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Comida Boliviana del Siglo XIX

7 Ene

colonial

Una muestra de los gustos y preferencias que tenía la clase dirigente boliviana en el siglo XIX puede encontrarse en los pocos menús que han quedado de banquetes ofrecidos por presidentes de la república. Por cierto, los abundantes condumios presidenciales sólo estaban al alcance de las élites.

En el “banquete de obsequio en el Palacio nacional” ofrecido por los “agradecidos” ministros de Mariano Melgarejo en 1869, vemos un menú escrito en formato francés, pero finalmente se trata de comida criolla mestiza con influencia extranjera: Sopas: valenciana, fideos, verduras; Hors D’euvres (aperitivos): carnes frescas,  lengua a l’ecarlata, jamón con jalea, galatinas, sardinas, escabeche de bogas, pastel frío; Releves: bocaditos a la  reina, tomatadas de súchez, lomitos mechados, ají de bocadillos, ají de conejos, picana de ternero, guiso de pollos, chanchitos rellenos, enrollados de cordero, patos con aceitunas; Legumbres: zanahorias, arvejas, frijoles verdes; Asados: patos trufados, patos carneri. Intermedios: ponche a la romana, queso helado. Dessert: tres castillos grandes, tres helados, tres pasteles grandes en fuente, huevos chimbos, sopas borrachas, frutas de cartain, pastelitos surtidos, jaleas, crema inglesa, y frutas; Licores: bordeaux, sauterne, jerez, champagne, coñac y curazao.

Este menú, correspondiente a 1870, representa muy bien algunos productos y platos que luego se consolidaron como parte de la comida boliviana en el siglo XX, aunque se presentan con variantes, como los chanchitos rellenos, los corderos y patos, la picana de ternero. Están, además, las casi desaparecidas bogas y dos platos de ají medio olvidados, el ají de conejo y el de bocadillos.

El Manual de Cocina de Manuel Camilo Crespo (1860), republicado en 1987 por la reconocida investigadora Julia Elena Fortún, es el único recetario que brinda información abundante sobre la comida del siglo XIX, considerando que refleja la comida en una ciudad como La Paz y una familia criolla acomodada. Se trata de una cocina en transición, en la que ya no se encuentra el pesado recetario colonial con uso excesivo de especias; pero persisten varias recetas de origen español. Lo más interesante es el considerable número de recetas de platos de ají, por lo que se confirma la adopción de este tipo de alimentación en el menú criollo paceño. Están platillos como el fricasé de chancho, el tamal, el locro de pallares, el chuño atamalado, las achojchas rellenas. Se ve un consumo considerable de productos americanos como el zapallo, maíz, tomate, papa, camote, quinua, lacayote, achojcha, pallares y racacha. De la antigua cocina española todavía quedan los lampreados, costradas, tortas, torrejas, migas, pebres y una serie de postres de origen conventual.

Resulta de gran interés en el Manual… el uso de productos del departamento de La Paz, provenientes de la caza y la pesca como las pequeñas palomas o kukulis y principalmente los chchichchis, larvas de himenópteros anfibios de los ríos de altura, de gran valor nutritivo proteínico.

Lo que ofrece el recetario tiene mayor riqueza y variedad en productos animales y vegetales que los del siglo XXI en nuestro país. Se utiliza una variedad de carnes, junto a las buenas chuletas de ternera, aparecen el cordero, puerco o chancho, conejo, perdices sudadas, capones, patos rellenos, pavos, vizcachas, chorlitos, corvina, bogas, dorado, sábalo.

El Manual… nos recuerda el verdadero nombre de las ahora denominadas “salteñas”. Siempre fueron empanadas hasta la llegada de unas señoras argentinas que trastornaron la denominación.//  La Razón – Beatriz Rossells, antropóloga, autora de ‘Gastronomía en Potosí y Charcas’, siglos XVIII al XX.

http://reyquibolivia.blogspot.com/2011/07/bolivia-la-gastronomia-en-el-siglo-xix.html

La Olla Colonial

6 Ene

Por Ojo de Vidrio

Cada vez se me hace más nítida la deuda que tengo con el magnífico libro de Beatriz Rossells Montalvo, “La gastronomía en Potosí y Charcas, siglos XVIII y XIX. 800 recetas de la cocina criolla”, que ganó el Premio 2002 a la mejor publicación extranjera, otorgado por la Academia Española de la Gastronomía y la Cofradía de la Buena Mesa presidida por doña Imelda Moreno, Marquesa de Poza, título verdaderamente noble pues la ilustre señora es devota de esa ceremonia de paz que es el buen convivio.

Ese magnífico libro le dio vida a un personaje histórico que incluí en mi novela “Potosí 1600 c.c.”, doña Leonor Guzmán de Flores, a quien no hubiera podido retratar sin el auxilio de la cocina colonial, tan bien descrita y estudiada por Beatriz en su investigación sobre libros de recetas de la época. ¿Cómo transcurrían los días de las matronas de Potosí si no era al calorcillo del fogón donde se atizaban los chismes de la Villa? Ese toque femenino evitó que la novela fuera una más de capa y espada, de espadachines acartonados, de frases altaneras y otras bravuconadas de matachín del 600.

Por eso aprecio el estudio que preside el libro de Beatriz, sin lugar a dudas el más certero, sugestivo y preciso que se haya escrito en Bolivia sobre la importancia de la cocina en la vida cotidiana de todos los tiempos, en especial de los buenos días coloniales.

Al leer sus páginas recordé la novela “Camelot”, cuya primera parte inspiró la película de dibujos animados titulada “La espada en la piedra”. Dice que la Edad Media no era tan sombría como la pintaron luego en la iluminada pero triste edad de la razón. La Edad Media tenía sus buenos momentos, era el suelo que nutría el florecimiento de las culturas locales y de los ritos paganos, es decir, propios de cada pagus, en esa geografía de burgos desconectados que en gran parte vivían de sus propios recursos y pulsiones. Al leer el libro de Beatriz sentí que el mundo colonial no era solamente un horno donde se calcinaban los indios sometidos a un poder minuciosamente cruel. Los cronistas de Potosí no dicen precisamente eso, pues con los españoles había llegado también la fiesta que se prolongaba al menos por tres días cuando no duraba veinte, como en la celebración del Corpus Christi, quizá más alegre y ostentosa que la del carnaval. Las fiestas religiosas eran también honradas por los indios, y como aquella forma de expoliación llamada “reparto” consistía en venderles artículos de ultramar, por más ajenos que fueran a sus costumbres, los indios vestían ricas telas, se adornaban con hilo de oro y de plata y seguramente bebían y yantaban a gusto, no obstante que formalmente les estuvieran prohibidos los placeres del vientre. Estas fueron decisiones literarias que se fueron superponiendo a medida que avanzaba en la escritura de la novela, inspiradas, voy a decirlo una vez más, por la lectura del libro de Beatriz.

