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Un cielo encapotado despide al pepino y Carnaval paceño

10 Feb

Adiós Hubo 2 entierros del pepino, en San Francisco y Cementerio

“Pero volveré al año, volveré”, sentenció el tradicional pepino chorizo durante el entierro simbólico que ayer puso fin al Carnaval paceño. Mientras las viudas lloraban la despedida, un pícaro ch’uta respondió al personaje: “Yo cuidaré de tus cholitas y de tus 500 mil bebés”.

Al cortejo fúnebre, en la plaza Mayor de San Francisco, llegaron unas 1.000 personas que tuvieron que soportar más de dos horas de lluvia, que cayó cual lágrimas de viuda. Pero los paraguas e impermeables se dejaron de lado cuando los grupos musicales tocaron las canciones de despedida.

Picarescas e improvisadas coreografías de mujeres con trajes antiguos y de pepinos sobresalían en medio de cuecas, huayños y bailecitos que la orquesta Recuerdos Vivo y los infaltables Los Olvidados tocaban rememorando antiguas estudiantinas que alegraban el Carnaval de los años 30 y 40.

“Qué viva el Carnaval”, indicó el oficial mayor de Culturas de la Alcaldía paceña, Wálter Gómez, organizador de esta representación. “Despedimos esta fiesta, pero la vida es un Carnaval y hay que saber vivirla, no hay que llorar”, ovacionó por su parte Arianet López, la cholita paceña.

Al concluir la retreta, las viudas, representado por el sector femenino de Los Olvidados, rodearon el ataúd del pepino, que era cargado por otros personajes, y se alejaron hasta desaparecer por la calle Figueroa. “No, no te vayas pepino, tantas wawas (bebés) me has dejado”, lloraba una de ellas. Ch’utas. Esta despedida también se vivió en la zona del Cementerio, donde alrededor de 25 mil personas vestidas de ch’utas y pepinos, y acompañados de sus parejas, danzaron al ritmo de sus bandas hasta la noche. La vistosidad de sus trajes de colores vivos y coreografías fueron características de las 25 comparsas que danzaron por la avenida Baptista.

Javier Escalier, presidente de la Asociación de Comparsas del Carnaval de La Paz, indicó que a la fiesta se sumaron bailarines de las comunidades de Coro Coro, Caquiaviri, Viacha, Sica Sica y otras. “Además están presentes de distintas zonas de la ciudad, cada comparsa está compuesta por unas 1.000 personas”.

Ch’utas Súper Papis Bronco Amigo y sus Lindas Mamis 0 km, Farsantes de La Paz, Cariñositos de la Garcilaso de la Vega, Elegantes Ch’utas Choleros de La Paz y sus Lindas Bellezas de Tipo Holandesas, Alegrísimos Ch’utas Coquetos y sus Lindas Joyitas de 24 klts. (quilates)”, fueron algunos de los nombres que identificaban a las comparsas que desde las 11.00 bailaron desde la plaza Garita de Lima, recorrieron la avenida Baptista y Kollasuyo, y descansaron en la cancha El Tejar.

La asociación de comparsas también realizó otro acto simbólico del entierro del pepino en esta zona. Los ch’utas sostenían el ataúd y daban giros bailando en cadena por la Baptista acompañados por las viudas hasta perderse en el Cementerio.

“Ya se acaba el Carnaval, pero no-sotros seguiremos danzando a pesar de que llueva”, indicó Dora Cahua, bailarina de la comparsa Los Ch’utas y Pepinos y sus Cholitas Misk’i Chuymas (corazones dulces). “La lluvia es una bendición y el ch’uta se quedará en el corazón de los paceños”, dijo Escalier.

Segunda vez en francisco

músicaEn la retreta de San Francisco  se recordó temas compuestos por  Gilberto Rojas, Alberto Arteaga, Justo Jaldín y Julio Martínez. Ésta fue la segunda versión consecutiva del entierro del pepino realizada en esta plaza.

En Oruro,  el Carnaval se prolonga hasta el 20

Ayer hubo entradas infantil y de la zona Sur, que inicia su diversiónJuan Mejía

Oruro, en domingo de tentaciones vivió una fiesta infantil con la entrada del corso 2013, y una fiesta de comparsas, unas que bailaron para despedir el Carnaval y otras para dar inicio al Carnaval del Sur, que durará hasta el miércoles.

El corso infantil 2013 fue una muestra del ingenio de los padres de familia para disfrazar a sus hijos con atuendos originales, como el disfraz de un lagarto hecho con maples pintado de verde y con mensajes a favor del medio ambiente, de una salida al mar para Bolivia y otros. La fiesta culminó con el desfile de carros con alegorías a las culturas del mundo.

En la tarde, aproximadamente unas cuatro comparsas se trasladaron a las zonas Este, Norte y Sur para celebrar la fiesta de tentaciones y despedir el Carnaval en el sector de los arenales, el sapo, la víbora, el cóndor y otros sitios tradicionales. Los grupos entraron a la ciudad pasada las 19.00.

Pero la fiesta más relevante fue la entrada de unas 12 comparsas en la zona Sur, que recorrieron toda la avenida España bailando en parejas al compás de trotes ejecutados por las bandas de música. Así se dio inicio al Carnaval del Sur, que durará hasta el miércoles.

Según Cristino Ontoja Moya, un antiguo sureño, esta fiesta nació en la calle Pagador y Tomás Frías en 1968 con la participación de dos comparas: Santa Bárbara y Los Brillantes, en 1975 se trasladó al sector del zoológico y desde 1983 a la avenida Abaroa.

La Razón / Micaela Villa – La Paz

 

El rostro asado, comida del diablo

10 Feb

rost

Víctor Montoya

Escritor

Al día siguiente, desperté con una resaca de mil demonios. Me levanté moviéndome como marinero en tierra, me enfundé en mis ropas y entré en el cuarto del Tío*, quien permanecía sentado en su trono, sonriente y más fresco que una lechuga.

–Después de nuestra tremenda farra de anoche, ¿deseas comer alguito en especial? –le pregunté solícito.

–Como no puedes preparar mi plato favorito, ni k’alaphurka nipataskha –asistió el Tío–, te acepto un ch’arkikan, ese orgullo de la tradicional cocina orureña, basado en carne de llama salada y secada al sol, mote de maíz, papas, rodajas de queso de cabra, huevos cocidos y llajwa. El único secreto está en saberlo preparar con manos hábiles y con mucho amor.

–¿Y cuál es tu plato favorito? –pregunté curioso por conocer la otra dimensión de sus gustitos.

–El rostro asado –contestó–. El rostro asado es también conocido entre los comensales orureños como la comida del diablo.

Cerré la boca y pasé a la cocina. Me puse el delantal y, cuchillo en mano, me dispuse a preparar el ch’arkikan: amortajé la lonja de carne, la corté en finas hebras y la freí en una cacerola con aceite, mientras en una olla cocía la papa y en otra hervía el mote de maíz y los huevos.

–¿Y con qué bebida prefieres acompañar el ch’arkikan? –le grité desde la cocina, ya con las manos en acción.

El Tío carraspeó, se levantó de su trono, ocupó su lugar habitual en la mesa del comedor y contestó:

–No hay matrimonio más perfecto que un ch’arkikany un vaso de cerveza o una tutuma de chicha. Además, después de una tremenda borrachera, la cerveza sirve para matar la sed y nivelar el cuerpo.

Le serví el suculento plato de ch’arkikan, con dos puñados de mote, dos sendas papas, dos humeantes huevos, un trozo de queso tostado, una cascada de crujiente ch’arkiy, para rematar, una ensalada de cebollas y tomates, con una pizca de sal y pimienta, un chorrito de aceite de oliva y otro de vinagre. Al final puse el platillo con llajwaen la mesa y llené las copas con cerveza fría.

–¡Buen provecho! –dije ostentando el mismo orgullo con el que un panadero alaba su pan.

La reacción del Tío no se hizo esperar, comió con la mirada y las manos. Luego se deshizo en elogios y comentó:
–Este plato es una fiesta para el paladar. Te salió sabroso, como para chuparse los dedos y delirar: Cuando como, no hablo con la boca abierta ni conozco.

Me limité a mirarlo cómo se zampaba el ch’arkikan y se vaciaba la cerveza, hasta que me volvió a asaltar la curiosidad por saber algo más sobre el rostro asado, su plato favorito.

–¿Cómo se prepara el rostro asado? –pregunté a punto de atragantarme con el mote.

El Tío paró las orejas, se relamió los dedos y contestó:

–El rostro asado es la cabeza del cordero, cocida con cuero, lana y todo, en el rescoldo de un horno de panificación. Las cocineras suelen lavarla por dentro y colocarle en el hocico un pedazo de sal y hierbas aromáticas. La temperatura del horno y la experiencia de la cocinera hacen el resto. Es una antigua especialidad de la gastronomía orureña, un manjar delicioso, que a muchos asombra no sólo porque es la comida del diablo, sino también porque a más de un comensal se le retuerce el estómago y se le erizan los pelos.

El Tío se metió la última porción de ch’arkikan en la boca y aligeró el último sorbo de la cerveza. Chasqueó la lengua contra los dientes y dijo:

–El rostro asado es un plato exclusivamente orureño y no tiene el mismo sabor ni el mismo tratamiento en otras ciudades del país, debido a que el mejor ganado ovino de Bolivia está en la meseta andina. Parece que el secreto se esconde en los pastizales aledaños al salar de Uyuni. Mientras más sal consume el cordero, más exquisita es su carne. Por otro lado, sólo las prodigiosas manos y la sabiduría tradicional de las orureñas pueden darle el toque que requiere el rostro asado. Comerlo es un ritual: quitar el cuero del cráneo y devorar el seso antes de que el frío de la madrugada lo impida, seguir con los ojos, las mandíbulas y la lengua. Es un alimento degustado por los borrachos y noctámbulos que, babeando y babeando, descarnan hasta el último hueso, ya sea parados en la calle, sentados en la acera o con la cara vuelta contra la pared.

–¿Y nunca te dio asco? –pregunté con una mueca de repugnancia.

–¡¿Asco?! ¡¿Por qué asco?! El rostro asado es la comida del diablo y manjar para paladares refinados. No en vano Jaime Saenz, en Los papeles de Narciso Lima Achá, le dedicó unas líneas a esta especialidad culinaria de la tierra de los urus.

–No recuerdo bien esas líneas de Saenz –le dije revelando mi pésima memoria.

–¡Cómo que no! –replicó con el ceño fruncido–. El vate paceño refiere que las cabezas de corderos cocidas al horno tienen un aspecto asaz inquietante, pues parecen mirarte como desde ultratumba, con grandes ojos desmayados y relucientes (…) y parecen decirte: por favor, no me comas, con blancos dientes y con lengua colgante, siendo esta última el bocado más apreciado por los conocedores, quienes comienzan con los ojos y continúan con los sesos, para luego proseguir con el pellejo y terminar con la lengua, que precisamente se reputa como lo más delicioso del rostro asado y se reserva como postre.

–Está bien, Tío –asentí con un gesto de aversión–. Ahora dime, ¿dónde comprabas tu plato favorito?

–No lo compraba –contestó de inmediato–. Las veces que no salía la luna, yo salía de la mina antes de clarear el alba y, transformado en artista bohemio en la noche fría y sin estrellas, me presentaba en la Avenida Bolívar o en la esquina de la calle Herrera y Montesinos, donde las vendedoras, al darse cuenta de que era el mismísimo Tío, y a modo de congraciarse conmigo, me ofrecían gratis un exquisito rostro asado, humeante y partido de un hachazo. Yo daba las gracias y comía la cabeza entera a mi regalado gusto, acompañándola con pan, llajway un bajativo o mata chancho, preparado con el mejor destilado lugareño.

–En este caso, el trago no sería un mata chancho, sino un mata cordero, ¿verdad?

–Da lo mismo –dijo retirándose a su trono–. Lo importante es saber que Oruro es famoso por su Carnaval, pero también por el rostro asado, Quien no ha probado la comida del diablo, no conoce la tierra de los quirquinchos ni los gustitos del Tío.

Me levanté de la mesa y pasé a la cocina, dispuesto a fregar los platos, las ollas, la cacerola y los vasos, mientras el estómago se me retorcía de sólo pensar en la comida del diablo.

 

*Deidad de la mitología andina, mitad dios y mitad diablo. Los mineros le temen y rinden pleitesía, ofrendándole hojas de coca, cigarrillos y aguardiente.

Victor Monotya

Nació en La Paz, en 1958. Escritor, periodista cultural y pedagogo. Vivió en las poblaciones mineras de Siglo XX y Llallagua. En 1976, como consecuencia de sus actividades políticas, fue perseguido, torturado y encarcelado. Estando en el Panóptico Nacional de San Pedro y en el campo de concentración de Chonchocoro-Viacha, escribió su libro de testimonio ?Huelga y represión?, hasta que en 1977, tras ser liberado de la prisión por una campaña de Amnistía Internacional, llegó exiliado a Suecia.

