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Alasita

24 Ene

“… nos fuimos a cascarle un plato paceño picante, a jugar suerte sin blanquitas, a gritar 5-0 chico ¡bolas!… ”

Billetitos de Alasita

Billetitos de Alasita

Hoy entierro los dolores, barnizo los humores, el corazón palpita/ esquivando trancaderas, cambistas y problemas voy a las alasitas/ llueve mistura a las doce, pintando la rutina, cambiamos el planeta/ a ch’allar la esperanza, un api atigrado circula por mis venas”. Así inicia la canción que compuse para la Alasita y para el Ekekito, allá por 1996, y que ahora se ha convertido en la banda sonora de la fiesta anual.

Para nosotros los paceños, la Alasita es tan relevante como la Navidad. Por algo la fiesta se llevaba a cabo antiguamente el 21 de diciembre, en el solsticio de verano. Vislumbro tres etapas en esta bella historia: la primera, hace miles de años en pleno Tiwanaku, con un ritual profundo dedicado a las deidades para que provean alimentos en abundancia y otorguen fertilidad. Dicen los que saben que la deidad principal del añejo período es el Ekhako, representado por la figura de un indígena con joroba (¿o sería su k’epi?) y el pene bien erecto. Se lo puede ver en los museos paceños, hecho en metal o en piedra negra basalto, los miles de años no pudieron con él.

Esta etapa va más o menos hasta 1550. Luego de la fundación española de Nuestra Señora de La Paz, la feria va llegando a la hoyada, el Ekhako pijudo causa iras a un obispo amargado que prohíbe el ritual declarándolo indecente y reñido con la moral judeo-cristiana. Entonces se inicia la etapa del amuki, del silencio aymara de resistencia, 200 años de ritual clandestino, hasta dar con la tercera etapa que se inicia en 1781 con el cerco de Tupak Katari y su esposa Bartolina Sisa, los precursores en rebelarse contra la brutal colonia. Se cuenta que el cerco de Katari fue radical, los españoles y criollos de la hoyada morían de hambre. Los empleados aymaras del alcalde paceño de la época le salvan la vida con alimentos originarios bien almacenados: la quinua, el tarwi, la coca y el mote salvaguardan la existencia de don Sebastián Segurola y familia. Cuentan que el alcalde pregunta de dónde viene el milagro alimenticio, lo llevan a un k’atu clandestino, allí  le presentan al Ekhako que guarecía severamente estos alimentos prodigiosos. Segurola, agradecido, decide relanzar la festividad, el rito, la feria, trasladándola al 24 de enero y casándola con la Fiesta de la Virgen de La Paz. Entonces nace el Ekeko que dicen se parece a él, regordete, con cara de Jorge Negrete. Esta etapa va de 1783 a la actualidad, más de 200 años de feria y cambios de la figura mágica, conservándose la pulsación sagrada de pedir cositas, abundancia, fertilidad y la creatividad de las miniaturas de los hábiles artesanos. Hoy urbanizado, el Ekeko es nuestro rey mago mayor y ha extendido su reinado a toda Bolivia, Perú, Argentina, Chile y Brasil.

Van a ser seis años que no estoy en la inauguración de la Feria de Alasita, extraño mucho la intensidad de las 12.00 del mediodía, la locura del tráfico paceño, el regalarnos cositas como si fuéramos guaguas. En la última Feria que estuve, la del 2009, clausuré la inaugurashon entonando mi canción en el palco oficial con la presencia de Evo Presidente, Álvaro Vicepresidente y autoridades ediles. Cuando se fueron los jefes, salte del palco, apareciendo mi querido amigo Astroboy con cientos de mini cd’s de la canción que firmamos para una cola gigante de paceños, con un sol duro en la nuca. Luego de dos horas de firmas nos fuimos caminando a cascarle un plato paceño picante, a jugar suerte sin blanquitas, a gritar 5-0 chico ¡bolas¡. Me compré maletita con pasajes aéreos, 20.000 dólares en un dólar, pasaporte y en julio estaba viajando, che.

Ekekito, papito, guagüita de pecho, este 2015 es el ocho, el infinito, el amor. Danos, pues, serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar las que se puedan, abundancia y mucha fertilidad para que las birlochas tengan guaguas hermosas, para que los paceños y neo paceños nos unamos for ever. Camiones, licuadoras, refrigeradores, k’atus, títulos, viajes, dólares, euros, bolivianos, argentinos, televisores, living, comedor, dos cuartos, línea telefónica, hectáreas, chevas, está bien que nos otorgues. Pero también sería que este año nos des hectáreas de amor, kilos de lealtad, toneladas de agradecimiento, respeto y entendimiento.

Ekekito, líbranos de los serruchos, del falso afán, del súper llunk’u, de los crueles t’anta yupis. A los rateros y maleantes tienes que darles duro con el chicote de jilakata que te suministramos estas  próximas semanas. Quisiera pedirte que la Cabeza de Zepita retorne a su Taypi Sagrado, la Plaza de los Héroes, que juntos revivamos la Plaza Pérez Velasco destruida por visiones lamentables, que le des haaarta comida a los niños y jóvenes lustra calzados, que la señora gorda no lo persiga tanto al inquilino, que le ayudes un poco al k’encha Terán para que encuentre el camino, que les otorgues inspiración y platita a los artesanos de verdad y que los chilenos no se entren al salar de Uyuni. Porque mi pueblo no necesita de una isla de la fantasía donde se cumplan sus sueños, para eso está: “Alasita/ ala plena/ alasita/ rebaja casera/ alasita, alarila/ ¡sé que el Ekeko ya cambió mi vida!”.

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta.

La Razón (Edición Impresa) / El papirri

Alacita, Alasitas o Alasita o Alacitas

24 Ene

Huáscar I. Vega L.

Hay tantos nombres para una costumbre, de la cual no se sabe a ciencia cierta sus origenes e incluso la costumbre ha cambiado con el paso del tiempo, e incluso continúa cambiando. Es algo de nunca acabar, es como un ser con vida, es algo que crece y se transforma, sin dejar de ser lo que es, pero sin ser lo que era antes, ya me siento Cantinflas escribiendo. y por cierto, Cantinflas es otro de los personajes en miniatura que se venden en las Alasitas (con ese nombre se las conoce ahora).Para la actual mayoría, las Alasitas son una feria, donde decenas de artesanos ofrecen productos de primera y «última» necesidad, cuya característica principal es la miniaturización de los objetos ofrecidos. La gente tiene la costumbre de comprar los objetos que considera necesarios y, aquellos que desea obtener en la realidad, logrando de este modo una relación mágica con el objeto, de forma tal que gran parte de sus esfuerzos en el año son dirigidos a obtener el objeto real, mientras el miniaturizado descansa en un lugar escogido en la morada del creyente.Pero para comprender mejor esta costumbre principalmente paceña, es necesario procurar remontarnos a sus origenes, de este modo Fernando Diez de Medina indica:
«… la fabulosa corte mitológica de los Dioses y divinidades de la teogonía aymara, brilla por su atractiva figura, cautivantes hechos y manifiestas virtudes, el diminuto Dios de la fortuna, de la alegría y del amor: el Ekeko«Es decir, las Alasitas son una fiesta dedicada a el Ekeko, quien con su actual figura regordeta y repleta de cosas en miniatura (no siempre fue así), aparentemente tiene la potestad de llenarnos de abundancia y riqueza material, espiritual, emocional e incluso sexual. Es por eso que el escritor costumbrista Rigoberto Paredes manifiesta:
«… El Ekhako popularizado con el nombre alterado de Ekhekho, era el Dios de la fortuna y de la prosperidad entre los antiguos kollas«¿ Y cómo es que ahora es el Diosecillo de la fortuna y prosperidad tambien, pero de los criollos citadinos de La Paz y otras ciudades? ¿ A pesar de sus raices, de sus orígenes?. Pero ese traspaso cultural, si bien no se explica del todo, es posible comprenderlo en base a la aceptación y acepción de investigadores de la talla de Arturo Posnansky, quien en una de sus publicaciones menciona: «… la fiesta del Ekeko siempre fue indígena y no una costumbre introducida por el coloniaje…«Y para ello es menester ver la foto del prendedor que menciona Fernando Diez de Medina, por voz de Carlos Ponce Sangines:
«… Diez de Medina tuvo el indudable acierto de identificar al Ekeko en una figura moldeada en alto relieve en la placa circular de un prendedor inkaiko de plata. No queda por consiguiente otro recurso que aceptar la identificación sugerida y por ende exponer que el Ekeko barrigón tiene su antecedente inmediato en el periodo inka. Sin embargo habría que reconocer que se ha modificado parcialmente la represetnación, ya que el Ekeko actual, no está desnudo como su predecesor, carece de giba y del pronunciado apéndice fálico…«

¿ Qué, cómo?… ¿ dijeron fálico? Si señor, así mismo es. Para ello pueden observar algunas fotos de figuras gibosas y fálicas encontradas en diversas excavaciones (otras muestras: gibosas y fálicas ).


Muestras Gibosas y fálicas

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¿ Y que tiene que ver todo esto con la feria de Alasitas? Pues forma parte de sus orígenes e incluso de algunas prácticas no perdidas del todo, pero en proceso de desaparición. Por ejemplo actualmente las mozas que desean pareja, van a comprar gallos, si, estatuillas de gallo y, ellas se dan el lujo de escoger el gallo que más les guste y esté al alcance de su bolsillo. Eso si, es más conveniente si le regalan el gallo, de este modo la magia funciona mejor. También es costumbre comprar estatuillas de bebes (para tener niños), y los varones buscan el famoso warmimunachi (2 estatuillas juntas de diversa manera: abrazados, o lado a lado, o juntos en relación erótica), pues con este amuleto conquistan el amor de las mujeres. Recalco que en estas prácticas, la magia funciona mejor cuando le regalen el talisman a que cuando se lo compra.

Reforzando, Paredes explica: «… al Ekhako consideran los jóvenes como el Dios propicio a las uniones sexuales, y que favorece los matrimonios…«

A pesar de nuestra cibernética época, la creencia en este generoso Dios, permanece, con algunas variantes y distorsiones que se explican en este texto y en el que habla del Ekhako (ver texto referido).

Hay cosas tan interesantes del pasado, como la figurilla de la que habla Fernando diez de Medina. Un Ekeko de antes del 1800, con 51 cm de alto. y nada parecido al ancestral Ekhako, pero más parecido al actual, por lo menos se puede suponer que es un representante de la transcición que sufrio esta figurilla. Com referencia, Diez de Medina indica:
«… se supone con relativo acierto, que la simpática figura del Ekeko: rechoncho, barrigón, y mofletudo, risueño y pleno de bondad, estaba copiada de la muy conocida facha del popular gobernador Segurola, o bien, de la de su suegro el encomendero Don Francisco de Rojas; creemos que tal supocisión es relativa porque -como se puede apreciar en la figura que data de fines del siglo XVIII- el artista que lo elaboró, con notable habilidad y malicia, parece haberlo hecho con cierto parecido a las personas antes citadas, no sólo en la apariencia física sino también en partes de su indumentaria«


Apariencia e Indumentaria

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Apariencia física Indumentaria

presione para una versión de mayor tamañoReforzando Chali Ponce Sangines:
«… en consecuencia, se infiere que desde el inkario hasta la hora actual el Ekeko ha sufrido una transformación tanto en el material con que se elabora la efigie como en el aspecto de la misma. Ha adquirido catadura más bien criolla y ha perdido la giba precolombina para tornarse en enano y obeso«
Pero lo más significativo de este cambio son las palabras vertidas en 1969 por Carlos Ponce en el libro que sirve de base para este texto, «Tunupa y Ekako». Pues sin quererlo nos alerta:
«El área de expansión de el Ekeko es restringida, aunque curiosamente se halla en proceso de expansión. El centro emplazado en la ciudad de La Paz. Aunque parezca paradójico el indígena por lo general no lo posee en las comunidades altiplánicas…«

Dos aspectos nos mencionan, uno que el indígena no lo practica actualmente, y dos el de expansión. Para hoy, cuarenta años después, esta costumbre ya está arraigada en las principales ciudades del país origen (Bolivia) y en ciudades peruanas (Puno, Cuzco). Pero además hay muestras itinerantes (ferias periodicas) con sus respectivos creyentes en varias otras ciudades del Perú, Ecuador, Argentina, Chile y no tengo información de otros paises vecinos, pero imagino que si.