Otra hipótesis: la tenacidad con que la cocina tradicional persiste en el tiempo, pues a tres o más siglos de aquella época encontramos básicamente los mismos platos, aunque sus ingredientes se hayan empobrecido en la medida en que su consumo se democratizó, sin perder, así sea una evocación ligera, su espíritu original.

http://tallerdeimaginacion.blogspot.com/2005/10/la-olla-colonial-cada-vez-se-me-hace.html

Rita del Solar, «La Reina de las Recetas»

5 Ene

Rita del Solar

La reina de las recetas

Si la reina Sofía piensa en Bolivia, tal vez sus recuerdos tengan sabor a quinua. Y quizás evoquen a Rita del Solar Taborga, la paceña que deleitó el paladar real con un menú de suculentas creaciones gastronómicas basadas en el cereal andino. “Ella sabe que este alimento es la proteína del mundo”, comenta de la monarca de España la especialista en gastronomía novo boliviana, sentada en la acogedora sala de su hogar, en la zona de Sopocachi. A comienzos del presente siglo, durante una visita a la ciudad de La Paz junto a Juan Carlos I, la reina de raíces griegas no perdió tiempo antes de satisfacer dos caprichos. El primero puso de cabeza a su equipo de seguridad, cuando “escapó” a la calle Sagárnaga para dar rienda suelta a su apetito por los souvenirs, cual si fuera una turista común y corriente. El otro involucró al grano de oro, ingrediente principal para saciar el refinado gusto vegetariano de la esposa del rey Juan Carlos de Borbón. Para lograr esto último, la soberana contó con la complicidad de Rita del Solar que, sabedora de que la monarca había ofrecido este alimento en la carta del matrimonio de su hija, consintió su antojo con desayuno, aperitivos, bebidas y platos sofisticados. “La reina Sofía quedó encantada”, relata, y hace saber que inclusive solicitó un recetario que la boliviana ha elaborado luego de 25 años de dar a probar sus delicias gastronómicas también a príncipes, presidentes, ministros y alcaldes que han llegado hasta su urbe natal.

Memorias de la niñez Cuando se le pregunta por el origen de esa afición por el buen sabor, las memorias de Del Solar se remiten a mediados del anterior siglo, a su infancia, cuando pasaba el tiempo entre su casa de la avenida 20 de Octubre y las fincas familiares del altiplano y los Yungas. Dos campesinas, mamá Juana y Dionisia, las cocineras de sus padres, les enseñaron a ella y a su hermano Jorge “a comer rico”. Siempre “había algo para engreír a la gente que entraba a la cocina”. Su madre, Alicia Taborga Baptista, era cochabambina, nieta del presidente Mariano Baptista Caserta (1832-1907). Y su padre, Jorge del Solar Clavijo, venía de una “familia paceñísima” que dejó un legado en la ciudad: los Clavijo donaron el terreno donde se yergue el asilo San Ramón, en la zona Sur, y también los inmuebles en los que funcionan dos colegios católicos: el Sagrados Corazones (en la avenida Mariscal Santa Cruz) y el San Calixto (en la calle Genaro Sanjinés); este último establecimiento lleva el nombre en honor de Calixto Clavijo, tío bisabuelo de la dama de la alta cocina. En todo caso, Del Solar se declara y reconoce como paceña. De sus abuelas, rememora que la del lado Baptista era hogareña y la mimaba con colitas de cordero en su hogar de Cochabamba. La abuela Clavijo era “una mujer de avanzada”, que no comulgaba con las reglas: María Paz era la única que usaba pantalones en su época, acto considerado un pecado; más aún, fue la primera divorciada en Bolivia, pionera en la colección de objetos coloniales y una empresaria de minas que condujo uno de los primeros automóviles en el país. “Pasé una niñez muy boliviana”, sentencia la dama, y remarca que su familia le enseñó, sobre todo, a amar y trabajar por su país. Por ello, a pesar de que tuvo oportunidades para radicar en otros continentes, siempre escogió su tierra. “No podría vivir en otro país que no sea Bolivia, vivir aquí es el súmmum del súmmum”. Pero hay todavía otra herencia que le dejaron sus abuelos y padres: el placer por agasajar a la gente con una mesa decorada y una comida rica y bien presentada: una insuperable muestra de cariño. En los años 50, una Rita adolescente abandonó el colegio Saint Andrew’s y partió a Estados Unidos para acabar el bachillerato en el Marymount de Nueva York. El idioma inglés fluyó por sus labios en poco tiempo. Sin embargo, mientras sus amigas alistaban maletas para ir a la universidad, ella pensaba en volver a su querida Bolivia, casarse y tener hijos. Y así lo hizo. Retornó a La Paz y contrajo matrimonio con Jorge Aramayo, con quien tuvo dos hijas: Paula  y Claudia. La primera cocina bien equipada la armó en su vivienda de la avenida Arce, junto a una ayudante de 16 años, que la acompaña hasta ahora, una especie de ama de llaves que aprendió los secretos del buen trato de uno de los mozos de la madre de Rita. Esa mujer es “mi Teodora”. En los años 70, la joven Rita se inscribió en la carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), pero no pudo acabarla, pues la dictadura cerró la casa de estudios en represalia por la rebeldía de los universitarios. Entonces, emprendió viaje a Francia, en compañía de su madre y sus jóvenes hijas. París fue el escenario donde se animó a tomar cursos de cocina, en una escuela en la que le enseñaron que la gastronomía no es solamente buen sabor, sino buena presentación. Es decir, una comida no sólo debe ser rica, sino hermosa. “En ese entonces, yo pensaba en qué iba a cocinar en mi casa, jamás en hacer un negocio”. Y una vez más, en la tierra de Víctor Hugo descubrió que no es mujer “de vivir fuera” y, al año, regresó al país. Un sitio con aura El “negocio” del que habla Rita del Solar tiene un nombre: El Arcángel, salón de eventos que se hizo famoso gracias a la buena sazón de su propietaria. La génesis de ello se remonta a la boda de una de sus hijas, hace 25 años. Entonces, Rita contrató ayudantes y tomó las riendas de la preparación del banquete y la ornamentación del local para dos centenares de invitados. Fue todo un éxito. Una amiga suya, que había retornado de Venezuela, Miriam Baptista, le propuso una sociedad en vista de que ambas tenían la misma pasión por la gastronomía y el detalle al servir la mesa. A los tres meses, en junio de 1987, nació El Arcángel, un proyecto que fue pensado para atender actos de hasta 60 personas, pero que terminó ampliándose, al punto de dejar hasta dos millares de invitados por demás satisfechos. En la cocina del espacio ubicado en la zona de Obrajes, Del Solar dejó volar su imaginación. “Hacía pruebas como loca, para que nada salga mal. Los días que no había contratos, probaba con platos de quinua”. El sabor, claro, pero también la presentación fue la clave y “no hubo ni un fin de semana sin trabajo”. Su matrimonio con Jorge Aramayo terminó en separación. Pero el amor le dio una segunda oportunidad y volvió a casarse, esta vez con el artista plástico potosino Alfredo La Placa, de quien es gran admiradora. “Nos conocíamos de siempre, nos encontramos y nos casamos”, resume. La pasión por el arte los ha convertido en almas gemelas. Pero, en materia de gastronomía, él no es lo que se considera “un buen diente”. “No goza mucho de la comida; alguna que otra cosa es de su agrado, pero es poco detallista”, revela de su compañero de más de dos décadas. En los ambientes de El Arcángel, Rita del Solar hizo otra familia, compuesta por sus cocineros y ayudantes. La clave de los logros ha sido la organización. Desde la empresa, esta paceña fue sazonando lo que se llama la gastronomía novo boliviana, aquella que se decanta por la preparación de las tradicionales recetas del país, pero buscando sofisticarlas, modernizarlas y, sobre todo, hacerlas atrayentes desde la presentación. Cada plato es una obra de arte con aroma y sabor que, primero, deleita a quienes miran. “Eso es lo que he tratado de hacer con la comida nacional, que es riquísima, pero que a la vista no es muy atrayente. Nuestra comida merece ser admirada en el mundo, al que hemos regalado tantos alimentos maravillosos, como la papa, el ají, la quinua”. La gastronomía peruana “pasó a ser reconocida en el orbe porque la refinaron, la volvieron linda. Y estamos en ese camino”, reflexiona la autora de libros de recetas que han recibido elogios y premios, y que han sido traducidos al inglés, el francés y el portugués. Del Solar no sólo ha escrito sobre comida, también sobre arte, historia y tradiciones, o ha combinado ambos campos. En el camino se encontró con cómplices de escritura e investigación, entre ellos, Sandra Cattan Naslausky, esposa de diplomático brasileño con quien publicó Mesas de Bolivia; la escritora y periodista Lupe Andrade Salmón, su “amiga del alma” que la acompaña en el libro ¡Ají!; o el médico neurocirujano Ivar Méndez, residente en Canadá, con el que acaba de lanzar el libro de recetas Bolivia, quinua. Gastronomía y paisaje, edición bilingüe castellano/inglés. Sobre su plato de comida preferido, imposible hallar uno solo. “Me gusta todo si está bien hecho”. Parte de ese estar “bien hecho” es que la cocina sea el sitio más limpios del planeta, “porque si un comensal se enferma, adiós trabajo”. Pero lo principal, añade, es cocinar con muy buen humor. Tal el secreto para haber llegado a lo más selecto de los visitantes del país. Uno de los últimos eventos que la llenan de orgullo es el apthapi que armó para la Cancillería, donde ispis, habas, papas, chuño, quesos, llajua y otros se lucieron como manjares sobre aguayos dispuestos en torno a una fuente de plata. Ahora que El Arcángel ha entrado en pausa —el local ya no le pertenece, pero sí el nombre— la cocina de su hogar es el laboratorio donde prepara las exquisiteces para mimar a su familia y sus invitados, junto a la cómplice de más de cuatro décadas, Teodora. “Al final, no sé si yo soy la cómplice de mi Teo, que sabe de la casa más que yo”. Más allá de la gastronomía, Del Solar es una mujer dinámica y comprometida con otros quehaceres. Es miembro fundador de la Casa Museo Marina Núñez del Prado, fue presidenta de Amigos de los Museos, miembro del grupo de custodios del Palacio de Gobierno, del edificio del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, del Palacio Consistorial de la Alcaldía de La Paz y otros edificios públicos patrimoniales. Y es cófrade de la Virgen de la Merced. Alista varios libros, uno de ellos sobre las imágenes de la Virgen en Bolivia y otro acerca del arte de saber vivir, “algo que no demanda dinero”, sino sabiduría “para aprovechar lo que se tiene, no gastar de más, pisar el suelo en ese sentido y hacer las cosas que estén bien planificadas”. Asimismo, “es lograr que la casa sea muy agradable, para que el modo de vivir se transmita a todos. El saber vivir es facilísimo”, convence con la modulada voz con que dicta cursos sobre estos temas. Los museos y las exposiciones son su debilidad: “Me encanta la creatividad de la gente”. Y, ante todo, es una “gran novelera”: “Me como un libro en uno o dos días”. Está suscrita a cientos de editoriales y revistas de cocina: “En cada uno hay una o dos recetas para probar”. A fines del año pasado, recibió el Diploma de San Pablo al Mérito Cultural, otorgado por la Universidad Católica Boliviana. Y confiesa que “el reconocimiento de mi vida sería que nuestra comida se convierta en internacional”. Su pasión por la gastronomía no fue heredada por sus hijas, que radican en Londres y Santa Cruz, respectivamente, y que le han regalado cinco nietos. Rita del Solar se emociona al contar que la menor, Catalina, casi sufre un ataque al saber del cierre de El Arcángel, y que le propuso reabrirlo ella. ¿Su futura socia? “Más bien yo voy a ser la socia y ella  la dueña”, comenta con una sonrisa esta embajadora de la comida boliviana, toda una “madame de las recetas” de la cocina novo andina.