Cursó estudios de pedagogía en la Escuela Superior de Profesores, en Estocolmo. Dictó lecciones de quechua en institutos, coordinó proyectos culturales en una biblioteca y ejerció la docencia durante varios años. Ha publicado: ?Días y noches de angustia? (premio nacional de cuento, UTO, 1984), ?Cuentos Violentos? (1991), ?El laberinto del pecado? (1993), ?El eco de la conciencia? (1994), ?Antología del cuento latinoamericano en Suecia? (1995), ?Palabra encendida? (1996), ?El niño en el cuento boliviano? (1999), ?Cuentos de la mina? (2000), ?Entre tumbas y pesadillas? (2002) y ?Fugas y socavones? (2002). Dirigió las revistas literarias ?PuertAbierta? y ?Contraluz?. Escribe para una veintena de publicaciones en América Latina y Europa.

Es miembro de la Asociación de Escritores Suecos y del PEN-Club Internacional. Participó en el Primer Encuentro Hispanoamericano de Jóvenes Creadores, Madrid, 1985, y fue uno de los principales organizadores del Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Europa, Estocolmo, 1991.

Su obra mereció premios y becas literarias. Tiene cuentos traducidos y publicados en antologías internacionales. Es redactor responsable de la edición digital de Narradores Latinoamericanos en Suecia:http://www.narradores.cjb.net.

En tres lugares se ofrecen llauchas con sabor de antaño

9 Feb

  

El sol apenas calienta a las 7:00, cuando Domitila Aguirre instala su improvisado puesto en la esquina de la calle Tumusla y Buenos Aires. Sobre su tarima de madera, tres canastas cubiertas dejan escapar el vapor y el aroma de las llauchas recién horneadas.“Llauchas calientes, compre caserito, con harto queso”, repite a viva voz, mientras sus fieles clientes hacen fila para llevarse sus empanadas rellenas con queso.En La Paz, tres lugares son conocidos por este tipo de masas, cada uno con características propias, un público fiel y cocinadas con recetas de antaño.
Estos puntos se encuentran en el barrio de San Pedro, la esquina de las avenidas Tumusla y Buenos Aires y en la plaza Garita de Lima.Jorge Ruibal compra todas las mañanas llauchas en la zona de San Pedro cuando va de camino al trabajo; lo hace de lunes a viernes y en fines de semana cuando sale por las compras para el desayuno. “Me gusta el queso de estas llauchas, es algo que se ha perdido en otros lugares”, señala Ruibal, quien afirma que en otros puntos las llauchas ya no tienen queso y que éste ha sido reemplazado por harina con agua. “Son de mentira, se ven grandes y pesadas pero no tienen nada adentro”, asegura otro comensal a Página Siete.
En la esquina de las calles Almirante Grau y General Gonzales, Petrona Ordóñez le sonríe a Ruibal al verlo pasar. “Caserito, cuántas vas a comprarme hoy”, pregunta, mientras éste se acerca al puesto. “Dos nomás casera, estoy a dieta”, dice el joven cliente. El puesto de Ordóñez es famoso por sus llauchas color anaranjado, coloreadas así con un poco de ají rojo. “La receta la aprendí de mis padres, quienes horneaban llauchas y empanadas en la calle Tumusla”, dice Ordónez. Hace 30 años que ella ofrece esta tradicional empanada en San Pedro. Domitila es otra de las vendedoras, pero ella las ofrece en la esquina de las avenidas Tumusla y Buenos Aires. Ahí atiende a sus últimos clientes de la mañana, cerrará su puesto hasta la tarde. Ella vendió ayer 150 empanadas rellenas de queso caliente antes de ir a almorzar. “Mis clientes prefieren mis llauchas por la cantidad de queso y por el ají con el que las recubro”, dice orgullosa. Domitila “pinta” sus llauchas con ají colorado, dándoles algo de picante. Algunas cuadras más arriba, Pablo Cachaca observa cómo la gente come las llauchas que hornearon sus hijas bajo su supervisión. Las suyas son famosas por mantener una de las recetas más antiguas de la empanada. En su puesto, detrás del Hospital La Paz, en la Garita de Lima, ofrece llauchas hace 50 años. “Mis llauchas son como las de antes, con ulupica (ají pequeño picante) en el relleno y ají molido encima”, manifiesta. Cachaca recuerda que antes toda llaucha se preparaba así. “Hay quienes se comen la ulupica, hay quienes la botan; la razón por la que está allí es porque le da sabor al queso”, añade. Una señora de pollera no duda en pedir una, la muerde y el relleno de queso se desborda por su mano, toma la diminuta ulupica y se la pone en la boca. Al momento, Cachaca sólo se dedica a hornear y supervisar la venta de las empanadas. “Ya estoy mayor y ya no puedo salir a vender, pero mis hijas se encargan de eso”, confiesa. Los puestos se cierran al mediodía, pero abrirán en la tarde para que los clientes puedan tomar el té con estas tradicionales empanadas. Se hornean desde la madrugada.
El proceso de hacer llauchas se inicia a las 4:30, mientras el frío cunde en la madrugada paceña. Uno a uno, los trabajadores ponen los ingredientes de la masa en una mezcladora para luego hacer bollos que se amasan, varias veces, con el uslero. El siguiente paso es colocar el relleno de queso, que en el caso de Petrona Ordóñez proviene exclusivamente de las localidades de Guaqui y Pucarani.
La labor de quienes trabajan en el horno de Ordóñez es una manera tan sistemática, tanto que parece una coreografía. Luego se pintan las llauchas con ají molido y queso, y se las pone al horno. Para las 7:15, gran parte de las 300 empanadas producidas al día salen del horno para ser vendidas .

Ch’alla de Martes de Carnaval

8 Feb

Les comparto este articulo muy descriptivo del rito de la Ch’alla del martes Carnaval, publicado en el Periódico La Razón.

La ch’alla debe ser dulce, ruidosa, colorida y abundante
(La Paz – La Razón) 

Este rito prehispánico, propio de la Anata o tiempo de abundancia de la cosecha, representa el acto de devolución que hace la persona a la Pachamama por los bienes recibidos. Hoy se practica en el campo y las ciudades.

“Llevate caserita cositas para ch’allarte, para que le agradezcas a la Pachamama”, grita Nilda Fernández a todo aquel que pasa por la calle Illampu, al oeste de La Paz. Aquí, cada año se vende variedad de productos para cumplir con el tradicional rito de martes de Carnaval.
La palabra ch’allar significa en aymara “rociar”. Es la acción humana de echar o regar, sobre la tierra o bienes materiales, elementos simbólicos como un gesto de retribución y gratitud hacia la madre Tierra (Pachamama).
Este ritual andino de origen rural tiene orígenes prehispánicos. Es una forma de relacionamiento social entre el Jache —la persona— y la Pacha, la madre Tierra. Ella es parte fundamental de las creencias del mundo andino, donde todas las cosas tienen vida y por lo tanto el ser humano debe mantener un fuerte contacto con ella.
La ch’alla es una tradición que del área rural pasó a la urbana andina y de allí a todo el país, gracias a las migraciones.

Mesa dulce o blanca • Lleva pastillas
Hay que quemar todo • La mesa se quema antes de ch’allar la casa. Puede ser el lunes por la noche o temprano el martes de Carnaval. Antes de ponerla al fuego se debe abrir la nuez; si está blanca se la ch’alla con alcohol y vino; si está negra se la ch’alla con cerveza.dulces de diferentes formas (luna, estrella, etc.) y confites. Atrae suerte y dinero. Una figura grande representa la casa, hay vegetales como la alpinica, bolabola, wirakoa, nuez, un feto de llama y vino indio para calmar la sed de la Tierra.

Leer la suerte • La ceniza que queda, si es blanca significa buena suerte para todo el año y se la debe guardar en una esquina de la casa, debajo de
la tierra o en una maceta. Si es negra se la tiene que botar a la basura para que la mala suerte no afecte a la familia.

Lo que se necesita para una ch’alla completa que complazca a la Pachamama

La Anata en el campo y el Carnaval citadino comparten tradiciones como esta de la ch’alla. El rito nacido en el campo llegó a las ciudades y de éstas retornaron costumbres en un diálogo enriquecedor. Por eso, en la ciudad se busca el vino de indio y en el campo se usan cohetillos. Milton Eyzaguirre explica los significados de cada elemento.
Serpentinas
Es un elemento decorativo que de la ciudad llegó también al campo. Se usa para más volumen a las cosas que se ch’alla. Se usa el lunes y martes de la Jiska y la Jacha Anata.

Pétalos multicolores
En la ciudad nació la costumbre de usar mixtura. Pero, se dice que trae mala suerte, pues el viento se la lleva. Es mejor usar pétalos: se rodea la casa
y se ponen en las esquinas.

Flores
Además de usar pétalos de hortensia, pompones y retamas, se aconseja colocar retama en un florero. Es de buen augurio y elimina los elementos negativos de la casa.

Confites
Los pequeños de colores alimentan a la Pachamama, pues ésta necesita elementos dulces. Se echan en la tierra y en el tejado de la casa.

Cereales
Habas, quinua, arvejas, choclo, nueces, lentejas y trigo se riegan para que se multipliquen el dinero y la comida. Dorados y plateados son ya innovaciones. En el sur del país se usa la haba seca.

Banderines
Sirven para que la casa y las movilidades tengan una vestimenta multicolor. Antes se hacían de papel
de seda, hoy son de nylon. Es probable que llegaran de México, donde los filipinos dejaron su arte.

Cohetillos

Costumbre occidental ya arraigada. En el campo sirven para llamar a la gente a unirse a la ch’alla. El ruido despide a los muertos que desde el Día de Difuntos están en el Manka Pacha.

Globos

Los grandes sirven para las cuatro esquinas del tejado y los delgados y largos son el adorno del resto de la casa. En el campo se enflora a los animales, pues el colorido es parte de la abundancia.

Vino
Calma la sed de la Pachamama. Unos dicen que tiene que ser de uva pura sin ninguna mezcla. Otros hablan del vino de indio que es un preparado de tintes y no se toma. No tiene alcohol.

Alcohol
Se usa al final de la ch’alla, cuando la Pachamama recibió las muestras de agradecimiento. Se echa en las cuatro esquinas invitando a beber a la Madre Tierra y pidiendo permiso para el festejo posterior.

Cerveza
Se la toma después de realizar la ch’alla junto a la comida. Tienen que tomarla todos los asistentes. También se la derrama en forma de chorro. Cuanto más espumante, mejor augurio.

Comida
Se acostumbra comer en abundancia. El puchero, el zonzo, el asado de chancho, el saice son algunos platos tradicionales por regiones. En el campo, el aptapi es el aporte de toda la comunidad.

Q’OWA

La Q’owa es un ritual, y parte de la tradición andina y  milenaria de Bolivia, que en la actualidad se la practica en los valles y el oriente boliviano. Los elementos de la preparación, dependiendo del caso, tienen  una serie de hierbas y elementos específicos, que son significativos. El significado puede variar en cada caso, pero el fondo principal de la q’owa es el de presentar una ofrenda que sea agradable a los espíritus milenarios que rigen estas costumbres, principalmente a la Pachamama  (Madre Tierra). Dicha ofrenda tiene como fin recibir la protección y bendición de las divinidades. Es un proceso de reciprocidad: nosotros damos alimento a la Pachamama, mientras que ella nos protege y ayuda con la familia, el amor, el trabajo y los negocios. El día ideal para realizar la q’owa es el primer viernes de cada mes, al igual que el martes de carnaval; pero se puede ver el ritual todos los viernes, en las casas, negocios desde cafés hasta empresas constructoras. Aunque mucha gente diga que no cree en las tradiciones andinas, la gente que realiza la q’owa se ha incrementado en los últimos años, tal vez para no dejar de lado una posibilidad más de suerte en el trabajo o los negocios.

Carnaval también es tiempo de «entrar en armonía» con la naturaleza

8 Feb

 

Los Tiempos.

Cultura
  • Expositoras de la Ñaupa manka mik’una en Los Tiempos. | Yvonne León
Publicado el 09/02/2018 a

COCHABAMBA |

Carnaval «es un tiempo de reciprocidad, también tenemos derecho a alegrarnos, pero en función a respetar el medio ambiente», señala la responsable del Centro de Encuentros Interculturales Andino Amazónico Chaqueño, Melvy Mojica.

En Bolivia, esta festividad está ligada a la agricultura y su desarrollo va de la mano con el calendario agrícola.

«El Carnaval para nosotros, para los pueblos andinos, significa más que la diversión es un agradecimiento y siempre decíamos que está época es bastante peligrosa porque puede haber heladas, excesos de lluvias, tal cual está sucediendo ahora. Por eso no debemos olvidarnos las recomendaciones de nuestros abuelos ancestrales que el sentido del Carnaval es precisamente un tiempo para agradecer a la Pachamama«, reflexiona Mojica.

El martes en Tiquipaya, a 10 kilómetros de la ciudad de Cochabamba, una mazamorra sepultó varias viviendas y se reportó un fallecido y desaparecidos.

Los constantes incendios, la deforestación, la ampliación de tierras para cultivos y la falta de manejo integrado de cuencas cobraron factura en Tiquipaya. La lluvia causó que el suelo erosionado se desprenda en varios puntos de la cuenca. Las plataformas y rocas cayeron en gran cantidad y concurrieron en el río Taquiña, llegando a las áreas urbanas de la zona.

A esto se suma inundaciones en diferentes municipios del departamento y en el resto del país.