En este aspecto expansivo, ya estamos sintiendo los efectos del robo cultural y es menester cuidar el patrimonio intelectual en este aspecto, pues Bolivia ha demostrado ser pasible a este tipo de atropellos; por otra parte, si logramos de alguna forma «patentar»esta tradición, sería altamente recomendable exportarla no sólo a los paises vecinos, mas bien al mundo entero, pues se adapta fácilmente a los requerimientos del tercer milenio, de la aldea global y las condiciones del mercado, pues como su nombre lo indica ALASITA es igual a CÓMPRAME.

Retornando a estas tierras del pasado, volvemos a palabras de Carlos Ponce:
«.. se asegura que en años pasados la efigie siempre se la representaba desnuda… Sobresalen entre las prendas el ponchito que cubre el torso y la testa con sombrero y gorro..«


Efigie y sus prendas

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Efigie desnuda Prendas de la efigie

Este aspecto es comprensible, si se además se lee lo que Costas asegura:
«Una mujer sea burguesa, chola o indígena, que en la feria de Alasitas lo compra desnudo…. está obligada a vestirlo y escoger personalmente los objetos le interesa que él cargue«

Vamos por partes. Actualmente ya no se compran Ekekos desnudos, se los compra vestiditos y cargado de cositas diversas. Es la relación comercial actual, «cómpralo hecho», «llave en mano», ya nadie tiene el tiempo para vestirlo y cargarlo de miniaturas. Eso conlleva hacia una estandarización de los Ekekos, de las necesidades, de los gustos.

Pero antes, se los compraba desnudos, entonces es posible que los blancos de la época los ataviaran como a ellos les parecía, con el frac y levita que ellos deseaban conseguir, con las botas que querían, con el sombrero anhelado, etc, etc. Lo mismo ocurriría con las necesidades de un terrenito, o el ganado o las frutas o quien sabe, ¿ quién conoce las necesidades del prójimo?.

Entonces, es probable que poco a poco adquirió ese estandar mestizo de ciudad, un poco indio y un poco blanco, con necesidades mas blancas que indias.

Por supuesto que esa no es la única transformación, hay otras menos benignas todavía. Tal como lo expresa Carlos Ponce:
«… acción destructora de los pesquisidores y sus drásticos procedimientos represivos lograron en el lapso comprendido entre 1570 y 1660 eliminar a las deidades superiores de la religión inkaika y tolerar tan sólo prácticas mágicas que eran marginales, apoyados en la distinción teológica de que las últimas eran superticiones, o sea culto vicioso y no idolatría herética que abraza la adoración de las primeras… «

¿ Qué nos quiere decir Carlos con esa frase? No quiero ni imaginarme tanta teogonía andina destruida y olvidada. ¿ Acaso significa que la pervivencia de el Dios Ekeko se debe al derecho deidad menor, a su cualidad marginal y superticiosa? ¿ Dónde están los otros Dioses de estas tierras? ¿ Quién proteje a sus hijos ahora?

Obvio que para la mayoría católica este cuestionamiento no viene al caso. Pero de alguna manera todos creen en el Ekeko, van a las Alasitas y compran y se hacen «sahumear» y además pasan por la iglesia más cercana y hacen bendecir sus objetos y el cura de turno bendice sin ningún reparo, hasta muy contento de ver tantos feligreses y tanto contento desbordando por los ojos.

Esto es parte de las contradiciones o las simbiosis religiosas que vive nuestra amada Bolivia. No pongo en tela de juicio, sólo intento «mostrar la película».

Pero veamos cuanto duraban estas fiestas y cuanto duran actualmente. Según se sabe, en decenios anteriores se prolongaba por 3 dias, en 1969 por una semana y ahora por 2 o 3 semanas.

Y para conocer su fecha de inicio, Paredes indica que es el remanente de la fiesta sagrada del Ekeko en tiempos prehispánicos , solemnizada en solisticio de verano. Y A. Posnasky indica:
«…22 de diciembre, fecha en la que se realizaban rogativas a sus deidades para que les traiga buena suerte, ofreciendo miniaturas de cuanto anhelaban poseer o alcanzar«

Diez de Medina no se queda atrás: «… la fiesta con la que se agasajaba al diocesillo kolla, el 22 de diciembre -fecha que correspondía al solisticio de verano y al comienzo del año agrícola de los aymaras…«

Esas palabras nos ubican en fechas parecidas a las Navidades (regalos, alegrías, cosas del estilo) y, sin embargo hubo un cambio sustancial, más o menos sustanciado en voz de Chali Ponce:
«… Asimismo según Paredes durante el periodo colonial se realizaba el 20 de octubre, rememorando el aniversario de la ciudad de La Paz, y recién después de 1781 se trasladó al 24 de enero…«

En 1781, ¿ porqué? ya entenderemos aquello, pero lo que aún perdura martillando mis ideás es el ¿porqué cambió hacia el 24 de enero, porqué no al 30 o al 17 o a febrero?

Antes de ello, como un paréntesis, comprenderemos de donde proviene el nombre de esta costumbre. La denominación Alacita deriva del verbo aymara alathaña que significa comprar y, alacita equivaldría a cómprame.

Y en el transcurso de esta pequeña investigación del nombre, conseguí un dato curioso, fruto del cual elucubré algo que peca hasta de gracioso, pero explica de alguna manera el trastoque del nombre Alacita por Alasita (con letra ese en lugar de ce). Resulta que, según Palza, el marques Juan Contreras de Villarreal se asustó muchísimo cuando oyó que la gente de la ciudad hablaban de «el 24 vamos a Alacita» él entendió «vamos a la cita» y pensó que era un código para complotar y alzarse y producirse otra masacre parecida a la del 28 de septiembre de 1814… Quizá por eso cambiaron el nombre por Alasita con ese, pues es harto conocido la notable diferencia en pronunciación que tiene para los españoles la ese de la ce; de este modo es menos probable la generación de ese error en comprensión. No lo sé, pero se me vino a la mente.

Regresando a más datos y menos especulación, les informo que esa fiesta se celebraba en:
«… se ha realizado la feria son la plaza Alonso de mendoza en el barrio de Churubamba, la plaza de San Francisco, la plaza Murillo, la avenida 16 de julio (1914), la avenida camacho, la plaza Sucre en el barrio de San Pedro (1953) y hoy en día en la avenida Montes y aledaños…«

Actualmente se celebra en el ex parque zoologico, a la altura de la cancha Zapata, precisamente este año los artesanos se molestaron una vez más, pues el gobierno municipal, hasta ahora no les proporciona un espacio estable para el efecto. Pero además de ello, las Alasitas se han convertido en fiesta itinerante, pues casi en la puerta de todas las iglesias se reunen vendedores de miniaturas e, incluso la ciudad de El Alto tiene su propia fiesta, bastante grande y concurrida. Es realmente algo que se nota a la legüa (palabras de antaño) que es una costumbre con vida propia, dificil de matar, dificil de morir. El mismo tiempo nos muestra las cualidades de sobrevivencia de esta fiesta, de este Dios agradable y bonachón, que cada 24 de enero despierta en nosotros la esperanza de conseguir lo que nos falta y, seguir teniendo lo que necesitamos.

Es un momento de tanto regocijo, es un momento tan mágico, tan lleno de ojos adultos recuperando el brillo infantil. No tengo ni la menor idéa si así sería cuando se celebraba en febrero, pero si sabemos cuando se cambió y su aparente razón, pues Paredes indica:
«Don sebastian Segurola despues del asedio de 1871, luego de su triunfo, por ser devoto de la Virgen de La Paz instauró el cambio de fecha del 20 de octubre al 24 de enero«

Eso aconteció cuando los indios en un intento más por liberarse, sitiaron la ciudad de La Paz y, los citadinos casi mueren de hambre. Sin embargo lograron resistir y salvarse. Después de ello es que Segurola cambia la fecha, posiblemente un mago, un yatiri, un kallawaya le habló del 24 de enero. No se sabe. Pero esa fecha es muy sugestiva, y más que todo es sugestiva la costumbre de que es mucho mejor si se compra el 24 a las 12 del mediodía. y lo sugestivo y extraño es que a esa hora llueve todos los años, es posible que llueva poco o mucho, pero llueve y todos ya sabemos que el Ekeko, el Tunupa es también el Dios de la lluvia y el agua, de la fecundidad, ¡del bienestar para las cosechas!.

http://www.bolivian.com/alasita99/alacita.html

Alacitas,Tunupa tuvo varios rostros antes de ser el Ekeko actual

23 Ene

De deidad de la fertilidad a emisario de la abundancia. Infografía: La Razón
De deidad de la fertilidad a emisario de la abundancia. Infografía: La Razón
La apariencia original del espíritu dista mucho de la conocida en la actualidad. Según los trabajos de Ponce Sanjinés, se denominaba Tunupa y estaba representado como una persona baja y contrahecha, con una joroba y además dotado con un falo, símbolo de la fertilidad. Aunque la historia oficial ha identificado a 1781 como el año del nacimiento del Ekeko, esta deidad de la prosperidad acompañó a los pueblos andinos con diferentes rostros desde Tiwanaku. El historiador Jesús Llusco y el antropólogo Milton Eyzaguirre explicaron ayer que en la era prehispánica las personas con joroba eran consideradas tocadas por el rayo, el q’ixo q’ixo o illapa. “Esto las hacía personas afortunadas. El mismo principio se aplica al Tunupa, el cual tiene el rayo dentro de su joroba”, explicó Llusco. Esto es lo que lo convierte en dios de la abundancia. En esta etapa no cargaba ninguna clase de productos o illas, aunque ambos cultos se realizaban durante el jallupacha, el tiempo de las lluvias.Las illas son, básicamente, el espíritu de las cosas. “Es una representación de lo que uno quiere tener. Es la realidad futura en miniatura”, indicó Eyzaguirre. Es por ello que se compran las figuras. Pero no todas las miniaturas son illas. La jefa de Investigación del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef), Luz Castillo, indicó que las artesanías con valor espiritual corresponden a productos que reciben la bendición de la iglesia y de los yatiris. Generalmente son objetos como los billetitos, los documentos, las propiedades y la comida. Sin embargo, Tunupa no cargó ninguno de estos elementos hasta la Colonia. Las investigaciones aún no han definido cuándo ocurrió la transición; aunque, según la leyenda difundida por Villamil de Rada, el Ekeko surgió durante el cerco a La Paz de 1781, cuando el gobernador Sebastián de Segurola distribuyó alimentos a una población hambrienta. “Las illas que lleva el Ekeko depende del dueño de la figura. Se puede decir que asimila la costumbre de ‘vestir al santo’ de los católicos”, especificó Castillo. Hay dos tipos de Ekeko: el ornamental y el ceremonial. Este último suele tener un altar en la casa y su dueño debe cumplir con rituales, como hacerle fumar. El no realizarlo puede acarrear nefastos resultados. Quizá por eso la popularidad de esta figura se ha deteriorado últimamente, dijo.
La Razón (Edición Impresa) / Jorge Soruco / La Paz

Las Alacitas y El Ekeko

22 Ene


La Paz, conocida también como Chuqiyapu Marka, es poseedora de múltiples tradiciones y fiestas andinas heredadas de la colonia y la república. Una de esas tradiciones es la feria de la Alasita que desde antes de la colonia se celebraba en honor del diminuto ídolo llamado Ekeko.

Se inicia cada 24 de enero y permanece por dos semanas en el área ocupada anteriormente por el zoológico municipal. Su mayor característica es la exposición de miniaturas elaboradas por los artesanos especializados en hojalatería, yeso, confección de ropa, comida, pastas, madera y otros.
Al Ekeko se le atribuyen poderes mágicos capaces de atraer la buena fortuna y la riqueza material. De ahí que se lo represente con semblante de un mestizo, vestido a la usanza de los cargadores, y cargado de víveres, electromotores, autos, billetes; todo en miniatura.

El Ekeko y su feria tienen un remoto pasado. Ni la misma tradición oral de los pueblos andinos coincide en una versión definitiva. Existen sin embargo esculturas y cerámicas que sugieren la veneración del dios desde la propia Tiwanaku. De lo que debe estarse seguro es de que las sublevaciones indígenas de 1781 y el sitio de Tupac Katari a La Paz, sumaron devotos de la virgen de Nuestra Señora de La Paz y popularizaron la creencia en el dios de la abundancia (Ekeko-Iqiqu).
De allí en adelante la religión católica y las creencias andinas volvieron a juntarse para dar origen a otra fiesta de rasgos mestizos y su feria. De allí que la Alasita (palabra derivada de Alasita, comprame pues, variación a su vez del verbo Althaña, comprar) sea la expresión de la religiosidad católica del pueblo y su inclinación de recurrir a las deidades andinas para alcanzar los favores de la fortuna y la salud.