http://www.la-razon.com/index.php?_url=/suplementos/escape/reina-recetas_0_1607839298.html

Fotos: Pedro laguna La Razón / Miguel Gómez 00:00 / 06 de mayo de 2012

La Cocina como Meditación

4 Ene

¿Qué tienen en común la meditación zen, una técnica oriental que consiste básicamente en mantener una atención sostenida en el aquí y ahora centrándose en la respiración y observando sin seguirlos los devaneos de la mente pensante, con la cocina: el arte de guisar y aderezar los alimentos y elaborar y mezclar las bebidas para nutrirnos a diario y darle placer al paladar?.

Para el psicoterapeuta Raúl Vincenzo Giglio, autor del libro `La cocina como meditación’, “cuando se realiza con consciencia y desde el corazón, la cocina, al igual que la meditación, crea un espacio de aprendizaje convirtiéndonos en observadores y cocineros de nuestra propia evolución y desarrollo. Se trata de un camino ameno, divertido y metafórico para nuestro crecimiento interior”.

Para entender este “camino”, Efe-Reportajes ha entrevistado al autor de este libro repleto de ejercicios prácticos y propuestas culinarias, que invitan a conocer más de nosotros mismos y nuestra alimentación interior, y a experimentar variadas texturas, olores, sabores y colores, desde la filosofía Zen, que se centra en la experiencia del instante presente como fuente de conexión con una realidad superior, más allá del discurso racional y lógico.

Desde sus páginas, Raúl Vincenzo Giglio, profesor de yoga y coordinador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal, nos propone “inundar con sensaciones y entusiasmo lo que nos rodea y experimentar a través de sus elementos más sencillos, lo alimentos, la paz y el regocijo de servir al otro lado desde la exquisitez del paladar”.

ALIMENTOS, AMOR Y CONSCIENCIA

– ¿Que significa “cocinar desde el corazón”?.

– Implica poner todo lo que somos, cariño, atención, bondad, vocación de servicio y actitud de alimentar al mundo desde un lugar más allá de lo funcional en la cocina, ese espacio y órgano vital de cualquier hogar. Es interiorizar, escuchar al pepino, a la zanahoria, ser consciente de la sagrada música de los alimentos, contactar con esa fuente de amor que todos llevamos dentro y usar los diversos actos de la cocina. Comprar en el mercado, partir, pelar, etc., como cauces de ese amor que pide ser expresado. Y por supuesto, luego compartirlo con los demás.

– ¿Qué se consigue al cocinar desde el corazón?

– Logramos disfrutar de la vida, del cocinado mas profundo de nuestro propio yo, un mayor conocimiento del mundo y de nosotros mismos, el extraordinario poder de dar amor a los demás en forma de diversas entregas. Así entendida y vivida, la cocina se transforma en un camino hacia la felicidad.

– ¿Cuál es su principal consejo?.

– Sobre todo hay que disfrutar del pastel, eso es todo, nada más y nadas menos. Consiste en escuchar lo que nuestro propio corazón nos pide a la hora de cocinar, para después prestarle atención, llevarlo a la práctica y compartirlo.

– ¿Cómo se relacionan meditación y cocina?

– Vemos la meditación como un ejercicio oriental, con la clásica postura sentada de piernas cruzadas, generalmente en espacios para ello acondicionados. Es un camino de reencuentro con uno mismo que puede practicarse en cualquier postura o lugar. La cocina es un templo de meditación que siempre ha estado acompañándonos en el devenir diario, el lugar donde elaboramos el alimento más genuinamente nutritivo que existe, la comida que diariamente necesitamos para vivir. En este habitáculo se ofrece un espacio de profunda reflexión si miramos con los ojos que transcienden lo meramente utilitario.

– Dice que el Zen y la cocina son ante todo una experiencia.

– Toda teoría que no se traduzca en algo práctico no es más que una elucubración de lo que pudiera ser posible y no se llegó a materializar. El papel que no se puede comer.

Dado que tenemos una tendencia exagerada a tener ideas, proyectos, sueños, anhelos que escasamente materializamos, este libro está plagado de apuntes, disparos, propuestas a reflexionar, a practicar la cocina desde el corazón y la conciencia que todos tenemos.

– ¿Cuáles son esos disparos y propuestas?