«El lunes de Carnaval nosotros vamos a preparar un ritual de reciprocidad para la Pachamama. Primero, tenemos que agradecer todos los frutos que nos está dando y también pedir perdón por todas las cosas que nos hemos equivocado como sociedad y que provocan estos desastres que estamos viviendo«, comenta la experta.

El día lunes se realizará un ritual de agradecimiento y reciprocidad en el pasaje San Rafael, ubicado entre las calles Ecuador y Colombia.

Mojica explica que se debe «entrar en armonía con uno mismo, con la familia, con la comunidad, con el barrio porque esa es la reciprocidad con la Pachamama, ese espíritu de fraternidad, de reciprocidad que necesitamos tener».

 

 

 

Los Rituales de la Ch’alla

8 Feb

Cuando alguien adopta una posición intransigente respecto a algún tema, no queda otra sino respetarlo. Sólo un necio puede exigir que todos piensen igual que él. Cuando un pueblo es diferente, entonces es un pueblo extraordinario. Ésa es su riqueza. Con ese criterio se deben leer la cosmovisión andina y sus manifestaciones culturales.

Pretender que la cosmovisión de un pueblo ajeno sea igual a la que uno tiene es inaudito. Eso sería como desconocer territorios climáticos, históricos y políticos. Sin embargo, así de contradictorio es para los eurocentristas lo que hacen los aymara-quechuas. Jamás les gustará, aunque hay excepciones. Los andinos están en su territorio y ahí deben manifestar lo que piensan y lo que saben hacer. Estos pueblos pertenecen a la revolución agrícola y han sido interferidos por otras civilizaciones. Ése es su contexto.

Una de las manifestaciones culturales del pueblo aymara-quechua es su propia visión del Carnaval. Dentro de este marco, la markha (k’illpha) y la ch’alla son integrales. La primera, en áreas rurales; mientras que la segunda se magnificó en las ciudades. Se habla de jisk’a y jach’a anata. Los homenajes del jisk’a se dirigen a los animales; y los de la jach’a, a la casa. Su relación con la Madre Tierra es tan importante que merecen una fiesta. La primera es una celebración y una suerte de matrimonio de animales. La segunda es una recepción de agradecimiento a los productos de la Pacha Mama. “No se baila así nomas…”, dice Sigl-Mendoza. Y justamente en esa dirección hay que ver el Carnaval andino. No son fiestas ni danzas a ciegas y a tontas, ambas festejan un hito alcanzado en el calendario andino.

La markha o k’illpha es una designación y asignación de los animales a los miembros de la familia. Para ello preparan una ceremonia, se compran lanas de colores para elaborar los aretes que adornan las orejas de los animales seleccionados y homenajeados. Asimismo, además de ingredientes propios de los ritos andinos, se compran frutas (en especial membrillos y duraznos), confites y la infaltable coca. Hasta los animales tienen que acullicar coca y confites en su recepción. Por supuesto también están la serpentina y el alcohol o vino para la ch’alla. Para el matrimonio de las ovejas y vacas, se tiende una frazada, sobre ella se extiende un aguayo, y luego se colocan dos tarillas llenas de coca y confites. Ahí traen dos borregos, un macho y una hembra; y así con el resto de los animales. Luego se marcan y colocan los aretes de casados; y después se introducen hojas de coca y confites en la boca de los animales, se les sueltan cantando: ¡wipha!, la música de pinkillus, tarqa, salliwa u otra apropiada para la época.

En La danza ritual de los ‘chaxis’ se explica que se recibe y se ch’alla a la nueva papa. En las ciudades es más común ver a la gente corriendo desde las 06.00 a ch’allar su casa y luego su lote. Hacen este rito como todos saben: con alcohol, vino, confites (de varios tamaños), membrillos y duraznos.

Tampoco puede faltar la coca, adornos hechos manualmente y productos industrializados, como serpentinas y globos de todo tamaño y forma. Los andinos tienen un pensamiento seminal, esto significa seguir el modelo de desarrollo biológico (Kusch). La Tierra y los humanos son uno; y hay que festejar ese espíritu y la creencia de la unidad y fuerza de los humanos con su entorno. Es el deseo de que esa relación dure más tiempo; el respeto, el amor a las cosas que nos cobijan y nos cuidan, y que merecen reciprocidad. Eso es criar la vida, ése es el embrión de vida que nos sostiene como seres gecéntricos.

La Razón / Con ojos aymaras – Félix Layme Pairumani

Historia del Pepino en Carnavales de Bolivia

8 Feb

 

Pepinos, entre máscaras, chorizos y chauchitas (La Razón)
Muchos rostros tiene el personaje más importante del carnaval paceño. Se barajan muchas teorías sobre su origen, pero su historia se continúa tejiendo en los talleres de artesanos.Miguel Vargas S.
Fotos: Tony Suárez, Archivo Foto Cordero / Nicolás Quinteros

Agudísima pone la voz; de tiple, de pipiripi. Aunque el paso de los años le heredó un profundo dolor de espaldas, no puede dejarlo; es un vicio. Cada domingo de carnaval porta un ´chorizo´ —arma contundente ensamblada con medias nylon y rellena de arena— para enfrentarse a la entrada. Detrás de la careta se siente otro. Reparte golpes, lo mojan y se venga con harina y mixtura. ¿Cuánto cuesta ser un joven de 54 años? para el profesor Andrés Aramayo Cayo sólo se necesita vestir un traje y una máscara de pepino.Misterioso origen el de este personaje. Hijo mestizo del pierrot francés, el arlequín y el kusillo —un espíritu juguetón andino que se lleva las semillas durante la siembra—, el fiestero del carnaval paceño remonta su origen al siglo XIX.El historiador Ismael Sotomayor relata en sus Añejerías paceñas las carnestolendas de la época republicana, con la organización de las primeras mascaradas de las élites paceñas y las coplas populares en que la gente se burlaba de las autoridades. Hay rastros de arlequines y bufones, pero del pepino, ni un comentario.El investigador Gonzalo Íñiguez dice que el pepino es un personaje propio de la comedia del arte español que llegó de la mano del teatro del siglo XVIII a Bolivia. Tenía un bonete con tres cuernos, cabellera de cuero de oveja y dientes de vidrio. José De Mesa habla de un personaje surgido a principios del siglo XIX como el arlequín de circos europeos. Otros historiadores recuerdan como su más remoto antecesor al Pierrot de Croce. También está la figura de un clown uruguayo, el Pepino 88, quien en las dos últimas décadas del siglo XIX animó a la Argentina.

Es posible que el nombre genérico del personaje paceño provenga precisamente de este artista, Pepino Podestá, un trapecista que devino en payaso y conformó un repertorio de canciones, letras y chistes vinculados a la actualidad de esa época. Además de sus habilidades de músico, Pepino 88 tenía un espectáculo interactivo en el que dialogaba con su público.

La hipótesis es que con la llegada de un circo argentino o uruguayo, la figura de uno de los clowns —si es que no era el mismísimo Pepino Podestá— quedó fijada en la memoria de los paceños, que lo replicaron a partir de esa fecha. No por nada, el traje de Podestá tiene similitudes con el que aparece en las fotos del archivo Cordero.

Para el antropólogo David Mendoza, el pepino surge como una copia del bufón o el pierrot que se lucía en las fiestas de la clase alta. Pero con el tiempo, la figura fue apropiada por los paceños, adoptando características peculiares.

Alegrías del siglo **
Las memorias de Julio Cordero Benavides no se confunden con un apoyo tan contundente como el del archivo fotográfico iniciado por su abuelo, Julio Cordero. A sus 68 años, recuerda perfectamente sus aventuras como pepino.

La fotografía más antigua que tiene data de 1909 y muestra a este personaje con un traje ancho y careta. El sombrero era en forma de cono y los fiesteros acompañaban sus pasos con las mandolinas.

´El domingo era la entrada para todo el pueblo. El personaje principal era el pepino. En esa época no se mojaba. El pepino tenía una careta feliz o triste y una bolsa llena de mixtura, serpentina y monedas. Los niños les gritábamos \’¡Pepino, chorizo, sin calzón!\’ y él nos sonaba con el chorizo. Luego decíamos, \’¡chauchita, chauchita!\’ y entonces nos lanzaba monedas´.

Así se celebraba en las décadas de los años 40 y 50. La gente jugaba con agua de colonia en botellas de vidrio que llegaban de España y Francia. Después apareció un rociador en envase de goma, pues aún no existía el plástico. La serpentina y la mixtura cubrían todo. No habían globos ni chisguetes.

El lunes, las comparsas visitaban las casas de sus madrinas. En la clase alta se elegía una reina y su mandato se celebraba en grandes bailes en el Teatro Municipal, el Hotel Torino, el Club de La Paz, el Bancario o el Ferroviario. La Alcaldía organizaba las mascaradas.

El martes era la ch\’alla y el miércoles de Ceniza se dedicaba al día de campo. Allí, los comparseros bailaban con las estudiantinas. El viernes de Tentación empezaba la despedida del Carnaval, pues el sábado se realizaba el Entierro del Pepino en la plaza Garita de Lima. ´Se hacía un ataúd de cartón viejo y ahí se ponía al muñeco… en realidad no se lo enterraba, se lo deshacía… las viudas aparecieron años después´, recuerda Cordero.

Julio también fue un alegre pepino. Su tía Luisa le cosía el traje, usaba zapatos viejos y peluca de lana. El traje del pepino tenía sólo un color y la careta era de cartón con engrudo. Luego apareció la máscara de tres cuernos y de yeso.

Los trajes se compraban en la esquina Sagárnaga e Illampu por 10 ó 15 pesos de la época. ´Como no te pueden reconocer, te acercas a las personas conocidas y a alguna chica bonita para halagarla, mojarla con agua de colonia, hacerle tragar un poco de mixtura y adornarla con serpentina. Bailar se siente bonito; hay que chillar, cantar, es pura alegría. Es lindo bailar en ronda sin saber con quiénes´.

En la década de los 60 apareció el juego con agua y la “matasuegra”, arma golpeadora fabricada de cartón prensado. ´Cuánto ha cambiado el rostro del pepino paceño´, se lamenta Julio. Pero existe un artesano que busca recuperarlos.

El hacedor de rostros
Desde que recuerda, sus abuelos trabajaban con yeso. Alejandro Paz Castillo tiene 48 años y un taller en que fabrica caretas de tela para pepinos. También tiene otras de yeso, como las que se usaron a mediados del siglo ** para evitar el daño del juego con agua.

Desde los 10 años, Paz trabaja en ese taller. Allí vio cómo se perdía en el tiempo la máscara de tres cuernos. ´Estos pepinos los ´romperajas´ han vuelto después de mucho tiempo, el modelo es el tradicional. Estaba a punto de desaparecer hasta que los matarifes regresaron con estas máscaras que han empezado a gustar a la gente´, explica Alejandro.

El proceso es en base al fuste de fieltro, que se moldea a mano cuando está húmedo. Al fuste seco se le pasa una capa de yeso (sisado) y se hace el acople entre cara y cabeza. Este yeso se prepara como si fuese una especie de arcilla que incluye yeso, harina blanca, cola, tiza molida y azúcar. Las proporciones son su secreto. Una vez terminado, prepara una masa que sirve para dar relieve y aumentar detalles según la creatividad del artesano. Cada modelo es único.

La máscara de tres cuernos se vende a 100 bolivianos y la de tela —fabricada con tocuyo y engrudo que se adhiere a una tela que luego es pintada— cuesta a 10.

Para esta fiesta, el tiempo le alcanza para hacer unas 50 máscaras de yeso y 500 de tela. Empezó el trabajo en noviembre y acabará a tiempo para la entrada.

Son cuatro hermanos los que trabajan en el taller. Paz no tiene hijos. ´Hay gente que viene a aprender, pero se escapa, porque es mucho trabajo. Estamos de 8.30 a 23.00´, explica Alejandro, a quien no le preocupa mucho el no tener descendencia, pues su hermano menor está llevando sus conocimientos al plano formal estudiando en la Carrera de Artes.

Eso sí, trabajo no faltará en el taller de la calle Reyes Cardona. Al menos eso cree Javier Escalier —presidente de la Asociación de Comparsas, Ch\’utas y Pepinos del Carnaval Paceño— pues la planificación para estos carnavales no sólo incluyen la elección del Pepino 2006, sino el desentierro, festejo y posterior sepultura del personaje paceño, que cada año que pasa, recupera la sonrisa de esos rostros de antaño.

Ciudadanía se alista a adquirir insumos para el martes de ch’alla

7 Feb

Cientos de orureños se aprestan a vivir el tradicional martes de ch’alla, para agradecer a la madre tierra por sus bienes que serán adornados con serpentinas, mixtura, globos y flores sus casas, además de cohetillos con la esperanza de que estos bienes sean de mucha utilidad y duren bastantes años, para ello los comerciantes ya ofrecen una variedad de productos.Como todos los años, orureños y bolivianos en general, dan gracias a la madre tierra, por los bienes que tienen, además de adornarlos y echarles con alcohol o refresco, mixtura, confites, azúcar, flores y otros para que duren o les vaya bien, según explican las comerciantes además también se vende «mesas» dulces o blanca para rendir este tributo.»Aunque las tradiciones año tras año se van perdiendo, en el carnaval la gente todavía acostumbra celebrar como antes comprando diferentes productos, por ello nosotros, preparamos los confites, la mixtura, serpentina y otros, pero lo más adquirido son las flores», afirmo la vendedora, Dora Soria.En los diferentes centros de abasto de la ciudad, se expenden confites cuyo costo de la libra es de 6 y 7 bolivianos, de diferentes colores sobresaliendo el blanco y el fucsia, que según cuentan las vendedoras es para atraer la salud y el amor en el hogar.Las serpentinas alcanzan un costo entre 130 y 140 bolivianos, la bolsa que contiene 130 unidades de serpentina.La libra de mixtura se oferta a 24 bolivianos, en esta época se utiliza mixtura de todo color. A esto se incrementan los adornos de plástico que se ponen en ventanas, techos y paredes de las casas, o simplemente sobre los autos y otros objetos que se quiera ch’allar.