Años después de los alzamientos indígenas, las autoridades locales institucionalizaron la procesión de la virgen cada 24 de enero y la consiguiente feria de artesanías. Los anales refieren una fiesta fastuosa, al extremo de que los propios curas y familias opulentas solicitaron aminorar tal derroche y suprimir las danzas de los originarios, por cuestión de «decencia». Se mantuvo en cambio la romería de la virgen; y ni en la república se volvió a la magnificencia de los años iniciales.

Desde entonces se acostumbra comprar miniaturas a las 12 del mediodía. Una vez challados (con coca, alcohol, esencias andinas) por el yatiri (sabio aymara), pasan por la bendición del sacerdote católico y son llevados a casa. Esta tradición se mantuvo y creció gracias a la migración del campo.

Ya se anotó que el Ekeko viene cargado de todo. Su apariencia urbana lo hace parte del mundo mestizo, donde el saco al estilo europeo se complementa con el pantalón hasta el tobillo del antiguo pongo aymara, el lluchu y las abarcas.
Su nombre está en la lista de personajes extraños, así de extraños como el Tío de la mina y el Kari Kari. Pero su condición benefactora requiere atenciones especiales, caso contrario puede invertirse su papel.

A las artesanías en miniatura, se suman los periodiquitos. El primero fue la «Epoca», 24 de enero de 1846, que medía 160 x 167 mm. a dos columnas y cuatro páginas, con el lema de: Dios, Patria y Libertad; con noticias, avisos, comunicados, humor. Fue todo un éxito. Este periodiquillo se editaba en la imprenta Paceña hasta 1860. Llegó hasta el número 20. Después, se publicarón otros periodiquillos con diferentes características los más llamativos fueron: «El Cholo» (1850), «El Artesanito» (1860), » El Gualaichito» (1864) y la «Pulga» (1866).
La feria cambió muchas de sus peculiaridades iniciales, como la compra de artesanías con botones amarillos, llamados «tapa balazos». Hoy se lo hace con dinero corriente.

Fuente: http://www.cultura.gov.bo/empresas/cultura/Fiestas_Tradicionales/alasitas.asp

Sillpancheria de Doña Cecilia

22 Ene

Tres hurras por la silpanchería de doña Cecilia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Marcelo Paredes
La medalla de la ciudad entregada a Doña CeciliaLa medalla de la ciudad entregada a Doña Cecilia

El departamento de Cochabamba (Bolivia pura) tiene un plato estrella que bien pronto saltó al resto del país. De hecho, a día de hoy su tirón es incuestionable y se ha convertido en una auténtica representación de la gastronomía boliviana. Me refiero al silpancho. Se trata de una receta con una curiosa historia: fue doña Celia la Fuente Peredo la que innovó hace unos 60 años partiendo como base de una comida popular. Su aportación fue añadirle huevo y arroz. A esta dama le debemos muchos y buenos atracones…

Desde entonces todo se extendió y hoy en día las calles de Cochabamba hay muchísimos lugares exclusivos para esta insignia culinaria. Por suerte, la sillpanchería de doña Cecilia sigue funcionando en la calle Lanza esquina calle Ecuador, aunque regentada por su hija. Obvio.

Ingredientes: seis filetes de carne de res, una taza de pan rallado, dos cebollas picadas muy finas, medio tomate picado a cuadraditos, tres locotos pequeños muy picados, aceite, sal, pimienta, arroz hervido, papas y un huevo.

Condimentamos los filetes con sal y pimienta, luego los golpeamos bastante sobre el pan rallados,  para que queden muy delgados. Luego en una sartén con una fina capa de aceite caliente los freímos una vez que lo hemos empanado.

Por otro lado sazonamos la cebolla, el locoto y el tomate con el aceite y con la sal. Se sirve cada silpancho sobre arroz y papas doradas en rodajas. Encima lo cubrimos con un huevo frito y lo decoramos alrededor del huevo con la ensalada de cebolla, locoto y tomate.

Marcelo Paredes

Alasitas: Origen, dinámicas y ritualidad

21 Ene

El origen de la Alasita se sostiene en mitos y leyendas

–Las investigaciones del sociólogo especialista en patrimonio cultural, David Mendoza, muestran que la celebración de la Alasita y su relación con el Ekeko no han dejado evidencias escritas acerca de su origen. Sus antecedentes más conocidos están sostenidos en mitos y leyendas.Esta festividad de la miniatura se celebra en la ciudad de La Paz al mediodía de cada 24 de enero, y en diferentes fechas en el resto del país.Los autores más conocidos que escribieron sobre esta festividad fueron Antonio Paredes Candia, Rigoberto Paredes, Antonio Díaz Villamil, Carlos Ponce Sanjinés, Ernesto Cavour y Arthur Posnasky, cuyas obras están envueltas en leyendas y mitos sobre la feria y el personaje en miniatura.Mendoza elaboró un expediente sobre esta festividad, pero no detectó una evidencia histórica en los archivos del país sobre la tradición, aunque sí memorias orales que atestiguan la celebración.Una de las causas por las que no existiría documentación, según el investiador, habría sido «la colonización española que no permitió desarrollar ciertos sistemas de creencias; entonces la historia ha sido proscrita, atacada, por eso no se tiene bien definido (la fecha, la localidad de la Alasita) qué es el Ekeko, porque hay muchas interpretaciones».Para comenzar, el nombre de Alasita tiene diferentes significados, en aymara el más conocido es el reflexivo «cómprame». «Trata de la compra de las illas, ispallas (amuletos, imágenes), miniaturas con el atributo de volverse reales, en medio de un ritual celebrado por el yatiri (adivinador) a las 12.00. Antiguamente, indígenas de comunidades venían a la feria a comprar illas, ispallas, animales y semillas, y duraba un día hasta dos, pero hoy dura como 15 días».Las versiones sobre el origen geográfico de la festividad son diversas, pero coinciden en que sucede en la región andina de Bolivia. Unos autores dicen que es en Tiawuanaku (antes Kollasuyo), en los pueblos kallawayas (enclave quechua) y otros en Chuquiago Marka (ciudad de La Paz), todos en el departamento de La Paz.Sobre Chuquiago Marka, una versión dice que estaba formada por comunidades y ayllus, y la Alasita habría nacido en la actual zona de Santa Bárbara, antes ayllu Uturuncu. Posteriormente la exposición recorrió por la plaza Murillo, la plaza San Francisco, el paseo El Prado, la Terminal de Buses y la avenida Tejada Sorzano, hasta asentarse en el ex Parque de los Monos o campo ferial.Tampoco existe claridad respecto de la fecha de celebración. «La alasita se fue ubicando en una época, unos dicen en octubre, otros el 21 de diciembre (solsticio de verano), al final se quedó en 24 de enero, relacionado con la fiesta de Nuestra Señora de La Paz y después del cerco del caudillo Tupac Katari, en 1781».

Esta afirmación fue abstraída de una obra de Antonio Díaz Villamil, pero Mendoza observa que no existen pruebas para afirmar que, evidentemente, en 1781 se haya instaurado oficialmente la Alasita.

«Gran parte de los historiadores -afirma Mendoza- eran hijos de hacendados quienes les contaban lo que hacían los campesinos. Por ejemplo, Antonio Paredes, Rigoberto Paredes son hacendados y seguro recogieron de algunos cuentos de los indígenas (sobre la Alasita y el Ekeko) y le dieron una narrativa literaria. Por tanto, son cuentos de tatarabuelos a abuelos, lo más particular y sospechoso es que esta fiesta no existe en el campo. En fin, la leyenda no surge de la nada seguro tiene algún sustento».

Tres versiones 
El investigador Galo Illatarco elaboró el estudio Alasita: Festividad ritual del Eqeqo y las Illas. Una tradición andina viva, en la que analiza tres versiones y coincidencias sobre esta tradición.

La primera versión que comparte Illatarco dice que la Alasita deriva del verbo aymara Alathaña (comprar), es una festividad sagrada de culto a la deidad andina de la reproducción y la fertilidad animal, vegetal y humana, de la buena fortuna, del amor y propiciador de las uniones sexuales (Ekeko), es además una festividad prehispánica celebrada en el Qhapaj Raymi cada solsticio de verano (21 de diciembre), caracterizada por la presencia e intercambio de dijes y miniaturas como símbolos de la tradición andina.

La segunda explicación dice que Alasita proviene del verbo aymara Chhalaqa o Chhalaqasiña (intercámbiame). En el pasado habría sido un ritual sagrado (en el Qhapaj Raymi) dedicado al dios Sol con la presencia del Eqaqo Illa a través del intercambio de miniaturas illas, llallawas e ispallas que representan la fuerza reproductiva de los objetos, alimentos, animales y personas o símbolos con poderes reproductores y propiciatorios de producción y fertilidad.

Una tercera versión señala que Alasita derivaría de la festividad incaica llamada Sitwa o Alaui Situa y sería una fiesta ritual del Eqeqo, de las takas y de las illas vinculadas a la fertilidad y a la salud, supuestamente realizada desde el 21 de septiembre hasta el 21 de diciembre.

En conclusión Illatarco considera que actualmente la Alasita es «una festividad paceña de carácter cíclico y se caracteriza por la tradición de adquirir, intercambiar y/o comprar illas de muchos tipos y formas vinculadas a la producción agrícola y ganadera, a la fertilidad vegetal, animal y humana, y en general, al bienestar material, físico y espiritual».

Tanto Illatarco como Mendoza coinciden en que no se conoce información fehaciente de esta fiesta en el momento de la fundación de La Paz.

Una leyenda popular
El escritor Antonio Diaz Villamil relata en su libro Leyendas de mi tierra que en 1781, durante el cerco a la ciudad de La Paz, encabezado por los caudillos indígenas Túpac Amaru y Túpac Katari, se impidió el ingreso de productos a la urbe.

En ese contexto los campesinos Isidro Choquewanca y Paula Tintaya fueron separados por el patrón español Francisco de Rojas. El encomendero decidió trasladar a Paula la ciudad para que atendiera a su hija Josefa Ursula de Rojas Foronda, esposa del gobernador Sebastián de Segurola Marchain.

Paula y la hija del español se refugiaron en un pequeño cuarto, custodiado por un Ekeko. La empleada guardaba maíz tostado, k’ispiña y charque de llama, provisiones que le eran enviadas por su enamorado Isidro.

Al retornar de la batalla, Sebastián de Segurola encontró a su esposa alimentada, rodeada de alimentos donde antes no había y la imagen del Ekeko en la habitación.

Segurola, mediante una Ordenanza en 1783, dispuso el cambió de la fiesta tradicional del Ekeko de diciembre al 24 de enero, fiesta de la Virgen Nuestra Señora de La Paz, para festejar la victoria española. Díaz Villamil relata que Segurola, agradecido por la provisión de alimentos, hizo que Isidro Choquewanca fabricara un idolillo con los rasgos de Francisco de Rojas, su suegro, con una carga de alimentos en sus manos y espaldas. El idolillo también circulaba en el día de la festividad de La Paz, el 20 de octubre.

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Menú del día tendrá carne de llama, sopa de quinua y trucha

21 Ene

HOTELES DE TIWANAKU TAMBIÉN SE ALISTAN PARA LOS VISITANTES

Sopas de chairo, maní y quinua, además de trucha, pejerrey e ispi, son las propuestas de los restaurantes para el próximo 21 de enero.

Menú del día tendrá carne de llama, sopa de quinua y trucha

Restaurantes se alistan para recibir a los visitantes.