– Uno de los disparos más reveladores son los cuentos. Las metáforas han sido desde tiempos ancestrales vehículo de transmisión de sabiduría y conocimiento, auténticas perlas de conocimiento profundo. Todos los cuentos encierran una semilla, un poco de levadura que, acompañada del calor y la atención de quien los lee, hace subir la masa hasta conseguir que el mensaje que conllevan germine en el que escucha.

EL ARROZ, EL INFIERNO Y EL CIELO

– ¿Podría regalarnos alguno de esos cuentos reveladores?

– Uno de mis favoritos narra la historia de un monte de exquisito arroz cocido, rodeado por muchos hombres hambrientos, que a cierta distancia contaban con palos de dos metros de longitud, con los que podían coger el arroz pero no podían llevárselo a su boca. Así, solitarios, hambrientos y moribundos transcurrían los días en el infierno. Hasta que un día, el más sensible al dolor de los demás, decidió que, si no podía comer él mismo, al menos trataría de alimentar a sus hermanos. Con el largo palo, cogió una cantidad de arroz y se lo dio a  aquel hambriento que se hallaba a esa distancia. Este recibió el arroz agradecido, observó el mecanismo y alimentó a otro compañero con su largo palo. Y este a su vez a otro, y aquel a otro. Así se fueron alimentando unos a otros. Ahora estaban en el cielo.

– También ha mencionado propuestas culinarias.

– Son ejercicios prácticos, de cocina, de reflexión, de atención, para integrar la parte teórica en una vivencia práctica, invitaciones a convertir la cocina en el espacio de meditación que siempre ha sido.

– ¿Podría darnos un ejemplo?

– Fregar los platos puede ser un gran ejercicio de meditación. Como el Zen invita a culminar procesos abiertos, a no dejar nada pendiente para otro día o momento, por la carga de peso emocional que conlleva lo inconcluso o pendiente de resolver, tras una comida, no esperes ni dejes mucho tiempo los platos y utensilios de cocina resecarse con el aire de la inacción. Además de que se dificulta su lavado, es un recordatorio a la mente de su parte más pasiva y dormida. Cuando friegues, pon tu atención y conciencia en lo que estás realizando.

Observa lo que hacen las manos, déjalas seguir su curso. Con la mente en calma, permíteles seguir con la acción y obsérvalas abrir el grifo, medir la temperatura, acariciar el espacio con jabón. Coge un plato, rocíale con agua, acarícialo y escucha. Descubrirás que tu mente tiende a salir del fregadero y divagar. Cuando te des cuenta de ello, vuelve una y otra vez a atender aquello que estás limpiando. A medida que practiques, tu mente se escapará cada vez menos.

LA ALQUIMIA DE LOS FOGONES

Para Raúl Vincenzo Giglio, la cocina no sólo es un lugar de meditación sino también de alquimia, porque “es transformación, es usar los elementos que la tierra ofrece, usar nuestro intelecto y sacar una nueva versión más sabrosa de sí mismo”.

“Cocinar es escuchar lo que el alimento lleva dentro, verlo antes de que se muestre por sí mismo, confiar en ello y acompañar ese proceso de maceración y maduración, para regalarse una explosión de sabores y texturas, antes inimaginables, y llegar a sensaciones que permanecen ocultas, comenzando en el paladar y acabando en explosiones de emoción”, señala.

Para Giglio, “la cocina es alquimia, es unir diversos alimentos, diversas formas, colores, texturas, de orígenes y procedencias muy lejanas entre sí y dar a cada elemento su  medida, dentro del proyecto común que es más grande, para conformar una receta, un milagro de unión de diversos elementos en la perfección de sabores que se vierten y derriten en un paladar”.

“El alimento, es la más poética y creativa de las necesidades básicas, la que adquiere las más diversas formas, olores y colores. La poesía de la vida desde que el hombre descubrió su sabiduría interna, su capacidad de observar, de desarrollar y usar su inteligencia, de deleitarse ante un plato recién hecho”, agrega.

“El hombre es el único ser vivo que elabora sus platos, no sólo para sobrevivir, sino para deleitarse y tomar conciencia, conocerse y conocer los recovecos profundos de su vida, los fogones desde los cuales saltará a otro nivel de conciencia”, finaliza el autor de ‘La cocina como meditación’.

“Su majestad, el Ají”

3 Ene

«El ají le da fuerza y sabor a la vida”, comenta Andrade. “El ají es lo más importante que tenemos en la comida boliviana”, remarca Del Solar. Ambas maestras del arte de la cocina coinciden en que este documento tiene la misión de que los bolivianos reconozcan como suyo a este alimento apreciado en la gastronomía de todos los confines del planeta —al igual que la papa y la quinua— y que las ayuden a que el orbe sepa lo mismo.

Ellas sustentan su investigación en las técnicas del ADN. En las pesquisas realizadas en los años 70 del siglo pasado por el botánico estadounidense W. Hardy Eshbaugh, que hoy imparte su experiencia en la Universidad de Miami, en Ohio. Éste halló la semilla de una especie de ulupica, la “planta madre de todos los ajíes” del género Capsicum, aquellos que pican porque tienen el químico capsaicina.

El área del descubrimiento se ubica en el triángulo que forman Aiquile, Comarapa y Villamontes, en los misteriosos valles andinos librados de heladas, y rociados y bendecidos por lluvias moderadas y temperaturas cálidas. El gen de esta especie silvestre que promovió la proliferación de otros ejemplares similares y “domesticados” en otros sitios cercanos y lejanos, fue sometido a pruebas de germoplasma, laboratorio y ciencia pura que avalan la hipótesis de Hardy.

Más aún, confirman la milenaria presencia del ají en territorio americano. Así lo afirma el libro de Del Solar y Andrade, ya que hay vestigios arqueológicos, entre restos de comida y semillas, que demuestran que este condimento era parte de la dieta de los habitantes de este continente, que incluso acompañaba a los difuntos a su última morada. El mundo andino le dio el nombre de uchu (quechua) y waika (aymara) y los incas lo tuvieron en alto: llegó a ser usado como moneda, para el trueque.

El semidios Uchu de los incas

Los incas también lo utilizaron como tratamiento medicinal o para sus rituales. Pero su adoración tenía razones divinas. Según el estudioso peruano Eduardo Guillén, uno de los ocho primeros incas que vinieron al mundo se llamaba “Uchu”, ají. Aparecieron de una abertura en la montaña y se instalaron en el lago Titicaca, en Tiwanaku. Incluso la “limpieza del alma y cuerpo” entre los de esta cultura sólo se lograba dejando las cosas terrenales más importantes de la vida, entre ellas el ají.

Desde el corazón de la Bolivia prehispánica, los pájaros se encargaron de la emigración de las variedades silvestres de este condimento, “y luego miles de experimentos agrícolas y culinarios, se expandieron por el continente americano, hallando a sus más famosos adoradores en lo que hoy llamamos México pero llegando más allá, hasta cubrir extensas zonas de Norteamérica”, explica el libro. No obstante, faltaba que esta delicia cruce los mares hacia otros confines, y eso se dio desde 1492.

Cristóbal Colón ayudó para ello con su llegada al Nuevo Mundo. El navegante genovés que en realidad buscaba una nueva ruta de comercio para que las especias arriben a las mesas europeas, se encontró con América y sus riquezas, entre éstas el ají caribeño o “axo” (de donde viene la palabra ají), que mal llamó “pimienta”; llevó esas plantas y semillas a su continente, y no tardaron en conquistar a África y Asia. La expansión del ají se había consumado.

Sin embargo, el condimento tardó de sentar supremacía en Europa, a diferencia de lo sucedido con la papa, que se convirtió raudamente en alimento imprescindible de la dieta de sus habitantes. “El ají está ahora en los platos de los cincos continentes, porque está en la comida tailandesa, la comida india, la comida mexicana y, lógicamente, en la boliviana y la peruana; todos usan el ají, porque es el que le da sabor, es el alma a la comida. El ají es muy importante en el mundo”, señala Del Solar.