El momento de la ch’alla debe ser a las 12:00 horas, y la familia entera al son de música carnavalera echa la mezcla de mixtura, confites y algunos pétalos de flores con azúcar a las esquinas de la casa y los techos asimismo el refresco, vino o alcohol para que todo el año la propiedad esté bendecida y protegida, lo mismo se hace con los otros bienes además de adornarlos con globos, serpentina y algunos arreglos de flores, y es muy común escuchar, a esa hora de cada martes de ch’alla el reventar de cohetillos y petardos.

COMIDA

La tradición de la ch’alla, también señala que se debe cocinar un plato especial para la Madre tierra o Pachamama, siendo el producto más cotizado por la población la carne de cordero y llama, otros prefieren la carne de cerdo o pollo, se acostumbra a asar estas carnes en horno o en parrilla, acompañado de papa, camote, oca, choclo, ensalada y plátano de freír.

El Carnaval de Oruro

7 Feb




El carnaval orureño es uno de los más espectaculares del continente sudamericano. Durante una semana, los habitantes de esta ciudad del altiplano sur de Bolivia salen a la calle ataviados con sofisticados trajes para homenajear a la virgen de Candelaria. Esta original festividad se manifiesta de una forma muy especial: La Diablada (danza de los demonios), que se ha convertido en la gran celebración anual de Bolivia. Se trata de una recreación del triunfo del bien sobre el mal, pero no se puede reducir a eso, ya que el festival está muy relacionado con los mitos y tradiciones tanto cristianas como indias. 

El origen de este carnaval procede de una antigua leyenda según la cual la Virgen de la Candelaria atendió en sus últimos momentos a un ladrón malherido en una mina que hay en la parte baja del cerro Pié del Gallo. Cuando los mineros encontraron el cadáver del bandido tenía una imagen de la virgen sobre su cabeza; hoy, la mina es conocida como el Socavón de la Virgen. Por entonces, los trabajadores mineros sólo tenían un día de descanso al año y lo hicieron coincidir con la Fiesta de la Virgen para bailar en devoción a ella y desahogar sus penas, así nació el carnaval de Oruro. El diseño y creación de los trajes de la Diablada se ha convertido en un arte en Oruro. Existen numerosos clubes de Diablada formados por grupos de entre 40 y 300 miembros de todo nivel de la sociedad orureña, patrocinados por empresarios locales, ya que los trajes pueden costar varios cientos de dólares cada uno. Los ensayos de estos bailes diabólicos comienzan el primer domingo de noviembre, varios meses antes de la llegada del carnaval.
Desde estas fechas hasta dos semanas antes del carnaval se celebran los sábados y domingos una serie de reuniones frente a la cueva de la virgen que van preparando el ambiente para la diablada. 

Un domingo antes del Carnaval, todas las sociedades folklóricas asisten al Segundo Convite a la Virgen, que en realidad es el saludo oficial de los danzarines y cofradías cuando todos los preparativos ya han sido concluidos. Este día, los bailarines ensayan la Entrada del Carnaval por la ruta establecida ante la expectativa general y la llegada a Oruro de los primeros turistas y visitantes. El Jueves de Comadres (ultimo jueves antes de la Entrada) y el viernes, se hacen las tradicionaleschallas de los parajes mineros, fábricas, centros de trabajo, mercados, oficinas y locales escolares.. Esta ceremonia ritual de contenido ancestral en la que se invoca a Pachamama (madre tierra), es completada con comidas y bebidas de toda índole, además de alegres sones de música nacional. El viernes por la noche se desarrolla una Gran Verbena Popular en el mercado Campero y a todo lo largo de la nueva Avenida del Folklore (antiguamente conocida como avenida 6 de Agosto). En la verbena participan las bandas de música que acompañarán al día siguiente a los conjuntos en la Entrada y otros grupos musicales y organizaciones juveniles. 

El carnaval propiamente dicho comienza el primer sábado antes del miércoles de Ceniza, con la gloriosa Entrada, un desfile de apertura encabezado por el personaje del Arcángel Miguel, ataviado con un impresionante traje lleno de brillo y color. Tras él, desfilan bailando los famosos demonios y gran cantidad de osos y cóndores. El diablo supremo, Lucifer, lleva el traje más extravagante. Fielmente, a su lado desfilan otros dos diablos, entre los que destaca Supay, el dios andino del mal, que habita las colinas y los pozos de las minas. La procesión va seguida de vehículos adornados con joyas y monedas, en conmemoración de los ritos Achura, en los que los Incas ofrecen sus tesoros a Inti (el sol), en el festival de Inti Raymi. Durante la procesión, los mineros ofrecen el metal de más calidad del año a El Tío, el personaje maligno que es propietario de todos los minerales y metales preciosos. La comitiva va seguida por los Incas y gran número de conquistadores, incluyendo a Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Cuando el Arcángel y los demoníacos bailarines llegan al estadio de fútbol, una serie de bailes ponen en escena la última batalla entre el bien y el mal. Cuando es evidente que el bien ha salido triunfante, los bailarines se retiran al Santuario de la Virgen del Socavón, donde se promulga que el bien ha prevalecido. 

http://www.elalmanaque.com/carnaval/bolivia.htm

Origen del Carnaval de Antaño de Oruro

7 Feb


Cargamento de oro milenario y acémila ingresando por la Avenida Cívica

Todos o quienes se encargan de hacer estudios sobre el Carnaval de Oruro, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, siempre hacen referencia a su origen, en relación a leyendas y mitos, los principales y conocidos son: La Mitología del Carnaval de Oruro, El Nina Nina y El Chiru Chiru.

El término de las tres historias desembocan en que los mineros y el pueblo Uru, determinan vestirse de diablos, para escenificar el sometimiento de mal al bien, o en retribución al milagro de vida dado por la Ñusta al pueblo de los Urus, por haberlos salvado de las cuatro plagas enviadas por Huari, el semidios andino.

Es que a partir de ese momento, los sentimientos de los habitantes de esta región hacen que confluyan en un solo fin, la devoción a la madre de los mineros, la Patrona de los orureños, la Virgen del Socavón.

Aspectos que desde ningún punto de vista los deliberaremos, pero, queremos retrotraernos al Carnaval de Antaño de Oruro. Si bien no podemos precisar la fecha de su inicio, porque no existe un dato fidedigno al respecto, sólo podemos afirmar y con certeza que el Carnaval de Oruro tiene más de dos siglos de vigencia, si tomamos como punto de partida la aparición de la Virgen del Socavón en 1789, con las leyendas del Chiru Chiru y el Nina Nina.

Ese hecho corroborado por Manuel Vargas, quien en su nota escrita: «Oruro desfile de Tradiciones» y publicada en la revista Etnofolk de 1992 señala que el Carnaval se inició en 1789, con el culto a la Virgen del Socavón. De esta época datan dos tradiciones parecidas, lo que mencionamos antes, las leyendas del Chiru Chiru y el Nina Nina.

Se cree que a raíz de esos milagros, y después de casi un siglo de ellos, en 1881 se construyó el Santuario de la Virgen del Socavón. Porque antes era sólo una pequeña parroquia al pie del cerro Pie de Gallo, donde los devotos se reunían para rendirle pleitesía a la Virgen de la Candelaria, que estaba pintada en un lienzo y cuyo fresco data de la segunda mitad del siglo XVI.

En el Libro de Oro de las Crónicas del Santuario se lee: «Década 80 del siglo XIX. El presbítero Francisco Cárdenas promueve la construcción de una capilla más amplia entre los años 1881 – 1882. El presidente de la República, general Narciso Campero ayuda (?) en su construcción».

Una construcción que resultó ardua, pero felizmente que culminó el ingeniero Julio Pinkas, quien fue traído desde el Brasil por el presidente de la República, Aniceto Arce, para que se hiciera cargo de varias obras importantes», según se publicó en el artículo «Construcción del Santuario» escrito por fray Alfonso Masignani Ballico, en su libro: «La Historia del Santuario Virgen del Socavón».

Pero, su origen puede ir mucho más antes, si tomamos en cuenta la Mitología del Carnaval de Oruro, con la aparición de las cuatro plagas al pueblo de los Urus y cuyos vestigios de tan maravilloso relato aún son evidentes en la ciudad de Oruro, al observar los restos de las cuatro plagas; la víbora, el lagarto, el sapo y las hormigas que un día invadieron este territorio, convertidas por la Ñusta en roca y arena.

Obviamente, el proceso para que llegue a consolidarse en la majestuosidad, como hoy conocemos al Carnaval de Oruro, fueron de muchos, pero muchos años.

Al margen del aspecto religioso, también tiene que ver aquí lo místico y lo andino, los rituales y otros aspectos espirituales, pero que no lo son todo. Es una simbiosis de lo religioso con lo pagano. Cultura más rica que no se la ve en ninguna otra parte del mundo, con estas características.

Queremos compartir el criterio de Edwin Guzmán Ortiz, quien en el artículo «El Carnaval Recóndito» que escribió para la revista «Etnofolk» del Comité Departamental de Etnografía y Folklore en 1992, establece:

«Si el Carnaval no es exclusivamente lo andino, sino enfáticamente además lo mestizo, eso que aludimos con el epíteto de «popular» cobra de pronto gran importancia. Además de la memoria larga del Carnaval, cuyas circunstancias se remontan a la colonia e incluso al periodo precolombino, la memoria corta forjada a principios de siglo (XX) nos proporciona un filón riquísimo de referencias que tienen que ver mucho con la identidad original de esta fiesta».

Guzmán asegura que el Carnaval de Oruro tiene un origen social humilde y por ese factor es «grandioso» y «majestuoso». Son los mineros y los gremios quienes se encargan de recrear a través de la danza su tránsito por la historia y la cultura.

«Los gremios de matarifes, veleros, cocanis y otros núcleos populares, a partir de la devoción hacia la Virgen del Socavón, cumplen la peregrinación en una entrada al Santuario desde las minas (San José e Itos) y pueblos aledaños como Machacamarca; este acto festivo devocional, es lo que se conoce como la «Entrada del Socavón». Una fiesta popular colmada de fe», dice Guzmán.

Sin embargo, a un principio los denominados «k’aras» o personas de la alta alcurnia, rechazaban esta manifestación cultural, prueba más clara de ello, son las publicaciones que aparecen en periódicos de la época, en la que se niega el ingreso de la Entrada por la Plaza 10 de Febrero, por una ordenanza municipal de los años 20 del pasado siglo. Por el contrario, en los medios impresos se criticaba el desorden y el paganismo de los «indios».

Lo que se puede recuperar de esa época son fotografías que muestran cómo eran los trajes de los danzarines de antaño, que pese a la pobreza reinante, sus hábiles talentos en la confección de los trajes, dignificaban su devoción a la Patrona de los mineros.

«Sin bandas (de música), al son de aerófonos andinos hacían su peregrinación hacia la Virgen del Socavón, mientras en otros escenarios, los «havillés» y las noches venecianas del carnaval de la oligarquía se desbordaba en medio de champagne, coupletistas, vestidas de madame Adrianne y aedas perfumados en los salones del Edén y el Palais Concert. Obreros, mutualistas, artesanos, cholos libertarios y unas cuantas mujeres, jamás pudieron imaginar que su fervor al cabo de unos años, sería conocido en todo el mundo», afirmó Guzmán.

Es por eso, y rescatando siempre los enunciados de Guzmán que hoy cuando vemos el lujo, la belleza de los artesanos plasmados en sus obras de arte, y el crecimiento que tuvo la Obra Maestra, no queremos recordar cuál fue el origen de tan grandiosa manifestación.

Mientras que Juan Carlos Paz, en su artículo «El Carnaval de Oruro» de la Revista Etnofolk de 1992, tras una entrevista realizada al danzarín de la Diablada Auténtica y conocido como el «decano de los diablos de Oruro», Camilo Paz Díaz, enfatiza que los mineros fueron los primeros que le rindieron pleitesía la Virgen Morena del Socavón.

«El origen de esta festividad religiosa, arranca del temor que sienten los mineros dentro de la mina. Allí nace el respeto a la Pachamama (madre tierra) y el miedo a los accidentes que se producen en las labores mineras, el minero busca protección de la Patrona: La Virgen del Socavón».

Paz afirma que los mineros fueron creadores de la entrada del Sábado de Peregrinación. Para ganarse los favores de «Supay» (diablo) se disfrazan queriendo representarlo, bajo la dirección del jefe. Luzbel (príncipe de las tinieblas). Mientras que el baile de la diablada, sería la danza de la redención, para llegar hasta los pies de la «Ñusta», transformada en la Virgen del Socavón.

