de cocina con paredes blancas como sola compañia. Las masas saben a vivo, y el calor del mate es mayor.
«En la parte más conspicua de la casa
dejaré un achachairú de densa fronda,
para que te sientes por las tardes a su sombra,
y para que descubras su sabor al pie del árbol»
Ah, las frutas. Su utilidad va acompañada de su embelesamiento, del placer que provocan. Un limonero acompaña ensaladas y refrescos, cebiches y singanis. Un naranjo nos regala cítricos para pasar el invierno – y mermeladas- un granado nos da frutas capaces de tentar a Perséfone, un ciruelo, un duraznero, nos regalan flores y frutos suficientes para crear, con ellos, licores y pasteles.
En Santa Cruz, donde reinan otros climas y sabores, dan también los mangos, los tutumos, los tamarindos. El palto da en todas partes.
«Hacia el fondo del patio, como sabes,
cuando ya adulto deberá reinar solitario
un alto palto para que alegre tu cocina
y te de trabajo cuando tengas que cambiar;
muy contrariado,
las muchas tejas rotas a paltazos»
Me falta alguna, quizá?
«En el fondo del canchón al fin pondremos
un árbol de lima y otro de toronja,
para que peles y te comas hasta el hollejo,
porque el hollejo es infaltable cuando viejo»
Hoy vamos a hablar un poco sobre el color. Creo que es una base importante para realizar nuestras creaciones en azúcar. Es evidente que cada persona tiene un gusto diferente en cuanto a colores, así hay quien prefiere hacer sus composiciones con colores análogos produciendo sensación de armonía y hay quien prefiere utilizar más los […]
Ingredientes 400 gramos de quinotos 150 gramos de azúcar 1/2 taza de vinagre blanco 1 taza de agua o jugo de naranja 1 cdta. de jengibre rallado 60 gramos de pasas de uva sin semillas 1/2 cdta. de curry 1/4 cdta. de canela 1/4 cdta. de ají molido 1 clavo de olor Preparación Lavar los […]
Programación Te presentamos los 7 platillos coreanos más picantes, en el Aniversario del Corea del Sur El curry de Abiko, es uno de los platillos más picantes que se sirven en Seul. (Cortesía Abiko). Por CNN ¿Por qué? Tan extraño como pueda escucharse, para muchos coreanos, el condimento es una terapia. Hay algo sorprendentemente catártico […]
3 claras 1 taza de azucar 1 1/2 de singani 1tasa de jugo de limon 1/2 Medio vaso de agua mineral cubitos de hielo en el vaso Batir las claras a punto nieve agregar poco a poco el azucar hasta hacer un merenge hechar el agua poco y poco y luego el limon y la […]
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