“A la gente le ha encantado nuestro hallazgo, lo ha catalogado novedoso. Muchos me dijeron que igual están probando las recetas del documento, que lógicamente llevan ají. Y otros me comentaron que no sabían que el ají es bueno para tantos aspectos de nuestra salud, una medicina fantástica con valores nutritivos, y se hacen más estudios para desentrañar sus efectos curativos. Me parece que en esto hicimos una contribución real”, añade Andrade.

La eficaz medicina picante

La afirmación de Andrade no es gratuita. El ají ha demostrado ser un doctor multiespecialista. En ello tienen que ver los elementos que lo componen. Por ejemplo, un estudio del locoto realizado por el Ministerio de Salud del Perú determinó que este alimento contiene agua, hidratos de carbono, proteínas, fibra, calcio, fósforo, hierro, niacina (que ayuda al aparato digestivo, la piel y los nervios), riboflavina (buena para el crecimiento corporal y la producción de glóbulos rojos), entre otros.

Las autoras se apoyan en estudios médicos para asegurar que el ají tiene más vitamina C que los cítricos, es bajísimo en calorías y que puede ser usado en el tratamiento de artritis, asma, arterioesclerosis, presión alta, bronquitis, problemas circulatorios, resfrío, congestión, depresión, obesidad, neuropatía diabética, fatiga, males cardíacos, migrañas, indigestión, hemorroides, laringitis, dolores bucales, náuseas, sangrado nasal, flebitis, pleuresía, reumatismo, amigdalitis, várices, herpes zoster…

Sus bondades se extienden a la reversión de la caída del cabello y se habla de que tiene el don de calmar el dolor, como anestésico dental. Para desentrañar otros secretos de este alimento se fundó la “Universidad del Ají” en Estados Unidos, la New Mexico State University, que apunta al mejoramiento de la producción y calidad de los ajíes; trabaja durante 20 años y creó 25 nuevas variedades, incluyendo al ají negro y naranja para Halloween, y uno rosa y blanco para el Día de los Enamorados.

Ahora los ratones tienen la clave para desvelar una cura para el cáncer gracias a la capsaicina que poseen los ajíes. Lo informó la Asociación Americana de Investigación de este mal, que hizo eco de las averiguaciones del doctor Russell Vanderboom, que sostienen que este químico del condimento puede erradicar las células cancerígenas de los infectados. Es un empiezo que tiene como protagonista a este alimento que tiene sus raíces en el triángulo que une Cochabamba y Chuquisaca.

En el ámbito de la medicina tradicional, el ají en sus variopintos especímenes es apreciado por los reconocidos kallawayas o curanderos de la localidad paceña de Charazani, que lo utilizan en sus brebajes, sea para el tratamiento contra los dolores, las úlceras, la fatiga, el “susto” expresado en depresión y ansiedad, las “llagas supurantes”, la dismenorrea, la falta de apetito, entre otros. Una herencia que tal vez pueda remontarse a los mismísimos incas, que es legada de generación en generación.

Pero Andrade y Del Solar no se quedan ahí, sino que muestran en su libro que el ají también sirve para lidiar contra el crimen, ya que la capsaicina es el principal ingrediente de los sprays o irrigadores lacrimógenos caseros que son llevados en los bolsos de damas para enceguecer y desorientar temporalmente a los ladrones que se cruzan en su camino; y también este elemento se encuentra en las armas químicas que emplean los policías para controlar las turbas que atentan contra el orden público.

En el planeta, Asia concentra la mayor área cultivada de ají, y tiene a China como la máxima proveedora. En América, hay importantes extensiones en Colombia y Honduras. Pero en el país de su génesis, en Bolivia, casi 90 por ciento de su producción se encuentra en Chuquisaca, en los municipios de Huacareta, Muyupampa, Monteagudo, Padilla, El Villar, Villa Serrano, Tomina, Alcalá, Azurduy y San Lucas, según la Fundación Valles; lo restante se lo reparten entre Tarija, Cochabamba y La Paz.

Las autoras probaron el sabor de los ajíes de Huacareta, Padilla y Azurduy; los cochalas de Mizque, los chaqueños de Yacuiba o Caraparí, los paceños de Palca y Mecapaca, los aribibis del Beni, los chinches de Santa Cruz, las ulupicas de Río Abajo, para confirmar de que todos tienen su encanto, sus virtudes; porque si hay algo en lo que estos condimentos son rebeldes, es en evitar ser parecidos entre los de diferentes regiones: unos son más picantes, otros más largos, redondos y/o chuecos.

Otra revelación en ciernes

Ahora, Andrade y Del Solar hilvanan otras investigaciones igual de reveladoras. “Tenemos entre tres y cuatro proyectos parecidos”, anuncia la primera. La segunda se anima a hacer un adelanto más provocativo: “Todavía es un secreto, pero el último trabajo que estamos preparando creo que va a ser publicado en un año. Trata sobre otro alimento que estamos seguras de que es boliviano, no puedo decir su nombre, pero lo usan en todas partes del mundo”.

Por ahora, disfrutan de haber demostrado que el ají es un regalo que nació en los valles bolivianos. Ese condimento que acompaña a los comensales en sus momentos de tortura y placer, sea en forma de ulupica, de locoto, de vaina, o preparado en una llajua con quirquiña y huacataya, o en un chile mexicano, o en una salsa picante asiática. Ese picante que llevó a la tumba a Hermenegildo Fernández y su madre.

Su majestad, el Ají

La Conquista derrumbó tres grandes imperios: el azteca, el maya y el incaico, pero nada pudo contra un Soberano que jamás arrió banderas ni declinó el cetro del Nuevo Mundo: Su Majestad el Ají. Dice el cronista Joseph de Acosta que “ají” es vocablo del Caribe y que ese mismo fruto se llama “uchu” entre los incas y “chile” entre los aztecas.

Gracias al ají en sus múltiples variedades, los pueblos americanos no necesitaron otras especias o condimentos; y a diferencia de los europeos que usaban pimienta, clavo, canela, nuez, jengibre y otros productos para disimular la descomposición de la carne, el ají jamás tuvo propósito de ocultamiento o engaño, sino el de realzar los sabores y alegrar el espíritu, pues genera sensualidad y si pica demasiado tiene su antídoto en la sal “que le corrige mucho, porque son entre sí muy contrarios, y el uno al otro se enfrentan”.

El linaje del locoto

El locoto es un pimiento cabezón y de pocas pulgas. Por nada se le alborota el sistema circulatorio y sus vetas interiores muerden como alacranes. Para no hablar de sus semillas, las chiras, que son una especie de badajo de este fruto campana, porque pica, al entrar y repica (al salir). Pero el locoto es un fruto noble sin hipocresías ni solapas. Por eso sazona tan bien los alimentos y da frescura y alegría a los momentos más gratos de la vida.

Es un gran remedio contra las úlceras, porque las cauteriza y es un cauterio infalible para las heridas del alma, y para la depresión, porque es imposible que persistan las penas cuando uno le da un mordisco a un locoto. De pronto uno está tan ocupado en dar saltos, agitar las manos y meter aire con la boca abierta y la lengua colgando, que quién se va a acordar de sus penas.

El locoto tiene una familia frondosa, desde la pequeña ulupica que es un chip de sabor eléctrico hasta el pimentón que es el hermano del k´aspote. Primos del locoto son el khomer ucho, o ají verde, el chile serrano, el chile piquín, el chile guajillo, el chile de árbol y otras cincuenta variedades mexicanas; el famoso ají putita tarijeño, el aribibi cambinga, el ají amarillo, el ají colorado, el ají panca y por supuesto el rocoto peruano. En conjunto, es una familia con los ovillos bien puestos, dispuesta en todo momento a defender sus opiniones, pero apasionada por el buen sabor criollo en todas sus manifestaciones.