«De esto nace la entrada del sábado de Carnaval (antes denominada de esa manera, ya que a la fecha se estableció como la Entrada del Sábado de Peregrinación, por ser el motivo central de la fiesta devocional dedicada a la Virgen del Socavón) con comparsas de jóvenes entusiastas, que con el tiempo se agranda, la alegría crece en el pueblo, muestra interés de participar formando nuevas comparsas que contraigan entusiasmo creciente», relata Paz.

En forma ya organizada, se forman varias instituciones folklóricas desde 1904, no cabe duda que una de ellas, sea la Gran Tradicional Auténtica Diablada Oruro (25 de noviembre de 1904).

Luego se organizan otros conjuntos como la Morenada Zona Norte, la Morenada del Sur, Los Negritos llamados en ese entonces como Tundiquis, «Los 12 pares de Francia», que era un grupo que llegaba de Chuquicamata, frontera Chile – Bolivia, bailan en pareja, el varón vestía una camisa blanca con la manga doblada a tres cuartas, zapatilla y un pantalón negro corriente. El ritmo que ejecutaban era al estilo del vals. La mujer tenía un vestido largo y una túnica que le cubría desde la cabeza, quedando descubiertos sólo los ojos.

También se crearon los Tobas, la Llamerada, los Cullaguas, los Sicuris y otros.

ENTRADA

Cuando esta manifestación ya era aceptada por la burguesía y clases dominantes, la entrada de antaño era corta y recorría sólo algunas calles antes de ingresar al Santuario de la Virgen del Socavón.

Paz relata: «Los danzarines no uniformaban los pasos, después del domingo un diablo bailaba acompañado de una China, la cueca «Chaupinpi Misq’iyoj» (cueca mezclada con diablada); primero la cueca al pasar la primera de ésta, se introducía la diablada y luego se bailaba la «segundita» de la cueca hasta terminar)».

Al retorno de la casa del pasante se bailaba en la Prefectura, allí se hacía una demostración de la coreografía de la diablada, como el ovillo, el relato y la estrella. Luego el prefecto invitaba a los danzantes, salteñas con cerveza. Luego los diablos bajaban bailando por la calle Bolívar, se iban a la casa del pasante, donde eran bien atendidos.

Más tarde, la Entrada del Sábado de Peregrinación fue creciendo y se desarrolló ya por la Avenida 6 de Octubre, como prueba de ello existe la letra de una diablada que dice «Por la 6 de Octubre, por la calle principal, todos a bailar, todos a cantar…».

Para una mejor organización se derivó a la calle Pagador y con el paso del tiempo y después de varios experimentos, al fin se estableció el ingreso por la Avenida del Folklore, conocida también como la Avenida 6 de Agosto.


Diablos de Oruro de 1910
LA PATRIA, Carnaval de Oruro
  • El motivo: La fe a la Virgen del Socavón
  •  Se dice que su origen se remonta a 1789 con la aparición de la Virgen del Socavón en la Villa San Felipe de Austria
  • Por: Dehymar Antezana – Periodista

Anata Andino

7 Feb

Celebración a la Pachamama en tiempo de lluvia

papa

Es la entrada andina previa a la celebración del Carnaval en el departamento de Oruro, un vínculo espiritual entre las danzas autóctonas y la producción agrícola en época de lluvias.

Es la celebración a la primera cosecha y da inicio a un nuevo ciclo agrícola, por el que se cumplen rituales de agradecimiento a la Pachamama. Es tiempo de la fertilidad.

Se realizará el 7 de febrero, para lo cual se espera el desfile de una decena de grupos autóctonos de comunidades que expresan en sus danzas la alegría de la primera cosecha.

Al ritmo de los instrumentos, la danza permite llegar a las divinidades supremas como el Tata Inti, Phaxsi Mama, wakas, achachilas y apachetas para pedir el retorno del año agrícola y recibir el Anta Mallku, que llega cargado de riqueza, es el pensamiento que expresa la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Oruro (FSUTCO) en su convocatoria a la XXI versión del Anata Andino.

Según su cosmovisión, la entrada es una manifestación de las naciones originarias que se realizaba antes de la invasión colonial de la cruz y la espada (armas de la conquista) y que hoy es recuperada por las comunidades que llegan a Oruro.

En la actualidad, danzas autóctonas como moseñadas, tarqueadas, jula julas, guitarrillas, pinkilladas, lakitas, kusillos, kena kena, entre otros, se admiran en la entrada.

Participan las 16 provincias del departamento de Oruro, además de delegaciones de los nueve departamentos de Bolivia, invitados especiales e internacionales, por lo que cada año se espera a un millar de visitantes en la tierra del carnaval.

Según los textos del investigador de la Unidad de Cultura del Centro de Ecología y Pueblos Andinos (CEPA), Marco Zabala, la celebración del anata data de hace años, quizás con otros denominativos. Los pueblos antiguos que habitaban esta región tenían sus propias deidades que se transformaron con el transcurrir del tiempo por el efecto de las migraciones.

Señala que esta fiesta tiene sus propias características en el área rural, pero en el contexto urbano se fue complementando con otros símbolos y sentimientos importados de otras latitudes del mundo.

El agradecimiento a la Madre Tierra por los alimentos que nos otorga es el tiempo femenino, el tiempo de la fertilidad al que se debe celebrar.

La organización campesina recuerda que el Anata es Patrimonio Viviente Natural, Material e Intangible de las Naciones Originarias, que se fortalece tras un proceso de resistencia de más de 500 años. Hoy las comunidades indígenas retornan con la sabiduría científica de los antepasados y dignidad cultural.

 

Todos los participantes en el Anata Andino deben ejecutar música, baile, coreografía, vestimenta y ceremonia originaria relacionada con el período de la época de lluvias (jallupacha). Los organizadores tomarán en cuenta el número de participantes.

 

http://www.cambio.bo/?q=suplementos2/revista-7-d%C3%ADas

Imponente Carnaval Boliviano

7 Feb

Muchos son los calificativos para el Carnaval en Bolivia. Grandioso, majestuoso, soberbio, maravilloso son algunos de los términos con que los testigos de esta fiesta generalizada manifiestan su impresión de una celebración que combina las costumbres ancestrales propias de cada región, departamento, ciudad y comunidad rural del país, con tradiciones europeas traídas durante la colonia.

La diversidad de opciones carnavaleras varía de acuerdo a la geografía y culturas de cada región. El carnaval andino se caracteriza por los rituales a la Pachamama y su manifestación es más autóctona que en los valles y en el sur, donde destacan el juego con agua y la elección de reinas. Si desea alejarse de la ciudad para estos carnavales sin dejar de lado el baile, la música de moda y la mojazón, puede participar en algunas celebraciones del interior de Potosí, Santa Cruz, Chuquisaca y Cochabamba; pero si busca algo más autóctono, con rituales y ofrendas a la Pachamama, su destino está en pueblos de La Paz y Oruro.

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La brillante riqueza folklórica boliviana, celebra los Carnavales con un ávido interés festivo, al extremo de anticipar las fiestas del calendario casi con dos meses o más, en los que esta celebración cobra creciente entusiasmo y alegría, diferenciándose esta festividad en el lado oriental por su algarabía y alta expresividad, con la del sector occidental del país, donde los entusiasmos no son tan exagerados, sino más bien cargados de una ritualidad, inscrita fuertemente en el pensamiento mágico.

Carnaval de Oruro

Declarado por la UNESCO, como Patrimonio Oral e intangible de la Humanidad, el “Fastuoso Carnaval de Oruro” se caracteriza por mostrar una vasta riqueza folklórica, que combina la danza y la música con la devoción a la Virgen del Socavón.

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Esta expresión folklórica aglutina la mayor muestra existente en toda Bolivia, con danzas como la Diablada, Morenada, Caporales, Tinkus, Llameradas, Sicuris, Incas, Antawaras, Tobas, Waca Wacas, Kullawadas, Pujllay y otras, cuyos integrantes, además de orureños, llegan desde todas las regiones del país, principalmente de La Paz y Cochabamba, así como desde el exterior, con el fin de expresar mediante la danza, su fe y devoción.

El Primer ensayo o “Convite”, conocido como “la Promesa” a la Virgen comienza a principios de Noviembre y sirve para abrir el Carnaval y formular un compromiso para bailar tres años consecutivos. Esta promesa se refrendará en el último “Convite”, que se realiza una semana antes del Domingo de Carnaval.

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Después de muchos años coincide la Fiesta en Honor a la Virgen de la Candelaria, (Virgen del Socavón) del día Sábado 2 de Febrero, coincide con el Sábado de Carnaval, que es cuando se realiza la Fastuosa Entrada de Carnaval, donde resalta el lujo y espectacularidad de más de 50 fraternidades. La fiesta se extiende hasta las primeras horas del día Domingo. Ese día se realiza “El Alba” o saludo a la Virgen por parte de los danzarines que, amenizados por sus bandas y reunidas las fraternidades en el Socavón, contrapuntean con acordes de las distintas danzas, mostrando la destreza y dominio de los instrumentos y la riqueza musical boliviana.

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En estas fechas Oruro recibe a más de 500.000 turistas nacionales y extranjeros y el movimiento que generará este flujo turístico asciende a cerca de 8 millones de dólares en cuatro días, (fuente Viceministerio de Cultura) beneficiando al comercio, transporte, turismo, artesanos bordadores y músicos del país.

El Carnaval de Oruro es una magnífica demostración del sincretismo religioso-pagano, manifestación de cultura viva y expresión folklórica de Bolivia, en la que participan jóvenes y viejos, sin distinción de clases sociales y colores políticos. La fuerte devoción religiosa convierte sus danzas en arte popular vivo.

Carnaval de Santa Cruz

Refleja el espíritu alegre del pueblo cruceño. Comienza un mes antes con las fiestas «precarnavaleras» en las que participan todas las comparsas juveniles encabezadas por su Reina. Una semana antes del carnaval se lleva a cabo el minicorso en el cual se realiza la proclamación de la soberana anual del Carnaval.

A partir del atardecer del sábado y hasta el amanecer del domingo de carnaval tiene lugar el deslumbrante Corso en el que salen a bailar por las calles alrededor de 300 comparsas. Las mismas recorren las calles de la ciudad al ritmo de bandas y «tamborita». En el recorrido, el visitante admira un marco desbordante de lujo y colorido en hermosas fantasías, impresionantes carros alegóricos que transportan a las reinas y también percibe el intento por rescatar los motivos regionales y el respeto al medio ambiente.

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El espectáculo adquiere su máxima fastuosidad cuando ingresa la reina del carnaval cruceño con toda su corte constituida por los integrantes de la comparsa coronadora. En estas fiestas la mujer es la principal protagonista pues, al estar completamente disfrazada, hace de las suyas escogiendo pareja, coqueteando e invitando a bailar a los varones que asisten a dichas fiestas.

El público podrá apreciar que la entrada de los grupos está dividida en tres bloques folklóricos: regional, nacional e internacional. También participan de esta fiesta conjuntos típicos, entre los que destacan los de la Chiquitanía que entran acompañados de tamboristas al son de chovenas (ritmo oriental).

El frenesí continua el domingo, lunes y martes, días en que la población baila y se divierte en las calles céntricas de la ciudad jugando con agua, pintura y espumas, viviendo momentos de total alegría.

Carnaval de Tarabuco (Chuquisaca)

Festividad que manifiesta la virilidad de sus habitantes en la música, danza, colorido y canto. Tiene su origen en la epopeya del 12 de marzo de 1816, protagonizada por los guerreros indígenas que enfrentaron y derrotaron al ejército español realista de los «verdes» (el nombre se debe al color de sus uniformes) que les duplicaba en número.

La sátira al conquistador español se pone de manifiesto en detalles de la indumentaria que utilizan los bailarines en esta oportunidad: grandes espuelas y montera imitando el yelmo español.

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El Phujllay (significa juego) comienza con la celebración de la misa en quechua, continua con la entrada de grupos de bailarines a la plaza y la elección de la ñusta o virgen de la ceremonia ritual de la «pucara» -símbolo mágico y religioso-.

Terminada la danza ritual y luego de beber chicha y degustar platos de comida típica picante, los campesinos montan sus caballos y a los gritos de «Viva el Phujllay!» se alejan en busca de otras ofrendas folklóricas a la madre naturaleza, que consisten en alimentos (carnes, frutas, hortalizas, bebidas, panes) adornados con flores y plantas en un armazón en torno al cual se desarrolla la danza y la música.

Esta fiesta, que se lleva a cabo el segundo domingo de marzo, impresiona al visitante por la fuerza, colorido y belleza de la manifestación ancestral.

Carnaval de Tarija

La fiesta comienza con un mes de anticipación, con recorridos de comparsas y banda por las calles.

Faltando dos semanas para el carnaval, el día jueves hombres y mujeres transitan las calles de la ciudad con hermosas tortas adornadas con fruta de la temporada, dulces, flores, queso, etc.; todo esto en una gran canasta con globos y serpentinas. Se trata de la fiesta de «Comadres y Compadres». El que recibe el presente se convierte en compadre o comadre y se compromete a acompañar en las buenas y en las malas a su nuevo pariente espiritual. Por las noches las mujeres de Tarija salen a la plaza a bailar con sus tortas. Las comparsas tienen la costumbre de llevar a la plaza al diablo enjaulado, donde es liberado con lo que se da por iniciada la fiesta.