Gabriel Díez Lacunza  / Tiwanaku, La Paz

Una sopa de quinua y bife de llama, son la principal apuesta gastronómica de muchos restaurantes de Tiwanaku para el 21 de enero, cuando el presidente Evo Morales sea investido en esa localidad.
El restaurante «La cabaña del Puma” tiene un convenio para  preparar  300 almuerzos y 300 refrigerios para funcionarios de los ministerios de Cultura, Medio Ambiente y Aguas y de Relaciones Exteriores, cuenta  el dueño de este centro gastronómico, Gualberto Soria.
«Tenemos reservas de distintas instituciones que solicitan sopas de quinua, chairo o maní y como plato fuerte piden bife de llama, trucha, pejerrey e ispi. Lo que más solicitan es la quinua y la llama”, asegura Soria, quien expresa que la expectativa que se vive es «tremendamente grande”.
Julio Román, propietario del restaurant «Real” comenta que para la fecha se prepararán 200 truchas. «Llegan muchos turistas y hay mucho movimiento económico”, arguye.
Turismo y hotelería
Carlos Flores, miembro de la Asociación de Guías Locales de Tiwanaku, explica que es frecuente que los visitantes extranjeros  pregunten  sobre el lugar donde se efectuaron   las anteriores posesiones de Morales, además que  interrogan sobre  dónde será la próxima  ceremonia.
«Siempre preguntan dónde va a ser la posesión y dónde estuvo el Presidente para ir a visitar ese lugar en específico”, comenta.
Flores destaca que este tipo de actividades contribuyen al turismo de forma directa, ya que los ingresos tienden a subir y la economía, al menos del sector turístico, también va en alza.
El sector hotelero también toma sus recaudos. El Hotel Akapana, más allá de casi haber agotado sus 34 habitaciones disponibles para un día antes de la llegada de Morales, servirá como centro de prensa para medios informativos nacionales e internacionales.
«Estamos haciendo arreglos en el último piso. Va a haber internet WiFi. Nos pidieron 20 mesas y ya están listos todos los ambientes para recibir a la prensa”, asegura la gerente, Rosario Morales. Cuenta que se trabaja en el mejoramiento de la acera principal de este hospedaje.Tiwanaku  espera
Gastronomía  Los restaurantes prepararán platos como el chairo, sopa de maní,  trucha, pejerrey e ispi. La oferta «fuerte” será de sopa de quinua y carne de llama.
Hotelería  Los hoteles de Tiwanaku se alistan para recibir a cientos de personas que visitarán el lugar para la posesión de Evo Morales.
Prensa  El hotel Akapana funcionará como «centro de operaciones” de la prensa nacional e internacional.
Turismo  Guías locales destacan la alta afluencia turística por este acontecimiento.

http://www.paginasiete.bo/nacional/2015/1/18/menu-tendra-carne-llama-sopa-quinua-trucha-44436.html

Alacitas. Feria de las Miniaturas

20 Ene

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Agencia de Noticias Fides

Los paceños viven con intensidad la Alasita,  que buscará este año revalorizar la figura del Ekeko, además de ofrecer una variedad de miniaturas que van desde los tradicionales billetitos, casas, vehículos, títulos profesionales, masitas, dulces hasta los enseres de la línea blanca consistente en refrigeradores, televisores LCD, computadoras, lavadores refrigerados entre otros productos.

De acuerdo con el municipio paceño, se espera que un total de 56 asociaciones y 4.000 expositores y artesanos participen de la feria de las miniaturas, que este año se presenta bajo el lema «Alasita, Ekeko punchawipa, sum jaqaña suyt’añani qatuqañani, chuquiyapu suma ñiqi marka» que traducido al castellano quiere decir «Fiesta del Ekeko, de esperanza y el bienestar. La Paz, ciudad maravillosa».

La feria de la Alasita, que significa «cómprame» en aimara, es una de las tradiciones más antiguas de la cultura andina que se celebra cada año, el 24 de enero, cuando los paceños bendicen al mediodía las miniaturas que representan sus aspiraciones materiales. Esta tradición se extendió en todo el país y es revalorizada por los bolivianos que viven en el exterior como en Argentina y Brasil.

Alasitas: Origen, Dinámicas y Ritualidad

19 Ene

Feria y encuentro con el imaginario colectivo paceño
No sólo el hip hop, los graffiti o los festivales de teatro hablan sobre la cultura urbana de La Paz, la feria anual de Alasitas es otro elemento importante del moderno imaginario de los paceños. Un encuentro en el que se puede comprar cualquier objeto anhelado y posible de conseguir en la vida real, por lo que expresa la capacidad/aspiración productiva –y el deseo– de cada ciudadano.Para estudiar el fenómeno de la Alasita, que hasta ahora se expandido, según el diario La Razón, a 13 ciudades y cuatro países, el investigador Nelson Martínez Espinoza partió de un análisis de la cultura urbana paceña y de la producción de imaginarios sociales.Entonces, dice, la Alasita “es un evento sui generis de producción de imaginarios urbanos en la ciudad de La Paz”, un encuentro citadino que, salvo tal vez por el Carnaval, no se puede apreciar en otras ciudades de América Latina.Y es que al mediodía del 24 de enero de cada año, los habitantes de la ciudad de La Paz acuden a la feria (que luego se extiende hasta por tres semanas), instalada en distintos puntos de la urbe, para adquirir sus objetos de deseo en miniatura. Una casa, un carro, una computadora, un pasaje de avión, millones de dólares, todo en miniatura se pone al alcance de cualquier bolsillo.A pesar de ser un acto de masas, la satisfacción individual de participar surge de la identidad que vincula al ciudadano con su ciudad y su cultura.
Los emblemas principales de la Alasita son el antiguo dios de la abundancia (convertido ahora en Ekeko) y las illas (representaciones de objetos a escala), son los elementos indígenas de la festividad que se han conservado con sus respectivas mutaciones. Las illas, por ejemplo, representaban a los animales, la producción agrícola y otros elementos de la naturaleza, pero actualmente representan bienes materiales de consumo masivo.

Según Nelson Martínez, lo primero que llama la atención de la feria de Alasita es su carácter masivo y su capacidad de movilizar a casi toda la población, “una movilización cultural de identidad que se va expandiendo, (pues) tenemos registros (de que sucede) en Buenos Aires, el norte de Chile y Perú”.A pesar de que la identidad indígena aymara es la productora y reproductora de este fenómeno, se trata más bien de una miscelánea de visiones mestizas, católicas e indígenas que producen y reflejan un imaginario colectivo.

“Es el imaginario de los ciudadanos expresado en las miniaturas para amplificar sus posibilidades de futuro, de metas de producción, de capacidad productiva”, dice Martínez. Y esto significa que las personas acuden a buscar aquello de desean, pero a la vez aquello que tienen posibilidades de conseguir en la vida real.

Martínez explica que en la Alasita de La Paz se expresa “el imaginario que tiene que ver con capacidad productiva (individual), no es un imaginario que se da en función a la capacidad de acumular riqueza y bienes”.

A pesar de ser un encuentro masivo, las personas acuden a la Alasita en función de intereses personales y no de una receta colectiva. Lo que se compra o se desea no es para la comunidad, sino para sí mismo y para su entrono familiar.

“Eso define una acción específica en la feria de Alasita –dice Martínez–, uno va a buscar lo que puede lograr, lo que ansía, lo que uno espera y desea”. Por eso se trata de un ritual en el que las personas se marcan una meta a futuro.

Una vez que las personas adquieren sus objetos de deseo, suelen ir a bendecirlos con el sacerdote católico o con el yatiri (adivino aymara), o a ambos sin importar el orden. Martínez dice que esto también es importante porque cada quién construye su propia norma dentro del mismo ritual. El investigador conoció a un grupo de bolivianos en Canadá, por ejemplo, que obligaba a los demás a elevar una oración antes de empezar el ritual de la compra, etcétera. Esa costumbre puede continuar o desaparecer, sólo es una demostración de que pueden añadirse elementos nuevos constantemente, como parte de una construcción colectiva e imaginaria.

Alasita es, por tanto, “ese imaginario poderoso que ha subsistido por cientos de años y que hace que los paceños se encuentren con su identidad, pidiendo algunos objetos o sueños anhelados para fijarse como meta y, en función a eso, establecer su ritmo de vida”.

Martínez advierte que a pesar de que a lógica de vivir en ciudad distancia a un ciudadano de otro, esta práctica de cultura urbana paceña congrega a todos en un escenario (Alasita) para encontrarse en un acto ritual y de entretenimiento.

El comunicador e investigador de las culturas urbanas Nelson Martínez Espinoza puede ser contactado a través del correo pucarani@gmail.com.

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Cuatro Manjares de la Alasita

18 Ene

La feria paceña trae consigo una variedad de comidas que son características de la fecha.

Hay comidas cuyo sabor se debe a la tradición de comerlas en alguna fecha específica del año, la Alasita no pasa desapercibida al paladar, y es que el tradicional plato paceño, los deliciosos churros, el exquisito api con pasteles, acompañado de unas películas o el simple pero igualmente sabroso choclo con queso, son algunas de las propuestas gastronómicas que no faltan en el recorrido a la feria.
Un paseo para el paladar. Primitiva Villarroel, vivandera del mercado Kollasuyo, afirma que el plato paceño es un plato característico de la fiesta de las miniaturas, porque representa abundancia a través de los granos de choclo y las habas, ingredientes principales.
Según explica, “el plato paceño tiene choclo, papa con cáscara, habas, queso y su llajuita con quirquiñita y huacataya, hoy por hoy, en muchos casos le han implementado la carne, aunque es un ingrediente opcional”.
Entre las opciones dulces, un buen vaso de api puro o mezclado, acompañado de un pastel con abundante queso o buñuelo bañado en miel de caña, nunca viene mal, sobre todo si es frente a una pantalla que proyecta los filmes “clásicos” de siempre. el precio de api y pastel asciende a los siete bolivianos.
Churros en cono. Otro bocadillo dulce obligatorio en el recorrido de la feria son los churros, cuestan seis bolivianos la docena, y generalmente los sirven espolvoreándoles azúcar impalpable.
En la lista no pueden faltar las pequeñas pero sabrosas minitortas y pasteles con crema, que reflejan el arte y las habilidades de las vendedoras en la repostería. La venta de este producto es por docena y uno puede escoger entre la amplia variedad de pastelillos.
Sin duda alguna, nadie puede resistirse al exquisito sabor de un choclo caliente acompañado de una tajada de queso, un aperitivo que forma parte de la tradición.

Los churros, una delicia de origen español. Los churros son un alimento típico de España; según la tradición, este alimento se lo consume acompañado de un chocolate caliente cuando hace frío.

En La Paz, esta masa dulce es un contraste de sabores equilibrados, la dulzura con los aromas salados y aceitosos del crujiente churro hacen una pareja ideal.
Otras bocadillos. Aparte de las golosinas mencionadas, en la feria se puede encontrar variedad de comidas y postres según los gustos, que año tras año son característicos por sus pequeños tamaños y por su excelente sabor.

Gustito paceño

A la siguiente receta se le puede añadir un asado o una chuleta jugosa, todo depende del gusto.

Plato paceño
He aquí una receta de uno de los más exquisitos platillos de la tradicional Feria de la Alasita.

Ingredientes

  • 8 choclos tiernos frescos,
  • sin chala
  • 1 kilo de habas verdes
  • desenvainadas
  • 8 papas con cáscara
  • 4 quesillos frescos o
  • queso paceño
  • 1/4 taza aceite o manteca
  • para freír el quesillo
  • 1 taza llajua

Preparacion
Poner agua a fuego fuerte en una olla, cubriendo el fondo con bastantes chalas de choclo. Una vez que el agua hierva, añadir los choclos y las habas, separados también por chalas. Añadir las papas con cáscara bien lavadas, cubrir nuevamente con chala y dejar cocer.
Poner el aceite en una sartén a fuego fuerte; cuando esté caliente, freír los quesillos o tajadas de queso paceño partidos en dos redondeles.
Servir en cada plato un choclo,.
habas, papa y medio quesillo frito y acompañar con llajua. El secreto es comer con las manos…

El achachairú desata una fiesta comercial en Porongo

17 Ene

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Existen 300 productores y una superficie de 700 hectáreas con árboles que este año registran una producción abundante. Este domingo se realizará la Fiesta del Achachairú en Terebinto

AMANTE DE LA NATURALEZA. Don Juan Ibañez disfruta ver sus árboles que tienen más de 15 años de vida. En época de temporada dice que todos los días consume los frutos y que nunca se ha empachado, porque el achachairú es parte de su vida.
ROBERTO NAVIA
Lo que faltan son manos. Manos para cosechar esos frutos anaranjados que cuelgan de los árboles de achachairú en el municipio de Porongo.La fiesta ya está desatada y no parará hasta que caiga la última fruta.  Por las calles de Porongo transitan vagonetas con canastas en sus parrillas y se meten a los campos donde la cosecha arranca antes de que salga el sol.Todos los datos son alentadores. Ángel Meneses, director de Desarrollo Productivo del municipio de Porongo, dice que existen 300 productores que tienen plantaciones en 700 hectáreas. Tan bien les va que se estima que la producción llegará a superar los tres millones de frutos o su equivalente a 3.400 canastas. Eso, en plata es más o menos Bs 784.00 que queda en el pueblo, puesto que los intermediarios doblan el precio en los mercados de Santa Cruz de Bs 20 a Bs 40 el cien de achachairú.Don Juan Ibáñez es uno de los productores tradicionales de Porongo y, cada vez que mira sus árboles, una sonrisa amplia se le dibuja en su rostro. La forma en la que él, como otros, cierra el negocio, es que vende toda su producción a una persona, quien se encargará de realizar la cosecha y de hacer llegar las frutas hasta Santa Cruz.Jovita Rivera es una de las que se dedica a comprar el producto cuando aún está en los árboles, contrata a dos cosechadores y por la madrugada llega a La Ramada para comercializar los achachairuses. “Cuando llego al mercado los comerciantes me quitan de las manos los frutos porque hay mucha demanda”, dice emocionada.http://www.eldeber.com.bo/el-achachairu-desata-una-fiesta-comercial-en-porongo-/140117233019

Diccionario Aimara – Quechua

16 Ene

Les sugiero tener a mano estos enlaces pues con ellos puede traducir palabras escritas en quechua o aimara, que suelen aparecer en mi blog.

http://www.katari.org/diccionario/diccionario.php

http://www.folkloredelnorte.com.ar/diccionario.htm

http://www.perou.org/dico/index.php?lg=es

http://www.profesorenlinea.cl/ChileFolclor/DiccioQuechuaAymara(f)-%20(g).htm

Comida Amazonica

15 Ene

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Publicado por Julio C Fernández 

Amazonas cuenta con una diversidad de platos autóctonos que dejarían extasiados al más exigente paladar. Cierto que no todos son de tan fácil obtención, ya que algunos han sido prohibidos por las autoridades, pues, se corre el riesgo de que algunas especies se extingan producto de la más cruel y desproporcionada explotación.