El locoto tiene un amor secreto por la quilquiña, y unos celos temibles por el tomate, que siempre anda proponiendo un menaje de tres que es una orgía de sabor y engendra una hija pícara llamada Llaguita en quechua y Jallpahuayka en aymara, a veces con ayuda del suico en los valles y de esa imilla pispila, la huacataya, en el altiplano. Nada más verla a la quilquiña, el locoto se pone colorado de emoción, se le acelera el torrente sanguíneo y provoca estornudos y moqueras a su paso. Pero a veces le pone cuernos con esa gringa con pollera, la cebolla, en el Motel El K´allu o en el Alojamiento El Solterito.

“Su majestad, el Ají” de Rita del Solar y Lupe Andrade

Enlace : http://www.la-razon.com/version_es.php?ArticleId=773&EditionId=2636&ids=99

Propiedades de la Cañahua /Qañihua /Kañahua

2 Ene

La cañahua es originaria de los Andes, generalmente se la consume pulverizada en refrescos con agua y azúcar, antes las dulceras lo vendían en conos de papel mesclado con azúcar y se lo consumía también seco. Es el alimento indicado para los viajeros que recorren el altiplano.

El amaranto junto con la quínoa y la kañahua constituyeron el trío de oro de la alimentación de los Incas. Su consumo se remonta a 10000 años de antigüedad, tanto en el imperio Inca, como en el Maya y Azteca fue considerado grano sagrado, conocido  por ayudar a la tolerancia de la altura

La NASA la utiliza en sus vuelos espaciales, porque tiene más nutrientes que cualquier otro alimento, incluso las estrellas del basketball de la NBA consumen este producto antes de sus partidos, porque les da resistencia.

La cañahua (Chenopodium pallidicaule) o kaniwa, es un cultivo bastante difundido en el Altiplano Boliviano, es una especie que se desarrolla hasta los 4,200 m.s.n.m. presentando características agronómicas de buena adaptabilidad a factores edáficos y ambientales condiciones en las que muy pocas especies cultivadas pueden competir con ella, se cultiva en los departamentos de Oruro La Paz, Cochabamba y Potosí con rendimientos de 375 Kg /ha.
La importancia de este cultivo se debe esencialmente a su alto contenido de proteína en el grano (15,23 %), con buena cantidad de aminoácidos esenciales y no esenciales, siendo un alimento  energético de considerable valor alimenticio y nutritivo para el consumo humano en forma de fideos, barra energética, chips, tostado y harina de (cañahua).

COMPOSICION.- Su grano contiene un elevado nivel de proteínas (de 15 a 19 %) y como la quinua una elevada cantidad de aminoácidos, tiene como ventaja sobre la quinua el no contener saponina lo que facilita su tratamiento.

PREPARACION.- La preparación más frecuente consiste en limpiar, tostar ligeramente los granos y posteriormente moler los granos, obteniéndose un tipo de harina llamada comúnmente «PITO». Se lo consume mezclando con bebidas frías o calientes, se conocen más de 15 maneras diferentes de preparar el grano entero y el «PITO».
De la misma manera en la panificación se han obtenido excelentes resultados incorporando a las mezclas un 20% de «PITO».

La cañahua o kaniwa es una planta parecida a la quinua, este grano ha hecho su entrada en supermercados y almacenes de alimentación, como cereal de desayuno o compuesto listo para la sopa preparada.

A diferencia de la quinua, la cañahua no contiene saponina, materia amarga y tóxica, por lo tanto no necesita ser quitada.

Si el grano limpio no es asado, se puede empaparlo brevemente en agua e introducirlo en un cañón procesador de maíz, obteniéndose las pipocas, por expansión explosiva que separa el grano estallado desde el germen, este producto es muy rico en proteínas y lípidos.
Las pipocas pueden ser usadas como cereales para el desayuno y barras energéticas, alternativamente enriquecidas con germen de Cañahua.

Es muy resistente a las heladas, pestes, enfermedades y sequías; gracias a esta resistencia múltiple, se usa principalmente como alimento seguro para las familias rurales del Altiplano Boliviano.

Los especialistas del cultivo de la cañahua En Bolivia, existen segmentos de poblaciones extremadamente pobres, sin embargo ellos han paliado por sí mismos su alimentación con una planta robusta y adaptable a las duras condiciones climáticas del Altiplano.

RELACION DE LA QUINOA Y CAÑAHUA CON OTROS CEREALES
para 100% CAÑAHUA TRIGO QUINOA ARROZ CEBADA
PROTEINAS 16,2 11,5 13.8 8,7 10,6
LIPIDOS 8,04 2,0 5,0 2,2 2,1
GLUCIDOS 58,6 59,4 59,7 74,6 57,7
CALCIO mg. 157,0 41,0 85,0 39,6 26,0
MAGNESIO mg. 210,0 91,0 204,0 119,6 57,0
HIERRO 13,6 3,3 7,0 2,0 2,0

En la siguiente direccion encontraran más datos interesantes de otras semillas originarias de Bolivia

http://www.ccbolgroup.com/

Libros de Recetas y Tradiciones de Bolivia

2 Ene

“Ají Regalo de Bolivia al Mundo”, 2010.

Rita del Solar y Lupe Andrade

“Chuquiago Marka La Paz de Ayacucho. Vida, Tradición y Gustos”.

Rita del Solar y Lupe Andrade

CocinaCasera

Trigo de Illanes, Marcela                       

La Paz. Bolivia. 1975

Cocina Práctica Boliviana e Internacional

Subercaseaux, Miguel                          

Alfa Editores. 1ª Edición, Santiago, Chile. 1999

Cocina de Bolivia y el Mundo”, 

Lucy Ávila

Contiene más de 300 recetas de la cocina
de Bolivia y el mundo

Cocina Casera

Trigo de Illanes, Marcela                      

Edición privada. 2ª Edición, La Paz. Bolivia. 1975

 Cocina y
Comida Boliviana

Alaiza de Achá, Lourdes
Editorial Modelo.
EdiciónCochabamba
Bolivia.2003


Cocina Típica del Oriente Boliviano.
Adela Gutiérrez Vda. de Rivero.
Primera Edición.

Cocina Tradicional Boliviana

Romero de Velasco, Emilia  –  Gutentag de Muzevich, Carola

Editorial Amigos del Libro, La Paz. Bolivia. 1988

 DICCIONARIO ABREVIADO 

DE LA COMIDA EN BOLIVIA
Jorge Angel Orellana Jiménez

1ª edición.
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 2012
20 páginas,
Doña Piedades Para niños
Carola Parejas Román – Lucía Parejas Muñoz Reyes

Editorial La Hoguera, 2012

Primera Edición.