Tarija es famosa por la belleza de sus mujeres. Entre ellas se realiza la elección de la Reina de Carnaval. Los habitantes organizan el Corso Infantil y el Corso de Mayores, el cual está lleno de colorido y alegría y se ve complementado con el Concurso Folklórico Campesino de Música y Baile. Posteriormente comienza el gran baile popular en la plaza principal en el que participan comparsas, pueblo y visitantes. Es interesante ir a los pueblos porque cada uno presenta sus manifestaciones folklóricas.

A comienzos de cuaresma, se entierra al diablo en una fiesta especial, evento único en que los tarijeños usan máscara; ésta es elaborada con cuernos de oveja, chivo o vaca imitando al diablo. Mientras un hombre abre el paso para el diablo, detrás va la «negra santera» pintando la cara de los curiosos con hollín. A ellos les sigue el diablo con los grupos carnavaleros.

Carnaval de La Paz

El Carnaval de La Paz se caracteriza por su variedad y colorido y por las distintas presentaciones que tienen lugar esos días de alegría. Comienza el Sábado de Carnaval con el Corso Infantil, para continuar el Domingo con la Farándula, donde se presentan gran cantidad de Comparsas principalmente de “Pepinos” —su personaje principal—, de orígenes mestizos, que desde el anonimato le pone el sello de la alegría en toda la época carnavalera. En las farándulas paceñas, participan distintas comparsas llenando de color y alegría las calles.

El “Pepino” (personaje que representa una sátira del arlequín español), quien con su mixtura, serpentina, harina y al son de sus alegres cascabeles inunda el ambiente carnavalero de algarabía; cubierto su rostro por el anonimato, toma por sorpresa al público al que moja, golpea suavemente con su «chorizo» (especie de garrote hecho de tela y relleno de esponja) invitando a bailar.

El día Lunes se realiza desde horas de la mañana el Jisk’a Anata (Juego pequeño, en aymara), donde participan agrupaciones folklóricas y grupos autóctonos de música y danza. El Martes está dedicado al encuentro con lo mítico y ritual, se realiza la tradicional “Ch’alla”, que es el agradecimiento por lo recibido de la Madre Tierra “Pachamama”, para el buen augurio en el año.

Al siguiente Domingo, tiene lugar la centenaria “Entrada de Domingo de Tentación” y el entierro del Pepino. A manera de cortejo fúnebre, el cuerpo del Pepino es llevado en hombros hasta ser depositado en el Cementerio General, de acuerdo a la costumbre. La música tradicional del Carnaval paceño, combina la música de Ch’uta o huayño suave, con estudiantinas y tarqueadas, que son propias de la estación.

El «Chuta» es gran animador de la fiesta quien, a diferencia del pepino solitario, se mueve al ritmo de las bandas de música acompañado siempre de sus dos mujeres (representando a la que dejó en el campo y a la que encontró en la ciudad). Lleva máscara de alambre milimetrado prensado en moldes de cobre y bronce, pintadas las mejillas rosadas y los ojos celestes. La ropa es la del antiguo pongo y «lluchu» (gorro) colorido.

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Pepinos del Carnaval Paceño.

El «Kusillo» es otro personaje que el visitante tiene que observar con atención: en su imitación del arlequín español, los aymaras representan a este bufón con un traje y careta confeccionados de paño de varios colores.

Junto a ellos se presentan otros grupos de disfrazados que dan rienda suelta a la imaginación y diversión con trajes de héroes y personalidades de la política nacional. En el Jisq’a Anata, fiesta en la que se conmemora la llegada de los primeros productos de la cosecha o de la producción agrícola andina, se baila la danza de los Qhanchwiris, acompañada de pinquillos, con ritmos de la tierra. Participan conjuntos como Kullawada, Morenada, Caporales, Sicuris, Saya Afroboliviana, Chutas, Moceñada y otros del folklore paceño y boliviano.

Fuente: Educa Bolivia

El Jacha Anata de Huatajata

6 Feb

El Jacha Anata de Huatajata visibiliza más la presencia de las mujeres aymaras en las bandas folklóricas

Periódico Digital PIEB •  Platillera Carnaval Periódico Digital PIEBDurante la fiesta del Jacha Anata o Carnaval Andino, es en el municipio de Huatajata situado a orillas del Lago Titicaca, donde más se visibiliza la presencia femenina aymara en las bandas musicales folklóricas, afirma el investigador Clemente Mamani.El comunicador social señala al Periódico Digital PIEB, que las bandas folklóricas musicales que tocan el día miércoles de cenizas en Huatajata, tienen una gran presencia de mujeres jóvenes aymaras. “A diferencia de las bandas citadinas que están conformadas por los clanes familiares; es decir, la tía la llama a la sobrina, a la hija a ser parte de la banda. En cambio, en el área rural las bandas son más comunales”, afirma.Mamani afirma que el hecho que las mujeres andinas se incorporen a las bandas folklóricas, es visto desde la visión rural como algo natural, es el chacha warmi, entendido como el proceso de complementariedad entre hombre y mujer, es el caminar juntos, “por tanto es un tema de género, no es mal visto, y en este proceso de cambio, la incorporación de las mujeres en diferentes ámbitos se da de manera paulatina”.Según el investigador del estudio: Las mujeres aymaras en bandas musicales folklóricas de La Paz, existe evidencia que en las costumbres ancestrales, era el hombre quien tocaba los instrumentos musicales andinos, y la mujer la que acompañaba con sus cantos, pero hoy en día, es ella quien también participa con la interpretación instrumental.Con la incorporación efectiva de la odontóloga, Ana María Álvarez como la primera platillera de la banda Pagador del carnaval de Oruro -hace 17 años-, se impulsó la participación y mayor visibilización de la mujer en la denominada “música de bronce”, señala Mamani. Su influencia motivó a bandas no solo de ese departamento, sino también de La Paz y El Alto a una mayor inclusión femenina a un rubro que antes era solo de varones.Sin embargo, el comunicador reconoce que a pesar de algunos esfuerzos por crear institutos y/o centros especializados para capacitar a las mujeres en el manejo de los instrumentos de bandas, estos no duraron, y terminaron siendo ellas las que se incorporen por cuenta propia a las comparsas, para aprender sobre todo a tocar platillos y trombones.“Más lo hacen por hobby que por profesión; eso les permite canchearse (ganar) unos 150 bolivianos por presentación, pero eso requiere que vayan bien uniformadas y deben estar en permanentes ensayos. Hay comparsas que siempre las van a requerir porque necesitan de la presencia femenina”, afirma.

A nivel urbano, dice que la fiesta grande de la Virgen del Carmen, patrona de la ciudad de El Alto –que se celebra el 16 de julio- muestra cada vez, mayor participación de femenina en las bandas, sobre todo, de mujeres bachilleres de origen aymara.

Contacto: clemeandeslaruta@yahoo.es

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El Puchero sabe a tradición

6 Feb

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Es una sopa que tiene tantos ingredientes que para hacerla toma alrededor de cuatro horas. Su potencial calórico equivale a la mitad del requerimiento diario (distribuido en 5 comidas) en un solo plato. Tiene muchos ingredientes, al igual que la fanesca, el rosero, la colada morada y,  en su segunda venida al país, Simón Bolívar la probó. Tenga en cuenta La tradición indica que su consumo va desde finales de enero hasta el último día de Carnaval, antes del Miércoles de Ceniza. La preparación de este plato exige de la ayuda de toda la familia. Los niños solían pelar las frutas y los granos, mientras que los adultos preparaban los caldos y las carnes. Normalmente, se comenzaba la noche anterior.    Las variedades  de puchero que Pazos ha encontrado son en Pichincha y en Loja, puede ser que haya en Tungurahua.Se trata del puchero que  vino de España.  Parece ser que la variedad que se prepara en Pichincha (que lleva garbanzo)  emigró desde las islas Canarias, como  cuenta el chef e investigador Santiago Pazos Carrillo. El puchero es un plato barroco porque tiene muchos condimentos, es lampreado, además, como otras comidas es emblemático para celebrar una festividad religiosa. Antes se lo preparaba para la temporada de Carnaval, de la misma manera como se prepara la fanesca en Semana Santa y los buñuelos en Navidad. Es un cocido a base de tres tipos de carne, tubérculos y frutas, que lo dotan de un sabor lampreado, tan característico de la cocina ecuatoriana. Piénsese que  en la fanesca algunas familias mantienen la costumbre  de poner un buen trozo de raspadura en ella, o en los distintos ajíes como el de carne, de pollo o de lengua en donde también se utiliza panela.  Lo curioso es que hasta en el hornado se mantiene este sabor característico ya que en el chancho se tiene lo salado; y en el agrio, lo dulce. El puchero, además de res, chancho y pollo, tiene  chorizo español.  La sopa está compuesta por esos tres fondos. Se hace con pera uvilla, durazno de Ambato,  membrillo, garbanzo, camote, pera, zanahoria blanca, arroz, col, ciruelas y 22 ingredientes más. Los secretos de preparación es que los duraznos son pelados y cortados en cruz, se les hace una incisión para cocinarlos con la pepa. Las peras se cocinan con todo y tallo, aunque este es raspado solo para que se quite su sabor amargo. Estas frutas se producen en la época de Carnaval, aunque por el clima cada vez se va retrasando el período de cosecha. Normalmente, para la segunda semana de febrero la pera uvilla ya estaría madura, en la actualidad está muy verde, otro ejemplo es que el membrillo no ha aparecido todavía aunque ya debió abarrotar los mercados. Siendo una receta contundente para el momento de comer, en Carnaval se solía servir únicamente esta preparación. Una porción en un plato sopero normal aporta más o menos  1 000 calorías. En la actualidad esta cantidad puede sonar exagerada, o puede representar al puchero como una preparación sin sentido. No es culpa de la sopa. Pazos explica que la receta obedecía a un modo de vida distinto, con más actividad. Por ejemplo, hoy por hoy nadie necesita caminar dos horas hasta Guápulo, siendo que fácilmente podemos tomar un bus y llegar sin mayor desgaste. Las costumbres han variado y con ellas también la alimentación. La receta ha cambiado poco. El puchero es una preparación tan antigua que hasta aparece en el segundo libro del ingenioso don Quijote de la Mancha, en esos tiempos se la conoció como olla podrida.  Cuando Sancho Panza gobierna la tan ofrecida ínsula Barataria es agasajado con este festín.

 

ElComercio.com

Puchero, sabor del Carnaval

6 Feb

Bien lo decía Gaby Vallejo, autora del libro “Comida y bebida indígenas en Cochabamba”, que no hay familia cochabambina que no cuente con una receta especial de puchero de Carnaval; y es que este es uno de los platos más esperados durante las fiestas del Rey Momo.

Según la publicación del antropólogo Wálter Sánchez coautor del estudio “Cultura, Creatividad, Patrimonio y Mercados: estudio para la generación de iniciativas culturales en el departamento de Cochabamba”, esta ciudad no es un lugar donde “se come mucho” sino un departamento donde se come bien, además de rico y variado.

Si bien este plato puede ser preparado durante todo el año, en estas fechas se agregan otros ingredientes, y eso lo convierte en uno de los platos centrales de estas fiestas. Esa mezcla se sabores se complementa perfectamente con el calor del verano, con los juegos con agua, con los disfraces y bailes, con la mixtura y serpentina. De ahí que el Carnaval, como todas las demás fiestas, tiene sus propios sabores y olores.

Estas son algunas de las razones para estimar que hoy algo más de 43.200 platos de puchero carnavalero serán servidos en la feria gastronómica más esperada de estas carnestolendas, la “Feria del Puchero, Festival del Acordeón y la Concertina”, en su 23 versión, que se realizará en el parque Excombatientes.

La preparación de este plato sigue uno de los procesos más minuciosos y sincronizados dentro de la cocina, puesto que se requiere más de una olla sobre el fuego y además de aprender a colocar a tiempo las carnes, papas y el repollo.

Precisamente estas son las razones para que algunos cocineros no se aventuren en su preparación, porque según la experiencia es un poco difícil calcular el toque exacto de los ingredientes y así lograr la creación de un bocado sublime y… casi perfecto en el cual se fusionan los sabores de las especias, el ardor del picante y el incomparable sabor de las tres variedades de carnes.

el sincretismo del puchero

Tradicionalmente el puchero es un “cocido” en el cual se combinan carnes y verduras, cuya receta básica se heredó de la gastronomía española y ya luego la magia de este plato se fue creando poco a poco, ingrediente tras ingrediente, condimento tras condimento.

El investigador socio cultural Willfredo Camacho señala que este plato es el resultado de una modificación o sincretismo del plato principal que hacían preparar los españoles y criollos durante la época de la Colonia, en las fiestas de Carnaval, pero que el ingenio del mestizo hizo su propia versión y fue así como paso a paso se le fue agregando nuevos ingredientes.

Ya desde aquella época los españoles denominaban a este plato central como “puchero” refiriéndose a la mezcla de ingredientes que se servía.

Wilfredo Camacho asegura que en tiempos de la Colonia, Cochabamba era el centro de encuentro de algunas familias españolas; por lo general estas reuniones se realizaban en sus haciendas de campo y eran atendidos por experimentadas cocineras, las que posteriormente fueron modificando la receta en sus hogares. Es así como ellas fueron quitando o sustituyendo algunos ingredientes como ser la variedad de carnes, puesto que las más empleadas era la carne de oveja y menudencias de cerdo como ser el hocico y las orejas. El plato original tampoco incluía picante ni frutas.