En tiempos lejanos no existía la prohibición y tanto el indígena como el «criollo» podían degustar de tan deliciosos manjares que ofrecía el suelo, la costumbre y el arte gastronómico amazonense.

Hoy, no se puede disfrutar ya del famoso «carapacho de tortuga», plato muy apetecido en temporada de Semana Santa, que consiste en un delicioso  y jugozo guiso de esta especie, la cual se cocina a leña en su propio carapacho, para luego acompañarlo con un buen casabe y jugo de túpiro o ceje.

En cuanto a la cacería se consiguen suculentos platos como el danto, la lapa que aun se sirven a pesar de las restricciones de las autoridades. Sin embargo, estos al igual que la tortuga se consumen con amplia libertad en caceríos, y comunidades indígenas del interior del Estado, por pertenecer a la tradición y cultura de estos pueblos.

Los platos de pescado son los más variados. Abundan en el Estado los ricos menús de morocoto, sardinata, payara, curbina, palometa y valentón (lau lau) los cuales se consiguen en distintas preparaciones, según el tipo de cocina.

Así encontramos las formas típicas que consisten en simples cuajaos, asados en hoja de topocho y frituras que siempre vienen acompañado de la deliciosa catara, el cabeza de gallo, la yucuta y el casabe pajoso.

El paují viene a ser el ave más apetecida y entre los jugos mas exquisitos se tiene el túpiro, el moriche, el copoazú, la manaca, el ceje y la piña.

Como aperitivo no se puede dejar comer un delicioso pijiguao.

Para la ensalada es un pecado obviar el túpiro, fruta redonda de color amarillo  naranjoso de intenso sabor, según dicen se asemeja a una combinación de piña con parchita y generosa en vitaminas que da al paladar un toque especial muy agradable, como tampoco hay que olvidar para acompañar a estos platos el popular cabeza de gallo o cresta de gallo, que está preparado de mañoco tomate, cebolla y aliños picaditos.

Al visitar Amazonas, pregunte dónde puede conseguir el tan apetecido cuajao, una especie de hervido de pescado que anteriormente ha sido asado y que se hierve con ají picante y sal.

El pescado asado es otro de los platos más solicitados, éste se prepara con sal y se rellena con orégano y cilantro, se envuelve en hojas de topocho y se coloca en el fogón.

Para los más exóticos y exigentes se les recomienda el Yaraque que consiste en una liga fermentada de mañoco y agua que se toma como bebida alcohólica o el guarapo de caña dejado tapado con hojas de plátano y vástago de caña durante varios días hasta la fermentación.

Lo que no debe faltar

La Catara: Salsa picante regional fabricada con jugo de yuca (yare), especies y bachaco culón (hormiga grande) el cual es recolectado, molido y luego mezclado con el jugo de la yuca, soya natural, sal, ajoporro, apio españa y cebollín que dan un excelente sabor y  del cual afirman nuestros indígenas y aquellos que la han probado, posee fuerte propiedades afrodisicas.

La Yucuta: liga de mañoco con agua fresca, la cual se toma como jugo y es muy refrescante.

El Mañoco: Yuca deshidratada molida un paso antes de la elaboración del casabe. Excelente fibra para acompañar las sopas así como también para preparar atoles y jugos de frutas. Preparado en un sebucán que son especies de exprimidores hechos con fibras vegetales con una extensión de dos a tres metros y que  poseen un agarradero en ambos extremos. La yuca luego de rallarla es puesta en el sebucán donde se exprime varias veces hasta obtener el mañoco.

El Casabe: Torta preparada de la harina de la yuca, luego de pelarla, rallarla, pasarla por una prensa (sebucán), tamizarla, cocinarla en una plancha o budare y colocarla a secar al sol para que adquiera la textura tostada.

La Yuca: ya sea sancochada o frita. Tubérculo suramericano que se encuentra en dos variedades: la dulce y la amarga. Su composición es de 35% de carbohidratos por lo que representa una importante fuente de calorías.

Nota: Lo dulce o lo amargo de la yuca depende de la cantidad de ácido cianhídrico, sustancia venenosa que pierde su toxicidad al ser cocinada.

(En las gráficas: foto ilustrativa de palometa asada, Pijiguao; Pescado asado; Indígena en la preparación del casabe) 

Publicado por Julio C Fernández 

Entre el Sabor y el Picor

14 Ene

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Entre el sabor y el picor

Muchos de los platillos nacionales tienen su toque sabroson, algunas delicias culinarias incluso han sido bautizadas con peculiares nombres gracias a ella.

Su sabor es casi indescriptible, todo depende del tipo de plato que se está sirviendo. Muchos lo prefieren suave y delicado, mientras otros lo saborean rabioso, a tal punto de exaltar las papilas gustativas para arrancarles en un momento de furia una lágrima de gozo por el sazón.

Algunos buenos comensales ya habrán identificado el tipo de ingrediente que estamos describiendo, se trata del singular ajicito, aquel que no puede faltar en la comida boliviana, cuyos principales platillos son: el picante de lengua, de pollo, de cordero o el mixto, así como también el mondongo, el ají de papalisa, fideo uchu o cuanto nombre gastronómico se le ocura, siempre y cuando el ají sea el ingrediente principal.

Y claro, al ser grandes consumidores de este producto debemos tener una base muy atractiva de cultivos nacionales que satisfagan la demanda del mercado boliviano. Es así como descubrimos que la mayor concentración del cultivo de ají boliviano se encuentra en el departamento de Chuquisaca, específicamente en las provincias de: Tomina, Hernando Siles, Luis Calvo y Villa Serrano; las que recientemente se unieron para realizar la “Séptima Fiesta Nacional del Ají Chuquisaqueño”, oportunidad en la que propios y extraños pudieron apreciar la calidad, diversidad del producto, pero sobre todo saborear los exquisitos platillos condimentados con el peculiar ajicito.

………..

La dulce provocación del sabor

El picor causado por el ají es una sensación biológica del cuerpo que puede ser descrita entre el placer y el dolor. La primera reacción normal que el cuerpo siente es un calorcito placentero, el cual se va extendiendo por todo el cuerpo; cuando este sabor resulta ser demasiado fuerte para el comensal puede provocar un fuerte ardor en la boca y en la garganta, lágrimas en los ojos, flujo nasal y sudoración en la frente y el cuello.

Estas sensaciones son propias de los receptores del dolor, los mismos que están localizados en la boca, la nariz y el estómago; pero el consumo repetido de ají en las comidas ocasiona que los receptores se desensibilicen y creen tolerancia hacia el picante. Es así como los comensales pueden llegar a disfrutar platillos cada vez más picosos.

Existen varios tamaños de especies y se ha comprobado que algunas pequeñas son más picosas que los de fruto grande. Muchos investigadores señalan que esto se debe a algunos factores externos como: el clima, agua y los minerales de la tierra; pero lo que muchos desconocen es que lo picante de un ají está determinado por una combinación de capsaicinoides que están localizadas en el fruto del ají.

Estos capsaicinoides son alcaloides sin color, olor, ni sabor, que se producen en la parte superior del fruto, aunque la creencia popular hace mención a las semillas como las creadoras del picor; pero en realidad, ese saborcito particular se produce cuando la capsaicina toma contacto con la placenta, osea que ese picantito proviene del concentrado que encierra el pericarpio del fruto, es decir que el sabor se encuentra en la cubierta externa de ají.

Dentro de la fase de investigación del ají se ha determinado que algunas especies, que atraviesan por etapas de sequía o de calor intensas, tienden a ser más picantes que otras que son cultivadas bajo condiciones más heterogéneas. Además de coincidir en que los tonos subidos tienen mucho más sabor que los tonos pálidos, pero como se mencionó con anterioridad es el platillo quien decide cuanto de picor requiere para dejar satisfecho al comenzal, esto se debe en gran medida a la variedad de formas, usos, aromas, grados de picor y colores que presentan los Capsicum.

Orígen del ají

El ají proviene del género Capsicum, el mismo que tiene entre 20 y 30 especies, su centro de origen se encuentra en las zonas tropicales y subtropicales de América, principalmente en el área de Bolivia-Perú. Existen semillas ancestrales que datan de hace más de 7.000 años atrás, y este es el epicentro de distribución a toda América y posteriormente al mundo.

De acuerdo a evidencias arqueológicas se cree que esta especie fue domesticada hace más o menos 2.000 años antes de Cristo; es de esta manera que pasó rápidamente a ser el principal condimento de muchos países.

Estos ajíes domesticados presentan un alto grado de diversidad tanto en forma de la vaina, como en el tamaño, así como también en sabor y el picor.

Producción

En estos últimos años el proceso de producción del ají ha sufrido grandes transformaciones, para continuar su expansión en el mercado nacional y lograr introducir el producto en el mercado internacional. Por ello la Fundación para el Desarrollo Tecnológico Agropecuario de los Valles (FTDA-Valles) se encarga de capacitar a los productores, en base a algunos pasos básicos para alcanzar una producción apropiada, como ser las propiedades del suelo, la estructura y frecuencia de riego.

El suelo debe ser granular para ayudar al drenaje, la aireación y la ausencia de capas endurecidas que obstaculicen el desarrollo de las raíces y el paso del agua; tampoco pueden contener sales solubles o sodio exceso; ya que el ají es menos tolerante a la salinidad que otros cultivos. Otro de los datos importantes es la fertilización del suelo ya que puede ser una formulación granulada (inorgánica) o estiércol (orgánico) y mixta (una combinación de ambas) y para una buena cosecha se requiere de una óptima selección de semilla, ya que este garantiza un producto de calidad con crecimiento uniforme de los plantines. Esta selección se realiza en el campo, cuando los frutos han llegado a la madurez y muestran una coloración lúcida y uniforme del fruto. La extracción de las semillas se lleva a cabo con la ayuda de un cuchillo o estilete desinfectado.

Una vez que los plantines se hayan desarrollado apropiadamente, gracias a los intensos cuidados, es hora de transplantarlos al terreno definitivo, para ello se debe preparar el suelo al menos con un mes de anticipación a la fecha de transplante, en junio o julio en las regiones cálidas y a comienzos de primavera en las regiones más frías, cuando haya pasado el riesgo de heladas tardías.

Cuando la planta ha alcanzado su madurez y se puede apreciar una baya hueca, alargada de diversos tamaños y formas es hora de la cosecha.

El proceso final

La cosecha constituye la etapa final del proceso productivo del ají y se debe realizar cuando exista el mayor número de vainas maduras.

Al momento de la cosecha el ají tiene entre 40 y 45% de humedad y debe reducirse hasta un 15% como máximo, esta deshidratación acentúa las características organolépticas (sabor, color y olor) y además reduce el riesgo de contraer enfermedades fungosas de poscosecha.

Para dicho proceso de secado se puede esparcir las vainas de ají en el suelo exponiéndolas a la radiación solar, teniendo en cuenta de acomodar las vainas de manera que la radiación solar acelere el secado. Este deshidratado tiene una duración de 20 a 25 días pero el tiempo disminuye si se lo realiza en hornos industriales, lo cual viene aconteciendo; posteriormente se procede a la selección y clasificación del producto.

En una primera selección se separa los ajíes que aun estén húmedos para volver al proceso de deshidratado y aquellos que estén bien pasan a un almacenamiento transitorio. De este grupo se separa los de primera calidad, las vainas bien limpias, de color maduro intenso y parejo, con total ausencia de manchas u otro tipo de decoloraciones. La segunda calidad, vainas limpias de color más claro que presentan suciedad, manchas o decoloración superior al 20% del tamaño del fruto y de descarte, todos aquellos frutos que no ingresen en ninguna de las anteriores clasificaciones.