“El Arte de Cocinar la Quinua”, 2002,

Maria Rita del Solar

El Arte en la Gastronomía Boliviana

Gerard Germain

Imprenta Landivar, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 2002

 Ellas

El Deber

Suplemento del periódico el Deber

Publicación semanal

“El Gusto y los Gustos de Bolivia, 2004,

Maria Rita del Solar

“El Maní de Bolivia”,

Rita del Solar

El Placer de Comer

Zuleta de Subieta, Carmen

Editorial La Hoguera. 9ª Edición, Santa Cruz. Bolivia. 2000

 EL APTHAPI: EL «BANQUETE INDÍGENA«

Lugar: La Paz,  2009

cover
Tamaño: 14 x21 cm.Páginas: 82

Ministerio de Relaciones Exteriores. Academia Diplomática Plurinacional

«Epicuro Andino»

Recopilado por: Teresa de Prada, Peggy Palza, Wilma W. Velasco, Susan Gisbert

La Paz – Bolivia 1995 – Sexta Edición

Cocina Típica del Oriente Boliviano

Gutierrez, Vda. de Rivero, Adela
Edición privada. 3ª
Edición
Trinidad, Beni. Bolivia. 2008

“La Paz Una Aventura Culinaria de II Siglos”

Rita del Solar

«La Mesa Feliz»

Myriam Baptista Gumucio

La Paz – Bolivia

“Los Azogueros de Potosí”, Expresiones y Sabor Virreinal,

Rita del Solar

“Mesas de Bolivia”, 1997,

Rita del Solar Taborga

“La Paz Una Aventura Culinaria de II Siglos”

Rita del Solar

Las mejores recetas de la Cocina Boliviana

Cattoretti, Gianna

Saravia, Jessica

Editorial Trébol. 1ª Edición, Cochabamba. Bolivia. 2000

La gastronomía en Potosí y Charcas, siglo XVIII, XIX y XX en torno a la historia de la cocina boliviana.

Beatriz Rossells Montalvo:

LA PAZ-BOLIVIA:

Instituto de Estudios Bolivianos, 2003, 446p.

Allí encontrarán recopiladas las recetas de Juana Manuela Gorriti y  siquiera otras 800 mas.

Las mejores recetas de la Cocina Boliviana

Cattoretti, Gianna               Saravia, Jessica               

Editorial Trébol. 1ª Edición, Cochabamba. Bolivia. 2000

La Cocina de Graciela

Sangol, Graciela Leyla                         

Editorial Santa Cruz. 1ª Edición, Santa Cruz. Bolivia. 2000

La Cocina en Bolivia

Gainsborg Vda. de Aguirre Achá, Edición privada. 10ª Edición

La Paz. Bolivia. 2006

 La Cocina de Graciela

Sangol, Graciela Leyla
Editorial Santa Cruz.
1ª Edición Santa Cruz de la
Sierra. Bolivia. 2000

La Cocina

Monroy L., Maggi                                 

Edición privada. 1ª Edición

La Paz. Bolivia. 1997

Libro de Cocina Doña Piedades

Moreno de Parejas, Delfina

Editorial La Hoguera. 9ª Edición, Santa Cruz. Bolivia. 2000

LA COCINA COLONIAL EN EL ALTO PERU

Gustavo Adolfo Otero
La Vida Social en el Coloniaje
(Esquema de la Historia del Alto Perú hoy Bolivia,
de los siglos XVI, XVII y XVIII).
© Rolando Diez de Medina, 2011
La Paz – Bolivia

Lo mejor de platos & buen gusto

 Lucy Ávila Auzza

 2da edición. Cochabamba

«Los secretos de Rosalía»,

primer libro de Mariana Ruiz Romero (Tarija, 1982)

co-edición que ha sido trabajada en Bolivia por Editorial Nuevo Milenio  y en Argentina por Ediciones el Boulevard

Manual de cocina: comidas en la ciudad de La Paz en el siglo diecinueve

 Manuel Camilo CrespoJulia Elena Fortún

Editorial e Impr. «Artística», 1987 – 226 páginas

Nuestras Comidas

Jordán de, Nelly

Edición privada. 8ª Edición, La Paz. Bolivia. 1994

“Quinua el Grano de Oro de los Andes”, 2005,

Rita del Solar

La Comida Popular Boliviana    

paredes

Paredes Candia, Antonio

   Edición privada. 2ª Edición, La Paz. Bolivia. 1990

Manual de Cocina y Repostería

Julia Plaza de Majluf

Comida Tarijena, Editorial San Silvestre, La Paz

Recetas de la Comida en Bolivia

Orellana Jiménez, Jorge Angel:

Editorial Premier. Santa Cruz, Bolivia. 2009

Recetas de la Comida en Pando

Orellana Jiménez, Jorge Angel:

Edición Privada. Santa Cruz, Bolivia. 2010

orellana@cotas.com.bo

Reflejo Culinario de los LípezVariaciones sobre Quinua Real y Llama,pierrevanoostydanieldelgadillo

 Pierre Van Oost, Daniel Delgadillo

 Consorcio Lípez, 2006 – 99 páginas

Un Canto a las Semillas y Recetas Bolivianas

Escrito e ilustrado por  Ariana Sankbianchi

Este libro es escrito en español e ingles. Es apropiado el público en general.

 
 
 
VEINTICUATRO RECETAS CON QUINUA EL GRANO DE ORO
 
Publicado por el Programa Quinua Altiplano Sur de la Fundación Autapo y el apoyo de la Embajada del Reino de los Países Bajos
 

Gran Cocina Latina: The Food of Latin America Hardcover

by Maricel E. Presilla  (Author)

 Polenta, familias italianas en Bolivia,

Mauricio Belmonte Pijuàn, Segunda Edición editorial Gente Común, 2011.

Editorial lexus La Cocina Boliviana:
paso a paso
Editorial Lexus.
Edición
2012Barcelona,
España. 2012

Tradiciones de Año Nuevo

1 Ene

Para celebrar la llegada del Año Nuevo, las nueve regiones del país tienen tradiciones y costumbres enraizadas entre sus habitantes. En cada una de ellas hay un menú distinto al otro, pero predomina el consumo de la carne de cerdo, además del champán y la sidra a la hora de brindar en familia y amigos.

“El iniciar un nuevo año es sinónimo de ilusión y esperanza para que el próximo año sea mejor. Por eso, el hecho de abrazarse y realizar otras prácticas tiene el objetivo de que el año que viene esté lleno de éxitos”, asegura el historiador Fernando Cajias

Entre las costumbres que se repiten en la mayoría de las regiones, destaca el comer 12 uvas (seis verdes y seis moradas), pidiendo un deseo en cada bocado, contar dinero (bolivianos, dólares y euros) para la prosperidad económica en la familia, dar vueltas al manzano o subir gradas con las maletas llenas, pues es señal de viaje. Otra tradición es usar ropa interior de color rojo (amor), amarillo (dinero) y blanco (matrimonio). Además, la casa debe estar limpia, pues el estado del lugar reflejará el desarrollo de la vida en el año que empieza. “El Año Nuevo es una página en blanco llena de deseos. Todos anhelan que la misma se llene de ilusiones y se reflejen en la salud, amor y prosperidad”, dice Elizabeth De Col, una tradicionalista paceña.

La Paz

Comidas y bebidas • Los platos típicos para Año Nuevo son el lechón de cerdo y el fricasé al amanecer. Se brinda con champán o sidra.

Tradiciones y creencias • Los paceños mantienen la costumbre de creer que si el primer día del año ven a un varón es signo de buena suerte, si es pareja y si es mujer hay que tener cuidado. Es tradicional servirse carne de cerdo porque está vinculado con la abundancia y porque el animal camina hacia adelante y no retrocede. Dicen que si se quiere encontrar pareja, se debe abrazar a una persona del sexo opuesto a la medianoche.

Cochabamba

Comidas y bebidas • El plato fuerte es el lechón al horno (con choclo y quesillo), seguido por el fricasé al amanecer. Entre las bebidas, se sirven la sidra, chicha de maíz y el singani.

Tradiciones y creencias • Una de las costumbres de los vallunos es comer 12 uvas del racimo de la fruta, seis de ellas tirarlas hacia atrás para que se aleje lo malo y las otras seis comerlas pidiendo un deseo en cada bocado.

Otra tradición es acompañar el lechón al horno, con la chicha de maíz de dos colores. La chicha de frutilla (roja) atrae al amor y la chicha de durazno (amarilla) atrae el dinero.

Santa Cruz

Comidas y bebidas • El plato fuerte es el lechón al horno y la patasca al amanecer (sopa con carne de cerdo incluyendo la cabeza). Se brinda con champán o sidra.