“El aporte de los criollos es el ahogado de ají amarillo en el plato; además de la incorporación de las frutas de temporada”, señala. Esto debido a la abundancia de fruta que existía en el valle.

Asimismo el investigador afirma que ya desde el origen del plato era abundante, ya que se tenía la creencia de que en estas fechas se debe consumir para que todo el año no falte.

Cocina caliente

Cotidianamente la olla principal del puchero lleva -además de la base del caldo común-, el repollo, las frutas y las carnes. Las cuales al cabo de un par de horas de cocción comienzan a desprender olores especiales, anunciando de que es el momento ideal para sacar las carnes, sazonarlas y freírlas en sartén caliente.

Uno de los secretos del puchero es que se debe montar el plato con prontitud, porque debe ser consumido muy caliente.

De esta manera se logra que el ají exalte su sabor con el calor del caldo y logre que el plato sea insuperable en cada bocado.

EL PUCHERO y su feria

En 1990 un grupo de nueve cocineras encaró el reto de organizar la feria del Puchero, entre ellas Pascuala Medrano vda. de Laime y Juana Fuentes vda. de Vásquez, quienes llevan 22 años de actividad y además se convirtieron en las mayores expositoras del plato durante la feria.

Ambas coinciden al afirmar que la idea surgió de otra compañera de ollas, Flora Quinteros, quien coordinó con Julio Rocabado, un reconocido artista del charango actualmente fallecido, quien trabajaba en el departamento de Etnología y Folclore de la Oficialía Mayor de Cultura de la Alcaldía.

Desde entonces el festival creció tanto en número de participantes como de visitantes que poco a poco fueron trasladándose. Al principio se realizaba en el parque Arqueológico, luego en el parque Vial, la plazuela Cobija y finalmente en el parque Excombatientes.

lAS DAMAS DEL PUCHERO

Tanto Juana Fuentes como Pascuala Medrano tienen amplia experiencia en la preparación del puchero y pertenecen al grupo fundador de la feria.

Ambas cuentan con su puesto de servicio gastronómico dentro del Mercado 27 de Mayo, el cual se ubica sobre la calle 25 de Mayo entre Sucre y Jordán, y trabajan en el rubro desde hace más de 40 años.

“Yo empecé a trabajar en la cocina porque me gustaba. Siempre estuve detrás de mi mamá viendo cómo sazonaba sus comidas”, relata Fuentes, al mismo tiempo que explica que para ella no sólo es cuestión de aprender a cocinar sino de amar todo lo que implica el trabajo de la gastronomía.

De igual manera la ganadora del festival del puchero el año pasado, doña Pascuala asegura que no tiene ingredientes secretos y que ella considera que lo único que sazona su plato es el amor y el orgullo de satisfacer el apetito del comensal.

Ambas afirman que conocen todos los trucos para preparar este apetitoso plato de carnaval; y que antes en encender el fuego se encargan de la verificación y calidad de los ingredientes.

“Desde hace años que tengo proveedoras, de carne, papa, repollo y de todo, porque no es fácil comprar productos para preparar algo más de 600 platos para la feria”, asegura Pascuala. Es así como el sábado a las dos de la tarde ya tiene todo listo para inciar la primera parte del trabajo.

“Empieza pelando los garbanzos y las papas, lavando el repollo, pellizcando el chuño; además de hacer cocer carnes y preparar el ahogado. En fin todo aquello que pueda facilitar la tarea a la hora de cocinar”, asegura Rosario Laime, hija de doña Pascuala.

“Tengo a tres hijas que me ayudan, es un trabajo familiar, además tengo a otras ayudantes, porque una sola persona no puede con todo y más cuando se trata de preparar para muchos platos”.

Es así como el día de la feria, a eso de las cuatro de la mañana, las cocineras ingresan al mercado para encender las hornillas, más o menos un promedio de siete por lado. Para poder cubrir la demanda de ese día, utilizan tres cocinas más, explica Juana Fuentes.

Ambas cocineras han sido galardonadas con el primer premio de la feria del Puchero.

“En cuatro ocasiones gané el primer lugar, tres de ellos en años consecutivos”, asegura Juana, pero ahora ya no tengo tiempo para participar porque la fila es tan larga que primero debo atender a mis clientes; puesto que si no fuera uno de los mejores pucheros no estarían haciendo cola y con eso soy feliz”, finaliza Juana Fuentes.

Hoy que es el día de este plato, no desaproveche la oportunidad de acudir a la plaza Excombatientes para degustar “pucherito”, acompañado de toda su familia.

Bolivia suspende sus conflictos para celebrar el carnaval

6 Feb

La Paz 

Un minero sujeta a una llama durante un ritual carnavalesco en Oruro. / G. B. (REUTERS)

La mayor parte de los bolivianos abre un paréntesis en las expresiones de protesta callejera y bloqueos y en su diaria actividad a fin de dar paso a la celebración del Carnaval .

El Carnaval, que se entremezcla con la fiesta indígena de Anata de agradecimiento a la Madre Tierra por la producción agrícola, se ha convertido en una de las mayores expresiones de la cultura boliviana, tanto por el derroche de alegría, bailes y libaciones, como por el tiempo que el boliviano se da para agasajar y reunirse con la familia y los amigos.

El gran desfile de bailarines lujosamente ataviados con atuendos bordados en oro y plata domina las actividades del sábado en la “entrada de Carnaval” en la ciudad altiplánica de Oruro, anfitriona este 2014 de alrededor de medio millón de visitantes, que casi triplican su población, de acuerdo a las cifras del ministerio de Culturas y Turismo.

El de Oruro es un carnaval que está enraizado en la fe religiosa, una vez que todos quienes participan en la “entrada” –que tiene un recorrido de varios kilómetros- hacen una promesa a la virgen del Socavón, o Candelaria, a cambio de peticiones.

El carnaval se ha convertido en una de las mayores expresiones de la cultura boliviana

Los “morenos”, que recuerdan a los esclavos negros traídos durante la colonia, llevan trajes bordados con hilos de oro y plata que pesan unos 50 kilos y su paso lento rememora el caminar cansado al son de una matraca.

Los “diablos” forman parte de fraternidades con centenares de miembros que despliegan una impresionante coreografía pese a que llevan caretas con una enorme ornamenta y son liderados por un ángel, que es quién triunfa en una simbólica lucha del bien contra el mal, la dualidad en la visión andina.

Por eso, los devotos bailan ante la Virgen –vista también como Madre Tierra- vestidos de “diablos” para aplacar las iras del “Tío” o el dueño de las profundidades oscuras del mal y de los minerales. Algunos estudiosos vinculan la esencia de estas expresiones con otras similares que se daban en Tarragona.

Los “caporales” y la “saya” son bailes de raíz africana que conquistaron a los jóvenes bolivianos, que hacen gala de gran energía en el baile que demanda figuras en el aire, entre los varones, y un incesante mover de polleras, mini polleras, entre las mujeres.

En la región oriental de Bolivia, Santa Cruz de la Sierra es el centro de un Carnaval muy parecido al brasileño

Proveniente del área rural llegan también conjuntos que desarrollan bailes como el del “tinku”, un encuentro entre contrarios del norte de Potosís, las kullawadas aimara, los chutas de La Paz y una larga lista de expresiones folclóricas pasará ante cientos de miles de personas apostadas en graderías hechizas, a lo largo de varias horas.

La presidenta de la Asociación de agentes de Turismo, Lourdes Omoye, ha asegurado que los ingresos durante el fin de semana en Oruro se calculan en unos 23 millones de dólares.

En la región oriental de Bolivia, Santa Cruz de la Sierra es el centro de un Carnaval muy parecido al brasileño, con desfile de reinas en carrozas que semejan los escenarios más diversos que uno pueda imaginar y seguido de exultantes comparsas de incansables bailarines.

El martes de “ch’alla” es otro día de gran importancia para la cultura andina pues es el homenaje a la Pachamama (Madre Tierra) y la dedicación de todo bien que pueda tener una persona. Las ofrendas –a fin de gozar de la protección de esta deidad- incluyen incienso, koa, hojas de coca, tierras de color, fetos de camélidos u ovinos, pétalos de flores, lanas de color, amuletos, todo regado a discreción con alcohol y dispuesto en un brasero.

 

La Diablada de Oruro

5 Feb

 El comandante de los ejércitos celestiales, San Miguel arcán-gel, conduce las tropas infernales a postrarse reverentes ante los pies de la Candelaria del Socavón.

La voz Diablada deriva del latín Diabo-lus = demonio: danza popular con disfraces de diablos muy difundida en el ámbito andino, en cuyo desenlace el comandante de los ejércitos celestiales, San Miguel arcángel, conduce las tropas infernales a postrarse reverentes ante los pies de la Candelaria del Socavón. La pieza tiene su origen, no como se cree en el ámbito colorido del carnaval de Oruro, sino a orillas de las apacibles aguas del Titicaca, en la ciudadela mística de Copa-cabana.Con clara reminiscencia de la lucha del bien y el mal en inicios de los tiempos, constituye una metáfora de la epopeya espiritual operada a inicios del siglo XVII en Copacabana -antaño conocida como “asiento del demonio” por tratarse del principal centro adoratorio o ceremonial de la idolatría en tiempos precolombinos- que es expulsado con todo su séquito infernal al instaurarse el cristianismo en el Lago Sagrado de los incas.

El antecedente más antiguo de la coreo-grafía se halla en el drama sacro del siglo XVI, posiblemente del mismo nombre, y variantes como el “Usca Paucar, auto sa-cramental del patrocinio de N. S. de Copa-cabana” (cuyo original se halla en la Biblio-teca de Lima) y otras similares, ocupán- dose del tema como catequesis para ganar la adhesión de los pobladores indígenas a la nueva fe, tal como lo muestran sendas obras de Calderón de la Barca y el Fénix de los Ingenios Lope de Vega, en plena Época de Oro de la literatura española.

El primero de ellos, en su obra “La auro-ra de Copacabana” considera al Santuario del Titicaca la capital espiritual del Nuevo Mundo, comparándola con la Ciudad Eter-na: “Pues como Roma siendo/ donde más vana tenía/ la gentilidad su trono,/ fue donde puso su silla/ triunfante la Iglesia; así/ donde más la idolatría/ reinaba, puso la fe…”

Por referencias de Ramos Gavilán, se sabe que la primera “entrada” folclórica en

América, se realizó durante la entroniza-ción de la Virgen de Copacabana, cuando a la voz de la fiesta distintas comunidades circunvecinas desfilaron delante de la pro-cesión, siendo la primera vez que las danzas nativas se ejecutaban “en conjun-to”, pues cual signo de identidad antes eran intransferibles e incompatibles con las de otras comunidades, barrera ésta que únicamente el impulso devocional lo-graría vencer.

Según Garcilaso, en tiempos prehispáni-cos la danza era una costumbre muy arrai-gada entre las poblaciones nativas, citan-do entre otros ejemplos la danza “los Incas”, en la cual participaban entre 200 o 300 hombres con ritmos pausados, graves y solemnes, que iban ganando tierra hasta llegar cerca donde estaba el Inca, diciendo al compás del baile cantares compuestos en loor del Inca presente y sus antepasa-dos…

Como resultado del choque entre cultu-ras, luego surgen expresiones de mestiza-je que perduran hasta hoy, en modalidades nuevas que incorporan máscaras y disfraz para satirizar en ve-lada protesta al conquista-dor. Entre ellas, la Diablada ridiculiza a las tropas napo-leónicas invasoras del rei-no de España, interpretan-do en ágiles ritmos su himno que hoy caracteriza a esa danza, el consabido “tan-taran-tan-tan, etc”.

Pero antes de ingresar a la temática del Carnaval, es conveniente destacar la popularidad que gozaban las fiestas de la Candelaria en la Villa Imperial como centro de riqueza de todo el Virreinato, donde los mentados festejos a la Pa-trona de la minería se pro-logaban durante todo un mes, concluyendo con el esperado desfile folclórico; pero en 1670 la Corona las suspendió definitivamente por atentar contra el trabajo de la Mita en los socavones del Cerro Rico.

Al coincidir la suspensión de la fiesta, con la aparición de los ricos yacimientos en Uro-Uro (hoy Oruro) que comenzaban a opacar a los de la Villa de Carlos V con costos más bajos en la producción, los prósperos empresarios orureños apadrina-ron la celebración extinta en Potosí, exten-diendo la fiesta desde el 2 de febrero hasta el sábado de Carnaval, cuando se realiza-ba la tan esperada entrada prolongada en su festejo por los feriados.

En la grandiosidad del Carnaval de Oru-ro, es donde entre las premuras del desfile folclórico el drama sacro deriva en los rit-mos ágiles y enérgicos que hoy identifican a la Diablada, habiendo perdido su significado evangelizador para ingresar de lleno en el ámbito del folclore, convertida en atracción central de la “obra maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Hu-manidad”.

Entre variantes que en la actualidad se observan, se puede mencionar que el número de diablos y ángeles antaño era el mismo; de las legiones celestiales hoy sólo interviene el arcángel San Miguel como figura central; en el caso de los animales que sobreviven -Ukumari, oso polar, cón-dor o monos- antaño representaban a los siete pecados capitales; del antiguo relato hoy solo se conservan breves fragmentos que se recitan antes de emprender la danza, etc.