Después de esta selección, hábiles artesanas despepan las vainas, le sacan el tallito y todo está listo para entrar al molino y conseguir la granulometría esperada.

Posteriormente ingresa a cocción, dependiendo del producto final que se quiere comercializar.

Es así como después de varios meses los comunarios están listos para comercializar sus productos, mejorar sus ingresos y el nivel de vida de sus familias.

www.opinion.com.bo

Gastronomía Boliviana

13 Ene

Estampillas

La gastronomía de Bolivia es famosa por su variedad, se basa en productos típicos de las zonas como por ejemplo las frutas y verduras, carnes, trigo y maíz, entre otros, con los que se elaboran suculentos platos. Su cocina varía dependiendo de la zona geográfica de este país, es decir cada región tiene su sabor característico.
En la ciudad de La Paz no puedes dejar de comer un buen fricasé paceño, o dejar de acompañar un café caliente con una marraqueta (pan crujiente). Si tu recorrido continúa hacia el sur boliviano y visitas Oruro, no dejes de probar el rostro asado y el charquekán. Después de conocer la Casa de la Moneda en Potosí, degusta  unas salteñas. En Sucre, luego de un paseo por los Museos, las Iglesias y la Recoleta, almuerza unos deliciosos chorizos criollos. En Tarija, después de visitar los viñedos chapacos, el saice es imperdible. Santa Cruz te invita a saborear un buen majadito, el  sonso y el cuñape acompañado de un café caliente. Beni y Pando te dan la bienvenida con un delicioso masaco, tamales y locro. A tu retorno a Cochabamba disfruta de los deliciosos manjares que te ofrece La llajta (ciudad de Cochabamba). ¡Buen provecho!

 

El sabor de los valles Bolivianos

En los valles de Cochabamba, Chuquisaca y Tarija, se produce una gran variedad de frutas y vegetales, granos y legumbres. Cochabamba, un departamento muy peculiar, una población cuya característica es enriquecer la gastronomía boliviana, logrando que el aroma, el sabor, la sensación se unan, se conjuguen, provocando gratas sensaciones en el paladar. Cochabamba es la ciudad gastronómica por excelencia, donde el api con pastel, las salteñas, los chorizos, el relleno de papa, la chank’a de pollo, el picante de pollo, el pique macho, el chicharrón, el charque, las humintas, el silpancho, y todos los sabores de Bolivia entera están presentes; pues si algo no fue creado acá, es costumbre del cochabambino mejorarlo a tal punto, que uno olvida su procedencia y se convierte por siempre y para siempre en un plato cochala. Además, acompañar cada plato con llajua (especie de salsa preparada con locoto, tomate, quilquiña y un toque de sal), tiene la particularidad de enriquecer hasta el plato más insípido. Para el cochabambino la llajua es como la cereza del helado.

La gastronomía de Sucre ofrece tradición, variedad, sabor y aroma en sus platos, además de excelentes chocolates y dulces, con los que los paladares más golosos, quedarán más que satisfechos. Entre los platos típicos hay que destacar los chorizos chuquisaqueños y los chorizos criollos que se sirven antes del medio día y que suelen acompañarse con cerveza negra. Las empanadas son una parte importante de la tradicional gastronomía chuquisaqueña y se comen a media mañana. La fritanga es un plato preparado con carne de cerdo, ají colorado, cebolla y mote blanco. El mondongo es un plato que consiste en mote de maíz cocido, piel de chancho y ahogado. Acompaña a la carne de chancho. El karapecho está elaborado con charque seco, papa y mote. Coco de Pollo: pollo, chicha, condimentos. Y por fin, la sulka es una especialidad de carne de res, maíz, ensalada de lechuga, tomate y cebolla.

En el campo de la gastronomía, Tarija es famosa por sus platos típicos como el arvejado, saice y la chanka de pollo. El arvejado es un plato que consistente en una mezcla de arvejas con ají de la región y carne, acompañado con arroz. El plato tradicional de Tarija es el saice el mismo que se prepara con carne molida de res, papa harinosa, arvejas y se lo acompaña con arroz, fideo y chuño rebosado con queso y huevo, también se lo sirve con ensalada de tomate, lechuga y cebolla. La chanka de pollo consistente en una sopa picante, mezclada con pollo, acompañada con papas o chuño.

Las tentaciones culinarias de las tierras bajas

En el oriente boliviano se consume mucho el tujuré con leche, elaborado a base de maíz, lejía y leche, se consume caliente o frío. Sin embargo, el producto más importante es el maíz, del cual existen muchas variedades, como el kulli o maíz morado. En las tierras bajas o llanos, Pando, Beni y Santa Cruz, la yuca reemplaza a la patata y es más frecuente el uso de hortalizas. Se produce azúcar, plátanos, almendras, frutas tropicales, soja y carne de res. El plato principal de los llanos es el locro, una sopa de arroz con charque o pollo. En esta parte del país, extremadamente húmeda se preserva la repostería de una manera muy ingeniosa: Se deja en el horno al fuego lento hasta que se deshidrata y endurece. Para consumirla, se remoja en el café o en la bebida caliente con la cual se está acompañando.
Dentro de la comida del oriente hay que destacar la sopa tapada que es un plato típico beniano que básicamente consta de tres capas una de arroz y otra de un preparado de carne con huevo y plátano con unas aceitunas más o menos como un pastel de fideo. Asadito colorado es un plato típico de la provincia de Vallegrande; está hecho en base a carne de cerdo, preparado con condimentos, especialmente un colorante rojo por lo cual lleva el nombre, se cuece en la misma manteca que escurre de la carne. Se acompaña con papas cocidas, ají y pan si desea. Las kjaras a la brasa es un plato típico de la región de los valles, en una zona próxima de los departamentos de Santa Cruz y Chuquisaca, más propiamente en la provincia de Vallegrande del departamento de Santa Cruz. Contiene mote, papas, chuletas de cerdo, y el cuerrillo de cerdo que está cocido sobre las brazas vivas, es un plato delicioso que invita a disfrutar los sabores de la gastronomía del oriente boliviano.

Tomado del siguiente sitio, donde encontraran mucha información sobre Bolivia

http://www.visitbolivia.org/ogd/gastronomia/177

Maridaje del Vino

12 Ene

 Vino tinto con carne y el blanco con pescado ya no es un dogma

Maridajes, ¿cómo casar vino y comida?

Hasta hace poco era sencillo: «El vino tinto con carne y el blanco con pescado» Pero, ahora los somilleres nos dicen que hay que considerar la variedad de uva del vino y la forma en que se ha cocinado el plato

Puede que a muchas personas, tener que escoger el vino para una comida, no les seduzca y no es de extrañar. Si a esto además, le añadimos que cada vez hay más bodegas y más marcas en el mercado, escoger el vino adecuado puede resultar una tarea complicada.

Sin embargo, que sea complicado o no, depende mucho de nosotros. En cuestión de maridajes no hay verdades absolutas. Esto no es una ciencia. Por tanto, no le preocupe demasiado, si su elección es la más acertada o no. Porque casi todo el mundo tiene sus propias ideas sobre qué tipo de vino es el más adecuado a cada comida, -incluidos sus comensales-. Es una cuestión de gusto, de paladar, de educación, Lo cual siempre puede dar lugar al desacuerdo. Lo dice el refrán: sobre gustos no hay nada escrito.

En este artículo, no hablamos de marcas, porque, entre otras razones, la lista sería interminable. Nos hemos centrado en los criterios que actualmente se están utilizando para revisar la vieja formula de «carne con tinto y blanco con pescado».

A la hora de escoger un vino, el tipo de plato puede ser importante, pero la forma en la que ha sido cocinado es lo que debe determinar que nuestra elección tome un rumbo u otro. El segundo aspecto es la variedad de la uva.

CARNES

Para las carnes rojas, vino tinto. Esta es una cuestión, sobre la que no hay dudas. Pero ¿qué vino tinto escoger ? Un entrecot, un chuletón, un solomillo ( de buey) sin más adorno, que una sencilla guarnición, es la gran oportunidad para abrir cualquiera de los grandes vinos tintos crianza o reserva que hay en el mercado. Puede ser de Rioja, Ribera del Duero, Priorato, Somontano, Penedès. Aquí no se busca tanto un tipo de variedad de uva como que sea un vino bien elaborado, robusto, potente y con concentración.

Si va a tomar cordero al horno, ligeramente especiado utilice un tinto (tempranillo, garnacha, cabernet) con una crianza en barrica prolongada. Los aromas de fondos especiados de estos vinos, le va muy bien a este plato. Otra elección interesante puede ser un syrah. Si el cordero lo ha macerado unas horas antes con vino tinto, utilice para la comida el mismo vino y no importa que sea un vino joven. Una regla básica : cuando se prepara cualquier tipo de carne previamente macerada o con una salsa al vino, debe servirse el mismo tipo de vino en la comida que el utilizado en la maceración o salsa.

POLLO

El pollo es una carne neutra que nos permite diferentes tipos de vino. Si lo prepara con un sofrito de tomate, cebolla y plantas aromáticas escogeríamos un vino tinto estructurado pero no demasiado robusto. Nos decantaríamos por un tempranillo, preferiblemente un semicrianza, buscando una ligera carnosidad y un tanino frutal y agradable.

Si este pollo, lo sirve con salsa de trufas y acompañado de champiñones y patatitas asadas, nos iríamos a un vino con más cuerpo. Nos atreveríamos con un reserva de cabernet sauvignon o con un merlot.

Finalmente si el pollo lo adereza con el zumo de un limón y hierbas aromáticas, como por ejemplo, tomillo, y lo mete al horno para asar, nos olvidaríamos de los vinos tintos y nos iríamos a un blanco. Un Chardonnay, por sus aromas cítricos. Escogeríamos un chardonnay joven y no uno fermentado en barrica, porque buscamos frescura, cuerpo y una adecuada acidez.

PESCADO

El pescado no requiere automáticamente un vino blanco. Un tinto puede ser adecuado si servimos un salmón con champiñones. Un bonito encebollado con pimientos y tomate puede servirse con un rosado. Pero tanto al marisco como a los pescados blancos lo que mejor les sienta es un blanco. Además de considerar la variedad de la uva, tendremos en cuenta si es más conveniente un joven o un blanco fermentado en barrica.

Para los pescados en fritura preferimos vinos elaborados con las variedades autóctonas de Andalucia como Palomino. Pulpos, sepias, mejillones y mariscos casan muy bien con albariño, verdejo y godello. Para los guisos de pescado en cazuela de barro, que combinan pescado con algún molusco y están aderezados con perejil, nos gustan los blancos de macabeo, parrellada y xare-lo.

Una merluza rellena de gambas y con una salsa cremosa, pide un vino blanco fermentado en barrica: un sauvignon blanc o un chardonnay. Para otros pescados como el rodaballo, la lubina o el besugo que tienen mucho sabor y caracter, los blancos con crianza son una buena opción, pero la elección dependerá una vez más de su preparación.

PASTA

En los platos de pasta, la salsa lo es todo. Con unos spaguetti con salsa boloñesa tomaremos un tinto joven o con una crianza de 3/4 meses en barrica. Si se trata de un plato de pasta con fondo de tomate y verduras podemos seguir con un tinto joven o tomar un rosado. Si no lleva más que mozarella, orégano y aceite de oliva, un rosado es lo que mejor le va. Sin embargo, escogeríamos un blanco con crianza para unos spaguetti al pesto.

A los platos de pasta con salsas marineras y acompañados de mejillones o sepia, les va desde un blanco joven, aromático y frutal : un macabeo, sauvignon blanc, un verdejo . Tenemos un amplio abanico para escoger. También blancos con crianza e incluso un cava.

