Ocurrió en un viaje a Huaraz, cuando sus hijas eran chicas. Hasta ese momento Gastón Acurio solo había servido comida francesa en la mesa de su restaurante miraflorino. Eran –nuevamente– los años 90 y en la cocina que comandaba junto a su esposa, Astrid, aún no había empezado la revolución. “Llevamos carne desde Lima para hacer una parrilla”, cuenta el cocinero sobre aquel paseo familiar. “Nos cruzamos con unos niños que vendían papas nativas, ollucos, ocas. Cosas que nunca habíamos visto. Les propusimos un intercambio. Ellos nos daban sus papas, nosotros nuestra carne. Fue el comienzo”.
El Perú era una enorme despensa; había que volver a descubrirla. ¿Por qué habíamos vivido tantos años ajenos a nuestras raíces, favoreciendo los productos que venían de fuera y negando los propios? A través de la gastronomía, Gastón Acurio ayudaría a devolvernos el orgullo perdido y nos invitaría a festejar nuestra diversidad como nunca antes. Quizá la olla sea el mejor símil de aquello que somos: una mezcla de todas las sangres y todas las razas. La fusión más rica que existe.
“Cuando yo era niño, Lima era una ciudad muy dura en términos de racismo. Había un gran choque cultural entre el mundo andino y el mundo costeño”, sostiene el cocinero, hijo de un cusqueño y una trujillana. “La de mis padres era como muchas otras historias: la de la unión entre una señora de origen chino con un señor de origen italiano; o la de una de origen amazónico con uno de origen arequipeño”, continúa. Gastón nació y creció en Lima, en uno de los distritos más acomodados de la capital. Su infancia la vivió en una época en la que todas las señales (“en la calle o en la televisión”) indicaban que ese origen debía de ocultarse. “En esa época la misión en la vida era blanquearse. A pesar de que en mi casa por las noches se comía mote o de postre había King-Kong”, recuerda. Afuera, sin embargo, mientras más europeo o más estadounidense parecieses –se pensaba–, mejor te iba a ir en la vida, más respetado ibas a ser. “Era traumático”, asegura Acurio. “Yo tuve la suerte de que me acoja la cocina”.
Como parte del proyecto ‘De inga y de mandinga’ Gastón Acurio se realizó una prueba genética para determinar cuál es su ascendencia. Los análisis, realizados en Laboratorios Biolinks por la doctora Ysabel Montoja, arrojan que Acurio tiene 34,2% de asiático; 57,5% de caucásico; 5,7% de andino y 2,6% de africano.
Los platos que componen el recetario nacional son, precisamente, fruto del mestizaje. “Un diálogo entre personas de orígenes diferentes, que tienen que ponerse de acuerdo en lo que van a comer cada día. Ahí es donde habitan ambas vertientes” añade. “Mira qué pasa cuando nos mezclamos: eso nos enseñaba la cocina todo el tiempo. ¿Qué faltaba? Celebrarlo. Los cocineros de mi generación tuvimos la suerte de llegar en un momento en el que las condiciones estaban dadas para reivindicar nuestra propia identidad, conscientes de que eso nos unía a todos”.
El mundo se enamoró de la comida peruana porque es mestiza. El resto ya es historia.









Quiero darte las gracias de nuevo por haber pensado en mi para este premio. Los invito a visitar el blog de Marina, que estoy segura les gustara y sera de mucha utilidad para conservarse saludables.
https://consejonutricion.wordpress.com


uuuh tiene una pinta deliciosa y golosa! en mi hogar gusta mucho el dulce de leche, seguro que les encanta, gracias!
Muchas gracias por los comentarios y las visitas.
Maravilloso! Como siempre, un agrado tu blog. Un fuerte abrazo de argentina!
Muy buen post! Me encanta siempre lo que subes. Un abrazo grande desde mi buenos aires querido!
Maravilloso! Me ha encantado tu post y por cierto, buen blog. Un abrazo fuerte desde argentina!
Cristina Gracias x responderle a Facundo la intención es apreciable ... En realidad en Aiquile se prepara la "leche de coco" es de origen vegetal, del coco, un tipo de palma que producen en Chuquisaca, en Tarabuco... Decía la leche de coco se prepara moliendo el coco en batan de piedra, hasta obtener una masa pastos y de allí obtener su "leche" (jugo del coco) y luego se hace hervir con canela y clavo de olor en agua. Se sirve caliente con pastel de queso. No contiene nada de origen animal y tampoco alcohol.
Si puedes darte una escapada por los valles tanto del sur de Cochabamba, norte de Chuquisaca y norte de Potosí encontraras exquisiteces muy peculiares y propias a ser descubiertas y degustadas que también aportan al patrimonio de la cocina boliviana.
Muchas gracias por tan valioso blog y aporte al mundo Cristina.
PD: Sabes donde se puede encontrar regaliz en Cochabamba?
Que hermoso blog!!! Gracias por todo la compilación y tu tiempo.🤗🤗🤗🤗
Se ve increible. Lo voy a hacer
Gracias
Hola Cristina un gusto saludarte despues de mucho tiempo, yo sigo en la Cronica Gastronomica y ya van como siete mis libros sobre este tema apasionante
Hola! Yo he sido siempre una ratona, me chifla el queso! Pero desde que tengo fibromialgia y como consecuencia síndrome de colon irritable he dejado todos los lácteos y debo decir que, mi cuerpo lo nota!
Ahora tomo frutos secos y levadura nutricional para hacer "quesos veganos", de hecho en mi blog hablo de ella, para que al menos mis compañeros de enfermedad sepan que el queso y los lácteos en general, inflaman y que es un mito que sin ellos, nuestro organismo carezca de calcio.
Buen artículo, a ver si el mundo va tomando conciencia y come más sano.
Un saludo.
Que rico, me recuerda a las vendedoras de dulces en las calles en La Paz, todos hechos a mano como los quesitos,tablillas,pitu, los extranjeros de la Argentina como los Sugus,Marilu,etc.
Mi adorado papi me traía de Potosí y Sucre los dulces hechos en los conventos.
Gracias por la receta.
El choripán en Chile es otra cosa, que bueno aprender de otros países, gracias por compartir.
Excelente tip me funciono excelente mil gracias. Saludos.
Hola buenas tardes, muy interesantes sus aportaciones, quisiera ponerme en contacto con usted.
La Jabuticaba, en el Oriente Boliviano se la conoce como Guapurú. En Brasil, existe una ciudad denominada como Jabuticabal