Como dijimos, con aportes de conjuntos de música y baile del Carnaval de Oruro la

festividad del 2 de febrero descolla en Puno, prolongada en “la Octava” y una semana extra más de festejos. En 1967, observando la participación de esos asi-duos grupos desde dos décadas antes, el peruanísimo José María Arguedas presa-gia: “este desfile en los Campos Elíseos de París o en la 5ta. Avenida de Nueva York, causaría deslumbramiento y despertaría en los espectadores inquietudes jamás suscitadas antes en el corazón”

http://www.eldiario.net/noticias/2015/2015_02/nt150217/nuevoshorizontes.php?n=1&-la-diablada-de-oruro

El Origen de la Fiesta Grande de los Cruceños

5 Feb

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El Carnaval nació a caballo, con polvos de colores y elegantes bailes de salón

Siglo y medio de cambios en el Carnaval cruceño. Desde la celebración elitista en los salones más exclusivos de la ciudad, hasta el corso diverso y lleno de fastuosidad que abre una celebración que dura cuatro días y que nadie ha podido detener

La diversión estaba en jugar con cascarones llenos de pintura de colores
Carnaval, carnaval de mis sueños, has ido cambiando como Santa Cruz. Agonizan las casas de espera, murió el Caballito, se fue Pan de Arroz. Ya no truena la banda de Zoilo, no hay mascaritas para apechugar. Es la letra de un taquirari que estrenó la comparsa Chirapas en 1999 y que fue escrito por Julio Kempff. Refleja las transformaciones que tuvo el Carnaval cruceño desde que se conoce de él en el siglo XIX.
El historiador Alcides Parejas escribió un ensayo sobre el Carnaval cruceño a través del tiempo. Explica que el primer registro fue de Alcides D’Orbigny, quien describía que los caballeros de la época salían los lunes a caballo, provistos de cascarones llenos de aguas y polvos de colores, que utilizaban para pintar a las mujeres y que la fiesta duraba hasta el martes, a orillas del río Piraí. De aquella época también data el famoso Correo, que va desapareciendo en estos tiempos, en el que se anunciaba, con sátira, el próximo carnaval.
Ya a principios del siglo XX, en 1910, el diario El Comercio hablaba de un Carnaval con comparsas respetuosas, con bailes de sociedad muy concurridos, especialmente los organizados por las comparsas los socialistas y los pilsener.  La fiesta era elitista, no cualquiera podía entrar a esas celebraciones. Poco antes, a fines del siglo XIX, la alta sociedad se escandalizaba por la aparición de un nuevo ritmo que bailaban los más jóvenes, llamado guachambé, el mismo que después se consolidó como el carnavalito, totalmente diferente a los ritmos formales de la alta sociedad.
Aun en los 50 del siglo pasado, el Carnaval se celebraba de día y de noche. Con la luz del sol las fiestas eran en las casas de recepción y en las noches eran los bailes de gran tono; esa característica desapareció en los años 60 cuando el diario El Progreso contaba que “la muchachada de la clase humilde recorre también las calles con su música típica”.
Según el estudio de Alcides Parejas, la fiesta grande nació con características urbanas y sin rasgos folclóricos; careció de máscaras lo que le da un sello exhibicionista, pues a los carnavaleros les gusta mostrarse. La celebración también nació machista, ya que los que se divertían eran hombres, y las mujeres eran relegadas como objeto estético y sensual.
El corso
Las cabalgatas del siglo XIX fueron el antecedente del corso que, en la primera mitad del siglo XX, consistía en el paso de la reina en un carro alegórico, seguida por las comparsas uniformadas que bailaban al ritmo de la banda. Alcides Parejas menciona que en los 70 y 80 irrumpen los fastuosos carros alegóricos, como reflejo del auge del narcotráfico.
Hasta fines de los 60, el corso se realiza alrededor de la plaza 24 de Septiembre, después se hizo en el primer anillo y después pasó al segundo anillo. Durante unos años intentaron trasladarlo a la Doble Vía a La Guardia, pero volvió al segundo anillo y ahora plantean trasladarlo a la avenida Mutualista entre quinto y sexto anillo.
Las ‘precas’
Nacen a fines de los 70 y se realizan por lo menos tres semanas antes del Carnaval. En principio eran protagonizadas por comparsas jóvenes. Ahora se han convertido en desfiles que anticipan el corso, con carros alegóricos, donde la reina del carnaval es protagonista principal.
Los bailes de mascaritas
Nacieron a mediados del siglo XX. Duraban 11 noches, desde el jueves antes del corso, hasta el domingo de carnavalito. Las mujeres se ponían una capucha que les cubría el rostro, lo que daba licencia para la picardía y la sensualidad. Durante décadas se realizaron en el Caballito; pero durante los últimos 20 años entraron en decadencia y tienden a desaparecer.
El ensayo de Alcides Parejas termina interrogando ¿hasta dónde irán las transformaciones del Carnaval? y si estas modificarán la esencia de la fiesta del rey Momo, así como la sicología del pueblo cruceño: su modo de pensar, sentir y actuar frente a la fiesta grande que, hasta aquí, ha formado parte de su esencia. 
Imparable


No pudieron detener la fiesta ni decretos ni ordenanzas la frenaron

Una ordenanza en 1936 planteaba suspender el Carnaval después de la Guerra del Chaco. En 1945 se volvió a intentar la suspensión para evitar el derroche. Y en 1976, se planteó que no haya fiesta por las inundaciones. La fiesta grande se impuso y se mantiene en la idiosincrasia de los cruceños.

Mónica Salvatierra
msalvatierra@eldeber.com.bo

El Deber  

Carnaval Paceño

5 Feb

El carnaval paceño comienza con el Corso Infantil que se festeja el día sábado de Carnaval, en el que niños e infantes desfilan por El Prado, luciendo diversos tipos de disfraces típicos y modernos.

La Farándula y entrada de pepinos se realiza día domingo de Carnaval, la misma que empieza su recorrido en la Av. Montes, pasando por la Pérez Velasco y terminado en la Av. Camacho, en cuyo recorrido participan pepinos (personajes bufos) que van bailando en comparsas y haciendo travesuras a su paso por las calles. También participan comparsas con diversos tipos de disfraces como los Chutas o Aljeris, danza carnavalesca que se ejecuta en parejas con atuendos típicos al son de huayños. En este corso prima el juego con agua, espuma, harina y mixtura.

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Chutas y pepinos de La Paz.

El día lunes se realiza la entrada del Jiska Anata(Entrada Folklórica del Carnaval paceño) que antiguamente era una de las fiestas mas importantes del mundo andino, donde cada tiempo del proceso productivo en el ciclo agrícola aymará estaba bien marcado por un conjunto de ritos y celebraciones festivas.

El Jiska Anata del carnaval paceño consiste en la entrada de conjuntos y danzas folklóricas como los morenos, caporales, tobas, kusillos y saya afroboliviana, cuyo recorrido empieza en la Av. Montes finalizando en Av. Camacho.

El día martes de Carnaval, se procede a la tradicional Challa en todas las zonas de La Paz, tradición andina que consiste en bendecir mediante la ceremonia de la Challa los bienes como casas, vehículos, negocios, etc. De origen Aymara y campesino, esta tradición con la que se paga favores a la madre tierra saltó a la urbe en los años 30 y 40.

Un domingo después, en la tradición del Carnaval Paceño, se festeja elDomingo de Tentación. Con una retreta en la plaza Murillo y la ceremonia del Entierro del Pepino, a la que se sumará la entrada de Chutas.

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Entierro del pepino en La Paz.(foto:turismolapaz360.com)

El programa se inicia a las 11.00 de la mañana en la plaza Murillo, con la retreta de carnaval, en la que participan el movimiento cultural Los Olvidados.

Concluida la retreta, el sector femenino de Los Olvidados, en el que también estarán las viudas, cargará el ataúd con el Pepino rumbo al Cementerio General pasando por la tradicional calle Comercio, en una muestra de que el Carnaval paceño ha llegado a su fin.

Una comitiva conformada por más de 20.000 chutas lo esperará a las 13.00 en la plaza Garita de Lima, donde se realiza la concentración del Chuquiago Anata. Esta entrada hará su paso por la avenida Baptista, y finalizará en la cancha de El Tejar.

Cuando venga al carnaval en Bolivia no se olvide del carnaval paceño.

Fuente: turismolapaz360.com

Indígenas de la Chiquitanía piden a la iglesia permiso para divertirse y perdón por los excesos en Carnaval

4 Feb

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Periódico Digital PIEB •

Indígenas de las comunidades misionales le piden permiso a la Iglesia Católica para divertirse los días de Carnaval, y perdón por los excesos cometidos durante los días festivos, como parte de las tradiciones religiosas y culturales que datan del periodo republicano, afirma el historiador e investigador Raúl Landívar Justiniano, más conocido como el «profe» Famín.El estudioso especializado en la cultura chiquitana, señaló al Periódico Digital PIEB, que el Carnaval Chiquigtano se desarrolla en dos ámbitos; el mestizo, con participación de la población citadina y pueblerina, caracterizado por la entrada de comparsas, la elección de reina carnavalera, el consumo de bebidas alcohólicas y la comida tradicional como la patasca y churrascos; y el indígena, con más sentido religioso que festivo, rico en rituales y costumbres que datan del periodo republicano.“En el caso del carnaval indígena cambia el sentido porque lo hacen con un sentido más religioso que festivo”, afirma.Según el ´profe´, las comparsas indígenas se distinguen de las otras porque salen a bailar por las calles al ritmo de la orquesta típica chiquitana; con la flauta de tacuara, tambor y maracas, que marcan tonadas de la tamborita, “su son es totalmente diferente a los toques de las bandas que prevalecen con la chobena aguililla, preponderantes del carnaval de Santa Cruz o el taquirari porque es una música muy característica de la rueda grande, que es una especie de chobena un poco más lenta y ceremoniosa”, dice.Al son de la chobena ceremoniosa –señala el historiador- los indígenas carnavaleros se preparan para rezar y pedir perdón a la iglesia porque “están conscientes de que se divertirán durante los tres días de carnaval (sábado, domingo y lunes), y cometerán pecado contra Dios al olvidarse de él y de la virgen María durante la festividad, por también por beber, bailar y cometer excesos.Landívar explica que dentro del periodo de Carnaval, los indígenas destinan el día martes -al cierre de los festejos- para dirigirse a la iglesia de donde retiran el estandarte del cabildo indígena y salen bailando en la rueda grande, con protagonistas como los lanceros, los encargados de las banderas y las agrupaciones de las autoridades indígenas, seguidos de la población, para luego dirigirse a Betania, un sitio ritual que cuentan todos los pueblos misionales chiquitanos.

“El cura, lo único que hace es permitirles que saquen de la iglesia las banderas y las lanzas y el estandarte indígena, que todo el año está en el museo de la iglesia, al lado de la virgen. El indígena es el más religioso porque es autorizado por el cura que les da permiso a salir a divertirse pero con moderación, pero hay muchas exageraciones, sobre todo porque hay la creencia que es chiquitano es borracho por naturaleza», señala.

La rueda grande es encabezada por los cuatro caciques que llevan las banderas de la iglesia católica de color rojo y amarillo, dos banderas con la cruz de Cristo y con la cruz de San Andrés, detrás de ellos van los abanderados que son cuatro caciques con lanzas de tacuara vestidos de blanco y flechas, les sigue el cacique general portando su bastón especial que tiene la tacha de oro, y detrás de él, doce miembros del cabildo que bailan al son de la chobena. Detrás de todo este grupo se colocan en media luna los varones y al final, las mujeres.

Betania según explica el investigador, también es el destino de Jesús después de la procesión del Domingo de Ramos, y es ahí, donde el martes de carnaval, los indígenas piden perdón por los excesos cometidos días previos y realizan un ritual simbólico y jocoso, donde el cacique del cabildo une en matrimonio ficticio a aquellas parejas que “lograron entenderse” durante las fiestas. “Les pone una guirnalda, una enredadera y ofrece discursos que pretenden hacer reír a todos los concurrentes”.

Por tradición todas las comparsas de la población acuden a los rituales de Betania, donde se baila la rueda grande, tras la cual se comienza un juego en el que todos participan y donde nadie sale limpio, se trata del embarre. “A eso se le llama el día de la cochinera porque todos terminan cochinos, no se respeta a nadie prácticamente, y sigue la fiesta todo el día hasta promediar las 17:30 a 18:00 que se realiza el entierro del carnaval”, dice.

Con el entierro del carnaval simbolizado por el entierro en barro de un representante por cada comparsa, terminan los festejos de carnaval, y el mismo día los indígenas devuelven todo lo que sacaron de la iglesia, y se preparan para la cuaresma con el arrepentimiento previo.

El origen del carnaval en la Chiquitanía, data según Landívar, data del periodo republicano, cuando los chiquitanos ya conocían diferentes danzas aprendidas por los jesuitas que se representaban para la fiesta grande de Corpus Cristi y la fiesta de la Virgen de la Candelaria, y es cuando los cruceños citadinos llevan el carnaval a la chiquitanía y se fusionan las celebraciones.

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