Si tomamos pasta fresca al huevo y la servimos con una salsa cremosa, – mantequilla, nata, y parmesano- que es lo que lleva la receta de los fettuchines Alfredo, seguiríamos con un blanco. Tal vez muchos, se decantarían por un blanco con crianza, nosostros preferimos, un blanco de las variedades chardonnay, xare-lo (pansa blanca) y garnacha blanca.

http://www.megustaelvino.cl/blog/?p=1193

http://www.sabormediterraneo.com/vinos/maridajes.htm

Diccionario de Habla Popular de Santa Cruz

11 Ene

(A mí no me nadie!) ~ (¡Adelante con los faroles!) ~ (¡Amollarse topones!) ~ (¡Andá bañáte!) ~ (¡Arde o no arde!) ~ (¡Así no más!) ~ (¡Atrás, que hay petos!) ~ (¡Barajo che!) ~ (¡Bótele no más!) ~ (¡Bótele puño!) ~ (¡Camba patazas!) ~ (¡Chupáte esa!) ~ (¡De ande!) ~ (¡Decí vos!) ~ (¡Decíte vos!) ~ (¡Disquibi cuibi!) ~ (¡Echele duro!) ~ (¡Echele no más!) ~ (¡Elay che!) ~ (¡Elay tus cosas Chabela!) ~ (¡Eso y la cara de Dios!) ~ (¡Esta es la dura!) ~ (¡Esto era!) ~ (¡Esto sí que es!) ~ (¡Fuera che!) ~ (¡Fuera flete!) ~ (¡Guasca al macho!) ~ (¡Ju… ju!) ~ (¡Jujuruju!) ~ (¡Llegó la plata!) ~ (¡Llegó mantequilla de Izozo!) ~ (¡Mamada de guapuruses!) ~ (¡Maminga la vende leche!) ~ (¡Meta fierro!) ~ (¡Métale!) ~ (¡Miércoles!) ~ (¡Ni hay tu tía!) ~ (¡Ni se ha ofrecío!) ~ (¡No faltaba más!) ~ (¡No pues che!) ~ (¡No se deje!) ~ (¡Pucha!) ~ (¡Qué capaz!) ~ (¡Qué cosa ésta!) ~ (¡Qué esperanzas!) ~ (¡Qué te has creío!) ~ (¡Roncó el pavo!) ~ (¡Se la bota!) ~ (¡Son macanas!) ~ (¡Te pelaste!) ~ (¡Tiqui miniqui!) ~ (¡Tiro, pava!) ~ (¡Tomá peji!) ~ (¡Vaya che!) ~ (¡Venga el diablo y escoja!) ~ (¡Ya yo no porque ya yo ya!) ~ (¡Zámpele!) ~ (A chicote alzao) ~ (A chicote limpio) ~ (A la buena de Dios) ~ (A la cansada) ~ (A la con pollera) ~ (A la de Dios es padre) ~ (A la que te criaste) ~ (A lo aquí) ~ (Abayoy) ~ (Abusar) ~ (Abusivo) ~ (Acabadura) ~ (Acabar) ~ (Acabóse) ~ (Acasí) ~ (Achachairú) ~ (Achetarse) ~ (Achuntar) ~ (Acopaibao) ~ (Afilao) ~ (Afilar los cachos) ~ (Afiltracao) ~ (Aguaí) ~ (Aguililla) ~ (Agujeta) ~ (Agulillura) ~ (Ajilibioso) ~ (Ajitería) ~ (Ajuria) ~ (Ajustar las clavijas) ~ (Albarenga) ~ (Alborotao) ~ (Alcanzar) ~ (Alegata) ~ (Alegón) ~ (Alegrona) ~ (Alfombrilla) ~ (Almondrote) ~ (Almú) ~ (Alzadora) ~ (Alzar su gallo) ~ (Amachada) ~ (Amachinarse) ~ (Amarrete) ~ (Ambaiba) ~ (Amusgar) ~ (Anatuya) ~ (Andar a tropezones) ~ (Andar a velentos) ~ (Andar apestao) ~ (Andar atirantao) ~ (Andar de su cuenta) ~ (Anfora) ~ (Angelito) ~ (Anta) ~ (Antojo) ~ (Apapayada) ~ (Apapayao) ~ (Apechugar) ~ (Apestao) ~ (Apestillar) ~ (Apiyuyo) ~ (Aplastarse) ~ (Apurarse) ~ (Apuro) ~ (Aribibi) ~ (Armar la grande) ~ (Arrastrada) ~ (Arrebato) ~ (Arrendar las ganancias) ~ (Arriscao) ~ (Arrofaldao) ~ (Asaí) ~ (Asentar cabeza) ~ (Asimplao) ~ (Asuntechi) ~ (Atacarse) ~ (Atajao) ~ (Atosinestao) ~ (Atrompicochisao) ~ (Atronao) ~ (Auringa) ~ (Ayoreo) ~ (Azotillo) ~ (Baba) ~ (Bailar al son que le tocan) ~ (Bajar de silla a toco) ~ (Bajar el copete) ~ (Bajársele (a uno) el alma a los talones) ~ (Bajo de punto) ~ (Balsamina) ~ (Balsón) ~ (Baquitú) ~ (Barajo!) ~ (Barbachi) ~ (Barbasquear) ~ (Barcino) ~ (Barda) ~ (Barreno) ~ (Batelón) ~ (Baticola) ~ (Batidillo) ~ (Bato) ~ (Bellaco) ~ (Bererén) ~ (Bete) ~ (Beyú) ~ (Bi) ~ (Bibosi) ~ (Bicharraco) ~ (Bichichí) ~ (Bicotela) ~ (Bicubicu) ~ (Bitoqui) ~ (Blandengue) ~ (Blandita) ~ (Blando del dedo) ~ (Bocacho) ~ (Bochi) ~ (Bocó) ~ (Bocón) ~ (Bodoquera) ~ (Bodoqui) ~ (Bolacha) ~ (Bolleo) ~ (Boquichi) ~ (Boro) ~ (Borochi) ~ (Borrar con 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http://www.soysantacruz.com.bo/Contenidos/1/HablaPopular/Textos/B01-DiccionarioI.asp

Historia de La Salteña

10 Ene

La Empanada Salteña  por Jorge Ángel Orellana Jiménez

Breve historia anecdótica de la empanada salteña

La creadora de la empanada salteña, fue la familia del General José Ignacio de Gorriti y Cueto (1770-1835), esposo de Doña Feliciana Zuviría, y padre de 8 hijos, una familia de la alta alcurnia del Norte Argentino, de la Provincia de Salta del siglo antepasado.

Don José Ignacio Gorriti, fue un importante militar, abogado y político, participante de las luchas por la independencia de la República Argentina, y ejércitos argentinos organizados para apoyar a la independencia de los países vecinos.

Durante la dictadura del General Juan Manuel de Rosas en Argentina, siendo el General de Gorriti el 22º Gobernador Delegado de la Provincia de Salta, por sus convicciones políticas, en 1931 fue desterrado por el gobierno argentino a la ciudad de La Paz, Bolivia; pero antes que se procediera a la formalización del mandato de gobierno, huyó a la cercana ciudad fronteriza boliviana de Tarija, abandonando todo su patrimonio, acompañado de lo que rápidamente pudo tomar, con su prole de nueve personas,

La condición de desterrado, le mermó rápidamente los pocos recursos que había traído consigo, lo cual lo obligó a llevar una vida austera llena de limitaciones; ante lo cual Doña Feliciana, ayudada por el espíritu emprendedor de sus hijas colaboró a generar ingresos para la familia, con el establecimiento de una pequeña panadería que se dedicaba a producir empanadas al horno, de aspecto sui generis y contenido jugoso, que rápidamente se llenaron de fama, por ser de exquisitas de sabor, e inigualables a otras de los parajes. De esta manera, los clientes cuando iban a hacer sus compras de las empanadas, insinuaban hacerlo donde Las Salteñas, por su origen nativo de la prole femenina que las producía y comercializaba.

Entre las hijas del general Gorriti, se encontraba Juana Manuela, nacida en 1816, en la Hacienda Los Horcones de Rosario de la Frontera (Provincia de Salta), quien en 1831 constaba con apenas 13 años de edad, desempeñándose como vendedora y pregonera de la existencia de las empanadas en la pequeña ciudad de Tarija.

La condición de político argentino, le permitió al General Gorriti, relacionarse con lo más selecto de la sociedad local boliviana, iniciando amistad con el señor Manuel Isidoro Belzú, quien había llegado a Tarija en calidad de joven militar destinado, a esos trechos en ejercicio de su profesión recientemente iniciada. En 1833, el General Gorriti cambió de residencia a la ciudad de Charcas (actual Sucre), donde falleció en 1835, asistido en los últimos oleos por su célebre hermano Canónigo: Juan Ignacio de Gorriti.

Fue en estas circunstancias que el joven militar Belzú conoció a la señorita Juana Manuela Gorriti Zuviría, a quien después de cortejarla durante dos años, la pidió en matrimonio y se la llevó a vivir a la ciudad de La Paz.

En la ciudad de La Paz, Doña Manuela con sus 15 años de edad, se dedicó a difundir la poesía y el culto a la buena empanada, que había dejado atrás en Tarija, entre la sociedad de la capital boliviana.

El militar Belzú, llegó a ser General del Ejército Boliviano, y constante agitador de cuanta revolución apareciese, contra los regímenes presidenciales, hasta que después de una vida militar azarosa y aventurera, en 1830 se hizo del poder hasta 1868, logrando durante su mandato presidencial fanatizar al populacho boliviano, que llegó a idolatrarlo como Tata Belzú, hasta que fue muerto por el otrora caudillo boliviano General Mariano Melgarejo.

Doña Juana Manuela acompaño a su marido hasta el destierro que recibiera en alguna oportunidad a la ciudad de Lima; sin embargo, su vida fue un constante sufrimiento, ante el continuo abandono del hogar, por parte de su esposo.

Posteriormente a la muerte del General Belzú, Doña Manuela se replegó a la ciudad de Lima, y posteriormente a Buenos Aires, donde en 1892 escribió su libro La Cocina Ecléctica, y una amplia serie de creaciones literarias, que la han situado como poetisa y cuentista argentina de renombre, y precursora de las letras de ese país.

Por la posición social que alcanzó Doña Juana Manuela Gorriti Zuviría, el escritor e historiador boliviano Antonio Paredes Candia Céspedes (1924 – 2004), como un gentilicio a su famosa e importante trayectoria cultural, atribuye el origen de La Empanada Salteña a ésta señora, quien como se ve, hizo parte del núcleo familiar que la generó, y cuyo mérito principal fue difundirla en Tarija, y posteriormente en La Sede de Gobierno de Bolivia, en su condición de Primera Dama de la Nación (cargo que nunca quiso ejercer), desde donde se propagó a todo el país.

Sobre Cocina Novo Boliviana

9 Ene

novo

La Deconstrucción del fricasé no es una obra pictórica o teatral, aunque es una propuesta artística y estética. Es el nombre de una las nuevas delicias gourmet, que busca estimular al paladar local y lograr que los consumidores aprecien los productos del país.

En la muestra Novo Boliviano, 30 chefs proponen anualmente novedosos platillos según los requerimientos de la denominada “alta cocina”. Con la única exigencia de que los ingredientes sean genuinamente nacionales, 120 creaciones culinarias fueron presentadas al público paceño en la quinta versión del encuentro gastronómico, que se llevó a cabo en el Círculo Aeronáutico a principios de noviembre.

Estrenando delicias

El evento cuenta con la participación de cocineros profesionales que trabajan en restaurantes gourmet. Cada uno de ellos —ya sea en solitario o en grupo— debe ofrecer cuatro platillos. Éstos pueden ser completamente originales o alteraciones de la culinaria boliviana; pero deben estar elaborados con productos típicos de las diversas regiones del país.

Cada versión de la muestra tiene una temática o ingrediente especial. Este año, al ser el Novo Boliviano parte de los festejos del Bicentenario de la revolución juliana, los participantes debían preparar un bocado en homenaje al departamento de La Paz.

Las mesas del Círculo Aeronáutico están llenas de delicias agridulces y saladas, con fusiones de charque, quinua y chancaca. Entre los antojos ofertados sorprenden los Radioles de plato paceño con salsa de cilantro; el Cuscús de quinua; el Carpacho de llama y la ya mencionada Deconstrucción del fricasé. Un piso abajo, los productores muestran los ingredientes de estas obras de arte que hacen agua la boca.

El arte del hambre y del sabor

Las novedosas delicias son resultado de la inspiración de su creador. Pero, a diferencia de una escultura o una canción, el numen culinario surge del hambre que atormenta al cocinero. Al menos así lo considera el chef suizo del hotel Overland, Wálter Schmid. “El mejor incentivo para inventarte un plato nuevo es el hambre. Es cierto que puedes imaginarte de golpe una comida o pasarte varias horas repasando los ingredientes y sus posibles combinaciones. Pero, cuando suena la barriga, la creatividad se dispara y, por necesidad, te salen guisos espectaculares”, explica.

La cocina Novo Boliviano se enriquece cuando esos antojos incluyen insumos propios del país, como el roedor del monte jochi pintado y el coco que se produce en las tierras bajas. Con estos dos ingredientes, Schmid creó un Jochi al coco. “Se me ocurrió combinar dos alimentos muy poco conocidos en La Paz”.