Tradiciones y creencias • La mayoría de los cruceños sigue la moda de utilizar un vestuario de color blanco y formal para asistir a las fiestas (como las brasileras, caribeñas, hawaianas, carnavaleras y las de blanco y negro), acompañado de cotillones alusivos a las alegorías. Otras familias se reúnen a la medianoche en sus casas para hacer una oración de agradecimiento a Dios por los bienes recibidos.

Oruro

Comidas y bebidas • El plato típico es la picana o el lechón al horno y fricasé al amanecer. Se brinda con sidra o singani.

Tradiciones y creencias • Los orureños realizan una Q’oa (ofrenda a la Pachamama) para llamar a la fortuna. La mesa blanca contiene misterios (dulces con figuras que reflejan los buenos deseos como un libro, una casa, etc). Ésta se quema dentro de la casa, sin la presencia de la familia. Pues, al siguiente día un kallawaya lee la suerte en las cenizas. (Si es blanca, los deseos serán realidad y si es negra puede fallecer alguien).

Potosí

 Comidas y bebidas • El plato típico es el asado de chancho y la bebida tradicional es la chicha de maíz (traída desde el pueblo de Tinguipaya). El 1 de enero se sirve una sopa de cordero, un thimpu o una kalapurka.

Tradiciones y creencias • Los potosinos acostumbran tomar 12 copitas de champán o sidra, en representación de los 12 meses del año para atraer a la fortuna. En el área rural, las familias visitan a los padrinos de matrimonio o de bautizo, llevando dos tortas, una caja de cerveza y alcohol como forma de agradecimiento por las atenciones recibidas.

Tarija

Comidas y bebidas • El plato típico es un lechón al horno o una picana que se acompaña con el infaltable vino patero. El 1 de enero los chapacos se sirven un saice o una ranga para curar la resaca del trasnoche.

Tradiciones y creencias • Los tarijeños acostumbran asistir a misa a la medianoche y bailar chapaqueadas, ruedas chapacas y cuecas tarijeñas con los amigos y la familia. En los hoteles y clubes, el personal se viste con el atuendo tradicional chapaco para recibir a los asistentes. Además, se adornan con flores y albahaca (hierba aromática).

Beni

Comidas y bebidas • La cena típica de Año Nuevo es el lechón al horno o el picante de gallina y fricasé o patasca al amanecer. El brindis se realiza con sidra o singani.

Tradiciones y creencias • Los benianos acostumbran echar miel en el piso, luego, con los pies descalzos, lo pisan con el objetivo de atraer fortuna, durante los 12 meses del año. Al día siguiente, es una tradición no barrer las viviendas porque de hacerlo se espanta a la buena suerte.

El festejo • Las familias se concentran en locales y hoteles para recibir el Año Nuevo.

Pando

Comidas y bebidas • El plato tradicional es el locro de gallina criolla, la patasca o el fricasé al amanecer. Se brinda con la sidra, después con ron.

Tradiciones y creencias • Los pandinos acostumbran felicitarse a la medianoche. En la calles de la ciudad se escucha la melodía de Pandinita y el Himno a la Perla del Acre. El 1 de enero continúa la fiesta en la casa de los amigos y una banda de música la ameniza.

El festejo • Los lugareños dan la bienvenida al Año Nuevo como si fuera la fiesta del Carnaval. La mayoría de la gente festeja en locales y también organiza fiestas en casas particulares.

Sucre

 Comidas y bebidas • El plato típico de Año Nuevo es el asado de chancho y fricasé al amanecer. En Sucre se toma sidra y singani.

Tradiciones y creencias • Los sucrenses acostumbran concentrarse en la plaza 25 de Mayo para dar la bienvenida al año. La gente da vueltas alrededor de la plaza, vestida con sus mejores galas. A la medianoche se entona el Himno Nacional y se abren las botellas de sidra, mientras se observa la inmensa cantidad de juegos artificiales. En el área rural, se realiza una sola fiesta y las personas celebran con chicha de maíz.

http://www.fmbolivia.net/noticia19865-las-tradiciones-para-recibir-el-ao-nuevo-se-reinventan-y-multiplican.html

La Alasita nació en el pueblo de Ayata

24 Ene

A decir del autor de la nota

Por Milton Loayza Mejía

 

Muchos investigadores y autores afirman que la Alasita nació en la hoyada de la ciudad de La Paz, no sabemos las fuentes en las que se basan, pero lo concreto y real es que la Alasita tiene su origen en los valles de la provincia Muñecas, en el pueblo de Ayata, donde cada año en el mes de mayo, para la fiesta del Señor de la Cruz, los campesinos de distin-tas comunidades participan de esta festividad, la misma que comienza con una serenata de kantus. El pueblo, previo a esta festividad se prepara con mucha expectativa, para ofrecer todo tipo de productos, comidas, chicha, guarapo y una variedad de masas hechos de maíz y trigo.

Esta feria se realiza todo el día en el Calvario de la población, la gente viene de las comunidades que están alrededor del pueblo y de estancias muy lejanas, trayendo sus productos como maíz, papa, oca, poroto, charque, leche, haba, etc. Los originarios acostumbran comprar productos que ofrecen los vecinos de Ayata, especialmente masitas con figuras de caballos, asnos, llamas, tantahuahuas, escaleras, con la ilusión de hacer realidad una de estas representaciones. En el mes de noviembre para la fiesta de Todos Santos, es todo un acontecimiento, los que han adquirido esas masas con anticipación buscan un compadre o padrino y challan emotivamente. A veces hasta perder la cabeza con tanta bebida. Luego viajan al Perú para hacer realidad comprando lo que la casa necesita.

También se exponen una variedad de animales: conejos, gallinas, ovejas, cabras, mulas, burros, etc. Dentro de los productos agrícolas se ofrecen las siguientes verduras como cebollas, lechugas, nabos, repollos, zapallos, etc. Esta feria se la realiza desde tiempos inmemorables. La alasita en la población de Ayata tiene una característica, se intercambia productos con maíz, papa, oca, lacayote, coca, achiuete, sal, etc. Y muy poco se hace la compra monetizada. La mayoría hace el trueque de los productos con la esperanza de que estos no falten durante el año. Se compran cosas vivas pero siempre con la esperanza de que se multiplique esa fe.

En cuestión de platos se ofrece una variedad de comidas típicas del lugar, como ají de arvejas, ají de papaliza, chairo de kaya, lawa de maíz, etc. En cuanto a productos de cerámica se ofertan ollas de todo tamaño, tostaderas, chatos, chuas finas para hacer chicha. Esto generalmente se lo hace mediante el trueque, en épocas pasadas no existía la venta con billetes, esta costumbre hasta la fecha sigue existiendo.

Por tanto, se concluye que estas costumbres ancestrales que existen en la población de Ayata, fueron copiadas por los comerciantes y trasladadas a la ciudad de La Paz. Esta tradición en la población nunca tuvo como objetivo de buscar beneficio económico, sino al contrario, que la Pachamama provea lo necesario y que no falte los productos básicos, a diferencia de la ciudad donde se impuso el ekeko, que es representado como el dios de la abundancia y la fecundidad, entrando en una contradicción andina, donde el aymara y el quechua nunca hizo acumulación de riqueza sino simplemente busca tener lo necesario.

Los nuevos tiempos y la modernidad pudo imponerse ante esta tradición ancestral y que también se encargó de monetizar y convertirlo en un comercio esta tradición ayateña.

No se tiene datos de esta costumbre, tam-poco existen investigaciones, pero lo cierto es que en la provincia Muñecas, en el pueblo de Ayata, la Alasita se lo realiza desde tiem-pos ancestrales y con el tiempo tomó fuerza y se expandió hasta la ciudad de La Paz.

http://www.eldiario.net

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