Cuando el hambre no aguza el ingenio, Wálter juega con las recetas. Su colega Coral Ayoroa trabaja de la misma forma. Para esta joven cocinera la experimentación es uno de los pilares para la creación culinaria. “Repasas lo que ya sabes, analizas sus componentes y pruebas nuevas maneras de combinarlos para atraer a los clientes”, opina.

Para el chef independiente Francisco Camacho, es un proceso más científico. Sin desmerecer la inspiración —sostiene— los profesionales del horno deben estudiar los ingredientes y su “compatibilidad” antes de juntarlos. “Hay que saber bien qué sabores combinan. No es simplemente mezclar y ya, porque puede salir algo desagradable o algunos ingredientes taparían el gusto de otros. Los cocineros conocemos la teoría y tenemos que aplicarla todo el tiempo”, señala.

El resultado del estudio de Francisco es un “Agridulce de cerdo con copoazú y cerveza negra”. La idea es lograr el contraste entre el dulce del copoazú, fruto de la Amazonía, y el ácido de la cerveza negra que complemente al gusto salado del cerdo.

Una fiesta del gusto

El sabor agridulce domina este año en el Novo Boliviano. “Carne de llama con salsa de higos” y “Anticucho de surubí con chancaca” son algunos ejemplos. Camacho explica que esta tendencia parte de la “gourmetización” de la culinaria del país. “Buscamos gustos que antes no existían en nuestra comida, como frutas con carne o miel con ajíes. Para presentar nuestros platos al mundo debemos arriesgarnos”, sentencia.

Un ejemplo de ingredientes que nunca antes se han cocinado juntos es el “Jochi en coco” de Schmid. Con una sonrisa misteriosa, el chef se guarda de revelar la receta; pero asegura al incrédulo cliente que no es agridulce. “Es ácido y salado. El coco está a su vez sazonado con jengibre. Es que el coco no es un ingrediente sólo para postres”, agrega.

Otra innovación es usar alimentos andinos (achojcha, carne de llama y quinua, entre otros) para dar un renovado sabor a platos internacionales. En esta aventura, los chefs de la Casona de la Pascualita de Cochabamba y de Infocal prepararon un sushi donde la quinua reemplaza al arroz. El resultado es un bocadito exótico con un sabor familiar.

En las “deconstrucciones”, la comida cambia su forma. El plato paceño se convierte en “radioles”, una especie de canapés, donde la papa es la galleta sobre la que están los otros ingredientes. El fricasé se transforma del picante de guiso a un piqueo más sutil.

Y ya que hablamos de forma, la apariencia de la comida del Novo Boliviano entra en el reino de la escultura y la pintura. No basta que el platillo tenga buen sabor, también debe verse apetitoso y elegante. Se dice que la comida entra por los ojos, y los gourmets lo demuestran con la presentación de sus creaciones.

Inventores del horno

Verduras talladas como el Illimani, tomates que sirven de bandejas para el fricasé y bocaditos dispuestos como joyas son algunas de las presentaciones que tientan los estómagos. Otras impresionan, como el jochi de Schmid que posa enterito sobre una cama de cocos en su fuente.

Cada vez que algún gustoso acude a catar alguna de las delicias, recibe una explicación de lo que está a punto de comer. En la disertación del chef se incluyen recetas y posibles acompañamientos líquidos y sólidos.

Para terminar están los dulces. Ya sean chocolates, frutas confitadas o melcocha. Los postres ocupan lugares prominentes.

Una vez que los visitantes salen satisfechos, los cocineros ya empiezan su trabajo para el siguiente año. Durante los próximos 12 meses, los platos presentados en el Novo Boliviano 2009 serán servidos en los locales de los chefs. Mientras, estos artistas del horno continuarán descubriendo originales delicias que reinventan la sazón boliviana.

Articulo sobre cocina Novo Boliviana publicado en el siguiente sitio

http://www.adnradio.cl/noticia/renovada-sazon/20091119/nota/912337.aspx

Un Bicho Linajudo: El Cerdo

8 Ene

cerdo

Les comparto este excelente artículo de Ramón Rocha Monroy, escritor boliviano, Premio Nacional de Novela 2002. Ha publicado las novelas El run run de la calavera, Ando volando bajo, Ladies Night, La casilla vacía y Potosí 1600.  

Un bicho linajudo: el cerdo

El cerdo ibérico es lozano, rubicundo y enorme: dicen que suele llegar a los 500 kilos. Debió costarle mucho acostumbrarse a los rigores del clima andino, porque en el altiplano hay cerdos que parecen perros flacos o, como dice Pérez Alcalá, parecen cactus. Mucho se habla del caballo en el proceso de la Conquista, pero los estudiosos olvidan a ese animal gordinflón y simpático, que ha sido honrado por los pueblos celtíberos esculpiendo su imagen en los monumentos funerarios o en las encrucijadas de los caminos. En buenas cuentas, los soldados de Cortés, de Pizarro o de Valdivia conquistaron el continente a puro chicharrón y chorizo, de las crianzas que instalaron los españoles en las islas del Caribe. Quizá por eso, una provincia de Cuba se llama Matanzas, ominoso nombre que se refiere al sacrificio del cerdo y su conversión en toda suerte de embutidos. Como hay también una Bahía de Cochinos. Un buen dato que recuerda Platón, es el nombre del inventor de la morcilla, Aftónitas, a quien se le atribuye también la paternidad de los chorizos. La receta original de la morcilla, fabricada con sangre coagulada de cerdo, es la siguiente: se lavan las tripas en vinagre, se las rellena con carne de cerdo machacada en un mortero, mezclada con los sesos del animal, huevos, piñones, pimienta en grano, anís y ruda triturada en aceite. Se atan cuidadosamente los chorizos con hilo de cáñamo, se los cuece a medias en una olla de agua hirviendo, se los pincha para que no estallen, se los ahuma, y luego se los cocina en vino del Pireo mezclado con aceite. (Yum, yum). La morcilla admite la más variada concentración de aromas y sabores. En Tarija son famosas ciertas morcillas preparadas por la Zarca, que son levemente dulzonas. En Sucre tienen un ligero aroma de clavo de olor y canela. En el Beni, el relleno se mezcla con arroz. Roma vivió la apoteosis del cerdo, desde el barrio popular de la Suburra, sede de los siete pecados capitales, hasta la mesa de Trimalción, el héroe de Petronio, que ofrecía a sus invitados cerdos inmensos de cuyo vientre abierto escapaban volando cardenales y pinzones. Mucho ajo, romero, tomillo y otras especias condimentaban la cervella, embutido de sesos de cerdo y el salumi. La mortadela nació recién en la Edad Media, dicen que en Bolonia, y su nombre derivaría del mortero en el cual se machaca la carne y las especias o del murtatum, el mirto, cuyas hojas sirven para el aderezo. Curioso destino el del cerdo, de ser prueba de vieja cristianía, frente a los vecinos sospechosos de tener origen moro o judío. Allí nació la costumbre de enviar una bandeja de menudencias del animal recién sacrificado a uno u otro vecino, que se convertía en doble certificado, tanto del que donaba como del que recibía. Nadie ha encontrado explicación racional a la «porcofobia» de las religiones musulmana y judía. Creen algunos que se debe al rigor del desierto, que impide criar un bicho tan ocioso y omnívoro, pues devora todo lo que come el hombre y entonces le hace competencia. Lo cierto es que, por su carne sensual y ociosa, está asociado a la mesa del rico Epulón, no así a la del pobre Lázaro. Entre cristianos viejos, el cerdo es, pues, un animal linajudo. Así lo demuestra el Arcipreste de Hita en el Librodel Buen Amor, con la deliciosa polémica entre Don Carnal y Doña Cuaresma, terciada por los oportunos apuntes de Don Tocino. Y es prenda de adorno a la cual recurre Miguel de Cervantes para elogiar las habilidades de Aldonza Lorenzo o Dulcinea del Toboso, quien «tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de la Mancha». En Cochabamba es famoso el barrio de Cala Cala por el culto que le rinden al cerdo las mejores cocineras del lugar. Es frecuente oír de labios de estas heroicas damas que no hay animal más noble que el cerdo, porque de él se aprovecha todo, de la punta del hocico en triángulo isósceles con las orejas, hasta el pequeño rabo, que es también motivo de gula.

Y es sorprendente saber que repiten una vieja página de Plinio el Viejo, quien inventarió 50 sabores distintos en el cuerpo de este noble animal: «Ningún otro animal produce más alimentos para el conocedor que el cerdo, pues su carne presenta casi 50 sabores distintos, mientras que los otros no tienen más que uno». Hemos perdido en la memoria el arte mayor de los jamones; pero son famosos nuestros enrollados y nuestros lechones criados con malta de cebada. Hemos reinventado el fricasé, de origen francés, con abundante ají amarillo y chuños enteros, cuya mejor versión se halla, sin duda, en La Paz, aunque haya variaciones sugestivas en Cochabamba, Oruro y Sucre.

Sin embargo, el rey de los manjares de cerdo es el chicharrón, pues su presencia en la mesa define el día consagrado al Señor: el domingo. Resulta curioso, indigerible, que en la altura de La Paz, hayamos convertido el chicharrón en platillo nocturno. Hay muy buenos chicharrones nocturnos en la calle Ecuador, a cuadra y media de la Plaza España, en la Plaza de San Pedro y, por supuesto, en Las Velas. Hay otros muy buenos en Irpavi, pero son originarios de Cochabamba y de antiguo linaje calacaleño. Hoy tiene la preferencia de los conocedores la chicharronería de Doña Pola, en la Avenida América esquina Gualberto Villarroel, cuyo viejo arte del perol de cobre mereció un premio que se concede desde España. Otro chicharrón célebre es el de Doña Flora, en la avenida Simón López y, remontándonos más en el tiempo, el perol de Doña Donata, célebre en el corazón de Cala Cala. Si el chicharrón es dominguero, el enrollado y el escabeche de patitas de cerdo son manjares de San Lunes. Disputan honores en esta especialidad. La Cacha Blanca y El Phujru en el barrio de Villa Galindo y Los Duraznitos en La Chimba. Pero la oferta de este embutido tan bien condimentado es muy variada.

Hay un refrán para nosotros difícil de comprender. Dice: A cada cerdo le llega su San Martín. Es que en el Viejo Mundo, el 11 de noviembre, día del Santo, se celebra una copiosa matanza de cerdos, que son «acecinados» y «salados» para convertirlos en esa variedad increíble de formas sensuales que tienen los embutidos. La fiesta tiene como complemento la degustación del vino nuevo. Con el cerdo están relacionados santos como Antonio Abad, Blas y Leonardo, este último patrono bávaro de los cerdos. Pocas matanzas hay más ruidosas y dramáticas que la matanza del cerdo. Un viejo aragonés, Don Darío Vidal, escribió la crónica de una matanza en estos temibles términos: «Debíamos decir que quien recibía el presente, con un poco de los bocados más sabrosos del animal, reputaba de cristiano sin mácula al donante; pero en las poblaciones de conquista no se conformaban, ni se conforman ahora, en que el alarde ha perdido significación con gestos tan contenidos: hay que dar ruidoso testimonio de la condición de cristiano y, en consecuencia, sacan al cerdo de la zahúrda, lo pasean por la calle hasta la puerta de la casa, donde se ha dispuesto el banco del sacrificio, se le clava al animal un gancho en la garganta, se tira de él, porfía el bicho y se resiste, se le arrastra, grita y forcejea, se aprestan las mujeres con los barreños de la sangre, corren los hombres a sujetar al fugitivo, lo vencen, lo acuestan en el banco, gruñe aquél, resopla, gritan los hombres órdenes y advertencias jadeando, actúa el matarife o matachín como el oficiante de un extraño rito y acuden las mujeres, y el animal acuchillado se estremece y revuelve entre los hombres que forcejean, alborotando al vecindario, mientras la callecita, casi siempre estrecha y con perfume de aljama, se puebla de niños que miran mientras pueden, curiosos y aterrados, el sacrificio cruento, desgarrador y sangrante, hasta que el animal agoniza. Entonces, cuando se atreven a retirar las manos de los ojos húmedos, olvidados del trágico trance, comienza a relajarse la tensión entre las bromas de los mayores que entienden entonces mejor que nunca la contradictoria comunión de la sangre, porque el gozo de comer va aparejado siempre a la tragedia de la muerte, y tal vez para olvidarse convierten el drama sangriento, que tal vez asumen como acto purificador y catártico, en fiesta que desborda de alegría y de vida». (Gulp, como para comer puras lechugas).

Ramón Rocha Monroy

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